Bueno, siento que últimamente empiezo todos mis capítulos disculpándome por la tardanza, jeje.
La verdad es que duré muchos días con dos renglones escritos pero hoy finalmente me senté, comencé a escribir y no me detuve y ¡voila! Ya quedó.
El tan esperado epílogo de Ladrona Fantasma. No lo iba a hacer, pero ustedes tenían razón. Quedaron algunos cabos sueltos que espero se resuelvan con esto. Todo esto lo había pensado pero no encontré donde acomodarlo en los otros capítulos, ergo… he aquí el epílogo.
Supuse que les gustaría saber que además suelo hacer una ficha de personaje de todas mis historias. En éste fic en específico, puse que Astrid tenía 17 años, Hiccup 20. ella mide 1.70 y él 1.85. Físicamente lo demás se queda igual físicamente. en cuanto a lo demás, el papá de Astrid es el comandante, ya saben. Y Stoick, aunque no sale, como siempre es el alcalde. Bertha y Valka son "amas de casa" porque esto pasa en 1854, claro.
Creo que es todo. Ya saben, si tienen alguna otra duda son más que bienvenidos a preguntar.
Ah, Stormfly es un canario xD
Ahora sí, ¡a leer!
Epílogo: Guarida de Ladrón
Habían pasado más de tres meses desde la última vez que la estación de policía recibió una nota de la Ladrona Fantasma, pero el detective Haddock no estaba tan decepcionado como el resto de la comisaría acerca de su evidente desaparición. Mientras que los demás se lamentaban que ya no tendrían la oportunidad de llevarse el crédito de atrapar a la ladrona más escurridiza de todos los tiempos, para Hiccup no podía ser más tangible en estos momentos, cuando lo jalaba de la mano haciéndolo avanzar a trompicones en la oscuridad y piso disparejo con la única guía de su memoria y una lámpara de aceite.
— ¿Estás segura que…? — comenzó a preguntar él por tercera vez.
— Sí, estoy segura. Es por aquí. Ahora deja de quejarte. Ya casi llegamos. — lo interrumpió Astrid con un tinte de exasperación en la voz.
Hiccup apretó los labios y no dijo nada más. No era que no confiara en ella, desde luego. Si fuera así no la habría seguido detrás de la estatua de uno de sus antepasados, en uno de los corredores más recónditos de la mansión en que vivía. Aunque debía admitir que se había quedado con la boca abierta cuando ella activó el mecanismo que movía la pesada estatura de roca. Después de todo, en lo que a él respectaba, esas cosas sólo pasaban en las novelas de misterio que se habían vuelto tan populares recientemente.
— ¿En dónde estamos? — había preguntado Hiccup después de varios minutos de camino en la oscuridad.
— Al parecer mi tátara-tátara-tatarabuelo hizo estos pasadizos cuando construyó la mansión en caso de ataque o secuestro o cosas por el estilo. Conectan con los acueductos de la ciudad y fueron diseñados para ayudar a la familia a escapar. — explicó Astrid. — Los descubrí cuando tenía como diez años y me dio por explorar y "entrenar" — se rió — Desde luego, como no podía dejar la mansión, me di a la tarea de recorrer cada pasillo y habitación. Fue cuestión de tiempo hasta que los hallara.
Hiccup estaba sinceramente impresionado.
— Me los aprendí de memoria hace muchos años, por lo que te digo que no nos vamos a perder. Jamás creí que les daría un uso más que mis juegos infantiles, eso hasta que decidí ser la Ladrona Fantasma.
Hiccup asintió y se dejó llevar casi a rastras por los túneles. Después de mucho caminar, dejó de intentar memorizar el camino y prefirió concentrarse en sus manos unidas y dejar que ella lo guiara a través de los pasillos a los que él no les encontraba secuencia. Después de unos minutos, finalmente anunció que llegaron.
Se pararon frente a una puerta de metal herrumbroso y Astrid soltó su mano para buscarse una argolla con varias llaves antiguas y más grandes que su mano de entre los bolsillos del vestido. Seleccionó una y la metió en la cerradura. Le tomó un poco de esfuerzo girarla, pues era muy vieja.
Hiccup la hizo a un lado con un gesto delicado y empujó el mismo la puerta, que rechinó como si no hubiera mañana. Estuvo seguro que todo Berk lo había escuchado, pero Astrid simplemente entró y se puso a encender velas. Había muchas repartidas por toda la habitación.
La habitación, era en sí un cuarto de cuatro paredes muy grande, y al igual que los muros de los pasillos, hecho de roca. Con forme Astrid iba encendiendo las velas y el cuarto se fue iluminando, Hiccup fue reconociendo en las paredes y en los diversos muebles viejísimos que había cubiertos por sábanas y telas de color blanco, las obras de arte y objetos invaluables que La Ladrona Fantasma se había robado.
— Esto es… — murmuró Hiccup, tratando de observarlo todo al mismo tiempo.
— Mi escondite secreto. — sonrió ella. — ¿Te gusta?
Hiccup la tomó como una pregunta retórica y no respondió. Siguió observando detenidamente cada una de las pinturas que había colgadas en las paredes. Había nueve. Recordaba todos y cada uno de los fracasos que tuvo al intentar detener esos robos.
En una cómoda, esta vez no cubierta por nada, había acomodados varios tesoros con sumo cuidado y, se percató, por orden de adquisición. Astrid era organizada.
Entre los múltiples objetos robados había joyas como anillos y collares de rubís y zafiros. Una caja de música de aspecto antiguo y valioso, como el tipo de regalo que una abuela hereda a su nieta. Casi al final de la fila, estaba el alhajero de su primer encuentro. Hiccup se dio cuenta que lo había acomodado con especial cuidado, sobre una pequeña plataforma de madera que lo hacía destacar de entre las demás piezas. Quiso pensar que era porque ella le tenía especial cariño a esa pieza y no precisamente por su valor artístico. Al lado del alhajero estaba el collar de diamantes de su segundo encuentro, acomodado con igual cuidado.
— ¿Por qué me trajiste aquí, de nuevo? — preguntó distraídamente mientras seguía mirando detenidamente todas las piezas que había desperdigadas por la habitación en los diferentes muebles. Había al menos cuarenta. No recordaba haber recibido nota de todas ellas.
Astrid había desaparecido a sus espaldas, Hiccup supuso que encendiendo más velas. Su voz le llegó un poco lejana.
— ¿No eras tú el que quería verla? Mi colección, me refiero.
— No, te dije que tenías que devolverla.
— Y yo te dije que la mayoría de los dueños ya están muertos.
— ¿Qué me dices de su descendencia? Estoy seguro de que tienen hijos que estarán encantados de recibir las pertenencias de sus difuntos padres.
Astrid bufó.
— Ya los dan por perdidos, estoy segura de que ni saben de su existencia.
— ¿Cómo estás tan segura? – preguntó dándose la vuelta finalmente para encararla, pero no la encontró por ninguna parte. — ¿Astrid?
Una risita le llegó desde detrás de un ropero con paraban. Astrid salió luciendo una sonrisa divertida y su traje de ladrona a excepción de su antifaz. Hiccup tragó pesado, tenía la sensación de que algo tramaba y había caído redondito en su trampa.
— Eh…
— Lo sé porque todas las piezas que robé tenían algo en común. — respondió acercándose, el tacón de sus botas haciendo un "clac-clac" cada que daba un paso en el piso de piedra. — Todos son tesoros de un barco que naufragó.
— El "Fragata Meduse". Me había dado cuenta, pero aun así no todos los pasajeros se ahogaron, hubo sobrevivientes.
— Pues claro que hubo sobrevivientes — se rió — De lo contrario no estaría yo aquí.
Astrid se sentó en un diván, uno de los pocos muebles que no estaba cubiertos con telas blancas y le dio unas palmaditas gesticulando para que él se sentara a su lado. Sabiendo que no tenía otra opción, se dirigió al diván y se sentó.
— Mi abuela estuvo en ese naufragio. — confesó — Y fue mi abuelo quien dirigía la expedición de rescate. Fue él quien la encontró.
— Oh. — dijo Hiccup, asombrado por el giro que estaba dando la conversación.
— Cuando era niña, mi abuela solía contarme su aventura y como pensó que iba a morir ahogada o la devoraría una ballena — se rió otro poco y Hiccup sonrió. — De cualquier modo, mi abuela siempre decía que el barco era muy seguro, siempre lo revisaban en caso de cualquier falla cada que tocaba puerto y esa noche falló de la nada. Tanto ella como mi abuelo pensaban que alguien había hundido el barco a propósito.
— ¿Porqué pensarían eso? — preguntó Hiccup, ávidamente interesado.
— Además de lo que te acabo de decir, piénsalo. Es bastante lógico. En el barco iban muchísimas piezas valiosas porque el voyage era una convención de obras de arte. Se perdió un 90% y nadie podía saber si alguien había asaltado la bodega o si el botín se lo había tragado el mar.
Astrid se desabotonó dos botones de la blusa y sacó un collar muy detallado que lucía la silueta de una mujer en una joya tallada engarzada en un marco ornamentado. No era más grande que el círculo que se forma si unes las yemas de tus dedos índice y pulgar.
— Éste de aquí era de mi abuela y era parte de la exposición. Por supuesto, desapareció junto con muchísimos más.
Hiccup lo miró detenidamente. Astrid se lo quitó y se lo extendió. Él lo tomó con cuidado y lo apreció mejor.
— ¿Y lo recuperaste?
— Claro. Comencé a investigar el paradero de las joyas y las obras de arte. No fue fácil, pero muchas habían sido vendidas en el mercado negro y tenían dueños que las querían sólo por ser caras o por que "eran bonitas". —Astrid meneó la cabeza — Ni siquiera las apreciaban cómo se debe.
Hiccup le devolvió el collar dirigiéndole una mirada suspicaz.
— ¿Y por eso las tomaste? ¿Porque tú las puedes apreciar mejor?
Astrid rodó los ojos. Le dio la espalda y se retiró la trenza de la espalda, una clara invitación para que él le volviera a colocar el collar. Con manos temblorosas, le pasó la cadena alrededor del cuello y consiguió cerrar el broche al tercer intento.
— Es difícil investigar todo esto, ¿sabes? Tengo que colarme a la oficina de mi padre, sacar la llave del archivo de la policía cada que puedo y devolverla antes de que se den cuanta que desapareció. — se giró para mirarlo — Pero quizá tú puedas ayudarme, dijo inclinándose hacia él, con la sonrisa maliciosa y el brillo astuto en los ojos.
Hiccup trató de no desviar la vista hacia los dos botones que seguían abiertos.
— ¿Ayudarte exactamente a qué?
— ¿No quieres que lo devuelva? Seguramente nadie los ha reportado como robados, pues hace años que "se perdieron en el mar", pero tengo una lista de los nombres de las personas que estaban participando en la exposición con alguna pieza. Con tu ayuda tal vez pueda acceder a los nombres de su descendencia, si es que la tenían. Algunos no tenían hijos y no tuvieron tanta suerte como mi abuela.
Hiccup asintió.
— Gracias, Astrid.
Astrid le pasó los brazos por el cuello.
— Pero me quedaré con todo lo que no tenga dueño — aseguró con una sonrisa presuntuosa — Y con lo que saqué de los museos. — cuando vio que él iba replicar, se apresuró a añadir — Sólo una de las piezas que saqué del museo tiene dueño legítimo, y si se lo doy sólo lo meteré en problemas, pues la policía pensará que él fue quien lo robó.
Hiccup tuvo que admitir que tenía razón.
— De acuerdo. Pero te haré firmar un contrato — bromeó — así en caso de que intentes pasarte de lista, podré recordarte que lo firmaste por escrito.
— Detective Haddock, yo sería incapaz de intentar engañarlo. — aseguró, aun con la sonrisa en los labios. — Pero se me ocurren otras formas de cerrar un trato.
Hiccup no pudo sino torcer la sonrisa también.
— ¿Deberíamos?
— Sin duda.
A lo largo de los tres meses que llevaban siendo una pareja oficial, se habían besado innumerables veces, sin embargo ahí, quién sabe cuantos metros bajo tierra, encerrados en una cámara que nadie conocía a la luz de las velas, el acto parecía más íntimo y significativo. Astrid confiaba en él lo suficiente como para enseñarle el fruto de su trabajo y que aun así no la entregara.
Casi no parecía justo, pero después de todo él estaba confiando en ella siguiéndola hasta ahí. Bien podía noquearlo de un golpe y encerrarlo en una de las cámaras para asegurarse de que no le contara a nadie su secreto, pero sabía que no lo haría. Estaban a mano.
— Astrid — murmuró separándose lo suficiente como para verla a la cara — ¿por qué te cambiaste de ropa?
Ella soltó una risita.
— ¿No te gusta?
— Eh… Siento que no puedo responder esa pregunta y salir con mi dignidad intacta.
Esta vez Astrid se rió con humor, complacida.
— Bien. Porque precisamente por eso me cambié de ropa. — después lo tomó por la nuca, enredándole los dedos en el cabello — Y ahora, si no tienes nada más que decir, aún no he terminado contigo.
— No, me parece que es todo. — aseguró, sujetándola firmemente por la cintura. El corsé no podía aislar del todo su calidez corporal y lo estaba volviendo medio incoherente.
— Entonces no más interrupciones. A ese contrato aún le faltan unas cuantas cláusulas por firmar.
Sobra decir, que desde luego no hubo más interrupciones.
Listo, ahora sí. Siento la imperiosa necesidad de decir que no es final abierto porque la historia de la "Ladrona Fantasma", es decir de Astrid como delincuente ya se contó, que era la idea principal del fic. Ya si ellos dos en algún momento se comprometen y se casan y viven felices para siempre es otra historia, que como tengo mil proyectos por escribir, no tengo planeado hacer continuación jajaja. Disculpen.
De todos modos, nos leemos pronto en mis proximos proyectos.
Y si les interesa, como dato curioso el barco "Meduse" sí existió, fue francés y sí se hundió. Jeje, En fin.
¡Les mando muchos besos, abrazos, les doy permiso para que me acosen con todo lo que me quieran mandar y luego los persigo para darles otro abrazo! ¡Nos leemos! :)
