4
Una Incómoda Visita
Durante la noche Harry escuchó llantos en la recamara de al lado, era su pequeña hija; salió tratando de no moverse mucho y haciendo el menor ruido posible para no despertar a su esposa, quien dormía tranquilamente a su lado. Al entrar al cuarto de Lily se llevó una verdadera sorpresa… Ginny se encontraba cargando a la pequeña en brazos y… ¿consolándola?
— ¿Ginny, qué haces? —preguntó el ojiverde extrañado.
— ¡Por Merlín!, ¡Harry, me has dado un susto de muerte! —exclamó con el corazón latiéndole muy fuerte, y dejando a la bebé (quien no paraba de llorar) en su cuna.
— ¡Susto el que tú me diste a mí! —expuso Harry, acercándose a la cuna y cargando a su primogénita, inmediatamente la niña dejó de llorar.
— ¿Qué haces despierta? Se supone que deberías estar descansando de tu largo viaje —inquirió el ojiverde.
— ¿Yo? Este... me levanté al baño y escuché llorar a tu hija. Y bueno, como Hermione no venía pues me acerqué a verla y tratar de que volviera a dormir.
— Gracias — dijo incómodo.
— Además, sí estoy cansada, pero sufro de insomnio — suspiró con resignación la pelirroja. — ¡Quién fuera Hermione! —agregó moviendo la cabeza.
— ¿Por qué lo dices? —preguntó Harry confundido.
— Ah... Lo digo porque puede dormir a sus anchas sin preocuparse por cómo está su hija —terció irónica.
— ¡Claro que se preocupa! Sólo que yo hice un hechizo para que ella no la escuche por las noches.
— ¿Y por qué? —terció con el ceño fruncido Ginny.
— El sanador dijo que debe descansar bien por el embarazo —respondió tajante Harry.
— ¡Ah, qué buena excusa! —dijo con un dejo amargo la pelirroja.
— ¡No es excusa! —Harry comenzaba a subir su tono de voz. — Yo lo decidí así, por el bien de todos.
— Está bien, pero no me grites.
— ¡Yo no estoy gritando! —dijo subiendo más el tono de voz, pero entre dientes. — Y será mejor que te vayas a dormir, o por lo menos ve a tu habitación. Gracias por preocuparte por mi hija... Yo ya estoy aquí, así que ya no es necesario que sigas en esta habitación.
— ¿Seguro que estás bien? —insistió la chica.
— Sí — remarcó Harry.
— Pues tú dirás que el hechizo es por el bien de todos... Pero la verdad pienso que nada más de tu esposa e hijos... Porque tuyo, lo dudo por la manera en que te alteras.
— Estaré bien, ahora déjame dormir a Lily, si no es molestia —dijo sarcástico, abriendo la puerta.
La pelirroja salió con aire ofendido, y dobló por el pasillo para entrar en su habitación.
Harry se sentó en la mecedora que estaba en la recamara y comenzó a arrullar a Lily tarareándole una canción. Luego de que la pequeña se quedara dormida la colocó en su cuna con sumo cuidado, como si fuera de cristal.
Ginny entró enfada en la habitación de huéspedes... Quería gritar, llorar, estaba tan enojada con ella misma por no poder olvidarlo. — Pero él no merece tus lágrimas— le dijo una voz en su cabeza. — Ahora mismo está haciéndole caricias a su hija. La hija de su esposa sangre sucia. La que se dijo alguna vez ser tu mejor amiga, aquella que juró te ayudaría a conquistar su corazón, del cual ahora ella es dueña.
— ¡Ay, por qué Harry! Por qué, dime por qué no puedes verme… Estoy aquí, en medio de la nada, gritando con todas las fuerzas de mi alma porque algún día vuelvas a dejar de verme como la hermana menor de Ron, y me veas de la misma forma en que la miras a ella. ¡Con esos ojos tan verdes que me vuelven loca! Los mismos que heredó esa niña, que pudo haber sido nuestra y no de una traidora dizque amiga. —Se repetía esto en su mente y las lágrimas se hacían más, hasta que por fin se acostó sobre la cama y se quedó dormida sin darse cuenta.
Después de dejar a Lily en su cuna Harry regresó a su habitación y entró en la cama con delicadeza, acostándose al lado de Hermione… Pero no pudo conciliar el sueño, y en su cabeza estuvo dando vueltas lo que acababa de ocurrir con Ginny. En sus pensamientos se decía a sí mismo:
— Lo lamento Ginny, en serio lamento haber herido tus sentimientos… Haberte ilusionado, fui un idiota porque mi corazón siempre ha sido de Hermione… Espero que me olvides totalmente, y podamos ser amigos sin rencores. — Con esto dando vueltas en su mente también se fue quedando dormido.
A la mañana siguiente él sintió cómo un tibio cuerpo estaba sobre su pecho, sentía un respirar intranquilo. Era de Hermione, y de pronto ella se incorporó asustada... — ¡Lily! —gritó la castaña.
— ¿Qué pasa con Lily? — Harry se incorporó sobresaltado.
— No, nada —respondió Hermione. — Era sólo un… sueño — y volvió a dormir sobre el pecho de su esposo. El ojiverde la observó preocupado unos segundos, pero al ver que ella estaba durmiendo de nuevo simplemente la abrazó contra su cuerpo un rato más… No obstante el sol los iluminó pronto y cuando Harry por fin despertó se percató que Hermione ya no estaba a su lado. Inmediatamente se levantó buscándola por toda la habitación, pero evidentemente ya no se encontraba ahí, entonces escuchó voces en la recamara de al lado. Muy rápido salió de su cuarto, al entrar en el de Lily vio a Hermione abrazando a su pequeña, trató de no hacer ruido para poder escuchar lo que le decía, pues su esposa estaba llorando… Al acercarse oyó algo que lo impresionó mucho.
— ¡Te amo, mi niña! Y aunque yo muera por salvarte, nunca lo olvides… Te amo. Igual que a James… Ambos son lo más importante de mi vida, junto con tu padre.
— ¡HERMIONE! ¡¿PERO QUÉ ES LO QUE ESTÁS DICIENDO?! — gritó alarmado Harry.
— ¡Harry! — exclamó nerviosa Hermione. — ¿Desde cuándo estás aquí? —preguntó titubeando.
— Desde hace cinco minutos —respondió Harry.
— Este… voy a... prepararte el desayuno —Hermione lo evadió, limpiándose las lágrimas disimuladamente.
— ¡Tú no te mueves de aquí! No hasta que me digas por qué llorabas y le decías eso a nuestra hija —demandó el ojiverde.
— Yo no lloraba, y no... —dijo tartamudeando la castaña, evitando a toda costa su mirada.
— No lo niegues, escuché todo claramente. Y te conozco perfectamente bien… Tú me ocultas algo. Así que mejor hablas o no sales de esta habitación en mucho tiempo —determinó Harry, bloqueando la entrada de la recamara.
— Está bien, te diré —contestó resignada la castaña.
— Tuve un sueño. O mejor dicho, una pesadilla… Que para mí fue muy real. Tal vez sea una tontería, pero me hizo sufrir demasiado.
— ¿Qué soñaste? —preguntó sentándola a su lado en el sofá, y cargando a su bebé.
— No lo recuerdo con claridad, todo está borroso en mi mente... —dijo Hermione, cerrando los ojos y sacudiendo la cabeza de un lado a otro.
— Tranquila, como tú dices, quizá y sea una tontería —Harry la abrazó hacia él.
— No sé, fue tan real… Jamás había soñado algo así desde que nos casamos. Lo que recuerdo es que yo estaba sujeta de las muñecas, era con magia, porque no podía liberarme. Mi cuerpo ardía de dolor… Escuché el llanto de Lily, quería correr a consolarla, pero había alguien frente a mí que me lo impedía, me empujaba contra el suelo frío y me lanzaba nuevamente la maldición criciatus, gritaba que me odiaba y que iba a pagar muy caro haber puesto mis ojos en... ti —finalizó angustiada.
— ¿Quién era?, ¿Viste su rostro? —preguntó Harry, con el corazón latiéndole preocupado.
— No… Pero tenía una voz gélida y cruel. Dijo que me despidiera de mi hija… ¡La tenía también a ella! Lily me llamaba con sus manitas, eso fue lo que me partió el alma, más que el dolor de sentir las maldiciones sobre mi cuerpo… Entonces mi niña comenzó a llorar más fuerte, estaba muy asustada, cuando... escuché varias voces, pero no me di cuenta de dónde provenían. Fue entonces que pude despertar y te vi allí, a mi lado, sabía que había sido sólo un mal sueño y decidí no agravarlo. Sólo te abracé y me sentí protegida — Hermione apretaba los ojos y por sus mejillas brotaban nuevamente lágrimas.
— ¡No llores, mi amor! Como tú dices, fue un mal sueño… Que no se repetirá. Mucho menos se hará realidad, ¡Eso te lo juro! Trata de olvidarlo, ok — Harry la besó, limpió sus lágrimas y la levantó del asiento tomándola de la mano. (Sostenía a Lily que dormitaba en su pecho, con su otro brazo).
— ¡A desayunar! Y no te preocupes, que aunque queme la cocina, hoy yo hago el desayuno, ¿vale? — En los labios de Hermione se dibujó una leve sonrisa.
— ¡Eso tengo que verlo! Además hace tiempo que no pruebo tus exquisitos guisados. Y a pesar de que es muy posible que quemes la cocina… Acepto que tú prepares el desayuno, la verdad no tengo ganas de cocinar hoy —dijo bostezando la castaña, luego sonrió. Su sonrisa fue un poco más notable.
— ¡Ah, flojita la señora, eh! Pero no importa, hoy te consentiré — dijo Harry, dándole un travieso pellizco en su nariz. Hermione soltó una risita.
La castaña se sentía poco más tranquila cuando entraron a la cocina… Pero ahí fueron sorprendidos porque se encontraron con que la mesa ya estaba puesta.
— ¡Ginny! —exclamaron asombrados los dos Potter.
— ¡Buenos días! A mí también me da gusto verlos —dijo la pelirroja, colocando los últimos platos en la mesa.
— No deberías haberte molestado, eres nuestra invitada —comentó Hermione apurada.
— No es molestia, la verdad es que... Yo tenía hambre. Y pues preparé algo rápido, que sé que también le gusta a Harry —dijo Ginny mirando insinuante al ojiverde.
— Ah, este... Ginny, gracias. Pero ya no me gustan tanto, y a Hermione le hace daño esta comida —dijo incómodo Harry.
— Oh, se me olvidaba… disculpa —terció sarcástica Ginny.
— No hay cuidado, pero de todas formas muchas gracias —apuró Harry, luego se encaminó hacia la estufa.
— ¡Hermione, nadie te va a salvar de mi desayuno, eh! —El ojiverde le dijo sonriendo a su esposa.
— Pues qué remedio, probaremos tu experimento de desayuno —dijo con una sonrisa de resignación la castaña.
Mientras Harry preparaba el desayuno para su esposa e hija, Ginny platicaba con Hermione.
— ¿Así que te prohibieron el picante, Hermione? —preguntó la pelirroja con un dejo de incredulidad.
— Sí, así es… Porque debo comer cosas sanas y que no irriten al bebé, según mi ginecólogo.
— ¿Gine qué...?
— Ah, es un médico muggle encargado de vigilar la progresión de los embarazos, como los sanadores de San Mugo. Y yo consulto a ambos para saber que todo está en orden con mi bebé —informó la castaña, acariciándose su pancita.
— ¿No crees que es algo exagerado? —opinó Ginny.
— Lo mismo digo, pero Harry fue el de la idea — antes de que Hermione terminara la menor de los Weasley la interrumpió y dijo: — Bueno, sólo es un embarazo común y corriente — Y probó un bocado de su almuerzo, con una sonrisa triunfal disimulada en sus labios mientras masticaba.
Harry la miró ceñudo, su visita empezaba a comportarse de la misma forma que la tarde anterior.
— ¡Nada de exageración! Y no es un embarazo cualquiera, es el de mi esposa, que espera a nuestro segundo hijo… Por lo que es tan especial como cuando esperábamos a Lily. Yo creo que no soy el único que piensa que cada embarazo de su esposa es especial, la mayoría de los hombres piensan igual.
— Bueno, claro que es especial, y que todos los hombres piensan lo mismo que tú… Nada más de recordar cómo Bill se comportaba cuando Fleur esperaba a sus hijos… ¡Por favor, hacía que ella se sintiera sobreprotegida! —terció Ginny, tratando de componer su comentario. Harry regresó a ver a Hermione, con una expresión de que en serio no le hacía gracia que la pelirroja estuviera ahí. La castaña sonrió con circunstancia.
— ¡Ya está! —avisó el ojiverde a su esposa con una sonrisa jactanciosa, cuando terminó de cocinar. — ¿Preparada señora para probar la especialidad Potter?
— ¡Adelante! —dijo Hermione, con cara de estar sentenciada a lanzarse de un acantilado.
Lily sonreía con una carita graciosa al ver cómo su papá servía la comida en su tazón.
— ¡Hey! No me mires así, no puede saber tan mal, pruébala y luego opinas — le dijo a su pequeña hija.
Hermione ya desayunaba y ponía cara de haber probado un sabor muy raro, más sin embargo sonrió y continuó comiendo.
— ¿Qué tal está, Hermione? —dijo Harry, con una sonrisa de esperanza.
— ¡Exquisito! —contestó la castaña, haciendo esfuerzo por pasar el bocado.
De pronto Harry volteó a ver a la pequeña Lily y preguntó: ¿Y el tuyo?
Lily sólo pudo escupir en la cara de su padre como respuesta, y comenzó a reír con una risa tierna.
Harry se quedó sorprendido y sólo tuvo tiempo de limpiarse y decir: ¡Oh, vamos! ¿En serio sabe tan mal?— Antes de volver a tener la vista cegada por uno cucharada de papilla en la cara, como nueva respuesta.
— ¡Ya basta Lily! —decía su padre con tono angustiado. La niña comenzaba a lanzar la papilla en cualquier dirección y seguía riendo con su tierno ataque.
— ¡Al parecer no te acuerdas que nunca le prohíbas nada a un Potter! —dijo Hermione sonriendo y moviendo la cabeza de un lado a otro, mientras miraba con gracia a su esposo, quien en ese instante trataba de controlar inútilmente a su hija, pero la situación se salía de su control y terminaba bañado de papilla. Junto con las paredes, y hasta Ginny, que observaba entre extrañada y riendo por primera vez sinceramente en casa de los Potter; quien al recibir el golpe de papilla dejó de hacerlo, pero al ver lo chistosa que se veía volvió a reírse. Hermione se levantó de su silla, cargó a su hija y dijo:
— Voy a cambiarla, te toca limpiar tu tiradero.
— ¿Eh? Ahora resulta que fui yo, ¿no? —se quejó su esposo, boquiabierto y haciendo una mueca de sonreír.
— ¿Cómo crees? Fui yo —dijo con cierto tono de sarcasmo Hermione. — Ah, y que quede todo limpiecito sin rastro de comida, ¡eh!
Ginny se rió más por lo que dijo la castaña.
Hermione subió y Harry se sentó, y al probar la papilla también escupió.
Ginny se paró de su asiento y le dijo al ojiverde:
— Ahora sí qué la armaste, Potter — volvió a reír sinceramente, y también subía a su habitación.
— Sí — exhaló éste, frotándose la nuca y sonriendo, pero al ver el tiradero abrió mucho los ojos y dio un suspiro. — ¡Ay, no! Tendré mucho trabajo hoy, pero primero almuerzo —Al probar el plato comenzado que dejó Hermione se atragantó y se dijo: ¡Ay por Merlín, qué es esto, sabe a quemado! Con razón a Hermione no le gustó mucho, más bien nada, pero se lo comió.
Al bajar la castaña él le dijo:
— ¡Lo siento, en serio! —puso carita de niño regañado, y cargó a su pequeña bebé.
— ¿Sentir qué? — preguntó curiosa la castaña.
— Lo del desayuno desastroso, juro que la próxima vez lo haré con magia y no de manera muggle. ¡Qué raro! Ya se me está olvidando cómo se guisa. Y tú tienes la culpa por consentirme tanto.
— ¡Ah! Ahora resulta… —dijo con cara de sorpresa Hermione.
— ¿Quieres pizza? —propuso con carita de niño bueno Harry.
— Hum, déjame ver… — La castaña lo pensó en unos segundos. — Está bien —aceptó sonriendo.
— La pediré.
— Ok.
— ¿Y Ginny? —preguntó Hermione al notar que la pelirroja no estaba en la cocina.
— Subió, supongo que a descansar para esperar a Ron.
Harry pidió la pizza, limpió la cocina y preparó la papilla de Lily (pero de las instantáneas).
A las 3:00 de la tarde Ron llegó por su hermana, la pelirroja se despidió y dio las gracias. Sin embargo le plantó un beso a Harry cerca de los labios, y éste sólo la alejó muy rápido. Ron la jaló también, así que ella no se dio cuenta que el ojiverde la había rechazado primero.
— Gracias... Y de verdad lo lamentamos, pero no podemos quedarnos a comer, tenemos asuntos pendientes Luna y yo. Y no puedo venir después por Ginny, sería injusto que ella se quedara más tiempo. Por ustedes, y mamá que la extraña mucho —apuró al ver que Hermione iba a decir que no había problema en que Ginny se quedara un día más, o el tiempo que quisiera; por parecer educada.
Ron sabía que lo hacían por educación, pues conocía que su hermana podía llegar a ser un verdadero fastidio si se lo proponía.
— Bueno, hasta luego… Y nuevamente muchas gracias, adiós —dijo Ron antes de desparecer por la chimenea con su hermana.
Al llegar a La Madriguera Ron sujetaba muy fuerte a Ginny por el brazo.
— ¡Ya, suéltame! ¡Me estás lastimando! ¡RON, ME HACES DAÑO! —dijo desesperada por zafarse.
Ron no la soltó y la hizo subir aprisa, afortunadamente no había nadie en ese instante en casa y pudieron subir sin interrupciones.
Ron hizo entrar a empujones a Ginny en su alcoba, estaba enojado.
— ¿Se puede saber a ti qué te pasa?, ¡Por qué me tratas así! —reclamó indignada.
— Quieres saber por qué me comporto así, ¿cierto? —respondió él en tono enfadado.
— ¡Exacto! —dijo la pelirroja.
— ¡Por favor no te hagas tonta, tú sabes bien por qué!
— ¡No, si no me lo dices no lo sé! ¡Por qué crees que te pregunto! —ironizó Ginny.
— Ahora resulta que no te acuerdas de la manera en la que te comportaste en casa de nuestros amigos —terció sarcástico Ron.
— ¡Ah, es eso!… Yo creí que era algo más grave —dijo su hermana en tono despreocupado.
— ¡Cómo que más grave! —saltó Ron en tono sorprendido, había dejado de gritar.
— ¡Si tu comportamiento lo fue! ¿Por qué lo hiciste?
— ¡Ay santo cielo, ahora tú eres el tonto, Ronnie! —dijo sarcástica Ginny.
— ¡Que yo qué!
— ¡Tú bien sabes el porqué de mi comportamiento!
— ¡Créeme que no!
— ¡Ay por favor! Te refrescaré tu poca memoria, hermanito. La respuesta es simple… Odio a Hermione por quedarse con una familia que debía pertenecerme. Y QUE HUBIERA SIDO MÍA SI ELLA NO SE HUBIERA INTERPUESTO EN MI CAMINO —lo último lo gritaba.
— Ginny, no me gusta la forma en que lo dices... ¡Me asustas! Hablas con despecho y rencor —dijo Ron angustiado, sentándose en la cama de la pelirroja.
— ¡Lo digo como lo siento en estos momentos!
— Pero Ginny... tú... tú me engañaste. Dijiste que lo habías olvidado, y... —Ron respiraba muy sorprendido. — Nos engañaste a todos... A mamá, a Fred y a George... ellos... ellos...
— Ellos jamás me hubieran permitido regresar si lo supieran. Y allá tú si les cuentas a todos. Lastimarías a mamá… Porque a mí sin él, ya no me importa nada.
— ¡Ginny basta, ya no hables de esa forma! ¡Me das mucho miedo!—protestó Ron. — Además Harry siempre fue sincero contigo, él te quiere pero no te ama. ¿Qué no comprendes? Te...q-u-i-e-r-e. Y no es lo mismo amar que querer, pensé que lo habías aceptado.
— Mira hermanito, el que tú hayas olvidado a tu linda Hermione, no quiere decir que yo sí a Harry —Ginny lo miró con resentimiento.
— ¡Pero qué es lo que dices, yo no amé a Hermione! —exclamó escandalizado Ron.
— Ajá, Sí… ¡cómo no!… ¡Claro que la amaste! O amas… Porque dudo mucho que hayas logrado olvidarla —subrayó Ginny.
— ¿A qué te refieres con que no la he olvidado?—Ron la miró amenazante. — ¡Ah, entonces aceptas que la amaste!
— Que yo no amé a Hermione, te lo repito —subrayó apretando los dientes el pelirrojo.
— Sí, y yo soy la reina de Inglaterra —dijo su hermana en tono sarcástico. Su discusión se tensaba.
— Mira Ginny, no cambies las cosas… Tal vez ella me gustaba, pero eso es cosa del pasado —remarcó Ron, ambos estaban rojos de cólera. — Ahora ella es la esposa de mi mejor amigo, la madre de mi ahijada.
— ¡Y eso qué! TÚ la sigues amando, sólo que sigues siendo demasiado cobarde para luchar por ella… Como lo fuiste desde siempre, desde que la conociste — Ginny lo veía muy irritada.
— ¡Eso es mentira! Yo la quiero mucho, pero... Ella se casó con quien ama, y yo con Luna, ¡entiendes!
— Está bien. Pero dime algo, ¿amas a Luna? —terció malintencionada Ginny.
— Este yo... yo... Claro que la quiero. ¡Ella es la madre de mis hijos! —titubeó Ron.
— ¡Ajá, tú mismo me das la razón! La quieres, pero no la amas.
— ¡No cuestiones mis sentimientos, Ginevra! —Ambos llegaron al punto donde los dos gritaban nuevamente.
— ¡Y no estoy hablando de mi vida personal! Yo por lo menos soy feliz, pero en cambio tú te amargas la existencia… Y lo que más me molesta es que dañes a terceros. ¡Que son nuestros amigos!
— ¿Amigos míos, esos hipócritas traidores? No me hagas reír con esa mentira, Ronald —Ginny se rió en forma frívola.
— ¡Cállate Ginny, tu risa me causa escalofríos! —Silenció Ron, ella le lanzó una mirada peligrosa.
— No Ginny, la hipócrita eres tú, por tu capricho de quedarte en su casa.
— ¡¿De parte de quién estás tú?! —dijo frunciendo el entrecejo de forma rencorosa.
— ¡Obvio que de la razón! Y es la que precisamente tienen ellos.
— Ajá, y dices que yo soy la hipócrita. ¡Y tú lo eres más, Ronald Weasley! Casándote con Luna por cobarde. Siento lástima por ti… Y por ella, que no sientes nada en absoluto. ¡Tu vida sí qué es vacía! Mira que estar con alguien por la que sólo sientes cariño, y la utilizas como tu tabla de salvación… ¡Qué decepción! Un Weasley teniendo hijos no deseados —exclamó con malicia Ginny. Ron, que estaba más rojo que su propio cabello, y que desde hacía rato parecía que iba a estallar. Por fin lo hizo, pero en vez de decir algo ante las crueles palabras de su hermana, le dio una bofetada como respuesta, viéndola como nunca lo había hecho, con un odio que daba miedo.
— ¡CON MIS HIJOS NO TE METAS JAMÁS! ¿ENTENDISTE? ¡DE MÍ PUEDES DECIR LO QUE QUIERAS, PERO DE ELLOS NO!
Ginny se tocaba la mejilla y volteó a verlo con lágrimas en los ojos. Y con la misma mirada de odio que él la veía, le gritaba: — ¡YO SÍ LUCHARE POR ÉL, Y NO ME IMPORTA QUIÉN SALGA LASTIMADO!
— ¡Es tu decisión! Pero si la que sale más lastimada eres tú, lo lamentaré… Luego no digas que no te lo advertí — Ron la miró con desagrado. — Y no te preocupes, que no le diré a mi madre… No quiero que ella sufra al saber en la persona que se convirtió su hija consentida. Y con respecto a los demás… Tampoco les diré. Pues me avergüenzo de tenerte como hermana —Dicho esto el pelirrojo salía de la habitación azotando la puerta; ambos estaban al borde de asesinarse ya que habían tenido la peor discusión de su vida. Ginny echó una última mirada hacia donde había salido Ron y gritó: —YA VEREMOS QUIÉN SUFRE MÁS AL ÚLTIMO, HERManito... —Su respiración era entrecortada, esto último lo dijo pausado y en voz baja, casi como un susurro. Ginny se tiró sobre su cama y comenzó llorar nuevamente, en silencio, sus lágrimas estaban inundando sus ojos y sus mejillas. Escuchó voces abajo, era su madre, que acababa de llegar.
En la sala:
— ¡Ay Ronnie, qué sorpresa! ¿Y Luna? ¿Y los niños? —preguntó Molly Weasley.
— Mamá ya me voy... Luego nos vemos, adiós... —Ron hizo un gran esfuerzo por disimular su ira y sonrió a su madre.
— Pero hijo... ¿No te quedas a cenar? —dijo con desconcierto su progenitora.
— No, disculpa, hasta luego... — Se escuchaba un Crac y Ron desaparecía de La Madriguera.
