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- Eso lo veremos- exclamo Yusuke, viendo intensamente a los nuevos personajes- Vamos a pelear.

- Juju- rió la pelirroja, haciendo un gesto a su compañero. El muchacho de nombre Sakuro escondió sus manos bajo su capa negra y revelo entre sus dedos unas estrellas plateadas, de metal puro y finas puntas mortales.

- ¿Estrellas?- exclamo el pelinaranja- ¿Serán ninjas?

Sakuro alzo los brazos y arrojo las estrellas en dirección a los muchachos, quienes las evadieron apartándose de su camino y saltando a otra parte. Por fortuna, las chicas se habían escondido detrás de una cabaña para ese momento.

- Son escurridizos- Se dirigió a su compañera- Y no tenemos tiempo para esto.

- Esta bien- se quejó Samuri, descubriendo parte de la capa para mostrar que en su brazo derecho tenia agarrado un báculo de pequeña longitud. Al aplicarle un poco de su energía, de un color purpura, el báculo se convirtió en una hoz de cuatro cuchillas- A cazar.

- Ninjas de la Muerte- musito Kuwuabara, espantándose al ver la "hoz" de la chica.

- No te intimides, Kuwuabara, ¡A pelear!

No permitiendo que se olvidaran de él, el feroz lobo gris se alzó a la batalla. Se encontró con su primer contrincante, Kurama, quien ya había hecho aparecer su Látigo de Rosa.

- Primero soy pescador, ahora domador de bestias...

- ¡Son demonios muy ágiles!- exclamo Sakuro, viendo como Yusuke y su amigo de cabello naranja evitaban el impacto de sus ataques- De modo...- Busco bajo su capa y palmeo en busca de más armas pero soltó un gruñido frustrado al enterarse que había usado demasiado.

- ¿Te quedaste sin tus juguetes?- se burló Yusuke, saltando de un techo para el suelo- Ahora pelea de frente, como hombre.

- No tan rápido. Juguemos al muñeco de nieve.

- ¿Eh?- Sakuro hundió su mano en la nieve y al sacarla mostró una bola de nieve. Yusuke iba a carcajearse de no ser por la demencial mirada del sujeto, en cuya mano la inofensiva nieve se transformó en una mortal shuriken congelada- Pero... ¿Que...?

- Maniobras de emergencia- sonrió Sakuro, arrojándole a Yusuke su arma improvisada.

Justo en ese momento Yusuke salto. Al ver a su enemigo tomar más nieve entre sus brazos temió lo peor. Miro hacia donde estaban sus compañeros; Kurama no estaba y Kuwuabara trataba de defenderse de la mujer con la hoz.

"No puedo pelear aquí", pensó Yusuke, y decidió que lo mejor era correr a otro lugar más despejado de hogares y gente para tener una mejor pelea. Por fortuna, el ninja lo siguió. Esto iba a ser entretenido.

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- ¡Ugh!- gimió el pelinaranja, sintiendo su propia Espada Espíritu rozarle la nariz por defenderse de la hoz maligna. Su dueña, la mujer de cabellos rojos, lo miro con desprecio e impulso su cuerpo hacia adelante, obligando a retroceder a Kuwuabara- Es fuerte...

Pero, el problema era otro. ¿Porque a Kuwuabara le tocaba la mujer? Como hombre honrado jamás lastimaría a una mujer, fuera demonio o bruja, a lo que solo podía permitirse defender, no atacar.

- ¿Porque no usas ese poder tuyo y me atacas?

- Eres una mujer. Yo no peleo con mujeres.

- Que caballeroso, pero me haces perder el tiempo- Curvo los labios en una mueca despectiva.

Kuwuabara ya lo sabía. Tenía perdida la pelea.

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- Es persistente- admitió Kurama al ver al lobo gris levantarse después del roce mortal de su Látigo.

La pata delantera izquierda del lobo sangraba pero continuaba luchando.

Se había tomado el trabajo de hacer que lo siguiera hacia el bosque para evitar inconvenientes. Y, ahora allí, el lobo se mostró en desventaja ante el poder de Kurama.

- Los zorros y los lobos jamás nos hemos llevado bien- dijo Youko, dentro de su mente, sonriendo con diversión.

- Supongo que esta no es la excepción tampoco- contesto Kurama, alzando su Látigo de Rosa.

El lobo rugió y corrió dolorosamente para saltar sobre el pero en ese momento una larga capa negra, de Samuri, apareció sobre los árboles y distrajo a Kurama, que se vio de pronto bajo el yugo del lobo gris, cuya dentadura afilada se mostraba hambrienta.

- Tu puedes servir- sonrió la ninja, tocando el suelo y acariciando al lobo por su lomo- Vaya, estoy dudando. Pareces muy guapo para ser comida de animales.

Kurama trato de sentir la energía, de acercarla, de producirla otra vez pero no podía. La concentración y la fuerza eran esenciales para recuperar el poder pero en ese momento no tenía la ayuda de la naturaleza. Esa parte del bosque no tenía sus semillas en la nieve.

Estaba en problemas.

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No tenía el más mínimo sentido. Cada tanto cerraba los ojos, dispuesto a dormir y olvidarse de todo en su mente aparecían imágenes surrealistas, absurdas e incoherentes.

No era un sueño. Hiei nunca había tenido sueños, ni pesadillas. A veces, unas premoniciones por obra de su Jagan, el Ojo que todo lo ve. Esas raras imágenes se veían como visiones del futuro. Hiei negó con la cabeza. No era posible. Mucho menos probable cuando en algunas de ellas se veía a sí mismo y eso era imposible, si era el quien miraba, ¿o no? Mucho más desconcertante era la presencia de una persona en esos sueños raros,… ese maldito kitsune. ¿Podían ser premoniciones realmente? No. No podían. Varias se repetían y no creía que tuvieran mucha simetría con ese sujeto que tenia de compañero. No obstante, las imágenes se sentían reales. ¿Pero porque? ¿Qué pasaba en su cabeza?

Las imágenes insistían como golpes en su cráneo. El zorro de nombre Kurama… podía oír su voz cuando dormía. ¿Cuándo acabarían esas fantasías, se detendría esa voz suave y cariñosa? ¿Porque lo veía en su mente? El sentimiento de vacío, que lo hacía sentir perdido, regresaba cuando tenía ese tipo de "sueños" y por culpa de eso no había podido dormir en días enteros, resignándose a observar la nada del bosque de nieve y buscar a la Bestia. Cuanto más pronto acabara la misión y ese zorro se apartara de su campo visual, pensaba Hiei, estaría mucho mejor.

Cerró los ojos, se acomodó sobre las heladas ramas del árbol tieso y duro, y se obligó a pensar en sus convicciones, en lo que debía hacer después del chiste de misión y lo que aún le quedaba por resolver en el Mundo del Mal...De a poco, sus ojos se entregaron al descanso, sin esperarse que su mente le tuviera preparado otro "sueño" sin sentido.

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Al sentir un peso apoyándose cuidadosamente en su espalda, se quejó en una maldición y aparto el peso de un codazo.

- Eres pesado, apártate- dijo Hiei, acomodándose a nueva cuenta entre las sabanas de la suave cama.

- Esta noche es muy fría. Este invierno es más fuerte que el anterior- Dijo una voz- ¿Porque tu cuerpo siempre está caliente, Hiei?

- Tengo más resistencia que tu- farfullo contra la almohada, sin ánimos de conversar- Siempre te quejas cuando hace frió. Eres débil.

- No lo soy… Realmente no lo soy- repitió, con un tono de voz más bajo. Una pizca de culpabilidad provoco que Hiei volteara y lo mirara, pensando que de alguna forma lo había ofendido y noto que Kurama se veía más pálido que en la mañana- El invierno es triste, Hiei. El sol apenas aparece, mis plantas dejan de crecer, todo se vuelve lento y pesado. Sinceramente, detesto cuando me siento así.

- No dramatices- le reprocho, tomándolo desprevenidamente del brazo, resultándole extremadamente fácil atraerlo a su costado. Temió que Kurama se convirtiese en una muñeca de trapo por lo que sea que tenia de enfermedad en esos momentos- Tus plantas no te abandonaran. Suenas patético preocupándote por esas necedades.

- Hiei- suspiro el pelirrojo- Algún día vas a entenderlo.

- No quiero entenderlo nunca.

- Y eso me conviene- comento el mitad zorro, ganándose una desconcertada mirada por parte de el- De nuevo, buenas noches.

Hiei carraspeo en sus pensamientos. No lo entendía. El humano Shuichi era un enjambre de secretos. Tiempo después, probablemente una hora, tomo la mano del kitsune, pálida y helada, y le soplo un aliento de fuego moderado para calentarlo. Así, se propuso a dormir, más tranquilo.

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Abrió los ojos. Se sentó bruscamente sobre la rama del árbol, provocando que unos fragmentos de hielo y hojas de nieve cayeran sobre él. Su asombro se corrompió en una mueca de repulsión.

- Maldito zorro infernal...- gruño furioso.

¿Qué diablos eran esos sueños raros?

- ¡Estupideces!

- ¡Aaauuu!

- ¿Qué?- Hiei miro a su izquierda, tomado por sorpresa. Ese sonido provenía del norte, había sonado a un grito de ataque, como un aullido de animal- ¿Un animal? No puede ser humano- se dijo, empezando a esbozar una sonrisa de malicia- Al fin, Bestia...

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- ¿Porque tienes esas habilidades? Pareces humana pero tienes yoki…y no es el común.

- No soy un demonio- replico Samuri, sosteniendo como un juguete su arma muy cerca del cuerpo de Kurama, con una sádica y divertida sonrisa- Tampoco humana. Bueno, lo fui, pero he dejado eso por algo mucho mejor.

- Fuiste humana... ¿Porque te convertiste en esto?

- Vanidad. Poder. Superioridad- Acaricio el lomo del lobo que miro de repente para su derecha, empezando a rugir- Tranquilo, Sakuro va a vencerlo, no importa que tan fuerte sea- Pero eso no pareció tranquilizar al lobo. Kurama tomo nota mental de eso: la mujer le hablaba al animal como si pudiera entenderla de verdad. ¿Sería otro demonio? No le cabían dudas que tenía algo maligno en su aura, no obstante, a su vez existían muchas clases de demonios, y no todos eran mixtamente animales demoniacos- La Fuerza de Hike me dio este poder, para tu información, chico guapo, y me concedió habilidades sobrehumanas. Cada triunfo me es pagado con eso. No fue debilidad, no fue por sentirme poca cosa para el mundo o algo así. Simplemente quise la oferta y lo hice.

Samuri sonaba muy arrogante. Con ella, Kurama recordó al grupo de chicas populares de su escuela y a la líder de esta, la más presuntuosa y mentirosa patológica de la matrícula escolar. Y estaba tratando con esa líder.

Por suerte tenía experiencia con ese tipo de chica.

- …Sí que eres fuerte y asombrosa… ¿Valió la pena, no?

- ¡Fue una tortura!- Su sonrisa se torció en una mueca- Pero la perfección y la belleza requieren de sacrificio. Y el premio fue este poder dentro de mí, que tú y tus amigos han sentido, el mío y de Sakuro; ambos somos iguales. Nos entregamos a la prueba y dejamos que los poderes de esos asquerosos demonios se fusionaran con nosotros. Mi cuerpo se vio horrible por dos días… pero el resultado fue extraordinario; lo estás viendo ahora.

- ¿Y quién te concedió ese magnífico poder es...?

- Es la mujer más increíble que haya conocido. Nunca trate con ella directamente pero lo que hace es supremo. Por supuesto, me eligió a mi entre docenas de otras chicas aspirantes para fusionarme con las bestias salvajes que tenían en la prisión- Hizo gala de su atributos femeninos- Lo que me molesta es que este grandioso experimento llegue a unas débiles tontas. Confieso que esa mujer me ha dado una nueva vida, mucho mejor. Aventuras con seres sobrenaturales, conocer hombres guapos…- Miro a Kurama con una sonrisa ladina- Es mi segunda madre. Me concedió la mejor vida para una chica.

¿Ser una cazadora y matar monstruos era una vida para una chica? Samuri debía de estar loca.

Sin embargo, sus explicaciones le recordaron algo a Kurama. ¿Y si era...? Recordó la reunión con Koenma y los líderes de los Reinos en el Makai, ¿Era una coincidencia o estaba ante una chica seducida por la organización que usaba demonios como conejillos de indias? Debía ser más cuidadoso.

- ...Supongo que le sientes gran aprecio. Quieres compensarla haciendo todo lo que te dice, como cazar demonios, ¿me equivoco?

- Lo hago a voluntad- La chica ni siquiera se enteró de la manipulación verbal que le aplicaban. Las arrogantes tenían el gran defecto de charlatanas- Cuando logre el récord de cincuenta espíritus en un mes, la Jefa prometió darme otra habilidad de demonio. Incluso puedo elegir. Pero ya tengo fuerza sobrehumana, velocidad y destreza...

- ¿Hay otros como tú? Ninguno es mejor que tú, ¿verdad?

- Así es. Soy la luchadora principal, la digna representante de la Fuerza de Hike.

- ¿Hike es la jefa?

- Y ella está muy interesada en un ser llamado la Bestia- Bajo sus ojos café hacia Kurama, inspeccionándolo- ¿Tu eres la Bestia?

- No. ¿No sabes quién o qué es?- No se resistió a preguntar. ¿Esa mujer podía ser estúpida realmente?

- Oh, es verdad. Nos dijo que buscáramos a alguien cerca del centro, donde están los cables eléctricos, pero en cambio encontramos a todo un grupo sospechoso. ¿Quiénes son ustedes?

- Creo que esa debió ser tu primera pregunta- se burló Shuichi, disimuladamente.

Samuri no capto la jugarreta. Al mismo tiempo el lobo gris, que hasta entonces había rozado con sus colmillos a Kurama, se apartó de ellos corriendo en dirección al norte, a una velocidad comparada a diez perros conduciendo un trineo.

- ¡Juigi!- Llamo su dueña, pero el lobo la ignoro y continuo su camino hasta perderse en el manto de nieve- ¿Qué diablos suc...?- Una sombra cayó frente a ella- ¿Sakuro?- Ella frunció el ceño. El sujeto también traía una capa negra pero no parecía de los suyos, tenía más yoki que cualquiera de sus otros compañeros- ¿Quién eres?- exigió saber, poniéndose en guardia.

Kurama aprovecho la distracción para rodar sobre la nieve espesa y escapar del alcance de Samuri, quien al darse cuenta volteo veloz y el arma instintivamente fue a su alcance. Antes que Kurama pudiera defenderse, descubrió que no tenía la energía necesaria y alzo su brazo para cubrirse. Un reflejo en tono rojizo le hizo reaccionar. Samuri le corto la liga de la pulsera.

- ¡Aah!

Por poco a Samuri pudieron haberle cortado el brazo izquierdo de no haber sido más rápida y evitado el impacto de la gruesa espada de su nuevo oponente. Se giró rápido, dejando ir a Kurama, para defenderse de la severidad de una katana matadora.

- Eres rápida- murmuro Hiei, viendo como sostenía la hoz.

- Soy muchas cosas.

Las armas se impulsaban al lado contrario hasta que ambos se apartaron y, al mismo tiempo, empezaron a atacarse. En semejante combate, Hiei se tomó un momento para ver el estado del pelirrojo y lo descubrió hurgando en la nieve, ignorando la lucha a solo unos pocos metros de él.

- ¡¿Que estás haciendo, kitsune estúpido?!

- ¡No la encuentro!- exclamo, angustiado. No podía perderla. Necesitaba esa gema- ¿Donde esta?- murmuro entre dientes, con manos temblorosas al hundirlas al fondo de la nieve- ¿Donde...?

- ¡Aaauuu!

Kurama levanto la mirada, atónito.

- ¿Eso fue un...?- La idea de saber de qué trataba ese poderoso aullido hizo que Kurama se pusiera de pie, corriendo lejos de la pelea. Al cabo de un rato, llego a otra zona del bosque, rodeada de árboles gastados- Debe ser por aquí.

Un estremecimiento envolvió a Kurama. Su mirada esmeralda fue al oeste y allí lo vio...El lobo gris de Samuri frente una figura oscura y de aura tenebrosa. Se parecía a...Era como si... ¿Esa...era la Bestia?

- ¡Aaauuu!- aulló la Bestia de negro perfil, acompañándole el lobo gris, contento a su lado.

Kurama no daba crédito a sus ojos.

- ¿La Bestia es...?

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"Es hábil. Las mujeres han mejorado", pensó Hiei al momento de defenderse ante una acometida de la hoz.

- ¡Samuri!- Pero alguien interrumpió la pelea en su momento más brutal.

- ¡Sakuro, ¿no ves que estoy ocupada?!

Samuri salto magníficamente hacia su compañero, para golpearlo en la cabeza por su intromisión.

- ¡Estaba en mi momento, ¿Qué quieres?!

Recuperándose del duro golpe, como un niño reprendido, el varón miro a Samuri y le murmuro unas simples palabras.

- Son detectives espirituales. El chico con el que pelee se llama Urameshi.

Samuri amplio mucho los ojos. ¡Con razón! Segundos después, su asombro se reemplazó por disgusto, porque sabía lo que eso significaba.

- Entonces- Exhalo un suspiro de puro rencor- No nos queda de otra, ¿verdad?

- No. Hay que aplicar el plan de emergencia.

Hiei les quedo observando, con la katana colgando de su mano. Esos ninjas tramaban algo y estaba seguro que no sería de gratos resultados. Pelear con dos a la vez no le resultaba una mala idea hasta que la aparición de Kurama, gritando su nombre, le llamo la atención.

- ¿Y ahora qué?

- ¡Allí viene Juigi!- exclamo Samuri, viendo al lobo gris pasar muy cerca de Kurama, sin tomarlo en cuenta para volver con ella- ¿Porque no le hiciste daño?... Da igual, mejor muerto con buena cara que ver a Dios maltratado.

- Otra vez con eso, Samuri...- murmuro en tono quejumbroso el otro muchacho.

- Calla. ¿Aplicamos el Plan Dark?

- La Jefa así lo ordeno para estos "casos especiales".

- Que lastima, quería quedarme con el pelirrojo- Se lamentó la chica, antes de buscar entre sus ropas.

Al mismo tiempo, Kurama llego junto a Hiei, quien lo miro malhumorado.

- Kurama. ¿Qué demonios te sucede?

- Yo...- Apenas pudo explicarle ante la sorpresa. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre. Desde que se conocieron, solo había oído alusivas de "kitsune" o "híbrido", acompañados de un insulto- Me descuide.

- ¿Te importa más una baratija que defenderte de un golpe?

- ¡No es...!

Lo había olvidado. La gema, en el manto de nieve, la perdió. ¿Cómo la encontraría ahora?

- Siento que deban terminar así- anuncio Samuri- Tu eres muy guapo para morir y el un espadachín muy hábil. Me habría gustado tomar sus poderes- sonrió perversamente, sacando dentro de su capa una pequeña caja, similar a las que se usan para guardar sortijas- Pero las ordenes de la Fuerza de Hike son absolutas.

Samuri empezó a reír y después dio un imposible salto a la copa de los árboles que los rodeaban, seguida de su compañero.

- Es casi compasivo. En vez de sufrir el infierno, ¡Disfruten del vacío!

Y arrojo la caja al conjunto de árboles detrás de sus adversarios. Mirando hacia allí, Kurama fue el primero en darse cuenta de lo que ocurriría al vislumbrar un punto negro donde la caja repentinamente desapareció.

- Debemos irnos de aquí- exclamo, con desespero. Hiei lo miro con confusión- Corramos.

- ¿Pero que...?

Los secuaces de la Fuerza de Hike desaparecieron de la zona y Kurama obligo a sus piernas a correr contra la espesa nieve.

- ¡Hiei, debemos huir!- grito Kurama, al verlo atras.

- ¿Qué demonios ocurre, kitsune?

- ¡Abrieron un Agujero Negro!- Hiei no disimulo su asombro- ¡Nos va a absorber!

El Agujero Negro es una manifestación que conduce al Abismo, más conocido como el Vacío, condenado a todo ser u objeto que entrase en el a la más inmensa oscuridad y agonizante soledad por toda la eternidad.

El demonio de fuego miro hacia atrás.

La caja había desaparecido para dar lugar a un punto negro que se extendió a un tamaño de temer. La Caja del Vacío era la única y más rara herramienta del Mundo Demoníaco, perdida hacía ya siglos, considerándose una leyenda, que conducía a cualquiera al Vacío sin remedio.

No solo la oscura y rápida expansión del Agujero Negro era su fuerte, sino su poderosa fuerza de succión. Rastros de nieve y arboles enteros fueron devorados hacia el interior del Agujero.

Hiei salto alto hacia la copa más alta de un árbol. Su bufanda comenzó a deshacerse en su cuello y el Sutra que cubría su Jagan se soltaba. Se sentía impotente. El poder de ese Agujero no podía ser enfrentado, ni usando su Dragón Oscuro podría detenerlo. ¿Y si absorbía al Dragón y con él, a Hiei? El kitsune intentaba de correr lo más rápido que le permitían las piernas adoloridas. Sus energías decaían, pero los efectos de la adrenalina lo ayudaron a concentrar su yoki y hacer aparecer su Látigo, arrojándolo hacia la cúspide más alta de un roble. Fallo. Hiei se acomodaba la bufanda cuando vio el error de cálculo.

Algo grave le sucedía al zorro, y en el peor momento.

El Agujero Negro dejo de extenderse momentáneamente. No hizo falta suponer que la Caja del Vacío, o el plan Dark como lo llamaron los ninjas, era cosa artificial, una imitación del espantoso artefacto que aunque durase menos de dos minutos, sí que tenía energía para temer.

El Agujeró Negro comenzó a cerrarse, pero su fuerza de succión seguía siendo salvaje y brutal. Kurama sabía que si no se sostenía de algo firme iba a ser tragado.

¿Qué?

Una sensación extraña y dolorosa se alojó en su mente.

- ¡Kurama!

Reacciono. Su primer acto fue tirar su látigo a la rama más cercana y lo logro. Se sostuvo firme de ella. El Agujero comenzaba a empequeñecerse pero su fuerza arrasadora era atroz y Kurama se vio obligado a usar otro poco de su poder para escalar por el árbol. Sus energías físicas se debilitaron.

"No, no ahora", pensó al borde del espanto. Busco a Youko en su interior y descubrió que ni siquiera tenía la fuerza suficiente para dejarlo salir.

Su mano comenzó a flaquear y deslizarse por las raíces verdes que componían el Látigo. Antes de darse cuenta, su mano había abandonado su único sostén e iba en dirección al Agujero Negro.

"¡Youko, aparece!"

Sintió que se detenía en el tiempo. Contra todas las emociones y pensamientos confusos, descubrió una reconfortante calidez en su brazo. Hiei lo atrapo.

Sosteniéndose del otro extremo del Látigo, fue por Kurama y tomo su brazo antes de perderlo en la oscuridad.

- ¡Hiei!

"Suéltame", dijo una voz. Era la voz de Kurama. ¿Dónde, cuándo? ¿Porque sonaba desesperado? "Prefiero ser derrotado que perderte a ti"... ¿Que había sido eso? ¿A quién le pedía que lo soltara, porque pensaba en esas cosas? ¿Que eran esas emociones? Oía a alguien gritar, una voz reclamaba que regresase. ¿Quién?

- ¡Kurama!

Despertó.

Hiei fue quien grito y por alguna razón sentía dolor.

El poder del Agujero Negro disminuía su fuerza a la vez que se encogía en la nada, pero todavía faltaba tiempo para desaparecer y debía esperar, mantener sujeto a Kurama hasta que pasara.

- ¡Hiei!

- ¡Kurama! ¡No voy a dejarte!

...¿Porque?... ¿Qué era eso? ¿Cuál había sido el significado de esa frase?... ¿Y porque dolía?

Hiei apretó su agarre. Kurama gimió.

¿Porque la imagen de Kurama soltándolo apareció en su mente? ¿En eso pensaba el zorro? Mejor que no porque no lo soltaría, no se lo permitiría porque... porque... no sabía de dónde venía la urgencia de salvarlo del vacío oscuro.

- ¡Ni se te ocurra soltarte, desgraciado!

- Hi...ei, no me sueltes.

El Agujero Negro se redujo considerablemente, llevándose con el gran parte de la nieve que rodeaba el bosque y una gran cantidad de árboles viejos y poco sujetos a la Tierra. La absorción del Agujero termino de deshacer el nudo del Sutra de Hiei y huyo de su frente, descubriendo su Jagan.

Antes que la venda pudiera llegar al Vacío que ofrecía el Agujero Negro, este acabo por cerrarse.

La quieta calma del invierno volvió a la normalidad. No obstante, hubo un desequilibrio en el peso y en la gravedad ante el súbito cambio y las manos de ambos demonios se soltaron. Kurama se vio a si mismo caer al encuentro de la tierra, junto a Hiei… Con Hiei cada vez más cerca, pudo ver su Tercer Ojo antes de sujetarse a sus brazos. De lo siguiente que fue consciente fue de las manos de Hiei en su espalda, abrazándolo en el aire, tomando su lugar antes de aterrizar en el suelo.

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Por un momento pensó que, además de débil, tenía fiebre.

Se movió de a poco y noto la frialdad de las sabanas. Era como si solo estuvieran calientes cerca de Hiei, cuyo lado de la cama siempre era cálido. Al levantarse cuidadosamente y verlo mejor, noto que su mano estaba entrelazada a la de él. Sonrió y paso una caricia sobre la cabellera de ébano del más joven. El reconforte del calor de Hiei, su cercanía y su contacto, lo tranquilizaban. Nada le parecía más confortable que quedarse a su lado y sentirlo cerca.

- Eres mi verano- murmuro, cayendo en un nuevo e inevitable sopor- Eres el calor de mis manos que me hace sentir en primavera.

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Kurama despertó. ¿Eso fue...un sueño? Había sido muy realista. ¿Un vaticinio? No, era absurdo que tuviera esos sentimientos tan de repente… y menos por él.

- No soy un colchón de caídas- gruño el demonio, debajo suyo.

Poco a poco, entendió lo que había pasado. Habían caído. El Agujero Negro desapareció. Se abrazó a Hiei en medio de la caída y algo sucedió,… ¿Qué había pasado mientras caían? ¿Y esas imágenes tan extrañas?

"¿Que está pasándome?"

Hiei miro a Kurama, listo para quejarse, pero quedo atónito ante lo que vio. ¿Estaba...llorando? Sus ojos se veían deprimidos y húmedos. Si no lloraba parecía tener la intención de hacerlo, la necesidad podría decirse. ¿Porque? ¿Qué razón había para que ese zorro fuera tan complicado?

La angustia pareció invadir la mirada de Kurama y Hiei no pudo soportarlo, quería apartarse, gritarle que dejara de mostrarle su faceta humana pero era incapaz de moverse.

- ¡Hiei!- Una voz conocida a lo lejos se hizo escuchar- ¡Kurama, Hiei! ¿Están por aquí?

Era Urameshi, acompañado de Kuwuabara, lastimado del brazo derecho. Habían escuchado el escándalo provocado por el Agujero Negro.

Despertado de la hipnosis del de ojos verdes, Hiei lo echo de encima sin delicadezas y se puso de pie, limpiándose la nieve. La intensa mirada de Kurama sobre él lo puso nervioso. ¿Qué tanto miraba?

- ¿Y ahora que buscas, kitsune inútil?

- Tu Jagan... ¿Qué es lo ve realmente?

- Eso no te incumbe.

- He oído que el Jagan es clarividente. ¿Ve premoniciones?

El demonio de fuego le dedico una mirada de fastidio puro. Ni siquiera el entendía el significado de las imágenes, todas relacionadas al maldito zorro, y ahora que este le preguntara lo mismo que quería saber lo hacía sentir... profundamente intimidado.

- Depende.

Y se arrepintió de haberle respondido.

Los ojos de Kurama brillaron.

"¿Pueden ser el futuro?"

No podía ser cierto. Las imágenes de el en una cama con Hiei, pensando de esa manera sobre él, debían ser un error. Haber pensado en todas esas cosas, con esos alborotados sentimientos, lo desarmo. Era imposible.

- ¿Quién eres tú, kitsune?

- ¿Qué?

- Viste algo por mi Jagan. ¿Que fue?

"Te vi, te vi a ti", quiso responder pero sus labios temblaron de duda. Las palabras "contigo" y "juntos" le sonaron correctas pero al mismo tiempo sabía que no lo eran. El "juntos" era una fantasía. Esas imágenes eran una falta de respeto a Hiei, una jugarreta de Youko para confundirlo, una contradicción en su mente.

- Vi una vida...que no era mía.

- ¿A qué te refieres con eso?

- Se sentía a mi vida. Pero no lo era, sé que no lo era.

- Dime la verdad.

- ¡Pues esa es!- exclamo, agobiado de las preguntas y la dura mirada de Hiei. Empezó a levantarse, oyendo los gritos de Yusuke y Kuwuabara. Tenía el presentimiento que algo estaba mal, terriblemente mal- No debe importarte que haya visto o no.

Hiei lo fulmino.

- A mí, me importa que me estés mintiendo.

Un haz blanco y veloz se destacó en la cortina de nieve con un sonido de metal.

Kurama no lo vio venir.

Yusuke y Kuwuabara, a poco de llegar hasta ellos, vieron lo que pasaba y detuvieron sus piernas a mitad del camino, sorprendidos.

La fina punta de la espada rozaba el comienzo del cuello de Kurama, quien estremeció ante la firmeza con la que esa espada era sostenida, la determinación de ser usada en él, y la mirada de su dueño.

- No me gusta repetirme, kitsune idiota. ¡Dime que viste!

- Una mentira- Hiei enfoco sus ojos en él, advirtiéndole que midiera sus palabras y supiera que tenía su arma lista para hacer el movimiento definitivo, pero Kurama no necesitaba de esa amenaza para saberlo- Una vida que jamás viví. Ni tampoco ocurrirá.

- ¿Cómo lo sabes?

- Es imposible.

- ¿Estás seguro?- Kurama entreabrió los labios, asombrado. ¿Acaso Hiei también lo había visto?- Lo que debiste haber visto...

- ¿Porque tu Jagan me mostró esa vida?

- Fuiste tú- contesto de mala manera, con una mueca furiosa- No debes tocar nunca los secretos del Ojo.

¿Secretos? ¿La clarividencia era un secreto? ¿O su habilidad de crear fantasías? No tenía sentido. ¿Porque Hiei se lo decía con recelo?

Hiei guardo su espada, dejándolo en libertad.

- ¿Quién eres tú?

Y de nuevo esa pregunta.

- Me llamo Kurama.

- ¿Quién eres realmente?

- Como humano, soy Shuichi Minamino.

- ¡Deja de jugar! ¿Quién diablos eres?

Hiei rugió y se dio la vuelta tan violentamente que llego a asustarse de la probabilidad de que pudiera hacer algo más drástico. Para Kurama se veía molesto, irritado, confundido, histérico, necesitado de una respuesta, ¿pero de qué?

No quería que le dijera sus nombres, no quiera saber nada de él. ¿Porque él? ¿Porque el kitsune aparecía en su mente? ¿Él era el culpable? Quizás, no lo sabía. Todo le resultaba agobiante, pesado y molesto. Ceder a esas espantosas emociones lo consumían de a poco. No quiera sentirse así. Quería respuestas. ¿El zorro no tenía ninguna? Había visto algo desde su Jagan y no podía esconder que le había causado un gran impacto. Los ojos melancólicos y desolados de Kurama le confirmaron que no había sido cualquier cosa. ¿Que había visto? Merecía saberlo, era el poder de su Jagan y por primera vez alguien más que él lo toco y vio a través de su poder.

- Mi nombre en el Makai es Youko.

Hizo una mueca al oír ese nombre. Un momento. ¿Porque le desagradaba? Su mente comenzó a hacerse preguntas y no pudo ordenar ninguna. Nunca antes tuvo que pensar tanto en algo, jamás nada le hubo importado... ¿Qué?... ¿Y porque esto le importaba? ¿Que ganaba perdiendo el tiempo pensando en esas tonterías?

- No hablo de eso.

- Dime que quieres saber.

- ¿Porque estás aquí?

Sí, esa era la pregunta correcta. ¿Porque? ¿Porque soñaba con él y al cerrar los ojos veía su cara? ¿Porque tenía la loca idea que le sonreía a el? ¿Que estaba sucediendo? ¿Era un efecto de su Jagan? Sus vidas que no estaban relacionadas ni por el crimen. Eran ladrón y mercenario. ¿Y ahora esas imágenes repugnantes? ¿El tomando su mano en la noche? ¿Sonriéndole, tocándole,...? ¿Porque estaba tan cerca de el? ¿Qué razón había para conocerle?

- Sabes porque estoy aquí. Soy amigo de Yusuke y un detective espiritual también. Hiei, no entiendo tu...

- ¡Cállate!

Muchas palabras, demasiadas preguntas, no podía organizar ninguna.

Se cubrió el Jagan con su mano. Quizás ese era el problema. El Jagan veía a Kurama y eso le producía jaqueca, una laguna mental terrible. Estaba harto de no entender, enojado de no poder saber qué diablos ocurría, abatido por el simple hecho de mirar al de ojos verdes.

- ¡Eres un estorbo!

El zorro lo miro sorprendido, confundido, herido. ¿"Herido"? No, debió habérselo imaginado, como todo lo demás. Imposible, odioso, nauseabundo. Maldita sea...

- ¡Hiei! ¿Qué dices?- Se acercó Yusuke, captando desde el principio la tensión entre ambos. Fue hasta a Kurama para transmitirle apoyo pero eso no ayudo, sus ojos estaban fijos en Hiei, pensado lejos. ¿Qué había sucedido mientras no estaban? Al parecer era mala idea dejarlos solos, aunque fuese en una pelea.

- El legendario zorro perdió la habilidad- gruño Hiei sin cuidado. Yusuke dio un paso atrás de miedo instintivo. ¿Porque tanta rabia, se debía a Kurama?- Es un demonio vergonzoso, ni siquiera puede defenderse en la nieve.

- ¡Oye, enano! ¡No te atrevas a hablarle así!- intervino Kuwuabara, pero fue olímpicamente ignorado.

- Hiei, si te explicas...

- Yusuke- Kurama hizo a un lado al detective y se enfrentó a Hiei. ¿Cómo hacia ese voluble demonio de fuego para volcarlo en la ansiedad?- Dime lo que tengas que decirme.

- Eres débil en la nieve.

Y la verdad cayó para Kurama como toneladas de rocas.

Hiei aprovechó el momento y agarro a Kurama con violencia de los cabellos. Sus furiosos ojos rojos lo reflejaron con odio. Todo por culpa del zorro. Él era el responsable. Por haberse debilitado, por ser un inútil, por no sostenerse lo suficiente y obligado a tomar su mano antes de caer en la infinita oscuridad... Odiaba que el fuera la causa de todas esas acciones impropias en su personalidad y por el que más quiera gritar, lo quiera lastimar...Quería besar. ¿Qué?

- ¡El invierno no es tu temporada, zorro presumido! El frió y la nieve te hacen débil.

Kurama mantuvo la firmeza de mirarlo fijo. ¿No se defendería? ¿Tan idiota era?

- No soportas el invierno por mucho tiempo. No estás acostumbrado. Tu poder depende de la Naturaleza pero aquí no hay nada, ¿Por eso te trajiste tus semillas contigo?

Ahora sí, una reacción. Una mueca de asombro pasó por ese rostro siempre sereno y Hiei sonrió burlón.

- No las usaste contra la mujer que jugaba a cortarte porque tiraste tus mágicas semillas en otro lado del bosque, ¿me equivoco? ¡No tienes poder aquí! ¡Eres inservible!

- ¡Hiei, aguarda!- Paro Yusuke- Kurama. ¿Es cierto?

- Ese enano no conoce en nada a Kurama. ¡Son suposiciones tuyas, buscapleitos!

- Cierra la boca, Kuwuabara- dijo Yusuke, con la seriedad que merecía el asunto- ¿Lo que dice Hiei es cierto, Kurama?

- Yo pensé...que podía soportarlo- Yusuke amplio los ojos, atónito- No soy débil en el invierno- agrego, con voz apagada- Podría decirse que soy susceptible a sus efectos. Como cualquier otro ser normal a la temperatura, a la falta de mis recursos, a la soledad que me deja...

Al oír su tono emotivo, Hiei temió escuchar más cosas de humanos sentimentales y lo soltó con brusquedad.

- Quería venir. Fue decisión mía.

- Pues tu estúpida elección nos aleja del objetivo. A mí no me importa la misión pero esa Bestia es un dolor de cabeza y lo que menos necesito es a un zorro inútil que necesita que le salven el pellejo. Estorbas en mi camino.

- Hiei...- empezo Yusuke, iba a decir "no le hables así" pero eso sería un malgasto de saliva, Hiei no lo atendería y defender a Kurama solo empeoraría.

- Estoy aquí porque así lo he decidido. Te lo había dicho antes. No vas a hacerme cambiar de idea.

Hiei apretó los puños, que rápidamente escondió debajo su capa.

- No vuelvas a cruzarte en mi camino.

La imagen de Hiei desapareció en una brisa helada y Kurama, atrapado en una migraña que había intentado esconder para hablar con propiedad, sintió que más que el respeto del Maestro del Jagan había perdido su confianza.

- ¿Kurama?

Con una mano contra su frente, entrecerró los ojos.

- ¡Kurama!

La nieve anteriormente absorbida por el Agujero no estaba allí para apaciguar la caída del kitsune.

Kurama se había desmayado.

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