Aquel cuarto le resultaba tan conocido. Tenía la sensación de que ya había estado ahí en algún momento de su vida. Y a pesar de que la oscuridad lo invadía, no le impedía poder ver algo de él. Sus paredes de forma circular, estaban hechas con piedras grises de terminación redondeada. Ella caminó algunos pasos hacia adentro. Su primera reacción fue asustarse, pues ese cuarto estaba lleno de agua que no paraba de moverse levemente de un lado hacia otro. Pero a los segundos comenzó a obsevar sus pies y pudo ver que no se hundían, ni siquieran se mojaban , si no que por el contrario, caminaban sobre ella. Al levantar su mirada, se desconcertó al encontrarse con un objeto que brillaba intensamente y no la dejaba descubrir que era. El resplandor empezó a aumentar de tal manera, que debió tapar sus ojos con su brazo para sabía cómo pero ese destello se filtraba y llegaba sus rojos luceros,lastimandolos. Se desesperó y en un momento de impulso decidió salir de aquel cuarto. Sin embargo, cuando avanzó un paso hacia la salida y la luz comenzó a disminuir su brillo para luego apagarse por completo. Hikaru bajo su brazo y abrió sus ojos con la intención de saber lo que era pero ya no había más nada.
-Es tu turno dijo una voz que provenía del agua- en forma de susurro.
Miro hacia abajo y se horrorizó al ver su reflejo. Llevaba puesto un vestido largo de color rosa muy claro que dejaba descubierto su hombro izquierdo, y en la parte de la cintura la rodeaba una cinta ancha de tela color roja que flotaba en el aire. Una especie de armadura dorada cubría su hombro derecho y parte de su pecho, la cual terminaba con una clase piedra roja en el centro que se unía con el propio vestido; por un momento creyó que la tiara que llevaba puesta, tal vez formaría parte de esa nueva armadura, sin embargo su mente le hizo ver más alla de lo que no quería aceptar. Esa tiara era la corona que que llevaba el pilar de Cefiro.
-No, no puede ser...¡NO!- gritó con gran desesperación.
Se despertó precipidamente, había sido una siniestra pesadilla pero por miedo a que se equivocara mantenía sus ojos cerrados. Le había dejado una extraña sensación de incertidumbre y ansiedad en su pecho. Sin embargo, cuando se dio cuenta, pudo sentir que estaba en movimiento. Alguien la cargaba y su rostro estaba pegado contra el pecho de esa persona. Ahora lo recordaba, se había mareado en el comedor y luego, luego... ¿Sería Rafaga que la llevaba a su cuarto?
-Veo que has despertado- le habló el joven de una manera muy dulce.
Su piel se puso de gallina. No quería abrir lo ojos, pues a quién menos se pensaba encontrar en ese momento de su vida era a él. Pero no tuve otro remedio más que girar un poco su rostro y dirirgir su vista hacia aquel muchacho. Se ruborizó por completo.
-Eagle- atinó a decir. Corrió su vista bruscamente- Puedes bajarme, ya puedo caminar sin ayuda de nadie.
- No te encuentras bien- dijo afectuosamente- Se que entiendes perfectamente que debo llevarte hasta tu habitación-
-No es necesario, en serio Eagle, por favor bajame- insistió ella. La verguenza la estaba venciendo.
-Haremos un trato- dijo el joven sonriendo- Te bajaré pero por lo menos tendrás que agarrarte de mi brazo hasta que estes en tu cama.
Hikaru asintió e hizo lo que el muchacho le pidió. Ambos entraron al cuarto de la muchacha. A pesar de su incomodidad momentos antes, ella estaba feliz de volver a verlo.
-Dime Hikaru ¿Cómo has estado?- le decía mientras le acercaba una taza de té bien caliente-
-Bien Eagle- dijo no muy convencida. Miró al joven a los ojos -¿ Y tú? ¿Estas viviendo en Cefiro?- preguntó curiosa
-No Hikaru, solo estoy de visita; me enteré que tu estabas aquí y quise venir a verte- respondió con sus ojos cerrados y una sonrisa en la cara.
La expresión de Hikaru se tornó en incomodidad; abrió sus ojos ligeramente y miró hacia abajo, jugueteando con sus dedos de las manos nerviosamente.
-¿Cómo te sientes ahora?- le preguntó Eagle
-Bien... aunque aun...- miró hacia otro lado- algo confundida. Quiero decir, hemos vuelto aquí- Sus primeras lagrimas cayeron al recordar el sueño.- Cefiro se esta muriendo, no tiene un pilar que los guie. Yo no pude ayudarlos antes, y ahora...-
-Hikaru- dijo al percibir el sentimiento de la muchacha y se sentó a su lado- encontraremos una solución a todo esto, no te culpes por algo que les imcube a todos.- y se acercó para abrazarla- Yo siempre estaré para ti.
Ella le correspondió la muestra de afecto. Se sentía tan confortable, tan ameno que pudiera concretar sus anhelos de haber vuelto a ese lugar y estar con aquella gente,después de años y años de pasar noches en vela, ahogandose en lagrimas y pensando en ese mundo y sus personas como una historia pasada , aunque solo fuera a traves de un abrazo.
-Disculpen la interrupción- dijo una voz asomandose al cuarto
La pelirroja se quedó boquiabierta. Era él, ese hombre que había amenazado con el fin de su cordura años atras. Pero el espadachin solo permanecía allí, con su semblante adusto, con sus ojos mirando vaya saber donde pero de seguro no sobre ella.
-Eagle, Guruclef nos quiere en su habitación-
El joven de cabellos platinados asintió con seriedad mirando a Latis y luego posó su vista sobre la pelirroja- Descansa Hikaru- puso su mano sobre su flejillo y se alejó.
El primero en salir fue Eagle y atrás suyo Latis ignorandola por completo
-¿Por que no habria de hacerlo?- dijo para sus adentros- me odia-
Hikaru se desplomó por completo sobre su cama. Quería ir en busca de Umi y Fuu pero aunque su mente estuviese totalmente revolucionada por tantos acontecimientos, se daba cuenta que su cuerpo se encontraba totalmente debil. Luego de resistirsen por varios minutos a la idea de reposar, su cansancio la venció y finalmente se quedó dormida.
-No deberías ser tan duro con ella- le dijo amigablemente mientras se alejaban de la habitación de la pelirroja.
- Y tu no deberías opinar. Eres el menos indicado para hablarme sobre esto- respondió el espadachin.
-Y por esa misma razón también soy el más apropiado. Si Hikaru llegara a convertirse en el pilar, te podrías arrepentir de ni siquiera haberle dado un abrazo-
-¿Por qué no intentas tú darle un abrazo?- le habló con cierta molestia- Sé que todavía la quieres, no soy tan ciego.
-No te equivocas - Eagle lo miró seriamente -ella es especial... como tú- Sonrió. Luego de unos segundos retomó su idea- Pero ella siempre te querrá más a ti.
Latis lo ignoró por completo sin dirigir si quiera una mirada. Solo se limitó a seguir caminando.
Ambos llegaron al cuarto de Guruclef y golpearon la puerta. Desde el otro lado, se escuchó una voz que le indicó que pasaran. Latis empujó la entrada y dejo pasar primero a Eagle y luego entró él.
Caminaba por los pasillos. La pelea entre Umi y Guruclef la había puesto muy nerviosa. Solo quería estar en su habitacion; sabía como llegar allí pero aun así se sentía tan desorientada y perdida. Miles de pensamientos iban y venían dentro de su mente. Recordaba ese castillo, como si hubiese sido ayer, hasta incluso recordaba los olores de aquel lugar. Su reencuentro con Umi y Hikaru, había sido algo arrollador para su pobre alma. En lo absoluto no dudaba de sus arrepentiemientos; había sido sincera con ellas pero las tres estaban pasando por momentos dificiles y estaban totalmente divididas. Se daba cuenta de que habían perdido esa parte, llena de contención, que compartían en el pasado cuando no se encontraban bien.
-¿Me ignoraras para siempre?- preguntó imponiendose frente a ella
La había agarrado por sorpresa- Ferio- solo atinó a decir
-No contestas mi pregunta Fuu-
-No tengo por qué- le respondió al predecir la intención del muchacho de presionarla.
-Si lo tienes- se acercó hacia ella y tomó la mano de la muchacha y la puso contra su pecho- ¿Nunca supiste darte cuenta todo lo que me has provocado desde que te conozco Fuu?
Sentía como el corazón del joven latia salvajemente y parecía querer de escapar de su pecho. Derepente, notó como caía rapidamente, en segundos, aquel muro que había tardado en construir durante años para con sus sentimientos. ¿Cómo era posible que él simplemente pudiera hacer eso?
-No Ferio. Es suficiente- alzó su voz, fingiendo enojo, e intentó quitar su mano
El joven no la soltó y la retuvó a través de la fuerza, pero en el forcejeó vió algo en el dedo de Fuu. Ella adivinó lo que él estaba observando, y su primer impulso fue quitar la mano, que esta vez no tuvo ninguno problema en alejarla, y apretarla contra el costado de su cuerpo para esconder el anillo. Pero sabía que era tarde, era obvio lo que el muchacho había descubierto.
-Lo comprendo. Me has olvidado- dijo con una mueca llena de dolor y resignación.
Flashback
Los rayos del sol que se filtraban a través de aquella fina y delicada cortina de la ventana, acariciaban su rostro suavemente. Abrió sus ojos un par de veces para tratar de despertarse por completo. Lo primero que notó fue que su boca dibujaba una hermosa sonrisa; así había despertado y no terminaba de entender muy bien por qué pero le generaba una sensación tan agradable y magica inclusive. Sin embargo, a los pocos segundos pudo percatarse de algo más: allí estaba su bello principe, durmiendo profundamente a su lado, compartiendo la misma cama. Ahora comprendía todo perfectamente. Habían pasado la noche juntos y ella se había entregado en cuerpo y alma. Lo miró tan cautivada y se acercó hacia él para recostarse en su pecho.
-Te amo Ferio- le dijo dudando que él la escuchara mientras lo abrazaba.
-Y yo a ti mi hermosa Fuu- murmuró algo dormido y con los ojos cerrados. También la abrazó...
Su mente le estaba jugando sucio al recordar esos momentos. Sin embargo, Fuu se terminó de deshacer por completo al ver como aquellos ojos doraros se humedecían y dulces lagrimas rodaban por las mejillas del muchacho. Ahora comprendía que su amado había sufrido tanto como ella. No lo había olvidado, nunca podría por más que pretendiera hacerlo, pero tenía miedo, tanto temor por perderse nuevamente en la locura de no verlo nunca mas nuevamente.
-Ferio, no llores, por favor. Solo... tengo miedo- le dijo acercandose a él
-Yo también lo tengo pero quiero estar contigo-
Al tenerla tan cerca la tomó por sus hombros para contemplarla por unos momentos. Ferio observo cuan hermosa se había vuelto su amada, como sus rasgos habían madurado pero frenó su mirada cuando lllegó a aquellos ojos verdes que no habían cambiado, llenos de sensibilidad, tan profundos, tan expresivos y transparentes. Intentó, sin embargo no pudo no perderse en ellos. En un impulso alocado, la cargó en sus brazos.
-¿Qué haces Ferio?- dijo Fuu muy alterada pero sin poner la mas minima resistencia.
-Te quiero conmigo Fuu- le dijo el joven mientras caminaba por el pasillo hacia su cuarto.
Fuu solo se limitó a sonrojarse. Ella no quería, o mas bien no debía, pero se dejó llevar por él. Sabían que ambos morían de ganas, de deseos , de anhelos por consumar otra vez aquel acto lleno de amor.
Necesitaba salir de esa habitación. Se ahogaba en la agonía, en la desesperación de querer gritar cuando le dolía, cuanto la lastimaba el rechazo, y no poder hacerlo.
-Pero que tonta que soy. Es una verdera tontería creer que tú, un gran hechicero de muchisimos siglos pudiera fijarse en una niña como yo. Perdona por ponerte incomodo- le dijo Umi a aquel mago insensible.
Salió tan rápido como sus piernas se lo permitieron. No quiso correr, solo sería hacer más papelon de lo que ya había hecho. Suficientes emociones demostradas ante él. Cruzó la puerta y su ojos automaticamente comenzaron a desprender lagrimas llenas de angustia.
Por un par de segundos, frenó. Ascot, que se encontraba a unos metros de la puerta de aquella habitación, la observó afligido; moría por consolarla. Ella lo sabía pero no quería un abrazo de su mejor amigo, pues ella necesitaba un abrazo de su unico amor. Rapidamente corrió su mirada de la del muchacho hacia adelante y siguió a trote hacia la salida del castillo.
Al llegar a las afueras del palacio, descargó su tormento en un hondo sollozo. Solo deseaba huir lejos de aquel lugar y olvidarlo, arrancarlo para siempre de su corazón. Cayo rendida sobre sus rodillas y se sentó sobre el pasto verde y fresco. Miraba hacia el cielo, aquel tan radiante, de un color celeste tan intenso, mientras que la suave brisa movía sus cabellos delicadamente. Se sentía tan desubicada en aquel lugar, pues sus sentimientos nada tenían que ver con el hermoso paisaje que ella estaba presenciando. Volvió a desear con todo su corazón huir de allí, olvidarlo, escapar lo mas lejos que pudiera. Derepente se sobresaltó, percibió un aura que de a poco la comenzaba a rodear.
-¿Qué esta sucediendo?- se dijo en voz alta para si misma.
-¡UMI!- gritó Ascot corriendo hacia ella, al ver como se empezaba a levitar la muchacha a unos centimetros del suelo.
Y allí apareció una vez más, aquella luz tan familiar que la envolvió. Umi pudo divisar como de a poco a su alrededor se iba construyendo la imagen de la Torre de Tokio, con sus negocios y la gente en ellos, con la música y olores a la comida propios de su lugar, de su hogar. Estaba regresando a el mundo místico porque así ella lo había deseado, porque ella quería escapar. Pero su cuerpo no lo resistió. Abrir el portal demandaba mucha energía. La luz fue disminyendo rapidamente, la imagenes se fueron desdibujando y solo pudo ver al final como un Ascot lleno de miedo la sostenía en brazos en las afueras del palacio.
-Umi! Umi! Por favor reacciona...
Había odiado ese momento de su vida. Todas las personas del castillo se habían enterado que la "joven, infantil e irresponsable" guerrera del agua había intentado volver a su mundo sola y había puesto su vida en peligro. Y obviamente, todos también sabían el motivo de su huida. Incluyendolo a Guruclef. Y ahora, luego del episodio de la bofetada, todo el castillo estaría hablando nuevamente la caprichosa Umi. Suspiró.
-Debería descansar- dijo en voz baja -Quizas mañana sea un mejor día.
-Umi! Te estuve buscando por todos lados- le reprochó Ascot mientras intentaba alcanzarle el paso-
-Lo lamento Ascot pero quisiera estar sola- Siguió caminando
-¡Vamos Umi! Sé que odias estar sola cuando estas mal-
-Es en serio Ascot-
-No umi, no te dejaré sola- y pasó su brazo por detrás de la espalda de la muchacha
Lo Umi lo miró tan extrañada. Ascot no mostraba una sola pizca de timidez ¿Así era realmente su personalidad sin el amor de por medio? Y aun así lo que no cambiaba a pesar de su intención de olvidarla, de la magia o del tiempo, era su infinita contención para con ella. Luego de haber pasado una tarde y noche horrible desde que habían llegado, por primera vez Umi sonrió sinceramente. Se sensibilizó, lo miró a los ojos y siguió caminando, permitiendo que el muchacho la acompañara hasta su cuarto.
