Capítulo 3
Cuando sonó el intercomunicador del despacho del jefe de departamento de operaciones mágicas especiales el 30 de mayo del 2000 a las ocho y cinco de la mañana, yo estaba tan cansada que incorporé ese sonido tan característico a lo que estaba soñando, recién al cuarto o quinto repique atiné a abrir los ojos. No contesté en seguida, como si mi ingreso en la vigilia hubiese sido demasiado traumático como para complementarlo de inmediato sosteniendo una conversación.
De todos modos, de pronto me distrajeron los saltos y gritos que Cornelius Fudge se puso a dar a mí alrededor. Festejaba ese aviso y yo, con cierta lógica perversa, aceptaba mi parte de su festejo poniendo cara de fastidio mientras me restregaba los ojos antes de atender. Acabábamos de pasar la noche allí, en el segundo piso del ministerio, de a ratos repantigados en los sillones amplios de cuero oscuro, de a ratos dormitando con la cabeza y los brazos apoyados sobre el escritorio. Al empezar a saltar, Fudge había pateado la bandeja con los platos de la cena, y una de las tazas que habíamos usado como vasos había salido rodando hasta el pie de una biblioteca esquinera. Demoré todavía un segundo más en atender, lo dediqué a insultar para mis adentros al imbécil del Wizengamot que se empecinaba en hacernos pernotar allí durante la quincena en la que estábamos de turno. Una semana le tocaba a la sección de Fudge, y la otra a la mía, pero ¿cómo resolver el problema del décimo quinto día? El idiota de Elphias Doge había decidido, salomónicamente, jodernos la vida a los dos. Las causas se repartían según la patrulla de origen, salvo las de delitos graves, digamos los homicidios. Esas causas debían repartirse, el décimo quinto día del turno, entre las dos secciones del segundo piso según la hora de notificación que nos hicieran los Aurores. Fudge festejaba con los brazos en alto al grito de "ocho y cinco, Madame Black, ocho y cinco", porque si sonaba el intercomunicador del despacho del jefe a esa hora era precisamente para avisar de un homicidio, y lo que festejaba Fudge era ni más ni menos que fueran más de las ocho, porque las horas impares eran suyas, y las horas pares mías, se acababa de librar de un expediente denso y complicado por cinco escasos minutos.
Ahora que lo pienso, ahora que lo escribo, puedo advertir con que profundo cinismo nos movíamos. Casi como si se tratara de un desafío deportivo. En ningún momento nos deteníamos a pensar que si sonaba ese intercomunicador, cinco minutos antes o cinco minutos después de las ocho, era porque acababan de matar a alguien. Para nosotros era una simple competencia laboral: Trabajas tú, o trabajo yo. A ver quién es el que se libra. A ver quién tiene más suerte de los dos. Había sido Fudge. Aunque en esa época yo todavía no lo aborrecía, porque faltaba un tiempo, no demasiado largo, para empezar a demostrarme que era un ser despreciable, sentí un ardiente deseo de lanzarle el escritorio por los aires. En lugar de eso puse cara de superada, garraspé para aclararme la garganta, levanté el tubo y dije, gravemente: "Departamento de operaciones mágicas especiales, buenos días".
Aquí volví con otro capítulo. Lo sé, súper cortito. Es que todavía sigo experimentando con esta historia. Hasta que no suban los seguidores y favoritos, estaré endeble. Ya nos acercamos a lo que le pasó a Neville. Ya es la mañana del 30 de mayo. Fudge y Bella se reparten los casos dependiendo del horario, cada uno tiene su equipo de trabajo. Espero que les gustara.
Como siempre, comenten y abrazo.
Eledina: En breve aparecerán un par de personajes importantes. Uno de ellos (mujer) que no he leído jamás en ninguna historia. Te estoy dando una pista a ver si lo sacas jaja. Creo que les sorprenderá cuando la nombre, ya que será muy pegada a Bella (sin romanticismo, por supuesto).
Jaz: Exacto. Sumamente diferente a lo que estamos acostumbrados. Me pareció interesante relatar una Bella trabajadora, responsable (a su manera, claro) y paciente con los tiempos.
Guest: Si, la historia de Neville ya de por sí es triste. Esta será peor, pobre. Su mundo era su esposa.
