OPUESTOS
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro. De lo contrario: La boda de Colonello y Lal se cancelaría, digo… es ilegal ¿no? Ok, a ¿quién le importa la edad?
º
Nada es gratis. Todo cuesta, todo duele…
º
º
Iba corriendo entre las calles, buscando frenéticamente de un lado a otro obviando las miradas que la gente le lanzaba nomás al ver sus fachas: la camisa desarreglada, manchada con algo de sangre e incluso papel higiénico en una fosa nasal que detenía el sangrado. Yamamoto apenas si se había contemplado su apariencia en cuanto reacciono tras la agresión de M. M., se levanto como resorte y se disculpo con una de las meseras, dejo un tanto de dinero que ni conto sobre la mesa y salió disparado de la cafetería, aproximadamente como 5 minutos después de que M. M. saliera echa una furia del lugar, los 5 minutos que le tomaron reaccionar y salir de su estupor, con la cara de idiota con la que se había quedado viendo la puerta por donde había salido ella momentos atrás.
°O°O°O°O°O°
Yamamoto parecía que nunca aprendería a no subestimar a la chica pelirroja, aunque quizás esta vez tendría un recordatorio mucho más efectivo para tal cosa.
No es que le molestara ser tomado por sorpresa con cada acción u ocurrencia de ella, es más, era interesante y fresco.
M. M. era un tipo de chica que no estaba acostumbrado a tratar.
No se asemejaba a las chicas que había en su escuela y mucho menos a las que parecían que salían de la nada cuando andaba por los pasillos y lo saludaban y rafagueaban con un montón de preguntas que él no lograba encontrarles sentido.
Era divertido a pesar de todo, ellas parecían hongos que brotaban y se reproducían de forma casi instantánea por todas partes. Eso era bueno, hacía tiempo que él no llevaba bentos a la escuela porque ellas siempre le convidaban de sus almuerzos.
Pero regresando a la terca pelirroja, tampoco su forma de ser era similar a Kyoko, Haru o Chrome. Quizás se asemejaba un poco a la de Hana, pero él encontraba en M. M. aún algo infantil y caprichosa, en lugar que la acidez y madurez de la otra pelinegra mostraba.
No es que la amistad con ellas fuera aburrida o apática, pero era algo genial el tratar con una personalidad nueva y fuera de sus acostumbrados parámetros.
Sí, eso era la principio. Lo interesante del asunto. Ella era atrayente. De algún u otro modo, Yamamoto seguía sin definir exactamente que fue eso que le llamo la atención en ella y después fue terminando en tratar de no perderla de vista. Fue así como se dio cuenta de los sentimientos no correspondidos que tenía hacia Mukuro y lo desastroso que fue su intento atípico de confesión…
Y eso fue, concluyendo decentemente, lo que terminó desencadenando en una inusual amistad con ella.
Un momento ¿Amistad?
Mhm. Aunque en primer lugar debía de saber si lo suyo con ella era amistad o qué.
¿Apego? ¿Simpatía? ¿Admiración…? De la última estaba completamente seguro que si era real.
¿Pero qué más?
Ok. A fin de cuentas el punto era que llevaban dos meses saliendo. Por más raro que sonase esa línea y en el montón de malentendidos que se podrían entender, pero era saliendo en el sentido de que él seguía con su palabra de concederle sus hombros para que ella llorara y se desahogara tras su aparente fracaso con Mukuro; pero como ella era tan orgullosa e incapaz de derramar lágrimas, la solución era invitarla a comer hasta hacerla sentir mejor y contentarla.
No tenía el corazón completamente roto, pero si un orgullo herido. Las dos cosas valían igual de mal.
Lamentablemente la sofisticada y exigente M. M. se empecinaba a decir que no estaba satisfecha a donde él la llevaba a comer, que tal lugar o comida no cubría sus expectativas, eso significaba a volver a buscar un lugar decente y comenzar de cero. Dos benditos meses procurando de tratarla como una reina, gastando su dinero cada fin de semana para complacerla y nada. Cualquiera a este punto ya hubiera tirado la toalla o cuando menos decirle unas cuantas verdades a la chica, pero Yamamoto, siendo Yamamoto, el galante caballero innato que también lo era, seguía fiel a su palabra y no lo dejaría de intentar.
Aunque era más que un desafío que una forma de apoyo a decir verdad.
Y por él no había problema, era divertido andar de un lado a otro o estar buscando.
Así que ahora estaba en uno de sus últimos refugios, una coqueta pastelería en un tranquilo barrio que Kyoko y Haru le recomendaron. Como el buen par de amigas que eran no dudaron en darle consejos de tan preciosos lugares donde degustar una buena comida, claro que con la curiosidad comiendo sus entrañas y casi desparramándole por los ojos, pero siendo respetuosas no acosaron al beisbolista con preguntas de por qué tan súbito interés. Cabe señalar que Yamamoto simplemente se les acerco para preguntarles sobre buenos sitios a donde invitar a alguien especial a comer. Como si fuera muy normal hacer semejante pregunta todos los días.
A decir verdad nadie sabía sobre sus salidas con la francesa. Él… porqué simplemente no necesito ni se le ocurrió dar explicaciones a nadie y ella, porque simplemente no quería que su gente se enterara con quién se veía. Qué vergüenza para ella.
A fin de cuentas, la cafetería de este fin de semana era acogedora, íntima y preciosa. Todo parecía bien, todo parecía de costumbre: Él seguía hablando y hablando, riendo y ella desinteresada, comía y echando miradas de recelo al lugar que no cubría sus estándares.
Claro, hasta que él no supo como exactamente y él empezó a hablar de la vez que conoció a Tsuna. Sobre el asunto de baseball, como se sentía tan mal por cómo se lastimo el brazo y que estaba a punto de arrojarse de la azotea y BAM
Lo siguiente que supo apenas si en un flashazo, fue que cuando menos se dio cuenta ella ya estaba frente a él a punto de darle un puñetazo en pleno rostro. Sus instintos le habían gritado que evadiera el golpe pero una parte de su cerebro se quedo sin reaccionar ante la idea ¿ella me va a golpear?
Se escucho el ruido de la cerámica al caer, los comensales que gritaron y el leve Ow que él soltó.
Termino semi recostado sobre el largo sillón que ocupaba con una mano agarrándose la nariz y con otra del respaldo de la silla para no caer. Sintió la sangre salir, meterse por su boca entreabierta, manchar su ropa y demás, pero más que quejarse se quedo estático al verla a ella quién tenía una expresión entre furibunda e indignada. De pronto ella pareció reaccionar y torció la boca, tomo su bolso y se fue rápidamente del lugar, sin mirar atrás.
Parecía que quién estaba más asombrado por lo ocurrido era ella.
°O°O°O°O°O°
¡Nada!
¡Solo habían sido 5 minutos los que tardo en salir para seguirla y no lograba encontrarla!
Por lo poco que la había tratado estaba seguro que ella no era de las personas que se esconderían por vergüenza o algo similar. Ni siquiera que se hubiese echado a correr para huir por pena tras semejante episodio. Era muy orgullosa como para admitir abiertamente un error o disculparse, pero tampoco era la clase de gente de eludir sus responsabilidades o actos por cobardía. Así que era inútil buscarla tienda por tienda pensando que se hubiera escondido, lo más seguro es que ella debía de andar por allí deambulando por las calles llenas de transeúntes…
O eso creía, había pasado poco más de una hora y no la encontraba.
Pero Yamamoto no se detendría allí. No es que se preocupara que algo malo le ocurriera a ella, M. M. era más que capaz de defenderse sola (y tras semejante golpe lo volvió a corroborar, lo más seguro sería mantenerla lejos de Ryohei-sempai por si acaso)
Pero lo único que si lo inquietaba a sobre manera, era la mirada que ella le había lanzado antes de que todo se pusiera negro por un segundo.
Justo antes de recibir el puñetazo, por una simple fracción de segundos, Yamamoto pudo ver la turbia mirada de ella bajo ese flequillo rojizo.
Rabia, furia, frustración… dolor… tristeza… melancolía…
Todas esas emociones lo dejaron pasmado, incapaz de reaccionar ante la súbita agresión. Cuantas emociones al descubierto que no había podido descubrir hasta ahora en ella…
M. M. parecía ser una chica muy fuerte e independiente, Ok, no lo parecía, lo era: osada y orgullosa. Agregando que era algo mezquina, avara y frívola. Pero Yamamoto nunca se había preocupado en saber cómo es que tan interesante gama de personalidades se habían desarrollado en ella.
¿Qué había detrás de esa forma de ser?
¿Qué había más allá?
Así que ahora, mientras seguía corriendo sin sentido por las calles, dos preguntas lo embargaban: ¿Qué fue lo que ella ha vivido para llegar a lo que es hoy…? y segunda, ¿Qué demonios dijo él para ponerla de tan mal humor?
En verdad, seguía sin mucha noción de que había dicho mal.
°O°O°O°O°O°O°
— Hey — recordaba que alguien la llamo mientras contaba el dinero de una cartera que había arrebatado de un hombre de negocios dando la vuelta.
Se puso ceñuda y fue discreta con su botín. No serían otra vez los mismos tipos que le pedían la cuota del mes por 'trabajar' en su zona ¿verdad?
'No jodan' pensó ella, todavía no se cumplía el plazo. Está bien que ella tuviera mucha habilidad para esto, pero tampoco por eso se fuera a aprovechar de ella. Volvería a romper sus bocas si se trataban de pasar de listos.
Pero se equivoco al voltear y mirar quién le hablaba: una mujer muy bella, elegantemente vestida y un porte de altivez, acompañado de un aura de poderío y respeto que calaba. Cabello largo y en rizos interminables de color castaño, brilloso y aparentemente sedoso; ojos grandes y pestañas aún más con la ayuda de su rímel y maestría en uso del delineador; labios rojos que hacían juego con sus largas uñas y a la vez de sus lindos y largos dedos blancos entre los que sostenía una fina y humeante pipa.
M. M. arqueo las cejas ante la sorpresa. A sus 10 años por fin se había sorprendido por la mera presencia de otra persona.
'Momento… Esta mujer la conozco' especuló.
— Oh. ¿No estás un poco lejos de tu zona? — pregunto con algo de socarronería al sonreír la niña. No le preocupo que ella viera la cartera robada, esta tipa no tenía nada que ver con su negocio.
La castaña se sorprendió por un instante, sonrió y soltó el humo de la pipa que tenía en la boca delicadamente antes de hablar.
— Vaya — se acerco a la pequeña mientras hacia atrás su melena — Veo que me conoces. Me sorprendes, nena —
— Bueno… Dudo que no haya hombre alguno por estas calles que no lo haga — comento con ironía.
La sonrisa de la mujer se borró por un segundo pero inmediatamente regreso a su boca roja — Buena esa, querida. Tal y como lo imagine, observadora, astuta y con una boca que no se guarda nada. Tienes un estilo aún muy tosco para mi gusto pero vale. —
— ¿Qué quieres? —
— ¿Qué te hace pensar que quiero algo? —
— No todos los días se presenta alguien de su talante simplemente a platicar con alguien como yo. No es como si fuera muy común que la mejor amante de esta parte de la ciudad se paseara por los barrios grises, aquí no hay fiesta o muchos hombres con dinero —
La mujer chasqueo la boca — Y pensé que te tenías en mejor aprecio, niña — fumo rápidamente su pipa antes de seguir — Hablar de alguien como yo o alguien como tú, como dices, es darse poco crédito —
M. M. pareció no entender.
— Tú y yo somos sobrevivientes de las calles, niña. No lo hagas parecer como si fuéramos tan diferentes y fueras tan poca cosa. Solo que tenemos diferentes métodos para nuestros propósitos y cuanto tiempo llevemos metido en estos negocios. —
La niña parpadeo ante sus palabras. — Por un momento pensé que se había ofendido por llamarla callejera —
— Todas empezamos por algo. Oh, espera… ¿hablas de callejera como tú? ¿Carterista? Oh, me confundí con el significado. Bah, da igual. —
— ¿Entonces que quiere? —
La castaña acorto el poco espacio que quedaba y se tomo la libertad de pasar una mano sobre la cabeza de la niña, haciendo a un lado un mechón pelirrojo de su frente. — A ti. —
En un abrir y cerrar de ojos la pequeña le dio un manotazo y se hizo dos pasos hacia atrás, molesta.
— No somos tan diferentes, dices. Pero no quiero ser igual a ti. — le increpo.
— ¿Y por qué no? —
— Yo no sé tú pero yo tengo mis propias reglas y mis propias metas, mis formas para hacer las cosas. No quiero ir a parar a ser alguien como tú —
La mirada de la mujer se torno fría y peligrosa — Ten cuidado, mocosa. Se nota que aún te falta mucho por aprender en estas sucias calles y no eres tan lista como pensé, aparentemente. Pero que esperaba de una simple y mugrosa carterista que se conforma con tan poco — se burlo.
— Seré una simple carterista, pero eso no será por siempre. Te lo dije, tengo mis propios métodos y formas de hacer las cosas y algún día escalaré mucho más alto que tú —
La mujer volvió a sonreír ante ese comentario — Cuando menos tienes agallas para admitir lo que eres y que no piensas quedarte en este hoyo de ratas —
— Deberías de conocer cuando vivía con mis padres, es peor — se burló. — Y si no tienes nada más útil u ofensivo que decir, me voy —
— Espera allí, mocosa — se pellizco el puente de la nariz — Realmente eres un dolor de cabeza como bien imagine, mira que me habías hecho olvidar para que vine. —
— Ya te dije que no te interesa tu propuesta —
— Cierra la boca, cría. No te he dicho ni una mísera palabra de lo que en verdad pretendo, tú fuiste la terca en sacar conclusiones antes de dejarme explicarte. Rayos, necesito un buen trago. — Suspiro cansinamente — Y mantén la maldita boca cerrada mientras te hable — ordeno al ver que la niña estaba a punto de decir algo. M. M. torció el gesto y se controlo.
La mujer hecho un vistazo al lugar — He venido a por ti a ofrecerte un trato. Uno que nos convendrá a las dos. — Pensó un poco y corrigió — Quizás no solo a mí pero yo hablo por ellos ahora. En fin, el punto es que podrás sacar mucho más que en esta pocilga de zona y los famosos planes que tienes a futuro se cumplirán más rápido —
— Ya te dije que yo no… —
— ¡Sht! Boca cerrada — ordeno con un dedo — Te he dicho que sacas conclusiones a lo bruto, necia. El trato que te vengo a proponer no es nada de lo que tú te imaginas, mal pensada. —
Como no podía hablar, la pequeña pelirroja ladeo su cabeza con expresión de '¿Y entonces qué?'
— Trabajaras para mí — explico. La niña frunció el ceño otra vez. — Y NO es de lo que imaginas, pequeña insulsa. Trabajaras de lo que mejor sabes hacer —
— ¿Robar? — se le escapo de la boca a una sorprendida M. M.
La mujer puso los ojos en blanco — De aprovecharte de los demás, tonta —
— Oh — cayó en cuenta — Y eso… ¿en qué te beneficia a ti? ¿Cómo puedo de ser de utilidad en tu negocio? — pregunto desconfiada.
La sonrisa de autosuficiencia que la castaña puso sorprendió a la niña — Señas que no tienes idea de a que nos dedicamos también —
— No es a… — la niña movió de arriba abajo sus cejas y haciendo señas con las manos.
— Bueno, también…pero no es lo único. Y alguien como tú nos vendría como anillo al dedo. Tienes un gran potencial, lo sé. — le aseguro con toda confianza mientras la veía a los ojos.
M. M. se sintió prendada por esa mirada. Era la primera vez en su corta vida que la veían como una persona. Por triste que sonará, desde sus padres hasta las personas que había conocido hasta ahora nunca la vieron así, directo a la cara y con total convicción.
La reconocían como un individuo capaz y con méritos propios. No es como si necesitará a alguien para sentirse bien, que le dijeran que era importante o reconocer sus logros, pero esto era algo diferente y debía de admitir, se sentía bien el sentirse necesitada (aunque sabía en el fondo es que quizás tratarían de aprovecharse de ella en algún momento, así son todos)
— Te diré algo — volvió a hablar la castaña mientras se quitaba la pipa de la boca — Cree lo que quieras de mí o de nuestras formas de vida, pero al igual que tú, tenemos nuestros propios principios. E incluir niñas pequeñas a nuestros trabajos no es lo nuestro. Ya ha habido demasiado daño y ya de sí es un mundo enfermo como para andar repitiendo esas cosas. — le explicaba ella sin despegar la mirada de la niña, para que viera que hablaba con la razón — Roba, engaña, golpea, estafa, observa, persigue, consigue información, espía, atemoriza, boicotea, lo que sea para conseguir lo que necesitas… Eso funciona contigo y eso es lo que necesito, ni más ni menos. Admiro tu credo y el valor y respeto que te das tu misma y has sabido mantener hasta ahora en estos años en estas mugrientas calles. Es por eso que queremos a alguien como tú. Mientras no te traiciones a ti misma, eres lo que buscamos. Y entonces ¿qué dices? —
La niña se quedo un instante divagando, miro a sus manitas y aún seguía sosteniendo la cartera robada y levanto la mirada a la mujer frente a ella. Pensaba y pensaba…
— Si necesitas tiempo para pensar el asunto, tómatelo. Cuando tengas tu respuesta ven a dármela a ya sabes dónde. Dudo que te cueste trabajo investigar donde vivo — se burlo. — Nos vemos, nena —
La pelirroja se quedo viendo como la dama se iba poco a poco. ¿Qué debía hacer?
Desconfiar estaba en su naturaleza, estaba curtido en ella desde pequeña, así que confiar así nada más no era lo suyo. Pero esta mujer le había hablado de tal modo, de igual a igual, que ella no sabía qué hacer.
Esta era su oportunidad. Cuando menos para salir momentáneamente de este suburbio y ver que más había allá todavía. Las cosas se pondrían difíciles como siempre, pero siempre podía encontrar el modo de poner las cosas a su favor.
¿Porqué no intentarlo?
Saco todo el dinero de la cartera y arrojo a esta a un montón de basura en el piso. Se guardo el efectivo y echo a correr tras la mujer que no iba tan lejos por la calle.
— Entonces…— iniciaba la niña una vez la alcanzo y caminaba al lado de la mujer — No tienen niñas trabajando para lo mismo que ustedes, entonces… — cavilaba.
— Nah. Francamente hasta nosotros lo encontramos una aberración, no sé qué tan mala sea tu idea de nuestro trabajo o forma de vida, pero seguimos siendo personas y no tenemos una concepción del mundo tan chueca como algunos creen. Pero créeme, hay un montón de enfermos por la vida que incluso una niña flaca y mugrosa como tú les serviría de maravilla — suspiro mientras se llevaba la pipa a la boca.
M. M. torció la boca más por darle la razón de los locos del mundo que por admitir que en verdad estaba flaca y sucia — Lo sé —
— Además… ya tenemos suficiente competencia en este rubro como para agregar más — sonrió ladinamente la mujer.
La niña la miro con los ojos entrecerrados ante su cinismo. — Por cierto ¿Cómo te llamas? —
— Cierto, cierto. Mis modales. Yo me llamo Paulette, mucho gusto… ¿Ahm?— levanto las cejas dejando la pregunta al aire
— Mir… —
— Sht. Ah ah. — le cubrió la boca Paulette de pronto — Para lo que hago y lo que tu harás, será mejor mantener en secreto nuestros verdaderos nombres —explicaba — En esta clase de vida tenemos lo que tenemos porque lo hemos conseguido por nuestras propias manos, incluso el nombre. El otro, el de nacimiento, solo es usado como lo más privado, aquello que los otros no conocen y no han visto ¿Comprendes? Hay partes de nosotros que no permitiremos que los demás conozcan así como así. —
Cuando retiro la mano de la boca de la niña, esta tardo en hablar un poco más hasta que pregunto — ¿Por qué? ¿Qué chiste? Es lo que somos. —
— Bueno, querrás decir que es lo que fuimos pero aún sigue estando dentro de nosotras. No es algo como una nueva vida, pero si es una mejor. Además... — le hizo un guiño — eso mantiene el interés en muchos, por más que lo nieguen las personas, les encanta el misterio. Recuerda, siempre hay que tenerlos en vilo. Nunca se saldrán de tus manos. — le aconsejo. — Entonces ¿Cómo te llamas, querida? — volvió a preguntar.
Tras unos segundos la niña respondió — M. M. —
— ¿M. M.? —
— Si, lo que era y lo que soy — Se encogió de hombros. — ¿Algún día conoceré tu verdadero nombre?—
— Quién sabe. Quizás. Sería bueno, hay tan pocos que lo conocen que estoy comenzando a olvidarlo… — resopló.
M. M. miro al piso pensativa. ¿Algún día volvería a mencionar su verdadero nombre? Los que lo conocieron de seguro ya lo olvidarían. ¿Habrá alguien quién realmente se interese lo suficiente?
Y si realmente llegará a suceder ¿Qué haría?
Confiar era algo muy difícil.
Y no quería equivocarse. No valdría la pena el dolor.
No valía ni siquiera la pena admitir que alguna vez se ilusiono y dolía…
°O°O°O°O°
Volvió a apretujar las correas de su bolsa como si algo le doliera.
Ignorando como siempre, M. M. suspiro y se recargo tranquilamente en el muro de contención que servía de barandal del puente sobre el río.
Curiosamente ver el agua fluir tranquilamente bajo ella le tranquilizaba un tanto. Era el único buen recuerdo bueno de su lugar natal. Aquel puente que la separaba de su casa y el otro pueblo. Era un icono de un futuro mejor.
Vio la hora y noto que ya era tarde. Era hora de regresar antes de que el metiche de Ken comenzara a preguntar.
— ¡M. M.! — gritaron a la distancia.
Se sintió estúpida al contener la respiración y sentir el hueco en el estomago al sentirse 'descubierta', como si hubiera estado jugando al escondite. Se compuso rápidamente de la inicial e infantil reacción y volteo a ver qué no muy lejos venía corriendo un muy aliviado Yamamoto.
Puso cara de asco al ver la sangre en su ropa y lo mal arreglado que se veía con todo ese sudor en la cara y el cabello hecho un nido de pájaros.
— Yokatta — jadeo al estar frente a ella y limpiarse el sudor de la frente
Estaba sin aire, y decir que tan buen atleta estaba en semejante condición querría decir que en verdad había sufrido.
— ¿Qué rayos te paso? — pregunto ella con los brazos cruzados.
El moreno aspiro profundamente antes de encararla — Eso quisiera saber yo — respondió directamente — Uhm… ¿Estás bien? —
— ¿Ah? — Bufó — Mejor que tú a primera vista — apelo al mirarlo de arriba abajo. Yamamoto se dio cuenta de su apariencia y sonrió apenado.
— Jaja. Soy un desastre ¿No es así? —
— Ni que lo digas —
— Lo siento… No todos los días soy golpeado por una chica a la que tenga que buscar por toda la ciudad —
La sonrisa de burla de ella desapareció.
Cierto, lo había golpeado. Y no lo recordaba. ¿Cómo pudo olvidarlo? Oh, sí. Recuerdos, muchos recuerdos que la inundaron.
Y a hora ¿Por qué lo había golpeado? No es como si diario golpeara a alguien. Y Fran no contaba.
— Oh, sí. — confesó. — Pensé que ya habrías regresado a tu casa tras eso. ¿O terminaste de comer todavía tras mi salida? — se burlo. — Lo último que pensé fue que vendrías tras de mí. Se me ocurre una razón pero no va contigo — explico negando con la mano, restándole importancia. — ¿O has venido para que me disculpe contigo? —
— ¿Qué? No, claro que no. No puedo imaginarlo ¿Sería posible? — pregunto divertido y con ironía.
— Chico listo. No, claro que no es posible. Así que si no has venido a eso, ¿entonces a qué? La comida la pagas tú, ya sabes. —
— Maa maa Lo sé, lo sé. Es solo qué… Quería saber que paso… ¿Estás bien? —
La inquietud era evidente en su cara.
Ella frunció el ceño, se acerco a él con calma y de pronto le dio un golpe con los dedos en la nariz (porque allí era un punto vulnerable y definitivamente no alcanzaba la frente del chico sin el esfuerzo de ponerse de puntitas)
— ¡Ouch! ¿Pero porqué? —
— ¿Eres idiota o qué, freak? Yo te golpee, casi te rompo la nariz ¡y resulta que me vienes a buscar si la que está bien soy yo!. Quizás te golpee más fuerte de lo debido. —
— Bueno, no es como si todos los días me golpearan súbitamente, jaja —
— Pues deberían, te harían un favor. Eres demasiado enfadoso para el bien de uno. —
— ¿Por eso me golpeaste? — pregunto él con interés.
— No — admitió ella desviando la mirada por un instante — ¿Ah eso has venido? ¿A saber por qué te pegue? Pierdes el tiempo, ya lo olvide — fingió irritabilidad y cansancio de pronto.
— No eres el tipo de persona que actué sin pensar. Debió ser por algo que dije y te ofendí sin querer, suele sucederme… Un mal hábito, dice Gokudera — se encogió de hombros.
— Hn. Ni siquiera recuerdo que estabas farfullando en ese momento. —
— Mentira —
El tono en que dijo esa frase la calo. Al verlo a la cara vio que sonreía con algo de travesura, pero la mirada amable y comprehensiva que mostraba a la vez resultaba en una expresión que decía a gritos 'Sé que dije algo que te ofendió'
— Olvídalo — susurro ella mientras volteaba la cabeza.
Yamamoto rió suavemente. — Lo lamento en verdad. —
— Lo que sea — farfulló
— Si fuera posible… me gustaría saber que fue. — Sintió la mirada asesina de ella sobre él — No es por molestar, pero bueno… es para que evitar cometer el mismo error otra vez — se excusaba moviendo los brazos con tal de calmarla.
Ella se quedo callada y él pensó que no habría respuesta. Estaba a punto de abrir la boca cuando ella se le adelanto.
— No puedo soportar a la gente que con tal de conseguir sus objetivos, se pierde en el camino. No soporto a la gente tan débil e incapaz de valerse por si misma... — murmuraba mientras tenía la vista clavada en el Sol que se ponía a la distancia.
Takeshi trato de atar los cabos sueltos hasta que la duda queda resulta. — Oh —
M. M. volteo a verlo de reojo — Ya lo captaste ¿no? — Hablo — Cuando mencionaste de esa vez que te rompiste el brazo y pensabas que ya no valía la pena seguir adelante, debo de admitir que me hiciste enfadar como hacía tiempo que no me pasaba. Aunque estoy comenzando a pensar que eso es natural en ti para conmigo — dijo restándole importancia — El punto es… que nada es gratis en esta vida, por más raro que suene eso viniendo de mí, pero francamente el chiste de caer es levantarse, y tú fuiste demasiado idiota y ciego como para no darte cuenta y pensar que no valiera la pena algo más en esta vida. Que tuviste que depender de alguien más para que tuviera que abrirte los ojos y salvarte de tu estúpida decisión. —
El guardián se había quedado sin palabras. Y era decir poco.
Se sentía estúpido.
Y si M. M. supiera lo que pensaba en ese momento le hubiera ganado otro buen par de puñetazos y quizás una patada. La subestimo una y otra y otra vez. Descubrió que aún faltaba mucho para conocerla como era debido por respeto.
Ella hablaba por experiencia y de pronto él se sintió muy infantil e ignorante. Tantas batallas, enemigos y situaciones riesgosas, no le habían brindado aún la suficiente madurez para hablar como ella en ese aspecto o desde tal enfoque.
Agacho la mirada por vergüenza.
Ella suspiro hastiada ante lo enrarecida de la situación — Pero por este asunto espero no lo uses de excusa para no cumplir tu palabra. Ahora con mayor razón debes de lucirte conmigo, ¿entendido? —
— Por supuesto que no — contesto de inmediato mientras se rascaba la nariz y — Ow… jeje, se me olvido — comento apenado.
— Si, como es tan fácil olvidar una nariz estropeada — rodo los ojos la pelirroja. — Como sea, supongo que es todo por hoy. Más te vale que la próxima vez que nos veamos te veas más presentable — advirtió. — Y nada de pasteles, voy a subir mucho de peso y ya me empalagaron demasiado. —
— ¡Hai hai! Hasta entonces —
Yamamoto no sugirió ni de broma acompañarla en su camino de regreso. Más de una vez lo había intentado y ella siempre se negaba. De pronto recordó algo más.
— Hey. M. M. —
— ¿Ahora qué? —
— Mencionaste sobre el asunto de tuve que depender de alguien para darme cuenta de mi error — musitó, captando la atención de ella — Pero ¿es eso tan malo como lo haces sonar? Yo no lo creo. No es dependencia, es confianza. Hay ocasiones en las que uno no puede salir solo, sin la ayuda de alguien más. Es bueno saber y contar con que alguien estará allí en esos momentos y no te abandonará. Tsuna lo hizo — sonrió alegremente de pronto — Él estuvo allí para no dejarme caer, figurada y literalmente – recordó juguetón. — Estuvo allí para detenerme y no estrellarme… —
Ella guardo silencio.
— No es tan malo confiar en los demás como crees —
Ella sonrió cáusticamente — He pasado los años comprobando lo contrario. Cuando yo caiga, no habrá nadie allí quién me detenga. — confesó, fingiendo bien lo incomoda que se sintió al decir eso.
— Yo estaré allí —
Parpadeo una y dos veces. Levanto la mirada poco a poco para clavar sus ojos llenos de estupefacción al sereno y decidido rostro del chico que había dicho eso.
— Yo estaré allí… si me permites, claro — aclaro Yamamoto.
No supo que decir. ¿Debía de creerle o no?
¿Podía confiar?
¿En él?
Lo que más le preocupo fue que si se hubiera tratado de casi cualquier otra persona, ella ya le hubiera dicho que no. Pero tratándose de este chico insufrible, no podía. Le estaba dando el beneficio de la duda. Y eso era peligroso.
— Ja. Claro. Pero lo haré cuando seas capaz de cumplir con la simple tarea de complacerme. — Remarco — Si no eres capaz de satisfacer los simples y sencillos antojos de una dama, mucho menos podrías protegerla ¿No crees? —
Ahora fue Yamamoto quién parpadeo confundido. — Jaja Buen punto. Wow… no será tan fácil —
— Nada es fácil — le recordó con suficiencia.
El sonrió como respuesta.
— Lo que sea, lo que sea. Estoy agotada. Nos vemos, freak —
— Yep. Cuídate, M. M. Espero algún día ser de tú confianza, lo suficiente como para que me digas tu verdadero nombre —
La chica se detuvo en seco con una expresión que agradeció nadie viera y mucho menos él.
— Sueña todo lo que quieras, freak. Y de todos modos ¿A qué viene eso ahora? Mi nombre está bien así, es genial. No es cualquier cosa. — pregunto al voltear a verlo y notar que de pronto él sonría avergonzado.
— Bueno… es que… —
— Escúpelo ya —
— Jaja verás. Cuando te estaba buscando y pues… grite tu nombre, muchos pensaron que estaba promocionando algún artículo de electrónica o algo por el estilo. Fue chistoso al principio, pero cuando la policía me detuvo preguntando qué significaba mi consigna, (ellos pensaron que era una), no me creían que estaba buscando a una persona e incluso imaginaron que estaba organizando algún boicot, jaja ¿Puedes creerlo? Aunque si te pones a pensar a alguien gritando y llamando a alguien "M. M." por las calles, hasta uno podría pensar que se trata de chocolates. Claro, eso no es tan malo… — siguió divagando el chico muy metido en sus ideas sin ser consciente del peligro y amenaza que se cernía sobre su inocente persona.
Al final del día Yamamoto no solo volvió a rectificar que M. M. era alguien asombrosa quién no debía ser subestimada jamás y que... ella pateaba igual o más dolorosamente a como daba de puñetazos.
Quizás él había herido un poco el orgullo de ella. Pero ella supo como casi destrozar el suyo, literalmente.
Bien, esto está yendo más lento de lo que imagine en un principio. (Esto, aquí entre nos, es otro intento fallido de One Shot como Cage)
Pero tratando de ponerle un trasfondo al personaje y que la pareja no se vea tan salida de la nada (¿A quién engaño? Es una locura), hay que ponerle por aquí y por allá. Sé que en este capí no hubo 6996 (Duele… me duele…) pero ya lo habrá. Hay muchas comparativas todavía.
Me despido, agradeciendo mucho los comentarios, gracias.
Y cuídense.
