"Creo que he conseguido despistarles." Dijo el Doctor mirando a los controles. Jack estaba a su lado, prácticamente contenía la respiración. Sabía lo que esas criaturas les harían si les encontraban y no estaba dispuesto a pasar el resto de la eternidad sufriendo aquella tortura, por no pensar además, que Ianto y Rose estaban con él. "Lo mejor será quedarnos aquí hasta que se marchen y luego, cuando tengamos arreglada la TARDIS, marcharnos antes de que nos descubran."

"¿Podrás arreglarla?" Jack no estaba seguro si había preguntando o lo había afirmado. Tenía todas las esperanzas puestas en que el Doctor les sacara de allí, no podía permitir que ninguno de sus amigos y mucho menos el hombre del que estaba enamorado, estuvieran en aquel planeta por mucho tiempo. "¿Doctor?"

"Si, bueno eso creo, primero tendré que comprobar los daños que hemos sufrido y luego ver con lo que contamos para arreglara. No creo que nos lleve más de un día."

"¿Un día aquí? Doctor, creo que no sabes lo que son esas cosas. En cuanto tengan el menor indicio de nuestra existencia, podrán todo su empeño en dar con nosotros y ten por seguro tarde o temprano lo harán."

"¿Estoy viendo un pequeño atisbo de miedo en ti capitán?" El Doctor sonrió, aunque su expresión no podía ocultar que él también estaba aterrado. A ninguno de los dos les gustaba estar en una situación que no pudiera controlar y aquello estaba muy lejos de lo que ninguno de los podía prever.

"Supongo que ya tenemos algo en común entonces." Sentenció el capitán. "Voy a buscar a Rose y Ianto, tu quédate aquí y asegúrate que nos vamos cuanto antes." Jack se dio la vuelta para salir de la sala, pero la voz del Doctor a su espalda lo detuvo.

"Se que están perfectamente, pero cuida de ellos ¿vale?"

"Rose está bien, es una chica dura y creo que no será su primer aterrizaje forzoso de la TARDIS. De todas formas, tranquilo, antes de que te des cuenta la tendrás entrando por esa puerta." El Doctor volvió a sonreír.

"Gracias." Jack se despidió del Doctor con su saludo militar y salió de la sala de controles. Al otro la de la puerta, había un par de fugas de humo, pero nada importante, no le impedían ver el pasillo y pudo moverse sin problemas, por una nave que conocía a la perfección.

Escuchó toser a Rose, no estaba lejos, pero no la vio a simple vista, hasta que la chica se puso en pie por fin. "Rose." Dijo aliviado el capitán. Ella levantó la mirada hacia él y le saludo. "¿Estás bien preciosa?" Ella asintió sin resuello.

Era cierto, se encontraba bien, le dolía la cabeza, pero no era nada importante. Tener delante a su amigo y las ganas de encontrarse con el Doctor cuanto antes eran mucho mucho más fuertes, como para que no notara el dolor.

"Te está esperando y creo que hasta que no te vea de una pieza no va a ser capaz de pensar con claridad sobre como sacarnos de aquí. Así que, Rose, tienes en tu mano la posibilidad de sacarnos de aquí cuanto antes.

"¿Cómo estáis vosotros? Aunque en tu caso…" El capitán cambió su expresión de repente. Había tratado de mantenerse sereno y no pensar en lo que podría haberle ocurrido a Ianto hasta que su amiga estuviera bien; pero ahora su joven amante era lo único en lo que podía pensar. "Oh, todavía no lo has encontrado. Bueno no te preocupes, seguro que está bien. Por si te sirve de algo, la última vez que lo vi estaba en la otra sala, no creo que esté muy lejos, si quieres voy contigo."

"No, el Doctor te necesita más que yo ahora mismo." Rose abrazó al capitán con fuerza. No sabía como agradecerle que siempre que necesitaba a alguien él estaba allí, al pie del cañón para sacarla de un apuro o simplemente para asegurarse que estaba bien.

"Gracias por todo." Le susurró Rose al oído y luego le besó en la mejilla. "Tu chico está bien, lo presiento." Y sin esperar respuesta del capitán, Rose salió corriendo por el pasillo.

Al llegar a la sala de mandos, el dolor de cabeza se había por completo. Ver allí la figura del Doctor moviéndose de un sitio para otro, sin parar le hacía sentirse completamente bien. Cualquiera que lo mirara en ese momento, alguien que no conociera al Doctor pensaría que sus acciones no tenían ningún sentido, de arriba abajo de los controles, golpeándolos de vez en cuando con su pequeño martillo y también, para mayor diversión de Rose, insultándoles cuando no funcionaban como él quería.

"Doctor." Tan sólo fue palabra, que para la mayoría del mundo no significaba nada, peor para el Doctor, escuchar a Rose a su espalda llamarle, fue suficiente para hacer que se detuviera en seco, que todo su mundo se detuviera sin más, se diera la vuelta y tras comprobar que no estaba soñando abrir los brazos de par en par esperando.

Como siempre, Rose echó a correr, que más daba que estuviera llena de polvo o que la cabeza estuviera a punto de estallarle. El Doctor estaba allí, delante de ella esperando rodearla con sus brazos y atraparla para no dejarla escapar y después de haber creído que la TARDIS se rompía en mil pedazos y que había estado a punto de morir, era justo lo que más necesitaba.

Al tenerla entre sus brazos, el Doctor la levantó del suelo y los dos rieron al mismo tiempo, de felicidad por su puesto, pero también de alivio y esperanza. Ahora que estaban juntos nada podría evitar que el Doctor sacara la nave de allí y los llevara a un sitio seguro.

"Vámonos de aquí." Dijo casi un en grito de guerra el Doctor. Rose rio y comenzó a seguir las instrucciones que fue dando el Doctor, hasta que de repente, la nave hizo un extraño sonido algo parecido a un grito, que la asustó. "Eso es lo mejor que he oído en todo el día."

"¿Va todo bien?"

"¿Bien? Es perfecto. Hasta este momento creía que había un fallo básico en la terminal de vuelo de la TARDIS, pero ¿sabes que?" Dijo el Doctor, mientras rodeaba la mesa de controles y finalmente tomó el rostro de Rose con ambas manos. "Está bien, agotada como todos nosotros, pero creo que unas doce horas podremos marcharnos de aquí y evitar a esas cosas."

"¿Esas cosas, a que te refieres con eso?" El Doctor se dio cuenta en ese momento que a veces, sólo a veces hablaba más de lo que debía sin pensar verdaderamente en sus palabras.

Estaba seguro que Jack no querría que Rose enterara de lo que estaba intentando cazarles, lo había leído en unos ojos que conocía perfectamente. Por lo que sabía o simplemente intuía de Jack; el capitán había estado escondiendo a todos sus conocidos su infancia en aquel lugar y seguramente tendría un buen motivo para haberlo hecho.

Al ver lo asustado que estaba al pensar en las criaturas que intentaban cazarles, el Doctor, que sabía que Jack no se asustaba con facilidad, se dio cuenta que aquello era realmente grave y lo último que Jack o él mismo querían, era asustar a las personas que más querían.

"Bueno, la verdad es que no estamos seguros, pero Jack y yo creemos que no estamos solos en este planeta y puede que nuestros vecinos no sean muy amistosos después de todo."

"¿Tan grave es?" No hacía falta más que ver la expresión del Doctor para saber que no estaba diciendo toda la verdad. "¿Cómo de grave, como un Dalek, un cibermen o como un slitheen?"

El Doctor se echó a reír y dudo un momento antes de contestar. Rose le conocía demasiado bien y si decidía mentirle, ella lo sabría al segundo siguiente.

"Son peligrosos, así que por favor, no salgas de la TARDIS; no hasta que nos hayamos marchado de aquí." El Doctor la abrazó y Rose se dio cuenta en ese momento, que estaban realmente en serios problemas.

- o -

Jack todavía tuvo que andar unos minutos con el corazón a punto de salírsele del pecho hasta dar con Ianto. Pocas veces había estado tan preocupado por él, porque pocas veces había estado en peligro por su culpa, tal y como Jack lo veía.

Ianto estaba sentado en el suelo cuando Jack dio con él. "Eh, ¿Cómo estás?" Le quitó el sudor de la cara, mientras intentaba que le mirara y concentrara su atención en él. "Ianto, vamos, dime algo."

"No son las vacaciones que yo esperaba, pero al menos has conseguido sorprenderme." Jack se echó a reír y abrazó a su compañero, pero en ese momento lo escuchó quejarse. "Creo que me he dado un golpe en la espalda, no es grave, pero me vendría bien una confortable cama en la que tumbarme."

"Claro, vamos, te llevaré al que fue mi dormitorio." Ianto se apoyó en el capitán y dejó que este le llevara. Los ojos de Jack no dejaban de mirarle, todavía temía que le estuviera escondiendo un dolor todavía mayor para no hacerle sentir peor de lo que ya estaba.

"¿Tu dormías? Creo que voy aprender unas cuantas cosas de ti aquí. ¿En ese dormitorio te acostaste con alguien? ¿Fue el Doctor una de tus conquistas o preferiste ligarte a Rose?"

La mano de Jack se aferró con fuerza a la cintura de Ianto, gesto que no pasó desapercibido para este. Le parecía que el capitán estaba marcando su territorio, como si hablar de otros amantes estuviera fuera de lugar, sin embargo, Ianto no dijo nada al respecto y esperó a que el capitán contestara.

En silencio, llegaron hasta la puerta del dormitorio, allí la nave estaba como si no hubiera ocurrido nada. Jack tocó la pared y la puerta se abrió como por arte de magia, dejó a Ianto en la cama y se sentó a su lado simplemente mirándole, todavía en absoluto silencio.

Ianto se recostó en la cama y suspiró, mientras cerraba los ojos al sentir el alivio de su espalda dolorida. "Vamos date la vuelta." Le dijo Jack al oído y lo hizo de una forma tan sensual que Ianto no pudo resistirse, pues tampoco quería hacerlo.

Con los ojos todavía cerrados, Ianto sintió la leve presión de Jack al sentarse sobre él, pero apenas le hizo daño, luego sintió sus manos deslizándose poco a poco por su espalda, subiendo hasta su cuello y llegando hasta el límite de su pantalón, internándose bajo su camisa.

Ianto volvió a suspirar, tan sólo había una persona que pudiera hacerle sentir así con sus manos desnudas y lo tenía justo encima, destensando su cuerpo con cada movimiento, cada vez que sus dedos presionaban los riñones doloridos o las costillas que se había golpeado. Se estremeció de nuevo al notar que Jack se recostaba sobre él y sentir su cálido aliento sobre su cuello.

"Voy a serte sincero." Le volvió a decir al oído con un tono melodioso como si de una canción de amor se tratara. "En esta cama tan sólo he estado yo, sólo, durmiendo, no me he acostado con nadie aquí, ni el Doctor, ni Rose, nadie."

Bajó las manos hasta los riñones y deslizó una hacia la parte delantera del cuerpo de Ianto y lo escuchó gemir al sentir el contacto con su entrepiera. "Eres el primero al que traigo aquí, el primero al que meto mano, el primero con el que voy a hacer el amor en esta cama."

Volvió a mover la mano, con mayor intensidad está vez y lo que eso produjo fue un gemido mucho más fuerte e intenso por parte de su compañero. "Se podría decir que aquí, en la TARDIS, soy virgen…" Alargó tanto la palabra que se confundió con el largo y sediento de pasión suspiro de Ianto. "Y quiero que seas tu el que cambie aquí y ahora esa circunstancia. Quiero que me hagas el amor."

Ianto se agarró con fuerza al borde la cama, apenas podía aguantar más, la voz de Jack, su cuerpo sobre él, sus manos tocándole y haciéndole sentir tantas sensaciones al mismo tiempo; todo aquello le estaba volviendo loco y tan sólo podía pensar en la voz de Jack una y otra vez repetida en su cabeza. "Quiero que me hagas el amor."