Es algo extraño como alguien puede delirar una clase de cariño hacia otra persona que conoce hace muy poco y que ese cariño pudiese llegar a ser la cosa más grande del mundo, algo sin fronteras o posiblemente con fronteras pero que eran invadidas por los extranjeros prohibidos que tenían mucho que perder si los descubrían. Imposible era que algo tan delicado y frágil estuviese pasando en ese mismo momento por enfrente de sus ojos, todo era abstracto en la vida y aún así se sentía muy real… Como el viento.

Nadie podía verlo, saber cómo era, descubrir o investigar su forma pero aún así siempre se hacía notar y convivía en todo el mundo constantemente aliviando, atormentando y hasta asustando muchas veces. Algo invisible podía causar destrozos y alegrías en todo el mundo, podía significar lo bueno y lo malo. Lo triste. Lo alegre.

Tal vez una metáfora como el viento había que usar para describir qué era lo que podía llegar a ser Damon en la vida de Elena ¿no? Porque él era el caballero de las noches, todos lo veían malo, pero era muy bueno hasta el punto de convertirse en malo para que todos lo dejaran en paz. Era un ser acostumbrado a vivir en la oscuridad de la noche en la que nadie podía tocarlo ni molestarlo, sólo él mismo atormentado por un pasado fructuoso que nunca iba a dejarlo en paz…

Un pasado demasiado fuerte para confesarlo ante un mar cristalino lleno de marrón que lo observaba en la noche dormir a su lado porque eso era lo que todos esperaban, que uno de los dos se quedara a pasar la noche en la casa del otro, experimentar hasta cuánto podrían aguantar y saber si era verdad todo lo que sucedía.

Y tan verdadero podía llegar a sentirse que ella lo admiraba mientras dormía como una enamorada.

El tema era que ahora ya no podía echarle la culpa a Damon de todo lo que sucedía porque ella sola se había involucrado más de lo necesario con ese joven ojiazul que cuando dormía solamente se notaba en paz y en continuidad con el universo. Uno totalmente diferente al que era cuando abría sus ojos para iluminar su interior pero la luz jamás entraba… Se quedaba allí, quieta, con un guardia que la revisaba impidiendo su paso.

¿Qué tanto era lo que podía significar Damon en su vida? Empezó siendo un hombre más con el que se veía obligada a caminar y a salir. No, no empezó allí.

Comenzó siendo un hombre excepcional esa noche que se conocieron en la que Jenna la había invitado para que olvidara un poco todas las tensiones que tenía acumuladas y se divirtiera, le juró que sería divertido y cumplió su promesa. El tema estaba en todo lo que vino después de esa noche en la que llegó a sentir que ya no era ella misma, que otra o acaso la verdadera Elena tomaba su lugar y se divertía como lo tendría que haber hecho nueve años atrás en plena adolescencia. Lista para disfrutar al mundo entero e intentar sobreponerse a él, hacerse dueña y señora de todo lo que la rodeaba para sentirse llena y completa.

Porque eso era lo que todo adolescente buscaba y nadie podía negarlo.

Terminar el secundario y vivir esa experiencia única de la universidad de la que jamás se cansaría de estar, noches y noches con gente nueva, desconocida, estudiando, saliendo, fiestas, amores, desayunos y comidas con personas a las que jamás les debería nada porque sólo serían amigos en la universidad y luego cada uno a vivir, de verdad, su vida.

Un secundario que no disfrutó, la universidad que nunca llegó como esperaba y la carrera que se vio obligada desde pequeña a tener y que la amaba, sí, pero no le daba las libertades que hubiese esperado tener cuando llegó a pensar que quería ser modelo.

Tampoco imaginó que su familia se lo tomara tan al pie de la letra y llegaran tan rápido los representantes que buscaba, ¿qué tenía de especial? Bonnie era más hermosa que ella y tuvo que luchar aún más por llegar a donde estaba mientras que su familia se encargó de cada detalle, de lo que le gustaba y de lo que no para cambiarlo y convertirla en la mujer exitosa que era ahora.

Claro que no estaban aquí para verlo…

Stefan se había encargado a la perfección de alejarlos de ella de la peor manera; la verdad era que ella se había dejado engañar por Stefan y ver la realidad que él le planteaba, dejándose hacer y dignando su carácter a la oscuridad. El mandaba, ella lo amaba. El que ama demasiado obedece y sufre, el que no, sale victorioso.

Esa era la ley de la vida.

Y ahora los extrañaba, ahora que ellos no querían verla por la cantidad de cosas en las que falló después de que dieron todo por ella es cuando no querían verla. Su papá estaba viejo, mal de salud, Jeremy tenía novia y estaba terminando la carrera y su mamá… Tal vez ella era la única que luchaba por convencerlos de que los amaba de verdad y no sería tan mala idea volver a aceptarla en esa familia en la que nació y que tanto amó.

Hasta que alguien llegó a separarla.

Las películas tampoco eran tan mentirosas no, su vida estaba para una película de la que todos reirían en el cine…

Un gruñido a su lado la sacó de sus pensamientos, y volteó a mirar a su extraño acompañante al que ahora, la luz de la luna que se infiltraba a través de la ventana abierta le dejaba apreciar un rostro demacrado por las preocupaciones pero que aún así seguía siendo hermoso. Unos ojos ocultos tras los párpados pesados que parecía que podían descansar en paz ahora que tenía a alguien que velaba sus sueños y que no podía dormir y no había cosa más interesante en el mundo que mirarlo a él.

Sus respiraciones se tranquilizaron hasta el punto de no escucharse en todo el departamento, sólo el viento que chocaba contra la ventana helando la habitación en la que dos cuerpos intentaban dormir y acompañarse juntos, lentamente en la dulce espera del día que nunca llegaría, de una sábana oscura que crujiría en el cielo mientras una potente luz alegre la resquebrajaba para hacerse paso entre todos los temores que acechan a la gente por las noches, entre los delirios, el alcohol y los vicios que una sola persona puede contener por las noches y que, si se alarga un poco más, podría llegar a matarlo mientras que el día lo hacía vivir. No deprimirse y salir a trabajar y a luchar por alejarse de todo lo que podía hacerle mal.

Pero hasta ahora la noche seguía dominando el lado oscuro del planeta y el día hacía lo suyo en la otra punta del mundo… Ellos ahora estaban en el peor lado.

El lado de las confrontaciones emocionales en donde debían decidir qué les pasaba antes de que llegara el amanecer y tuviesen que ocultar todo hasta otra noche en la que nuevamente serían prisioneros de la estupidez del no pensar y ocultaran todo bajo la clara manta de que no les sucedía nada. Y así toda su vida cuando ya tuviesen que alejarse, así por siete meses en los que no podría verlo pero si mirarlo.

Escuchaba los autos de afuera que aceleraban sin ninguna precaución de que algo malo pudiese suceder, había algo que los hacía sentir poderosos, algo más fuerte que cualquier poder político que asegura una democracia en plena dictadura disfrazada de felicidad y alegría constantes que no les daba tiempo para pensar. En un gobierno que espiaba a todos los que podían llegar a ser peligrosos y salía a matar cuando era necesario pero convencía a la gente que era por un bien común y que siguieran comprando que tan mal no les iba. ¿Cuál era el mejor método para despreocupar a la gente de los problemas mundiales? Hacer que compren y que vivan comprando, vender cosas todo el tiempo para que su única preocupación sea obtener lo último que sale a la venta en el mercado, gastar en cosas sin sentido que luego tirarían y con cada cosa que arrojaban se iba un pedazo de una humanidad que tanto costaba obtener y que como si nada desperdiciaban en algo material que tiraban porque ya no servía.

Lo que sucedía luego era que cuando ya no se inventaran cosas nuevas y no quedara nada más para arrojar, ahí todo el mundo se daría cuenta en la gran mentira en la que vivió atrapado eternamente pero, convenciéndose, de que era una mentira feliz.

Y las mentiras jamás eran felices.

Ella vivía así después de todo, atrapada en las mentiras que ella misma quería venderles, haciéndoles ver que si tenían lo último en moda podrían ser felices y que se verían bien, igual que ella tan sólo por usar algo que tiene una marca pegada pero que si no la vendían, miles de trabajadores explotados por un amo que fue lo suficientemente codicioso como para atraparlos, los hace trabajar día y noche sin darles a disfrutar eso hermoso que tienen todos, la vida, el día y la noche.

Era una cómplice y cada vez que lo pensaba se sentía peor, entonces también entraba en la parte en la que necesitaba no pensar para creerse su mentira de burbuja repleta de agua feliz y listo, el mundo estaría mejor si ella no se daba cuenta.

Por eso odiaba las noches en velas y más, pasarlas con un tipo que hizo que se cuestionara tanto en tan poco tiempo.

¿De verdad era feliz con eso que tenía de vida? Con esa bola que arrastraba o arrastró todo lo que alguna vez la hizo feliz y ahora estaba allí, destruida por haber pensado pero feliz de haberse dado cuenta ¿De verdad Damon podía causar eso?

Era muy importante que si él sólo podía causar eso dormido,…

No ya no debía pensar más en Damon por el amor de su salud mental. Con mirarlo estaba bien, ver su rostro pálido y sin vida, ver su respiración y de vez en cuando sus labios encorvarse en una perfecta sonrisa triste que no reflejaba nada más que el deseo incontenible de pasar una noche con una mujer para dejar de lado esa tristeza.

Luego su cuerpo, su torso desnudo enredado en las sábanas blancas, unos hombros anchos que iban descendiendo por toda su espalda marcada por todas las brazadas producidas en su vida hasta llegar a su cintura y perderse en sus piernas a las que ya no tenía vista por la oscuridad. Realmente era hermoso.

Notó que comenzaba a removerse y no tardó mucho en abrir los ojos y observarla a ella, acostada de medio lado mirándolo a él en la oscuridad de la noche con esos cuatro ojos abiertos queriendo entender qué era lo que estaban haciendo a las cuatro de la mañana intentando encontrar explicaciones.

¿Hace mucho estabas despierta? – preguntó girándose también para mirarla de frente.

No, no mucho. Lo suficiente. – contestó con una sonrisa decepcionada. Le sonrió de medio lado y eso pudo haberla golpeado hasta dejarla inconsciente porque esa sonrisa, aunque quería engañarse de que estaba viendo visiones, reflejaba mucha tristeza. - ¿Sos feliz? – no tendría porqué haber preguntado eso pero sentía que necesitaba hablarlo con alguien.

La felicidad es una mentira, nadie puede ser feliz… Las cosas se encargan de hacer que nadie pueda hacerlo. Y cuando crees tener esa felicidad absoluta que todos admiran y envidian. Todos los sentimientos son demasiados absurdos pero nadie sabe definir qué es lo absurdo en realidad. ¿no?

Yo creo en los sentimientos Damon y sé que todas las personas los tenemos aunque a veces deseemos que no. – tenía que defender sus creencias pero las palabras de Damon sonaban tan reales.

Cada uno cree en lo que quiere, Elena. Yo no tengo porqué estar obligado a hacerte confundir en lo que crees… La vida me demostró que sentir no sirve, que los que sienten terminan siendo defraudados. Pero que no sienta no quiere decir que sea un monstruo malvado sin compasión que vive haciendo las cosas mal o que vive haciendo mal a los demás.

Siempre me dijiste que eras eso… Que eras alguien que sólo sabe hacerle mal a la gente y que nunca podría hacer feliz a nadie, que no sabes cómo se llega a la felicidad. Creo que tenes miedo de saber qué es la felicidad y de que alguien te la quite lo suficientemente rápido como para llegar a asimilarla ¿o nunca quisiste?

Yo quise, solamente dejé de hacerme daño. – contestó cansado de esas conversaciones sentimentales. - Y no entiendo porqué te tomas la vida tan en serio… Hay que salir, bailar, sacarse los compromisos e de todo, al final, ninguno sigue vivo en la vida.

Se dio vuelta a seguir durmiendo sin más explicaciones de nada, definitivamente algo que le estaba sucediendo con Damon, algo que la afectara así en su vida; no tenía registros de la última vez que una persona le hablara con tanto dolor cargado en la voz y un resentimiento hacia los compromisos que jamás tendría porqué haber sido alterado.

¿Por qué le tenes miedo al compromiso? – quiso indagar.

Porque la vida me enseñó a ser así Elena, porque yo crecí sabiendo que los compromisos no servían para nada, que las mujeres siempre serían una eternidad pasajera en mi vida. Todas las mujeres son una opción en mi vida, ninguna demostró quererme lo suficiente como para hacerme cambiar de opinión. En mi estilo de vida, uno es igual a uno pero uno más uno jamás será dos… Me caí demasiado y nadie me ayudó a levantarme. El punto es, Elena, que ni yo mismo me entiendo… Y a la única persona que verdaderamente quise complacer, nunca pude, defraudándola miles de veces y ahora ya no puedo hacer nada para demostrarle lo mucho que puedo llegar a querer. Llegué tarde Elena y nadie va a cambiar eso. Y quiero que cuando ella ya no pueda recordarme más, olvidarla para siempre pero eso sería recordarla.

Siempre va a haber alguien capaz de salvarte…

El tema es que yo no quiero ser salvado. – la miró y fueron sus ojos los culpables de todo lo que vendría porque mirarlo así, tenerlo acostado en su cama junto a ella profesándole un calor inexistente lo que le hizo desear que el frío ingresara ahora y los encontrara abrazados sin miedo al mundo y sin miedo a vivir. Fueron los culpables de saber que estaba comenzando a enamorarse de Damon Salvatore y que ya no habría vuelta atrás. No ahora que sentía demasiado y que no tenía manera de expresarlo con palabras.

Porque eso que tenían era un cuento breve que acabaría muy pronto para su gusto y sabría que Damon estaría dispuesto a olvidarla rápidamente y no la recordaría, no a ella que podría haber sido una de sus más grandes complicaciones en el mundo, la mujer que le hizo doler más de alguna vez las heridas que muy bien cocidas llevaba por los años y las noches que lograron cerrar de alguna manera todo el dolor por el que había pasado. Y aunque eso que tenían ahora parecía un cuento de lo más feliz, si ella seguía involucrándose jamás terminaría de la mejor manera.

Pero era un cuento breve que leería mil veces si era necesario.

Si se enamoraba sabría que él estaba prohibido. En realidad lo sabía desde un principio pero lo prohibido ambiciona y llega a gustar más de lo permitido. Y ahora estaba allí, acostada a su lado nuevamente mirando el techo blanco de la habitación, soñando que Damon podría llegar a quererla, acostada en silencio pensándolo a los gritos sabiendo que en un abrazo le entraría el mundo si era a él a quien abrazaba.

El amor andaba suelto por las calles y en todas se topaba con ella a cada esquina y a cada paso se iban acercando cada vez más y ésta noche fue cuando coincidió con ella en la misma dirección, uniéndose en su cuerpo y mirando a Damon, haciéndolo culpable de todo. De que el amor la encontrara una vez más con esa pequeña mentira que los involucraba a él y a ella y al mundo entero.

Tal vez y sólo tal vez ella buscaba encontrarlo al amor y a él que, a la vez, se habían encontrado antes en una reunión secreta en la que decidieron arruinarla completamente. Pero eso simplemente era una ilusión que la elevó y la dejó caer, pensar que Damon podría llegar a ser el novio romántico que Stefan fingió ser durante toda su vida.

Por lo menos alguien era sincero con ella y le decía las cosas que jamás escuchó de nadie.

Eso tenía que considerarlo un punto a favor, él jamás le mentiría si llegaban a ser algo. El tema estaba en que jamás llegarían a ser nada porque se lo había dicho más de una vez: "había gente predestinada a amar y él no era una de esas".

Es que con Damon se perdió, se encontró y todavía se sigue descubriendo, volvió a encontrar a esa Elena que alguna vez logró amar de ella, esa que era realista y no cegaba su cabeza a toparse con la realidad escrita en una pared, el arte callejero anarquista que revelaba todas las mentiras de un pueblo que luchaba por salir adelante pero al que el gobierno nunca le dio la oportunidad. Negados por el racismo y la hipocresía mundial.

Quizás a ella también le habían negado la posibilidad de hacer lo que en realidad quería hacer. Siempre soñó con ayudar al mundo y ahora que tenía la posibilidad no lo hacía y hasta incluso estaría bien visto si ella hacía algo por la humanidad ¿algo como qué? Había montones de cosas y ahora la mente la tenía en blanco observando el cuerpo de Damon dormir a su lado como el óleo más fino y delicado que llevaría una centena de años poder terminar tan sólo un tercio de esa pintura aromatizada con la realidad y la mentira en un mismo cuerpo que luchaban, una mitad cada una y a veces esa batalla era la más dura de recordar porque no sentía si vivía en una mentira o en una realidad disfrazada de una ilusión tan ilusa como la misma redundancia de vivir y querer hacerlo.

Deseó poder abrazarse a él un rato, poder aferrarse a su espalda y deseó, por sobre todas las cosas, que su corazón latiera en su pecho esa noche, dejar los sueños abiertos para habilitarle el paso a su cabeza de la cual en parte ya era dueño y la otra la controlaba con su forma de pensar y de ver el mundo en crisis a punto de estallar, de ver la realidad cada vez más latente en su cerebro y que ya era imposible negarse a observar, mirar y observar, para observar hay que mirar ¿no?

Soñar con él ya era algo que no podía ocultar porque hasta su almohada lo sabía, todos eran conscientes de que lo hacía menos la persona que ahora dormía placidamente a su lado escondido en sus propios dulces sueños.

Sus pensamientos llovían sobre él acariciándolo porque cada uno, esa maldita noche, estaba basado en él y en sus sábanas que parecían no hacer nada para ayudarla a descifrar qué podía hacer para olvidarlo… Pero siempre estarían ahí los recuerdos de esa magnifica noche que no sería algo menor o no para ella.

Respirar su esencia amarga, eso era asfixiar su alma y su mente y lo poco que quedaba de una cordura enloquecida por la sordera de la noche que reclamaba a gritos la atención en el exterior y no en un hombre. Exigía para ella la mirada más feliz que Damon pudiese tener, esa que fingía ante esos lentes consumidores de rostros que no hacían más que demacrárselo día a día ante interrogantes nuevos y rumores que no estaban listos para desmentir si no era que estaban uno junto al otro observándose y listos para saber qué decir, para dejar al otro actuar en una situación de riesgo extremo en la que cada palabra era un testamento para su muerte en el que condenaban un sentimiento más a apagarse de sus almas para dejar uno nuevo nacer.

Estaba imaginando que él la quería, que buscaba pasar toda la poca vida que tenían por delante y decirle cosas maravillosas al oído mientras todo pasaba menos ellos y los recuerdos plagados en su mente y en unas cartas que jamás nadie escribiría. Estaba soñando que él podría llegar a sentir algo por ella que no fuese más que un deseo que iba encendiéndose a medida que pasaban las noches y él perdía a una mujer más con la que poder acostarse por esa negativa opositora a estar con otra mujer que no fuese ella por el miedo a la traición y cargos legales que nunca levantaría por el cariño prematuro que le sentía.

Se encontró perdida porque el amor ganó una vez más y ella nunca lo había dejado ingresar pero ya era tarde. Una batalla más que no pudo ganar ni pelearla, simplemente se dejó estar por algo que estaba segura sería inevitable.

Estaban aquellos que luchaban contra el amor y aún así vivían y estaban ellos que aceptaban a el amor y estaban muertos y vivos al mismo tiempo porque lo peor que tenía ese sentimiento inoportuno era saber que en algún momento podría acabarse y sería verdaderamente malo cuando eso sucediera. Cuando la paciencia humana llegara a su límite y nada más se podría hacer, todo estaba dicho, nada iba a vencer ese cansancio que gobernaba sobre todo y listo, las despedidas, el olvido, los abrazos que jamás serán y una vida planeada que se arrojaba a la basura en un desperdicio contaminante e hiriente.

Pero… Si todo era perfecto ¿había gracia? ¿Existía esa emoción por la lucha de poder ganar? ¿De sentir que por primera vez habían vencido a algo más fuerte y con mayor dominio que cualquier país potencia mundial? No. El sentimiento de haber sido vencedores no se comparaba con nada y podía hacerlos más fuertes si jugaban las cartas adecuadas.

Ya no había discusión.

No podía replicar contra nada ni buscarse alguna excusa barata en la cual negar todo lo que sentía al mirarlo y sentir esos rayos celestes sobre ella quemándolas y bronceándolas mejor que el sol caribeño bajo sus pupilas ausentes en recuerdos y momentos inexistentes en su futura vida.

Eran inexistentes todas las mentiras que podría crear para convencerse de que no sucedía nada y de que no sucedería, que todo estaba bien. Y aunque las creara sólo servirían para aumentar eso poco que estaba sintiendo, multiplicarlo y sumarlo infinitas veces para convertirse en algo incontrolable que no podría parar por nada del mundo, algo que la arrastraría al centro del universo y no la dejaría salir de allí por estúpida, mentirosa y manipuladora de ella misma. Por querer convencerse que verdaderamente podía luchar contra lo que sentía y apartarlo a un lado de su vida para dar paso a todo aquello que ya estaba planeando.

Porque no había discusiones ésta vez.

Había ganado el amor.

Un pensamiento llegó a su mente demasiado ocurrente para la ocasión, le abrió los ojos y la hizo sonreír iluminando la oscuridad.

Si quería amor de verdad tendría que besarle los miedos. Tendría que luchar contra ellos y hacer que se apartasen del camino del recuerdo para encerrarlos por fin y tenerlos allí sin molestar. Meterse en la vida de Damon, iba a costarle la vida a ella misma y todas sus energías y sentimientos ¿pero qué más daba? Se involucraría aunque así no lo quisiera y sería peor.

Porque Damon… El…

En poco se volvió tanto.

Y estaba dispuesta a, por primera vez, callar los miedos y dejar salir a esa Elena valiente que un hombre soberbio y enfermizo había escondido alguna vez. Ahora era ella y el mundo, ella contra el mundo o ella y el mundo. Eso no importaba.

Ahora era ella y sus deseos, con ganas de cumplirlos, con un hombre al lado en el que una sola noche le bastó para sentir pero tardaría una década en hacerlo sentir.

En el amor no había edad pero si tiempo.

Y el reloj comenzaba a correr a partir del momento en el que vio sus ojos mirarlas en plena oscuridad, adaptarse a ella y ver un brillo fugaz al descubrir que era a él a quien observaba, hablar con ella y saber que quizás había sido una mujer muy interesante y una con las que más había hablado… Tal vez por eso era ese brillo repentino que la dejó atontada por un momento hasta que lo escuchó hablar y ahí sus peores temores se hicieron realidad.

El amor había vuelto.