Hola :)

Previsión: ya falta menos para el fin de semana, el tiempo por aquí es bueno (aunque espero que llegue pronto el otoño jaja) y esta noche nuevo capítulo de The Mentalist.

Nuevo capítulo de este fic...y llegando al final :( Ya está terminado pero aun así... da penita jaja Bueno, para éste, que viene con canción, les recomiendo que la escuchen ;D Stuttering (Kiss me again) de Ben's Brother.

Disfruten la lectura... y dejen su huella en forma de review¡ Por cierto, gracias a quienes comentaron, y de forma anónima Ana y April, y quienes pusieron en alerta, etc... ;D


OoOoOoO

- Dios, necesito un descanso.

- De eso nada Teresa. Hay un horario que cumplir y apenas tenemos tiempo. No podemos estar aquí todo el día.

- ¿Es que te pagan por hacer esto?

- Sin necesidad de que nadie le invite y aun sin pistas para el caso, Jane vuelve esa noche a tu casa y la noche siguiente y la otra… - continúa asiendo caso omiso de sus quejas – Entre vosotros se establecerá una especie de pacto tácito acerca de vuestra relación. Como ya sabes, ninguno de los dos sois de muchas palabras… Eso está bien, a veces una palabra mal dicha o a deshora puede fastidiar las cosas sin querer. Él sabrá cuando ir a tu casa y cuando darte espacio, tú sabrás cuándo necesita algo y cuándo la oscuridad se cierne sobre él; a tu lado podrá dormir más de lo que lo ha hecho en años y tú tendrás la tranquilidad de saberlo a salvo de las locuras que su mente ansiosa de venganza puede maquinar. No hará falta que le digas cómo comportarse en la oficina pero lo harás sólo para asegurarte. Y él seguirá agasajándote con café y dulces cuando meta la pata.

- ¡Qué suerte! – dice de brazos cruzados.

- Empezará a pasar más tiempo en tu casa. No es de extrañar porque aún sin sexo eres la persona con la que más tiempo pasa. Sin ti su vida habría empeorado considerablemente. Pero ahí sigue. Aunque no digáis nada, por miedo a estropearlo, tal vez, os sentiréis muy cómodos el uno con el otro. Y eso no lo cambiará nada, ni John el Rojo, ni las reglas del CBI que tanta trabajo te cuesta romper, ni vuestras inseguridades, ni siquiera… Bueno, lo que está por llegar.

Ni siquiera se atreve a pedirle que termine la frase como pensaba hacerlo.

- Pasemos a una noche cualquiera en tu apartamento.

Una noche tranquila; las estrellas centellean sobre el cielo azul, la planta baja del apartamento está a oscuras y en silencio y el fresco aire nocturno entra por la terraza, dos copas de vino tinto a medio sobre la mesa de comedor y… "oh, claro ¡cómo no!" se dice Lisbon así misma al comprobar que en el piso de arriba sí hay luz. Tenue, muy sutil, muy ligera…pero una luz, que le dice que arriba hay alguien y no están durmiendo.

- ¿Otra vez? – no puede creer que otra vez la haya traído aquí mientras ellos están… ahí.

Están en la cama tumbados. Aún respiran con dificultad pero unas grandes sonrisas adornan sus caras y sólo puede ser producto de una cosa: la liberación que proporciona una sesión de sexo despreocupado y pasional. Tomando una última bocanada de aire Jane coge la mano de Lisbon y la aprieta con suavidad como si necesitara decirle que aún está ahí. No puede evitar estrecharla contra su pecho pese a que sus cuerpos están pegajosos por el sudor de la frenética actividad que acaban de tener. No parece incomodarles. Las delgadas piernas de Lisbon se enredan con las suyas, los brazos fuertes de Jane cubren la desnudez de su espalda, ella se apoya parcialmente en su pecho, él está en la posición perfecta para besar su cabeza de vez en cuando y sus cuerpos encajan a la perfección. Ahora ni siquiera se molestan en cubrirse con una sábana. No hay nada que ocultar entre ellos una vez que se han mostrado en cuerpo y alma ante el otro.

La única luz de la habitación proviene de la pequeña lámpara sobre la mesa de noche incidiendo con un tono anaranjado sobre las dos figuras.

Jane juega con su pelo, sumergiendo sus dedos en la maraña de cabello oscuro de su compañera. Esta vez no tienen sueño. Permanecen un rato así. Lisbon posa una mano sobre su pecho desnudo y mueve los dedos perezosamente a través de la piel de su consultor. No tiene pelo en el pecho, eso es bueno, piensa Lisbon mientras les mira juguetear al uno con el otro. No le gusta pasear sus dedos por un torso velloso. Y el parece tener el torso perfecto. Tonificado, bien formado pero no fibroso ni demasiado musculoso. Sólo en la medida ideal para ella. Él toma esa misma mano que acaricia su pecho y enreda sus dedos con los de ella. No deja de sonreír. No es una sonrisa de mil voltios pero es una sonrisa. Una de esas tontas que no pueden abandonar la cara cuando tu cuerpo experimenta tales sensaciones y hay sentimientos de por medio.

Jane es suave y tierno. ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Cuándo llegó a ser así? Es decir, el Jane al que conoce es egoísta (bueno, casi todo el tiempo), es solitario, es idiota, cobarde. Puede llegar a ser considerado y preocuparse por los demás, no le cabe ninguna duda, lo ha visto actuar y comportarse con la gente… Sí, odia que le agradezcan las cosas que hace porque no quiere involucrarse con esas personas, porque no quiere parecer el hombre bueno que puede ser. Le gusta ser misterioso y solitario, le gusta que nadie se interponga en su misión de venganza. Al menos es el Jane al que ella conoce. ¿Cuándo cambió y por qué? Ella, la que está ahí de pie observando tal escena llena de ternura y se podría aventurar diciendo que algo más, no sabía que esa parte de él existía. Bueno, ya imaginó que en algún momento de su vida, con su hermosa esposa debió de ser el hombre más tierno y más maravilloso del universo. Siempre se preguntó cómo sería con ellas, cómo sería después de ese trabajo que constituía un dilema para él, al llegar a casa y quitarse el traje brillante. Porque el Patrick Jane al que ella conoce está arrepentido de su pasado pero aún conserva vestigios de su vida del carnaval. No es gente del carnaval ya, pero tampoco le gusta ser un blanco. Es más, le gusta molestar y hacer trucos durante los casos, con los sospechosos, con todos sin importar las consecuencias. Le gusta mostrar que aún tiene habilidades, que es el mejor. Ese Patrick Jane ha mostrado ya en más de una ocasión que no le importan las consecuencias mientras pueda alcanzar al asesino de su familia y eso la asusta hasta lo indecible, pues aunque se ha prometido desde el mismo día en que lo conoció que jamás permitiría que tomara la justicia por su cuenta, conoce bien sus intenciones… realmente tiene la esperanza de que él recapacite pero ¿hasta que punto puede evitar que haga lo que está tan determinado a hacer, lo que parece mover su vida?

Pero este Jane… ¿por qué es así? ¿Por qué ahora y cuándo volverá a cambiar? ¿Destrozará su vida llevándose por delante a la gente que le rodea o que se interponga? ¿Destrozará la vida de ella?

No importa. Ella está determinada a ayudarlo.

Y mientras ella está inmersa en su tren de pensamientos, ellos parecen tener también sus propias cosas en las que pensar.

- ¿Cuánto tiempo llevan haciendo esto? – pregunta de repente consciente e intrigada con esa relación. Su voz parece muy seria, pero distante y triste al tiempo.

- Poco más de un mes desde la primera vez.

Ella asiente. Se les ve cómodos. Se les ve bien.

Jane nunca se queda dormido inmediatamente después. Se dedica a observarla hasta que ella cae dormida y después de que lo haya hecho sigue mirándola. Es un poco molesto y ella no puede evitar sonrojarse cuando es consciente de que lo hace.

Más tarde la luz de la luna reemplaza la luz de la lámpara. Ellos siguen despiertos y en silencio en la oscuridad de la habitación embargados por un suave letargo. Son más de las dos.

Jane acaricia su brazo suavemente.

- Oye, Teresa, he estado pensando… - comienza a decir Patrick en medio de la oscuridad de la habitación -.

- Me da miedo preguntar pero… allá va – dice Lisbon - ¿Qué pasa, ya has descubierto una manera de trincar a McCarthy?

- ¿Qué? No… - dice extrañado como si un criminal sea lo último en lo que pueda estar pensando – No se trata de eso.

Enseguida ella levanta la cabeza intrigada y le brinda una mirada recelosa. La denominada mirada de interrogatorio.

- Sólo estaba pensando que estoy un poco cansado de estar en la cama… y que deberíamos salir alguna vez…

- ¿Como una cita? – la ha pillado totalmente desprevenida. Se puede ver en su cara el desconcierto e incluso un poco de horror.

- No como una cita, pequeña – finge un tono seductor – Una cita.

- No sabía que eras del tipo de citas…

- Verás, no siempre he sido un ermitaño – Lisbon no lo ha dicho con mala intención, es evidente y él lo sabe – Y no me malinterpretes, sabes que me encanta verte así porque creo que he desarrollado una extraña adicción a tu cuerpo, pero me gustaría que saliéramos un día a cenar. Ya sé que no es lo más adecuado dadas las circunstancias pero…

Ella está callada, no se sabe si por el desafortunado comentario sobre las citas o por la vergüenza que ha suscitado el comentario sobre su cuerpo.

- Está bien.

- ¿Te parece bien?

- Claro – sacude la cabeza – Sí, ¿por qué no? La gente tiene que salir y cenar… ¿Este fin de semana?

- Perfecto. Pero nada de pizza… una cita de verdad en un restaurante de verdad. Y yo elijo el sitio.

- Vale.

- Bien.

- Te recogeré el viernes a las 8.00.

- De eso nada. Vamos en mi coche.

- No – dice negando lentamente – Yo conduzco.

- No, conduzco yo - le dice.

Jane, al parecer intrigado, se apoya sobre un brazo para tener una mejor visión de la chica.

- Me gustaría saber por qué siempre quieres tener el control, Lisbon -.

- Porque si no te controlo y haces de las tuyas me la cargo siempre yo.

- Tienes que aprender a relajarte – La voz que está usando deja entrever sus intenciones, oscuras y primitivas intenciones – Conozco unas técnicas…

Ahora está demasiado cerca.

- ¿Ah, sí? – él asiente con sonrisa traviesa marcada en el rostro.

- Mm hum – la acorrala contra la cama sin dejar de mirarla - ¿Me dejarás sólo por una vez ser el hombre y que venga a recogerte a casa y podamos tener una cita normal?

- Mmm… aún me lo tengo que pensar – le mira – Oye, eso de cita… ¿significa que vas a pagar tú la cena, vas a abrirme la puerta del restaurante y me dirás lo guapa que estoy cuando te abra la puerta de casa?

Ella no puede evitar una sonrisa.

- Sí, lo siento – encoge los hombros – En el fondo soy un hombre chapado a la antigua. Por supuesto no tengo inconveniente en que seas mi caballero andante y me salves de los peligros profesionales que nos acechan pero… de vez en cuando… me gustaría ser yo el que haga algo por ti.

Alterna las palabras con suaves besos sobre su piel.

- Estoy deseando ver lo que tienes que ofrecer, Patrick.

Por sus sonrisas pícaras, el brillo en sus ojos, y su expresión corporal se puede adivinar fácilmente que la llama de la pasión se está encendiendo nuevamente.

Hablan en susurros. Susurros desesperados, hambrientos, deseosos…

Jane ha empezado a besarla de nuevo, tomando posición y ella está respondiendo a sus toques.

- Bueno, parece que la cosa marcha – dice Lisbon dándose la vuelta una vez más. La abruma una sensación de pudor cada vez que ve a Jane y la otra Lisbon haciendo el amor – Me alegro de que se lo estén pasando tan bien.

Es sincera, pues aunque aún no sabe lo que el futuro depara a esta relación (pero puede imaginarlo), ver semejante escena de pareja le hace pensar que las cosas pueden mejorar. Claro que también dicen que la cosa mejora antes de empeorar.

- El viernes por la noche saldrás un poco antes del trabajo – interviene la voz y la escena cambia a una Lisbon apresurada que llega a casa, se prepara un café y lo toma a rápidos y cortos sorbos mientras decide qué ponerse. Ardua tarea teniendo en cuenta que hace años que no tiene una cita, más de los que puede recordar - Está nerviosa y entusiasmada, todo a la vez. Hace tanto tiempo que no experimenta esa sensación en el estómago… Los nervios ante la inminente llegada de un hombre que la lleva a cenar, que espera verla impresionante aunque para él siempre lo está, el deseo de causar una buena impresión.

"Oh, maldita sea" se oye susurrar a Lisbon. Se nota que está algo nerviosa. Es normal, probablemente ya no se acordará de cómo es salir con un hombre a un restaurante y, aunque Jane y ella se conocen desde hace muchos años y no tienen problemas para hablar el uno con el otro y nunca los han tenido, el hecho de que vayan a estar en ese tipo de ambiente alejado del trabajo, en la intimidad, los dos solos, casi romántico, lo cambia todo. Es casi aterrador.

Lisbon sigue moviéndose de acá para allá. Sale de la ducha, suelta la toalla de cualquier manera y comienza a maquillarse frente al tocador, ataviada con una sugerente ropa interior de color negro. La verdad es que resulta emocionante y divertido encontrarse ante esta situación casi nueva para ella. Salir un poco de la rutina del trabajo.

Sobre la cama un vestido verde oscuro jaspeado de dorado la espera. Zapatos y bolso a juego. También un fino chal que cubrirá sus hombros.

A las 8.00 de la noche el timbre de la casa suena y un grito de su cita que aún no está lista del todo le dice a Jane que pase, la puerta está abierta. Y así lo hace justo cuando la imagen cambia y Lisbon queda justo enfrente de él. Lo primero que observa cuando él se gira tras cerrar la puerta y se queda, como todo un caballero, junto a ella esperando a que Lisbon baje, es en sus ojos. Un color indescriptible entre el verde y el azul con una profunda desesperación y un incipiente nerviosismo. Al dar un paso atrás repara en el atuendo. Lleva un traje oscuro, sin chaleco, los dos primeros botones de la camisa blanca desabrochados, su pelo está mejor que nunca y está tan rematadamente guapo…

Entonces él detiene su nervioso bamboleo y la mira directamente a los ojos. Ella se asusta. Él tiene la boca abierta, como sorprendido, tal vez sea susto.

- Eh, voz… - dice aterrada – Me está viendo, me mira directamente a los ojos. ¿No decías que no podían verme?

Y entonces él da un paso hacia delante.

- No es a ti a quien mira. Al menos no a la Lisbon del presente – la tranquiliza la voz – Date la vuelta.

Al girarse, justo detrás de ella y a unos pasos de Jane que se acerca todavía con la boca abierta y sin poder articular palabra, Lisbon baja el último peldaño de las escaleras tan impresionante que ella misma está sorprendida. Las dos horas de arreglo han merecido la pena. Lleva el pelo suelto con el fleco a un lado y la melena ligeramente ondulada cayendo sobre sus hombros. Está sutilmente maquillada pero remarcando los ojos que es su punto fuerte. El vestido se amolda a su pequeña figura, escote sencillo y falda por encima de las rodillas. Finas tiras sujetan el vestido pasando por los hombros hasta cruzarse en su espalda que quedará cubierta luego por el chal.

- ¿Jane? – Lisbon parece expectante, sonríe tímidamente esperando a que él diga algo. Un tinte de duda pasa de soslayo por sus ojos verdes - Espero que esa cara sea de sorpresa y no de espanto …..

- Es que… ¡vaya! – Alza las cejas y se acerca a ella con los brazos abiertos abarcando por completo su figura – Estás impresionante, Teresa.

- Tú también estás muy guapo – le devuelve el cumplido observando detenidamente su atuendo. Se ha quitado ese maldito traje de tres piezas y lo ha cambiado por uno negro, sin chaleco y una camisa blanca impoluta desabrochada en los dos primeros botones que (aunque no debería ni siquiera pasársele por la cabeza) le hace ver muy sexy, realmente sexy. Y aunque sus zapatos siguen siendo esos viejos marrones de los que nunca se desprende no le van nada mal y, Dios, está tan rematadamente guapo – Te has quitado el traje.

- Gracias – dice encogiendo un poco los hombros con gesto orgulloso – Quería impresionarte.

- Bien. Lo has conseguido, Jane.

- Estás preciosa - Sonríe un tanto ruborizada pero seguro contenta del buen resultado que ha conseguido. Mira hacia abajo tímidamente.

Una palabra que sin duda no expresa todo lo que está pensando en estos instantes y que la imagen de Lisbon le produce, pero al final la palabra perfecta. Sencilla pero efectiva.

Lo cierto es que está increíble. Está arreglada pero nada exagerada, irradia alegría y luz. Es difícil ser objetiva cuando se está viendo a sí misma pero ciertamente está espectacular. Jane también lo ha notado.

- ¿Nos vamos? – ella asiente. Está lista para salir.

Jane toma su mano y salen juntos del apartamento camino de su viejo Citröen.

El lugar elegido por Jane para la cita es un acogedor restaurante en la parte antigua de la ciudad. Una plaza, calles empedradas iluminadas por elegantes farolas y unos hermosos árboles bordeando las aceras. Es fácil detenerse a observar los alrededores siendo más consciente de los detalles cuando no vas a toda prisa para comenzar una investigación o corres tras un sospechoso. Caminan de la mano, despacio, hacia el restaurante aspirando la brisa nocturna. Están paseando al contrario que el resto de las veces que han cruzado esa calle. Ahora los tacones de Lisbon emiten un sonido hueco y apagado sobre la acera y Jane sonríe quizás con ilusión ante la expectativa de esta noche.

El asesor mantiene la puerta a su compañera y tras dar el nombre de la reserva los sientan en una mesa bastante tranquila y aislada para que la pareja pase una noche especial. Los colores cálidos del lugar acogen al recién llegado, la decoración es exquisita y con la combinación perfecta entre elegancia y modernidad. Nada de nueva cocina experimental con sopas que echan un extraño humo como salido de Alien ni cosas a medio hacer ni extraños postres; nada de cuadros abstractos en las paredes ni extraños artefactos colgando del techo. El perfecto lugar para pasar una bonita noche, romántico y acogedor, pero sencillo a la vez.

Una vela a un lado de la mesa pone un tinte anaranjado entre ellos. Se sientan y se miran y parecen incapaces de decir nada.

- Dos personas tan elocuentes, tan parlanchinas la una con la otra y ahora sólo son capaces de mirarse casi con timidez sin saber qué decir. El hecho de estar en una cita oficial, la primera, cambia considerablemente las cosas y el Jane que habitualmente se dedica a hacer enfurecer a su compañera y al que le encanta verla sonrojar ahora sólo puede mirarla con placer y dulzura, contento de que no decidiera rechazar la invitación; ella, que está constantemente siendo la agente preocupada y a la espera de problemas (casi siempre causados por este hombre) ahora puede relajarse y ser sólo una chica normal en una cita normal disfrutando de la compañía del hombre más extraño que conoció jamás. Los dos están un poco nerviosos.

Disfrutan en silencio de la exquisita cena.

Jane ha pedido carne con una guarnición de setas y patatas al horno que tiene un aspecto delicioso. Lisbon se ha decantado por pescado con verduras. Ambos platos acompañados con un exquisito vino. Una botella entera entre los dos.

Se miran pero casi no hablan durante toda la cena, pero cuando lo hacen y como si de un acuerdo se tratara lo hacen de cosas totalmente banales. Charlan del tiempo y de la boda de Van Pelt que está próxima, ríen recordando alguna trastada de Jane y comentan cosas sobre las demás parejas y personas en el restaurante. Se están divirtiendo, hablan de todo y nada. Y por suerte, gracias a Dios, el tema John el Rojo no se toca en aquella mesa en toda la noche.

Él no para de mirarla y ella sonríe. Es tan dulce, tan normal.

A las once de la noche ya están saliendo del restaurante, haciendo el camino de regreso al coche. Una vez en la puerta del apartamento de Lisbon permanecen un momento en silencio.

- Lisbon, gracias por esta noche. Lo he pasado muy bien – le dice Jane desde el otro lado de la puerta. Sus ojos brillan. Tal vez sea por el vino, tal vez es delirante deseo corriendo por su cuerpo. El caso es que es sincero.

- Yo también lo he pasado bien – le brinda una sonrisa tierna. El vino embriaga sus sentidos y abotarga sus pensamientos - ¿Quieres pasar?

- ¿Me estás pidiendo que pase en la primera cita? – Responde su pregunta con una sonrisa pícara - Llámame tonto romántico pero preferiría dejarte en la puerta de tu casa y dejar el sexo para la tercera cita.

Lisbon suelta una carcajada apoyada en el canto de la puerta. Resulta muy raro verlos flirtear y bromear como dos personas sin ataduras, como dos chiquillos, como cualquier pareja. Ella rara vez se ha permitido eso. Todo es siempre demasiado complicado en su vida como para dejar nada al azar, tiene que controlarlo, estar pendiente de que no le hagan daño y que la cosa no se le escape como el agua entre los dedos. Quizás por eso es tan raro que justo la persona más complicada que conoce y que sin duda posee unas fuertes ataduras emocionales sea precisamente la persona que ahora le proporciona calma y estabilidad y con la que se permite ser como es, sin barreras, sin secretos, sin esconderse. Le está mirando fijamente como si el tiempo se hubiera detenido y ella hace lo mismo sin poder evitar fijarse en sus ojos claros y en las arrugas que se forman en las comisuras de sus labios cuando sonríe.

- ¿No crees que es un poco tarde para eso? – dicho esto alcanza su mano, la toma entre la suya y tirando suavemente le mete en casa sin abandonar en ningún momento esa sonrisa que se puede decir que la ha acompañado toda la noche.

Él, con los ojos puestos en ella, cierra la puerta al pasar e inmediatamente empieza a sonar una canción de fondo y la Lisbon del presente, la que está observando la escena con tal atención que se queda boquiabierta como si de una película se tratara, da un respingo de sorpresa. Mira hacia arriba y la voz contesta a su pregunta no formulada.

- Tranquila, es sólo algo que a mis jefes les gusta hacer para darle más emoción – Lisbon levanta una ceja inquisitiva apuntando a ninguna parte. Esto está empezando a parecer un musical y no le gusta nada. Pero se resigna con la esperanza de que acabe pronto. Así que se muerde la lengua y no dice lo que está pensando. Si va a ser una escena con música…al lío.

Lo cierto es que no tarda mucho tiempo en dejarse envolver por las suaves notas que acompañan a la escena.

Al son de la canción "Stuttering (Kiss me again)" de los Ben's Brother, Lisbon suelta la mano de Jane y comienza a hacer un camino ascendente por todo su brazo hasta llegar a su mejilla donde deja descansar su mano en la suavidad de su piel afeitada, su pulgar se mueve dulcemente durante unos segundos antes de que él, movido por los mismos sentimientos y siguiendo sus pasos, haga sus propios movimientos trasladando ambas manos a la cara de la agente para luego posar sus labios sobre los de ella. Ese único roce que se convierte en un beso pausado y duradero alargándose unos minutos pronto da paso a la pasión que les hace subir al dormitorio aún abrazados para continuar allí con el derroche de sentimientos. No tardan en dejar la ropa a un lado pero no con el fervor y la desesperación de otras veces. Saben que tienen tiempo, la noche es larga. Es todo ternura y entrega cuando se tocan y sus miradas se concentran en el otro dejando todo lo que les preocupa o les asusta a un lado. No hay espacio para nada más en el diminuto hueco que hay entre sus cuerpos desnudos. Es ese momento exacto en que el tiempo se detiene. Se miran. Jane acaricia su pelo muy tiernamente y entonces como si un chispazo les guiara ambos se envuelven en los brazos del otro y permanecen así.

La música continúa sonando mientras se besan y se abrazan y hacen el amor una vez más. Nuevamente sus cuerpos unidos en inimaginable sintonía. Es increíble cómo aun después continúan mirándose. Hasta el momento Teresa no cree haber vivido algo semejante. Tampoco es que pueda sentirlo, no sabe lo que está sintiendo su otro yo, pero parece estar muy unida a Patrick Jane.

- Eres preciosa – le dice en una pausa mientras acaricia su pelo y coge su cara entre sus manos.

No le hace falta saber más.

Cuando el sol cae nuevamente sobre Sacramento Teresa Lisbon baja a preparar algo para reponer fuerzas. Se ha esmerado. Está en la cocina de espaldas a la puerta preparando algo pero sobre la mesa ya hay un suculento banquete. No los cafés de siempre sino todo un brunch. Tostadas, huevos revueltos, bacon, mermeladas, té, zumo, bollos, café… Un menú que sin duda a Jane le va a entusiasmar.

Ella está tarareando y moviendo sutilmente sus caderas y sus pies mientras vierte unos cereales en un cuenco, tan absorta en la canción que no se da cuenta cuando Jane llega y se queda en el umbral de la puerta a observarla unos minutos. Su sonrisa es espectacular. Casi tanto como su aspecto. En alguna de las furtivas noches de pasión debió de haber dejado el pantalón azul de pijama que ahora lleva puesto y que le sienta tan bien, acompañado de una camiseta blanca. Está descalzo y lleva el pelo revuelto y una cara de no haber pegado ojo en toda la noche. Y sin embargo está guapo. Le sienta bien el look mañanero casual.

Lisbon se da la vuelta.

- ¿Necesitas ayuda? –

- No, sólo que te sientes, Bella Durmiente.

- Me has dejado solo en la cama… - hace un mohín muy mono.

- Sí, para preparar este maravilloso desayuno…almuerzo – Son casi las doce del mediodía según el reloj de la cocina; ella se queda pensativa observando la mesa y todo lo que ha preparado y él aprovecha para envolver los brazos alrededor de su cintura y darle un beso en la mejilla.

- Tiene una pinta increíble - le susurra.

- Pues siéntate a comer antes de que me lo acabe yo todo. Tengo un hambre de lobos.

- Lo sé – sonríe pícaramente y se sienta.

Mientras devoran el exquisito banquete con avidez hay un gesto de Lisbon hacia Jane que llama su atención. En un acto totalmente cotidiano Lisbon mete los dedos entre los rizos revueltos de Jane y los atusa de manera que la maraña de pelo rubio vuelva un poco a su ser. Nunca se ha visto a sí misma tan relajada en compañía de un hombre.

- Bueno y hasta aquí puedo leer, Teresa. Ya ves que la velada será maravillosa. Ahora vamos al día exacto en que todo comienza a desmadrarse un poco. Es un caso que comienza de lo más normal. Bien, todo lo normal que puede ser que alguien robe en un banco de crédito y luego se inmole frente a una gasolinera. Tú acudirás y Jane, entusiasmado por la novedad del asunto decidirá ir aunque le hayas dicho que no hace falta su pericia.

- Típico de Jane.

- Esa misma noche tras seguir un par de pistas que os conducirán hasta el edificio abandonado de un instituto lúgubre y desierto, tú entras sola sin ningún refuerzo más que tu pistola.

Mientras se ve avanzar con precaución, pistola en alto, por los desvencijados pasillos del lugar teme que ese sea su final.

- Por su parte, Jane, está echando una siesta en el CBI, en su sofá, lee un libro…pero está inquieto y preocupado y decide coger su coche e ir a hacerte compañía, mas cuando llega al lugar…

No hay ni rastro de ella por ese sucio edificio cuando Jane grita su nombre pasando por los mismos corredores por los que ella ha ido antes.

- ¿Lisbon? – la llama, suave las dos primeras veces, algo desesperado después, cuando oye un ruido. La imagen cambia muy rápido desde Jane hasta el lugar donde está ella tumbada en el suelo. Ve cómo un hombre se aleja corriendo de espaldas y se adentra en la oscuridad.

Su mirada se centra en ella, y también la de Jane cuando entra y la encuentra tirada en el suelo, inconsciente. Está despertando. Eso no es lo peor. Ambos se miran. Ella con el ceño fruncido, él atemorizado por lo que ya ha visto y que ella va a encontrar en unos segundos. Un chaleco bomba atado en su cuerpo menudo.

Un contador digital con números que se mueven haciendo una cuenta atrás señalando el momento en que la bomba explotará volando por los aires a la pequeña agente.

Ella está asustada, lo ve en su cara. Jane está intentando ayudarla. Un hombre llama, quiere algo de ellos.

Un viaje en coche con ella misma rezando aterrada y Jane intentando tranquilizarla mientras un tipo les habla por el manos libres de un teléfono es todo lo que necesita para pensar que este es su último día en la tierra y que se va a ver morir a sí misma. Sin embargo, el plan de Jane sale a pedir de boca y el tipo que tiene a Lisbon atada a una bomba acaba siendo detenido y ellos salen de ahí sanos y salvos.

- Bueno, no ha sido para tanto. No he muerto. Estamos todos bien – habla con la voz – bueno, salvo ese hombre pero…en fin, mató a un pobre chico inocente así que, lo siento, pero no es que me dé mucha pena.

- Para un momento. Aún no ha terminado. De hecho, no es más que el principio.

- Vaya, me dejas mucho más tranquila, voz.

- Por una casualidad descubriréis que el caso de las bombas y el banco de crédito tiene relación con John el rojo.

Su respiración se congela. Se puede decir que por unos segundos deja de respirar. "John el Rojo", el nombre resuena en su cabeza. Le aterra pensar en la posibilidad de un encuentro con él. Bien, está preparada. Todo lo preparada que se puede estar para algo así. Pero hay factores como el miedo de ver como vuelve para matar a las personas que quiere, no quiere presenciar tal cosa. Fue atroz cuando lo hizo con Sam; a ello se une la expectación de saber quién es, el deseo de pillarle de una vez por todas, la preocupación…

- ¿Cómo?

- Bien. Encontraréis un cadáver que tiene que ver con la empresa de crédito. John el Rojo estaba conectado al hombre de la gasolinera que le estaba ayudando a conseguir los listados de transferencias económicas. El cadáver es nada menos que el primo de Hightower. Él le enviaba dinero y John el Rojo quiere saber a dónde se lo enviaba para encontrarla y matarla. Cuando Jane y tú descubráis esta información que será de pura casualidad empezaréis a trabajar en el caso en secreto. Luego necesitaréis la ayuda del equipo y juntos trazaréis un plan de lo más complejo para atrapar al topo del CBI que está ayudando al asesino desde dentro. Cuando creáis que todo ha acabado y que el topo está localizado, Jane descubrirá que el verdadero topo os la ha jugado y sigue libre. El ayudante de John el Rojo no será Gale Bertram sino…bueno, eso quiero que lo veas tú misma Lisbon. Será un poco tarde y os pillará casi a ciegas.

Las imágenes empiezan a girar otra vez. Ella parece estar con Hightower y sus hijos en una especie de cabaña. Un lugar paradisíaco en las montañas, a las afueras. Están comiendo pizza y recogiendo después del almuerzo. Parece que ella es la vigilancia de su ex jefa y de los pequeños. De pronto suena el timbre, su teléfono también pero ella no lo oye, ha pasado por delante sin inmutarse. Coge el teléfono, es Jane. Pero antes de que él pueda decirle nada atiende a la puerta. Son Van Pelt y O'loughlin. Ella es su relevo. Lisbon se da la vuelta y atiende la llamada ahora. Es Patrick, puede oírle, parece alterado y no lo oye con claridad.

- ¿Jane eres tú?

- Lisbon. No es Bertram. O'loughlin, el topo es O'loughlin.

Ahora sí lo ha entendido, ambas lo han hecho. Lisbon parece impresionada, se da la vuelta y ahí está es él. El topo de John el Rojo está ahí ante sus narices. Es O'loughlin. ¡Qué hijo de puta! Se gira, pero antes de que pueda sacar su arma él ya ha sacado la suya. Un arma con silenciador y allí, ante la estupefacta mirada de Van Pelt, su prometido, el hombre al que cree amar, dispara a Lisbon en el pecho. Ella cae hacia atrás y queda boca abajo. Las dos mujeres que aún quedan en pie están anonadadas le miran y Van Pelt no para de preguntar "¿Por qué, Craig?". Dios, es tan inocente. Quizás no tanto. Antes de que él vuelva a disparar su arma Lisbon se levanta con dificultad y en un movimiento sumamente ágil para su condición lanza un objeto hacia Craig que pierde la concentración por segundos permitiendo que Madeleine y Grace vacíen sus cargadores sobre él. Cae al suelo entre estertores antes de fallecer finalmente. Sobre su cadáver Grace sigue preguntándose qué demonios pasa.

Todo es muy rápido y confuso. La voz de Jane resuena al otro lado del teléfono gritando su nombre con desespero. Grace Van Pelt y Hightower se encargan de llamar al 911. Se acerca hacia sí misma con vacilación. Le ha dado en el hombro pero está bien. Se alegra tanto de verse con vida. Ve cómo vuelve a coger el móvil agarrándose fuertemente la zona dañada por la bala. Le dice a su consultor que está herida pero bien, que O'loughlin ha muerto.

- Ves, a esto me refería. Nadie esperaba que fuera Craig O'loughlin, destacado miembro del FBI.

- Ya lo veo – casi no puede articular palabra. Se agolpan en su garganta, incapaces de salir claramente.

- Ahora Jane te está pidiendo que hagas algo. Debes coger el teléfono del topo y marcar la rellamada. Así él, allí donde está, observándole de cerca esperando la llamada de confirmación de que el tema está resuelto, será descubierto. Y eso es lo que pasa.

- ¿Quieres decir que ahora mismo Jane podría estar hablando cara a cara con John el Rojo, la persona a la que ansía matar desde hace 8 años?

OoOoO