–Cuando tenía 14 años conocí a un chico. Su nombre era Jean. Recuerda que era encantador, aunque, al principio, peleábamos demasiado, pero después nuestra relación comenzó a ser menos agresiva. –Suspiró. –En ese tiempo, me encontraba destrozado, no recuerdo por qué. Me encantaba ir al carnaval, amaba a los payasos. Jean cambió su actitud conmigo, mostrándose más tierno y amigable.
–Bastardo... –Levi gruñó. Eren sonrió, el mayor era realmente adorable.
–Me confesó sus sentimientos el día de mi cumpleaños número 15. Creo que lo rechacé al principio ya que me estuvo insistiendo durante algún tiempo. Al final acepté ser su novio. –Suspiró. Un leve escalofrío recorrió su columna, se tensó. –Él... Él comenzó a cambiar después de dos meses de relación. Era agresivo y a veces me golpeaba...
– ¿Por qué no lo dejaste?
–Me sentía tan solo en ese tiempo... Era el único que me comprendía, lo apreciaba demasiado. –Se aferró al torso del mayor. –En Halloween de ese mismo año ocurrió la "gran tragedia". –El ceño del pelinegro se hizo más profundo. –Jean se vistió de payaso para hacerme feliz. Fuimos al carnaval, entramos a la casa de los espejos. No sé cómo, o por qué, sucedió. Lo único que sé es que él me golpeó la cabeza con fuerza, dejándome inconsciente. Una semana después desperté. Tenía una venda en la frente y no recordaba nada.
– ¡Lo mataré!
Han pasado más de cuatro años, enano, no asegures cosas que son imposibles.
–Esa fue la causa de que se desarrollara mi enfermedad. Estaba tan herido, deprimido y perdido... No sabía qué hacer con mi vida. Comencé a desesperarme, no salía de casa, limpiaba ya que era lo único que podía hacer...
–Eren, detente, eso no es necesario. –El moreno le ignoró.
–Ordenaba las cosas a mí manera, limpiaba cada oscuro rincón, algo se apoderaba de mí cada vez que encontraba sucio algo. Casi no dormía, me comportaba agresivo la mayoría de las veces. –Sus manos temblaron, le era difícil contar esa parte de su vida. –Cuando regresé a la escuela... Comencé a sufrir acoso.
–Eren, basta. Esto te hará mal. –Se sobresaltó cuando el castaño se levantó y lo miró con enojo. Sus ojos habían cambiado de color. Ya no tenían rastro de ese hermoso color azul, asemejándose al cielo y al mar. – ¿Eren? –Su respiración era pesada, sus ojos eran amarillos y expresaban ira.
– ¡Cierra la boca y escucha! –Logró moverse antes de que un puño impactara su rostro. Tomó de los hombros al castaño y lo abrazó con fuerza, posiblemente podría calmarlo con esa acción.
–Eren, tranquilízate. Esto te hará mal, te harás daño, cálmate. –Acarició su cabello, el menor se estremeció en sus brazos. –Eso es. Respira, respira. Lo estás haciendo bien.
–Y-yo... Lo siento. No era mi intención hacer eso.
–Lo sé.
–Mamá y yo nos mudamos a Alemania con mi padre y Mikasa. Mi actitud empeoraba, pero a papá le gustaba eso, le encantaba tener limpio y ordenado. –Relamió sus labios antes de continuar. –Pasaron dos años, mamá seguía reprendiéndome por todo, todo cambio en el verano de mis 17 años. Supongo que se debe a que te conoció a ti.
–Supones bien. Gracias a Mikasa te encontré, fue cuando comenzamos a planear todo. Sacarte de casa era muy complicado, pero ha valido la pena esperar tanto tiempo. –Besó sus labios con dulzura. Eren se sonrojó. –Admito que tu amigo el rubio tenía buenas estrategias.
–Armin siempre ha sido bastante inteligente, no me ha sorprendido que haya participado en el plan...
–Me alegra escuchar eso.
–Pero no puedo creer que Mikasa sí. Es decir, ella es mi hermana loca y obsesiva, es imposible que haya hecho eso. –Rió. –Creo que realmente confía en ti...
– ¿Y tú? ¿Confías en mí? –Eren asintió con rapidez. Claro que confiaba en él, comenzaba a quererlo demasiado. Lo necesitaba a su lado.
–Algo me dice que no mientes, que tus sentimientos son verdaderos. Creo que empiezo a corresponderlos...
–Te amo, Eren, y estoy ansioso de escuchar esas palabras proviniendo de tu boca. –Besó su frente. –Debemos dormir.
…
Jadeó al verlo detrás de él. Sus ojos de clavaron en su figura, se volteó para enfrentarlo. –Jean. Maldito... –El de cabello bicolor lo interrumpió tomando sus mejillas y juntando sus labios con los suyos. Eren de paralizó, era la primera vez que el chico hacia eso en una de sus pesadillas.
–Mi amor... –Le abrazó y comenzó a llorar en su hombro. Tomó su mano, acarició su cuello con su nariz mientras aspiraba su olor. –Perdóname. Estoy realmente arrepentido, aún te sigo amando.
–Aléjate, Jean. ¡Déjame vivir tranquilo!
–Eren, es hora de irnos. –Una mano cálida se posó en su hombro, unos labios se colocaron junto a su oído. –Seamos felices.
– ¡Estúpido enano! –El castaño sólo sintió su cuerpo chocando contra el piso. – ¡Te voy a matar! ¡Eren es mío, sólo mío!
– ¡Vete, Eren, huye! –Negó. No podía abandonarlo, no quería. Se levantó, dispuesto a pelear, pero, para su desgracia, ya era demasiado tarde.
– ¡Levi! –Despertó. Estaba agitado, sudaba frío. Cubrió su boca y ahogó los fuertes sollozos que había reprimido durante varios días. –Levi... –Escondió su rostro entre sus piernas, lloró en silencio sin saber dónde estaba el mayor. Estaba desesperado, asustado, ¿Por qué tuvo que soñar con su muerte?
– ¿Eren? ¿Estás bien? –No obtuvo respuesta. Miró con preocupación al chico, se acercó y pasó una mano por sus hombros. –Escuché que gritaste mi nombre, ¿Sucede algo?
–N-no... ¡No quiero que mueras! No quiero estar solo otra vez... No quiero sufrir de nuevo. –El pelinegro revolvió sus cabellos mientras sonreía. –No quiero que te vayas...
– ¿Realmente crees que sería capaz de dejarte? Ya te lo dije, Eren, no debes de temer. –Alzó su mentón, besó las lágrimas que caían sobre las sonrojadas mejillas del chico. Juntó sus labios, moviéndolos con lentitud y ternura. El sabor salado combinándose con el de Eren.
Recuerda, Eren, recuerda.
