El Gran Duque Montesco estaba en su oficina, con la mirada perdida en el vitral, estaba meditando sobre Julieta. Con esa cara de inocente y la mirada tan tierna era perfectamente natural que alguien tan ingenuo como Romeo hubiera caído en sus garras.

Lo bueno era que muy pronto se desharía de ella, esa muchacha ya no era un problema para él. Tal vez Romeo lo odiaría al principio, pero luego vería la verdad, que era simplemente una artimaña para arrebatarles su lugar en Neo Verona, que los había alejado por su propio bien. Además, ya Hermione, que era una muchacha adecuada, se encargaría de borrar por completo a la Capuleto de la memoria de su hijo.

Tocaron la puerta.

–Adelante –llamó él sin voltear.

–señor, no es que abogue por la vida de la jovencita Capuleto ni nada por el estilo… pero pensaba yo que en estos últimos días estuvo demasiado tiempo a solas con su hijo –comentó el jefe de los Carabinieri acercándose al escritorio.

–ya lo sé ¿Cuál es tu punto? –preguntó Montesco fríamente.

–que son jovencitos, durante ese tiempo pudo pasar lo que sea y no dudo un segundo que esa jovencita haya usado cualquier método para seducir al lord Romeo –contestó el hombre.

–usted sabe que todo es factible en estos casos. Pienso que sería bueno hacerla examinar por un médico… si está intacta que muera lo antes posible –continuó él. Montesco le lanzó una mirada interrogante.

–si no es virgen, démosle dos meses de vida, tal vez uno sea suficiente para saber si está preñada. Si lo está una buena partera podrá ubicar el tiempo de concepción –siguió el hombre.

–Continúa –ordenó Montesco, entendiendo hacia dónde se dirigía la plática.

–si ese tiempo está entre los días que estuvieron juntos, significa que el niño lleva la sangre de lord Romeo y por extensión, la suya. Si no coincide, que muera y en ese caso la responsabilidad es mía, pero si sí… pienso que podría mandarla al convento hasta que dé a luz, con una guardia por supuesto, por que en un calabozo lo más probable es que pierda a la criatura –dijo el hombre.

–si es mujer que crezca para monja bajo los cuidados de Lady Portia, pero si es hombre que se le traiga al castillo, en ambos casos lo mejor sería que después del parto se ejecute a la madre. Los que son fieles a Capuleto no atacarán al hijo de su líder. Dejar que sea un secreto a voces que el niño es de la Capuleto y que formalmente se le presente como hijo de Lady Hermione. En ese caso tendría que celebrarse la boda a más tardar en una semana. A mí parecer podría ser una buena idea… pero lo más importante es ¿Que opina usted? –terminó el hombre con una inclinación.

–lo que estás diciendo es que esta es una oportunidad para conseguir un heredero y calmar a los aliados de Capuleto de un golpe, suena interesante. Te tengo una mejor, ellos nunca atacarían a su propio líder así que ¿Por qué mejor no casamos a la muchacha con Romeo? Así todos estarán felices ¿no? –comentó Montesco con una falsa alegría

–señor, yo no tenía ninguna intención de ofenderlo –se disculpó el capitán rápidamente

–si no quieres ofenderme ¡entonces deja de decir tonterías! En primer lugar, yo jamás permitiré que uno de mis herederos sea concebido por una Capuleto, en segundo lugar, tanto si está preñada como si no, es una enemiga de Neo Verona y merece morir pasado mañana, como ordené, y en tercer lugar, ni Lady Hermione ni su familia estarían de acuerdo en hacer pasar a ese engendro por su hijo… creo que ni siquiera Romeo aceptaría eso. Así que deja de rebuznar tus tonterías, y regresa a tu puesto, lo que propones es tan bueno como la idea de entregarle a esa bruja el trono casándola con mi hijo –le dijo Montesco con una mirada asesina y el hombre comenzó a retroceder hasta llegar hasta la puerta y salir corriendo al pasillo.

"mi nieto hijo de esa mocosa… imposible, además, nada garantiza que el niño sea efectivamente de Romeo, ese iluso hijo mío ¡tiene que aprender la lección!" pensó él regresando su vista al vitral.

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Horas más tarde

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El Gran Duque Montesco estaba frente a la guardiana de Escalus.

– ¿que hacía esa aquí? –preguntó él

–el árbol la reclama… ahora que dará una vida nueva y la sucesión está asegurada debe cumplir en cuanto pueda –contestó ella.

– ¿quieres decir que está preñada? Supongo que sabes que el niño no es de Romeo si estás tan segura de que va a ser madre –replicó Montesco.

–el niño es de Romeo, y ella tiene poco más de tres días con la criatura en su vientre, Escalus lo sabe absolutamente todo… quiere a la Capuleto lo antes posible, en cuanto dé a luz, si es posible ese mismo día –le dijo ella y regresó si mirada al árbol.

–Ella morirá en la hoguera como ordené, ya Romeo tendrá otros hijos que ofrecer a Escalus –replicó él.

–el árbol ha tomado una decisión, o Julieta o nadie, una vez que haya dado a luz a su hija, ella deberá ofrecerse al árbol –terminó ella y se alejó de él.

– ¿una hija? Hasta para eso tenían que fallar ese par… ni ella pudo concebir un varón ni él engendrarlo –masculló el hombre mientras regresaba a la parte superior del palacio.

Recordó la sugerencia del capitán, tal vez hubiera sido buena idea tomarla… no, eso no servía, además ¿para qué quería cerca de él a la nieta del hombre que había destronado hacía catorce años? Esa criatura podría quedarse para monja o ser acomodada como dama de compañía de alguna dama de la nobleza y él podría olvidarse que alguna vez existió.

Pero Romeo… si él se llegaba a enterar de que Julieta estaba de encargo sería capaz de hacer cualquier cosa. Él no permitiría que tuvieran encerrada a su criatura en un convento o al lado de alguna anciana… eso era algo malo, si la dejaban en el palacio cualquiera podría usarla para escalar en el poder o usarla para intentar vengarse de él, no era que le fuera a afectar mucho la pérdida de la chica, pero sí sería ligeramente inconveniente.

Lo mejor era buscar a la Capuleto y ejecutarla con o sin bebé, si para cuando la capturaran el embarazo estaba demasiado avanzado la dejaría dar a luz y luego se desharía del bebé, alguien de entre los plebeyos estaría dispuesto a recibir a la criatura y si no… bueno, todos los días caían niños anónimos en el orfanato. Y respecto a Julieta, sería ejecutada el mismo día del parto.

"además han pasado tres días, no pueden saber si efectivamente está encinta, debe ser alguna alucinación de esta loca… y si de hecho lo está es casi seguro que no pertenece a mi familia" pensó Montesco y desechó la idea del bebé su cabeza.