Gracias Namida Koe, tu asesoría hace la diferencia =)
Capítulo 4
Miró como atravesaba el umbral de la puerta y se adentraba en el departamento, el corazón le latía tan fuerte que podría asegurar que él lo podía escuchar. –Póngase cómodo-. Por fin logro decir después de un breve instante en que sus labios se negaron a pronunciar palabra, cerró la puerta y lo siguió cuidadosamente con la mirada mientras él se desprendía de su saco para dejarlo colgado en el perchero, solo trago saliva al ver lo atractivo que se encontraba esta noche, realmente los nervios estaban haciendo estragos en ella, o acaso ¿Era el deseo?
–Se ve muy hermosa esta noche señorita-. El comentario la saco de su delirio mental.
–Gracias-. Respondió rápidamente tratando de que no notara la impresión momentánea que le había causado el verle tan arrolladoramente sexy, si de algo estaba segura era sin duda que si no fuera por la poca cordura que le quedaba y el miedo que un sentía latente en sus entrañas al desconocimiento de la intimidad entre un hombre y una mujer, ella le hubiera saltando encima desde el momento que cruzo el portal de su puerta. Como lo deseaba, no había mayor verdad que esa, lo deseaba tanto que entro en cuanta que desde la primera vez que lo vio lo había estado deseando una y otra vez cada día y cada noche, durante los 5 años que lo vio en la empresa Pataki.
Camino hacia la sala donde la esperaba ya sentado en el sofá, ella percibió como la miraba sin la menor intención de ser discreto, el solo se limitaba a observarla, sereno y con una calma indescriptible ¿Cómo podía ser? Para su desagrado empezaba a sospechar que él se sentía cómodo, muy cómodo para su gusto, por lo menos, en el mundo de negocios donde ella se desenvolvía, ella estaba acostumbrada a no dar ni el más mínimo ápice de comodidad mental, a ser ella quien maneja y encamina la situación, ella insaciablemente meticulosa en cualquier asunto laboral, altamente reconocida por ser despiadada en los negocios, ella, quien ahora se encontraba ahí sin saber que pensar o hacer , una fiera que quedó reducida a una indefensa criatura a merced de ese hombre y su intensa mirada.
-Veo que ha preparado la cena -. Señalo la mesa mientras que hacia un gesto de aprobación.
Ella solo se limitó a asentir con la cabeza para después dirigirse a la barra, en él se dibujó una sonrisa apenas perceptible, siguió observándola sin la menor cautela, ella podía verlo por el rabillo del ojo mientras sacaba las copas de fino cristal de la vitrina. - ¿Algo en especial que dese beber?-. Sus manos se tensaron en el delicado cristal cuando él se levantó y se dirigió hasta donde estaba ella.
-Si no le perece impertinente, ahora quisiera ser yo quien le sirva de beber-. Lo dijo de la manera más tranquila y natural que de inmediato se activó la alarma en el interior de Helga, algo estaba tramando pero ¿Qué?
Ella estaba segura ahora por completo que ese hombre algo se traía entre manos, lo miro lentamente tratando de descubrir en sus facciones algo que le indicara de que se trataba, pero no encontró nada aparte de colaborar lo endemoniadamente atractivo que era y los estragos que este hecho le proporcionaba a su pobre mente.
-Por supuesto, como guste-. Mientras le entregaba las copas y se hacía a un lado.
Él se dispuso a tomar algunas botellas para luego mesclar su contenido en las copas, ella solo lo miraba atentamente posicionada del otro lado de la barra.
-Veo que es verdad –Le dijo mientras la volteaba a ver-. A usted le encanta observar, pronuncio regresando la mirada a su labor al mismo tiempo que una sonrisa imperceptible apareció en sus labios.
-Una práctica de años –Lo dijo fijando su mirada a la de él.
-Ya veo –Tomando las dos copas y dirigiéndose hasta donde ella estaba.
- Es una práctica algo rara, diría yo que hasta asechadora. –Ofreciéndole una copa.
-Se podría definir de muchas formas –Tomándola con lentitud mientras le clavaba la mirada-. Pero no soy la única que la práctica, he notado que a usted también le gusta observar.
-Una práctica de días -Lo dijo sin el menor descaro mientras se encogía de hombros-. Pero comienzo a tomarle gusto.
La rubia parpadeo por un momento, la sorpresa inundo sus facciones, mientras la curiosidad se abría paso tratando descaradamente de quitarle el puesto a la primera.
-No quisiera pensar que lo aprendió de mi señor Shortman –Dándolo un pequeño sorbo a la copa-. Soy pésima maestra-.
-A mí me parece muy buena, pero me interesa más como es de alumna - Peligrosamente acorto la distancia entre ambos-. Por lo que se, es excelente – Con una tranquilidad tortuosa tomo delicadamente su rostro con ambas manos y casi rosando sus labios con los de ella-. ¿Le gustaría mostrarme? – La distancia entre estos desapareció para fundirse en un apasionado beso.
La rubia solo dejo caer la copa importándole poco su fina procedencia para después entrelazar sus brazos sobre el varonil cuello de aquel hombre que le hacía sentir tantas cosas, tan nuevas y placenteras, tan adictivas pero sobre todo tan provocadoras.
Al principio fue torpe, inexperta, pero pronto encontró el ritmo, entendió que la manera más correcta era dejarse llevar y dejar de pensar, así lo hizo. Se dejó guiar por la experiencia él y su deseo.
Estrecho aún más la distancia entre ellos y fue más demandante, lo quería todo, dios como quería, que la besara, la tocara, que le hiciera lo que él quisiera, le importo poco que quedara a su total merced, le molestaba que sus pulmones le pidieran desmesuradamente oxígeno. De pronto él se apartó algo jadeante, ella no pudo evitar exclamar un quejido de malestar y él le mostro una sonrisa seductora. -Me temo que es algo impaciente-. Su mirada, dios, era más de lo que podía soportar, esos intensos ojos verdes. ¡Dios! Como era posible que la estremeciera con solo mirarla.
Ella hizo un puchero de enojo, lo que le divirtió a Arnold. –No ponga esa cara, le prometo que valdrá la pena -. Le ronroneo en el oído, y suavemente le acaricio el cuello con su nariz, la sintió estremecer entre sus brazos.
Anteriormente cuando la observaba en la empresa Pataki, siempre había pensado que ella seria de las típicas niñas ricas sobreprotegidas y mimadas que se aterrorizaban y espantaban de lo que el sexo implicaba. Ahora podía comprobar que eso era totalmente erróneo, podía ver el fuego de la pasión en esos enormes y seductores ojos azules.
En su mirada tan profunda como él mismo océano. Podía ver lo que ella quería ocultar la sensualidad que la caracterizaba.
Lo entendió desde que se abrió la puerta y pudo observar a la perfección lo bella y atractiva que es, a todo su esplendor, para colmo de sus males la muy despiadada se arregló de la manera más provocativa, comprendió que le sería más demoledoramente difícil lograr su objetivo.
Atrapo el lóbulo de su oreja suavemente, para después besar centímetro a centímetro la longitud de su cuello, Helga empezó a sentir como las fuerzas de sus piernas le fallaban, al notarlo, el rubio la tomo entre sus brazos y la llevo hacia el sofá. La depósito suavemente quedando sobre ella, a ella no le gusto sentir el control que él deseaba imponer, por lo que forcejeo levemente para no quedar debajo de él.
Él la miro fijamente a los ojos para después besarla delicada y fugazmente -Usted solo tiene que dejarse llevar y disfrutar-. Le dijo con la vos algo ronca, bajo la cabeza hasta donde se hallaba su clavícula depositando besos cada vez más exigentes, como si quisiera que cada beso extrajera una parte de su esencia en su boca, la rubia dejo de protestar y cerró los ojos ante la oleada de sensaciones, sentía como le besaba el hombro para regresar nuevamente al cuello.
El desplazo su mano por la pantorrilla de la rubia mientras seguía delicadamente el contorno de sus largas y hermosas piernas hasta llegar donde el vestido cubría, al sentir el contacto de sus frías manos de manera involuntaria su cuerpo se arqueo ligeramente, ella sentía que tenía demasiada ropa, se le dificultaba respirar, pero sobre todo comenzaba a sentir demasiado calor. Un calor sofocante y torturante.
Sí, la estaba torturando, sentía que la enloquecería, por fin comprendía lo que un hombre podía desencadenar y más aun tratándose de él, quería buscar el alivio pero al mismo tiempo no quería que parará, se sentía desfallecer, lo quería todo pero a la vez no. Por fin comprendió a lo que se refería cuando le dijo que era demasiado impaciente.
Pero quién demonios podría ser paciente, la paciencia no era una de sus virtudes y en esta situación aún menos.
Dejo de sentir esos besos estremecedores, abrió lentamente los ojos y lo que vio la dejó helada, pudo ver como él la observaba fijamente, con su mirada de asecho sin reflejar ninguna emoción, eso la molesto muchísimo ¿Cómo podía ser? Que ella estuviera tan expuesta, sin el menor ápice de control mientras que él se mostraba de lo más calmado, sintió la necesidad de exponerlo, de ver lo que ella tanto anhelaba, comprendió que no solo bastaba con que él la hiciera enloquecer de pasión, arder en ansias ante el deseo, no, ella quería provocarle lo mismo, que el rogara por cada contacto, que suplicara por mas, como ella lo hacía con su lenguaje corporal.
Acerco su rostro al del rubio y tomo posesión de su boca, cada vez más demándate, más y más pasional, sintió como él ponía menos peso contra su cuerpo, aprovecho para colocar cada una de sus piernas a los costados del rubio, tanto como su maldito ceñido vestido se lo permitiera, dios, como odiaba ese vestido, deseaba que no existiera en esos momentos, intensifico el beso, podía sentirlo, como el perdía poco a poco el control, eso la motivo todavía más
No tiene ni idea de lo que él se trae entre manos, pero una punzada de coherencia recorre su mente, sin duda tiene que ver con que el mantenga el control y por dios, como que se llamaba Helga G. Pataki, ella se encargara de quitárselo.
Continuara…
Lo sé, lo sé, soy malvada pero hay que dejar suspenso.
Gracias a todas las personas que me hicieron el honor de dejarme su comentario, deberían verme cada vez que leo uno, parezco niña chiquita en navidad, en fin, les contestare a cada uno por privado.
Amnesia TDD: dado que no te puedo contestar por privado, solo puedo decirte que la inspiración me llega de los mas absurdo que puedas imaginar, mi hermanita al enterarse de que inspiro esta historia quedo con cara de decepción total, por lo que me reservare el dato. me alegra que te gustara. saludos.
A las personas que me hicieron el honor de recomendar mi historia (me dio mucho gusto enterarme) se los agradezco y si gustan seguir haciéndolo los amare mas todavía =)
Los quiero, tratare de actualizar lo más pronto posible, si el tiempo y la inspiración lo permiten.
En unas horas actualizare del otro lado del cristal, que tengan un buen día saludos =)
Dejen comentario, no les cuesta nada y así todos felices =)
