Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Destino

Capitulo 4: Conviviendo.

Desorientada, abrió los ojos. La esterilla de bambú que protegía su habitación dejaba entrar la luz. Sus ojos se sentían pesados y tenia ganas de acostarse a dormir hasta medio día.

Eso, claro, si fuera la chica de quince años en el pasado.

Ahora…era imposible.

Preparándose metódicamente, salió de la cabaña. Pocas personas pasaban por ahí, saludándole respetuosamente. El sol despunto a penas saliendo entre las montañas. Caminando hacia las aguas de la cascada, suspiró.

La anterior noche había sido un problema. Los pensamientos bailaban en su cabeza, ignorando su cansancio.

No era poco…Inuyasha estaba ahí. Eso no podía ignorarlo siquiera. Quería tantas cosas…que no podía cumplir.

Quedándose en la ropa debajo de su chihaya, entro al agua.

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El medio demonio entrecerró los ojos, observando a la sacerdotisa custodia y maestra de Kikyou. Era a penas una niña, un poco mas vieja que su aprendiz. Bufando, recordó el día anterior.

Al parecer la mocosa era bastante temperamental.

La observo salir del agua, colocarse sus ropas y salir rápidamente con arco en mano. La siguió en silencio, esperando encontrarse con Kikyou.

Kikyou…

Su cara ardió, enojándolo mas si es posible.

—Kagome-chan—chillo la pequeña Kaede.

—Kaede…¿Cómo has dormido?

—Bien—sonrió ampliamente.

Las puertas de la gran casa se abrieron mostrando la sacerdotisa de cabellos lisos y negros que sonreía alegremente. Inuyasha sintió su corazón latir y sus manos sudar…

¿Qué demonios le pasaba con esa sacerdotisa?

—Kikyou-chan—saludo la sacerdotisa custodia.

Kagome sonrió, dejo que Kikyou y Kaede entraran antes de volverse al follaje de los arboles.

—¿Bajaras, Inuyasha-kun?

El medio demonio gruño desde los arboles, la sacerdotisa le estaba sonriendo con una ceja arqueada. Cayendo desde el árbol, le mostro los dientes enojado. Mocosa confianzuda…

Ella le ignoro, agitando su mano.

—¿Por qué no pasas y desayunas?

Entrecerró los ojos, desconfiado.

Kagome rolo los ojos.

—Kikyou me hablo ayer, tranquilo…

Inuyasha se quedo en silencio y sin palabra alguna, ignoro a la sacerdotisa y paso al lado de ella sin rozarle ni siquiera un cabello. Entro al templo, dejando a Kagome seria.

No era mentira…Kikyou le había pedido ayer ese favor, algo que a ella no le parecía algo malo. Antes, había pensado en ello. Le había dado también vueltas a la idea de Inuyasha solo en el pasado…ahora, ella, tenia la oportunidad de darle amor.

Y con ello una familia.

Confianza.

Y Estabilidad.

Entrando al templo, con la nueva determinación de que Inuyasha tuviera una familia.

Cuando entro a la pequeña sala, que ella había organizado cuando había empezado a ser la maestra de Kikyou, Inuyasha estaba sentado al lado de Kikyou que hablaba con Kaede. La postura del medio demonio era tensa, como la cuerda de una guitarra.

Dejando el arco con todo el ruido posible, atrayendo la atención del medio demonio, sonrió.

—Iré a hacer el desayuno.

Inuyasha gruño por lo bajo.

Kagome sonrió cuando le dio la espalda al medio demonio. Sabia que esto le encantaría a Inuyasha…

Una hora después, Kagome tenia listo el Ramen que había podido hacer en estufa de leña que tenia en su "cocina", que constaba con dos mesas de madera que había labrado ella. Y pequeños cajones.

Era inevitable para ella tratar de hacer Ramen, a pesar de que a veces le daba una punzada de tristeza cada vez que los probaba. Y eso que era diferente el Ramen instantáneo al de ella.

Había sido difícil para ella hacer la pasta milimétricamente pequeña, tanto, que tomo mas de seis meses en que pudiera hacerla perfectamente delgada y consistente. Los otros ingredientes habían sido pan comido.

Los tenia en el patio trasero.

Con tres tazones de barro humeantes y con olor a res, entro a la pequeña sala llena de cojines coloridos. Inuyasha movió las orejas y la nariz imperceptiblemente, atrayendo la sonrisa inmediatamente a su rostro.

De reojo el medio demonio la observo, aparentemente desinteresado.

—¡Ramen!—aplaudió Kaede. Era un plato extraño, pero para la pequeña, era realmente delicioso.

Kikyou sonrió, y agradeció cuando pusieron su correspondiente tazón.

Cuando llego a Inuyasha, Kagome sonrió orgullosamente.

—Y para nuestro nuevo invitado…¡El tazón mas grande de Ramen!...

Inuyasha enarco la ceja y observo el plato humeante. Su nariz no detectaba ningún olor extraño o peligroso que le digiera que el tal Ramen tuviera veneno, pero no negaba que olía delicioso.

—No lo quiero—gruño el, orgulloso. Mas, sin embargo, su estomago gruño sonoramente.

El medio demonio se sonrojo hasta la raíz de su cabello.

Kagome negó, divertida.

—Si quieres—e impulsivamente, ella metió con la cuchara de madera llena de pasta y res con vegetales en la boca de Inuyasha.

El medio demonio se atraganto, pero se sorprendió…el Ramen era…era…

¡Delicioso!

Arrebatándole el tazón, comió furiosamente. Kagome se sentó y comió, mirando de reojo al medio demonio que se atragantaba con la pasta, era un poco extraño ver esa imagen que le era común en su pasado.

—¿Iras a entrenar, Oni-san?

Parpadeando, se encontró con los ojos brillantes de Kaede.

—Si, un poco. Después tendré que ir a los campos de arroz, los aldeanos dicen que hay demonios andando por ahí.

Kikyou acabo su tazon, sonriendo.

—Gracias, Kagome-chan.

Kagome sonrió.

Kikyou se levanto y con arco en mano se escabullo por la puerta con el medio demonio que le había seguido sin soltar palabra alguna. Soltó un suspiro, atrayendo la atención de Kaede.

—¿El es bueno, Kagome-chan?

—Si, Kaede. Inuyasha es bueno.

Los días pasaron sin mayor dificultad, Kagome los sentía pasar a veces tan lento que quería acelerar algunas cosas, y a veces tan rápido que no podía saborearlos siquiera. Sus rutinas habían cambiado un poco, solo por la compañía del callado medio demonio que solo parecía sentirse a gusto cuando estaba solo con Kikyou.

Eso traía un leve escozor en su pecho.

Inuyasha, a pesar de parecerse al otro medio demonio del pasado era abismalmente diferente al que ella conocía. Bien le irritaba tenerla a ella cerca, extrañamente la ignoraba y a veces le dedicaba esas miradas extrañas que ella conocía.

La comparaba.

Otra cosa era cuando estaba Kikyou, el medio demonio ahí si era diferente. Su postura cambiaba, era mas relajado y su ojos brillaban, no tenia el peso de la traición del ser amado Ni con ella había sido así.

Kagome conocía eso. Ella lo había vivido en carne propia.

Estaba enamorándose. De Kikyou.

Dolía como los mil demonios.

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Las voces de aldea la despertaron, su sueño era cada vez mas intermitente y siempre era con los mismos pensamientos sobre la sacerdotisa y el medio demonio, no quería ser masoquista, pero por mas que quisiera ignorar las voces, era cada vez mas difícil y sobre todo, doloroso.

—¡Sacerdotisa!

Se levanto de golpe, saliendo bruscamente de la habitación. En la sala, a penas con la luz del alba, el aldeano la miraba con la poca luz que había. Su rostro estaba contorsionado entre el terror y el miedo.

Caminando tan rápido que el aldeano trastabillo tratando de seguirla, salió hacia la pequeña sala, ignorando a Kikyou que la seguía con la misma cara seria que ahora ella estaba segura que poseía. A penas puso un pie en la tierra, la energía la golpeo.

—¿Qué es?—pregunto Kikyou, viendo a su maestra entrecerrar los ojos enojada.

—Un demonio—respondió secamente.

Sin darle una mirada siquiera a su hogar, salió disparada hacia el origen de la energía. Estaba enojada. No había querido ser tan brusca con Kikyou, pero le enojaba de sobremanera que no hubiera podido detectar el demonio, no cuando lo tenia prácticamente en sus narices.

Su cabeza la tenia loca.

Tenso el arco, soltando una flecha que atrajo la atención de la aldea entera, que muerta del miedo, enfrentaba el demonio con tridentes y fuego. Un suspiro aliviado se escucho cuando el monstruoso ogro retrocedió.

Kagome observo rápidamente la gente. Habían muchos heridos, muchos aldeanos llenos de raspones y golpes, pero no había muertos.

—¡Atrás de mi!—grito, amenazante.

Todos los aldeanos corrieron, atrayendo la atención del ogro que soltó una risa macabra.

—Vaya, Sacerdotisa—gorjeo el ogro—Protegiendo a unos inmundos humanos.

Kagome enarco la ceja.

—Los protejo de un inmundo ogro—se burlo.

El gigantesco ser se estremeció de furia, agitando un puño. Kagome sonrió cuando el peso del ogro fue electrocutado por la gran barrera que había creado. Otra flecha silbo al lado suyo, Kikyou había llegado. Inuyasha estaba su lado y la miraba inexpresivo.

De pronto, el ogro retrocedió.

—Eres fuerte, sacerdotisa custodia—retrocedió, hacia un abismo que ocultaban arbustos—Es verdad lo que dicen de ti. Ojala tu fuerza te alcance para salvarlo…

¿Salvarlo?

Kagome entrecerró los ojos, enojada. La energía del ogro se dispersaba por todo el ambiente, pero hasta ahora podía sentir la de alguien mas. Asustada, se echo a correr.

—¡Kikyo, cúbreme!—grito, la sacerdotisa de cabellos lacios abrió los ojos, con mas flechas hizo que el ogro gruñera disgustado y retrocediera. Kagome se deslizo entre el espacio de las dos masas que correspondían a los pies y con la misma velocidad se arrastro hasta caer en el abismo.

Inuyasha gruño.

—¿Acaso esta loca?

Kikyou negó.

—Créeme, a veces lo creo.

Una gran explosión alerto a los asustados aldeanos, humo violeta escapaba desde los pies del gran ogro, quemándole con un liquido viscoso. El ogro gimió y se retorció, cayendo con su gran peso. Se consumió hasta dejar polvo.

Inuyasha entrecerró los ojos, la sacerdotisa había sido precavida al dejar "algo" que matara el ogro. Al parecer un rosario conjurado. No era tonta. Se había sorprendido por la cantidad de energía que expedía el pequeño cuerpo, a penas había parpadeado formando un campo de tremendo tamaño.

Tenia que estar en guardia con la sacerdotisa.

Kikyou a su lado corrió hacia la orilla, y el la siguió. Por alguna razón no había querido dejarla sola en una pelea, su instinto protector le había exigido seguirla. No sabia que le pasaba con ella. Pero no quería pensar mucho en ello.

Echándole una ojeada al abismo, quedo aun mas sorprendido. La sacerdotisa había quedado en el aire, a penas sostenida con un rosario rojo que había amarrado en su muñeca. Sus cabellos se habían salido de la trenza que tenia junto con el anterior aspecto serio. Ahora parecía una jovencita, sonriente y sudada.

Un niño gimió, atrayendo su atención. Estaba fuertemente agarrado de la espalda de esta.

—Kagome-chan…que bueno que estés bien—suspiro Kikyou a su lado, junto con los demás aldeanos que se habían acercado. Inuyasha se dio cuenta que a penas lo ignoraban.

—Perdón—sonrió ella, sin mostrar arrepentimiento.

Inuyasha rolo los ojos, observando a Kikyou inclinarse para buscar la mano de la sacerdotisa. Con una suavidad que no había sabido que tenia la corrió, tomando fuertemente la muñeca de la sacerdotisa custodia. A penas sentía el pulso latir, estaba tranquilo.

—Gracias—murmuro ella, cuando estuvo en tierra.

Una aldeana se derrumbo bruscamente, con el rostro lleno de lagrimas. Aferraba al pequeño niño que suspiraba exhausto y al parecer ileso.

—Gracias, Kagome-sama—sollozo.

La sacerdotisa custodia sonrió, y abrazo fuertemente a la mujer. Inuyasha observo algo perplejo. Nunca había visto una sacerdotisa así. Tan abierta y emocionalmente sensible.

Kikyou suspiro a su lado con esa pequeña sonrisa suya.

Al parecer no era algo extraño.

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—Gracias por ayudarme hoy.

Inuyasha volteo las orejas bruscamente. No había oído a la pequeña sacerdotisa custodia acercarse.

Se encogió de hombros.

Escucho una pequeña risa, casi como la de una niña, y la hierba a su lado crujir. De reojo la observo, estaba cerca y al parecer, sin armas.

—Podría matarte—comento el.

—Podrías—replico ella—Pero hoy pudiste soltar mi mano y no lo hiciste. Así que me tomo el atrevimiento de pensar de que no quieres matarme.

Inuyasha gruño.

—¿Qué quieres, sacerdotisa custodia?—soltó el—Me sigues a la mitad del bosque para reírte de mi.

Kagome se detuvo, observándolo curiosamente.

—Pensé que estarías para comer…digo, pensé que Kikyou te invitaría.

—No quiero ir.

—Claro que quieres ir.

Inuyasha rolo los ojos.

—¿Desde cuando una sacerdotisa sabe lo que quiero?

Ella le enarco la ceja.

—No se lo que quieres. Pero tu estomago sonó hace un rato.

Inuyasha retrocedió violentamente. La luz tenue de la luna perfilaba el rostro de la sacerdotisa, el bosque estaba callado y frio.

—¿Desde hace cuanto me espías?

—Hace unos minutos—soltó ella, recogiendo pocos cabellos que habían quedado de su trenza. Inuyasha clavo la mirada de los dos cascabeles que sostenían su cabello.

Gruñendo, le clavo sus ojos, esperando a que la sacerdotisa entendiera el mensaje. Su amenaza. Pero ella le ignoro, levantándose.

—¿Iras a comer?

Silencio.

—¿Iras a desayunar?

Silencio.

—Hare Ramen—canturreo Kagome. Observo al medio demonio mover una de sus orejas y clavarle los ojos, algo amenazante.

Ella lo ignoro.

—Te hare el mas grande tazón—canturreo una vez mas.

Inuyasha murmuro por lo bajo.

—Bien, iré a desayunar. Pero, solo es por Kikyou, sacerdotisa custodia.

—Mi nombre es Kagome.

—Sacerdotisa custodia—gruño el, incomodo.

—Kagome.

—Sacerdotisa custodia.

—Kagome, Inuyasha-kun. O si no mañana no hay Ramen—se burlo.

El medio demonio le gruño una vez mas y Kagome se alejo, sonriente y algo nostálgica.

Ella pensó en las cosas que nunca cambian. Como sus peleas.

Y el pensó en sacerdotisas custodias extrañas, que sonreían y se mostraban confianzudas con el. Y que cocinaba un buen…¿Ramen?

Amaterasu97

Este es un capitulo que muestra la vida diaria con Inuyasha en sus vidas. Creería que eso quise reflejar, me alegra sus comentarios y cada vez que los leo me hacen feliz. Son geniales. Gracias a todos.

Y espero un buen review.