Empezaré saludando a Elsii, Wings, Moniii, Daniyyel, loreley que dejaron reviews, se los agradezco, así dan ganas de escribir. A mi fan número 1 le mando besitos por su apoyo constante.

Y en cuanto a AgusSnow, "Ramo" en mi país, y creo que en otros más, se les dice a las asignaturas de una carrera. Intento no poner palabras que sean propias de aquí, y a veces se me escapan. Me alegra que me lo hayas hecho ver.

También quiero decirle a Chat'de'Lune que el spoiler es que Elsa pronto empezará a cuestionarse sus necesidades fisiológicas, aunque creía que no las tenía. Son adultas, que más se puede decir. Puede parecer importante en algún punto, pero luego será reemplazado por otras cosas aún más fundamentales.

Fin del reporte, espero que les guste este capítulo. Sentimientos y confusiones empiezan a aflorar.

Frozen no es mío, reitero.


Capítulo 4: Confianza incierta.

Caminaron lentamente hacia el estacionamiento. Se sentía algo nerviosa. Nunca había hecho algo tan imprudente. O quizás se estaba complicando de mas, y muchos profesores hacían cosas así. ¿O no? No lo sabía, tampoco tenía algún colega de confianza para preguntarle al respecto. Al menos a la pelirroja no parecía molestarle, se veía muy animada al respecto. El camino a casa estuvo tranquilo. No se demoraba nada en llegar desde la universidad. Menos de diez minutos. Se estacionó y ambas bajaron. Sus nervios iban en aumento.

Al abrir la puerta recordó el miedo usual de los martes y jueves.

-Dios, en serio vives sola, esto es un caos.

Sus mejillas se bañaron de rojo. Estaba avergonzada de dejar todo desordenado. Y además su living seguía con los libros y papeles. Jamás habría pensado que invitaría a alguien, o al menos hubiese ordenado un poco. Lo habría intentado.

La pelirroja dijo un suave "permiso", y entró a la casa como si fuese suya. Caminó a las ventanas y abrió bien las cortinas. Ahora se podía apreciar más el desorden que había.

-Ignora todo esto, yo me pondré a cocinar de inmediato.

-Algo difícil de ignorar, ¿Eh?

Podía escuchar a la chica moverse de lado a otro, mirando sus cosas. Intentaba ignorarla, pero se sentía nerviosa al respecto, aunque no sabía muy bien por qué. Tal vez porque nadie se había metido en sus cosas jamás, nadie se había acercado a su intimidad. Nadie había estado tan cerca de su interior.

Se había sacado el saco y se puso un delantal. No estaba en sus planes el tener que cambiarse de ropa. Estaba cortando algunos vegetales cuando sonó un obturador a su lado. Controló su sobresalto para no cortarse un dedo con el cuchillo. Miró hacia el lado y la chica estaba con su cámara, sonriendo divertida.

-Hace tiempo que no veía esa cámara.

- ¿No la usas?

-No.

- ¿Te molesta si te la robo?

- ¿Necesitas una cámara para algo?

-Tengo clases de Fotografía los lunes y viernes, el semestre pasado me costó darlo porque no logre conseguirme una buena cámara.

-Puedes llevártela, no la he usado desde hace mucho, está casi nueva. Creo que debería estar el estuche por ahí.

-Dios, gracias, me has salvado la vida. Si paso esta materia será gracias a ti.

-Me haría más feliz que pasaras mi asignatura.

Se quedó en silencio unos segundos. Le sonrió con una mueca algo triste.

-Eso intentaré.

-Con eso me basta.

Le sonrió de vuelta y siguió en lo suyo. Escuchó el obturador un par de veces, hasta que al parecer terminó aburriéndose. Su cámara era moderna, fue uno de los lujos que se dio cuando recibió una de sus pagas. La quería fotografiar la tumba de sus padres. Ahora sonaba algo perturbador, pero en su tiempo tenía un sentido más claro. Luego fotografiaba a sus pacientes. A la gente que iba ayudando. Ver esas fotos le hacía sentir bien. Cuando se empezó a interesar en la educación, y estudiaba un magister, ahí dejó de usarla. Ahora caía en manos jóvenes.

-Tienes libros que huelen a viejo. ¿Cuántos años tienes?

-No es como que ellos hayan sido míos desde siempre, algunos eran de mis abuelos, otros de familiares, otros los fue adquiriendo de bibliotecas.

-Eres una nerd generacional. Dijiste que enseñabas anatomía humana, entonces también estudiaste relacionado con el cuerpo, ¿No? ¿Por qué? La medicina es aburrida y desgastante.

Empezó a poner los platos, mientras servía la comida. La chica la miraba desde el otro lado de la isla.

-Mis padres viajaban mucho, y enfermaron de Cólera en un país pobre. Murieron muy pronto. Ni siquiera pude despedirme de ellos. Supongo que eso me llevo a querer entender el cuerpo humano y las patologías a las que nos vemos expuestos día a día.

-Que mal por ellos y por ti, pero es un alivio que hayas sacado algo bueno de eso. Yo hubiese querido irme con ellos…

La voz de la pelirroja sonó de una extraña forma. Era difícil precisar por qué razón era. Quizás solo sentía empatía por ella.

Ambas se sentaron en la mesa. La pelirroja de inmediato empezó a comer. Se le veía hambrienta.

-Esto está muy rico, sabía que eres capaz de hacer todo bien.

-Quizás no soy así para ordenar.

Le dio un vistazo a su pirámide de libros. Pero se impresionó al verlo en unas columnas muy bien ordenadas y los papeles recogidos. ¿En qué rato lo había hecho?

-No se puede ser todo en la vida.

Summers le dio un guiño y siguió comiendo. No, no se puede ser todo en la vida. Sonrió para sus adentros. Estaba aprendiendo cosas nuevas, y eso siempre llenaba su mente curiosa. Terminaron de comer como la una y aprovechó de ofrecerle su ordenador a la pelirroja, por si quería empezar con su trabajo. Esta aceptó gustosa. Se veía que de verdad se estaba esforzando, diferente a la impresión que le dio los primeros días. Ella empezó a revisar una última vez la impresión para las evaluaciones que tenía en la tarde. No quería tener ningún tipo de error en las preguntas. La chica tecleaba bastante animada.

No era una experta en arte, pero le gustaba pintar y crear cosas con sus manos desde que era una niña. El arte contemporáneo es muy amplio. Se acomodó los lentes aun leyendo las impresiones.

- ¿De qué época es tu trabajo?

Vio de reojo como la chica detuvo su tecleo y se estiró, haciendo que varias de sus articulaciones de brazos y espalda se manifestaran con un sonido estruendoso. Luego volvió a ponerse en su posición inicial. Al parecer tenía una mala postura al momento de sentarse, por eso la incomodidad que se le veía luego de estar unos momentos en la misma posición.

-En el Neo clasismo y prerromanticismo. Es difícil hacer algo conjunto de dos temas, porque no sabes cuanta información poner de uno y cuanta de otro, y hay veces que hay información de cierta cosa que no está para la otra, ¿Me entiendes?

-Un poco, creo.

La chica solo rio, dejando que su risa invadiera todo el silencioso lugar.

Se empezó a arreglar para volver al trabajo. Miró como la chica se daba cuenta de eso y empezaba a teclear más rápido, al parecer buscando una manera de enviarse sus avances.

- ¿Cuánto has avanzado?

-No mucho, yo creo que el 30%...

Su voz sonaba desanimada. Empezó a unir cables. Habló de su tía, probablemente viva con sus parientes, o quizás ni siquiera sean parientes directos. Quizás viva en una casa donde no tenga acceso a un ordenador propio, o padres que le compren cosas necesarias, como una cámara, por ejemplo. Mencionó sobre no poder concentrarse. Si tenía acceso a internet quizás existían otras personas que invadieran su espacio.

Debe ser difícil estar en un lugar tan poco cómodo como para preferir hacer los deberes en la biblioteca de la institución.

-Quédate aquí.

La chica se sobresaltó de tal manera que por cosa de segundos casi deja caer el ordenador resguardado en sus piernas. Su rostro palideció un poco y su mirada de confusión crecía.

- ¿Quedarme aquí? ¿Estás loca?

- ¿Eh? ¿Por qué lo estaría? ¿Tan extraño es?

-Bastante, no me conoces, podría hasta robarte el papel tapiz.

Miró alrededor del lugar. Negó con la cabeza.

-Aquí no hay papel tapiz, Summers.

-Es una forma de decir, no puedes confiar así en mí.

No entendía porque le decía eso. Si tuviese malas intenciones no diría nada y solamente haría de las suyas. Además, no lo encontraba raro, los adolescentes se quedan en casa de sus amigos de manera casi usual.

Ah, cierto. No son amigas. Ni siquiera se conocen lo suficiente. Era un punto importante a considerar.

-Ah, lo siento, probablemente no confíes en mi como para aceptar mi propuesta.

- ¡Que no es eso! Eso me seria de mucha ayuda, en serio. Pero, ya sabes, tienes que tener cuidado con quien dejas entrar a tu casa.

-Eres la primera persona que dejo entrar.

La chica frunció el ceño. Dejó el ordenador en la mesa y dio unos pasos para quedar frente a la rubia.

-No puedes ser tan descuidada, en serio, ¿Eres una cría acaso?

Ladeó su rostro con duda. Estaba confundida. ¿Por qué la trataba de esa forma? No entendía. Sentía las manos pequeñas y cálidas de la chica en sus hombros. Ahora que no llevaba sus tacones parecía que ella podría casi alcanzarla en estatura. Por un segundo, sintió como su cuerpo empezaba a capturar el calor que la chica emitía, haciéndolo suyo.

Fue una sensación extraña.

Summers soltó un suspiro lleno de pesadumbre. Sus ojos turquesa captaron los suyos, con una sensación de duda en su mirar.

- ¿Tardaras mucho?

-Tengo evaluaciones, pero son cortas, no creo que esté hasta más allá de las seis.

-Te esperaré entonces.

No pudo evitar sonreír levemente. Tenía fe en que, si la pelirroja confiaba más en ella, podría ayudarla más de cerca con sus problemas. Aunque todo había salido de manera casual. Innata.

Salió de ahí, dejando a la pelirroja cuidando de su departamento. Mientras manejaba empezaba a entender un poco las palabras de la chica. Quería que ella confiara, pero a la vez era ella misma la que confiaba demasiado. Suspiró. No lo había hecho nunca. No tenía certeza si era algo malo o bueno.

Fue a buscar sus materiales a la sala de profesores, y se vio de frente con el profesor Cooper. Él le sonreía de una manera extraña.

- ¿Pasa algo, profesor Cooper?

-Oh no, pensaba que te veías animada.

- ¿Animada?

-Siempre andas por aquí con cara de nada, sin sonreír o hacer alguna mueca.

-Suelo sonreír bastante.

- ¡No es verdad! Aquí no hay nada de eso, de hecho, algunos profesores les da vergüenza hablarte, como que creen que los golpearas o algo.

-Yo jamás llegaría a la agresividad con otra persona.

-Imagine que dirías algo así.

Él salió de la sala riéndose, sin embargo, ella quedó algo confundida. Tocó sus labios con la yema de los dedos. La piel gélida tocando la piel carnosa. No lo entendía, ella sonreía mucho, ¿No?

Eran diez para las seis cuando abrió la puerta de su departamento.

Lo primero que vio fue a la pelirroja, sin su sudadera, tecleando acostada en el sillón, mostrando algunos tatuajes en sus brazos. Lo segundo fue ver varios sitios de su casa prolijamente ordenados.

La chica se despegó de la pantalla para mirar a la recién llegada.

-Si me dejas hacer aquí mis tareas, te haré la limpieza.

La rubia soltó una leve risa.

-Por mi suena bien, no tengo mucho tiempo para darle a este lugar la atención que merece.

-Es un departamento grande para alguien que vive por su cuenta.

-Si, a veces lo siento demasiado grande y vacío.

Se quedó unos segundos apoyada en la puerta. Se sacó los tacones y colgó su saco en el perchero, junto con su bolso.

-Creo que le falta un poco más de vida, nada más.

La pelirroja se estiró y nuevamente sus articulaciones tronaron. Se veía cómoda y fresca. Y claramente se le notaba tranquila. Miró alrededor. Con esa chica en el sofá, así de calmada, parecía que el lugar ya empezaba a tener más vida. Quizás su propio departamento no tenía suficiente solo con ella.

- ¿Pudiste terminar el trabajo?

Se acercó lentamente a la chica.

-Lo terminé hace rato, ahora me dedico a ver tus videos para adultos.

Al fin lo había hecho. Tenía la oreja de la chica entre sus dedos mientras esta soltaba un alarido y una risa, juntas en un sonido bastante gracioso. Lo fue tanto que dejó su expresión molesta y empezó a sonreír. Luego de unos segundos de súplica la terminó soltando. La chica se masajeo la oreja, dejando ver unas perforaciones. Se sintió un poco mal al respecto.

-Lo siento, no sabía que tenías eso en la oreja.

- ¿Ah? ¡Ah! No, no, no me duelen, las tengo hace muchos años, de mi época rebelde, algunos agujeros se terminaron cerrando. Era demasiado exagerado.

Se rio animada, hasta que se escuchó el sonido de ultratumba viniendo de su estómago. Probablemente no había consumido nada desde el almuerzo, la fatiga tiene que ser extrema. Soltó un suspiro y puso el hervidor.

- ¿Te quieres ir pronto o comerás algo aquí?

Vio como los ojos turquesa de la chica se oscurecían un poco.

-No tengo muchas ganas de volver a casa, espero no te moleste que me quede aquí un poco más.

Su rostro se veía triste, pero sus mejillas tomaban ese color rojizo. Bañando sus pecas de carmín. No la había oído decir algo tan suplicante jamás, de hecho, a veces creía que no podía decir algo así. Tenía que tener razones de sobra para no querer volver a su hogar.

-No me molesta la compañía.

Tú compañía.

No podía decirle eso. Sonaría fuera de lugar. Ha estado acostumbrada a estar sola. No depender de nadie. No necesitar a nadie en su vida. Le daba un sabor amargo el decir aquella mentira blanca. No apreciaba la compañía en general. Estorbaban en su trabajo, en sus planes, en sus metas.

En su vida.

Pero ahora se sentía cómoda con la chica. Había algo en ella, que la hacía diferente, que la hacía diferente a ella, y también la hacía sentir que tenían tanto en común.

Movió la cabeza de lado a otro. No quería ocasionar un desastre en la cocina por quedarse pensando en eso. La hacía sentir extraña. Fuera de sí. Se estaba soltando. Eso no era una buena señal, de eso si estaba segura. Quizás la misma Summers tenía razón. Estaba confiando más de lo que debía. Estaba estrechando demasiado un lazo que no tenía principio ni fin.

Fue sorprendida por los ojos curiosos entrando en su cocina.

- ¿Te ayudo en algo?

Sonrió.

-Tráeme las tazas del estante.

- ¡Si, señora!

Sonrió por aquella chica. Sonreía con ella. Como si fuese casi inevitable. Como si fuese un impulso físico y mental. Como si fuese algo tan propio. Tan natural.

La chica le trajo las tazas, y ella vertió el té de hierbas en ambas tazas. Estaba helado en esa época. Usaba hierbas que la ayudaban con el estrés y el cansancio. Aunque siempre prefería un café milagroso.

- ¿Qué quieres comer?

-Uhm, unos sándwiches estarían bien, ¿Te parece?

-Suena bien.

No se demoraron en hacer la merienda y se sentaron a comer en la mesa. La pelirroja prendió la televisión. Igual era interesante saber que pasaba en el mundo mientras uno seguía su vida diaria. Concentrado en uno mismo.

- ¿Crees que lograré aprobar?

Se exaltó un poco ante la pregunta tan sorpresiva. Se quedó pensando unos segundos. Ambas seguían haciendo lo suyo.

-Soy nueva en esto de la enseñanza, tampoco te conozco mucho, ni mucho menos se sobre tu desempeño a tiempo real en tus años anteriores. Pero no lo sé, intuyo que podrás. Sé que, si te enfocas y de verdad te sientes parte de esa realidad, esa realidad donde logras tus cometidos, podrás hacer lo que sea.

Levantó la mirada para ver a la chica, sonrojada, y sorprendida. Se masajeo el cuello, desviando su mirada.

- ¿Así que eso crees? Espero sea así.

Le dio una leve sonrisa y siguió comiendo.

Luego se quedaron reposando la comida, ambas sentadas en el sofá, con el sonido de la televisión de fondo. La pelirroja miró la hora en el reloj de la pared, de una manera nerviosa. Pudo percatarse de su incomodidad.

- ¿Pasa algo?

-No, nada, digo, si, tú tienes que madrugar mañana, y yo solo estoy estorbando. Ya es tarde, me iré.

Se levantó del sofá y se puso su sudadera. Caminó en busca de su mochila. Se le veía dispuesta a salir de ahí lo más pronto posible.

-Espera un poco.

Se detuvo de pronto y se volteó para mirarla. Fue a su habitación y se deshizo de su falda y sus medias, también de su camisa. Buscó unos jeans y zapatillas y se puso un chaleco azulado, uno ancho y abrigado, su favorito. Salió de la habitación y vio a la chica parada al lado de la puerta, dispuesta a salir de ahí.

El problema no era ella, el problema era la hora y el lugar al que tenía que llegar. Estaba ansiosa por eso. Estaba sintiéndose algo preocupada.

-Yo te llevo.

-Hey, no es necesario que hagas eso. Puedo irme sola, ya estoy grandecita.

-No lo suficiente para mí, vamos.

La chica soltó un suspiro molesto. Se subieron al auto y la pelirroja le dio las indicaciones.

-Estas ignorando mis indirectas bien directas para que me digas tu edad.

-Eso no se le pregunta a una señorita.

La pelirroja hizo un puchero que pudo percibir de reojo. Sonrió levemente. No podía exhibir su secreto.

-Además, si te lo digo, de pronto toda la universidad lo sabrá.

- ¿Eso te causaría problemas?

-Una vez me causó problemas. Me dijeron que no era apta para algunas cosas porque era mujer, y además era muy joven. Ahora no soy tan joven como en ese entonces, pero podría ocurrir algo así. Y quizás los alumnos podrían pasar sobre mi escudándose con eso.

-Suena molesto, pero no les diría algo sobre ti al resto, de hecho, tampoco podría decirles que fui a tu casa, los demás pensarían que tengo algún tipo de preferencia. Ya sabes.

- ¿Preferencia?

Sintió como sus mejillas se calentaban por una extraña razón.

-Claro, que me estás dando oportunidades, o ya sabes, que intento que me subas la nota.

Su mente estaba pensando cosas que no comprendía. Soltó un suspiro.

-No haría eso, sería injusto para los demás alumnos.

-Pero no es injusto si yo soy la única que se ha acercado a pedir ayuda, ¿No?

Se quedó pensando. De esa forma tenía algo de sentido. Solo está aprovechando algo que está ahí para ser aprovechado.

-Tienes razón, has ganado.

-Déjame por aquí.

Frenó de inmediato. Se estacionó cerca de una casa, cuyo interior se veía sombrío. La chica a su lado se veía algo incomoda.

-Bueno, gracias por todo lo de hoy, en serio te debo una.

-Fue un placer ayudar.

Vio como de reojo como la puerta principal de la casa de abría de golpe. El cielo estaba oscurecido, y las luces de la calle parecían alumbrar menos que nunca. La chica dio un salto y salió de un impulso fuera del auto.

-Nos vemos el viernes, daré mi máximo esfuerzo.

-Entonces sé que te irá maravillosamente.

La chica avanzó hasta la casa y al parecer iba a entrar. Un hombre alto y corpulento, desgastado por los años, interceptó su paso. No lograba verle la cara. Se tambaleaba extrañamente. Como si estuviese adormilado. La chica le dio una rápida mirada. Desde la distancia no pudo distinguir con claridad la señal que le mandaba, pero no parecía ser buena.

Al parecer se dicen un par de palabras. Ve como el hombre apunta directamente a su auto y luego toma a la chica y la guía dentro de la casa.

La puerta se cierra de golpe, sonando como un estruendo en la silenciosa calle.

Algo malo estaba ocurriendo.

Algo muy malo estaba pasando, y no podía hacer nada.

Simplemente se quedó ahí. Congelada por la incertidumbre.

La seguridad de su alumna estaba siendo cuestionada…


Ay no, ¿Qué he hecho?

Todo iba tan bien. Maldición. Tengo un grave problema con joder todo lo lindo, lo sé.

Espero les esté gustando cómo va la historia. Los comentarios siempre me motivan a subir mas seguido.

Nos leemos pronto.