IV: De Princesas y Guardianes

Arthur aterrizó, en el más estricto sentido de la palabra, en el duro suelo, después de haber aparecido en el aire.

Eso, decididamente, no salió como lo planeado.

—Ouch… —Se quejó, intentando ponerse de pie adoloridamente.

Momentos antes de que Feliciano le gritara, había llegado a su mente el recuerdo de lo que las historias contaban. El último cuarto de la torre más alta. Ahí era donde se decía que dejaban a las princesas. ¿De verdad todo iba a ser tan similar a los cuentos de hadas?

Arthur, con el pensamiento girando en su cabeza, se levantó a duras penas, con la cabeza todavía dándole vueltas. Cuando logró enfocar la mirada, lo primero que distinguió fue una cama frente de él. Al mirar alrededor se dio cuenta de que estaba en una especie de habitación. Pero eso no era lo más importante, si no que sobre la cama yacía una joven dormida.

Arthur pasó por un breve shock en ese momento. ¡Que golpe de suerte! El recordar el lugar indicado al que debía llegar poco antes de la aparición... seguramente lo había llevado hasta ahí.

Había escuchado en las historias de la belleza de las princesas, pero era la primera vez que veía una. Y las historias tenían razón.

Su cabello rubio, ondulado y brillante le llegaba apenas debajo de los hombros, y sus facciones finas le daban un curioso aire de inocencia. Se detuvo, permitiéndose preguntarse por un instante de qué color serían sus ojos. Apartó el pensamiento velozmente, tachándolo de cursi.

Eso sí, no le gustaba la idea de despertarla, pero no le quedaba de otra. Se animó a acercarse. Era algo que tenía que hacer, sí o sí.

—Hey… despierta… —Empezó, no muy seguro.

Pero no hubo ninguna reacción.

—Anda, levántate…

Tampoco pasó nada, salvo que los gritos de Feliciano volvieron a resonar.

Arthur sintió como su cuerpo se tensaba nuevamente, y cualquier rastro de posible delicadeza o sensibilidad se fue al traste.

¡Bloody hell! ¡Que no tenemos mucho tiempo…! ¡Princesa!

Pero la chica seguía respirando de manera acompasada, y ni si quiera se movió.

—¡Que conste que traté! —Siseó Arthur por lo bajo, rebuscando entre su atuendo para sacar su varita, cuando recordó que la había tirado. Su rostro se ensombreció brevemente, antes de que le viniera una imagen a la mente, que le arrancó un atisbo de sonrisa triunfal.

Por si acaso, se había escondido otra varita en una manga. La sostuvo entre sus manos, disculpándose mentalmente con la pobre chica. La agitó un par de veces, murmurando una palabra, y un chorro de agua salió despedido de su varita hacía la cara de la princesa, que se levantó de un salto tan alto y tan abrupto que hizo que el mismo Arthur retrocediera.

—¡Waaa! —La joven trató de limpiarse el agua de la cara con las manos, sin mucho éxito— ¡¿Qué?! ¿Quién eres? ¡¿Por qué has hecho eso?!

Arthur seguía un poco alarmado.

—¡Bueno, lo siento, pero cálmate! —Guardó la varita antes de que ella se diera cuenta, para evitar problemas. Después de todo, lucía como un… caballero, en ese momento, no como un mago. Y lo último estaba penado, tal vez de muerte en esos momentos. Gracias al cielo había tenido la sensatez de viajar disfrazado. No llevaba ni su capa. De hecho, lo único que traía que podría distinguirle era su varita mágica, y eso podía ocultarlo. Agradecidamente hasta su rostro estaba bien cubierto por un yelmo… ocultando sus distintivas cejas.

La joven pestañeó, dejando bien abiertos sus grandes ojos azules, y por un segundo Arthur tuvo la rara y vaga impresión de que lo estaba seduciendo. Pero luego ella se talló los ojos, y estornudó de la manera más estruendosa posible.

—Ah, disculpa —Agarró un pañuelo que tenía junto a la cama, y se sonó la nariz ruidosamente— Polvo.

Sobra decir que Arthur estaba bastante disgustado.

—¿Esto es una princesa? —Murmuró lo más bajo que pudo, casi decepcionado.

A pesar de todos sus esfuerzos por no hacerse de ideas, se había imaginado a la princesa de otra manera muy diferente. Dulce, amable, educada… la única expectativa que cumplía, a su punto de vista, era que era bonita.

—Ya estoy bien —La muchacha dejó el pañuelo a lado de la cama, y puso toda su atención en observar a Arthur, que se sintió repentinamente incómodo. Pero luego ella sonrió ampliamente, y rió, como si estuviera muy divertida.

—¡Al fin! ¡Soy libre! —Saltó de nuevo, y adoptó una pose muy extraña, como de un guerrero con el puño en alto— ¡Sabía que este día llegaría!

Arthur le dedicó solo un momento más, entre la decepción y la molestia.

—Sí, sí, que bien —Concedió de mala gana, aproximándose a la princesa y agarrándola de la muñeca— Tenemos que irnos, ahora. A estas alturas podrían haberse comido en un caldo a Feli…ciano —La arrastró hacía la puerta, maldiciendo por lo bajo al darse cuenta de que había usado un diminutivo del nombre.

—¿Qué? —Ella pareció sorprendida, y muy preocupada de repente— ¿A que te refieres? ¿Quién es Feli? Ya acabaste con el guerrero, ¿no?

—No —Contestó, refiriéndose a la última pregunta, sin dejar de jalarla por las escaleras.

La chica gritó, y Arthur estuvo tentado de lanzarle otro hechizo.

—¡Pero eso está mal! ¡Así no va el orden! —Lloriqueó ella— ¡Te mataran como a todos los demás!

—Pues disculpa, pero creo que soy el único que ha logrado sacarte de la torre, ¿o me equivoco?

La rubia abrió la boca para protestar, pero se detuvo a media frase.

—Anda, supongo que tienes razón.

Arthur rodó los ojos.

OoO

Los gritos de Feliciano habían tenido un solo origen: "El guerrero"

Había sido arrastrado, cargado a la fuerza, y casi apaleado. Más bien por el susto perdió la consciencia durante no supo cuánto tiempo, pero cuando la recuperó estaba atado de manos y pies. Feliciano soltó un chillido, viendo a su captor que estaba en un extremo de la sala.

—¿Qué vas a hacer conmigo? —Le empezó a dar una sensación punzante de lágrimas en los ojos, al pensar en que estaba a punto de acabar igual que todos los demás que se habían atrevido a entrar al castillo.

El silencio fue la única respuesta.

—¡Por favor, señor guerrero! ¡No me mates!

El guerrero siguió impasible.

—¡Soy muy joven, y puro y casto! ¡Solo quiero volver a casa!

Más silencio. De repente, a Feliciano se le ocurrió algo. ¿Mentir era un pecado, incluso si salvaba su vida?

—¡Mi hermano mayor se preocupará muchísimo, y es mi única familia...! ¡No puedo hacerle eso!

El guerrero, que permanecía sentado en el mismo lugar, finalmente hizo un solo movimiento con la cabeza.

Incluso Feliciano fue capaz de darse cuenta de que había encontrado un posible punto de salvación.

—Oh… puede ser que… ¿Tú también tienes un hermano mayor?

Como siempre, no hubo respuesta, pero Feliciano lo tomó como un sí.

—¡Supongo que has de ser muy joven! —Rió nerviosamente— ¿Y cuánto tiempo llevas en esto…? ¿Mucho? ¿Poco?

El guerrero empezó a voltear hacía cada rincón del lugar, pero sin prestarle ni remota atención a él.

—Bueno, eso no importa, ¡pero tienes que ser un guardián buenísimo, como para que te hayan escogido para una tarea tan importante! Digo, nadie ha… h-había logrado entrar… ve~! ¡No te enojes, se me salió sin pensar!

Pero el otro ni se inmutó.

—…Como me encantaría tener un plato de pasta en este momento —Se quejó el italiano tristemente.

OoO

Después de salir de la torre, Arthur y la princesa empezaron a bajar escaleras sin parar. Él seguía bajando rápidamente, sin soltar su agarre a la muñeca de la ella, que lo acompañaba sin quejarse, y no parecía tener problemas para seguirle el paso. Todo iría bastante bien para Arthur, de no ser por un detalle. La famosa princesa, que no paraba de hablar.

—Entonces, ¿vamos a ir a rescatar a tu amigo? ¡Haha, suena como una gran aventura!

—…Primera, no es mi amigo. Segunda, no es una gran aventura, es solo un problema extra que me gané al dejar que el bobo de Feliciano viniera —Explicó de mala gana— Ahora, ¡deja de hacer tanto ruido antes de que "El guerrero" se entere de donde estamos un piso antes de llegar ahí!

—Aish, qué carácter tienes, eh… ¡Oh, lo olvidaba! ¿Cómo te llamas, cariño?

Para espanto de Arthur, ella se soltó sin dificultad de su agarre, y deslizó la mano desde su muñeca hasta su mano, entrelazando los dedos con los suyos.

—¡Hey! —El inglés se detuvo abruptamente y se sacudió su mano a la primera, para confusión de la princesa, que también se detuvo— ¿Qué crees que haces?

— Pues… tomarme de la mano con mi salvador —Sonrió ella con simpleza, y Arthur frunció el ceño sin entender nada.

—Ya, pues no lo hagas —Replicó, y el semblante de la chica se entristeció ligeramente, por lo que lo siguiente lo dijo de modo menos áspero, aunque no ayudó mucho— Sígueme, y calla, eso es todo.

Durante todo el tiempo que bajaron escaleras permanecieron en un silencio no muy confortable, muy cerca uno del otro, pero Arthur ya no se atrevió ni a tomarla de la muñeca.

OoO

Larguísimos minutos pasaron, y Feliciano seguía en el mismo lugar, hablando para ver si podía lograr que su captor hablara también. Aparentemente, había sido tomado como una especie de rehén, con la idea de que Arthur regresaría a ayudarle. Feliciano se sentía desfallecer. ¿Y si no venía por él?

—¡Basta! —A Feliciano le faltaba poco para ponerse a llorar, pero no le importaba, se estaba cansando de tanto silencio— ¡Per favore, respóndeme algo, no me gusta hablar solo!

El guerrero movió la cabeza hacía ambos lados con cansancio.

—No va a pasar nada solo por qué me respondas algunas preguntas —Lloriqueó el italiano, muy alterado, en parte por no entender ninguna de las reacciones de su captor— ¡Por favor! ¡No dejaré de hablar hasta que contestes…! ¡Y después te dejaré en paz, lo prometo…! ¡Ve~! ¡Pero no te enojes!

Vio con temor como el guerrero se acercaba hacía él, y se arrastró hacia atrás todo lo que pudo, pero el otro se quedó a unos dos metros de distancia.

Entonces, para sorpresa de Feliciano, habló.

—Si te contesto, después… ¿dejarás de hablar?

Aún más sorprendente le resultó oír que, aunque fue en un gruñido, su voz era un tanto menos grave de lo que pensaba, como aterciopelada.

—S-sí, señor, lo haré.

Casi pudo oírlo suspirar.

—Eres muy molesto —Feliciano tuvo un escalofrió— Pero da igual, si así te callas.

Por un momento, no supo que decir.

—¿C-cuantos años hay de diferencia… entre tú y la princesa?

—Solamente uno.

—¡Vaya, pero la princesa es muy joven…! ¿O no?

—Lo es.

—…¿Y cuántos años tiene?

—Diecinueve.

—…¿Y tú eres menor o mayor que ella? —Comenzaba a perder el miedo lentamente, ahora que le parecía que no iban a asesinarlo de un momento a otro.

—…Mayor.

—¡Ve~! ¡Tienes la misma edad que yo! —Sonrió ligeramente con nerviosismo.

El guerrero se encogió de hombros de manera extraña, y algo le indicó a Feliciano que el tiempo de las preguntas se había terminado. Quedó callado, y no se atrevió a preguntar nada más.

Ya no tenía tanto miedo, aunque seguía teniendo hambre.

Desafortunadamente, los problemas regresaron conforme pasó el rato, y la temperatura fue subiendo en la enorme y viciada sala, al punto de que Feliciano estaba tan acalorado que sintió pena por el guerrero, usando una armadura tan pesada y encerrada.

—Ve~ t-tal vez… sí te quitaras el casco… no sentirías tanto calor…

Aunque lo dijo, tenía miedo de que se enojara, y realmente no esperaba que lo hiciera. El silencio regresó, pero para sorpresa de Feliciano, su captor no se quitó el casco, sino que se levantó la visera.

—¡Wow! —La expresión de asombro se le escapó antes de poder evitarlo— ¡Que bonitos ojos!

El guerrero apretó el arma entre sus manos, y Feliciano se arrepintió de sus palabras.

—¡Lo siento! —Se disculpó rápidamente, y volvió a retroceder hacía la pared.

Pero no puedo evitar pensar que de los muchos bonitos ojos que había visto hasta el momento, los del guerrero eran tan especialmente bonitos, que si hubiera habido una competencia, podían haber ganado.

Un par de minutos después, Feliciano volvió a animarse a platicar.

—… ¿Podrías decirme tu nombre?

Pensó que no recibiría respuesta, pero la consiguió.

—¿Y eso para qué?

—Ve~ por qué quiero recordarlo para cuando salga de aquí. D-digo… n-no vas a matarme… ¿verdad?

El guerrero suspiró audiblemente.

—No mato a nadie si puedo evitarlo.

—…Umm, entonces, ¿los que habían entrado aquí antes, ¿no te dejaron de otra?

—No.

Hubo el ya acostumbrado silencio, aunque ya no era ni remotamente tan incómodo como antes. Al cabo de un momento, el guerrero agregó en voz muy baja, incluso para alguien que se encontraba a tan corta distancia.

—…Con los que hice eso… en realidad los hubiera dejado ir, pero… ellos insistieron en luchar.

—Ve~ entiendo —Feliciano sonrió leve, por primera vez en un rato. De repente cayó en cuenta de algo, y preguntó con inocencia— Oye, pero… ¿con los que hiciste eso? ¿A qué te refieres?

El aludido pareció sopesarlo, o eso le contaron sus sombríos ojos a Feliciano.

—No maté a todos los que entraron aquí.

—¿Qué? —Feliciano quedó boquiabierto, con cara de plato.

—No sería capaz de hacer algo así, ¿entiendes? Dejé huir a los que aceptaron la derrota... De ahí vienen los infames rumores que hay... Odio hacer esto —Soltó un leve resoplido, como si con ello al fin hubiera decidido dejar escapar sus pensamientos.

Feliciano se le quedó viendo, con algo peligrosamente cercano a la admiración. El Guerrero hizo el ademán de quitarse el casco, antes de darse cuenta de lo que hacía.

Feliciano detectó el gesto, y sonrió ligeramente.

—¿Por qué no te quitas el casco?

—No, no es buena idea.

—¿Por qué?

—…Por qué no —Zanjó cortantemente, y Feliciano no hizo más preguntas, bajando la mirada tristemente.

Por momentos se le olvidaba que estaba ahí como rehén.

OoO

Lo prometido es deuda +w+ la verdad me gusta escribir de Nyo!USA siendo una princesa tan sui generis haha

Y mientras, el pobre Feli retenido por el dichoso guerrero, cuya identidad es un secreto de estado (?)

Oh, lo que me recuerda, contestación al review (?):

Shiro OwO9: Jeje, se agradece mucho el apoyo x33 a mi también me da risa ese parecido xD espero que te guste, y ojalá te quedes a ver como acaba~

Gracias a los follows y favorito~

¿Review? Me harías mucha ilusión, ya que al fin entré en materia :3 xD