¡Hola, lectoras! Antes que nada, gracias por darse una vuelta por aquí y leer esta historia, y gracias también a las que la agregan a sus alertas, favoritos, y se animan a dejar reviews ;) Lamentablemente, no había tenido tiempo para actualizar, pero las vacaciones llegaron y finalmente me estoy poniendo al corriente. Espero que les guste este capítulo...¡Disfruten!
Como alguna vez Shakespeare lo había anotado, si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar, pero afortunada-o desafortunadamente, esa no era mi situación en el momento.
Había llegado al New York Post temprano, y ni siquiera me había quitado mis auriculares o al menos le había dado un sorbo a mi café, cuando ya me estaban llamando para una junta. Esos días no eran de mis favoritos, verdaderamente.
Cuando entré a la sala de juntas, saludé a los compañeros que todavía no había visto aquel día sin ninguna intención de fingir sonrisas, y me senté en mi lugar asignado. Comencé a revisar mis correos electrónicos en mí teléfono, pero después de unos minutos lo guardé ya que solo había recibido un aviso de ofertas de Barney's y un link para un video que Jackie me había mandado advirtiendo sobre los peligros del tabaco y las bebidas con gas. Bostecé. Era muy temprano para atender una clase de Salud con mi hermana.
Poco después llegó el jefe, Jesse St James.
Antes de sentarse, saludó a algunos de mis compañeros, y después se dirigió a mí justo como lo haría el típico maestro que uno tiene en la secundaria, el cual es un poco molesto, y ama llamarte la atención.
-Buenos días, Rachel…
Traté de sentarme derecha, y a la vez, no dejar que me incomodara.
-Buenos días, Jesse…
-¿Podemos comenzar, por favor?-inquirió Blaine, revisando su agenda.-Necesito empezar con mi día de trabajo ahora mismo… ¡hay mucho que hacer!
Solté una risita interna por la descarada llamada de mi mejor amigo, ya que, casualmente, él siempre podía decir todo lo que yo estaba pensando, aunque a su manera. Y definitivamente me agradó el hecho de que interviniera.
Jesse tosió, componiéndose.
-Muy bien, equipo, es momento de comenzar…-anunció, tomando asiento y acomodando carpetas sobre la mesa.
Parpadeé un par de veces, y luego de que mi compañera Laura me diera un codazo por estar un poco ida, me concentré en las instrucciones que nuestro jefe empezó a darnos, y me preparé finalmente para otro día más en el trabajo.
Una vez que se acabó la reunión, al parecer me distraje ya que apenas Jesse la dio por terminada, todos se escabulleron inmediatamente y yo, justamente, fui la última en salir de la sala.
Me puse mis auriculares, subí el volumen de mi reproductor, y tuve la intención de dirigirme a mi espacio, cuando, desafortunadamente, Jesse me llamó.
-Hey Rachel, ¿Cómo te va?-inquirió de pronto.
Tuve que bajar el volumen de mi música y retirar un audífono para poder atenderlo.
-¿A mí? ¡Increíble!-exclamé-Ahora con tu permiso, me voy a trabajar…
Jesse puso los ojos en blanco y alzó su mano para hacer que me detuviera. Si no fuera porque aún me encontraba un poco desorientada-y fastidiada-por el hecho de que se estaba interponiendo en mi camino, probablemente me ofendería, pero la realidad era que nunca había sido tan lenta como en ese momento. Cuestión de suerte, tal vez…
-¿Qué vas a hacer esta noche?-insistió, su mirada intensificándose, sus ojos enfocándose más en mí…
Por esa misma razón no me agradaba tanto la idea de involucrarme con él en otra cosa que no fuera el trabajo. St James era un hombre demasiado intenso, y digamos que yo era la chica equivocada para usar como prueba de conquista.
¿Para qué intentaba hacerlo, de cualquier manera? La última vez que mis compañeros y yo cotilleamos acerca de su vida privada tuve entendido que se había vuelto a casar y había llegado a un buen acuerdo con su ex esposa para la manutención de su hijo.
¿A dónde quería llegar? ¿Qué quería intentar?
Solté un largo suspiro.
-Voy a…continuar trabajando en mi libro-respondí, y luego me callé.
Jesse no parecía decepcionado, y para mi sorpresa, no siguió insistiendo, sin embargo, me mandó una de esas miradas que te hace sentir culpable a pesar de que tú no fuiste la que cometió el crimen.
Y por eso mismo, aún tenía los auriculares puestos. Algunos podrán considerarlo grosero, y probablemente lo es, pero al menos así podía evitar una situación incomoda, especialmente si mi jefe trataba de abrir su boca de nuevo, así que estuvo bien.
Miré mi reproductor sintiendo un poco de nervios, y jugué con él mientras esperé a que Jesse me dejara retirarme. Suspiró resignado y tragó saliva, después milagrosamente se apartó.
-De acuerdo, nos vemos más tarde, Rachel-dijo, caminando hacia su oficina y sin mirar atrás.
Definitivamente fue un momento confuso ya que no sabía si sentirme mal por haber sido honesta, pero no tan abierta, o asustada por la intensidad con la que se dirigía a mí…o aliviada por haberme zafado de él.
¿Qué había sucedido, para variar?
A lo lejos, visualicé a Blaine, que me estaba haciendo señas para que me acercara y comenzáramos nuestra sesión de cotilleo con Laura, Sam, y Mimi antes de ponernos verdaderamente a trabajar, entonces me sacudí cualquier rastro de incomodidad, levanté la vista y caminé hasta encontrarme con mi amigo, entrando lentamente de nuevo en mi zona de confort…
Dos horas después…
-Blaine me dijo que la sala de juntas es segura en este momento-me informó Laura, mientras yo me encontraba haciendo unas ediciones-¡Vamos!
-Un momento…-pedí-¿Qué está sucediendo? Pensé que ya habíamos acabado con nuestra sesión de cotilleo y…
-Esto es urgente, querida-me interrumpió-St Jerk nos dio un ultimátum a Mimi y a mí.
-¿Cómo?-me puse de pie, sobresaltada.
-Nos escuchó otra vez hablando del idiota que pronto será mi ex marido, y tú sabes que él lo idolatra porque fue su asistente cuando trabajaba en el Wall Street Journal…
-¿Qué sucede con Jesse hoy?-quise saber-Primero se pone a flirtear conmigo, y después les llama la atención a ustedes…Es decir, claro, es el editor en jefe, pero no tiene por qué meterse en las pláticas personales que tú tienes con los demás… ¿Qué no era este un periódico libre…o algo así? De acuerdo, creo que estoy hablando sin sentido, pero…me parece que ya es demasiado.
-¡En efecto!-convino ella-¡Y ahora vamos, que los demás nos están esperando!
Solté un suspiro, y entonces seguí a mi compañera hasta la sala de juntas.
Laura es una mujer genial y tiene el mismo tiempo que yo trabajando en el Post. Somos de la misma edad, y fuimos asignadas para crear juntas diversos artículos de opinión durante el periodo de elecciones del 2000 y el desafortunado ataque terrorista del 11 de Septiembre al año siguiente. Ya habíamos tenido que cubrir situaciones bastante desagradables antes, así que seguramente podríamos enfrentar a Jesse ya sin ningún inconveniente.
Camino a la sala de juntas, reí con Laura a pesar de que ambas estábamos más estresadas que nunca por el comportamiento de nuestro jefe, y yo no pude evitar preguntarme como es que su vida iba fuera del trabajo. Su cabello rubio dorado siempre lucía increíble, seguramente iba al salón de belleza con frecuencia, y sus tres pequeños varones eran un encanto…pero Laura se encontraba en proceso de divorcio. Como ella misma lo había mencionado, su ex había asistido a Jesse por un tiempo, y siempre se había encontrado haciendo mandados en grandes editoriales de la ciudad. A su paso por el Post, se había encontrado con Laura, y después de peleas, malentendidos-uno de ellos en el cual yo extrañamente salí involucrada, sin comentarios-, nos les quedó más que casarse, y hasta eso, formar una bella familia. Lamentablemente para los niños, decidieron separarse, y aunque Laura no se encuentra precisamente maravillada por las circunstancias, está feliz, se siente liberada y dispuesta a empezar de nuevo. Hace Pilates, yoga…se ve increíble, y si yo no fuera tan vaga probablemente seguiría su ejemplo, aunque ese es otro tema.
-Me temo que ya te enteraste-comentó Blaine, en un tono un poco dramático, cuando por fin nos reunimos con él, Mimi, y Sam.
-Por desgracia-asentí-Dios, la situación definitivamente ya ha empeorado. No nos habíamos reunido para tomar acción contra Jesse desde que…
-Hizo un drama porque encontró un pedazo de pastel de chocolate en mi escritorio-terminó Mimi-Lo sé, y eso fue hace muchos kilos, digo, años atrás.
Todos la miramos un poco desconcertados.
-¿Han…pensado en reclamarle?-pregunté, preocupada.
-Oh, cariño, si yo y el resto del grupo estuviéramos decididos a decirle a St Jerk sus horribles verdades habríamos empezado la Tercera Guerra Mundial desde hace mucho tiempo-espetó Blaine- Es increíble, en verdad… ¡Ni siquiera estamos en Vogue, y él ya se cree Anna Wintour! Aunque yo amo a Anna, que quede claro.
-El hombre probablemente está teniendo un mal día…-comentó Sam.
-¡Oh, no lo justifiques, Sam!-lo cortó Mimi-Nunca en mi vida me habían hablado como lo hizo él hoy…Ni siquiera cuando…
-Encontró tu pastel de chocolate en tu escritorio-terminé esta vez yo por ella-Y bueno, creo que…no vamos a llegar a nada si no decimos realmente como nos sentimos. Si nos quejamos, tenemos al menos que…mostrar la clase que tal vez él no muestra. ¿A quien le gustaría comenzar a decir lo que les molesta de él?
En un nanosegundo, todos levantaron la mano, y yo por poco y me reí ya que el momento me recordó básicamente a esa escena en Mean Girls donde la profesora está con todas las chicas en el gimnasio de la escuela y pregunta si alguien alguna vez se ha sentido personalmente victimizado por Regina George. Asentí, comprensiva. Los entendía totalmente. Jesse era un hombre indiscutiblemente difícil.
-Bueno, tal parece que siempre terminamos igual…-comentó Mimi, cuando tomamos un descanso para comer.
-Siempre nos acobardamos al último momento-se quejó Laura.
-A mí realmente no me gusta la confrontación así que…
Mis compañeras me miraron con decepción.
-Rachel, sabes que a veces una se tiene que defender…-comenzó Laura-Tienes que sacar tus garras y alzar tu voz…
-Convertirte en una bestia, si es necesario-asintió Mimi.
-Al final, si lo haces, y si lo hacemos obviamente con Jesse, nos sentiremos mucho mejor-continuó mi rubia compañera-Si no me hubiera atrevido yo a hacer un cambio, probablemente hoy seguiría con el estúpido de mi ex…
-Y aquí vamos otra vez…
-Y para decir verdad, me alegra haberlo dejado pero…no sé, a veces siento no puedo evitar sentirme mal-Laura hizo una enorme pausa-No hay nada peor que tener 34 años y ser divorciada.
-¡No hay nada peor que tener 34 y ser soltera!-la contradijo Mimi.
Solté una pequeña risa seca.
-No hay nada peor que tener 34 y ser viuda-comenté.
-De acuerdo, tú ganas...
Inmediatamente, bajé la vista con tristeza. Lo que menos quería era empezar a ponerme nostálgica de nuevo.
Salí del New York Post muy temprano, para mi sorpresa, y sin dudarlo, me dirigí inmediatamente a mi departamento. La sorpresa más grande, no obstante, me la llevé cuando casualmente tomé el ascensor y me topé con el Señor Hudson, o mejor dicho, Finn…de nuevo. Y estaba con una chica…de nuevo. Tenía, al menos, un estilo muy distinto al de Lisa.
Se veía mucho más joven, incluso más joven que yo-ouch- , era rubia y tenía unas piernas larguísimas.
Muchos podrían decir que era el perfecto estereotipo Barbie, pero su vestuario era demasiado gracioso para que lo fuera completamente, y esa observación no la hice con malicia. La chica de hecho tenía un rostro muy amable.
-Buenas…tardes-saludé, un poco sorprendida.
-Oh, hola Rachel…
Finn me sonrió, y luego de contemplarme por un nanosegundo comenzó a morderse el labio, a la espera de que tal vez yo dijera algo. Reaccioné rápido devolviéndole la sonrisa.
-Hola, Finn…
La rubia en medio de nosotros no pareció inmutarse por nuestra interacción. Estaba algo distraída con una agenda electrónica.
-Por cierto, Rachel…ella es Brittany-me presentó , ella es mi vecina…Rachel.
La chica alzó la vista del iPad que estaba sosteniendo y al igual que el hombre a su lado, me sonrió con amabilidad, y después me dio la mano.
-Un gusto, Rachel. Yo…
-Oh, parece que aquí nos detenemos-la interrumpió Finn, justo cuando llegamos a nuestro piso.
Brittany se quedó ligeramente pasmada por un momento, pero después se encogió de hombros, y salió del ascensor sin más.
-Nos vemos luego, supongo-comentó antes de dirigirse al departamento 15.
-Nos vemos, Rachel-Finn sonrió de nuevo, casi cegándome.
Asentí, un poco confundida, y entonces cada uno se dirigió a su lugar.
Inconscientemente, me quedé viendo a Finn y a su acompañante mientras entraban al departamento y después cerraban la puerta a sus espaldas.
Últimamente, Finn y yo extendíamos mucho nuestras pláticas en caso de encontrarnos en el ascensor, y realmente sentí algo extraño cuando esta vez nuestra conversación se había reducido a algo…así, pero al mismo tiempo no era para preocuparme. Él estaba con una chica, y lo entendía aunque… ¿no me había dicho semanas atrás, justamente, que quería estar soltero por el momento? Claro, tal vez se podría tratar de alguna aventurilla-y nuevamente, no era de mi incumbencia. Decidí que el simple hecho de estar analizando la situación de mi vecino ya era algo bastante inapropiado y sin ninguna substancia, así que fácilmente me olvidé del asunto y por fin entré a mi departamento. Sally me recibió de buen humor y juntas disfrutamos el resto de la tarde. Una vez que oscureció, tomé mi laptop y continué trabajando en mis escritos. Muchos pensamientos que se me habían venido a la cabeza durante esas horas de ocio tenían que ser plasmados urgentemente…
Días después, mientras iba en el taxi que estaría por dejarme en mi departamento, un deli que visualicé por la ventanilla captó mi atención y de inmediato le pedí a mi conductor que se detuviera. El hombre frenó en un nanosegundo, y después de asegurarle que no tenía que quedarse a esperarme, le pagué y salí apresurada del vehículo para luego quedarme de pie en la banqueta viendo como éste se alejaba. En un minuto, volteé hacia el local que tenía frente a mí, y leí el letrero principal. Suspiré, y entonces entré.
Estaba decidida a comprarme un buen vino, aunque yo casi no consumía alcohol-pero ya se me estaba haciendo costumbre-y fue entonces, cuando miraba entre botellas de tinto que me pareció escuchar voces conocidas…al menos a una la conocía muy bien.
-¡Oh, una llamada!-se sorprendió Brittany, luego de escuchar un tono enérgico proveniente de, supuse yo, su móvil.
Volteé justo cuando la tomó y en ese momento la chica habló y le guiñó un ojo a Finn.
-De acuerdo, no necesito mirar….-murmuré.
-Creo que voy a ir a la sección de vinos mientras estás en el teléfono…-dijo Finn.
Oh, aquí viene, pensé nerviosa.
Por un momento incluso consideré la idea de escabullirme, pero supe que era una completa tontería. Y también era demasiado tarde. Finn me dirigió una sonrisa misteriosa y rápidamente se mordió el labio antes de hablarme.
-Hola-saludó, con un tono sorprendido y risueño-Es raro toparme contigo en un lugar que no sea el ascensor…
Le sonreí de vuelta, y finalmente decidí relajarme. Finn tenía una actitud positiva pero estaba hablando con calma y no parecía estar dispuesto a bombardearme con un discurso. Definitivamente, él sabía lo que tenía que hacer.
-Lo sé, es…muy extraño, pero me alegra verte-admití.
Segundos después me pregunté si tal vez había dicho algo demasiado atrevido para el nivel de nuestra relación. Finn no se inmutó, pero de cualquier manera yo quise corregirme.
-Es decir, claro, es…bueno hablar contigo.
Me callé antes de continuar desconectando oraciones. Soy escritora, y sé todo acerca de las palabras, pero por algún motivo, con Hudson no siempre podía juntarlas y hacerlas sonar bien. Era frustrante.
Mi vecino asintió ante mi débil comentario, y al poco tiempo reparó en la botella de vino que estaba en mis manos.
-Ese vino es de mis favoritos-mencionó-¿Lo llevarás? Es una muy buena elección.
-Supongo-respondí-Mi hermana Jacqueline lo bebe de vez en cuando, y yo realmente no tomo tanto alcohol, pero…decidí que tal vez sería bueno tener una botella ahí guardada…
-Siempre es bueno-rió él.
Y entonces, luego de un silencio que se aprovechó para solo mirar a nuestro alrededor, Brittany se acercó sonriendo, y después nos contempló a ambos.
-Oh, hola…que coincidencia-dijo, sin apartar su vista de mí.
-Lo sé-reí, un poco incómoda-Yo solo venía por un…vino.
Brittany asintió, y después se dirigió a mi vecino.
-Señor Hudson, la secretaria de Moore me dijo que a su jefe se le presentó una reunión con unos socios extranjeros a la hora que habían acordado verse, y lamentablemente no podrá estar con usted, pero dice que mañana mismo puedo hablar para ponernos de acuerdo en una fecha en la que los dos puedan juntarse.
-Me parece bien-dijo Finn- Asegúrate de hacer la llamada mañana temprano.
-Desde luego…
Para eso, Brittany sacó su agenda y comenzó a escribir. Y yo me quedé más desconcertada que nunca. Finn me observó con curiosidad y después soltó una risita.
-¿Qué te pasa?-me preguntó.
Me quedé pasmada por unos segundos más, pero cuando regresé al planeta Tierra no me quedó más que echarme a reír también.
-Entonces… ¿Brittany trabaja para ti?
-Soy su tutor-admitió él-Y bueno ella es, claro, pasante.
-Estoy estudiando Administración, y decidí hacer una pasantía-continuó ella-Lo que no me esperé, desde luego, es haber sido seleccionada para trabajar con el señor Hudson. Ha sido un honor…
-Oh, por favor…-intervino él, modesto.
-Es verdad-afirmó Brittany-Mi madre está celosa, realmente lo encuentra atractivo.
-Oh Dios…
Sin poder evitarlo, continué riendo. Aquel había sido un verdadero malentendido, y realmente me sentí algo tonta por haber supuesto otras cosas, pero al final de cuentas, soy humana, y Hudson sí tiene sus seguidoras, así que es natural que me hubiera confundido.
Pasaron los minutos, y de pronto me sentí extrañamente cómoda charlando con Finn y Brittany. Ambos me explicaron lo que era el programa de pasantías y lo tanto que beneficiaba a los que se involucraban en él.
Entonces me di cuenta de algo…
Yo también necesitaba un pasante…
Necesitaba a alguien que me ayudara a organizarme, y sobre todo, a alguien a quien le pudiera dar órdenes-con amabilidad, desde luego.
Según Hudson, afiliarse al programa era mucho más fácil si tenías buenos ingresos y una carrera estable, y no quisiera presumir, pero si de algo estaba orgullosa en esta vida, era de mi profesión y todos los logros que había obtenido gracias a la motivación de triunfar en ella.
Tal vez tener a alguien asistiéndome podría traer muchos beneficios, en efecto, para ambas partes…
Luego de pasar todos los requerimientos necesarios para convertirme en tutora, dejé mi número y mi oferta para que me contactaran. Al día siguiente de haberlo hecho, ya estaba recibiendo sin parar respuestas de alumnos de Comunicaciones.
Me sorprendí, y también sonreí. Aquella nueva experiencia me mantendría ocupada de una manera diferente, pero lo más importante… ¡iba a tener un asistente!
Emocionada, tomé la taza de café que tenía en ese momento a mi lado, y comencé a leer todos los perfiles de los aspirantes que se habían apuntado a mi propuesta.
Pasé casi una semana revisando historiales, y con la ayuda de mis compañeros del periódico, elegí finalmente al candidato con el que estaba deseando trabajar.
La Universidad en la que estudiaba también ayudó mucho en la selección, y al final no quedó más que dar la noticia y concretar una cita.
A las cinco de la tarde de un miércoles, un taxi me dejó en un Starbucks de West Village, y entonces me reuní con Rory Flanagan, un destacado aspirante a comunicólogo que estudiaba en Hunter College.
-Entonces, Rory…
-Vengo de una familia de imigrantes-explicó, mostrándome su carismática sonrisa-Y deseo algún día tener mi propio programa de radio.
-Oh, esperas ser locutor-me sorprendí.-Bueno, el futuro es para los soñadores apasionados.
-¿Es eso el resumen de una cita?-adivinó.
-Desde luego-reí-Las citas de Eleanor Roosevelt son como mi mantra.
-Genial…
-Geniales son los planes que tienes para ti-lo felicité.
-Claro. Estaba pensando en eso o en ser chef, pero esta carrera me cautivó…
-Bueno, me alegra que trabajarás conmigo porque yo nunca he preparado nada en mi vida.
-¿Nada?-se sobresaltó.
Negué con la cabeza. No estaba realmente avergonzada. Cada quien posee sus talentos, y aquel no era uno mío. Después de todo, no tenía que cocinar para nadie y aprender no era algo que me quitara el sueño. Por otro lado, aprecio la buena comida, y el hecho de que Rory estuviera yendo a mi departamento dos veces por semana para seguir mis indicaciones me ponía tan contenta como nunca me lo hubiera imaginado. No me veía como una jefa malhumorada, mandona, ruidosa, arrogante, o molesta-ejem, Jesse, ejem-, pero esperaba que Rory pudiera serme de gran ayuda, y por el entusiasmo que plasmaba, supe que formaríamos un buen equipo. No podía esperar para empezar a trabajar con él.
Luego de conocer más acerca del otro, Rory y yo decidimos dar una vuelta por la bien conocida ciudad, y por alguna razón, terminamos estancados en medio de un tumulto de gente recorriendo Wall Street. Algunos protestaban, otros daban paseos turísticos, otros se trasladaban a sus centros laborales…era como un día más en la ciudad, y en momentos de hecho me atreví a tomar notas que me ayudarían con mi columna. Finalmente nos posicionamos a una corta distancia de la entrada de la Bolsa de Valores.
-La gente hace mucho ruido aquí-comentó Rory.
-Lo sé-suspiré-Tal vez no es el lugar más conveniente para mí. Siento como que estoy de nuevo en la cocina de mi abuela Barbra.
Mi pasante soltó una carcajada.
-Siempre me he preguntado que es los grandes empresarios piensan de los que vienen a invadir su espacio. Parecen unos tipos demasiado…recatados.
-No todos son así-reflexioné-Yo conozco a alguien que…
Y entonces, mientras me ponía de alguna manera a defender a mi vecino por aquella generalización, el mismo Finn Hudson salió, al parecer, del edificio frente a nosotros.
Al principio, no pensé que fuera él, sin embargo, mientras más se acercaba me di cuenta que, en efecto, Finn era el hombre que se aproximaba. Había acabado con una llamada en el teléfono y de inmediato se guardó éste en un bolsillo de su elegante saco. Su mirada se perdió hacia las banquetas y el área de la atestada calle en busca de algo. Decidido, caminó para el frente sosteniendo con firmeza su portafolio. Su mirada, lamentablemente, no lo previno de quien se encontraba en el paso, y antes de que chocara con mi pasante, llamé su atención.
-¡Finn!
-Oh, Dios mío… ¡Rachel!
-Hola-saludé, apenada.
-Hola-nos dimos un cordial y rápido abrazo-¿Qué haces aquí?
Reí.
-Oh, Rory y yo solo decidimos dar una vuelta-expliqué.
-¿Quién?
Finn volteó a ver a mi pequeño irlandés, confundido.
-Finn, te presento a Rory. Rory, este es Finn Hudson, mi vecino.
-Encantado de conocerlo, señor Hudson-dijo él, dándole la mano.
-Aun no lo entiendo-insistió Finn-¿Quién es este chico?
Deseé haber podido jugar un poco más con el tema, pero Hudson realmente no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo, así que decidí explicarle.
-Rory es mi pasante-admití.
-Oh…eso lo explica todo-sonrió-Me alegra que te hayas unido al programa.
-Me pareció divertido-mencioné-Y al parecer, ganamos todos.
-¡Exactamente!-convino Rory.
-De acuerdo, chicos, me gustaría quedarme más a charlar, pero…no encuentro a mi chofer y…
-¿Tienes chofer?-lo interrumpí, atónita.
Finn me respondió echándose a reír.
-Pensé que ya lo sabías…
-Ehh…no. Desde que te conozco, no te he visto con ningún chofer…
-Bueno, el mío es discreto-comentó-Tal vez por eso no lo habías notado.
-Claro-repliqué.
-No-observó de pronto, mirando hacia la calle-Todavía no está aquí.
-¿Por qué no tomas el metro?-pregunté, con curiosidad.
Hudson me miró como si le hubiera contado el mejor chiste de la historia. Rory estaba un poco perplejo, y yo también, para el caso.
-Yo…realmente no me subo al metro-admitió-Ya no. Por algo pedí un auto con conductor incluido.
Aún no podía creerlo. La mayoría de mis amigas se han rehusado a tomar el metro desde lo que puedo recordar, últimamente Blaine y mi hermana Jackie han tomado la misma estúpida decisión, y ahora resultaba que Hudson también se unía al grupo. Al parecer yo era de las únicas que podía tomar el transporte público sin ningún problema… ¿qué estaba pasando con los neoyorkinos?
-Bueno, si esa es tu manera de transportarte…
-Oh, por fin llegó mi auto-anunció Finn, mirando muy por encima de mi.-Tengo que correr… ¡Nos vemos después!
-¡De…acuerdo!-le respondí, todavía desconcertada.
Para eso Hudson ya había desaparecido.
Rory me miró por un momento y después soltó una risotada.
-¿Qué?
-Nada, madame-hizo una pausa-Es solo que su vecino verdaderamente parecía hablar en serio cuando dijo que quería verla después.
-¡Oh, cállate!-espeté, siguiéndole el juego.
Por la noche, me senté en una esquina de mi cama con la mente prácticamente en todas partes.
Apenas había llegado a mi departamento, y recibí una llamada de Blaine diciéndome que esa noche las chicas y él querían salir a un club, y yo, lo quisiera o no, no iba a faltar. Ni siquiera me dio tiempo para relajarme, ya que también me había dejado mensajes en el contestador, y a pesar de que no tenía ni un 1 por ciento de ganas de salir, la insistencia de mi amigo me venció.
-Soy muy perezosa para ir ahí-le dije un millón de veces por el teléfono.
-No me importa-repuso él. -Celebraremos esta noche simplemente porque así estaba escrito en mi agenda, y tú estás a bordo. ¡Nos vemos en media hora!
-Eres demasiado mandón-me quejé, y al poco tiempo colgamos.
Naturalmente, rezongué conmigo misma, y luego de pensarlo un poco, acepté finalmente salir a despejarme.
Terminé de arreglarme, le dejé comida a Sally, me despedí de ella, y entonces me fui.
Tina y yo contamos hasta tres, y entonces ambas nos empinamos un shot de una mezcla interesante que habían preparado para nosotras.
-Me encantan los bares gay-comenté, sonriendo.
-A mí también me encantan-agregó ella.
-Me encantan los gays…
-Lo sé…
¿A qué se debía esa plática en particular?, muchos se preguntarían. La causa de nuestro buen humor, se debía, precisamente, a que nos encontrábamos en un bar gay de la calle 51. Blaine nos había reunido ahí con el propósito de pasar un buen rato, y hasta el momento, íbamos muy bien.
Mi mejor amigo y mi hermana Jackie se habían escabullido, y según tenía entendido, se encontraban en alguna parte de la pista de baile. Tina y yo, mientras tanto, nos estábamos deleitando con unas bebidas en la barra.
Justo en ese momento, planeé decir algo pero el hecho de que Blaine se estuviera acercando con una tiara en la cabeza me detuvo.
-¿Dónde conseguiste eso?-quise saber.
Tina se sobresaltó al verlo.
-Oh, Blaine, te ves tan lindo…
-¡Ya basta!-pidió él, divertido-Aunque…podría verme mucho mejor si tuviera puesta la chaqueta de cuero de mi increíble Rachel…
-¿Qué? ¿Esta chaqueta?-pregunté-Para nada, hace frío aquí.
Blaine me hizo un puchero, y yo no pude hacer más que encogerme de hombros. A mi mejor amigo le encantan las tiaras, y yo no puedo vivir sin mi chaqueta de motociclista. Así es la vida.
-Por cierto…-continué-Tengo que felicitarte, B. Escogiste un lugar genial. ¡Me encanta! Nadie está mirando lo que no me tiene que mirar, ¡y tampoco a mí, para el caso!
-Bueno, tal vez a ti no… ¡pero a mí sí!-se emocionó, viendo a lo lejos-¡Nos vemos!
Luego de que se esfumó, volví a hablar.
-Eso fue rápido.
-Entonces, vamos a tener que brindar por él-dijo Tina, alzando su bebida.
La imité, y acto seguido juntamos nuestros tragos.
-¡Por Blaine!
Luego de haber ingerido el alcohol, mi amiga y yo nos miramos. Finalmente nos echamos a reír y continuamos con nuestra fiesta. Al poco tiempo, Tina se dirigió a la pista de baile. Y aparentemente, Tina y Jackie no habían sido las únicas que se habían dejado llevar por la música. De alguna manera yo terminé bailando con una drag queen, y yo ni siquiera sé bailar. En general, aquella había sido una buena noche...
Lamentablemente, la noche resultó ser buena hasta que llegué de nueva cuenta a mi departamento. Cuando el ascensor me dejó en mi piso, caminé lentamente por el pasillo hasta detenerme frente a mi puerta.
De la nada, esa angustia tan absurda y descarada que se apoderaba de mí en ciertas ocasiones se hizo presente. Un irremediable nudo en mi estómago se formó en cuestión de segundos, y éste me apretó hasta el punto de cerrarme la garganta. Nada había sido culpa del alcohol, lo sabía perfectamente. En mi memoria flotaban pensamientos con claridad y las lágrimas poco a poco se acumularon en mis ojos.
¿Qué está pasando?, quise saber. ¿Qué está pasando ahora?
Silenciosamente, comencé a sollozar y mi corazón latió todavía más fuerte cuando escuché una puerta vecina abriéndose abruptamente.
La habitante de al lado, la señora Wilson, salió de su departamento con la intención de expulsar basura, e inevitablemente, se encontró conmigo, aunque estaba realmente distraída como para darse cuenta de lo que verdaderamente me estaba sucediendo.
-Oh, hola, querida-me saludó-¿Qué haces parada ahí?
-Solo…estoy pensando, señora Wilson.
-Bueno, más vale que no te pongas a pensar toda la noche. Es cierto que necesitamos un guardia en el pasillo, pero no creo que tú seas la indicada para serlo, querida.
Estaba tan absorta en mi reciente situación que ni siquiera me tomé la molestia de ofenderme o responderle algo a cambio. Para empeorar las cosas, los sollozos se intensificaron un poco más…
La señora Wilson me contempló con mortificación.
-Descuide, señora Wilson-la tranquilicé-Estoy bien, y mi intención no es fastidiarla ni a usted ni a su esposo.
-Bueno, pues…avísame si necesitas algo, querida…
Asentí, y traté de componer mi expresión hasta que mi vecina se dio la vuelta y entró a su departamento, entonces volví a dejar que el llanto me utilizara.
Un minuto después, las puertas del elevador se abrieron, y Finn Hudson se dirigió hacia su puerta con el cansancio marcado en el rostro. Rápidamente reaccioné, y traté de buscar mis llaves para entrar a mi departamento, pero nuevamente era muy tarde. Hudson se percató de mi presencia, y con su rostro mostrando preocupación, se acercó a mí de inmediato.
-¿Rachel?-me tomó del brazo-Rachel, ¿estás bien? ¿Qué sucede?
-Yo…yo…-de pronto, tuve problemas para articular-Estoy bien. Esto no es nada.
-Pero Rachel…
-¡No tengo nada!-estallé, soltándome de él.
Al hacer el brusco movimiento, de alguna manera "reboté" contra su pecho, y al levantar la vista sus ojos se encontraron con los míos. Inconscientemente, su rostro se acercó al mío y los dos nos quedamos congelados por un momento.
Un momento demasiado largo…
Justo a tiempo, Finn puso su distancia, y sin dejar de mirarme, respiró profundamente.
-Estaré en mi departamento si necesitas algo-me dijo, tragando saliva.
Asentí con debilidad, y lo observé alejándose. Mi mente todavía seguía perdida cuando él se fue…
Lloré fuerte y silenciosamente una vez más, y luego tomé mis llaves y entré a mi departamento.
Sally no se veía por ninguna parte, y supuse que estaba descansando, así que no me entretuve más e inmediatamente me dirigí a la cama.
Ahí, me recosté y volví a sollozar inconsolablemente hasta que por fin me quedé dormida…
¿Y? ¿Qué les pareció el capítulo? Espero que les haya gustado, y por favor, por favor...por favor, dejen reviews :) Se los agradecería mucho para poder actualizar pronto, además, solo les tomará muy poco. Estoy ansiosa por saber lo que piensan de la historia hasta ahora :D
¿Qué creen que está sucediendo con Rachel? ¿Y qué sucederá con Finn? ¡Estén pendientes!
Por último, aprovecho para desearles a todas las que están leyendo una feliz navidad y en caso de que no actualice antes, un muy feliz año nuevo. Que sus deseos se cumplan y que disfruten completamente esta época. Oh...¡y no se olviden de dejar sus comentarios! xD
¡Gracias por leer! ¡Hasta el próximo capítulo!
