Disclaimers: Naruto no es mío, todas las referencias a la obra y los personajes pertenecen a la editorial Shueisha a Masashi Kishimoto y a las diferentes compañías y editoriales que comparten los derechos. El contenido original, que algo habrá, si puede ser considerado mío, (pero no me hace salir de pobre).
Este capi está dedicado a mi beta, gossa, que está de exámenes la pobre y ha encontrado un hueco en esa locura para pelearse con comas, puntos y palabras inventadas por el Word.
Viento y fuego IV
Los sirvientes hacía tiempo que habían encendido las luces en torno a la casa. Su brillo dibujando formas extrañas en aquellos lugares dónde se difuminaba en medio de la oscuridad. Sobre el cielo nocturno, la luz de la luna luchaba contra las oscuras nubes que interrumpían su paso, los rayos de plata reverberando suavemente antes de desaparecer, sumiéndolo todo nuevamente en las sombras.
En esas ocasiones, la luz iluminaba los contornos de una amplia habitación y a su dormido ocupante, que permanecía ajeno a la suave batalla de luces y sombras. Su dorado cuerpo, de esbeltos y firmes contornos yacía en un amplio futón, las sábanas hacía tiempo relegadas a un enmarañado bulto a los pies del mismo. La cálida piel de Naruto perlada por el sudor, que humedecía los rubios y alborotados cabellos.
El hermoso rostro, cuya encantadora e infantil redondez iba dejando rápido paso a las definidas líneas de la belleza adulta, se encontraba fruncido en un gesto de concentración, mientras su mente se adentraba, cada vez más, en las nieblas del sueño.
Sus pies se deslizaban descalzos por las aguas ya conocidas de su inconsciente, pero esta vez algo era distinto. Eran cálidas bajo sus plantas, cálidas como las aguas de los riachuelos bajo el sol de verano y del mismo líquido color. Las áridas texturas de este oscuro lugar de su alma, que una vez le habían llenado de preocupada inquietud ahora suscitaban en él una extraña alegría; hecha de campos que despertaban, de plantas brotando, de animales escuchando el instinto de la vida...de todo aquello que vuelve a nacer tras un sueño oscuro.
Su rostro se alzó en el sueño, buscando la familiar jaula que encerraba a su demonio particular, sólo para encontrarla vacía, sin rastro de la salvaje presencia que debía de encontrarse allí encerrada.
Cada uno de sus sentidos en alerta, el joven ninja se volvió para buscar al kyuubi, preparándose para enfrentarse a un ataque repentino de la criatura. En su mano, conjurado por su mente, se deslizó el acostumbrado peso del kunai, mientras su cuerpo, enfundado en el ceñido uniforme de los anbu, se tensaba ante el presentido peligro.
Lentamente, una pálida niebla comenzó a surgir de las aguas, en el punto donde estas salían de la jaula, sus etéreos contornos definiéndose para dar forma a una criatura que Naruto sólo conocía por leyendas susurradas en la noche, por canciones entonadas a la luz del fuego.
Una cascada de ardientes cabellos se deslizaba por la espalda de finamente dibujados músculos, apenas disimulados por la suave calidad del tejido que se disponía en reveladores pliegues en torno al alto y bien proporcionado cuerpo. De entre la cobriza cabellera surgían dos juguetonas orejas de zorro, su pelaje ligeramente más oscuro que el del cabello, a juego con el de la cola que se agitaba inquieta y que, en ciertos momentos, parecía dividirse, para luego recuperar su forma inicial.
En el rostro, de una ambigua y andrógina belleza, destacaban dos almendrados ojos, ojos rojos, que hablaban de una sabiduría y un poder más allá de lo que la mente del joven ninja hubiese podido concebir. Y Naruto supo que estaba ante la forma semihumana del kyuubi, el kitsune de las leyendas, la tentadora criatura que seducía a los hombres para engañarlos y conducirlos a su muerte.
- ¿De verdad aún dicen eso de mí?- la musical voz de la criatura se elevó sobresaltando a Naruto – Pensaba que esos cuentos habían desaparecido hace mucho.
- No te muevas, zorro – replicó Naruto, su mano deslizándose hacia la empuñadura del kunai con toda la intención de lanzarlo para luego atacarlo – .No sé cómo has salido de la jaula pero tu paseo no va a durar mucho.
- Oh, vamos – replicó el Kyuubi con evidente humor en su voz, los labios de su bien formada boca dibujando una suave sonrisa que revelaba un par de extraordinariamente afilados caninos- no tienes poder para ello y lo sabes – la sonrisa se hizo más amplia- Antes de que realices el ataque que tienes pensado te encontraras con tu hermoso trasero en tierra. Aún tengo poder para ello.
Haciendo caso omiso de las palabras de la criatura, Naruto lanzó el kunai, reforzado con su chackra al tiempo que, con inhumana velocidad, dirigía su cuerpo contra el kitsune.
Un ser humano normal apenas si hubiese visto un borrón, entre el primer momento, en que Naruto había iniciado su ataque, y el segundo, cuando su pierna sesgó el aire buscando el rostro del kyuubi. Sólo para encontrarse con el vacío.
Unos pocos metros más allá, se encontraba el zorro, con la misma divertida expresión que Naruto había intentado borrar de su cara y sin la más mínima indicación de que esquivar el ataque del ninja le hubiese supuesto el menor de los esfuerzos.
No habían tocado sus pies el suelo, cuando ya el rubio iniciaba de nuevo su ataque; una serie de golpes enlazados, llenos de gracia y poder, una sensual y mortal danza aprendida en los duros años de su entrenamiento, que habían pulido su cuerpo y su alma, transformándolos en la fina arma que ahora eran.
Todo en vano; si él era rápido, el Kyuubi lo era diez veces más, esquivando sus ataques con absoluta facilidad, y siempre con esa sonrisa, entre feral y divertida, que comenzaba a exasperar al hermoso shinobi.
- Estate quieto de una vez, cabrón – maldijo Naruto entre dientes.- Deja de huir de una vez, por lo menos ataca.
- ¿ Y por qué habría de hacerlo? – un grácil salto y el kitsune se alejo de nuevo- Tú solo te estás agotando. Además, no tengo ningún interés en luchar contigo. Así que, tal vez si te cansas lo suficiente podamos mantener cierta conversación pendiente. Después de todo, esa es la razón por la que te he convocado.
- ¿ Qué? - replico Naruto, deteniendo su ataque-. ¿ Una conversación¿ Contigo?
- Yo no veo a nadie más por aquí – el Kyuubi se acercó al shinobi hasta que sus cuerpos quedaron separados por unos meros centímetros, y el rubio pudo percibir su suave aroma, similar al de un frondoso bosque después de la lluvia, semejante a su propio olor, según palabras de su amante.
Un ligero sonrojo se extendió por las mejillas del rubio shinobi con el recuerdo de Sasuke, y Naruto se maldijo por su incapacidad de apartar al moreno de sus pensamientos incluso en las situaciones más extrañas. Al parecer, incluso su subconsciente estaba dominado por imágenes del hermoso Uchiha.
La sonrisa del Kyuui se hizo más pronunciada, adquiriendo tintes definitivamente sensuales, mientras una de las delicadas y pálidas manos del kitsune se posaba sobre el rostro del joven ninja, acariciándolo suavemente.
- ¿ Pensando en tu amante, mi querido niño? Parece que tenemos mucho más en común que el cuerpo que compartimos ¿verdad?
- ¿ Qué quieres decir? – la pregunta surgió de sus labios sin ira ni violencia. Tan cerca del Kyuubi algo extraño le sucedía, una extraña familiaridad que lo invadía de forma gradual pero completa. Como si aquel ser fuese una parte de sí mismo, oculta largo tiempo y que por fin había salido a la luz. Una pieza de su ser que había estado ausente, encajó en algún lugar de su alma, otorgando un extraño sentido de plenitud a su existencia.
- Que siempre sucede así con ellos, se introducen en tu alma hasta que tu misma existencia les pertenece. Yo también amé así una vez a un Uchiha, mi niño, y mi poder fue lo que los convirtió en lo que son. En mí está la raíz de su fuerza….y su perdición…
Un ligero gesto de concentración en el hermoso rostro del kitsune, y las aguas bajo sus pies se apartaron, al tiempo que frondosos y mullidos brotes de hierba silvestre surgían en su lugar.
- Siéntate conmigo, mi niño – la voz del kitsune era hipnótica, tejiendo sombras en su mente, sueños dentro de un sueño. O quizá no, En esos momentos Naruto no estaba muy seguro de poder distinguir qué era fantasía y qué realidad, inmerso como estaba en el hechizo del Kyuubi -. Pues existen secretos que deben dejar de serlo, y preguntas que necesitan respuestas.
Asintiendo levemente con la cabeza, el joven shinobi dejó que los brazos del kitsune le rodearan, notando su ardiente presencia, el poder de su aura invadiéndolo. Casi sin darse cuenta, el rubio ninja se deslizó junto con el cuerpo que le sostenía, hasta quedar reclinado sobre la olorosa hierba, la sólida presencia del Kyuubi una extrañamente reconfortante realidad.
-¿Por qué me siento así? – preguntó, su voz un suave murmullo incluso para sí mismo. -Tendría que estar preocupado por que estuvieras libre, tendría que estar luchando contigo, y sin embargo…
- No sientes en ti la ira que sentiste las otras veces, ni el ánimo de luchar contra mí. Sientes que sería como luchar contigo mismo – aunque las palabras del kyuubi no habían sido formuladas como una pregunta, Naruto asintió igualmente, dirigiendo su mirada, del color del cielo en verano hacia los rojos y almendrados ojos del kitsune. -En realidad nunca deberías haber sentido eso – las manos que le abrazaban se volvieron acariciadoras, recorriendo su torso hasta detenerse sobre el firme vientre, justo encima del lugar donde el negro tejido de su uniforme de anbu ocultaba el sello dibujado sobre su piel -. Esa ira que tú sentías era el reflejo de la mía propia, de mi dolor y mi furia al verme encerrado. De la locura que poco a poco iba apoderándose de mi mente.
- Pero ahora estás…diferente- casi inconscientemente, los dedos de Naruto se alzaron para sujetar uno de los larguísimos mechones de rojizo cabello, preguntándose si serían tan suaves como aparentaban; el guante que cubría su mano y su antebrazo impidiéndole averiguarlo.
La suave risa del Kyuubi se elevó entre ellos antes de que la hermosa criatura replicase:- Espero que eso sea un cumplido –la voz era juguetona, sensual, y Naruto supo por qué los kitsunes eran considerados como las más tentadoras de las criaturas, ningún ser podía resistirse a algo tan hermoso, tan cautivador -. Sin embargo, esta forma es tan mía como la de la criatura de chacra que tu conociste, o la del pequeño zorro de nueve colas que tu aún no has visto. Las tres son manifestaciones de mi ser, aunque durante dieciséis años estuviese limitado a una sola.
La hermosa voz se detuvo, mientras una de las manos sobre el vientre del shinobi comenzaba a repasar, aún sin verlo, cada uno de los trazos del sello de contención. Los movimientos eran lentos, casi inconscientes, como si el kitsune conociese cada una de las marcas de memoria y Naruto supuso que así debía ser.
- El sello…-la idea vino a su mente con súbita claridad – El sello te impedía cambiar de forma…Pero ¿ qué tiene que ver eso con tus otros cambios? Antes eras casi un animal y todo lo que sentía en ti era odio y malicia. Sin embargo ahora no percibo nada de eso…bueno – el joven sonrío- quizás malicia sí. Pero no el odio, ni la ira.
Separándose con suavidad de Naruto, el kitsune se arrodilló en frente del humano, cada uno de los delicados contornos del sensual cuerpo destacados por la postura. Las delicadas ropas, que insinuaban tanto como ocultaban añadiendo un grado más de carnal decadencia al conjunto. Incluso los rasgos animales; las orejas, la cola, los finos colmillos, encajaban perfectamente dentro del sublime conjunto, otorgando un aire prohibido y exótico a su portador.
Casi inconscientemente, el shinobi se irguió hasta quedar sentado sobre la hierba. Sus ojos nunca perdiendo el contacto con los de la criatura, el fuego de sus profundidades sin pupila recordándole que aquel ser era poco menos que un dios. Un dios encerrado en un cuerpo mortal.
La enormidad de ese pensamiento lo asaltó con fuerza, su mente comenzando a vislumbrar la razón del cambio del kyuubi y horrorizándose ante las implicaciones de su deducción.
Las palabras del kitsune vinieron a confirmar su suposición, cuando la criatura afirmó: -En esta forma que aparece ante tus ojos, mi chackra está contenido en sus confines. En la otra, tiende a expandirse, a crecer. La jaula, que es la manifestación del sello en tu psique impedía esa expansión y que mi fuerza vital invadiese, poseyendo y destruyendo la tuya-. Los inhumanos ojos se cerraron, mientras una oscura expresión se dibujaba en los finos rasgos, antes de que el kyuubi continuase: - Imagina que te pudiesen encerrar, físicamente, en un lugar cien veces, mil veces más pequeño de lo que tú eres. Imagina que no pudieses morir y todo lo que sintieras fuese el dolor, constante, inflexible enloquecedor, y tendrías un atisbo de lo que yo he vivido en este tiempo.
Los hermosos ojos se abrieron, y la sombra del dolor en ellos retorció el corazón del ninja. No sabía qué decir, ni cómo decirlo. Así que simplemente esperó, hasta que el kyuubi habló de nuevo:
- Mi mente es tanto instinto como razón en esa forma, pero el dolor me estaba enloqueciendo, y yo mismo sentía como mi cordura me abandonaba con cada torturante segundo. Y sin embargo no veía solución a mi suerte, salvo que tú murieses. Y lo deseé, Naruto, deseé tu muerte y con ella la mía, si eso suponía el fin de la tortura.
- Pero algo pasó – continuó Naruto, que poco a poco iba vislumbrando la verdad, fragmentos de las escasas conversaciones con el kyuubi volviendo a su mente y encajando dentro de la nueva información que estaba recibiendo
- Sí- asintió el kyuubi – que descubrí que en el momento que nuestros chakras se unían y parte del mío era liberado, el dolor disminuía, y supe qué debía hacer para salvarme. Existe un ser con el poder de absorber mi chakra y a él recurrí. Ofreciéndole las dos cosas que más ansiaba su corazón, y él aceptó.
La sombra de un oscuro presentimiento se cernió sobre el corazón del rubio shinobi con las palabras del kitsune, sus implicaciones demasiado dolorosas para ser aceptadas. Parte de esa angustia debió reflejarse en sus ojos, o quizás era, como Naruto había empezado a sospechar, que el Kyuubi podía leer sus pensamientos; porque las siguientes palabras fueron una confirmación.
- Sí, Naruto. Uchiha Sasuke aceptó el poder que le ofrecía, poder suficiente para cumplir su venganza, poder que sólo podría obtener de ti.
Un kunai atravesando su corazón hubiese dolido menos que las palabras del Kyuubi, entonces ¿Sasuke sólo estaba con él por el poder ¿ Esa era la razón de que hubiese regresado? La amargura de la conclusión era veneno en su boca y en su alma. Otra vez traicionado.
- Tskk- musitó el kyuubi mientras se levantaba -¿Tan inseguro aún niño?
- ¿ Qué quieres decir con eso? – el dolor se iba transformando poco a poco en rabia que iba invadiendo todo su ser. Incapaz de permanecer en reposo, el joven shinobi se incorporó totalmente, sus puños apretados con fuerza y una vibrante tensión estremeciendo los contornos de su grácil cuerpo.- Ese cabrón me ha utilizado.
- Ese "cabrón", como tú dices, te ama, Naruto – fue la contundente respuesta del kyuubi, una firme expresión en su rostro de suaves ángulos.- Te ha amado desde el primer día en que te vio y eso ha sido su salvación, y la mía.
Los increíbles ojos azules se clavaron de nuevo en los suyos, el dolor dando lugar a una naciente esperanza. Increíble, pensó para sí el kyuubi, que con todo lo que habían visto aún conservaran esa inocencia. Si no pudiese ver en la mente de su portador como en la suya propia, aún así habría podido vislumbrar el alma de Naruto a través de los límpidos portales de sus ojos, que eran incapaces de ocultar nada.
- ¿Sabes que en un principio me rechazó? – la sonrisa del kyuubi se volvió feral. - ¡ A mí!. Orgulloso como todo su clan, incluso la promesa del poder no era suficiente para rebajarse a un trato como el que le ofrecía. Pero aceptó, Naruto, cuando supo que la alternativa era tu muerte; a manos de un estallido de chakra demasiado poderoso para detenerlo, o a manos de tus propios compañeros en un intento de detener a la bestia en que te convertirías.
- Así que aceptó y volvió a Konoha…y el resto, como dicen, es historia. Bien sabes tú lo que habéis vivido desde entonces.
El tono de las palabras del kyuubi implicaba un doble sentido innegable que hizo enrojecer las mejillas de naruto, mientras apartaba la vista de la maliciosa mirada del zorro.
- No te avergüences por eso – acercándose, el kitsune posó sus manos sobre las mejillas de naruto, obligándole a alzar el rostro hasta que sus miradas se encontraron de nuevo, la juguetona cola envolviendo la esbelta cintura del rubio y atrayéndolo contra el firme, ardiente cuerpo del kyuubi – después de todo somos uno, tú y yo, los dos hemos amado al Uchiha y hemos sido amados por él. Casi no existen barreras ya, y las que quedan no tardarán en desaparecer.
La presencia del zorro era intoxicante, de nuevo sus sentidos se ofuscaban ante la primal sensualidad, el hechizo carnal que tejía el kitsune. Sus manos se elevaron para posarse sobre los antebrazos de la criatura, asombrándose de su la inhumana suavidad de su piel. Aún así, algo de coherencia persistía en su mente, la suficiente para cuestionar las palabras del kyuubi y preguntar: - ¿Qué quieres decir?
- Aún no, mi niño, no todos los secretos tienen que ser revelados – una mirada juguetona, una sonrisa maliciosa – el Uchiha piensa que lo sabe todo. Será divertido ver su reacción.
- Maldito zorro, entre y tú y ese cabrón me vais acabar de volver loco- la protesta salió de sus labios casi inconsciente y, al apretar los labios, el rubio notó en su propia boca el asomo de unos colmillos. Un respingo involuntario le hizo apartarse del kitsune, sólo para ser atraído de nuevo por aquellas manos y aquella voz.
- No mi niño, entre los dos te vamos a ofrecer algo que nunca has imaginado – y tan pronto como esas palabras hubieron abandonado la delicada boca del kitsune, Naruto sintió unos sensuales labios sobre los suyos, una húmeda lengua invadiendo su sorprendida boca.
Si el hechizo del kitsune había sido poderoso antes, en esos momentos formaba ya parte de su ser. Un deseo primal, instintivo, lo dominaba, no por el kyuubi, sino por aquel que su instinto y su razón reconocían como su compañero, suyo, suyo para la eternidad.
Un gruñido brotó de sus labios mientras su cuerpo se agitaba consumido por el instinto de la búsqueda, la maliciosa risa del kyuubi acariciando sus oidos.
- Si, mi niño, está llegando. Su olor te vuelve loco ¿verdad? Y la deliciosa esencia de su cuerpo. Vuelve para encontrar a su sumiso amante esperando por él, esperando para ofrecerle el dulce ceder de su cuerpo y someterse a sus caricias.
La boca del kyuubi acariciaba la delicada oreja del rubio, que ya no era humana, sino que tenía la misma cualidad zorruna de las del propio kitsune.
- Es poderoso ¿verdad, mi niño? Y su poder te atrae, como me atrae a mí. Pero el Uchiha quizás ha olvidado que su amante no es un débil y común humano. ¿Deberíamos recordárselo, Naruto?
-Deberíamos- la voz del rubio ninja era oscura, feral y dolorosamente sensual, un eco de la del propio kitsune.
- Entonces es bueno que despiertes, porque ya viene – la risa en la voz del kyuubi deshacía las sombras del sueño y lo acercaba a la realidad- Este es un regalo mío para ti, mi niño. Un regalo de mi dios, quizás el tengu ha olvidado que de entre todos los hijos de Inari, somos nosotros los predilectos, los más amados. Será bueno que se lo recuerdes.
Un suspiro más fuerte que otro, una súbita inspiración y los ojos del rubio shinobi se abrieron a la noche. En la distancia, una conocido chakra se acercaba rápidamente. Sonriendo, Naruto se dispuso a recibirle, un oscuro latido palpitando en su alma, y una ardiente pasión vibrando en su cuerpo.
Ni el más mínimo sonido se elevó en la habitación cuando el rubio shinobi abrió la puerta que separaba la habitación del jardín. Tampoco sus pasos perturbaron la sutil sinfonía de la noche cuando su cuerpo se deslizó por los frondosos árboles, grácil y veloz, una dorada sombra danzando en la noche. De haber existido un espectador lo suficientemente hábil para distinguir sus movimientos como algo más que un agitarse del aire, probablemente hubiese quedado sorprendido. No por la armoniosa forma de los músculos, no por la tentadora desnudez del moreno cuerpo, ni siquiera por la animal gracia de los movimientos. Tal vez la razón de su sorpresa hubiese sido la sonrisa donde finos colmillos oscilaban, o los hermosos ojos, dónde un oscurecido azul oscilaba hacia un rojo sin pupila.
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Las húmedas calles de la aldea se encontraban casi vacías, los lugareños habiéndose refugiado en sus casas tras la lluvia.
Sólo la ocasional figura se cruzaba con él, maldiciendo a los astros por tener que salir en una noche de frío como aquella. Neji los ignoraba, sus pasos decididos y su meta clara en su mente, a pesar de la poco confortante naturaleza de misión. Su calmada expresión, ocultando, como de costumbre, la desazón emocional de su interior.
De todos los ninjas de la aldea¿ por qué uno perteneciente a ese clan?. No era que tuviera nada en contra de ellos, pero no tenían ningún sentido de lo apropiado, eran groseros, bravucones y ¡dejaban a los perros andar por las casas libremente!...Estaba bien, pensó Neji, mientras llegaba a la parte de la ciudad donde vivían los Inuzuka, quizás si tenía algo en contra de ellos. O quizás era que nadie le parecería nunca lo suficientemente bueno para Hinata, quizás si que tenía complejo de hermano mayor con su prima. Una acusación de la que eran particularmente partidarios Ten Ten y Lee, ignorando las protestas y las negativas de su compañero a ese respecto.
Con un suspiro, el joven Hyuga se detuvo ante el portón que guardaba la entrada al complejo del clan, solicitando a los guardias le condujesen ante la presencia de Inuzuka Kiba.
- Claro, Hyuga – respondió uno de los guardianes, un hombre de pelo canoso y la sonrisa afilada propia de los Inuzuka – pero no hace falta ser tan formal. Si quieres ver al mocoso pasa tú mismo. Debe de estar por ahí armando de las suyas.
- O acabando con la despensa de su madre – medio gruñó el otro, vestido con la chaqueta propia de los jounin, reclinado indolentemente sobre una de las muros externos que rodeaban el lugar de residencia del clan.
Al igual que la mayor parte de los clanes tradicionales, o familiares de Konohagure, los Inuzuka vivían juntos, manteniendo parte de sus antiguas costumbres tribales. No constituía ningún secreto que la mayor parte de los clanes de Konoha habían sido tribus en los tiempos anteriores a la fundación de la aldea, de ahí que conservasen ciertas tradiciones y comportamientos que ni el consejo de la aldea discutía, salvo caso de extrema necesidad. Inconscientemente, el moreno Hyuga acarició la suave tela que cubría su frente en sustitución del protector, allí donde el Juin marcaba su piel y su destino.
- Pasa, Hyuga – dijo el más joven de los guardias, abriendo la puerta e interrumpiendo su breve reflexión – Recto, la casa más grande, no tiene pérdida.
En el momento de entrar en el complejo familiar del clan, Neji se preguntó, para sus adentros qué criterios usaban los Inuzuka para orientarse, llegando a la conclusión de que, probablemente sería su olfato.
Al contrario que el resto de los clanes, las casas de los inuzuka se disponían en torno a la muralla que protegía sus tierras, y que usaban como muro posterior. Esta disposición arquitectónica estaba destinada, evidentemente, a crear el mayor espacio posible para que los perros pudieran correr y entrenar dentro de un recinto seguro. Sin embargo otorgaba a los términos "grande" y "recto" una definición bastante imprecisa. Pues los límites entre las casas no estaban marcados de ninguna forma, no al menos perceptible con los sentidos usuales.
Suspirando para sus adentros, y ahogando el nada agradable epíteto que amenazaba con salir de sus labios, el joven Hyuuga optó por la solución más rápida a su problema.
En el instante que separa un pensamiento de otro, la suave piel que rodeaba sus ojos quedó marcada por las abultadas venas que señalaban que el Byakugan había sido activado
Mientras su técnica de sangre examinaba los diferentes patrones de chakra, el joven moreno pronto detectó su objetivo. Memorizado como casi todos los de los ninjas de su aldea.
Extraño que a pesar de pertenecer al equipo de su prima, nunca hubiese tenido un especial trato con él; apenas si unas palabras cruzadas por mera cortesía. Y sin embargo la especial fluctuación de su chakra había quedado ya grabada en la prodigiosa memoria del Hyuuga. Nunca estaba demás, conocer tanto aliados como a enemigos, pues nadie podría determinar cuando unos pasarían a ser los otros, y viceversa.
Sus pasos le llevaron decidido entre perros juguetones, niños gritando y ninjas que le observaban curiosos, preguntándose, seguramente, que hacía uno de los orgullosos Hyuuga entre ellos. Hinata ya les resultaba familiar, casi adoptada para ellos, la tímida ninja compañera del heredero de su clan, pero la presencia del moreno jounin era una novedad para ellos. Sin dejar que las miradas a él dirigidas le azorasen lo más mínimo, Neji llegó a la casa de Kiba, los ladridos de un inquieto Akamaru recibiéndolo antes siquiera de que pudiese anunciarse presencia.
Casi inmediatamente, un Kiba vestido sólo con unos cortos pantalones y una camiseta que había visto días mejores, salió a recibirle. Era evidente que el chuunin había estado a punto de irse a dormir antes de la llegada de Neji. Sin embargo, no parecía molesto en absoluto por la llegada del hermoso Hyuuga, si la franca sonrisa que asomaba a su cara era una indicación.
- Neji ¡ eh ¿ qué tal ¿ - dijo con absoluta familiaridad, como si el Hyuga y él hubiesen hecho más que cruzar cuatro palabras algunas vez - ¿ Sabes qué de lejos hueles cómo Hinata? Fue lo que me llamó la atención y pensé ¿qué rayos hace Hinata a estas horas por aquí? Iba a ir a la cama…
-Kiba – intentó interrumpir con suavidad el joven moreno.
- …porque mañana tenemos una misión, nada importante, pero luego me entra sueño y no es plan...
- Kiba – la voz era un poco más tensa, resultado evidente del hecho de verse absolutamente ignorado por el otro joven.
-….y entonces fue cuando me di cuenta que no eras Hinata y dije:" ¿Pero Neji sabe dónde vivo?" Y es evidente que sí
- ¡KIBA! – la voz de Neji se elevó en el aire, interrumpiendo el aparentemente interminable monólogo del Inuzuka, que se quedó mirándolo, al igual que media docena de transeúntes que habían estado observando el intercambio, aparentemente estupefactos con el hecho de que el siempre compuesto Hyuuga fuese capaz de sentir algo tan humano como la irritación. Evidente tanto en el tono como en la ligera rigidez de su postura.
Estupendo, si había querido discreción ya podía ir olvidándose de ella, eso es lo que pasaba cuando uno trataba con inuzukas.
Y sin embargo, algo en la expresión de Kiba; en la franca sonrisa, entre azorada y ansiosa, en el gesto nervioso de pasarse la mano por el pelo, le recordaba tanto a Naruto que el corazón se agitó ligeramente más rápido en simpatía. Quizás, pensó mientras Kiba le ofrecía entrar en su casa, disculpándose por el desorden y rápidamente ofreciéndole algo de beber, esa era la razón de la elección de su prima. Quizás esa era la razón de que él mismo evitase al joven Inuzuka. Hinata había olvidado su infatuación con Naruto y los mismos rasgos que le atraían del rubio, habían hecho a su prima volverse hacia Kiba; la afabilidad, la seguridad en sí mismo, la lealtad hacia sus amigos, la alegría de vivir…y habían hecho que, inconscientemente, Neji se alejase del moreno chuunin.
El té era de calidad y estaba bien hecho, la cara de Kiba cuando el Hyuuga expuso la situación seria y solemne. También en esto, era como Naruto, pues ambos sabían cuándo su exhuberancia podía resultar ofensiva, y cómo dominarla si era necesario.
Durante un tiempo, un breve silencio se extendió entre ambos, cada uno sumido en sus pensamientos, hasta que la voz de Kiba se alzó en medio de los dos.
- No esperaba…esto – los ojos de extrañas pupilas se encontraban fijos en algún punto indefinido de la mesa chabu dai, el aire preocupado, y serio, tan extraño en el joven inuzuka, otorgando a su marcado rostro un atractivo añadido
-Con "esto"¿te refieres al hecho de que hayan llamado a Hinata, o a que te haya escogido a ti? – preguntó Neji, mientras posaba la taza de té sobre la mesa. Su mirada lavanda observando al joven ante él con cierta simpatía. No hacía falta su Byakugan para observar el tumulto interior en el que se encontraba el joven ninja enfrente suyo.
- A las dos cosas supongo, es que Hinata me parece tan niña…- el joven se interrumpió cuando el Hyuuga ante él arqueó una de sus bien formadas cejas en una expresión de ironía, para explicar a continuación:- Sé que tenemos la misma edad y que es una chuunin de pleno derecho y …¡ qué narices! – el joven ninja esbozó una sonrisa – sé que podría barrer el suelo conmigo la mayor parte de las veces. Pero ni siquiera ahora es capaz de oír "ciertas cosas" sin ruborizarse. Que ella tenga que enfrentarse a eso…
- Fue su elección cuando decidió convertirse en ninja, todos sabemos que este día llegará, lo saben nuestros padres cuando nos entrenan en nuestras casas, lo sabemos nosotros cuando entramos en la academia – la voz de Neji se alzó, objetiva, casi fría, si no fuera por un deje de añoranza que el fino oído de Kiba percibió, su mente preguntándose brevemente qué mano había acariciado por primera vez la perfección que era el Hyuuga. Quienquiera que hubiese sido, era el mayor afortunado de los siete países. Al menos entre las compañías de Kiba, todos habían sido víctimas, en algún momento, de la extraña fascinación que creaba moreno ninja. El propio Inuzuka aún recordaba los dos o tres meses que había estado absolutamente enamorado del primo mayor de su compañera de equipo, para mortificación suya y alegría de Kurenai que aún de vez en cuando se lo restregaba, sólo para ver la reacción en su antiguo discípulo.- Y Hinata lo sabía también – la voz se interrumpió brevemente, sólo para continuar una inspiración después – Si hubiese decidido vivir su vida como heredera de los Hyuuga no tendría que enfrentarse ahora a esto, podría haber vivido una vida protegida y tranquila. Esperando ser vendida al mejor postor – los bellos rasgos se endurecieron – Como kunoichi al menos tiene algo más que decidir en su destino.
- Sí – la voz de Kiba contenía un resquicio de rabia – Derecho a decidir quién es el primero con quién se acuesta. Menuda elección.
- No tendría ni eso de no haber seguido el camino del ninja. Su virginidad vendida en el lote que es ella misma y su posición como heredera de un clan. Y te ha elegido a ti y yo debo volver con mi respuesta.
- Sabes bien cuál es – el joven inuzuka inclinó levemente la cabeza ante el Hyuuga, su tono adquiriendo una dimensión más formal – Será un honor.
- Entonces llevaré tu respuesta a mi prima – el joven Hyuuga hizo ademán de levantarse antes de que las palabras de Kiba le hicieran detenerse.
- Neji… – comenzó, para interrumpirse un instante después, inseguro de cómo sus palabras serían recibidas. Akamaru, que hasta ese momento se había mantenido en un discreto segundo plano, se acercó a su amo, posando su enorme cabeza sobre el joven ninja. Éste, aparentemente reconfortado por la presencia de su amigo, se decidió a continuar: - Yo quiero mucho a Hinata, pero…
- Pero no estás enamorado de ella- continuó el joven Hyuuga asintiendo con la cabeza – Mejor así, entonces. Ya hay demasiadas emociones en esta ecuación, para añadir una más. Y menos en vuestro caso.
No dijo nada más, no hacía falta. A pesar de su actitud descarada en la mayor parte de las ocasiones, Kiba era el heredero de un clan. Sabía, cómo sabía su prima, que más aún que las de otros ninjas sus vidas estaban al servicio de otros. Hinata estaba enamorada del Inuzuka, o al menos así lo creía ella, y Neji no tenía por qué dudar de su joven prima. Pero tampoco dudaba de que el corazón de Hinata seguía siendo sólo de la propia Hinata, pues esa era la única forma de preservar futuras y dolorosas heridas o, por lo menos, de minimizar el daño.
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El viaje de regreso se había realizado en un incómodo silencio. Ni siquiera las frecuentes disputas entre Suigetsu y Karin, que se habían convertido en algo habitual en sus viajes, podían ser oídas. Sasuke notaba las miradas de los otros ninjas en su espalda con una intensidad casi física, pero tampoco hizo nada por aclarar sus cuestiones, no debía explicaciones a nadie.
Las cuatro figuras se deslizaron velozmente hasta entrar en los confines de los dominios del daimyo. Frondosos bosques de negros contornos constituían una protección natural para el castillo, que se vislumbraba a lo lejos, un icono luminoso en medio de la oscuridad.
Sabiendo la deliciosa criatura que allí le esperaba, una mínima sonrisa se dibujó en el pálido rostro del Uchiha, mientras su cuerpo sentía la anticipación del deseo. Sin embargo, con la misma prontitud con la que había llegado, la complacida expresión desapareció de los bellos rasgos; al notar una poderosa perturbación en un aura dolorosamente familiar para él.
-Maldito demonio- musitó entre dientes - ¿ qué has hecho?
Renegando para sus adentros, el bello Uchiha activó su sharingan, los peculiares patrones negros y rojos vislumbrando más allá de la realidad para detectar el extraño chakra de la criatura que los observaba.
-¿ Qué es esto? – preguntó Karin mientras desenfundaba sus sai- .Este designio de chakra no se parece a nada que haya percibido antes.
- Humm, entonces no eres tan buena como pensaba, Karin- chan – replicó Suigetsu, su lengua humedeciendo levemente sus labios, como si saboreara algo – Es distinto, sí, pero tiene un delicioso componente que es inconfundible.
-¿ Qué quieres decir, rata?- fastidiada, la morena kunoichi volvió su mirada hacia su compañero, ya estaba harta de que el desgraciado bastardo la dejase en evidencia delante de su adorado líder -. Habla claro o cállate la boca, que estás mucho mejor.
- No hace falta que diga nada, Karin- chan – fue la réplica .- Mira delante tuyo
Los ojos de los cuatro shinobis se dirigieron al mismo punto, dónde una conocida silueta se había materializado, delante suyo.
Resultaba extraña, la forma en que el bosque entero parecía celebrar su llegada, cómo si una energía terrorífica y antigua lo reconociese como parte suya. Y tal vez, en cierto modo, así era. El árbol sobre el que se reclinaba, de manera indolente se curvaba para darle apoyo; la tierra sobre la que sus pies se posaron, una vez hubo saltado, se hundía ligeramente bajo él, como para evitarle el más mínimo daño. Plantas de extrañas formas, surgían a su paso, para hundirse de nuevo en la oscura tierra, una vez rendido su homenaje.
Sasuke no podía apartar sus ojos de la terrenal criatura que se presentaba ante ellos. Era Naruto, le decían sus sentidos, lo era en toda su desnuda y dorada gloria; pero Naruto nunca había caminado con esa felina sensualidad, ni con esa absoluta despreocupación en sus ojos azules. Nunca le había sonreído con la mezcla de malicia, lujuria y diversión con la que lo estaba haciendo en esos momentos.
- Has llegado, Sasuke- la voz era una caricia de seda negra sobre la piel del Uchiha- te estaba esperando.
El delicioso cuerpo del rubio se acercó al de Sasuke, los bien formados brazos enlazándose en torno a su cuello, antes de que un suave, juguetón beso acariciase su boca.
- Te he echado de menos – agregó Naruto, hundiendo su nariz en el negro pelo del Uchiha, olfateando curioso, antes de mordisquear el contorno de una bien formada oreja.- No me gusta esperar por ti- añadió con una mezcla de fastidio en su voz.
Recurriendo a la parte racional de su mente, que le indicaba que su rubio amante estaba claramente influenciado por el Kyuubi, Sasuke intentó apartar a Naruto con suavidad. No sabía qué estaba pasando a ciencia cierta, pero lo averiguaría. Nunca debería haber aceptado un trato con un demonio como el Kyuubi sin conocer todo sobre él. Realmente la criatura debía estar pasando un buen rato a sus expensas.
Furioso, el Uchiha activó el sharingan a su máximo nivel, buscando entrar en el lugar dónde el zorro residía dentro de la mente de Naruto, para así obligarle a ceder su control sobre la mente del rubio. En vano. Los acostumbrados caminos hacia el interior del alma del shinobi estaban cerrados; lisas e impenetrables paredes de metal bruñido la imagen mental de los escudos que ahora la protegían.
-No lo intentes, Sasuke – la sonrisa de Naruto se hizo más pronunciada, la afiladas puntas de unos delicados colmillos presionando levemente los carnosos labios del rubio ninja y Sasuke tuvo que refrenar el impulso de suavizar las marcas que dejaban con su lengua.- Ya no puedes. Y además, el kyuubi no me controla, si es eso lo que estás pensando.
El joven rubio volvió a acercarse al Uchiha, presionando su grácil cuerpo contra el del otro ninja, que, incluso a través de sus ropas, podía percibir el inhumano calor que emanaba de Naruto. Sus rostros estaban tan cerca, que podía sentir el cálido aliento del rubio contra su boca, humedeciendo sus labios sin tocarlos. Un juguetón gruñido surgió de la tentadora boca, correspondido por el brillo en los enormes ojos que le miraban incitándolo.
No podía permitirse caer en ese juego, y no estaba dispuesto a que el Kyuubi le ganara esa baza. Aunque las palabras de Naruto fuesen ciertas, y realmente el demonio no controlase al rubio, estaba claro que era su influencia la que le hacía actuar así. No cedería tan fácilmente.
-Naruto…- comenzó, buscando encontrar en el rubio algún indicio que le condujese a la razón tras su extraño estado, cuando su intento fue bruscamente interrumpido, por una morena figura que se abalanzó, sai en mano, sobre el rubio.
Karin había observado el intercambio con creciente furia. Una prueba más de que el shinobi de Konoha era un demonio que tenía hechizado a Sasuke. Cuando el rubio se había acercado a su amado líder, había tenido que luchar con cada instinto para no abalanzarse sobre él. Pero ver como la criatura presionaba su cuerpo desnudo contra el de su amado, eso era más de lo que podía soportar.
-Aléjate de Sasuke-kun-, monstruo – pronunció la kunoichi con ira – o te apartaré yo.
Durante un segundo, los tres shinobis permanecieron inmóviles, justo antes de que un feral gruñido surgiese de la boca de Naruto, y un infierno se desatase.
Un instante, había encontrado a Karin, delante de Sasuke, su cuerpo interponiéndose entre éste y Naruto; el siguiente la había encontrado diez metros más allá, golpeada, no físicamente, sino por la furia del aura del rubio. Apenas el cuerpo de la kunoicihi hubo tocado tierra, oscuras plantas comenzaron a ceñirse en torno a ella, sujetando sus miembros en torno al suelo.
Sin perder tiempo, Juugo se dirigió a socorrer a su inmovilizada compañera, un rápido jutsu eliminando las tenaces enredaderas que, sin embargo, comenzaron a brotar tan pronto las hubo destruido. Sin perder el tiempo, el poderoso ninja recogió a la kunoichi entre sus brazos, dirigiéndose al lugar donde Suigetsu se disponía a enfrentarse a un enfurecido Naruto.
-Ehh, rubito, tranquilo – desenfundando su espada, Suigetsu se colocó en la posición de guardia - . No es que me a mi me caiga muy bien la muchacha, pero tampoco es plan de convertirla en abono para tus plantitas ¿ne?- el shinobi comenzó a invocar su poder.- Además, ya casi me estaba acostumbrando a ella.
Un gruñido por parte de Naruto y un nuevo estallido de poder fue todo lo que se encontró Suigetsu por respuesta antes de que, el mismo bosque, se lanzase contra él. No había otra forma de definirlo, en sólo un instante, cada planta conocida, y alguna que Suigetsu sabía categóricamente no pertenecía a ese mundo, se lanzó contra él.
Ni una sola tocó su piel.
Un latido de oscura energía le cegó, obligándole a cerrar los ojos, cuando consiguió abrirlos, las plantas yacían, deshechas, a sus pies. A unos pocos pasos, Naruto y Sasuke se observaban fijamente; el rubio rodeado por una energía rojiza, pulsante, que se entremezclaba con el negro imposible del aura del Uchiha. Sobre la delicada piel de éste último, los impíos designios del sello del cielo se disponían, resaltando de una forma aún más dramática la blanca pureza de aquella.
- Eso es lo que pasa cuándo hay demasiada tensión sexual- protestó Suigetsu mientras se sacudía restos de vegetación del pelo – tiene que salir por algún lado. ¡Eh, jefe!- gritó mientras envainaba la espada y recogía la de Sasuke- llévate al zorro y déjalo contento, a ver si así se le pasa la mala leche.
Un leve arqueamiento de las cejas del Uchiha y una mirada que implicaba una dolorosa conversación posterior fueron la única respuesta que el ninja de pelo azul recibió.
- Venga, nosotros nos vamos – dijo acercándose a sus compañeros –. Lo que va a pasar aquí es asunto del jefe y del rubito.
- No podemos irnos- replicó Karin, aún entre los brazos de Juugo– no podemos dejar que Sasuke- kun se encargue sólo de esa bestia.
- Karin-chan, me sorprendes- la voz de Suigetsu estaba llena de fingida sorpresa- No sabía que te iban esas cosas. Siempre son las más calladas las peores.
- ¿ Qué insinúas, estúpido? - la kunoichi se revolvió furiosa entre los brazos de Juugo, que la dejó bajar – No empieces con tus jueguecitos.
- No insinúo nada. – fue la irritante respuesta del joven ninja, para añadir, justo antes de alejarse con un salto en dirección al castillo – Pero no creo que el jefe nos deje encargarnos del rubito, como tú dices, no le van los tríos, me parece.
Mientras Suigetsu se perdía en la distancia, Karin dirigió su incrédula mirada hacia su amado líder. Ajeno a todo lo que no fuese el rubio delante suyo, los ojos del Uchiha estaban clavados en el zorro, pero no con la mirada que alguien destina a un enemigo. Pocas veces las emociones se dibujaban en los rasgos de inhumana belleza de Sasuke Uchiha, menos aún con una mezcla de vibrante pasión y posesivo deseo, como si delante de sus ojos se encontrase materializada el ansia más profunda de su alma.
Un desesperanzado sentimiento de derrota se extendió por el corazón de la kunoichi, que miró a Juugo un segundo antes de alejarse en la misma dirección que Suigetsu, tragando orgullosa las lágrimas que amenazaban salir. Era sólo el viento en sus ojos, lo que hacía que se humedeciesen de esa forma. No el hecho de que su amado jamás la hubiera mirado así. Las lágrimas eran un recurso estúpido, ella no lloraría. Ni siquiera sentiría ira. Esas emociones eran estúpidas y nublaban la mente, alejándola de su objetivo. Por desgracia mientras su líder estuviese bajo el hechizo del zorro, como en esos momentos ocurría, no se podía hacer nada. No, mientras ese demonio viviese sus zarpas se hundirían en Sasuke sin liberarlo. Así pues, la solución estaba clara y, cuando el zorro hubiese desaparecido su adorado Sasuke –kun se daría cuenta de dónde se encontraba su auténtico amor. Sí, así sería. No podía ser de otra forma.
Observando la forma de su compañera alejarse mientras él se preparaba para hacer lo propio, Juugo dirigió una última mirada a la pareja que dejaban atrás. Sentía algo parecido a la tristeza por Karin, pues sabía bien lo que era estar en el lugar del la joven kunoiichi. No importaba lo orgullosa o despectiva que pudiese llegar a ser la ninja, en el fondo Juugo la compadecía, pocas cosas eran más dolorosas que saber que la persona amada ha entregado su corazón a otro. No importaba las excusas que se diera a sí misma, Karin sabía que Sasuke no era suyo, y el dolor le impedía aceptar la realidad. Pero si una parte de su ser la compadecía, otro la temía, pues en la experiencia de Juugo, pocas cosas en el mundo eran tan peligrosas como una mujer despechada, y más si dicha mujer tenía los recursos y el poder de Karin.
Manteniendo esa última reflexión, el poderoso ninja dio un gran salto, seguido de otro y otro más, los árboles sirviendo de apoyo e impulso a sus pies mientras la majestuosa forma del palacio se revelaba con mayor claridad a medida que se acercaba; mientras, en su mente, los distintivos chakras de su líder y su amante persistían inamovibles, un aviso para todos aquellos que lo pudiesen percibir, que dos nuevos poderes habían surgido en el mundo.
Las auras de los otros ninjas eran un punto cada vez más lejano en su mente, y eso complació a Naruto. A pesar de lo que hubiesen indicado las apariencias no había tenido intención de hacerles daño, de haber sido así, ninguno estaría vivo en esos momentos. Simplemente había dejado las cosas claras; uno, Sasuke era suyo; dos, los asuntos entre el moreno y él no incumbían a nadie más.
La alegría bullía en su interior, salvaje, y no quiso reprimirla; la dejó poseerle y extenderse más allá de sus confines físicos, sintiendo cómo el bosque le respondía satisfecho. Los árboles estaban contentos, la tierra pletórica de vida; hacía milenios desde la última vez que uno de los hijos de Inari había caminado entre ellos, cantaban las mil voces del bosque. Era un motivo para ser felices, decían y Naruto no podía evitar coincidir. Los dos chakras de su interior se estaban fusionando, eso era lo que el Kyuubi no le había dicho, lo que había ocultado a Sasuke y, sin embargo, Naruto podía sentir. Algo así hubiese sido imposible antes, tan grande era la diferencia entre su aura y la del bijuu.
Sus ojos se posaron en la figura que lo observaba, cautela y pasión brillando a partes iguales en sus poderos ojos. Lo amaba tanto, incluso en el engaño y la decepción lo amaba. Sin embargo había llegado el momento de aclarar ciertas cosas entre los dos.
- ¿Estás enfadado, Sasuke? – dijo suavemente, un retozón gruñido en su voz, casi un ronroneo asomando a ésta - ¿No tendría que ser al revés?
- ¿Qué quieres decir? – fue la cautelosa pregunta, el portador del sharingan observando la sensual forma en que Naruto se acercaba a él, con casual gracia y al tiempo desplegando la dorada forma de su cuerpo ante la vista de su amante.- ¿ Qué te ha dicho el demonio?
- No mucho, realmente – la distancia entre ellos era inexistente, el aura del rubio shinobi alborotando los suaves cabellos, como si de una suave e invisible brisa se tratara - . La mayor parte la adiviné yo solito. Quizás no soy tan baka como pensabas¿ne?
- Nunca he dicho que lo fueses – una suave sonrisa – o quizás sí lo he dicho. Pero los dos sabemos que sólo eres un baka cuando quieres.
- Pues en esta ocasión no me interesaba serlo – el amado cuerpo estaba ahora a sus espaldas y Sasuke contuvo un escalofrío, nacido a partes iguales del deseo y la precaución, cuando unos fuertes pero esbeltos brazos se cerraron en torno a su cintura. El oro de aquella piel destacando con el negro tejido del traje del Uchiha. -Sobre todo cuando lo que se me decía era tan interesante.
Evitando el instintivo movimiento de volverse, para evitar que un potencial enemigo estuviera a sus espaldas, Sasuke obligó a su cuerpo a relajarse, a no mostrar la más mínima reacción. Incluso cuando el suave aliento de Naruto acarició su oreja al hablar:- ¿ Sabes lo mejor, Sasuke? Que no me importa, no me importa que hayas hecho un trato con el Kyuubi, no me importa que hayas usado su energía. ¿ Sabes lo que sí me enfurece? – los finos colmillos se hundieron en la suave piel de la oreja del Uchiha, una sensación similar a la de un gatito aprendiendo a morder – Que no me hayas dicho nada, que tu sentido del amor pase por una posesión tan absoluta que hayas preferido mantenerme en la ignorancia.
Alejándose unos pocos pasos, Naruto llamó, obligando a Sasuke a volverse: - Mírame, Sasuke, soy un ninja de Konoha, un Jinchuriki y aún así me has tratado como a un niño al que hay que ocultar la verdad porque le puede hacer daño- la furia y el amor eran sentimientos iguales en el joven ninja y ,de nuevo, dejó que se apoderaran de él, como antes lo había hecho la salvaje euforia, ese era su derecho, sentir, tanto como quisiera, en la forma que quisiera. El viento se elevó salvaje y con él se amontonaron las dispersas nubes, en algún lugar, un trueno hendió el cielo.
- Ya basta, Naruto- advirtió Sasuke, notando el caso omiso que Naruto hacía a sus palabras; como los puños del joven rubio se apretaban tensos, para luego volver a relajarse, como la rojiza aura oscilaba inquieta.
- ¿ Por qué, Sasuke-teme ?¿ Por qué "basta" ?¿ No te gusta escuchar la verdad? – el viento cesó, las nubes eran una densa capa que sumía la tierra en la oscuridad, sólo iluminada por el resplandor de sus auras- . Dime Sasuke, cuando eras pequeño ¿ eras de los que apartaba sus juguetes por no estropearlos ¿ Es eso lo que soy¿ El juguete de un Uchiha ¿ Un juguete delicado destinado a mantener tu cama caliente¿ Una muñequita? Dime Sasuke ¿debería hacer el sexy no jutsu para ti? Quizás prefieres una mujer en tu cama.
- Eso no tiene gracia, Naruto – la voz de Sasuke se elevó fría en la noche, y sin embargo algo en su interior reconocía la parte de verdad que las palabras de Naruto poseían. Parte, pero no toda. ¿ Cómo explicarle el impulso que le llevaba a proteger de forma absoluta lo que amaba ¿ El miedo a perderlo todo cómo una vez lo había perdido, y la manera en que ese miedo le llevaba a proteger de una forma obsesiva lo que era más precioso para él?.
- No era mi intención que la tuviese – fue la cortante réplica.
El silencio entre los dos se extendió cortante, en la noche todo permanecía expectante, cómo si la naturaleza misma aguardase una respuesta. Y esta llegó. Llegó bajo la forma de una fría gota de lluvia, seguida de otras muchas, pesadas, interminables; el llanto de la naturaleza por el dolor de su hijo.
Naruto alzó los ojos al cielo, notando como el agua aclaraba su mente de parte de su furia, pero no de su intención.
Decidido, se acercó al Uchiha, notando cómo el empapado uniforme ceñía cada uno de los contornos del esbelto cuerpo, la forma en que el negro cabello destacaba dramático sobre la blanca piel, realzando la belleza inhumana de aquellos rasgos divinos.
Los ojos de Sasuke le miraban con una intensidad casi dolorosa cuya causa se le escapaba. Quizás si estuviese en el lado del Uchiha lo habría entendido. Si hubiese visto lo que aquellos ojos malditos veían; la lluvia amando su piel, con juguetonas caricias, las gotas deteniéndose como perlas en los relieves de su bello cuerpo; lo adorable de su rostro cuando los rebeldes cabellos rubios, domados por el peso de la lluvia lo enmarcaban. Porque para aquellos ojos implacables y crueles, él constituía la imagen de lo único que aún era bueno en el mundo del Uchiha.
Sin embargo, Naruto no podía saber eso, sólo sabía lo que su instinto y su corazón le pedían y a ellos recurrió, dejando, como siempre, que le guiaran a la hora de actuar. Su mano se elevó acariciadora, para posarse sobre el amado rostro, apreciando la mezcla de texturas, la suavidad de la piel, la humedad del agua.
- Eres tan hermoso, Sasuke…- una gota se deslizó atrevida hacia los labios del moreno ninja y Naruto la recogió con los suyos, notando complacido como la deliciosa boca se abría sin dudar bajo la presión de su lengua.
El beso que siguió fue un delicioso intercambio de saliva y pasión, las lenguas de los dos jóvenes acariciándose sucesivas mientras sus labios buscaban devorarse; separándose sólo para dejar que el aire acariciase el lugar donde sus lenguas se unían antes de volver uno a la boca del otro.
Mordiendo suavemente el labio inferior del Uchiha, húmedo de agua y de pasión compartida, el rubio shinobi observó el amado rostro antes de acariciarlo nuevamente, notando como los brazos de Sasuke lo atraían hacia el firme cuerpo. Las poderosas manos, aún cubiertas por el tejido de los guantes, recorriendo la piel de sus glúteos, antes de, presionando sobre ellos, atraer el firme y desnudo deseo de naruto contra el del propio Uchiha, cubierto por el húmedo tejido del uniforme.
La lluvia seguía empapándolos, pero en vez de amortiguar su pasión, no hacía sino aumentarla. Sus manos recorrieron una y otra vez la firme redondez que guardaba las puertas al jardín de las delicias, su cuerpo ansiando tomar la promesa que se le ofrecía tentadora. Sus labios rozaron los de Naruto, incitándolos a abrirse, notando como los afilados colmillos mordían su boca, juguetones antes de ceder paso a su lengua.
Ejerciendo una suave presión, Sasuke condujo a Naruto suavemente hasta el suelo, de forma que el dorado cuerpo del rubio quedó reclinado contra la húmeda hierba, con el Uchiha sobre él.
Las firmes piernas de Naruto rodearon su cintura, mientras sus manos acariciaban su espalda, hasta llegar el lugar dónde camiseta y pantalón se unían, sólo para deslizarse por debajo de la oscura tela. Su boca continuaba besando con ansiedad a Sasuke, mientras sus dedos recorrían la piel bajo la camiseta, levantándola a su paso. Impaciente, el Uchiha se apartó, no sin antes depositar un rápido beso en los deliciosos labios del rubio. Despojarse de su uniforme no fue si no un momento y por fin su piel pudo disfrutar plenamente de la ardiente textura de la de Naruto.
Mojados por la lluvia, sus cuerpos se deslizaban el uno contra el otro con asombrosa facilidad, mientras sus bocas se buscaban con ansia, para besarse con carnal ímpetu. Los embistes de sus húmedos cuerpos, el deslizarse de uno contra otro, la fricción entre sus sexos, les conducía a un febril estado dónde la razón se difuminaba ante el arrollador ímpetu de la pasión. Sin embargo Sasuke ansiaba algo más, ansiaba deslizarse en el acogedor y ardiente cuerpo del rubio, establecer la forma más antigua y primal de posesión, notar como los ojos azules lo miraban con adoración mientras él derramaba su esencia en el interior del dorado cuerpo.
Deslizando sus labios por el rostro de Naruto hasta llegar a su cuello, Sasuke hundió su boca en la tentadora curva donde éste se unía al redondeado hombro. Sujetando entre sus dientes la suave piel y sonriendo ante el gemido que este acto hacía surgir de los labios de su rubio amante. Apreciando la forma en que éste ladeaba su cabeza para exponer la delicada curvatura de forma plena.
Las manos del Uchiha no habían permanecido ociosas mientras tanto, explorando el firme vientre, donde los designios del sello se destacaban, para deslizarse inflexibles y acariciadoras hacia las tentadoras nalgas, sujetándolas y elevándolas, separando los delicados montículos para introducir sus dedos en la secreta entrada, preparándola para una invasión mucho más plena.
El cuerpo bajo el suyo se dejaba hacer complaciente, elevándose ante su exploración, mostrándose ante su posesiva mirada.
En el momento en que sus cuerpos se alinearon, preparándose para la unión con una ya entrenada familiaridad, las piernas de Naruto se elevaron hasta quedar apoyadas sobre sus hombros dando al Uchiha acceso pleno, los hermosos ojos azules observándole incitadores, mientras suaves movimientos de cadera acariciaban su deseo.
Sasuke no esperó más, introduciéndose en el deseado cuerpo sin más ayuda que la humedad de la lluvia y la propia esencia de su deseo. La resistencia fue mayor de lo que esperaba, y sólo su fuerza de voluntad le salvó de alcanzar su clímax en aquel intensísimo segundo en que el ardiente interior de Naruto le aprisionó con la fuerza de un guante de abrasador terciopelo.
Si algún sufrimiento había causado a Naruto, este no lo demostró, pues el profundo arquear de su espalda y el gutural gemido que surgió de sus labios hablaban más de un arrollador placer que de dolor. Los ojos del rubio, que se habían cerrado en el momento mismo de la penetración se abrieron lentamente, sólo para revelar un azul oscurecido por la pasión y la lujuria. Sus piernas descendieron hasta rodear la cintura del Uchiha mientras sus brazos rodeaban el blanco cuello de este, hundiéndose en el negro y empapado cabello.
- Mírame, teme – las palabras eran casi un gruñido mientras sus manos sujetaban el rostro de su amante, la lluvia resbalando por la piel de Sasuke hasta caer sobre la suya propia, en una misteriosa comunión – Cediendo ante ti, dejándote tenerme…humm- un ligero jadeo cuando las caderas de Sasuke, comenzaron su inevitable ritmo.- Recuerda eso siempre, Uchiha- su aliento no era más que una sucesión de jadeos, mientras el placer se sucedía oleada, tras oleada – porque yo quiero… porque yo acepto.
El cuerpo sobre el suyo continuó su ritmo implacable, empuje tras lascivo empuje, el húmedo roce de sus cuerpos al deslizarse el uno contra el otro, de la firme carne de sus cuerpos golpeando y separándose, creando un inconfundible sonido mil veces repetidos en mil actos de amor, de deseo y de placer; una carnal sinfonía que acompañaban sus jadeos, cada vez más poderosos y entrecortados, hechos sólo para los oídos del otro y para la incesante lluvia que, como una cortina que un piadoso dios hubiese dispuesto, difuminaba la visión de sus cuerpos amándose.
Su propia mano condujo a Naruto hasta su culminación, que llegó en forma de una poderosa liberación que apenas persistió unos segundos en su cuerpo, llevada por el incesante aguacero hacia la tierra como una antigua ofrenda hecha a los dioses primigenios. Sin embargo, Sasuke continuaba el incesante estacato de su cuerpo contra el del rubio, no permitiéndose ceder, darse al placer.
Daría lo que fuera porque ese momento durase para siempre; el placer anegándolo, la presencia de Naruto en torno suyo, rodeándolo, firme, suyo. La pasión se agolpaba en su vientre exigiéndole una liberación que el moreno ninja no concedió. Bajo él, el dorado cuerpo de su amante, se estremecía con cada movimiento de sus caderas, entrando y retirándose, sólo para volver con más pasión.
Atrayéndolo contra sí, el joven rubio unió de nuevo sus labios en un húmedo y carnal beso; sus lenguas encontrándose brevemente fuera de sus bocas, saboreando la lluvia y al otro por igual, Mientras ese primer beso daba paso a otros, breves mordiscos juguetones que se contraponían al irresistible ritmo de las caderas de Sasuke, Naruto deslizó sus manos por la pálida espalda del Uchiha, deteniéndose en las bien formadas nalgas, para presionar sobre ellas, añadiendo una nueva fuerza al empuje del Uchiha, reforzándolo con los movimientos de su cuerpo, reteniendo a Sasuke y dejándolo ir, sólo para cerrarse nuevamente en torno a él.
El placer hacía tiempo que era un dios en su mente, nada existía más que éste y la deliciosa presencia que se lo proporcionaba, y con un grito, mitad salvaje liberación mitad rabia, Sasuke se dejó ir, consagrando el amado cuerpo de Naruto con su esencia, justo antes de dejarse caer sobre él.
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La despedida entre los dos fue breve, apenas un "oyasumi" y una ligera inclinación de cabeza. Los pensamientos de ambos ya proyectados en otros asuntos. O así, al menos, suponía Neji era el caso de Kiba. En su caso, sus reflexiones no iban más allá de evitar cualquier contacto con Hinata al menos en esa noche y la venidera. Cuanto menos supiera mejor, había cosas que ni siquiera entre ellos debían compartirse y, en opinión del bello Hyuga, esta era una de ellas.
La noche ya había avanzado cuando salió del complejo de los inuzuka, sus pasos conduciéndole hacia uno de los edificios de la aldea. Era una construcción como cualquier otra, de pequeños apartamentos aglomerados, cada uno testigo de una vida y una historia.
La suya propia era sólo una más, aunque unos ojos lavanda lo marcasen aparte y su vida estuviese señalada por un seño, grabado en su frente. Era lo que era, y un poco más. Eso último se lo había enseñado un rubio de enormes ojos y un ansia incesante por ir más allá de lo que el destino le había reservado. De todos los regalos de Naruto, ese había sido el más precioso: saber que, a pesar de todo, una parte de su vida le pertenecía sólo a él mismo.
Tal había sido la razón que le había llevado a adquirir el pequeño apartamento, fuera del complejo familiar. Aunque no del todo complacido, su tío no se había opuesto, algo que Neji le agradecía. Porque en ciertas ocasiones, como aquella, necesitaba un lugar en el mundo para ser él mismo. Aunque ese lugar fuesen cuatro paredes de un prístino blanco, delimitando un pulcro suelo de madera, dónde en ocasiones se extendía un futón, en esos momentos bien recogido. Aunque no hubiese más muebles que una mesa dónde se disponían los útiles de caligrafía y los rollos de pergamino bien dispuestos. Ese pequeño lugar era suyo, y si una vez había soñado compartirlo con otro, sólo había sido eso, un sueño.
El descanso no llegó esa noche, tal cómo había supuesto. Así pues, simplemente esperó a las primeras luces del amanecer, para, tras una rápida ducha y un cambio de ropa, dirigirse al lugar dónde, como cada mañana, alguien le esperaba.
Algún radar en su interior debía alertar a Lee de la posibilidad de que su compañero de equipo llegase antes, pues, por mucho que el Hyuga madrugase, el rayo verde de Konoha ya estaba en el lugar de entrenamiento. Dispuesto y con su mejor sonrisa de desafío.
- Mi estimado rival – cómo alguien podía tener esa energía a tales horas de la mañana era algo que Neji nunca había podido averiguar – Es maravilloso ver que el ansia por entrenar te lleva a despertarte antes que el sol. Ni mi adorado maestro lo ha hecho aún.
- Lo que demuestra que Gai aún tiene un asomo de cordura que yo estoy perdiendo- musitó el Hyuga para sus adentros
- ¿ Decías algo, Neji- san? – preguntó el joven de verde mientras comenzaba a mover su cuerpo en una rápida sucesión de movimientos que él denominaba "calentamiento" y los demás ninjas "ejercicios extenuantes".
- Decía, que ya que Gai – sensei aún no ha llegado podemos empezar nosotros, si quieres – replicó el jounin observando cómo la expresión de Lee prácticamente empezaba a brillar de felicidad. Si algo conservaba aún el jonin, era su antigua rivalidad con el "genio Hyuga"; matizada por la amistad, curada por la experiencia juntos y la propia valía de Lee, reconocida por sus iguales y por sus superiores, pero aún viva.
- ¿ Lo dices en serio?
Una sonrisa suave iluminó el bello rostro y sus serenas líneas, ligeramente marcadas por el cansancio. Una leve tensión en el aire y poderosas corrientes de chakra inundaron nervios y músculo configurando el familiar diseño que señalaba la activación del Byakugan. El armonioso cuerpo adquirió una familiar postura, las palmas abiertas configurando una guardia baja, engañosamente relajada.
- Totalmente.
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En el barrio de Sugifu reinaba la calma. Un silencio que lo envolvía todo, como un latido. No era ese el silencio suave del amanecer, lleno de promesas; ni de la suave noche, cómplice del sueño y del amor. Era el silencio frío, yermo, que viene con la muerte.
Las calles hacía mucho que mezclaban a partes iguales agua y sangre en su barro, sangre aún fresca que pronto llamaría a los carroñeros. De momento, los únicos depredadores que hoyaban esa parte de la ciudad eran los mismos que habían ocasionado la masacre.
Uno de ellos observaba su obra, paseando su mirada por los edificios, comprobando que la misión se había cumplido y que, efectivamente, en aquella madriguera de rebeldes ya nada se movía.
- Un trabajo rápido ¿eh¿Itachi? – la voz de su compañero se elevó en el aire a sus espaldas, sus botas manchadas de tierra ensangrentada mientras sus manos envolvían la hoja de una monumental espada- Aún así fue divertido, son duros, estos guerreros del agua.
- Tú tendrías que saberlo, Kisame – los ojos rojos del primer hombre se volvieron hacia la segunda figura – No pensé que quisieras aceptar esta misión.
- ¿Y perderme la oportunidad de volver al país del agua? – la boca de afilados dientes se curvó en una salvaje sonrisa – Ni loco. Echaba de menos estas islas, aquí mi chackra se siente como en "casa" – Kisame se rió de su propia gracia.
- Hogar dulce hogar¿ne? – preguntó una tercera voz, grave pero de tonos engañosamente suaves, antes de que la figura de un hombre rubio y rasgos delicados se materializase junto a ellos.
- ¿Habéis acabado? – preguntó el primer hombre, Itachi, al recién llegado, su terriblemente atractivo rostro vació de expresión alguna.
- Si, Tobi está terminando con los últimos detalles…- un grito de agonía hendió el aire interrumpiendo su frase. – Ah, bien - prosiguió con una sonrisa – Detalles terminados.
Itachi paseó su mirada por Sugifu, la omnipresente niebla espesándose a medida que avanzaba la tarde, creando sombras irreales en el tétrico escenario. Desdibujando los contornos de las casas y los cuerpos para otorgarles un primer y frío sudario.
-Vámonos – dijo Itachi, una vez el cuarto integrante de su grupo hubo aparecido.-Nosotros hemos terminado aquí.
- ¿Volvemos al cuartel principal? – preguntó Kisame, dirigiendo sus pequeños ojos negros hacia su compañero.
La roja mirada de Itachi se oscureció levemente, mientras escuchaba la voz de su líder en sus pensamientos, un instante antes de responder: - No, a la base siete.
Un asomo de sorpresa cruzó los rostros de los tres integrantes de Akatsuki, sorpresa que, sin embargo se guardaron bien de manifestar. En la organización a la que ellos pertenecían, las dudas era mejor guardárselas para uno mismo.
El viento agitó las oscuras capas, con su extraño diseño de nubes rojas. Nubes de amanecer sobre el cielo de la noche. Nubes de sangre sobre un mar de oscuridad. Un destello de chakra se elevó procedente de sus portadores, un segundo antes de desaparecer, con un nuevo destino en sus mentes.
El país del fuego.
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Nota de la autora: Soy un ser despreciable ( se arrastra) y una ameba. No volveré a tardar tanto en actualizar. Jamás. Sólo tengo la vida, el trabajo y una compañía de Internet que me trae por la calle de la amargura como excusa. En mi disculpa os traigo un capítulo largo y frondoso para que me perdonéis.¡¡¡ Onegai!!!.
Nota de la autora (2). Los reviews los he contestado vía reply ( si a alguno no le ha llegado puede reñirme y a ff. también) pero esta vez tenía uno anónimo. PanLee. Bueno, ya ves que no es exactamente que Sasuke le haya robado el Kyuubi a Naruto. Es que este zorro va por libre. Un besazo.
