Overlord – Choque de los mundos.

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Capítulo 3: Ainz Oawl Gown

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–De acuerdo al informe de Aura, sobre las áreas colindantes…aún no hemos tenido contacto con algún otro jugador de Ygdrassil. Ella aún está en proceso de expandir el área de acción de sus exploradores, hasta los grandes bosques cercanos a Nazarick. Nuestras patrullas aún siguen en campaña por alguna otra pista de posibles indicios. –La voz suave de la succubo Albedo, "la hija" de Tabula Smaradina; otros de los Seres Supremos que ayudaron a fundar el glorioso Gremio de Ainz Oawl Gown, se encontraba de pie a lado del escritorio personal en el estudio privado del último de los Supremos, y gobernante indiscutido de la gran Metro-Tumba de Nazarick; Ainz Oawl Gown…quien hasta hace una semana y aproximadamente, había sido un hombre de negocios de alguna firma japonesa, y que respondía al nombre de Satoru Susuki. Sin embargo, hoy por hoy aceptaba su nueva identidad con responsabilidad y cautela.

–Además, parece que la unidad de lanzadores mágicos, comandadas por ese hombre, Nigun era el comandante de esta orden de fuerzas de elite; nombrados como el manuscrito del Iluminado, y pertenecen a una facción denominada como la Teocracia Slane. –Albedo leyó parte del informe para posteriormente entregarlo al supremo Ainz, quien vio detenidamente el informe colocado en su escritorio.

–La teocracia Slane... –Ainz, se mostró interesado en la susodicha facción que había confrontado en las afueras de Villa Carne, al final de ese día que decidió intervenir para ayudar a los pobladores, expulsando a los caballeros de imperio de Baharuth. Como había sospechado, y como ahora lo confirmaba…la aparición de supuestamente dos facciones distintas en un mismo momento y lugar, fueron demasiado sospechosas y este informe terminaba dándole la razón. Aquellos supuestos caballeros de Baharuth, no eran más que impostores de parte de la Teocracia Slane, que intentaban un acto de incriminación. Algo que en el antiguo mundo reconocerían claramente como un acto de falsa bandera.

–Gobllins, Ogros, Argonians, Kajithas y Elfos entre otros similares. –Ainz listo. –Según los primeros informes, son una especie de facción que cree que la humanidad debería unirse contra las demás razas. Puede que por el momento sea peligroso entrar en contacto con ellos. Lo ideal sea mantenernos en bajo perfil, hasta que averigüemos mucho más sobre este nuevo mundo. –Ainz fue tajante con esta manda, confiaba en sus aliados y claro su encuentro con aquellos enemigos había demostrado lo fuerte que era en realidad para este mundo, sin embargo el conocimiento otorgaría una mejor forma de intervenir, por lo que aun inseguro de todas sus capacidades, Ainz prefería ser cauto. Este era un nuevo mundo y todo era desconocido. Y aún estaba la duda de ¿Qué había sucedido realmente con su persona? No como Ainz Oawl Gown, título que tomo por el gremio y del que se aseguraría, nadie de este mundo que no le conociera antes, lo identificara.

Pese a su desconocimiento del mundo y de sus secretos, Ainz y en alguna parte de su ser, Satoru Suzuki, estaba seguro que posiblemente algún otro jugador de Ygdrassil habría llegado aquí, entonces aun esperaba la posibilidad de que descubriese que había sucedido. Sin embargo…

– ¿Por ultimo…que haremos respecto a esa aldea humana? –Albedo cuestiono con sutileza.

–La aldea Carne es el único punto de apoyo que obtuvimos en términos amistosos. Evitemos crear una imagen negativa ante ellos. –Cuando Ainz decidió ir a ese lugar y aparecer ante el mundo, lo hizo con el fin de capturar a esos niños. Mas no entrometerse en ese conflicto, como termino haciéndolo, aunque al final de cuentas, obtuvo más de lo que esperaba; los aldeanos y sobre todo el alcalde le proporcionaron información más que suficiente para adelantar muchos meses de ventaja táctica, sin olvidar que había forjado una buena impresión y potencial alianza con el líder de una orden de caballería del reino de Restize. Lo que le permitió aún más información sobre la región donde se encontraban y las facciones que ahí vivían. Frente a todo esto y complementado con lo que obtuvo de los hombres de Nigun y de este mismo antes de matarle, compensaron más que suficiente su conocimiento de este nuevo mundo, por lo que al final no pudo considerarlo del todo una pérdida de tiempo.

–Por cierto, ya para finalizar… ¿Qué planes tiene para esas…inferiores crías que capturo? –Albedo distorsiono ligeramente su bello rostro en una mueca de molestia. Ainz le miro mientras pensaba como responderle. Ainz no era tonto, sabía muy bien que decir, se lo había dicho a si mismo muchas veces mientras había estado solo en su dormitorio. Sin embargo, ¿Que podría decirle a Albedo?

Como ya se había mencionado Ainz no era tonto. Solo que tampoco sabía que hacer o que decir…ciertamente en el sentido que explicase qué diablos había pasado.

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La respuesta era simple. En el viejo mundo, Ainz…o debería decir, Satoru Suzuki…había en algún momento de su niñez conocido o tenido su encuentro con la franquicia de pokemon, más precisamente su anime. Si bien su abuela odiaba aquellos animes de la prehistoria, su abuelo había sido un gran fan de la misma. Cosa que compartió con su padre y que a su vez en su momento compartió con él. Pese a que Satoru era un niño que pudo disfrutar de todos los medios de entretenimiento que la década de los 2100 y 2110 le pudieron proporcionar, ciertamente no pudo negarse a la dinámica de entretenimiento que ofrecía pokemon, pese a ser una franquicia que se fue al garete en la segunda década del siglo pasado, no pudo negar que mucho de este le gusto.

Seria necedad decir que Ainz no sabía quiénes eran ese grupo de chicos y quien era su líder. La sorpresa aquí vino de la siguiente forma. Pese a todas las más locas y desquiciadas posibilidades, Satoru nunca imagino que fuese a encontrarse a Satoshi Katsumoto y sus amigos en este nuevo mundo. Si tuviese rostro, Ainz tendría una mueca de incredulidad que Albedo podría haberse asustado, sin embargo, su actual aspecto le era perfectamente benéfico al permitirle omitir sus emociones a los demás. Pero…oh esto era asombroso. Ainz...es decir Satoru, había tenido en tan alta estima al protagonista de ese anime arcaico que ciertamente lo consideraba un héroe al lado de otros grandes de los animes de antaño y algunos más que surgieron posteriormente. Sin embargo, eso solo había sido un vestigio de su humanidad, y más precisamente de su niñez. Pero ahora…

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–Esos niños…eh descubierto algo muy importante como para dejarlo pasar…Albedo.

–Me pregunto qué importancia que merezca su atención podrían despertar esos odiosos humanos.

–Pueden no parecerlo Albedo pero…ciertamente estos humanos me resultan de interés…tengo una sospecha, sin embargo…me limitare a decirles de momento que los quiero tener para mi propio uso. –Se limitó a responder.

–Me disculpo por la intromisión. –Albedo ofreció sus disculpas.

–Estas perdonada Albedo. –Ainz le tranquilizo inmediatamente, sin embargo,…

–No soy digna de esas palabras…por favor. Úseme como y cuando a usted le plazca. –Ella se embeleso.

–Eh…Albedo…yo modifique tus opciones de personaje…entiende que eso no fue correcto.

– ¿Y es que hay algún problema…? –Respondió ella.

–Eh… –Ainz se detuvo en seco.

–Yo no le veo el problema.

–Pero modifique tus parámetros impuestos por Tabula.

–Tabula Smaradina le perdonara…estoy segura que lo hará…como lo haría un padre cuando su hija se casa.

–Eh… –Ainz cuestiono. Quizás divagando un poco en tomar en cuenta lo que decía Albedo, sin embargo, su charla se vio interrumpida cuando las puertas dobles de su estudio fueron abiertas de golpe. Provocando que los dos se separasen y a la vez fueran tomados por sorpresa, pese a la naturaleza heteromorfa de ambos.

– ¡Lord Ainz! –Shalltear Blood Fallen, la guardiana de los primeros tres pisos de la tumba de Nazarith, el Elder vampiro y npc más fuerte de la tumba de Nazarith, solo por debajo de Albedo. –Lord Ainz! –Por increíble que parezca, la joven Shalltear venia corriendo y se mostraba totalmente afligida cual magdalena, mezcla de pánico y shock algo raro en ella quien por norma mostraba una actitud traviesilla y juguetona. La chica clavo las manos de golpe mientras encaro de golpe a Ainz sama mostrando su rostro muy alterada con sus bellos ojos de color rubí totalmente llorosos.

–¿Shalltear…que rayos crees que haces? –Le dijo Albedo mientras estrujaba sus puños y totalmente encabronada por haber sido interrumpida de su encuentro amoroso con Ainz-sama.

–Espera Albedo…deja que me encargue de esto. –Dijo Ainz mientras levantaba la mano hacia la supervisora Albedo, posteriormente volvió su atención a Sahlltear que por como mostraba su rostro lloroso y casi moquiento, parecía como si hubiese hecho alguna ofensa mayúscula, decidió cuestionarle. –¿Que sucede Shalltear? –Le pregunto con voz neutra. Esperando no fuese algo que esperaba.

–¡Lord Ainz…! ¡Por favor! ¡Perdóneme...por favor perdóneme! –La pobre chica estaba llorando sumamente afligida. –Quiero que me perdone…por favor… –Definitivamente algo había pasado.

–Tranquilízate por favor Shalltear. –Ainz levanto sus manos para controlar a la chica desesperada, todo esto a vista de una albedo totalmente enojada que solo podía morderse el labio de coraje reprimido.

–Lord Ainz…ha…ha sucedido algo… –Al escuchar dichas palabras Ainz ya supo que todo había valido ma-

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El reconocido cuarto del placer, ubicado en la zona principal del tercer piso de la tumba de Nazarith, era el recinto en el que Shalltear usualmente pasaba tiempo de calidad con su harem de novias vampiras. Estas llegaban a un número no menor de cien novias. Siendo originalmente npcs generados automáticamente por medio del motor del juego y claro las reglas con las cuales se regía este nivel. Aunque claro, en base al tipo de batalla que desarrollaba su ama. Shalltear Blood Fallen quien era el Elder vampiro de este sequito.

Debido a la cuestión de que todo esto se había establecido antes de la llegada de Nazarith a este nuevo mundo, sencillamente las reglas habían cambiado y Shalltear al ser el ama y señora de estos dominios tenía habilidad de crear novias a voluntad propia. Sin embargo, por ahora no había necesidad de crear más novias de las cien que ya tenía, usualmente le había dado el gusto por devorar a alguna, en parte por el largo tiempo que había transcurrido desde la última invasión al gremio y la ausencia de presas que degustar. Sin embargo sus ansias caníbales se vieron disminuidas cuando su amo y señor, el ser supremo ahora autonombrado como el mismo gremio…Ainz Oawl Gown le había encomendado una sencilla tarea.

Su excelencia había traído capturas frescas, venidas de este nuevo mundo así que ni a la espera se encontraba, cuando su amo en persona le entrego seis suculentas presas, entregadas de mano de Cocytus, y habrían sido una gran ofrenda, si no fuese porque Cocytus remarco por órdenes de su amo, que aquellos humanos críos, no eran un regalo sino una encomienda para adiestrar en la ideología de servir al supremo.

Shalltear, que en general no se interesaba en temas así, lo considero extraño, pero no negó ni un segundo en acatar esa encomienda. Claro que esto venia de la mano de la ya solicitada tortura requería para evangelizar a los potenciales nuevos esbirros o peones esclavos de Nazarith. Algo que le gusto, pues si el plan de su amo funcionaba y ella le entregaba buenas noticias, entonces a posteriori, le serian traídos nuevos prospectos para evangelizar y ella podría cobrarse el pago de uno o dos para su gusto.

Cuando Shalltear recapacito en esto, pudo ver a su alrededor nuevamente. Ella se encontraba vestida solo con un corset y un encaje que le permitía mostrar gran parte de su cuerpo y piel pálida, mientras se sostenía sobre nadie más que el azabache que había hipnotizado, claramente postrado boca arriba, con las piernas extendidas y los brazos abiertos casi en forma de cruz, mientras ella se había posado a fin de poder menear sus caderas sobre la entrepierna del chico quien seguía vestido.

Shalltear que se encontraba encima de Satoshi, se estaba masturbando mientras observaba lo que sucedía a su alrededor. Aquel otro joven que había sido tomado por sus novias estaba siendo apaleado ligeramente por medio de sus pisotones mientras el pobre chico, intentaba levantarse, solo para ser re-machacado por acción de los pies de aquellas jóvenes vampiras.

Por el lado de aquellas jóvenes, estaba siendo sometidas por otras de las novias, mientras que les mantenían acostadas en derredor de aquel circulo, sujetadas al suelo mientras paños húmedos eran atados a sus rostros de forma ajustada, y entonces sus caras fueron cubiertas por medio de paños remojados por chorros de agua, que era vertida encima de forma pausada y por momentos sofocaba a las jóvenes mientras intentaban en vano respirar, siendo el agua lo único que recibían.

Shalltear apretó más sus caderas mientras seguía su masturbación pasiva y en ese momento escucho los tremendos gritos de las ultimas victima; las niñas pequeñas, entonces pudo oír claramente como los llantos volvían a convertirse en risas mientras la chiquillas que estaban amarradas a una suerte de asientos de mármol, eran nuevamente sometidas a un arsenal de plumas y demás instrumentos que eran frotados contra sus plantas, cuellos barrigas, y debajo de sus brazos, arrancándoles risas y carcajadas que las sofocaban a momentos y había entumecido sus abdómenes de tanta risa provocada por parte de las novias que igualmente divertidas saboreaban la dulce piel de sus presas. Obviamente ninguna de ellas recibió la orden de devorar a las humanas pero eso no impedía sonreír predatoriamente mientras dejaban volar su imaginación.

Entre las risas de las niñas, los gemidos de ahogo de las jóvenes, y los quejidos de dolor por el chico rubio mientras era pisoteado por los desnudos pies de sus novias, Shalltear no pudo evitar caer en frenesí mientras el orgasmo se aproximaba, todo su pecho aun debajo del corset y sintiendo los primeros espasmos del mismo, no pudo evitar que el coro de las risas y gemidos le ganase el juicio.

Finalmente Shalltear en un arranque de clímax tenso sus piernas mientras las arrojaba firmes hacia el frente suyo. Dejando caer sus tobillos sobre algo que al escuchar su impacto crujió como algo firme que se rompe.

Shalltear detuvo en seco su clímax cuando abrió sus ojos de golpe, sumado esto con el hecho de sentir inmediatamente algo húmedo manchar los talones de sus pies. En ese momento la vampira anciana en título no edad, volvió su vista hacia abajo…y sintió el verdadero terror.

–¡Hiaaaahhhhhhh! –El grito imprevisto de su ama, provoco un coro de malas fortunas. Pues las novias encargadas de propinar pisotones al chico presionaron con más fuerza de la debida provocando estruendoso crujir en alguna zona debajo de sus cinturas mientras ellas abrieran sus ojos en clara señal de sorpresa. Solo las chicas habían sido dejadas libres mientras sus verdugos detuvieron su actuar. Obviamente algo había sucedido.

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Ainz levanto la sábana blanca mientras miraba el rostro aplastado del cuerpo inerte que había quedado ahí. No podía hacer nada. El azabache estaba muerto. Y la suerte no le había sido igual a su colega varón. Ambos cuerpos estaban en el estudio de Ainz, no muy lejos del salón del trono, mientras las féminas habían sido encadenadas y puestas de rodillas mientras lienzos negros cubrían sus ojos y oídos reduciendo su oído y limitando su vista. Junto a ellas, dos novias vampiras custodiándoles y lejos de todas ellas, Shalltear arrodillada pidiendo perdón a su amo.

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–Por favor Lord Ainz, perdóneme, perdóneme…no era mi intensión, de verdad…yo solo yo solo…

–Tu solo eres una inútil Shalltear. –Replico Albedo. – ¿Cómo se te ocurre hacer semejante tontería? –En cierto modo Albedo no le importaba que los dos humanos habían muerto, de hecho se había maravillado de que Shalltear no les matase a todos, pero al fin y al cabo tuvo que estropearlo como solía hacerlo siempre.

–Descuida Albedo. –Ainz intervino. –Lo hecho, hecho esta, y no creo que el caso requiera una reprimiendo mayúscula a Shalltear. –Finalmente el Overlord exclamo a ambas chicas y a las mencionadas siervas de batalla pléyades, que por curioso que pareciera se encontraban reunidas ahí. –En todo caso esto abre una posibilidad para poner a prueba ciertos experimentos. –Ainz termino de decir esto, mientras abría una especie de portal del tamaño de una mochila que podría considerarse una dimensión de bolsillo, donde metió su mano y esculco un poco antes de obtener una especie de cetro o barra coronada con una gema de color azul celeste de dotes metálicos resplandecientes.

–Ainz sama. –Albedo cuestiono. –¿Qué es eso?

–Una varita de la resurrección…revivirá a ambos chicos una vez lo haya usado sobre él. –Ainz explico brevemente el uso de su ítem, mientras se enfocaba a probar primero con uno de los chicos, él quería ponerla a prueba sobre Ash sin embargo, sabía que esta magia y el ítem en sí, era algo experimental y sus efectos no serían del todo seguros. Así que sin medir más decidió usarla sobre Clemont primero.

Al momento de levantar la sabana que cubría al rubio noto los daños provocados por las novias de Shalltear, era increíble que un simple humano pudiese aguantar tanto castigo, sin embargo debía de recordar que estos humanos habitaban un mundo lleno de criaturas tremendamente poderosas como peligrosas, y de hecho había llegado a la conclusión de que la única forma de sobrevivirles, era si uno resultaba ser tremendamente fuerte y resistente, cosa que seguro notaria tanto en este joven como el azabache.

Bueno pidiéndole permiso al ahora y de momento finado Clemont, Ainz uso su item. Acto seguido al notar que el efecto no provoco la desintegración del chico sino lo que debió de ocurrir, es decir…un resplandor azulino, Ainz procedió tranquilamente usar su efecto sobre el azabache.

–Albedo…

–Si Ainz sama…

–Por favor lleva a las humanas a la sala del trono. –Demando.

–Si Ainz sama. Pero…que hacemos con Shalltear. –Cuestiono vacilante.

–Un paso a la vez Albedo. Ya pensare en algo para ella. –Ainz estaba molesto con Shalltear…ahora mismo ese enojo había disminuido y ciertamente poco a poco se disipaba. Después de todo había conseguido salvar a su héroe de infancia y a su amigo. Y bueno, solo le quedaba que al despertar, formalizaran presentaciones…el junto a todas sus compañeras. Y una vez hecho el arreglo, se convirtiesen en sus aliados y porque no decirlo; sus mascotas.

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Ciertamente Ainz tenía planes de incursionar en este mundo, pero manteniendo bajo perfil. Tras haber recabado información suficiente en estos días entendió que tarde o temprano iba a necesitar una forma de adentrarse en la sociedad de este mundo conocer sus grupos y facciones para usarles a su favor y solo podría ser posible, si lo hacía desde adentro, tenía pensado actuar bajo (disfraces). Algo que resultaba difícil en primera instancia, debido a que todo el gremio de Ainz Oawl Gown era compuesto por no humanos en su totalidad. ¿Qué hacer entonces?

A su ayuda había llegado algo que no intuyo nunca. Tener a Satoshi Katsumoto y sus colegas resulto una sorpresa sin igual. Pero en todo caso…este evento le prestaba una gran oportunidad. Sometería a sus héroes de infancia para convertirlos en sus esclavos o bien siervos, a quienes usaría a posteriori para comenzar a explorar este nuevo mundo.

El los sometería a su yugo, y sabía lo suficiente para lograrlo.

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–Dime tu nombre. –Ainz Oawl Gown se hallaba sentado en el trono de la gran tumba de Nazarith, a su lado se encontraba Albedo cual supervisora de los guardianes de pie y con las manos al frente en pose de noble, a lado derecho y mucho más cerca de lo normal, estaban tato Shalltear, Mare, Aura, Así como Cocytus y Demiurge quienes al igual que Sebas y las Pleyades estaban presentes para ser testigos de lo que ahí se presentaba. Este sería un día glorioso para Nazarith y para Ainz Oawl Gown.

–Serena…Serena Yvone Gabena. –Obviamente Ainz conocía a la perfección su nombre. –Por favor, tenga misericordia nuestra. –La joven pelimiel nunca levanto la vista solo permaneció ahí arrodillada y temblando, la vista de Ainz nunca le traicionaba. En algún momento de su infancia, considero que las compañeras de Satoshi eran ciertamente…niñas bonitas quizá más bonitas que cualquier idol o modelo juvenil que pudiera existir, se vio tentado a por una vez en su existencia, a tocar la piel de la chica.

Serena que temía ante la presencia de aquel ser sobrenatural, sin embargo nada le preparo para el tanto frio que toco su piel. Ella lanzo un suspiro o un grito suprimido mientras abría los ojos con tal ahínco que casi juraba se saldrían de sus cuencas. Entonces meneo ligeramente la cabeza para ver la huesuda mano gigante cuyos falanges afilados cual garras de bestia, tocaban sutilmente su piel desnuda en la zona de su hombro.

Ainz la sintió, pese al hecho de ser solo hueso, podía sentir la finura de la piel que poseía Serena. Antes de haber hecho contacto en primer lugar, Ainz había anulado todas sus habilidades pasivas a fin de que su toque con la chica le evitase sufrir algún efecto negativo, pero aun así, pudo notar el tremendo susto y el gélido tacto que estaba propiciándole. Aun así quiso tocar su piel y su cabello, fantaseada despierto, pese al hecho de que en si su libido ya no era una reacción natural

Sin embargo aun con Albedo y Shalltear así como las Pléyades y las cuarenta un sirvientas de Nazarih, había suficientes mujeres hermosas con las cuales él podría desfogar toda su fascinación se permitió hacer esto con la joven chica a su merced.

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–¿Misericordia…? Pides mucho viniendo de mi parte, Serena Yvonne. –Ainz dijo esto con sobreactuado marcar. –Las cosas no vienen gratis ni por si solas. –Rompió el encuentro visual que ambos tuvieron por breves instantes para luego caminar a su alrededor, cual predador al asecho. Ainz había sido listo, sabía que en cierto modo sin la presencia de Satoshi o de Clemont y Serena seria la líder del grupo en esta situación, aunque ciertamente lo que sucediese con las dos chicas que había capturado en conjunto no le había interesado del todo. A decir verdad en un principio pensó en liberarles para que volviesen a villa carne, una vez hubo establecido su alianza con ella. Sin embargo, ahora que estaban aquí, debía de pensar en otro uso para ellas. Lo importante era que tenía a Serena, la líder del grupo para negociar los términos de rendición y sumisión total. Ainz debía de emplear todo su talento tomando el rol que le correspondía como el ser supremo y someter a la humana con los términos fijos sin divagaciones.

–¿Que podría ofrecer yo a cambio de pedirle no lastimarnos? Nosotras solo queremos saber porque hemos terminado aquí. –Serena mostraba una mirada triste, lagrimas amenazaban con desbordarse, pero el miedo de enfrentar a esa existencia imponente…ciertamente ni ella misma sabia como lograba sostenerse aun.

–No. Eso no es todo lo que quieres…Serena. –Ainz se detuvo mientras la veía de rodillas adoptando una actitud de poderío, de hecho, había dado un rodeo completo para enfrentarle desde su flanco izquierdo.

–¿Cómo sabe eso? – Pregunto sorprendida la chica y aun así, manteniendo su postura gacha. A sus espaldas, y a un par de pasos, Enri y las pequeñas estaban en condiciones similares muy afligidas, después de todo…habían visto morir a los únicos hombres del grupo y a criterio de Enri, ellas no tenían ya ningún protector, por lo que simplemente podían intuir la inminente tragedia que arribaba a sus vidas. ¿Cómo podría otra joven como ella fijar un pacto? Y con eminencias de ese nivel…monstruos, sencillamente estaban condenadas.

–Sé muchas cosas sobre ti Serena, de ti y de tus allegados. Pero creo que la mejor forma de convencerte de ello, es quizá…que te diga cuál es tu mayor secreto. –Con esto pudo notar como el rostro de la pelimiel, cambiaba lentamente a una expresión de espanto y luego a una de terror y comprensión, pues una vez ella entendió a qué iba el supremo, Ainz esbozo una sonrisa pesar que externamente su rostro no cambiaba para nada y seguía mantenido ese gesto intimidante de una calavera amenazadora.

–No…no lo sabe. Usted no puede… –La pobre chica casi se asustó al punto de echarse para atrás.

–¿Saber? Saber que amas perdidamente a tu amigo de la infancia, Satoshi Katsumoto. A quien lamentablemente una de mis más preciadas guardianas acaba de asesinar. –Ainz sintió algo extraño en su interior, quizá arrepentimiento, pues haber traído de vuelta la evidencia de lo que ocurrió con Shalltear, de cómo su Satoshi había muerto y junto con él Clemont, provoco que la pelimiel una vez superado su shock, comenzase a llorar amargamente. Sin embargo antes de que se perdiese el momento oportuno, Ainz intervino nuevamente.

–No tienes por qué llorar Serena Yvonne. Pues ante ti tienes la oportunidad de tu vida, el milagro que traerá a tu amado Satoshi de vuelta a la vida. –Ainz se inclinó la mirarla de nueva cuenta esperando su respuesta. Efectivamente, Serena interrumpió casi en un segundo sopesar para dirigir su atención ahora con ánimos de esperanza.

–¿De…de verdad puede hacerlo? –En un cambio abrupto de la situación. Serena ahora estaba mirando atentamente al saupremo este ahora de espaldas.

–Soy el amo y señor de la muerte Serena Yvonne, para mí…la muerte solo es otro estado del ser. Así que puedo revivir a Satoshi…y claro está a su amigo Clemont. Pero claro…todo será bajo un precio. –Aquí es donde Ainz tenía que poner la oferta y esperar a que ella mordiese el anzuelo.

–¿Que…que es lo que desea? Hare todo lo que usted pida… ¡Me convertiré en su esclava de ser necesario! –Esto era algo que en si no se esperaba. –Solo dígame que es lo que desea...de mí su fiel esclava. –Ok esto ya iba en serio. En el interior de la cabeza de Ainz, la presencia de Satoru Suzuki estaba en shcok. ¿De verdad estimaba tanto al chico como para apostar a lo grande? – …mi…mi –Serena enrojecido mientras desviaba la mirada del monstruo ante ella. –¿Mi cuerpo? –Definitivamente la chica iba demasiado lejos.

Si Ainz tuviese ojos en la nuca pudo ver como Albedo y Shalltear, ambas por su lado rompieron sus posturas refinadas para mostrar sus fases y miradas asesinas que solo por protocolo suprimían sus ganas locas de hacer pedazos a esa insignificante humana, que intentaba arrebatarles a su preciado amo y señor. Obviamente como Ainz había dejado la orden tajante de mantener el porte, ambas parecían más fieras enjauladas o estatuas, intentando volver a la vida rompiendo sus cadenas opresoras.

Obviamente, la respuesta también tomó por sorpresa a Ainz, quien realmente no esperaba esto. Y de haber sido alguien más lo habría tomado sin embargo aun siendo el Overlord de la tumba de Nazarith y aun siendo Suzuki Satoru, la idea de tocarla nunca llego a concebirse, de todas formas, el que quisiera hacerlos sus lacayos o siervos no implicaba quererlos o en este caso, desearle en ese sentido. Finalmente y tras haber superado su shock Ainz compuso su porte y tras toser ligeramente, se levantó para darle más fuerza a sus palabras.

–No…eso no será necesario. A cambio…deseo algo más. –En ese momento, Ainz dio otro rodeo en torno a Serena mientras en una de sus manos sostenía el auténtico báculo de Ainz Oawl Gown el cual, hacía sonar contra el suelo mientras seguía sus pasos. –Más sin embargo, anhelo algo más. Si…Quiero sumisión. Traeré de vuelta la vida a Satoshi y Clemont, poniéndoles un hechizo especial durante su resurrección. De este modo, si llego a enterarme de que me han traicionado, o intentan escapar a su nuevo destino…los hare morir ante sus ojos. –Ainz dijo estas palabras mientras encaro a Serena apareciendo desde su espalda. Mostrándole su puño, el cual aplasto dando a entender lo que haría con su amado Satoshi y su amigo Clemont. Serena solo pudo mirar aterrada las garras de Ainz, recordando como había visto sangre en aquellas falanges que arrebataron una vida frente suyo, cuando le vieron por vez primera.

–¿Entonces…que es lo que desea de nosotros? –Serena tuvo valor de responder.

–Sumisión ante mi persona, querida Serena. Su adopción por parte de mi amada Nazarith…su adición a mi gran gremio. –Dijo a simple actuar. –El milagro sigue ahí Serena Yvonne. Pero no será algo que siga eternamente….así que toma tu decisión; Serena Yvonne Gabena. –Ainz camino hacia el frente suyo y se detuvo a medio camino de su trono. –No hagan nada pese su elección. –Mascullo esto a sus seguidores.

Serena medito estas palabras por apenas un minuto. Entonces, ella sin más que reflexionar…entrego su libertad y la de Bonnie y las hermanas Emout, con tal de ver su sueño hecho realidad. Satoshi y Clemont nunca sabrían del trato que su amiga haría con el supremo de Nazarih. Alguien que a posteriori aprenderían a recitar cual plegaría: Ainz Oawl Gown…el rey inmortal.

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Continuara.

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Bueno querido lectores como verán estamos de vuelta con actualización. Lamentablemente es todo lo que puedo ofrecer al momento. Más que nada porque me encuentro en medio de pruebas para ingreso en ciertos proyectos de importancia que no puedo perder oportunidad. Así pues. Les ofrezco esta continuación bastante modificada para cumplir ciertas expectativas.

Gracias a mi amigo y lector betha "Lector Luigi" logramos confeccionar este capítulo con el objetivo de mostrar el encuentro que tuvieron Satoshi y su grupo (algunos supongo se dieron cuenta ya de que cambie el nombre de Satoshi a Ash y viceversa, un error de escritura para aumentar la velocidad de esta.) con Shalltear Blood Fallen y su harem de vampiras. Que debo añadir, les dieron una suerte de torturas variadas. A principio pensábamos usar unas técnicas más brutales y sanguinarias sin embargo la idea y petición de varios de omitir o no mencionar o enfocar el caso de las pequeñas pues decidimos darle algo más suave por así decirlo.

Ahora a ver qué sucede con el grupo de Satoshi y sus amigos así como las hermanas Emout al haber Serena fijado su sumisión total ante el ser supremo y gobernante de la gran tumba de Nazarith; Ainz Oawl Gown. Pero eso será en otro capitulo

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Este es Metal Warrion diciéndoles como siempre.

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Manténganse firmes.

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Previusly – Overlord: Choque de los mundos

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–¿Eh…que…que esta pasando…? –Satoshi abrió sus ojos mientras miraba perdidamente a todos lados pero con sus movimientos lentos.

–Extraño…no recuerdo que tuviese los ojos carmesíes…un momento… –Ainz se llevó la mano a la barbilla mientras estaba en medio de ambas mesas. –Esos son… ¿Colmillos? –Dijo mirando los labios de Satoshi abrirse con anterior gesto desvelando dos afilados colmillos.

–¿Hug…? –Clemont abrió sus ojos con pesadez, llamando la atención de Ainz quien volvió la vista, solo para ver como de encima de los cabellos rubios del chico rebotaban dos orejas caninas de color rubio como sus cabellos y que con movimientos inconscientes sacudieron una vez más, dejando absorto al pobre de Ainz.

–¿Que rayos? –Definitivamente Ainz necesitaba releer las instrucciones de esa varita de la resurrección.