Capítulo 4.
—Estás callada.
—¿Eh?
La muchacha levantó la vista con una expresión ausente solo para darse cuenta de que el hombre frente a ella la examinaba con un rostro carente de emoción alguna. No se había dado cuenta, pero había pasado veinte minutos en silencio mirando al vacío. Ni siquiera se había percatado de que la camarera había traído toda la comida ordenada y que esperaba, ahora fría, delante de ella a ser devorada.
Por su parte, el profesor ya había acabado con la mitad de su hamburguesa y la orden de papas completa.
—Lo siento, me distraje pensando en algo. —puso una sonrisa boba tratando de aligerar el ambiente.
—Eso es inusual…que pienses algo.
Una mueca divertida se formó en los labios de la morena.
—¿Acaso acaba de hacerme una broma?, porque es una mala broma.
Sasuke dedicó una suave sonrisa a modo de respuesta y a Chouchou aquello le pareció un sueño. Compartir la tarde entre bromas, conversaciones y comida con el profesor más serio y atractivo de la escuela era una fantasía común entre las jovencitas de su edad, y solo ella lo vivía en realidad.
Sin embargo, el tiempo se había agotado, y su labor como consejera en la relación padre-hija de su amiga había terminado.
—Creo que deberíamos dejar de vernos. —El hombre estaba dándole un sorbo a la soda cuando le soltó aquella frase, por poco y se ahoga, pero lo disimuló aclarándose la garganta.
—¿Eso crees?
—Pienso que ahora que su relación con Sarada ha mejorado ya no me necesita, y sería un abuso de mi parte fingir que no es así y seguir aceptando comida gratis cada jueves.
Quiso decirle que no era un abuso, que para él era un escape agradable de su vida, que hacía mucho no se sentía de aquella forma, libre y relajado…pero no lo hizo, porque no era correcto.
Terminaron de comer y charlaron agradablemente como siempre. Pagaron la cuenta, subieron al auto y regresaron a la ciudad. No hubo mucho que decir en el camino. Eran maestro y alumna. No podían extrañarse ni decirse que se querían, porque sería inapropiado, y porque los dos tenían motivos para no hacerlo.
Mirando por la ventana, Chouchou pensó en Mitsuki, y en que hacía lo correcto.
Pero las cosas no acabaron ahí.
...
—No puede ser, y justo hoy deje mi sobrilla en casa—Refugiada en el pórtico de la escuela, la pelinegra alzó una mano para sentir la lluvia caer sobre la yema de sus dedos.
—Bueno, el clima se pone engañoso en estas épocas, por cierto, ¿Por qué no te fuiste con tu papá? —Preguntó la morena que estaba cruzada de brazos a su lado.
Ambas esperaban a que el aguacero menguara para poder marcharse a casa.
—Dijo que tenía algo que hacer y me sugirió que era buena idea pasar algo de tiempo con mi mejor amiga—Sarada le sonrió al decir aquello.
—¿Tu papá dijo eso? —Preguntó Chouchou sorprendida.
—Sí, creo que le agradas.
No dijo nada, solo se dio media vuelta haciendo como que se acomodaba la falda para ocultar su sonrojo y una sonrisa ensoñada.
—Supongo que tendremos que correr hasta algún café, ahí podemos comer algo mientras esperamos a que esto se pase—sugirió la de ojos negros.
—Me agrada la idea, muero de hambre y me quede sin papitas.
Contentas, pusieron la mochila sobre sus cabezas y avanzaron hacia las escaleras listas para echar a correr bajo la lluvia.
Una sombrilla se abrió tras de ellas y juntas se giraron. Chouchou torció la mirada en cuanto descubrió de quien se trataba.
Boruto desvió la mirada, entre molesto y apenado, recargando el paraguas sobre un hombro y con la mochila en el otro.
La joven de piel oscura se puso delante de su amiga con las manos en la cadera, al tiempo que Sarada se asomaba por encima de su hombro.
—¿Y tú que quieres?
—Contigo nada, necesito hablar con Sarada.
—No.
—¿No qué? —se cruzó de brazos exasperado.
—Sarada no quiere hablar contigo.
—Eso lo dices tú, hazte a un lado y déjame…
Sarada dio un paso adelante, con los ojos serios y una ceja alzada.
—No quiero hablar contigo, lárgate. —
Boruto torció los ojos, se acomodó la mochila en un movimiento y se internó en la lluvia.
"Haz lo que quieras" murmuró con desagrado al pasar a lado de las chicas.
Sarada lo observó alejarse con los puños apretados, mientras su amiga la veía intentando guardarse las ganas de ir tras de él. Chouchou sabía que había algo extraño entre esos dos, la atracción era mutua y definitiva, era como un magnetismo que tiraba de uno y de otro y que jamás cedía. Le parecían una de esas parejas que podían pasarse el día entero peleando y toda la noche haciendo el amor. Era aterrador.
—¡Eres un idiota! ¡Te odio!
Un grito hizo que el joven rubio se detuviera y se girara de inmediato, solo para ver a Sarada sacarle el dedo de en medio desde el pórtico de la escuela. Bastaron 4 zancadas para que la distancia entre ellos fuera acortada, con una expresión rabiosa, el de ojos azules encaró a la jovencita.
—¡¿Cuál es tu problema?! ¡Estoy tratando de arreglar las cosas contigo y tu solo me sacas la vuelta! ¡Estoy harto! —gritó arrojando la sombrilla, aún abierta y mojada, al suelo.
—¡Ni siquiera te has disculpado!
—¡Es por que no me dejas disculparme!
—Alto—Una figura se interpuso entre ellos dos.
Primero miró a Sarada, y luego a Boruto, ambos callaron al instante, puso una mano en el hombro derecho de cada uno y los hizo tomar distancia. Sin perder la seriedad, Chouchou recogió el paraguas y se lo entregó a Boruto, luego tomó la mano de su amiga y la unió a la del muchacho. Ambos se miraron avergonzados, como un par de niños de 9 años que se gustan y se toman de la mano por primera vez a pesar del asco que supone tocar a alguien del género opuesto.
—Lleva a Sarada a tomar un café y discúlpate con ella apropiadamente, luego llévala a casa y cuando todo se calme preséntala a tus padres como se debe. ¡Cielos! Si siguen peleando así van a verse de 40 cuando tengan 30, el enojo no lleva a nada, tontos, solo arruina la piel.
—Bien. —dijo Boruto con fastidio.
—Sarada, escucha lo que tiene que decir, y si lo perdonas invítalo a cenar y dile a tu padre que le haga preguntas incomodas y lo presione mucho, se lo merece por idiota.
Sarada asintió.
—Ahora váyanse, es algo oportuno porque así no tienes que mojarte.
—¿Y tú? —Preguntó la pelinegra preocupada.
—Correré a casa o algo, no te preocupes.
—Chouchou, odias correr.
—Ya lo sé.
Ambas se dieron un abrazo y Sarada desapareció bajo la lluvia tomada de la mano del joven rubio.
Ella tendría que caminar bajo la lluvia. Se cubrió con su mochila y comenzó a correr.
...
—Una cortesía del caballero de aquella mesa. —el mesero puso un vaso corto de vidrio frente a él y empezó a servirle algo de whiskey.
Desde el otro lado del bar, un hombre de cabello negro atado en una coleta le sonrió y saludó agitando la mano. Sasuke arqueó las cejas, Itachi nunca cambiaba. Era un policía trabajando en cubierto dentro del crimen organizado y aun así se daba el lujo de enviarle regalitos a pesar de que podían matarlo.
—Solo deme un vaso de agua—agregó con fastidio.
El barman asintió e hizo lo que le dijo. Exasperado, miró su reloj de muñeca, se sentía como un estúpido por pensar que Naruto llegaría temprano a hablar de un tema tan delicado. Era un idiota informal que no llegaba temprano ni a su propio trabajo, ni al recital de sus hijos, ni a su propia vida. Se puso de pie, harto y listo para irse, cuando se giró lo vio de pie tras de él con una sonrisa burlona propia de él.
—Sabía que, si me retrasaba, aunque fuera 5 minutos, ibas a enojarte e irte.
—Imbécil, tengo mejores cosas que hacer, ¿dónde estabas?
—Parado en la entrada, me divierte mucho hacerte enojar y no podía perder esta oportunidad—se encogió de hombros sin perder su expresión zorruna.
Una vena se dibujó en la sien de Sasuke. Naruto nunca cambiaba. Tomó asiento a lado del pelinegro y alzó la mano para llamar la atención del barman.
—Eres un inepto, Naruto.
—Pero me amas.
Sasuke le dio un fuerte codazo a las costillas que le sacó el aire, el rubio simplemente pretendió que nada había pasado. El cantinero se acercó y sin perder la compostura el rubio pidió un vaso de agua también.
—¿No vas a beber?
—Olvídalo, desde lo que pasó hace 5 años ya no bebo contigo.
—¿Tan malo fue? Pensé que lo habías disfrutado, yo lo hice—empezaba a darle un sorbo al agua cuando recibió un codazo en las costillas de parte de Naruto.
Se giró para mirarlo bruscamente, disgustado. El rubio le devolvió el mismo gesto de desagrado.
—Vamos a dejarlo claro, nada va a pasar entre tú y yo, tú tienes a Sakura chan y yo a Hinata. Se acabó.
—Nadie sugirió lo contrario —masculló el de ojos negros, entre dientes.
No se miraron, incomodos. Naruto miró alrededor del bar, divisó a Itachi al fondo, quien iba saliendo por una extraña puerta trasera acompañado de un sospechoso grupo de hombres. Por un momento, se alegró de que Sasuke no hubiera acabado igual que él.
—No quiero a tu hijo cerca de mi hija—soltó de pronto el pelinegro. El ojiazul lo miró con calma.
—Ya lo sé, yo tampoco quiero que Boruto esté con Sarada.
—¿Insinúas que hay algo malo con mi hija?
—No, pero sé que Boruto es más parecido a ti que a mí, y no quiero que le haga a Sarada lo que tú me hiciste a mí.
Con una fuerte presión en el pecho, se acabó el vaso de agua de un solo trago y observó el whisky con hielo, cortesía de Itachi, que descansaba en la barra, tentado.
—Nuestra situación era diferente. —agregó con la voz algo apagada.
—Tal vez, pero no cambia el hecho de que uno de los dos fue un cobarde.
No había forma de refutar aquello. Se bebió el whiskey de un solo sorbo a pesar de que le había prometido a Chouchou que lo dejaría. En una de sus tantas conversaciones, en una de aquellas tardes en la cafetería. La extrañó, y se preguntó que estaría haciendo en esos momentos.
—De todas formas, no es como que podamos prohibirles estar juntos, harán lo que quieran y si se los prohibimos van a empeñarse aún más en estar juntos. Así que no hay nada que hacer al respecto. ¿estamos de acuerdo?, ¿Sasuke?...
El hombre lo observó unos cortos segundos, parecía absorto en sus pensamientos.
—Estas saliendo con alguien más, ¿verdad? —preguntó de repente, molesto, el rubio.
La pregunta golpeó tan fuerte que fue capaz de sacar a Sasuke de su trance.
—¿De dónde sacas eso?
—Tienes esa actitud extraña que tenías cuando salías con Sakura chan pero estabas "pensando en mi" —hizo las comillas con los dedos y una voz ridícula al pronunciar lo último.
Sasuke lo tomó del cuello de la camisa, tratando de no hacer tanto escándalo. El rubio siempre había sido claro y nunca había tenido miedo de decir las cosas como eran, eso le cabreaba a veces.
—Vinimos a hablar de nuestros hijos, nada más.
—¡entonces si estas saliendo con alguien!
—Basta —susurró.
—¿No vas a negar nada?, si vas a salir con alguien más entonces al menos ten el valor de divorciarte. ¿Es que eres cobarde para todo?
—¡No estoy saliendo con nadie! —No era mentira, pero algo le decía que no era del todo verdad.
La extrañaba, se había vuelto necesaria e importante. Era agradable y su presencia era cálida. Su voz, su cabello, su piel oscura y sus ojos brillantes.
No supo si fue el alcohol o la ansiedad, pero sintió el contenido de su estómago volver por su garganta y de pronto se encontró a si mismo dando arcadas y devolviendo el almuerzo.
Naruto le acarició la espalda.
—Ya, ya, ¿hacía cuanto no bebías, idiota?, solo ha sido un trago, te has vuelto un bebé.
—Púdrete...—Murmuró limpiándose las comisuras de la boca.
El tiempo había pasado, muchas cosas habían cambiado, ya no estaban juntos, pero ellos seguían siendo los mejores amigos. Sasuke bebió un par de tragos más, Naruto le hizo compañía bebiendo únicamente agua, luego cada quien se fue por su lado.
...
Existen momentos que cambian la perspectiva de las cosas. A veces creemos que tenemos algo con alguien y que esa persona lo siente igual, y que lo va a respetar, y resulta todo lo contrario.
Mitsuki era ese "alguien", y Chouchou creía que tenían "algo". Era cierto que había comenzado a sentir algo por su profesor, y por eso mismo, había tomado la decisión de cortar con aquellas tardes divertidas a su lado. Porque no quería que ese "algo" con Mitsuki se perdiera. Mirando a través de un vidrio en una calle lluviosa, Chouchou decidió que había sido una decisión estúpida, y que Mitsuki no valía la pena. También estuvo segura de que el chico estaba completamente enamorado de ella, pero que tal vez él no lo sabía.
Que basura.
No iba a desperdiciar su tiempo con niños que ni siquiera estaban enterados de sus propios sentimientos. Ella se merecía algo más, algo mejor.
Dio media vuelta y se alejó, esta vez sin siquiera cubrirse la lluvia con su mochila.
Dentro de aquella tienda de ropa, estaba el joven de pelo plateado con una chica delgada, de tez blanca y abundante cabello sedoso colgada del brazo.
No supo cuánto tiempo caminó, simplemente lo hizo aguantando el frio y los pozos de agua que ahora eran sus zapatos. Finalmente llegó a una parada de autobús donde se sentó a esperar para poder regresar a casa.
Después de un rato, un coche se detuvo frente a ella. El vidrio del copiloto bajó, revelando una conocida figura.
—Sube—le ordenó.
No lo dudó.
Apenas abrió la puerta, Sasuke apagó el aire acondicionado y ella subió, titiritando.
Le dio su saco sin mirarla y ella se lo echó encima como si fuera una manta, se puso el cinturón y se cruzó de brazos sin dejar de temblar, recargándose en la ventana.
Condujo un rato en silencio, no porque no quisiera conversar, sino porque sabía que algo malo había ocurrido. Tenía poco de haber empezado a conocerla mejor, pero sabía de ella lo suficiente como para darse cuenta de que aquel humor tan oscuro no era común en la jovencita.
Ella se mantuvo acurrucada en el asiento durante todo el trayecto.
Había dejado de llover cuando se detuvo en la misma esquina donde siempre la dejaba cuando pasaban los jueves juntos. Se estacionó, se quitó el cinturón de seguridad y estiró la mano al asiento de atrás, buscando algo. Chouchou se sonrojo levemente al sentir el cuerpo de Sasuke más cerca de lo que acostumbraba. Finalmente, el profesor encontró lo que buscaba y volvió a acomodarse en su asiento. Le entregó una sombrilla de color negro. La morena la tomó dubitativa.
—No vuelvas a salir sin ella.
Bastó que la mirara a los ojos para que ella comenzara a sollozar. Empezó a tallarse el rostro con la muñeca y el dorso de la mano, mientras Sasuke se giró hacia la ventana y se pasó una mano por el cabello, Naruto alguna vez le mencionó que tenía una cara de miedo cuando bebía, seguro la había asustado…
Le ofreció un pañuelo mientras miraba hacía la calle, recargando el brazo sobre la vestidura de la puerta. La chica lo tomó sin pena y comenzó a limpiarse las lágrimas que le recorrían hasta la barbilla. Sin embargo, no dejó de llorar.
La miró de reojo y el corazón se le partió en dos. Durante el tiempo que habían pasado juntos había aprendido que Chouchou era, probablemente, la niña con la autoestima más alta que había conocido, entendía por qué Sarada le quería tanto y porque siempre parecía feliz estando a su alrededor, era una muy buena influencia para su pequeña, había llegado a pensar que sus ojos ámbar iluminaban como el sol y que su sonrisa aperlada era como la luna, luciendo brillante y luminosa todo el tiempo…excepto en ese instante.
Algo tenía que haberla lastimado mucho para haberla dejado en ese estado.
Nunca supo si fue el alcohol el que le hizo perder control de sí mismo y que terminó por acabar con su increíble capacidad de auto prohibirse cosas, pero en aquel momento su cuerpo solo se movió. La envolvió en sus brazos y la niña se aferró a él, mientras su pequeño mundo adolescente se desmoronaba a su alrededor. Lloró escondida en su pecho durante una hora y Sasuke no la soltó. Le besó la cabeza varias veces y le acarició el cabello otras tantas hasta que su respiración se hubo calmado.
Ninguno dijo nada cuando terminó de llorar. La morena se tallo los ojos y agradeció el aventón a casa, le plantó un beso en la mejilla al hombre y salió del coche a toda velocidad, llevando consigo el paraguas negro que Sasuke le había obsequiado y dejando su saco empapado en el asiento del copiloto. Su corazón latió desbocado al haberse atrevido a cometer semejante gesto.
Abrazando la sombrilla sobre su pecho, se dejó caer en la cama, tirando todos los peluches de comida "kawaii" que estaban al borde de sus almohadas. Se sentía tan ensoñada que podría jurar que sus pupilas tenían forma de estrella. Cerró los ojos y recordó el aroma a colonia y whiskey que rodeaba a su maestro cuando este la abrazó, a pesar de que el hombre le había prometido dejar ese hábito que ella encontraba tan aburrido. Chouchou sabía que los adultos se embriagaban y cometían estupideces, igual que los adolescentes, pero a pesar de todo, Sasuke se había comportado como un total caballero aquella tarde.
El tono de su celular interrumpió su fantasía. Levantó el móvil arrugando el entrecejo al observar la pantalla que mostraba una foto de Mitsuki y ella haciendo la V de victoria. Le colgó sin siquiera contestar y a continuación entró a su galería para borrar las fotos que tenía con él.
Hola a todos :D
Esta vez tardé menos de dos años en actualizar, y por eso me siento orgullosa. Después del capitulo pasado no sabía como continuar esto. Tenia clara la idea de la conversación entre Sasuke y Naruto pero era todo lo que tenía y no quería que esto se enfocara en ellos dos (por mas que me gusten juntos).
Para ser honesta me habría gustado escribir el primer beso entre Chouchou y Sasuke en este capítulo, pero se sentía muy raro y forzado, así que mejor no ._.
Gracias a todos los que dejaron comentario la otra vez TTuTT espero vuelvan a hacerlo 3 y si son nuevos, dejen comentario, se los agradecería mucho 3
Me esforzare en actualizar un poco mas seguido, ya que vienen vacaciones yay :DDD
