Dolor de cabeza, pesadez en el cuerpo, estos síntomas ya se habían hecho algo cotidiano en la vida de Tom.

Las mujeres y hombres más atractivos de Berlín a su disposición, negocios, casas, apartamentos, carros, todo lo que cualquier persona pudiera soñar tener en la vida, lo había obtenido él, no por merito propio, todo lo que tenia se lo debía a su padre, que lo mal crió dándole todo lo que él pedía, hasta convertirse en la persona más arrogante que cualquiera conoce.

El único que lo aguantaba era su mejor amigo y socio David Jost, un hombre mayor de edad en el cual Jorg el padre de Tom había confiado para que ayudara a su hijo en los negocios y enseñarle que el poder no es nada mas mandar a las demás personas.

¿Su madre? No sabe nada de ella y no quiere saber, lo único que se da por enterado es que lo parió y se lo dio a su padre, no quiso hacerse cargo de él, pero a él no le importa porque su padre le dio y le da todo lo que necesita, cariño, dinero y tiempo.

- Tres de la tarde, maldita sea. –piensa mientras se levanta de su cama

Ese día no tenia resaca, la noche anterior la había pasado de lo más normal posible, sin contar el encuentro con aquel chico guapo, de nombre Bill, si, ese mismo que fue buscar.

-Que absurdo. –suspira pesadamente, mientras se encamina al baño, ese día, nadie había despertado con él, estaba totalmente solo.

Se da la ducha vespertina, para quitarse ese humor, e ir a ver cómo están los negocios.

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Para Bill el día había empezado muy temprano, no pudo dormir más de tres horas, cuando sintió el vapor de la mañana decidió levantarse y buscar que hacer.

Cómo limpiar su casa, podría vivir pobre y en un lugar pequeño, pero jamás en un lugar sucio, lavar su ropa y a veces la de su madre, cuando ella estaba muy cansada, él lo hacía por ella, todo aquello lo odiaba pero ése era el destino de él y eso nadie lo cambia, o eso pensaba él.

-Las tres de la tarde. –piensa mientras se sienta en uno de los escalones que hay en la vecindad, viendo como los niños juegan en el patio, recordando como él también lo hacía, descalzo, sin ninguna preocupación en su vida, cuando era feliz, cuando su madre le demostraba amor.

- Hola Bill. –era Georg, que le gritaba desde la planta baja del edificio.

- Hola. –le dice sin mucha motivación.

- Podrías alegrarte al verme ¿no? O no soy de tu agrado. –este ríe mientras va subiendo los escalones, hasta llegar donde Bill y sentarse junto a él. –¿Por qué te fuiste ayer? Creí que íbamos a divertirnos.

-Ya dijiste, íbamos a divertirnos, pero yo no sentí la diversión, además que es eso de que tu le dijiste dónde vivo al tipo ese del bar, sabes cómo soy yo, o ¿sólo ignoraste lo que sabias de mi? Porque la verdad se me hizo de mal gusto que ese tipo viniera hasta aquí. –le dice muy enojado, tratando de no gritar.

-Yo sé cómo eres y por eso mismo le dije, lo conozco, es un buen partido, es guapo, además tiene mucho dinero.-

Los ojos de Bill quedaron en blanco, tal parece que Georg había dado en el clavo, dinero, si, sólo eso le importaba, ahora comprendía el por qué su amigo había hecho lo que hizo.

- Si yo pudiera me lo ligaría, pero no soy de su tipo. –ríe al ver la cara de su amigo.

-Eso me lo hubieras dicho antes, no hasta hoy, ya que ayer lo corrí de mala manera y le pedí que nunca volviera a preguntar por mí. –le ve alejarse de él, pensando en que el pelinegro lo puede aventar desde esa altura. –eres idiota sabes, ahora no sé cómo harás pero quiero ver a ese tipo.

- No hay problema Bill, vamos al bar de ayer y segurito él está ahí.-

- Y ¿tú crees que él va ir ahí otra vez?

- Si irá, es el dueño de ese lugar.-

-Te fijas eres más idiota de lo pensé, ayer me hubieras llevado a un lugar lejos de él y me hubieras explicado la situación, en éste momento estuviera durmiendo en una cama confortable con un tipo forrado de billete. –se levanta de dónde está limpiándose el trasero que se llenó de tierra.

- Espera. –le detiene el castaño. –vamos ahora, lo dejaste impresionado y lo más seguro es que cuando te vea se haga ilusiones.

- Pensaste al fin, claro que eso haré, ir a ese bar y ligármelo, para tener todo lo que yo quiero. –le dice con una sonrisa –nada más que tú me acompañaras, solo para probar suerte y si todo sale como lo planeo, pues te daré de lo que consiga.

-Solo no seas muy malo con él, es mi amigo.-

-Que amigo ni que cuento, aquí en este mundo lo que importa es el dinero. –se aleja del chico encaminándose a su así llamada casa.

- A las ocho. –le grita el chico, todavía sentado en la una de las gradas.

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Se pone lo mejor que tiene, y una de esas colonias que valen más de lo que alguno de sus sirvientes puede ganar en un mes.

Ríe al pensar eso, sólo trata de disfrutar lo que la vida le ha dado, ese dia iba a ser de los mejores, esa noche no se quedaría sólo como la anterior, trataría de ligar algún chico o porque no una chica, eso dependía del ánimo de esa tarde.

Hizo un guiño al espejo, y lanzó un beso al aire, viendo que estaba perfecto, claro siempre lo será.

Sale de su enorme habitación, llevando consigo su cartera, celular y uno que otro condón.

-La seguridad es primero. –piensa y sonríe.

-Buen día Señor Kaulitz. –le dice el amo de llaves.

Contesta amablemente, para no dar más que hablar entre la servidumbre, ya los había notado cuchichear sobre su sexualidad, que si era homosexual, o heterosexual, el sólo se sentía un metrosexual porque lo es. Además es bisexual, pero tampoco lo va andar diciendo a todos los sirvientes de la casa, aunque ya lo sabían, tantas noches de juerga en su cuarto que ya todo estaba de más.

-Tom. –se escucha la voz de una anciana. –¿Dónde vas mi niño? Era su abuela, que tenía una semana ya de estar allí, no estaba muy acostumbrada a la ciudad así que trataba de hablar lo menos posible con ella.

-Ya me voy abuela. –le dice mientras se acerca a ella. –Deme la bendición.-

-Claro mijo, Dios me lo bendiga. –le besa la frente y lo despide.

Sale de la casa muy contento, sintiéndose libre, escoge que carro llevar, hoy se le antoja el cadillac, se lanza sobre él, enciende el motor y se larga de ese calabozo, aunque tiene aspecto de casa, para él lo es, le gusta la calle ser libre, y no ser observado todo el día por gente que le guzga por como es.

Mientras enciende la radio sonó su celular.

-Un número desconocido, lo siento pero no contesto a desconocidos. –dice mientras cuelga el teléfono.

Llega a su destino, el bar gay donde vio aquel chico pelinegro, habían pasado 4 horas desde que se levantó, y decidió volver ahí, era uno de sus lugares favoritos, donde él mas estaba.

Encontró a David, dando órdenes a todos los empleados, esa noche era libre, no pagarían la entrada por lo menos hasta las diez de la noche, eso implicaba que llegaría más gente de lo normal.

-Hola Tom, que bueno que llegas, tengo algunos documentos que quiero que leas, antes de hacer los pedidos de las bebidas, acompáñame. –lo lleva casi a rastras hasta la oficina.

Eso era lo que más odiaba de todo, hacer cuentas, firmar, pedir, lo detestaba, pero era algo importante así que lo hacía sin más remedio.

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- Apúrate Bill. –escuchaba gritar a sus amigos.

Mientras él seguía viendo su rostro reflejado en el espejo, cuan hermoso era, cuan delicado era, suspiraba con solo rozar sus dedos con su piel, tal parece que el encanto jamás pasaría, tal vez en un universo alterno, donde no existieran los espejos, aun así se seguiría contemplando.

El sonido de la puerta lo saca de sus más íntimos pensamientos, se trataba de su madre, mal humorada cómo siempre, sacándole en cara que todas las noches se iba.

Pero no iba a tomarle importancia, tomó su cazadora y salió lo más rápido que pudo, de ese lugar, dejando a una Simone gritando de ira.

-Hui Bill. –su amigo le ve cómo que no lo conoce, estaba cambiado, mucho diría, su cara no era sombría, como las noches anteriores, había un brillo en sus ojos, algo inexplicable. –estas, tan guapo.

Su pelo lacio, se abatía con el viento, sus ojos sombreados, su camisa negra de botones, pantalones del mismo color y su chaqueta roja con blanco.

-Listo para cazar. –se burla Georg, el aludido le da una mirada dura, pero al final le ignora y sonríe.

- Anda vámonos, necesito llegar cuanto antes a mi diversión.

Los chicos se quedan viendo entre sí, mucho entusiasmo de parte Bill, era tan extraño, por lo menos para Gustav que no conocía las intenciones de éste.

Una vez dentro del carro, dan marcha para llegar a su destino.

Por fin habían terminado con el papeleo, ya estaba aburrido, aunque nada mas había pasado una hora, para él había sido una eternidad.

Sale de la oficina, ve que se había perdido de mucho estando en esa oficina, la pista de baile estaba llena, de cuerpos moviéndose alegremente, la música es agradable y por primera vez después de tanto tiempo quiere bailar con alguien, esa era su fiesta, la aprovecharía.

Le pide una copa al bar tender para entrar en calor y relajarse.

Ve unas chicas que le sonríen, y se dispone a ir donde ellas, cuando ve en la entrada al chico pelinegro, más bello que nunca, el vaso que llevaba en la mano se resbaló, cayendo estruendosamente en el suelo, pero eso a nadie le importó.

- Mierda, Tom, cálmate. –trataba de tranquilizarse a sí mismo.

Recordó las palabras que el chico le dijo la noche anterior, así que trato de ignorarlo lo más posible, yendo al otro lado de la pista.

Pero en ese momento alguien gritó su nombre, era Georg.

-Hola Tom. –le da la mano saludándole. –decidimos volver, nos gustó el ambiente. –dice casi gritando, la música no dejaba casi escuchar.

- Que bueno que regresaron, me disculpan tengo que hacer algunas cosas. –le había dolido pero se había escapado de ellos, sólo para demostrar un poco su orgullo.

Bill no encontraba la forma de llamar la atención del chico de rastas. Así que solo se quedó sentado en el taburete que serbia de sentadero.

- A ver Bill, ¿a que viniste a este lugar? –le interroga su amigo.

- A divertirme. –le responde, no muy seguro de lo que quiere.

Le ve del otro lado, aburrido y decide ir donde él, no tiene nada que perder, ya le había ignorado lo suficiente.

- ¿Puedo? –pregunta, antes de sentarse.

- Claro, es todo tuyo. –el pelinegro le devuelve una mirada lasciva, mordiéndose el labio inferior.

Se quedan viendo detenidamente.

Bill siente un retorcijón en su estomago, no es dolor, es algo extraño, esos ojos son iguales a los suyos, cuando está parado sin maquillaje frente al espejo, podría jurar que sin esas rastas y sin ese piercing en el labio inferior, seria idéntico a él.

- Enjoy the Silence. - dice Tom, muy alegre.

- ¿Qué? – le pregunta el chico, casi sin entender.

- Está sonando Enjoy The Silence, me encanta esa canción. –le dice al moreno con entusiasmo. –báilala conmigo por favor!!

Bill asintió sin más remedio, eso era lo que estaba esperando, atención de parte del castaño.

Words like violence, Break the silence Come crashing in Into my little world

Lo tomó del brazo y se lo llevó a la pista, delicadamente se acercó a él, lo agarró de la cintura y lo atrajo más a su cuerpo, podía sentir el olor de su cabello y su piel.

Painful to me Pierce right through me Can´t you understand Oh my little girl

Siente su cuerpo tan cerca del suyo, sintiendo deseos de él, de acariciarlo, de besarlo. Lo atrapa con sus brazos y le susurra al oído:

All I ever wanted All I ever needed Is here in my arms

Se deja llevar por la música, no le importa la gente que hay ahí, ya sabe lo que en verdad siente, lo quiere a él, tocar su cabello sentir que sus dedos se enredan en el.

Baja hasta su cuello y lo acaricia, lo ve a los ojos, no quiere decir nada, la canción lo dice todo, es como una danza erótica.

Feelings are intense Words are trivial

Acercan sus rostros y suspiran al mismo tiempo, sintiendo sus alientos, las luces de la disco, hacen ese momento inolvidable.

Words are meaningless And forgettable

Sus labios se funden en un beso, sintiendo sus cálidas lenguas encontrarse dentro de sus bocas, acarician sus rostro mientras su lengua juega con su piercing en el labio, le hace cosquillas y le gusta, lo abraza más fuerte y el beso se vuelve aun más apasionado y salvaje, era como estar comiendo algo deseado.

All I ever wanted All I ever needed Is here in my arms

Siguen en su juego, ignorando a todos los que estaban ahí, Bill estaba en las nubes, jamás había besado a alguien, pero lo había hecho cómo todo un experto.

Enjoy The Silence...

Termina la canción, pero el encantó sigue, siguen abrazados en medio de la pista, Georg y Gustav, les ven incrédulos, al parecer estaban en su mundo, nadie los podía separar en ese momento, había sido como un sueño, esperando nunca despertar de él.

¿Para qué hablar? El silencio es mejor, sólo hay que disfrutarlo.