"Y como podrás observar, Cindy, el clima seguirá siendo nevado para Londres por un par de días más, así que recuerden conducir con precaución.

-Esta es una de nuestras nevadas más grandes, ¿no es así, Ralph?

-Oh, vaya que sí. Buen día, ciudadanos de Londres, ahora los dejo con Cindy Laurent.

-Muchas gracias, Ralph"

El reporte del clima resonaba por una radio antigua desde la esquina de la cocina, sobre un mueble junto a la mesa de caoba que dominaba la estancia. Hermione preparaa animadamente el desayuno, con mucho cuidado de freír bien los huevos, y de colocar cuatro rebanadas de pan en la tostadora. Sacó dos platos y una bandeja de una estantería a su lado, y se estiró para alcanzar dos vasos de vidrio sobre la estantería. Luego se dirigió hasta el congelador para obtener una caja de jugo de naranja ubicada tras un contenedor de leche, y más atrás un paquete de frutas. Entonces, la tetera comenzó a chillar desde la cocinilla, rompiendo el silencio como un grito afilado en medio de la tranquila mañana. La muchacha de cabello castaño se apresuró a apagarla, pero alguien llegó antes que ella.

-¡Harry!

-Hola -tenía unas grnades bolsas bajo los ojos, estaba pálido y su rostro padecía un extraño tono verdoso, casi enfermizo.

-¿Qué rayos haces levantado de la cama? Deberías estar arriba, ya sabes, recuperándote de tu despartición. Además, te ves terrible.

-Lo sé, es solo que me aburrí demasiado. Pensé en bajar a ayudarte con el desayuno, pero. . .- Harry observó los huevos y las tostadas- no pareces necesitar mi ayuda realmente.

Hermione estaba un poco molesta, y preocupada, porque el chico tenía un aspecto horrible y parecía muchísimo más cansado de lo habitual, aunque se las arregló para formar una sonrisa que iluminó automáticamente su cara.

-Debes volver arriba -insistió.

-Oh, vamos Hermione, solo por el desayuno. Luego puedo dormir todo lo que quieras -y sin esperar su respuesta (la cual era probablemente un rotundo "no") se sentó en una silla de madera oscura a su lado. Tomó uno de los platos blancos y una tostada, y comenzó a untar un poco de mermelada de fresa en ella. También cogió uno de los vasos con jugo de naranja y bebió solo un sorbito, para evitar vomitarlo antes de que Hermione lo notara.

-¿Y tus padres? Creí que estarían un poco,uhm, ya sabes, incómodos con mi presencia -su mejor amiga hizo un gesto de desdén con la mano mientras devoraba su tostada.

-No te preocupes, se han ido al trabajo esta mañana y me han dicho que estaban de acuerdo con que te quedaras, al menos hasta recuperarte. Supongo que no les importa que te quedes.

Una canción comenzó a sonar suavemente desde la radio. Harry comenzó a comer su tostada.

-¿Y qude haguemos hog dtía? -su mejor amiga se partió de la risa al verlo tartando de tragar el enorme pedazo de tostada que tenía en la boca.

-Bueno, tú dormirás hasta que yo llegue. Luego de eso ya veremos.

-¿Llegag de dogde? -aún tenía la boca llena de más hambriento de lo que creía.

-De la escuela, Harry. Estaré ahí hasta las tres y luego vendré a estar aquí -a Harry se le había deslizado un poco de jugo de naranja por la barbilla, por lo que, sonriendo amablemente, Hermione estiró la mano con una servilleta y le limpió dulcemente la barbilla, dejándola ahí por un segundo más de lo necesario. De improviso, sus miradas se cruzaron, y Harry no pudo evitar sonreírle de vuelta. Hermione se ruborizó un poco y bajó la mirada.

-Debo ir a prepararme para ir a la escuela. Te veo en un rato. -salió de la cocina apresuradamente y subió las escaleras hasta su habitación, dejando a un Harry un poco confundido por lo que había pasado; escuchando una canción de los ochenta en la radio.

Antes de marcharse, Hermione le había cambiado la venda a Harry en el brazo y en la pierna, además de aplicar unas gotas de díctamo, que guardaba en un cajón con su varita, sobre la herida. Harry jamás había experimentado una despartición antes, por lo que no sabía cómo se sentía la escencia de díctamo ardiendo sobre la piel desnuda. Apenas la primera gota cayó, tuvo que apretar los dientes y cerrar los ojos fuertemente para evitar gritar de dolor. Una hora más tarde se quedó dormido en el silencio de la casa vacía, y soñó con su patronus, el mismo sueño que había tenido el día anterior. Solo que ahora, no solo su padre le hablaba, sino también Hermione. Y ambos decían:

"Te quiero, Harry"

Pero no sonaban como palabras conciliadoras, sino más bien como a una despedida. Y, antes de que el sueño acabara y terminara despertándose con un sudor en la frente y el corazón acelerado, escuchaba a su madre gritar desgarradoramente, como el grito que escuchó la primera vez que lo atacó un dementor. Hace mucho tiempo que no se sentía tan asustado por los dementores, ni tan desolado.

Su mejor amiga había dejado un plato con comida congelada en el congelador para él, para que evitara cocinar y solo tuviera que colocarla en el microondas (o calentador de comida). Así que en cuanto los rugidos de su estómago se volvieron tan estridentes que provocaron un pequeño eco en la habitación; bajo con mucho gusto a calentar su comida. Pero algo lo detuvo sorpresivamente en su camino hacia la cocina. Era una carta, sin dirección de quien la enviaba ni calcomanía. Pero lo que llamó la atención de Harry fue su nombre en un rincón del sobre:

"Hermione Granger, Londres.

De alta confidencialidad, informe en relación al Señor Harry J. Potter"

Harry comenzó a abrirla por la parte de atrás, pero no podía. Incluso, trató con romper cada espacio del sobre, pero por alguna razón aquello que parecía simple papel no cedió. "Un encantamiento", pensó. Justo entonces el reloj de la marca dental Colgate a su lado dio las tres, y a Harry se le ocurrió una idea. Ya tendría tiempo más tarde para encarar a Hermione sobre la carta, pero primero quería darle una sorpresa.