Scorpius está sentado en su escritorio, leyendo el informe de los últimos ataques. Está frustrado. No tiene ni idea de la lógica que siguen. Ha intentado todo: cambiar de orden las letras de las ciudades, probar leyendo sólo las iniciales… Y no encuentra ninguna lógica. Ha juntado las pistas que han dejado en los sitios de la explosión. Estos ataques habían comenzado hacia al menos dos semanas. Merlín santo, ¿puede eso tener alguna lógica? Frustrado, se levanta y se acerca al mini bar a por dos pedazos de pan.
—¿Cómo va tu segundo desayuno? — Molesta Albus.
—Es el cuarto.—puntualiza.
—Vaya, sí que tienes que estar disgustado. —Comento el Potter. — ¿Problemas con Rose?
-No… Bueno, un poco tal vez. No sé qué le pasa, pero lleva unos días que no hay quien la aguante. —Comenta el rubio desordenando su cabello en un claro gesto de frustración.
—Creía que eso era normal. —Replica Albus, divertido. — ¿Tienes alguna idea de si los ataques de renegados siguen alguna lógica? —pregunta, poniéndose serio de repente.
—No. —Replica Scorpius con un suspiro. — Y lo he intentado todo.— Asegura —Cambiar las letras de lugar, leer sólo la primera sílaba, la última, la de en medio… Y no hay manera. Inclusive esas letras que dejan en notitas en el lugar. ¡Ni siquiera sabemos si son pistas!
—Wolverhampton, Eastbourne, Norwich, Norwich de nuevo, Aberdeen, Sheffield, y Oxford para rematar.—recita Albus de un tirón. — Sí, no tiene lógica. ¿Cuáles son las letras? — Preguntó.
— W, E, N, N, A…—
En ese momento, observan uno de los ascensores abrirse a lo lejos y alcanzan a oír a Adam Avery, jefe del departamento de Deportes y Juegos Mágicos, quejarse a voz en grito de sus subordinados.
—Creo que está un poco amargado. —comenta Scorpius.
—Qué va. Eso es imaginación tuya. Si es un cielo de hombre. —Ironiza Albus.
En ese momento, unos pasos se acercan hacia ellos. Scorpius no necesita girarse para saber que es su reciente y flamante esposa. Rose le planta un beso en la mejilla.
—Buenos días, chicos. —los saluda. Se dirige a Albus-: Toma, es ese informe sobre la regulación de condenas en caso de secuestro que me pediste. —añade, tendiéndole un montón de papeles.
—Oh, eso lo lleva Frank. — replica Albus. Rose se dirige al escritorio del susodicho y deja los papeles sobre la mesa.
—¿Cómo va la investigación? —se interesa la pelirroja, sentándose en una mesa.
—Para atrás como los cangrejos. —responde Scorpius. Frustrado, le muestra a Rose la lista de los ataques. — ¿Le ves alguna lógica? Porque yo, no.
Rose se queda un rato observando los nombres, concentrada. Adora cualquier cosa que suponga un desafío a su inteligencia, y la posibilidad de que los ataques tengan alguna lógica y puedan ser evitados la emociona.
—Si quieren, puedo estudiarlo. Últimamente no tengo mucho que hacer. —Dijo la pelirroja.
—Si no te importa, te lo agradeceríamos. —responde Albus, tratando de contener la risa, mientras Scopiurs pone los ojos en blanco a espaldas de su esposa.
Rose y la mitad del Cuartel de Aurores no son los únicos que están tratando de averiguar el patrón de los altercados.
…
—¿Scamander, puedes llevar esto al ministerio? —Isabelle, la secretaria de ellos en la reserva era una mujer joven de cabello negro y ojos claros que hacía muy bien su trabajo, pero que odiaba, por alguna extraña razón, ir al ministerio. Lorcan no dijo nada y tomó los papeles para llevarlos de camino.
Cuando se apareció en el ministerio encontró a su amigo Frank hablando con algún jefe de departamento.
—¡Longbottom! —Exclama el rubio y el aludido se gira a observarlo.
—Eh, rubiesín. — Saluda Frank.
—¿Qué haces acá abajo? —Preguntó. Este piso no era el del departamento de aurores.
—Oh, nada solo pasando información, ya sabes. Necesitamos ojos en todos lados. —Lorcan frunció el ceño ante la respuesta de su amigo.
—¿Por qué? —Preguntó Lorcan completamente interesado ahora.
Frank pareció incómodo.
—Uhm…Lorcan, pues hace unas dos semanas..bueno, para ponerte fecha exacta desde que Roxanne regresó, el día después comenzaron unos ataques. —Murmuró. Lorcan se puso muy serio. —Sí, puede ser eso. —Dijo sin que Lorcan tuviera que haber hecho una pregunta. —Estamos trabajando en ellos. —Lorcan asintió.
—¿Está Rookwood entre ellos? — Preguntó, no podía estar más serio que eso.
—Creemos que sí. —Dijo Frank. Le dio unas palmaditas a Lorcan en la espalda y le avisó que tenía que irse, Lorcan asintió y caminó hasta el departamento de criaturas mágicas- que compartía piso con el departamento de juegos y deportes mágicos- a entregar los papeles.
Cuando iba de vuelta lo primero que ve es un tipo alto, rubio, con el pelo lacio y unos fríos ojos grises que le recuerdan a Lucius Malfoy. Frente a él hay una mujer una cabeza más baja que él, pelirroja que tiene la vista clavada en el suelo. Roxanne.
—¡Te he dicho que no tenías que presentarlo así! —Gritó el hombre.
—Pero, ¡hubiese sido un lío poniéndolo de otra…!—Intentó responder ella.
—¡Me da igual! ¡Te pagan para que obedezcas, no para que pienses! —
Lorcan entorna los ojos, enfadado. Nadie le grita así a Roxanne y sale impune. Un pensamiento que sólo viene determinado porque Roxanne es su amiga, obviamente. Le sorprende que la mujer no le de un bofetón, aunque eso no impide que avance hasta ellos lentamente. El hombre mira con auténtico odio a Roxanne y se aleja. Lorcan duda entre seguir a ese tipo para darle un puñetazo en la cara o quedarse para hablar con Roxanne. Finalmente, se decide por lo segundo y le pone una mano en el hombro a la mujer. Roxanne da un respingo y se vuelve hacia él.
—Lorcan ¿Qué haces aquí? —pregunta, intentando disimular que está al borde de las lágrimas.
—¿Quién es ése? —pregunta él a su vez, señalando con la cabeza al hombre, que ya está subiéndose en un ascensor.
—Adam Avery, mi jefe— Replica la mujer con amargura. — Lo odio.
—Avery…—repite Lorcan. El nombre le suena de algo. —¿Ése no es el que despidió a Dominique cuando se quedó embarazada? —pregunta en voz alta, más para sí mismo que para Roxanne.
—Sí. —confirma ella. — Me lo contó Domi. Yo solo estoy de medio tiempo aquí ya que no hay vacante fija en el equipo. Pero estoy del otro lado. —Aclaró
—¿Por qué te trata así? —Interrogó
—No tengo ni idea. —confiesa ella. Suspira y baja la vista. Incapaz de quedarse impasible, Lorcan la abraza con fuerza. Roxanne le inspira una profunda ternura.— Gracias—dice ella cuando se separan.
—Pero si no he hecho nada.—replica Lorcan.
—Sí que lo has hecho. —lo contradice ella. — Ahora me siento mejor—añade, sonriendo débilmente. Sus ojos ya no están llorosos, y Lorcan sonríe también. — ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en la reserva? —Preguntó ella y se pone colorada. Lorcan sonríe, adora como se ve Roxanne con las mejillas rosadas y también sabe porque esta así, nunca han hablado sobre sus trabajos lo que implica que ha preguntado sobre Lorcan a alguien más. La idea hace sonreir al rubio.
—Hoy salí más temprano. —explica él. — ¿Te gustaría venir esta noche conmigo? Bueno, en realidad, vienen también Domi, Frank, Albus y Alice… es decir, como amigos. Además, no me apetece ser el único tocando el violín. ¿Te apetece? —Además de que era cierto, sentía cierta necesidad de tenerla consigo desde lo que le había contado Frank hacía unos minutos. No quería darle cabeza pero eso no le daba muy buena espina.
Roxanne piensa en la montaña de trabajo que le espera. Al diablo, ¡es viernes! Tiene derecho a salir con él, como amigos.
—Me encantaría. —Respondió. —Le diré a Crystal a ver si quiere unírsenos con Hugo. —Lorcan alzó una ceja. —Larga historia. —Murmuró para evitar las preguntas.
…
Roxanne se deja caer en su cama. Está agotada, pero curiosamente contenta. Quizá, porque hoy, al ver a Lorcan, no ha sentido tanto dolor como antes. Es cierto que le ha dolido, pero en el momento que la ha abrazado ha logrado olvidarse hasta de eso. Sonríe, preguntándose qué le está pasando. Descubre que la respuesta que se ha dado antes, como amigos, no le vale, y que prefiere no saberlo. Con un suspiro, se quita los zapatos, va dejando la ropa tirada de cualquier forma mientras se acerca al baño, hasta que, desnuda, llega a la ducha.
El agua caliente la ayuda a relajarse y olvidarse de todo, desde Lorcan hasta el bebé de Dominque, pasando por Adam Avery y su incesante acoso. Tras unos minutos sintiendo el agua deslizarse por su piel, se enjabona el pelo y el cuerpo. Finalmente, se aclara el jabón y sale de la ducha, sintiéndose tan ligera que podría volar.
Por primera vez desde que volvió a Londres, pone real cuidado en la ropa que escoge, y tarda un buen rato en decidirse. Tras veinte minutos de indecisión, decide ponerse unos unas medias negras que tenía un corazón en las rodillas, una falda gris y una blusa blanca, una bufanda de lana crema y unas zapatillas negras. Tras mucho pelear con su cabello, admite la derrota y lo deja que se seque a su aire, quedando ondulado
No le apetece aparecerse. De modo que baja los seis pisos y echa a andar por la calle hasta llegar al Caldero Chorreante. Descubre que Dominique y Frank ya están ahí, y los saluda con cariño. También a Frank parece sentarle bien la paternidad; está más guapo que nunca. Lástima que Roxanne nunca se haya fijado en él. O, mejor dicho, buena suerte para él y para Dominique, y para el bebé.
Luego llegan Albus y Alice. Sus voces discutiendo los preceden, y por un momento Roxanne se siente de vuelta en Hogwarts. Alice se lanza a sus brazos; sólo la ha visto dos veces desde que volviera a Inglaterra. Albus la abraza con cariño, alegrándose de ver de nuevo a su cazadora estrella de Hogwarts.
—¿Ya estamos todos? —pregunta Alice.
—No, falta Lorcan. —Murmura Frank
—Genial, me voy a quedar con las ganas de que un día llegue a tiempo. —murmura Dominque enfurruñada, cruzando los brazos sobre su enorme barriga.
—Vaya, nunca pensé que siguiera con la costumbre de hacerse esperar—Murmura Roxanne.
—Oh, sí, la tiene, y desde que Sander… Bueno, últimamente le gusta tardar el doble de lo normal—Explica Frank. Roxanne solo sonríe. —Oye Roxie ¿y Crystal? —Preguntó, Roxanne sonrió divertida.
—Crystal pues…tenía planes. —Comentó divertida, mirando a Dominique que era quien sabía sobre Crystal y Hugo. No eran nada, solo amigos por ahora, pero desde que habían regresado de Estados Unidos ella y Hugo pues se veían más de lo normal.
Tras cinco minutos, Lorcan llega al fin, ignorando las quejas de sus amigos.
—Vamos, que si llegara a tiempo no me querrían tanto. —Comenta con ego.
—No, probablemente te querríamos más. —replica Dominque, aún molesta por la tardanza. — A este paso, mi hijo madurará antes que tú. —Molestó.
—Vaya, nunca me lo había planteado. —reconoce Lorcan. — Sería un poco… Bueno, no estaría mal. —Roxanne y Dominique ponen los ojos en blanco. ¡Hombres!
Los seis echan a andar. Como van por parejas, resulta casi inevitable que Lorcan y Roxanne estén también más juntos que los demás, cosa que a ella le molesta... bueno tal vez no tanto pero ¿No pueden ignorar a sus amorcitos por un momento?
—Bueno, ¿dónde vamos? —Pregunta Roxanne
—Podemos ir a Laser. —sugiere Dominique. — Ya saben, el pub.
—Domi, que en tu estado no es bueno el alcohol. —comenta Alice con burla.
—No pensaba beber, idiota. Lo que pasa es que tiene un ambiente muy agradable. —replica Dominque
—En eso tiene razón. —admite Albus. Alice lo mira de mala manera.
—¿Por qué siempre le das la razón a los demás? — Se queja.
—Pues porque la tiene, Ali.—Responde el moreno.
—Y aunque no la tuviera se la darías, ¿no? —
—Oh, Merlín, ya empezamos. —dice Frank. Se vuelve a Roxanne. — Ya podemos olvidarnos de ellos durante los próximos diez minutos.
—O más, parece que hoy les ha dado fuerte. —agrega Lorcan. Roxanne suspira.
Acompañados por la discusión de Albus y Alice de fondo, rápidamente entablan una conversación acerca de las diferencias que hay entre Inglaterra y los Estados Unidos. Una conversación que, aunque en un principio era de los cuatro, ha acabado siendo co-propiedad de Lorcan y Roxanne. En realidad, Roxanne prefiere mil veces Inglaterra por el simple hecho de ser su lugar de nacimiento, pero disfruta lo demasiado llevándole la contraria a Lorcan. Como su amigo que es, claro. La discusión acaba cuando Frank les insinúa que empiezan a parecerse a Alice y Albus.
—Payaso. —Responde Roxanne al comentario, pegándole un buen golpe a Frank.
Lorcan ríe, pero no dice nada. Curiosamente, Roxanne no siente nada de timidez esa noche, pese a estar con amigos a los que prácticamente está re-conociendo después de cuatro años. Y después de cinco whiskys de fuego, dos copas de vino y una de ginebra, su lengua suelta acaba convirtiéndose en puro descaro. Lo cierto es que están borrachos todos excepto Dominique, que disfruta de lo lindo el espectáculo.
Finalmente, cerca de las cinco de la mañana prácticamente los echan del pub porque ya es hora de cerrar. Albus y Alice, que llevan una media hora metiéndose mano no-muy-disimuladamente, se desaparecen juntos, abrazados porque sin apoyarse en el otro no mantienen el equilibrio. Dominique se lleva prácticamente a rastras a Frank, que ha pasado los últimos quince minutos enumerando las razones por las que se casó con ella. Lorcan y Roxanne ríen al oír las tonterías que dice su amigo, que aún se oyen perfectamente pese a que ya deben de estar a varias calles de distancia.
Roxanne, que apenas se tiene en pie, tropieza y tiene que apoyarse en Lorcan para no caerse.
En el momento en que él la ayuda a aguantarse sobre sus pies, Roxanne alza la vista y se encuentra con la mirada azul de él. Es un momento extraño, de alguna manera incómodo, pero ninguno se atreve a romperlo. Tras lo que son horas para ellos y segundos para el resto del mundo, Roxanne se pone de puntillas, Lorcan inclina la cabeza y sus labios se encuentran a medio camino.
Roxanne cierra los ojos mientras disfruta el sabor a menta, a alcohol y prohibido.
Y sonríe.
