MERCY
"—Dime, ¿te duele?
Su quejido atraviesa mi tímpano y siento cómo se me clava en la cabeza. Vuelvo a aplicar alcohol sobre su profunda herida antes de pasar por ella mi ungüento especial. En cuanto lo hago, por fin se relaja y noto como sus músculos dejan de estar en tensión, un buen momento para empezar con los puntos de sutura.
—Voy a administrarte puntos, tu herida es demasiado profunda—le explico con paciencia—así que quédate quieta.
—Estoy bien, véndame el brazo y déjame salir de aquí—se queja.
—No voy a dejarte salir de aquí hasta que no te dé los cuidados necesarios, Pharah. Te he dicho que esta herida necesita puntos, y también tendré que revisarte bien ese corte de la cara.
—Ni siquiera sangra—gruñe.
Río.
—¿Ha sido muy dura la misión?
No la miro mientras comienzo a perforar su piel con la aguja, pero noto que asiente.
—Logramos infiltrarnos en una de las bases de Talon, dispuestos a hacernos con toda la información que pudiéramos sacar... Pero no contábamos con que dos de sus operarios seguían ahí dentro. Un error de cálculos. Así que esos dos se convirtieron en veinte y solo estábamos Junkrat, McCree y yo, de modo que...
Cierra los ojos y aprieta mucho la boca, pero no emite ningún sonido. No quiere quejarse aunque los puntos que estoy haciendo sobre su piel para cerrar la herida, le duelen. Me mira con el ceño fruncido, parece frustrada. Siempre ha sido muy perfeccionista y ha llevado con éxito cualquier misión encomendada, sin embargo esta vez todo es diferente. Y aunque no hayan tenido la culpa del error de cálculos sé que no se perdona ese fallo. Que hará lo posible por volver a intentarlo aunque esté llena de vendajes y heridas.
—Sería conveniente que no lideraras ninguna misión hasta dentro de un buen tiempo—comento mientras aplico de nuevo un poco de mi ungüento sobre su herida, antes de vendarla—hasta que te hayas recuperado.
—Sabes que no voy a hacerte caso. Iré donde me requieran.
—Entonces temo que voy a verte mucho por aquí, Pharah—suspiro, agotada por su persistencia.
—Creo que eso no me disgusta.
Sus ojos se clavan en los míos y desfrunce el ceño con lentitud. No soy capaz de descifrar la expresión de su rostro, pero baja de la camilla con cuidado y se acerca a mí. Retrocedo poco a poco a la par que ella va salvando las distancias entre nosotras y sin darme cuenta mi espalda choca contra una bandeja llena de utensilios. Mis ojos viajan rápidamente por su rostro mientras que ella los tiene fijados en algún punto en mi mejilla. Levanta su brazo sano lentamente y lo extiende hasta mi rostro, el cual apenas roza. Me quita un hilo que se me había quedado pegado a la cara y es entonces cuando noto que vuelve a mí el aire, y respiro.
—Gracias por todo, Angela.
Sale de mi clínica a buen paso, no sin antes girarse e inclinar la cabeza a modo de saludo. Cuando lo hace llevo la mano a la mejilla la cual, aunque no ha tocado, está caliente."
OoO
—¡MERCY!
Me sobresalto al oír el grito e intento deshacer el enredo de mis piernas con las sábanas. Me incorporo y poso los pies sobre el frío suelo de la habitación, mientras acostumbro mis ojos a la tenue luz que sale de la indumentaria de mi interlocutora.
—Satya—saludo sorprendida. Cuando por fin veo la expresión de su rostro, me alarmo—¿qué sucede?
—Tienes que levantarte. Coge lo que consideres estrictamente necesario, tenemos que salir de la base.
Tardo en digerir sus palabras pero por la expresión de su rostro interpreto que algo muy grave está pasando. De pronto siento el suelo temblar y una sirena comienza a taladrar mis oídos.
—¿Qué está ocurriendo?—pregunto a voz en grito, para intentar hacerme oír.
—¡Talon!—exclama Satya—Nos han encontrado, tenemos que marcharnos cuanto antes. Con una emboscada así no podremos vencer a sus numerosas tropas, no estamos preparados...
—¿Crees que... que ella...?
—¿Que Pharah nos ha descubierto? ¿Quién sino?
Su seguridad me atraviesa como un puñal, ni siquiera se ha permitido dudar en favor de su antigua compañera. En sus ojos leo la desesperación, pero también el rencor de quien se sabe traicionado.
—Jack se confió—escupe con saña—pensó que estaba con Talon en contra de su voluntad, que se la llevaron. Pero esto demuestra que está con ellos. Que ha decidido, quién sabe porqué, a unirse a sus tropas. Y nos ha vendido. De otro modo jamás nos hubieran descubierto.
Asiento, intentando tragar saliva, aunque me cuesta.
—¿Dónde están los demás?
—Recogiendo sus cosas a toda prisa. Los hemos detectado al sureste, a pocos kilómetros de aquí. Avanzan peligrosamente deprisa—contesta.
—No ha sido la mejor manera de despertar—me froto el cuello, derrotada.
—Bueno, no es el mayor de los problemas...
—¿Qué quieres decir?
—Ana. Ha desaparecido.
OoO
TRACER
Cuando dejan de escucharse las aeronaves a lo lejos, asomo la cabeza entre los edificios para asegurarme de que el perímetro está despejado. Mis piernas flojean de pronto al verme sola de nuevo. Winston se ha ido, se ha despedido dejándome con un par de armas que solo me lo recordarán una y otra vez más. ¿Por qué no es capaz de perdonarse cuando los demás sí que lo hemos hecho? Nadie le culpa por aquel accidente, nadie le culpa por...
Sacudo la cabeza para intentar concentrarme, el lamento no me servirá de nada. Él no volverá.
—¿Crees que podríamos irnos ya? Quizá no te hayas percatado que cientos de soldados cualificados de una organización creada para destruiros están sueltos ahí fuera—gruñe su voz. Ella no se ha ido. Está de pie enfrente de mí, esperando una respuesta por mi parte.
Decido levantarme y abordar la situación lo mejor que puedo para que no me vea flaquear.
—¿Y tú no crees que ya se ha acabado la fiesta, cielo?—pregunto con una sonrisa, colocando mis manos sobre mi cintura—No tienes nada más que hacer aquí. Si crees que voy a tragarme lo de que vas a contarme todo sobre Talon...
No me da tiempo a continuar la frase, igual que si también llevara un acelerador cronal, se coloca rápido frente a mí. Con un par de movimientos gráciles de bailarina, ataja mi cintura con una mano y las mías caen inertes a ambos lados de mi cuerpo. Me atrae hasta ella y nuestros abdómenes chocan entre sí.
—No deberías dudar de mi palabra—susurra.
—¿Por qué haces esto?
Intento buscarle un sentido a sus acciones, y busco encontrar algo a través de sus ojos. ¿Qué es lo que la mueve a traicionar a sus camaradas? ¿Es porque ellos han dado el primer movimiento en ese tablero de ajedrez invisible que es esta guerra, y han decidido prescindir de ella? ¿Se siente... dolida?
—No tengo nada más que contarte—replico, mordaz—es todo lo que sé. Pharah está de su lado y están pensando en liquidarte. Uno de los nuestros encontró una serie de notas y planes en uno de los ataques a sus bases... Hay algo en ti que ya no les sirve, pero no quedaba claro. Solo querían desecharte.
Incapaz de creerlo, me suelta y se separa de mí. Intento no admitir que siento frío cuando lo hace y la miro con dureza, sin querer mostrar compasión. No puedo después de todo lo que nos ha separado.
—Me has contado todo esto porque sí—su voz denota dolor—sin que yo tuviera que soltarte cosas sobre Talon.
—Quería advertirte—contesto—no nos hace falta tu ayuda.
—Sí os hace falta—comienza a alzar la voz—tengo información. Más de la que hayáis podido sacar gracias a un par de asaltos a sus bases secretas.
—¡He dicho que no!—exclamo, nerviosa—Ya te he contado lo que querías saber. Ya te he advertido, ahora huye. Deja Talon porque ya no estás segura y vete lejos.
—Voy a ir contigo, Lena.
—Jack te pegará un tiro en la cabeza en cuanto cruces la puerta de la base secreta—sentencio—no te quieren allí. No te creerán. Actúas por despecho, y ese sentimiento es muy inestable.
Antes de que pudiera abrir la boca para replicarme una aeronave entra en el callejón. Los efectivos de Talon comienzan a salir de la nave en formación, con armas en mano. Ni siquiera me detengo a mirar qué es lo que hace, sé que salvará su pellejo y cuidará de sí misma, Mi acelerador cronal se enciende y al segundo estoy en la otra punta de la calle, lejos de ellos. Saco mis nuevas armas y disparo hacia los soldados, haciendo movimientos en zigzag a su vez, para cuando decidan lanzarme sus réplicas. Pronto la sangre tiñe sus negras ropas de color rojo y paladeo la breve victoria. Necesito más rojo para lograr salir con vida de aquí. Son numerosos y algunos consiguen avanzar un poco más hacia mi posición, de nuevo el acelerador hace vibrar mi cuerpo y cambio de lugar para subirme a las escaleras de incendios del edificio de al lado. Sus balas rebotan contra el acero y las esquivo moviéndome de un sitio a otro a la par que subo por la escalera. Oigo un disparo. La bala precisa de un rifle de francotirador da a uno de ellos, el que está más cerca de mí, en la cabeza. A esa bala le siguen otras dos igual de certeras. Sus efectivos comienzan a caer en número y la calle únicamente queda cubierta por cadáveres vestidos de negro, pero aún no estoy a salvo. Debo encontrar el mejor modo de salir de allí y despistarles para que no me sigan, tengo que volver a la base.
La aeronave se eleva y aterriza en la azotea del edificio. Un segundo grupo de soldados de Talon baja de ella y se acercan a mí con rapidez. Alzo una de mis armas y aprieto el botón amarillo mientras apunto hacia uno de ellos que al instante se queda congelado en el sitio. Aprovecho para dispararle y la bala atraviesa su cuerpo justo a la altura del corazón. Tres segundos después el cuerpo cae al suelo y el soldado no vuelve a levantarse, he dado en el blanco. El resto de sus compañeros sigue a la carrera dispuestos a capturarme así que decido emprender el camino contrario y comenzar a bajar la escaleras con rapidez. Esta vez siento una lluvia de balas caer sobre mi cabeza y mi acelerador cronal me lleva hasta el suelo de un solo movimiento. Justo en el momento en que una de las balas atraviesa la calle cortando el aire, dispuesta a impactar sobre mi cuerpo, una fuerte garra me coge de uno de los arneses que cubren mi espalda y me eleva en el aire. Al segundo me encuentro en la azotea del edificio contiguo al que me encontraba, por fin dispuesta a coger aire y respirar, incapaz de poder dar un solo paso más sin retomar el aliento. Arrodillada, doblada sobre mí misma, dejo que las gotas de sudor recorran mi rostro y se estrellen contra el piso. Alzo mi rostro dispuesta a incorporarme, a sabiendas de que no tengo mucho tiempo hasta que los soldados reaccionen de nuevo, y la veo. Está de pie enfrente de mí, mirándome fijamente como si ella no estuviera agotada, manteniendo esa pose suya de indiferencia.
—Date prisa, cheriè, no tardarán mucho.
—Gracias por ayudarme, pero seguiré por mi cuenta.
—He dicho que iré contigo—escupe con rabia.
—Y yo que no lo harás.
Alzo mis armas hacia ella y le apunto a la cabeza. Esboza una sonrisa de suficiencia, seguramente creyéndome incapaz de dispararle. El tiempo ha decidido volver a ponernos en esta situación, volver a jugar al gato y al ratón, y nuevamente me encuentro en la tesitura de si apretar o no el gatillo. Me ha salvado, pero lo que no sabe o no entiende es que soy yo la que quiere salvarla a ella. No está segura ni entre las filas de sus aliados ni entre las de los que una vez también lo fueron. Su única salida es huir, y si tengo que hacer que huya a la fuerza, que así sea.
Aprieto por fin los gatillos de mis pistolas sin vacilar, pero prevé mi movimiento con antelación y lanza una bomba de humo violáceo que me hace toser y me provoca náuseas. Cuando el humo se disipa ella ya no está enfrente de mí, y comienzo a dar vueltas sobre mí misma para encontrarla. Un roce tras mi espalda me pone alerta y la veo trepar con su gancho hasta las azoteas de los edificios cercanos. La sigo sin dejar de disparar pero se mueve igual de deprisa que mis balas. Comenzamos así un baile mortal que nos aleja del enemigo pero nos pone a ambas en el punto de mira de la otra. Seguimos moviéndonos en un escenario donde solo los pájaros son testigos, un público silencioso esperando un desenlace que todavía no llega. Amelie gira sobre sí misma y me lanza una patada en el vientre. Me contraigo y salgo rodando por una azotea llegando justo a la cornisa. Se acerca a mí con el visor puesto, asiendo su arma con fuerza, pero reacciono justo a tiempo y embisto contra ella haciendo que ambas caigamos por el hueco entre dos edificios. Mi acelerador cronal se enciende justo antes de impactar contra el suelo, dejándome sobre éste con suavidad, sin embargo Amelie impacta y cae herida sobre el frío piso de piedra.
Me acerco a ella intentando calcular los daños, parece que tiene una pierna rota y su brazo derecho no tiene muy buena pinta. Su arma parece intacta a pocos metros de ella, sin embargo el visor ha quedado inservible.
—Tú ganas—suspiro mientras le saco el visor de la cabeza. Tiene una profunda herida en la frente.—Te llevaré para que Mercy te vea, no soy de las que tiran la piedra y esconden la mano. Te lo debo. Tu vida por la mía. Pero será el último trato que tengamos.
—Sabes que tú y yo nunca podremos asegurar eso, cheriè.
