CAPÍTULO IV: Segunda prueba.


Jean

Todos bajamos de los autos, estacionados en el semicírculo en el que se encuentra rodeando un trío de casas. Y en todo el momento, el mayor del grupo se mantuvo frente a nosotros, guiándonos hacia el pórtico de la casa.

En el corto trayecto, admirando la fachada de ésta. A primera vista, percibiendo su notable tamaño. Con ello, los terminados de piedra decorando junto a dos altas columnas unidas por un arco que bordea la entrada. De la misma manera, rodeando las puertas eléctricas del garaje con espacio para tres autos.

Al acercarnos más, comenzando a caminar sobre el camino de piedra roja —o en realidad, de un tono anaranjado— y terminado brilloso y seco.

Reiner se adelantó a la puerta, y se encargó de abrir ésta, mientras nosotros seguíamos ensimismados en la estructura.

Woah, Reiner. Tu casa está genial—comentó Connie, avanzando hacia el interior. Mirando de un lado a otro, asombrado—. Se ve que tu familia es de dinero— agregó, dirigiéndose a la puerta trasera.

—En realidad no— responde Reiner, frunciéndose.

—Por favor, Reiner. No trates de ser modesto— solté, observando el interior detalladamente. Obteniendo la simulada atención del rubio —. Tienes un Mustang, y esta linda casa— señalé, alzando los brazos. Subiendo unos pequeños escalones al nivel del comedor.

A mi lado, golpeando mi hombro Connie pasó fugaz hacia la cocina, emocionado. Irritándome. Empero, Marco tomó mi hombro, sacándome de mi estado, proviniéndome a avanzar.

— ¡Y un increíble y enorme patio!—gritó Connie, desde el nivel inferior en la otra sala. Abriendo la puerta corrediza anexada a esta—. ¡Uwhou! — exclamó, saltando al exterior.

Seguí oteando el lugar, estupefacto. Nunca había estado en una casa así. Ni siquiera la casa de mis padres en Sina es así. Simplemente, es genial.

— ¿Tú qué piensas, Bertholdt?—inquirí, girándome hacia él después de haber inspeccionado. Pero Hoover sólo se encogió de hombros, marchándose hacia otra habitación. En cuanto a Marco, es más tranquilo que nosotros al hacer comentarios, pero piensa lo mismo.

Más tarde, después de haber estado un rato conversando en la mesa del comedor, tocaron al timbre, y Reiner fue a atender; todos miramos en dirección a la entrada, esperando a ver la persona tras ella.

— Hasta que llegas, Eren—saluda Reiner, dándole paso.

—Sí… Sólo me perdí un poco, es todo— confiesa el castaño, siguiendo a Braun hasta nuestra localización.

— ¿Enserio está bien que no hayamos traído nada?— pregunta Marco.

—Sí, no se preocupen por eso, ya tengo todo aquí—confirmó Reiner—. Vamos—indicó para que saliéramos, empujando a Jaeger consigo. Deteniéndose ante el margen de la puerta, dejándonos salir primero.

—Andas de muy buen humor, eh— le comento. A lo que sonrió, devolviéndose a la cocina.

Ya fuera, tomamos asiento sobre una mesa tipo banca, debajo de ésta, encontrando una hielera con varias bebidas. Y a un lado, una parrilla ya con el carbón listo.

Braun volvió a con el grupo, trayendo consigo una olla con carne ya sazonada, y un par de paquetes de envases.

Ambos nos encargamos de asar la carne, y entretanto, conversamos con los otros tres. Reiner ya dándole varios consejos a Eren.

Después de otro rato, a casi finalizar de comer, Braun escudriñó en el fondo de la hielera, sacando de éste varias latas unidas por varios aros de plástico. Tras verlas bien, identificándolas como cerveza. La cual, ofreció a Jaeger.

—No, gracias. No tomo— refutó Eren, rechazando el bote con su mano.

—Vamos, Eren. Una no hace daño— insistió Reiner. Pero Jaeger siguió negando.

— ¡Princeso!— exclamé, burlón.

— ¿A quién le dices princeso, caballo?—espetó, molesto, arrebatando el bote de las manos Reiner. Bebiendo de éste de golpe.

—Aprendes rápido—rio Reiner, golpeando la espalda del castaño. Entonces, mirando a su derecha, con cierto aire alegre—. ¡Hey, Annie, ven acá!—gritó.

La mención de aquel nombre y la orden, haciéndonos voltear. Advirtiendo a Leonhart pasear por la sala, observándonos con extrañez. Parece que acaba de levantarse, pues su rebelde cabello, apariencia soñolienta y pijama le delatan.

Y salió al jardín, mirándonos. Desconcertada, o incluso molesta. Nuestra presencia no parece agradarle.

Reiner se acercó hacia Annie, y éstos discutieron un poco, pero no se alcanzó a escuchar; quizá no me haya dado cuenta antes por su cara de amargada, pero tiene buenas curvas…

Y después de algo que pareció ser ánimos por parte de Reiner, la rubia más baja se puso en guardia, mientras el mayor le miraba con vacilación. Qué planeaban hacer, era lo que estaba pensando, hasta que en un abrir y cerrar de ojos, se escuchó un fuerte azote.

No sé qué fue exactamente lo que ocurrió, pues en ese segundo de oscuridad, todo se puso de cabeza. O en verdad, Reiner. Éste último, encontrándose sobre el suelo, unánime Leonhart se marchaba al interior de la casa.

El resto observa, sorprendidos. Sobre todo, Eren.

— ¿Recuerdas en la prueba de resistencia?—preguntó Braun, colocándose de pie sin ningún problema. Empero, echando su cuerpo hacia atrás, tronando su espalda.

—Sí— respondió Eren, aún perplejo.

—A pesar de su estatura, el capitán Levi logró tirarte, ¿no es así?—añadió Reiner, paralelamente a lo ocurrido con anterioridad con Annie. Eren asintió—. ¿Tú podrías tirar a alguien de mayor estatura y peso que tú?—preguntó.

El castaño espabiló, asintiendo convencido. Mientras Reiner parecía seguir mirándole, de forma que lo pensara dos veces antes. No obstante, Eren se puso de pie, enfrentándose rostro a rostro con Braun.

—Lo haré— aseguró—. Enséñame— solicitó, seguro. Pasaron un par de segundos, y sonriente, Reiner tomó el hombro de Eren.

Esto va para largo. Y seguro, me reiré un buen rato. Bastante.

Intento tras intento, obstinado. Cayendo una y otra vez. Le fue doloroso, le costó de demasiado hacerlo, pero finalmente logró taclear a Reiner. Pero sigue sin entender, la facilidad con que la rubia lo hizo. Ha expresado.

Por otro lado, acerca de Annie, Reiner aclaró el malentendido. Pues nos ha explicado, que la casa en la que nos encontramos no es de él sino del señor Leonhart, padre de Annie, el cual trabaja fuera de la cuidad.

Por lo que sólo él, Annie y Bertholdt ocupan la casa. Eso explicaría también, la reacción de hace rato de Hoover, y el por qué no está con nosotros. Además, parece ser, salió a trabajar.

Además, Reiner considera y trata a Annie como su hermana menor. De igual manera que el Sr. Leonhart ha considerado a Reiner casi como parte de su familia, o incluso, como su propio hijo. Algo que él también ha llegado a sentir. Y todo ello, me lo dejó en claro. En especial a mí.

Dada la tarde y el cansancio Connie, Marco y yo dimos por regresar a la universidad, habiendo que atender un par de pendientes, lo que no nos daría tiempo de hacer si no nos marchábamos pronto. Pues el campus queda a un poco más de una hora de aquí. En cambio, Jaeger se quedó otro rato.


Mikasa

Eren está en la yarda, a punto de comenzar su segunda prueba para el equipo de football. Y por lo que le mencionó a Armin, el fin de semana fue a casa de Reiner a entrenar. Algo que no me dio confianza del todo saber.

Entretanto, a la espera, he estado observando los alrededores, y he notado que el ambiente parece algo raro.

En primera Hanji, quien ha estado más seria que de costumbre, incluso parece molesta o cohibida. Pues he advertido el cómo reacciona cuando alguien le ve, a veces, respondiéndoles a gritos.

También, la repentina irrupción de Ymir en el campo, buscando pelear con Braun, despotricando contra éste. Empero, si no fuese porque Lenz se interpuso, hubiera llegado a mayores.

Además de las reiteradas veces que han llamado a Sasha por presunto robo de comida dentro del edificio. Pero a pesar de que Sasha pudiese ser realmente culpable de ello, sé que no es así. Pues estuve todo el fin de semana con ella en nuestra habitación.

Entre otras tantas cosas. ¿Acaso no me he enterado de algo?

Dejando de lado todo aquello, aún no hemos reunido suficientes integrantes para «El Cuerpo de Exploración», club al cual Hanji y Armin ya han nombrado de ésta manera. Aun así, pronto será la primera salida.

Tras repasar las pruebas de la vez anterior, llegó de nueva cuenta la prueba de resistencia. Ya habiendo pasado varios de los jugadores, algo en lo que centré mi atención. Ahora, en el último de ellos «Levi R. 25».

Sigo intentado recordar dónde lo he visto, pero no me es del todo claro.

Ha comenzado bien, no ha logrado derribar a Eren en el primer intento. No obstante, a ello, el más bajo se volvió más persistente. Atrabancando todas sus fuerzas contra Eren. Momentos después escuchando los quejidos de éste al golpear contra la superficie.

Y como la vez anterior, no escatimé. Repitiendo el trayecto tomado el día anterior, hacia el campo. Pero en lugar de ir hacia Eren, fui directamente contra el mayor.

Tch— chasqueó, al sentir ser empujado. Girándose en mi dirección en el instante, buscando con la mirada—. ¿Qué carajos te pasa? — bramó contra mí, tirando de su casco. Ahora encarándome.

— ¿Por qué? — exigí saber, farfullando. Acercándome hacia él, furiosa—. Lo hiciste otra vez. ¡Lo haces a propósito!— gruñí, aguijoneando su pecho.

— Y si lo hiciera, ¿qué? — espetó, mordaz—. ¿Eh? — instó, chasqueando la lengua. Apartando mi mano con un abrupto movimiento, sin apartar sus ojos de los míos. La acción, provocándome disgusto. Probablemente figurado en mi rostro.

—Maldito enano— escupí.

— ¿Dijiste, mocosa? —regresó, presionando mi muñeca con disimulo. Notándose al sentir la fuerza ejercida en la zona.

Kgh…— ahogué el gemido, buscando apartar mi brazo, no siéndome posible ante su descomunal fuerza—. Suéltame…— mascullé, llevando mi mano derecha hacia la suya, intentando apartarla.

— ¿Ah, sí? — alzó una de sus cejas, mordaz. Aumentando la presión, provocándome gruñir, y aferrar mis uñas a la carne de su mano. Advirtiendo la ligera molestia en su expresión.

—Enano de mierda— espeté, forcejeando contra él—. Kghah— refunfuñé—. Estúpido…—murmuré, por lo bajo.

—Repítelo una vez más— advirtió.

— ¡Oe! — exclamaron, rompiendo el contacto entre el más bajo y yo, sosteniendo ambas de nuestras muñecas, aunque no con la misma fuerza—. Deténganse— amenazó Hanji, empujándonos, de forma que nos separó.

Me libré del agarre de Zoe, de inmediato llevando mi brazo hacia mi cuerpo, acariciando mi muñeca izquierda sin apartar la mirada del mayor, frunciendo el entrecejo.

— En primera, no seas infantil, Mikasa— escupió—. Y tú, enano, contrólate. ¡Por Dios! Parecen niños pequeños peleándose por un estúpido dulce. Compórtense como los adultos que son, por favor— soltó—. Sobretodo tú, Levi.

Ante las palabras de la mayor, el azabache gruñó, dando la media vuelta. Entonces apartándose. E hice lo mismo.

Varias personas alrededor nos observan, fijamente. Y el coach también lo hace, indiferente.

Será mi culpa si no aceptan a Eren, o si sacan a Levi. No. Será su culpa. Él fue el primero en reaccionar agresivamente.

— ¡Hey! ¡Alto! — clamó Hanji—. ¿A dónde creen que van? Vengan aquí, ahora mismo— ordenó, pero ninguno pareció darse la vuelta—. ¡Ackerman! —gritó.

A la mención de mi nombre, obligándome a detenerme en seco. No quiero enojarme con ella.

Me giré, dando vista a mis espaldas. Advirtiendo entonces, que ambos regresamos.

— Aquí— señaló Zoe.

Los dos nos acercamos, y nos miramos, desafiantes.

—Quiero que se disculpen y… conversen-un rato. ¿Entendieron? — dictaminó, formidable. En su rostro, figurando una mirada que no había visto antes en ella. Podría decir que realmente, da miedo—. Vamos. Dense la mano— impuso, pero nos negamos—. Dije-que-se den la mano.

—Tch— chasqueó Levi, ladeando el rostro.

Yo resoplé, dimitida, extendiendo mi brazo. Siendo examinada por la mirada del pelinegro, difuso. Entonces creyendo mi orgullo perdido. No obstante, la castaña instó, y Levi bufó, respondiendo al apretón. El trato durando apenas un par de segundos.

Nadie puede negarse, Hanji en verdad puede dar miedo si se pone de esa forma. Y por como veo al azabache, intuyo, puede llegar a ser peor.

Por vigilancia de Zoe, procediendo a caminar con ella hacia las gradas. Tomando asiento, cada uno en una hilera diferente. Levi quedando en la fila superior a la mía, por diferencia de un asiento de lado. Mientras que al otro punto del pasillo de las escaleras, Hanji nos mira, esperando a que algo ocurra.

— ¿Qué esperan? Quiero verlos hablar— dice, cruzada de brazos.

Desvié la mirada hacia la yarda, ahora viendo a Eren, éste siendo apoyado por algunos de sus compañeros, esperando la respuesta del entrenador.

—Estúpida Cuatro Ojos— masculla él, distrayéndome. Sacándome de mi ensimismamiento, provocando perder a Eren entre el grupo de chicos.

— ¿Por qué está así? —solté, sin pensar. Nuevamente, intentando encontrar a Eren entre la pequeña multitud. Recibiendo único silencio durante unos momentos. Por el rabillo de mi ojo, ahora asomando a mis espaldas. Con disimulo.

—Tiene que ser por las fotos que subieron de ella— respondió el azabache, mirando a su casco.

— ¿Qué fotos?—pregunto, admirándole de soslayo.

—Unas en las que aparece semi-desnuda— responde, indiferente, unánime limpia la protección. Sorprendiéndome.

Creo haber escuchado por ahí algo de unas fotos, pero no sabía que eran de Hanji y mucho menos me imaginaba que fueran así.

— Es un malentendido, pero todos están convencidos de lo que dice el post— explica, esta vez más confiado. Convencido de ello. Algo que me fue extraño en el momento.

Suspiré, con pesadez. De vuelta, escudriñando por Eren, advirtiendo a éste saltar entre el montón, con emoción. Supongo, ha sido aceptado. Pues los que están a su alrededor le celebran.

A ello, detrás de mí, captando la pesadumbre del mayor al resoplar.

—No entiendo tu apego hacia el mocoso, para actuar de la forma en que lo haces— menciona Levi—. Es la tercera vez que me atacas por ello— contó.

Me estremecí, inerme. Sintiendo cierto escalofrío recorrer mi espalda, en el acto, girándome hacia él. Extrañamente titubeante.

—Me tienes en la mira— insinué, alzando una de mis cejas. No logrando enfrentar a sus ojos esta vez. Dejándole en silencio.

—No— respondió, sin más.

Después de ello, sin saber cómo, fue que en verdad conversamos, sin ninguna presión de por medio para ello. De hecho, llevando ya un buen rato, y en verdad interesante. Lamentablemente, viéndose el final de ello.

Ya habiéndose colocado de pie, estiró su cuerpo y dobló su cuello, exhausto—. Hace tiempo que no conversaba con alguien de esta manera— confiesa, tranquilo.

Por un instante, creyendo haber divisado una sonrisa en su rostro, de manera melancólica. Algo que de inmediato descarté, pensando tal vez, fuese imaginación mía.

Se colocó sobre el escalón, de manera en que pudiese avanzar para retirarse. Y después de habérmelo guardado, no viendo otra oportunidad para ello, le llamé, esperando se detuviese. Algo que hizo.

— De casualidad, ¿estuviste en Trost? — pregunté, súbitamente.

Me miró fijo, y caviló, difuso.

— Sólo durante el penúltimo grado — soltó, meditando. A su vez, arrugando el ceño, desconcertado. Momentos después, pareciendo remozar —. La Cuatro Ojos cumplirá años la próxima semana…— comentó, fuera de tema.

Aun así, asentí, perdida en algún punto del panorama.

¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? Reaccioné tarde. Al querer preguntar, Levi ya no estaba. Tendré que buscarlo más tarde.

Pero por ahora, una de mis dudas ya ha sido respondida. Levi sí fue a Trost.

Tras un cansado día, regresé a la habitación, apenas siguiendo sobre mis piernas.

Desbloqueé la entrada, y seguí, hasta dejar mis cosas en uno de los muebles, buscando descansar. No obstante, al otro lado de la habitación, escuché sonidos extraños. Provenientes del baño. Al aproximarme a la puerta de éste, encontrando a Sasha.

— ¿Qué ocurre? — inquirí, acercándome hacia la castaña de inmediato.

—No lo sé, de repente se puso a vomitar — comunicó Krista, alterada. Ésta, hincada a un costado de Sasha, apoyándole.

— ¿Qué comió? — pregunté, pero la rubia se encogió de hombros —. Sasha, ¿qué comiste? — consulté, pero no respondió. Su rostro, pálido, cayó dentro del retrete.

— ¡Sasha! — saltamos. Al instante de ello le saqué. Su cara está llena de porquería, al igual que su ropa y cabello.

Entre Lenz y yo le desvestimos, deshaciéndonos de las prendas impregnadas de aquel detestable olor. Acto secundo, le bañamos entre ambas, ayudándole a limpiarse bien los desechos.

Al terminar le envolvimos en una bata, y le cargué hasta la cama de Krista. Y ésta se quedó a su lado, cuidándole. Secando el cabello de la castaña y encargándose de que todo quedara en orden mientras yo volvía.

Por lo que se me explicó, podría tratarse de una infección estomacal, y necesita estar bajo cuidado para evitar que se ponga peor.

Tuve que conseguir antibióticos, e ingredientes para prepararle algo que le sentara bien en estos momentos.

Cuando volví, Krista me ayudó a darle la medicina a Sasha, y a alimentarla. Pero a pesar de ello, siguió demasiado pálida.

Más tarde Lenz tuvo que salir, y me tuve que quedar sola a cuidar de Sasha. Por fortuna durante ese rato pareció reponerse. Comenzó a verse mejor, pero aún necesita de cuidados. Por ahora, sigue dormida. Algo que por cansancio, también terminé por hacer.

— ¿M-Mikasa?—oí a Sasha preguntar, con debilidad. Aquella voz, logrando despertarme de inmediato—. ¿Q-qué ocurrió?— inquirió, unánime sus parpados volvían a cerrarse. Empero, no respondí a su pregunta.

—Sasha, ¿recuerdas lo que te conté el otro día?—consulté.

— ¿Cuál de todo?—rio, dolorosamente. Cansada. Se removió un poco, y se acurrucó en mis piernas.

—De… un chico que me gustó durante preparatoria…— respondí, cuidadosa.

—Cierto… no me dijiste quién era—agregó Sasha.

—Creo que ahora sé quién es.

Ymir

Bajamos las escaleras rumbo al gimnasio. Hoy serán las pruebas para el equipo de porristas.

—No he visto a Ilse en todo el día…— comento, mirando de reojo a Lenz. Examinando cada uno de sus movimientos.

Ajá— respondió ella, sin más.

—La vi desanimada el otro día…— agregué, mordaz.

—Oh, qué bien— replicó.

Confirmado. No me está prestando atención por estar en ese maldito celular. Lleva todo el día metida ahí, y ya me está comenzando a fastidiar.

Tropezó.

— ¡Krista! — exclamé, estirándome hacia ella, evitando que cayera. A su vez, despojándole del aparato de sus manos.

— ¡Hey! — se quejó, girándose a verme. Estirándose a mi brazo, no siéndole posible alcanzarlo por la diferencia de altura—. ¡Dámelo! — exigió.

— ¡Fíjate por dónde pisas! ¡¿Qué demonios vas haciendo, eh?! — cuestioné, llevando el celular hacia mi rostro en busca de la respuesta. Es una conversación con Frieda —. ¿Enserio? ¿Qué no puedes esperar? ¡Tienes el gimnasio a unos metros de ti para poder hablar con ella! —reclamo.

Me observa fija, no obstante, momentos después su semblante se transformó y suspiró, bajando la mirada.

—. No te pongas así… ¡Agradece que estoy aquí contigo! Sino ahora mismo estarías tirada al pie de las escaleras por ir embobada con el celular— bramé, pero volvió a avanzar. Ignorándome de nuevo—. Hey— llamo—. ¡Historia!

Se detuvo. Y sostenida del barandal volteó a verme, estando por debajo de mí varios escalones. En su rostro, asomándose una expresión indiferente.

— Y… ¿si no hubieras estado aquí? ¿Y si hubiera caído?— tanteó, serena.

— ¿Qué cosas dices?— pregunto, descolocada. Asimilando lo que dijo. En principio, pensando n tomarlo como una mal broma, empero, está seria, esperando a que responda—. Ya veo… Eres estúpida— solté, captando su atención.

— ¿Qué?— inquirió, sonsacada. Mirándome con tristeza, y sorpresa.

—Sólo la gente estúpida piensa en suicidarse. ¿Lo sabías?— comento, con astucia—. Eso es lo que la mayoría piensa — dije. Ahora obteniendo mayor incertidumbre por parte de la rubia, atrapándole.

— Sí. Nadie estaría: ¡oh! ¿Por qué lo hizo? ¡Tenía una vida por delante! ¡Todos la queríamos! — dramaticé —. Sino todo lo contrario — señalo —. Sería algo como… ¡Qué estúpida! ¿Cómo se le ocurrió hacer algo tan tonto?

—Yo… yo no quiero suicidarme— dice, nerviosa—. ¿De dónde sacas eso? Estás equivocada.

—Si estoy equivocada, demuéstralo— respondo, mirándola con atención. Pero siguió sin responder—. En ese caso… —pausé, cavilando—. Vamos, se hace tarde—evadí, bajando las escaleras—. Te devolveré tu celular después de las audiciones— dicté, dejándole detrás.

Después de entrar en la estructura cada quien tomó su camino; yo tomé asiento, mientras que Historia fue hacia la mesa del "jurado", donde se encontró con la Reiss mayor.

Y vaya que en verdad me sorprende que haya chicas y chicos haciendo estas ridículas pruebas, seguramente será por las becas. Pero no entiendo por qué elegir este camino, cuando hay muchas otras opciones para ello.

Es humillante.

Sólo se la pasan dando brinquitos y replicando rutinas con una horrible y molesta música. Me dan pena ajena.

Pero en verdad, lo que me ha sorprendido de todo, es que Annie se encuentre aquí. No se ve que sea fan de esto. Ni de broma.

Reiner y Bertholdt también están aquí, pero sólo observan. Sobre todo Reiner, quien mira atolondrado a Krista. Es molesto.

Tras un largo rato de organización entre los presentes, cada quien comenzó a tomar un espacio sobre las extensiones del lugar. Recibiendo diversas órdenes a través de un megáfono utilizado por varios de los superiores.

Y entretanto, dirigí mi vista hacia la rubia. Ésta se encuentra calentando, en doble sentido; con las flexiones, haciendo resaltar algunas curvas de su cuerpo. Y el vestuario dejando poco de imaginación… Pues los shorts se encuentran justo donde comienzan sus posaderas, y la blusa bastante pegada.

Hizo diferentes movimientos, hasta deslizarse por la superficie, quedando en un Split. Estirándose, realzando sus glúteos. Logrando provocar a varios y hacerlos suspirar ante las escenas. No me he quejado, pues también quedé hipnotizada.

Pero mi concentración se esfumó, cuando me encontré con el molesto rostro de la Reiss azabache sobre mí. A ello, rodando los ojos, me tiré hacia atrás.

Traté de descansar. Pero no han parado de llegar mensajes y notificaciones al celular de Krista, lo que me ha irritado.

Me aseguré de que no me estuviera viendo, y logré asir subrepticiamente su celular. Encendí la pantalla, no tiene contraseña.

En el inicio del bloqueo, advirtiendo montones de notificaciones en forma de globo, de Instagram, Facebook y Twitter, todas de comentarios, me gusta y RT en sus fotos. Y como era de esperarse, la foto donde sale con la Reiss mayor en la playa es la más visitada.

Por otro lado, hay chats de WhatsApp sin abrir, de Frieda.

Abrí la conversación y comencé a leer los mensajes, uno a uno, sin perder detalle de éstos. Soltando cada blasfemia posible sobre la bazofia escrita por la mayor.

Apagué la pantalla, y guardé el celular de vuelta al bolsillo, con rabia. Frieda Reiss es una maldita perra.

A ver, pareciera que no quisiera a nadie cerca de su hermanita, que le hagan daño, pero es sólo conmigo. Porque en cambio, deja que los chicos se acerquen a Historia, que le coqueteen, que le abracen, la saluden de beso, y eso… ¡Me enoja, me prende mucho! Lo hace a propósito, ¡frente mío!

Aunque, no puedo decir nada. Y tampoco le he dicho nada al respecto a Historia. ¡Ni pienso tocar el tema con ella! Bah. Sin embargo, lo que dice en su mensaje es una completa estupidez. Estos extremos me parecen ridículos.

¡En verdad es una sucia manipuladora… ¿Y por qué demonios sigo hablando de ella?!

A veces quisiera tener la atención que le da Historia a Frieda —y no, no es envidia señores—, pues muchas veces se la pasa ignorándome por ponerle atención a ella... No.

Debería dejar de pensar en cosas insignificantes y debería enfocarme en Ilse. No la he visto en todo el día, la última vez que la vi parecía triste. Estoy preocupada por ella. Necesito buscarla.

Tras que acabaran las audiciones Historia ya no daba para más, por lo que la acompañé a su dormitorio. De ahí, redirigiéndome hacia la habitación de Ilse.

Estuve a punto de tocar la puerta, pero justo en el momento alguien se encontraba saliendo, la compañera de habitación de Ilse.

Aprovechando la salida de ésta, me escabullí en la residencia. Y al estar dentro de ésta, me giré hacia donde se supondría, estaría ella. Y lo está. Se encuentra sobre su cama, cubierta de piernas con el cobertor. Mientras que a su lado, abrazándole, le consuelan.

— ¿Marco?— pregunté, mirándolos fijamente.

—Oh, disculpa... — fijó—. Las dejaré a solas— dijo, colocándose de pie. Entonces despidiéndose de Ilse, para acto secundo salir de la habitación.

— ¿Qué hacía Marco aquí?—consulté, acercándome a la cama. Sentándome a los pies de esta—. ¿Hay algo entre ustedes dos?

—Somos amigos, es todo— respondió Ilse, advirtiendo mi intención, limpiando su rostro y ocultando este con sus piernas y brazos.

— ¿Qué está pasando? ¿Por qué estás así? ¿Alguien te está molestando?— interrogo, con recelo—. Dime qué está pasando—insisto.

—Todos. Todos están en mi contra— dice, su voz quebrándose nuevamente—. Las cosas nunca van a cambiar…— agregó, dejándome perpleja.


Buscando saber lo ocurrido, me quedé con Ilse durante toda la noche, pasando de la advertencia del encargado de piso. Y por más que insistiera Ilse en dejarle.

Finalmente, logrando sonsacarle. Sólo pudiendo dormir unas cuantas horas después de que me explicó todo lo que ocurrió, no logrando conciliar el sueño del todo. Esto no puede quedarse así.

— ¡Ymir, espera!—exclama Krista, corriendo detrás de mí, intentando detenerme.

— ¡Escúchenme bien todos ustedes, malditos! — insté, subiendo a una de las mesas con un megáfono que tomé prestado del coach.

— ¡Ymir, bájate de ahí, te puedes meter en problemas por hacer esto!—intervino Krista, jalando de mi pierna, buscando bajarme.

— ¡No me interrumpas!— escupí, pateándole ante la molestia.

Golpeó al caer, pero varios le ayudaron a levantarse.

Seguí gritando a través del megáfono, quejándome y explicando lo sucedido. Tenía la atención de todos. Me miraban, asustados—. ¡Y el que se atreva a seguir molestándola se las verá conmigo, ¿entendieron?! ¡Porque ella- no- tuvo –nada –que –ver, hijos de!

— ¡Ymir!—gritó Ilse, tomándome por las piernas—. ¡No sigas!

— ¡Te estoy defendiendo!—argumenté—. ¡Estos malditos tienen que aprender a no meterse con mi hermana!— digo.

— ¡Sí, pero ya está bien! ¡Basta!—suplica—. ¡Mira a tu alrededor!

— ¡No!— respondí, oteando el pelotón. Hay varios a mí alrededor tratando de detenerme, entre ellos, algunos de los afectados.

— ¡Ymir baja de ahí! En cualquier momento puede llegar un profesor ¡o incluso el director!—advierte Ilse, sin embargo, pasé de su comentario—. ¡Marco!— lo llamó, forcejeando aún. Entonces siendo apoyada por Bodt, quien junto a Jean, le ayudaron a bajarme de la mesa.

— ¡Suéltenme! — me quejo, tratando de librarme de ellos.

— ¿A caso te volviste loca, fea?—pregunta Connie, ayudando a sostenerme.

— ¡Rápido, viene el profesor Verman!—advirtió Jean. Y entre ellos, me sacaron cargando de ahí.

— ¡¿Qué carajos creen que hacen?!—comencé a moverme frenéticamente, siendo retenida con fuerza por los cuatro—. ¡No me toquen! — traté de golpearlos, a lo que en el acto, terminaron por lanzarme hacia la yarda. Exhaustos.

Hanji

Ahora me siento mal por haberme enojado con Ilse cuando sucedió lo de las fotos, en verdad creo lo que dijo Ymir. Pues no solo Langnar se encarga del blog.

Al llegar Verman, traído por un grupo de estudiantes a ver lo que sucedía, ya no logró encontrar a Langnar. Todos ya se habían dispersado, dejando el área sola. Algo que le molestó, pues le hicieron perder el tiempo.

Al tener ya el espacio libre, tomé asiento en una de las mesas y preparé mi laptop, analizando todo el material disponible para la próxima clase, y en parte, tomando parte de mi tiempo para razonar la situación.

— ¿Qué sucedió, de qué me perdí?— irrumpió una segunda voz, sacándome de mi ensimismamiento. Y alcé la mirada, encontrado a Jaeger, tomando asiento frente a mí.

—Hubo un escándalo— respondo, volviendo hacia la pantalla de mi ordenador, cerrando las pestañas y los documentos que mantenía abiertos. Acto secundo, procediendo a bajar la cubierta del aparato y centrarme en Eren.

— Armin me pidió venir por unos papeles— comentó, haciéndome recordar. Por lo que volteé hacia la superficie de la mesa, entre las carpetas, buscando los documentos susodichos por el castaño.

Ya teniéndolos en mano, a punto de entregárselos, puse atención en su rostro. La acción, provocándome cierta sensación de déjà vu extraño, reciente. Me parece bastante familiar. Es idéntico.

— ¿Qué pasa? —preguntó, extrañado. Aún extendiendo su brazo hacia mí, esperando le entregase los papeles.

—Ah…— desperté, pasándole las hojas—. De casualidad… ¿Conoces a la dueña del restaurante Magnolia's?

—Es mi madre…— respondió Eren, dudoso. Tomando un trago de su bebida sin apartar su mirada de mí, con extrañez.

— ¡¿Enserio?!—exclamé, emocionada—. Mándale saludos de mi parte— solté, volviendo a tomar asiento.

Su rostro se frunció aún más, dejando su desconcierto a relucir. Finalmente dejándolo pasar. Colocó su vaso de lado, y carraspeó, preparándose a preguntar.

— Y, ¿a dónde iremos como primera salida?

— Pues, como es la primera, tenemos limitaciones. Y hay poco dinero—comencé—. Así que lo que se tiene pensado, es que sea a un museo— revelé, con mi mano, señalando los papeles que le entregué con anterioridad—. Ya con el pasar del tiempo probablemente podremos salir a otros lugares.

Jaeger asintió, lento, mientras examinaba cada una de las hojas. En las cuales, se relatan los planes de expedición y permisos otorgados por superiores.

—Bueno…— comienza, algo desairado—. Tenía ganas de ir alguna otra ciudad a conocer— comenta—, ¡o la playa! Armin y yo siempre hemos querido conocer el mar…—menciona, casi farfullando. Dejando escapar cierto aire de ilusión.

—Buena propuesta, tal vez más adelante— contesté, dando una revisada al reloj en mi muñeca—. Bueno, tengo que irme— anuncié, tomando mis cosas—. Hasta luego— me despedí. Tras pasar a su lado, alborotando su cabello. De esta manera, marchándome camino a la facultad.

El camino fue rápido, incluso llegué antes de tiempo. Aunque eso no fue del todo mi alivio. En cuanto más lograba acercarme, comenzaba a sentirme presionada. Nerviosa. Y tenía por qué estarlo.

Entrada al aula, la atención de varios se fijó sobre mí, logrando cohibirme. Mientras que a unos cuantos lugares, Moblit y Nifa alzaban su brazo, buscando llamar mi atención.

Me dirigí hacia ellos, y tomé lugar entre ambos. Apoyando mis brazos sobre la mesa, frotando mi rostro con pesadez. Entonces, sintiendo dos manos posarse sobre mi espalda, buscando reconfortarme.

Me siento traicionada.


¿Qué tal ha ido todo hasta ahora?

Bueno, aquí presento a Ymir un poco diferente a como la conocemos, pues ahora no solo le importa Historia y ella misma, sino también su hermana: Ilse. Es un poco extraño, lo sé, pero por su parecido se me ocurrió que fueran hermanas.

Curiosidad: la narración a veces puede variar, dependiendo del personaje.

Frieda, es el estereotipo de la capitana doble cara. ¿Por qué? Por que me dio la gana... Nah, mentira es broma, enserio, JAJAJAJ—. Como ya hemos visto en el manga, le dice a Historia que debería ser más femenina y que debería ser como la chica del libro, etcétera. Y así es como lo manejaré, sólo que de otra forma... [?]. Es como "sé como yo" —contradicción al manga—.

Empero, tomo en cuenta los efectos de la coordenada sobre Frieda en el manga, y algunos datos del manga de Chuugakou; en los capítulos 10 y 18 explico el paralelismo del manga aquí. Por favor, no me malentiendan. Para todo hay razones, y creo que ésto no lo deja claro, así que mejor esperen a los capítulos mencionados para comprender esto.

Trost es la escuela —en el distrito del mismo nombre— en donde estudiaron Mikasa, Armin y Eren durante highschool, y donde vivía Jean. Este distrito «Trost » se encuentra pegado a Shinganshina, en el que vive Eren —a veces mi imaginación es poca pero buena :v.

Por ahora no me queda nada más que explicar, me parece. Así que toca esperar a la actualización de mañanaaa, puesto que esta semana es de actualización doble... ¡Wuh! 7u7.


Karlin-Zeldi: Oh, y aún no llego a donde Frieda interactúa más... No diré qué — entremezclado de todo. Algunas son al contrario... 7u7r—, pero estás muy cerca de lo que se relata en otros capítulos ewe... Demasiado D: xdd; De Levi —refiriéndome a todo lo que mencionaste de él—, pues eso tal vez tarde un poco en darse a conocer, pero tiene relevancia; Bertholdt sí tiene interés por Annie... oOo; OHHH.

Justo me imagino la habitación de Mika como la de Zoey :0. De hecho, es la primera que imagino siempre que pienso en dormitorios xD. Y es que las series y películas norteamericanas, y lo que conozco me ha influenciado bastante ya hasta tengo pensado irme a estudiar la universidad en E.U. Si es que tengo apoyo familiar para ello... el sueño frustrado. JAJA :'u xd. Qué bonitas coincidencias xdd. Claro que habrá... je jem... ia tú sabe 7w7.

No preguntes, solo gózalo... ok no xD. Las carreras, en verdad no las tengo definidas para cada quien. Solo de Mikasa, Armin, Annie y Sasha —los tres primeros derecho, y Sasha gastronomía(?). Hanji, está entre medicina y biología. Y Moblit algo similar. Erwin y Frieda me los imagino como maestros. Pero del resto... se los dejo más a su imaginación porque yo no tengo ni idea xD. ¡Nos leemos!

Gaia Neferet: Suelo ser alguien que se emociona demasiado con ciertas cosas, entre ellas: lo que escribo. Algunas escenas en concreto me hacen fangirlear, reír o hasta estresarme :v. Me hace feliz saber que puedo causar algunas de estas u otras a alguien —menos el estrés xD. Solo que... siento que algunos de los siguientes capítulos estarán un tanto pesados y tensos, aunque por supuesto trato de aligerar un poco las cosas con un poco de comedia; es cosa de disfrutarlas (?). ¡Gracias, nos leemos!

Love Stories On My Mind: Jean es uno de los personajes con los que más me gusta narrar, y supongo uno de los que más se me facilita. Pues no le importa qué, él siempre dice lo que piensa. Además, entiende a las mujeres y sabe cómo tratar con ellas... ese lado también me gusta mucho de él. A diferencia que con Levi o Mikasa, que son más serios; siento que podría salirme de su contexto. El Reikuri es una pareja hermosa ;v; z3. Muchas gracias, ¡nos leemos!