¡Hola! ¿Cómo están? Esta vez me demoré en actualizar porque he estado muy ocupada. Estoy comenzando una nueva etapa en mi vida; estoy aprendiendo a leer las cartas del tarot y eso necesita concentración, estudio y práctica :c Las dos ultimas semanas mi vida ha girado en torno a esto y al colegio por supuesto... :c Ahora se suma el sismo -cof, cof terremoto cof, cof- que hubo en mi país y las fiestas patrias prácticamente arruinadas por esto XD; Solo en Chile, señoras y señores.
¡Ah! También adivinen. ¡Tengo azaleas! Si no las conocen, búsquenlas. Se van a enamorar. ;) Estoy buscando un nombre... ¡Son tan hermosas! Las azaleas en sí significan templanza, y las rosadas (que es el color que tienen las mías) significan amor a la naturaleza. :') Lamento que el capitulo de hoy sea tan aburrido... Pero necesitaba colocar todo esto para que en el próximo ocurriera lo que tenga que ocurrir. ¡Ya verán!
También estuve pensando en colocar tipo, recomendaciones de canciones para leer el capitulo ¿Qué opinan de eso? Bueno, si les interesa dejaré dos de recomendación:
Sad song de We the kings. || The words de Christina Perri.
Aclaraciones: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Himaruya Sensei. Esta historia en sí es un Alternative Universe, que como tal no tiene nada que ver con la trama original de la serie.
–Diálogos de los personajes.–
«Pensamientos de los personajes.»
"Recuerdos de los personajes, o diálogos antes dichos."
Francis es Francia y Matthew es Canadá.
Lovino es Romano y Antonio es España.
Feliks es Polonia y Toris Lituania.
Emma es Bélgica y Michelle es Seychelles.
Elizabeta es Hungría y Gilbert es Prusia.
¡Buena lectura! Y perdónenme por los errores, no pude revisar muy bien.
"Las azaleas son algo esencial para triunfar en la vida."
III
. . .
Matthew lanzó las llaves al pequeño cenicero que había en la mesa de la entrada. ¿Por qué tenía un cenicero si nunca en su vida había probado algún cigarrillo? Debía haber estado ahí desde que se había mudado, y nunca se percató de ello.
Agotado tanto física como mentalmente, se arrastró hacia su habitación entre la oscuridad.
Se quitó su sudadera, sandalias y sus pantalones. Ni siquiera se molestó en encender la luz de su habitación para hacer todo esto, puesto que otra vez las cortinas estaban abiertas y la luna iluminaba gran parte de su cuarto.
Por último se metió dentro de su cama y a tientas buscó el cargador de su celular, que luego conectó para dejar cargándolo sobre la mesita de noche.
Y todo quedó en silencio.
Y Matthew seguía como en un trance, con los ojos violetas bien abiertos y quietos, perdidos en algún punto de la pared.
Enfadado; como nunca en un buen tiempo. Podría levantarse gritar y gritar, patear una silla, luego quejarse por el dolor pero seguir derribando todo lo que estaba cercano a su paso.
–Lo arruinó todo–Dijo sin dejar de observar la pantalla de su celular, que indicaba como subía cada vez más el porcentaje de su batería.
Y es que sí, ¿Gilbert era su nombre?, había llegado a interrumpir su agradable y tranquila conversación con Francis.
Como si fuera lo más normal del mundo, arrastró una silla y comenzó a comer –a tragar– la comida que le servía con cierto recelo el francés. Matthew sentía el tic en su ceja izquierda latir a la par de la sangre que hervía dentro de sus venas; extrañamente le resultó inadecuada, y sobrada la presencia de Gilbert en ese instante.
Oh, no. ¡No era eso! Fue lo que dijo. "¿Otra de tus citas? Vaya barbas, tú sí que no te cansas nunca." Al recordar la extravagante risa del albino frunció la nariz, disgustado y se cubrió aún más con las sabanas.
Luego con torpes disculpas, y con Francis intentando que se detuviera decidió marcharse de allí. De algún modo escuchar algo así –otra vez, porque no era la primera– de Francis, le ofendía. Él no creía que su vecino fuera ese tipo de persona; a sus ojos era amigable, conversador y alguien con quien no le importaría hablar y disfrutar de su presencia cada hora. Le creía incapaz de ser el típico hombre mujeriego que sale con alguien diferente cada día.
Además, a él tampoco le incumbía, no podía llegar y meterse en la vida de alguien, indicándole que eso estaba malo, que no debía hacerlo.
¿No?
–¡Claro!–Exclamó y giró llevándose consigo el revoltijo de mantas que ahora tenía por no quedarse quieto ni un segundo. Francis mismo se lo había asegurado en la terraza de su departamento. Amigos. Eran amigos. Sí, los amigos se apoyan y escuchan, dicen lo que está mal pero solo aconsejan. Al final la decisión de si lo que tú haces, es correcto o no, solo recae en ti mismo. Nadie puede obligarte a elegir entre una cosa u otra.
Como el amigo que era de Francis, él debería comprenderlo. Los hombres actúan de esta forma; es común que a cierta edad sientan que deban disfrutar de la vida, que ya no queda tanto tiempo hasta que se establezcan y/o formen una familia.
Pero Matthew aunque se esforzara, no podía entenderlo.
Nunca sintió que esto fuera necesario. ¡Ni si quiera había tenido una pareja en toda su vida! Con suerte fue a la fiesta de graduación y las demás veces en que sus compañeros de escuela salían de noche, bailaban y bebían, Matthew disfrutaba de una buena novela acompañada de chocolate caliente.
Su personalidad antisocial y que su hermano siempre estuviera ahí presente –espantando a todo aquel que se acercara– no ayudaría para nada en su mísera y escasa suerte.
–Que bochornoso…–Tenía 18 años y seguía sin tener una vida amorosa estable.
Hubo una época en que Matthew realmente se vio afectado. Comenzó a sentirse más fuera de lugar, las inseguridades salieron a flote. Se había dado cuenta de un pequeño detalle; su orientación sexual.
¿Qué ocurriría si el mundo se enterara de que era homosexual?
Un día cuando ya fue demasiado, decidió charlarlo con su madre, ella llegó del trabajo y encontró a Matthew más callado de lo normal, él tenía 15 años por ese entonces. "¿Qué sucede cariño?" Le había dicho dejando las bolsas del supermercado sobre la mesa. Aún puede recordar perfectamente el rostro lleno de preocupación que tenía su madre cuando sin aguantar más, se largó a llorar y le contó entre hipos el asunto. Ella simplemente lo abrazó y dijo con firmeza. "Nunca dejaría de amarte por algo tan simple, hijo. Tu eres Matthew, solo Matthew y nadie nunca cambiará eso."
Son esos momentos que marcan tu vida, y que siempre por extraño que parezca, no abandonan tus recuerdos.
Más tarde, su hermano Alfred terminó por enterarse, sin embargo él tan solo se encogió de hombros y le comentó que ya lo sabía, que era demasiado obvio. Matthew por su parte no supo cómo reaccionar ante eso. A veces Alfred tendía a ser demasiado directo y sin tacto.
Y al final, siguió viviendo como lo había hecho hasta ahora. Todo se encontraba bien guardado con llave en el cofre del pasado. Para Matthew ser homosexual no era nada del otro mundo; pero como a algunos, su timidez le hacía malas jugadas respecto al tema.
Se había mantenido estos tres años solo, como si aquello nunca hubiera ocurrido, y seguía rodeado de sus infinidades de libros y por supuesto, sus amadas flores.
Que nunca haya sentido lo que era el verdadero amor, no significaba que no lo anhelara; ¡todo lo contrario! Varias veces se encontró soñando con que encontraba al hombre de su vida y eran felices para siempre. Luego se daba cuenta de que esas cosas solo ocurrían en las películas y telenovelas que veía su madre o que últimamente hasta la mayoría de los libros nuevos, terminaban en ese final triste y trágico, con uno de los protagonistas agonizando de alguna enfermedad terminal, y el otro quedando solo para siempre.
Si alguna vez le tocaba vivir una situación similar, –hablando en serio– no le apetecía enamorarse.
Miró la hora en su celular y se sorprendió. Daban la una de la madrugada en punto. Mientras acomodaba su almohada y el cubrecama que ya estaba casi en el suelo, se decidió que ya era tiempo de dejar de pensar en tonterías y dormir.
O por lo menos intentarlo.
. . .
El resto de la semana pasó rápido, y Matthew en un parpadeo se dio cuenta de que era Sábado. Cómo acostumbraba en su tiempo libre desde que había llegado a Paris, se encontraba haciendo algo de jardinería fuera de su departamento.
En la calle había comprado unas capuchinas y ahora se encargaba de pasarlas a unas macetas más bonitas.
El día de hoy estaba haciendo más calor de lo usual, y por esa razón decidió colocarse una camiseta de manga corta y unos shorts sobre la rodilla. Dejó la pequeña palita en el suelo y se quitó los guantes para limpiar el sudor que tenía en su frente, ¿si ya estaba haciendo este calor en primavera, como sería en verano? No quería imaginárselo.
Siguió así por un rato, hasta que tuvo que ir a buscar la regadera para darles algo de agua a sus pequeñas florecillas, que con el calor que hacía de seguro lo necesitaban más que nadie. Venía saliendo de su departamento cuando encontró a alguien viendo con curiosidad sus macetas.
–Cómo que estas se parecen a las flores que tiene Toris–Dijo un joven de melena lisa y rubia.
Llevaba puestos unos lentes de sol oscuros y grandes, pantalones ajustados y un top bastante femenino que hacía juego con sus sandalias de tacón y cartera. Masticaba impasible goma de mascar mientras seguía concentrado en apreciar cada flor, como si intentara reconocer alguna.
–Ah, me rindo. Es imposible–Se quejó e hizo un globo que luego explotó con un pequeño plop.
–P-perdona… ¿Puedo ayudarte en algo?–Matthew se atrevió a preguntar, ganándose toda la atención del extraño. Lo miró de pies a cabeza quitándose los lentes, y extendió su mano con uñas pintadas hacia él.
–Tú debes ser el nuevo vecino, Toni me habló de ti–Dijo sonriendo un poco. Y Matthew se percató de que llevaba brillo labial, vaya–.Me llamo Feliks, seguro ya has escuchado hablar de mí. O sea, quien no lo ha hecho.
Matthew no pudo negarlo, si había escuchado de él. Pero no había oído las mejores cosas, sobre todo el hecho de que había casi asesinado –bueno, no literal– a la planta de su novio.
–A-ah… Sí, yo soy Matthew, un placer–Devolvió el apretón de manos e intentó sonreír.
–Parece que te gustan mucho las flores–Más bien aseguró arrodillándose para tocar con sus dedos delgados las magnolias–.Estas son muy bonitas, se notan bien cuidadas. ¿Tú has hecho todo esto solo?
Asintió.
–Wow, es impresionante.
Matthew se sonrojó por el cumplido y se apresuró a contestar. –N-no es nada, tampoco es tanto trabajo…
Mentía, y lo sabía bien. Porque había que dedicar mucho de tu tiempo para cuidarlas, regarlas, aplicarles aerosoles en contra de los insectos que pudieran dañarlas entre millones de otras cosas.
–A mi novio Toris le gustan las flores. Incluso hasta el día de hoy sigue sacándome en cara que no haya cuidado una flor que le obsequiaron en el trabajo. De todos modos, siento que exagera, digo. Es solo una flor, puedes comprar miles cuando desees–Hizo de nuevo un globo y siguió masticando–.No sé si me entiendes.
¡Por supuesto que no! Gritaba su yo interno. Para Matthew sus flores lo eran todo, cuando sus amados iris azules se marchitaron porque eligió un aerosol que dañó los pétalos lloró dos días seguidos sintiéndose culpable.
–C-claro…–Rió nervioso.
–Se llamaban orquillas, o algo de ordilas…
–… ¿Orquídeas?
–Eso, eso–Hizo un gesto con sus manos y se levantó–¿No tienes Orquídeas?
–No…En mi hogar en Canadá mi madre tenía, pero aquí no. Además no me gustan demasiado, lo lamento–Se disculpó con una sonrisita.
–Da igual, o sea a mí tampoco me gustaban. Prefiero las rosas, o algo más común. Pero sabes…–Suspiró y se peinó su cabello sedoso hacia atrás–.Me gustaría darle otra a Toris, son sus favoritas. ¿Tienes idea de dónde puedo comprarlas?
Asintió enérgico.
–Cerca del subterráneo del metro, hay un lugar en donde compro flores. También hay plantas y hasta árboles pequeños. Es seguro, no hay riesgos de que puedan venderte algo sin la raíz, es muy confiable.
–Qué extraño, nunca me he fijado–Ignoremos el hecho de que Feliks únicamente se interesaba en las tiendas que había ropa, zapatos y accesorios, es innecesario–, la próxima vez que pase por ese lugar me encargaré de preguntar por las flores esas. O quizás podría ir con Toris, como que dudo que pueda llevar la maceta yo solo… ¡Oh! ¡Ya sé!–Chilló exaltando a Matthew, que por segunda vez casi deja caer la regadera sobre sus flores.
–¿Q-qué?–Balbuceó intentando volver a tomar bien el objeto de lata.
Feliks sonreía y aplaudía con ambas manos, como si se le hubiera ocurrido la mejor idea de todo el universo.
–¿Qué tal si vamos juntos? De seguro podemos buscar otra, me gustaría tener rosas blancas en mi dep. ¡Quedaría perfecto con el sillón en la sala de estar! Luego vamos por un café y me cuentas más sobre tu vida. Sería como que, demasiado cool. ¿Qué opinas?
Matthew se tentó en buscar una excusa. Similar a que la universidad le tenía muy ocupado –cosa la cual no era cien por ciento mentira– pero el chico parecía ser alguien que seguiría insistiendo sin detenerse, hasta que accediera. Además podía ser divertido y había visto unas vincapervincas púrpura que quería comprar la próxima vez que fuera a la tienda.
–Suena bien–Dijo después de unos minutos y los dos sonrieron.
Fue justo en ese segundo cuando se preguntó; ¿En qué momento las cosas habían cambiado? Desde que había llegado a Paris no había dejado de conocer nuevas personas, y a extrañamente, agradarles o por lo menos a aparentarlo.
Ya no estaba tan solo, estaban Lovino, Elizabeta, Antonio, ahora Feliks y por supuesto:
Francis.
No veía a Francis desde la cena interrumpida. Ni siquiera habían intercambiado números como para mandar un mensaje de disculpas o algo…Tuvo un proyecto sobre la polinización con fecha de entrega para el viernes, y consumió por completo, cada hora libre luego de las clases. Entre ir de casa en casa, desde la de Elizabeta hasta la de Lovino, los días pasaron rápidos y se vio en el comienzo del primer fin de semana desde que había empezado la universidad.
Le gustaría ir hoy y golpear su puerta, llevarle hotcakes, o quizás algunas flores y charlar. ¿Estaría en casa? Todavía era temprano, quizás había salido nuevamente con sus amigos y aún no despertaba…
–Debo irme–Habló Feliks sacando de sus pensamientos a Matthew. Se colocó la cartera en su hombro y guiñó uno de sus ojos verdes–.Toris pronto llegará, me pidió que fuéramos a comer fuera.
–Oh, que te vaya bien. Nos vemos.
–¡Bye-bye!
Matthew rió y movió sus manos en son de despedida. Feliks hizo lo mismo y se alejó caminando como si fuera un modelo de pasarela, no obstante antes de doblar se detuvo y le gritó.
–¡Oye! ¡Recuerda, hoy hay junta de vecinos a las cinco y media! ¡No faltes que la vieja loca se enoja!
Matthew sorprendido porqué lo había olvidado, gritó también un "Ahí estaré" y Feliks levantó su pulgar en aprobación.
Era un chico extraño, pero agradable.
Cuando Feliks desapareció tras la puerta de su correspondiente departamento, llevó una mano hacia su sien y exhaló aire. Había olvidado por completo que hoy era la primera junta de vecinos a la que asistiría.
–Grandioso.
. . .
Almorzó ensaladas y jugo de frutilla, no le apetecía cocinar algo más y se conformó ésta simple mezcla. Se lanzó a su sillón y mientras veía la televisión, se decidió por tomarse una pequeña siesta hasta que fuera la hora.
Lovino le envió un mensaje como recordatorio de la junta de vecinos y con la hora exacta en la que se iba a llevar a cabo. Matthew se extrañó. Lovino había jurado nunca más ir al mismo lugar en donde estuviera la vecina problemática y que ahora le enviara él mismo el mensaje, podía significar que hoy se decidiera por ir.
«Por favor que así sea…» Rogó para sus adentros. Le sería de mucha ayuda algo de apoyo emocional en un lugar nuevo y como creía; repleto de gente desconocida, y otra que semi-conocía.
Cuando se despertó, ya eran pasadas las cinco de la tarde y la reunión estaba programada para las cinco y media, en el primer piso del conjunto de departamentos. Fue a la cocina sin ningún apuro y comió algunos pedazos de unos hotcakes que sobraron de la mañana.
Miró con desinterés a su alrededor algunas de las flores que había en la sala de estar.
–Debo regar las azaleas cuando vuelva–Dijo en voz alta, mascando y tragando el último pedazo para marcharse caminando hacia el baño. Ahí se lavó el rostro y enjuagó sus dientes. Se miró al espejo y bufó.
Estaba pálido y un poco demacrado; sus mejillas sin embargo tenían un tono rosado –que supuso– se trataba de un efecto secundario del calor atroz de hoy. Su cabello rubio y ligero, despeinado como siempre, junto a ese rulo rebelde caía sobre parte de su frente.
Sacó el cepillo de cabello desde el pequeño mueble con una pesadez inigualable y comenzó a desenredar para estar algo más presentable, y cuando terminó su tarea volvió a verse. Ya más satisfecho, se encogió de hombros, se miró por última vez y salió del lugar.
Ahora el reloj marcaba las cinco con veinte minutos y Matthew decidió que lo mejor sería ir ahora mismo a la sala de reuniones. Y ahora que se molestaba en recordar…
Era la primera vez que iba a esa parte del edificio.
No había tenido el tiempo suficiente como para explorar más a fondo cada piso, y esperaba que se tratara de un sitio agradable y confortable. Si dios estaba de su parte, con una pequeña biblioteca, sillones con bonita vista. Podría darse el gusto de ir a leer o hasta solo el cambiar un poco de ambiente.
–No suena mal…
Como era costumbre, se echó sus llaves a su bolsillo, su celular y salió.
Seguía igual de caluroso, y Matthew recordó de repente que precisamente la ropa que llevaba en esos momentos (seguía con sus shorts y su camiseta holgada), no era lo más apropiado para una reunión, o algo del mismo estilo. ¿Estaría bien? ¿Cómo se vestía la gente para estas cosas? Matthew en su vida había participado de algo así.
Estaba nervioso…
Llegó a las escaleras y comenzó a bajarlas con sumo cuidado y fijándose en no resbalar con sus sandalias de goma. Llegó y siguió hasta el final del pasillo, buscando con sus ojos casi transparentes el camino correcto. Llegó hasta un jardín interior pequeñito, pero muy bien cuidado y lleno de árboles, flores y más flores.
Sonrió como el mismísimo sol al ver tantas en un mismo sitio. ¡Qué maravilla! Situadas en los extremos, un par de bancos para tomar asiento en la sombra y en el centro una fuente en donde los pajaritos tomaban un baño tranquilos y serenos.
Tuvo que tragarse las ganas de ir y correr a ver de más cercas unas flores rojas que no pudo reconocer, pero ya estaba en la hora y seguía sin encontrar la sala de reuniones.
Como si dios mandara un ángel a su rescate, una voz a lo lejos comenzó a gritar su nombre.
Oh. Esa voz…
¡Ese acento! Lovino.
–¡Matt! ¡Matthew!
–¡Lovino!–Exclamó Matthew caminando hacia su compañero de universidad, que ahora que se fijaba, venía acompañado de su novio, el español–.¡Antonio!
–¡Hola Matthew! ¿Cómo has estado? ¡Hace días que no te veía!–Saludó inmediatamente el moreno con una sonrisa brillante. Lovino entornó los ojos y le tapó la boca para que le permitiera hablar.
–¿Cómo estás Matt? ¿Todo bien?–Sonrió–.Lo lamento, este bastardo se coloca un poco más tarado de lo usual con el calor y suele atacar con preguntas y estupideces a las personas desde el primer momento en que las ve.
Matthew rió y negó, quitándole importancia. Antonio seguía forcejeando para que le soltara y lo hizo, sin embargo con una sola mirada asesina, Lovino pidió silencio. El moreno hizo un puchero pero obedeció.
–Estoy bien, muchas gracias. Algo cansado pero bien–Suspiró–.¿Y ustedes?
–Estábamos bien, en realidad. Pero luego recordé que debíamos venir a esta estupidez y mi felicidad se esfumó–«Por favor que la bruja no venga, es lo único que le pido a mio dio.» Pensaba Lovino.
–Vamos, Lovi. Es solo que la viejecita es testaruda y de mal carácter. Las personas con el tiempo y cuando se hacen mayores tienen peor humor, hay que entenderlas.
«No es únicamente por esto que odio venir a las reuniones.»
Antonio hablaba con calma y sonriente. Matthew estuvo de acuerdo, a su abuelo materno le ocurrió igual.
–Lo sé, pero aun así no me molestaría asistir a su funeral, ojalá y que sea lo más pronto posible.
–¡Lovi!
–Ya, ya. Solo estoy bromeando idiota–Sonrió, o por lo menos eso intentó–.Pero recuerda. Es la última vez que te acompaño, en serio es la última. Lo juro por mi nonna–.Aseguró elevando su dedo índice.
–Pero, la última vez dijiste exactamente lo mismo…–Murmuró Matthew algo temeroso por la reacción que tendría Lovino después de lo que iba a decir–.Por eso me extrañé cuando me enviaste el mensaje, yo creí que habías jurado nunca más estar en el mismo lugar que nuestra vecina…
Antonio rió. Su risa era cantarina y armoniosa–Lovi siempre dice lo mismo.
Lovino se coloró y avergonzado empezó a balbucear palabras que ninguno de los otros dos presentes pudo descifrar.
¡Ha! Nunca admitiría que en realidad la razón del porqué venía con Antonio a estas cosas, era porque Emma estaría ahí como todas las veces. Emma era la ex novia de Antonio. Por lo que tiene entendido, fueron novios en la secundaria y ella seguía un poco –demasiado– interesada en el español. Simplemente era para ahorrarse las sorpresas de la rubia coqueteando con su novio. Muy simple.
Matthew se fijó en su IPhone y exclamó horrorizado cuando comprobó que estaban llegando tarde por diez minutos.
–C-chicos… No es por alertarlos pero es tarde y…
Lovino que seguía pensando con la mirada perdida en el pequeño jardín, parpadeó sorprendido y negó intentando disipar la inseguridad de su mente. Antonio tomó su mano y le plantó un beso en su mejilla.
–Vamos Lovi.
El asintió más relajado y comenzaron a correr hacia la dirección en donde Antonio les guiaba, Matthew con un poco de dificultad (sin contar que el correr no era lo suyo) y que además, sus zapatos no eran lo más adecuados para la acción.
Resultó que la sala de reuniones estaba a la vuelta del pasillo, por la derecha. En un intento para no llamar demasiado la atención entraron despacio por la puerta, que chirrió un poquitín cuando la cerraron. Ya había gente adentro. Y por el silencio, y el sonido únicamente de una voz femenina que dirigía, supuso que ya había empezado.
El cuarto era un lugar espacioso y fresco. Las paredes estaban llenas de cuadros, y uno que otro tenía plantas o alguna flor. Todo en tonos claros y rojizos y Matthew sonrió satisfecho cuando divisó, al lado de un mesón largo de madera un estante con libros.
–Perfecto…–Susurró.
La gente había formado un círculo con las sillas. Quedaban algunas sin ocupar y Lovino le hizo señas para que tomara asiento en una a su lado. Matthew se encogió cuando las miradas recayeron en los recién llegados y prefirió no mirar nada más que no fuera la silla de madera que lo esperaba.
Se sentaron, y la persona que estaba de pie, carraspeó varias veces hasta que volvió a hablar con el rostro contraído en desagrado.
–Bueno, ahora que los atrasados ya están aquí, continuemos.
Matthew levantó la vista y se encontró con una señora mayor, un poco jorobada pero a parte de sus manos delgadas y huesudas, y ese rostro arrugado, no había nada raro en ella.
–Tch–Chistó Lovino cruzándose de brazos–.Bruja del demonio...
–Shh…–Le regañó Antonio pidiendo él esta vez silencio. No quería que fueran expulsados como lo habían sido meses atrás.
Matthew batió su mano intentando refrescarse un poco luego de la carrera, y mientras lo hacía sintió un par de ojos que le observaban. Su vista se posó en una dirección; y violeta con celeste se conectaron.
Francis levantó una mano para saludarlo, y Matthew pudo sentir como su corazón y sus entrañas se retorcían en un mar de emociones. ¡Estaba tan feliz de verlo nuevamente! Sus pupilas brillaron y susurró un hola que hizo curvar sus labios al francés.
¡Dios! Creía fervientemente que podría morir ahí mismo. La sensación… era inexplicable. Era alivio mezclado con felicidad, o nervios y vergüenza. Era como si hubiesen tomado cada sentimiento positivo –aunque alguno podría sobrar– y los juntaran en un plato de cristal. Luego se lo dieron de comer a Matthew y llegaron a su estómago en donde se esparcieron a cada célula de su cuerpo.
Seguían mirándose a los ojos como dos tontos, olvidando todo lo demás. Eso fue hasta qué una chica morena con dos lazos rojos en su cabello oscuro se acercó para susurrar algo en el oído de Francis y se aferró a su brazo, pasando su mano sobre éste de manera provocativa.
A Matthew casi se le cayó la boca al piso. Toda sensación agradable fue reemplaza por lo contrario. ¿Quién era ella? ¿Su novia? Francis en ningún momento había mencionado algo así, e incluso dejó en claro que estaba cien por ciento soltero… ¿Y qué importaba? ¿Por qué se molestaba con algo tan insignificante? Podían ser amigos, sí. Sin embargo dudaba que una amiga bajara su escote y prácticamente colocara sus pechos en la cara de la otra persona.
Como su propia mala costumbre, arrugó la nariz asqueado y se cruzó de brazos, de la misma forma que su compañero el italiano.
Quizás lo mejor era prestar atención.
–Ahora el siguiente tema. ¿Alguien tiene algo que decir?–Algunos levantaron sus brazos pero fueron completamente ignorados por la anciana que siguió hablando como si nada–.Como no tienen nada que decir, yo elegiré el próximo tema.
Todos quedaron en silencio pero lo dejaron pasar.
–¿Y ese cual sería según usted, señora?–Habló una voz conocida para él.
¡Feliks!
Feliks se encontraba cruzado de piernas y tan magnifico como podía recordarlo. A su lado, y mantenía una de sus manos entrelazadas, estaba otro joven de cabellera castaña y ojos verdes. Ese debía ser Toris. Tenía una expresión incomoda y disgustada.
Matthew pudo entender su dolor desde su asiento.
A nadie le gustaba estar malgastando la tarde de un día sábado en esto.
–Bueno, muñequito–Dijo ácida la viejecita con una sonrisa que reveló su carencia de dientes–.Hablaremos sobre todo el asunto del ruido.
Lovino se tensó en su silla. Oh dios. ¡Su nonna!
–El pasado martes, en el piso dos, tuvimos la no muy grata sorpresa de que un familiar del señor Antonio, llegó como Pedro por su casa a gritar y golpear todo lo que encontró en su camino.
–¡No fue así!–Exclamó Lovino, que se arrepintió al instante cuando la mayoría le miró, curiosos–.M-me refiero… Era mi abuela, lo lamento. Antonio no tiene nada que ver en esto.
–¡Vaya!–Fingió sorpresa–.Si no es el señor Lovino. Pensé que la última reunión, también sería la última vez que lo tendríamos de visita. Sea bienvenido.
–También me hubiese gustado que lo fuera–«Pero no es mi culpa que esté Emma justo en frente de mi novio, y lo mire con ojos de querer comerlo ahora mismo.»
Y así lo era. Emma y su amiga Michelle estaban justo enfrente de él y de Matthew y de Antonio, y para rematar, al lado de Francis. Las dos con vestidos femeninos, cortos y floreados.
–Bueno, bueno. Solo la próxima vez dígale a su abuela que solucionen las cosas en su hogar. Nosotros, que sí vivimos aquí, queremos tranquilidad y no enterarnos de sus problemas sin importancia.
–¿Está dándome una orden?–Gruñó Lovino al borde de enfadarse–.No recibo ordenes de viejas br-
–Lovino.
–Silencio–Susurró únicamente para que él escuchara.
Antonio colocó una mano que cubrió por completo la suya. El italiano se mordió la lengua. Antonio lo había llamado por su nombre completo; hablaba en serio.
–Perdónelo señora Anne. No estamos teniendo un buen día, el calor lo coloca así.
Y lo miró severo por unos momentos, para luego tranquilizarlo con su sonrisa despreocupada y brillante.
–¡Esa es mi línea!–Se quejó pero bufó más aligerado. La sonrisa de Antonio podía derretir su corazón hasta en un día de invierno–…Está bien, es verdad…
Anne entrecerró sus ojos e ignoró a la pareja siguiendo en lo suyo. Arregló sus apuntes y prosiguió con el siguiente tema.
Matthew por su parte, presenciaba todo como si de una novela aburrida se tratara. ¿Qué estaba haciendo ahí? Hablaban de la lavandería, del jardinero… ¿Qué podría él saber de esto? Por más que prestara atención, era como si hablaran en otro idioma.
Y al final, pasó el resto de la reunión sentado como una estatua, intentando ignorar por completo los susurros y charlas bajitas entre Francis y esa chica morena, que extrañamente no le agradaba para nada.
Continuará.
De ahora en adelante contestaré aquí los reviews de aquellos que no puedo contestar por privado.
meh v: Sí, es triste que no esté tan activo el mundo de los fanfictions Franada.(Por lo menos en español) Esta fue una de las razones por las cuales me impuse subir esta historia... Quería aportar mi pequeño granito de arena :) Francis puede ser muy torpe a veces, bueno, si de Matthew se trata. Las flores son maravillosas. Hay una cantidad de flores distintas, con diferentes significados, usos, colores, formas. Amo las flores y las plantas. Además siempre me ha interesado todo este tema... Estoy tan agradecida de que se me haya ocurrido la idea de este fanfiction. Ya forma parte de mi vida. ¡Gracias por comentar!
SifherIsh: (Contestaré aquí ambos reviews que me dejaste para no hacer drama) ¡Sí! Hacen falta, yo necesito más fanfics Franada... Por eso, si saben de alguno que deseen recomendarme, aquí estoy con los brazos abiertos haha. Me pasa igual, yo digo "¿Amor? ¿Qué es eso? No existe..." Y me veo cuando escribo estas cosas, y Matthew hace algo lindo y yo estoy como llorando porque el amor que se tienen estos dos es del puro y del bueno. Gilbert es un personaje awesome. Adoro desde el fondo de mi corazón escribirlo. ¡Es tan gracioso! Y Toni, mi Toni bello. Es todo un caso con Lovino. Espero que sigas disfrutando de la historia ¡Un abrazo y gracias!
Okay. ¡Nos vemos en la próxima! ¡Felices fiestas patrias a los chilenos, y apoyo a todos los afectados por la reciente catástrofe!
