Capítulo Cuatro: Bajo la lluvia.
A ciegas en la noche, usando sus instintos como brújula, un tauren corría desesperado por Tuercespina, buscando a su amigo troll, quien no ha regresado a Grom'gol desde que este decidió salir del lugar durante el atardecer.
-¿Dónde estás, Yazrin?- pensó.
Kahoo buscaba a su alrededor toda señal que le indicara donde podía estar, llegando finalmente a encontrar un raptor esmeralda con algunas manchas amarillas en su lomo, sobre el cual tenía una silla de montar y unas riendas, junto con una grande y abultada mochila púrpura.
-Es su raptor…- pensó, mirando a su alrededor- ¿dónde estás?
Bajándose de su kodo, Kahoo comienza a andar por el lugar, sin poder encontrar nada en la oscuridad. De pronto, ve un punto de luz a la distancia, decidiendo llegar hasta él. La luz se hacía más cercana, junto con los emergentes pensamientos desesperados del tauren.
-Por favor… que esté vivo…
Finalmente, la luz lo guía hasta un claro en la selva, donde el cuadro iluminado distaba de ser agradable. Yazrin se encontraba de espaldas en el piso, inmóvil, su sangre se drenaba de su cuerpo; a su lado, se encontraba una mujer, una humana, con un costado de su rostro y parte de su vestimenta manchadas con sangre, la sangre del troll.
El tauren empezaba a sentirse furioso… ¿cómo se atreve esta humana dejarlo en tal estado?
Sin pensarlo dos veces, recurre a sus hechizos de sacerdote, lanzando un rayo de luz que cayó sobre la mujer, quien se retorcía y gemía de dolor, suspendida en el aire gracias a sus manos. La ve confundida, encontrando su castaña mirada con la suya. El tauren sujeta su bastón con fuerza, listo para atacar.
Aprovechando el aturdimiento de la humana, Kahoo se acerca, viendo la sangrienta situación a centímetros de su nariz, para luego mirar con furia a la mujer. La ve alejarse, diciendo nerviosas palabras… excusas, probablemente.
-¡No me interesa escucharte!- espetó Kahoo- ¿cómo te atreves a hacerle esto a mi amigo?
La chica se mueve lentamente, y viendo como intentaba llegar con sus manos hasta su amigo, aparta sus manos violentamente con las suyas.
-No lo toques- dijo el tauren entre dientes.
Viendo al troll por un instante, se sintió mas aliviado al notar que aún respiraba, la peor situación todavía no pasaba. Finalmente, ella le dice algo, su voz era baja y suave, comenzando a retroceder hasta subir sobre un caballo marrón, para perderse en la noche.
-Yazrin- dijo Kahoo- te dije que no lo hicieras.
Recitando una oración, sus manos emanaban una energía dorada, la cual es puesta sobre el herido, sintiéndose satisfecho cuando ve que las heridas desaparecían, como la palidez del druida se veía más azul, sintiendo un débil movimiento debajo de sus dedos. Una vez terminada la sanación, el troll despierta, viéndose confundido y mareado. Su mirada sorprendida no pasa inadvertida.
-¿Kahoo?- dijo Yazrin- ¿qué haceh' aquí?
-Sanando tus heridas- dijo el tauren serio- ¿qué creías que hacía?
Levantándose del suelo, Kahoo le tiende una mano a Yazrin, quien la sujeta para levantarse. Aun con la sensación de mareo presente, intenta mantenerse en pie, sujetándose de los brazos de su amigo.
-¿Qué pasó?
-Esperaba que tú me dijeras- responde Kahoo ante la pregunta.
-Había llegao… tal y como lo aco'damos… -contaba Yazrin- pero… siento que me golpean…- se interrumpió debido al mareo, luego prosiguió- fui retenio por un grupo de humano'… y me dejaron así…
-Fue una suerte que pude llegar a tiempo para que esa humana no te diera el golpe de gracia…
-¿Humana?
-Había una humana a tu lado, la alejé.
-… no recue'do que hubiera una mujer con ellos.
El tauren escuchaba atentamente, y mirando a su amigo, se dio cuenta de las vendas que tenía en un brazo y parte de su torso. Colocándose frente al druida, examina las vendas, dando varios resoplidos al ver que estaban pobremente puestas.
-Pensaba que sabías vendarte solo, Yazrin-se burló Kahoo.
-Yo no lo hice…- dijo Yazrin confundido.
-Entonces… si no fuiste tú…
Pensando un poco en la situación, el tauren empieza a pensar en los eventos recientes, recordando a la humana que estaba a su lado cuando lo encontró. Ahondando más en el recuerdo, ve que la mujer tenía unas vendas en la mano antes de atacarla. Sacudiendo la cabeza, Kahoo no podía creer que ella hubiera hecho el vendaje para Yazrin.
-¿Qué es eh'to?- dijo Yazrin recogiendo algo del suelo- ¿una botella?
El tauren toma la botella cuadrada de sus manos, viendo que estaba vacía. Acercando su nariz a la boca de la botella, huele un aroma familiar, viendo además un par de gotas rojas dentro de esta, las cuales vierte sobre su boca, saboreando una sustancia líquida, ligeramente aceitosa y agridulce.
-Es… era una poción de sanación… ¿de dónde la sacaste?
-No recue'do haber tomao nada- acotó Yazrin.
-Entonces… ¿habría sido la humana?- murmuró Kahoo ensimismado.
-¿De qué humana eh'tás hablando?
-Cuando estabas inconsciente, había una humana a tu lado- dijo Kahoo, confundido al igual que el troll.
-¿Cómo era?- preguntó el druida con curiosidad.
-¿Qué te puedo decir?- dijo el sacerdote- de tamaño era como muchas de su especie… su cabello era largo y castaño… creo que sus ojos también eran de ese color, de piel pálida… tenía unas manchas extrañas en su rostro.
Yazrin se hacía una imagen mental de la humana que Kahoo describía; con el aturdimiento morando en su cabeza, el troll no logra recordar a ninguna mujer humana con la que haya tenido contacto.
-Ahora la pregunta es… ¿por qué se tomó la molestia de sanarte?
El druida se hizo la misma pregunta, caminando junto a su amigo mientras se dirigían hacia sus monturas. El raptor se alegró de ver a su amo, esperando junto al kodo mientras movía su cola.
-Te entiendo- dijo el sacerdote dirigiéndose al raptor- está bien… salvo esa cabezota que tiene, lo cual es irreversible.
Kahoo siente un fuerte puñetazo en uno de sus brazos, viendo a un Yazrin medio sonriendo al mismo tiempo que acariciaba la cabeza de su montura para subirse al instante a ella. Sin más que decir, ambos abandonan el claro, encaminando sus pasos hacia el campamento Horda más cercano.
Mientras tanto, Shiraela ya había llegado al campamento de la Expedición de Nesingwary, donde es recibida por unos guardias de rostro preocupado.
-¿Estás bien?- dijo uno de ellos- estás cubierta de sangre…
Mirando su ropa, la maga nota las manchas de sangre que llevaba encima de su pecho, en sus mangas y su regazo. El mismo guardia que le había preguntado se acerca hasta ella, pasando una de sus manos por su rostro, viendo sangre cuando la aleja de ella.
-No… yo estoy bien…- tartamudeó la maga- es que… fui atacada ahí afuera… yo me defendí…
En ese momento pensó que lo mejor era no contar sobre el troll sangrante, era más creíble decir que estuvo luchando afuera.
-Entiendo… será mejor que pases- dijo finalmente el guardia- últimamente los tigres tienden a atacar mucho…
Shiraela agradece al guardia su consejo, entrando en el campamento para acomodarse. Dejando su caballo atado en uno de los troncos delgados que sujetaba uno de los cobertizos, la joven extrae de su mochila un saco de dormir hecho de cuero, el cual parecía ligeramente acolchado y tenía un forrado de piel por dentro. Estirándolo en un área libre debajo del cobertizo, pensaba en acostarse, pero recordando su túnica ensangrentada, prosigue a quitársela primero, quedando solamente con una camisa roja de cuello abierto y unos pantalones azules.
-Es una suerte tener esta ropa debajo- pensaba- sería vergonzoso andar desnuda por ahí…
Luego de guardar la túnica entre sus cosas, se acuesta dentro del saco de dormir, sintiéndose cómoda al instante. Sintiendo como el forrado cosquilleaba su piel, no puede evitar pensar en el troll… ¿Estará bien? ¿Su amigo lo habrá llevado a un refugio seguro? ¿Cómo estarán sus heridas?
-¿Qué me pasa?- pensaba Shiraela- ¿por qué ando pensando en… ese imbécil? De seguro está bien…
Finalmente, pensando que se estaba preocupando por nada, el cansancio la abate, comenzando a cerrar los ojos lentamente hasta quedarse dormida al poco tiempo más tarde.
Shiraela despierta lentamente desde su saco de dormir, y mirando hacia el cielo, ve que el sol no estaba ahí; en su lugar veía nubes grises que descargaban una lluvia abundante, escuchando como las gotas golpeteaban furiosamente en el cobertizo. Levantándose, siente una brisa fría recorrer su cuerpo, cayendo en cuenta de que no tenía su túnica puesta.
-Sería ridículo lavarla ahora, nunca se secaría con este clima…
Registrando entre sus pertenencias, encuentra una chaqueta púrpura de mangas largas, la cual se pone. Viendo más allá, encuentra un tabardo, el mismo que Ulrich y Ashton usaban. Mirándolo durante un largo instante, Shiraela se sentía renuente a usarlo, no le gustaba, solamente lo tenía a mano en caso de tener alguna reunión de hermandad, un caso excepcional donde de buena gana lo usaba. No obstante, la chaqueta apenas la abrigaba lo suficiente, por lo que rápidamente se deslizó dentro, sujetándolo a su cuerpo gracias a un cinturón grueso.
-Es mejor a nada…
Arreglando sus pertenencias, se encuentra con una pequeña bolsa de un género grueso, y abriendo su contenido, ve que contenía tabaco, recordando de golpe que alguien en Bahía del Botín le había pedido tal objeto.
-Lo había olvidado…- pensó- de seguro debe de estar muy impaciente…
Cerrando la mochila, prosigue a ponerse una larga capa verde, y con la capucha de esta sobre su cabeza, se sube a su caballo, corriendo bajo la lluvia de Tuercespina.
El viaje había durado horas, más todavía gracias a que la incesante lluvia dejara los caminos extremadamente blandos para viajar, trayendo un posible peligro de caída si no se avanzaba bien. Con precaución, Shiraela cabalgaba por el camino resbaladizo, con la lluvia nublando su visión.
Finalmente, llega a Bahía del Botín, la poca actividad que se llevaba a cabo en sus puertos no le sorprende en absoluto, se sabe que durante el monzón, los marineros no realizan actividades de pesca. Lo mismo pasaba con los obreros que restablecían los edificios… casi no había gente afuera.
-¿Qué haces afuera?- espetó un guardia goblin- ve a refugiarte en la posada, es peligroso quedarse en el puerto con esta lluvia.
Shiraela asiente ante el consejo del goblin, quien se siente satisfecho al ver que la joven se dirigía a la posada. Ya cerca de la posada, la maga prosigue a atar a su caballo cerca de la entrada; no obstante, un goblin se asoma por la puerta, señalándole con sus manos que mejor dejara su caballo en uno de los establos que se encontraba en la parte superior, debajo del punto de vuelo de los grifos.
Llegando con Lotto hasta los establos, la mujer ata su caballo en un espacio junto a otras monturas de diverso tipo que ahí se hallaban. Dejándole un poco de comida y agua, extrae de su mochila un pedazo de tela, con el cual seca un poco el agua del cuerpo del caballo.
-Creo que te sentirás mejor así- le decía la maga, mirando después de a su alrededor- por lo menos, tendrás compañía aquí.
Dándole un suave beso en su nariz, Shiraela deja a Lotto junto a los demás, entrando a la posada por una entrada que tenía en ese nivel.
-Bienvenida, señorita- dijo una chica goblin vestida con un vestido celeste simple- acompáñeme.
La maga sigue a la goblin, estudiando sus atributos; su tamaño y contextura era promedio, su piel era de un tono verde claro y su cabello era largo y azul, atado con múltiples coletas que le daban un aspecto infantil y coqueto. Cuando llegaron frente al posadero en el primer piso, la chica se voltea, viendo en detalle sus ojos almendrados de color rojo, como también los múltiples piercings que colgaban de sus orejas.
El posadero le ordena a la chica goblin que ayudara a atender las mesas, y con una graciosa reverencia, se despide de la maga. Ya una vez que se fue, el posadero le informa que hasta hace poco, tenía solamente una habitación disponible, la cual ya fue pedida.
-¡No puede ser!- exclamó Shiraela- no puede ser que me quede sin habitación…
Dándole la espalda al posadero, su expresión se pone seria, tratando de ver que podía hacer.
-Que mala suerte tengo- murmuró- me pregunto quién pidió esa última habitación...
-Yo…- respondió una voz a su lado.
Sobresaltada, la maga voltea la cabeza, encontrándose con un troll que mostraba sus dientes bajo su amplia sonrisa. No obstante, no era cualquier troll… no, a este ya lo había visto.
-¡Tú!- le exclamó- ¡Tú…!
-Veo que se conocen- dijo el posadero acercándose- entonces no habrá problema en que compartan la habitación… aunque tendrá un coste extra.
-No hay problema…- dijo el troll con tranquilidad, sin dejar de sonreír.
-¡No, de ninguna manera!- espetó Shiraela- ¡esto está mal!
-Es eso o dormir afuera, lo cual no recomiendo- comentó el goblin.
Shiraela se sentía frustrada, se había devuelto sobre sus pasos para hacer una entrega en la ciudad y descansar un poco… después de lo ocurrido con él en la selva, lo último que quería era que sus caminos se volvieran a cruzar. Mirando por una de las ventanas, ve que la lluvia distaba de detenerse, dando un largo y pesado suspiro de derrota.
-Muy bien…- dijo con la voz abatida- me… quedaré con… él.
Una vez que pudo hacer el trato, paga el dinero extra correspondiente. El posadero mostraba una amplia sonrisa mientras contaba el dinero, mirando luego a la maga, diciéndole que el troll podía llevarla a su habitación.
El trayecto por el pasillo hacia la habitación fue eterno para Shiraela, quien seguía a su compañero de cuarto a una distancia prudente. Sus pensamientos se enfocaban en la mala suerte que le ha tocado desde que lo conoció, mirándolo enojada en el camino. No obstante, a medida que lo miraba, pudo ver que estaba perfectamente bien, se movía con toda tranquilidad, como una persona sana.
-Tú primero- le dijo abriendo la puerta de una de las habitaciones.
Con su rostro impasible, la mujer entra, encontrando una habitación con dos camas simples, un armario cerca de la puerta y dos mesitas de noche al lado de cada cama.
-Al menos dormiremos en camas separadas…- pensó Shiraela, sentándose en la cama más cercana a la ventana.
El troll se sienta en la otra cama que estaba al lado, quedando frente a ella. Shiraela nota su mirada concentrada, devolviéndosela de la misma forma.
-¿Qué quieres?- dijo la maga ásperamente.
-Dime… ¿fuih'te tú la que eh'taba conmigo ahí afuera?- preguntó el troll.
La mirada de Shiraela se muestra sorprendida, el troll mostraba curiosidad.
-Eh… no sé de que me estás hablando- dijo la maga, haciéndose la tonta.
-Sabeh' muy bien de que hablo…
No se esperaba que el troll supiera sobre su presencia en el claro, menos todavía que le preguntara sobre el asunto; quizás su amigo el tauren le haya dicho algo al respecto. Viendo a su compañero de cuarto, ve que sus ojos inquisitivos se clavaban en ella, poniéndola nerviosa. Al parecer, no podía evadir la pregunta; así que, tomando una buena bocanada de aire, comenzó a hablar.
-Escuché un grito… anoche- dijo la maga- no sabía si ir o no… pero cuando lo hice, apenas pude a ver a unos hombres que se habían ido… y me acerqué y te vi ahí, en el suelo…
El troll permanecía en silencio, su atención concentrada en sus palabras, su mirada concentrada en la suya.
-Estabas sangrando mucho ¿sí?... y no sé por qué, pero algo me decía que no podía dejarte así…- se interrumpió la mujer, luego siguió- así que te di a beber una de las pociones que tenía… y entonces… te vendé un brazo, aunque no muy bien… fue ahí cuando un tauren me atacó… y me fui.
-El tauren eh' mi amigo- dijo el troll- pensó que tú habíah' sido la que me dejó así…
-¿Cómo está tu brazo?
-Eh'tá bien, Kahoo me ayudó ba'tante con las vendas que usa'te.
-Nunca dije que fuera buena con las vendas- dijo la maga, sonrojándose un poco.
El troll estaba sonriendo levemente, y por alguna razón que no pudo descifrar, esa sonrisa le parecía encantadora. De repente, un pensamiento emergente la hace salirse de su encanto, poniendo una expresión seria.
-Antes de que podamos seguir con esta conversación, hay algo que me ha estado molestando desde hace rato…
-¿Qué cosa?
-¡El hecho de que hablas común!- exclamó Shiraela, poniéndose de pie- ¿cómo fue posible de que en ese momento no dijeras nada?
Shiraela sentía su rostro arder cuando la sonrisa del troll se ensanchaba. En ese momento no le importaba estar en una ciudad neutral, ni el hecho de haberlo salvado de la muerte… quería arrojarse sobre él y ahorcarlo hasta que estuviera inmóvil.
-Debí haberte parecido una imbécil cuando intentaba decirte que no quería pelear contigo- decía enojada, luego mirando hacia sus pies- y más encima… te arrojaste sobre mí… y… y…
No se había dado cuenta cuando él se había puesto de pie, frente a ella, sujetando sus brazos con sus manos. El contacto la hizo tensarse, levantando la cabeza hasta encontrarse con su mirada.
-Lo siento…- murmuró- solo eh'taba bromeando…
-Vaya forma de hacerlo- bufó Shiraela, desviando su mirada.
Con una de sus manos, el troll toma el mentón de la joven, alzando su rostro de vuelta a su mirada.
-Quiero agrade'te… po' salva'me ahí afuera- dijo suavemente, sus ojos fijos en los de ella- veo que me odias… no te culpo.
La sinceridad de sus ojos verdes hizo que, milagrosamente, todo el enojo que tenía en ese momento se drenara de ella, haciendo que su semblante y su cuerpo se calmaran. No pudo evitar sentirse en paz cuando lo miraba… transmitía una sensación de calma, mezclada con el arrepentimiento de su broma y su agradecimiento hacia ella.
-Quizás… no te odie tanto… troll.
-Yazrin…- dijo el troll sonriendo.
-Bueno… quizás no te odie tanto… Yazrin- se corrigió Shiraela con una leve sonrisa- yo soy Shiraela.
Por un momento, los dos solamente sonreían frente al otro, solo contemplando la calma del momento a pesar de la tormenta de afuera. Lentamente, Shiraela levanta sus manos, llegando con ellas hasta los colmillos que salían de Yazrin, tomándolos lentamente para luego apretar el agarre y halar de ellos, haciendo que su cabeza chocara con la suya.
Soltándola de golpe, Yazrin retrocede algo mareado, mirándola con una expresión que mezclaban el dolor y la sorpresa. Sus ojos le preguntaban por qué hizo eso. Entre tambaleos, Shiraela se sujeta la cabeza, viéndolo entre divertida y adolorida por el impacto.
-De alguna forma tenía que hacerte pagar por lamerme el cuello, grandísimo animal.
