La nieve estaba presente, cubriendo un poco el pasto verde que ya estaba empezando a salir; un mes mas de invierno pero acompañado de un cálido sol.

Un mes.

Había pasado desde que todo inicio. La muerte de su padre fue uno de los sucesos de ese tiempo transcurrido , al igual que otras cosas más.

Sin falta ese día observaba esa roca de tamaño mediano con algunas palabras en ella. Se trataba de la tumba de su difunto padre.

"Un gran guerrero, un honesto hombre y un buen padre."

Le había pedido ayuda al señor Enzo, para crear una lápida digna a su padre y colocarla en el lugar donde lo habían sepultado. Un frondoso árbol de grandes hojas y verde vista se encontraba ofreciendo una agradable sombra al lugar del entierro. Todos los días, desde que acepto estar bajo el techo de esta familia, visitaba la tumba del gran samurai.

-Tantas cosas han pasado, padre.- Sus pensamientos vagaban aun a sus 10 años de edad.

Su vida fue tranquila siempre bajo el cuidado de su padre. A pesar de que trabajaba como guardia secreta del mismo emperador, siempre vivieron una vida tranquila y modesta. Aun así siempre estubo a su lado en su corta vida; aprendiendo de él, a pesar de haberse vuelto a casar con otra mujer y tener otro hijo cuando su madre falleció, siempre estuvo con él.

Se sentía vacío y solitario.

En ese momento sus pensamientos fueron interrumpidos por un golpe suave y frío en su nuca.

O bueno, no tan solitario, ni tan vacío...

En segundos, Sesshomaru volteo sobre sus talones cubiertos por unas cálidas botas negras de cuero. Y con una posición de defensa volteaba cuidadosamente en varias direcciones.

Sabia que estaba siendo un blanco fácil para su enemigo, tenía que moverse y así contraatacar con la misma arma.

Se agachó lentamente y tomo en sus niveas manos algo de nieve para crear un arma poderosa. Una bola comprimida de ese blanco y frío material.

Su mirada ambarina se torno calculadora y paseando su vista por el campo abierto del bosque blanquecino, se concentró en buscar a su agresor. Divisó unos arbustos con una fina capa de nieve, árboles dando inicio a la dirección del bosque. Y un frondoso árbol en medio del campo y algo cercano a su posición. Ese árbol tenía unas ramas delgadas y entre dos de ellas sostenían a duras penas una capa gruesa de nieve.

-A lo mejor esta...

El pequeño ambarino dio media vuelta y camino para ocultarse tras el árbol donde llacia aquella tumba. Tenía un plan y era hacer que su enemigo lo buscase.

A los pocos segundos, su plan se lleva acabo. Ve un poco de tela de una yukata asomarse por el árbol de en medio. Divisó un arbustro a unos pasos de él, giro y dando una voltereta se escondió tras dicha planta.

Su enemigo mortal, como él lo llamaba; asomo parte de su cuerpo, dejando el blanco fácil para Sesshomaru; aprovechando así arrojar con todas sus fuerzas su arma poderosa, dando en el blanco en aquellas ramas delgadas que a su vez se cortaban y la capa de nieve caía en la cabeza de su agresor. Ocasionando, un monticulo de nieve.

-¡AH!

Gritó aquel enemigo, dando a conocer, su derrota.

Y después de ver a Kagome con un montón de nieve encima. Rieron los dos jugando en la nieve.

[...]

Desde su cabaña, los observaba. Ese muchacho se había ganado el corazón de cada integrante de la familia. Aun recuerda como batalló para ganarse su confianza, aun que claro está, todo fue gracias a sus hijos por insistir y rodearlo de alegría. En especial su quería Kagome que siempre tenía ese efecto en las demás personas.

Con una sonrisa al ver que jugaban su pequeña y el niño albino, prosiguió con su labor. Había empezado un nuevo proyecto hace ya un par de semanas desde que Sesshomaru había conversado con él.

Al caminar a su taller y ver a lo lejos como su hijo Sota avivava la llama del gran horno, recordaba las palabras de esa ocasión...

"Señor..."

"Ya te he dicho que puedes decirme Enzo"

"Es- Esta bien, Enzo. Quería decirle que estoy muy feliz aquí, pero quiero entrenarme e ir tras los asesinos de mi padre. Ya lo he pensado"

"¿Venganza? Hijo, no ganarás nada... Pero si ya lo pensaste.Será tu elección. Sabes que puedes regresar cuando quieras."

Sonrió a su primogénito tras recordar las palabras del ambarino. Tomo el martillo y con unas pinzas grandes que Sota le pasaba, tomo un filo de espada opaco y algo sucio.

"Gracias Enzo, espero ser un gran Samurai".

La determinación estaba en los ojos dorados del muchacho. Pero veía odio y rencor. Pero esperaba que con el tiempo entendiera que no era la solución.

Y el martillar y las chispas se presentaron sin temor.

[...]

Pasado un mes mas el inverno casi se despejaba en su totalidad, el sol tibio y en su gran posición se hacia presente.

Pintaba un gran día. O eso se pensaría.

Esa mañana fresca, sin escuchar a la familia despertarse, tomo su bolsa improvisada con sus cosas y algo de comida. Listo para emprender lo que sería un gran viaje.

Sesshomaru asomo su cabeza tras abrir un poco la puerta corrediza de su habitación; no había nadie así que a paso lento y silencioso salió.

La nieve cada vez era menos. Ya solo había una delgada capa, donde sólo los pies se hundían un poco. Sesshomaru cerro la puerta tras de él y comenzó su andar mirando algunas veces tras de él. ¿ Extrañarlos?

Claro que lo aria. Ellos habían dado mucho este tiempo trágico. Comida, agua, duchas, ropa y principalmente,confianza. Pero el tenía algo más por hacer y no estaría en paz, sin cumplirlo.

Extrañaría la comida de la señora Sonomi, las sonrisas del señor Enzo, las prácticas de pelea y espadas de madera con Sota y claro... Ese par de ojos azules que lo cautivaban.

Ella...

Pequeña y linda; había curado su corazón con su insistencia y ternura. Adoraba siempre dejarle un beso en la frente y molestarla. Pero con recuerdos vividos y gratos,aun continuó con su marcha.

Esa mañana, temprano había abierto sus ojos, algo no estaba bien y, a pesar de ser pequeña, lo sentía. Y su madre siempre le dijo que confiara en sus presentimientos. Se levantó y corrió, sin hacer ruido a la habitación que era oficina de su padre. La cual no era permitido entras más que él lo dijera. Para evitar las travesuras.

Al fondo, frente a ella se encontraba un estante de madera pulido para espadas, vacías a excepción del último peldaño de arriba hacia bajo.

Una espada larga de funda negra y mango color dorado, descansaba en dicho lugar. Y ella sabía quien era el dueño de tal objeto.

"Ven Kagome"

Su padre estaba en la oficina con la puerta emtre abierta. Ella solo pasaba por ahí, en busca de Sesshomaru y Sota para jugar.

"¿Papí?"

Al acercarse a su padre, vio por primera vez a esa espada. Su padre con un deje de tristeza, bajo la mirada y sonrió a su hija.

"Aunque él no te lo haya dicho, se irá. Y esta espada la hice para él".

Ella sabía que desde ese entonces las cosas cambiarían. Después de haber sentido ese curioso dolor en su pecho. No dudo en correr, cargar esa espada algo pesada y buscar al albino.

Con rapidez coloco sus pequeñas botas de piel color café y aun cargando aquella arma, corrió entre la nieve acomodando su bufanda y evitando tirar dicho presente.

No tan lejos de ahí, visualizo una cabellera corta y plateada y con lágrimas en sus ojos color del mar, grito con todas sus fuerzas.

-¡Sesshomaru!

Era un grito algo agudo, y no tan fuerte. Pero lo suficiente para que el pequeño peliplata lo escuchará y con asombro en su mirada, volteara sobre sus talones y viera a una pequeña niña tratando de cargar algo en sus brazos.

Ansioso y feliz, corrió a su encuentro y la abrazo dejándose caer en la nieve junto con ella.

Los sollozos se hicieron presentes. Gotas gruesas y saladas empapaban su abrigada yukata y mojaban las pequeñas mejillas.

Beso su frente como ya costumbre y la vio a los ojos.

-No llores, Mar.

Un lindo y corto apodo que secretamente guardaban los dos. Kagome recordó la primera ves que escucho decirlo.

-Bien... ¿Y cual es tu nombre?

-Sessho...maru. - Dijo mientras observaba esos ojos azules.

-¿Quieres comer? Esta rico, mi mamí lo preparó

-Mar...

Con gesto extraño miro al niño que se encontraba acurrucado en esa esquina. ¿Quería ver el mar?

-¿Mar? Pero esta lejos de aquí.

-No... Tus ojos. Son como el mar.

-Kagome, no llores.

-Es que te irás, y no tendré con quien jugar o abrazar.

Un leve sonrojo se realso en la nivea piel de Sesshomaru. Abrazó a su fiel amiga, con mucho cariño. Le dolía partir pero era algo que debía hacer.

-Mira Kagome, algún día volveré, te lo prometo.

- ¿En verdad? ¿Lo dices enserio?

La esperanza en sus ojos brillo como el gran mar azul en un buen día soleado.

-Claro que si Mar, y me veras realizado en un gran Samurai. Es más, tomá.

Kagome se encontraba frente a él sentada sobre sus propias piernas, el frío no le calaba. Ya estaba algo acostumbrada. Observo al albino sacare por encima de su cabeza un collar de plata con un dije en forma de una hermosa luna menguante del mismo material del collar.

Le colocó ese accesorio en su delgado cuello después de quitarle su bufanda roja. La favorita de Kagome.

-Cuidala, es tuya. Mi padre me la regalo. Esto nos ata a los dos y veras que yo regresaré.

-¡Gracias, es hermosa! Ten mi bufanda, para las mañanas frescas. Te queda bien el rojo. Y también, ten. - Dijo con una sonrisa mientras cargaba esa larga y pesada espada.- Mi papá me dijo que es para ti, para que te acompañe en tu viaje y en tus desiciones.

Sesshomaru se asombro por tal regalo, no esperaba una katana. Al tomarla sintió el peso y como pudo, la cargo y mostró un poco su hoja. Era plateada con un contraste de un gris oscuro, era el lado sin filo. En fundó su ahora arma y agrafecio mentalmente a Enzo.

La ato a su espalda junto con sus cosas y se puso de pie con la pequeña Higurashi.

Se despidió nuevamente de ella y se aseguró que caminara de regreso a su casa. Kagome volteaba al caminar, viendo a un Sesshomaru a lo lejos y que de un monento a otro, partió.

Cuando llego a casa, encontró a su padre parado en la entrada con una cobija en sus manos. Corrió el tramo que faltaba y lo abrazó.

Su padre sabía que era lo que ocurría y el motivo de su llanto. Al igual que también observaba los pequeños sentimientos que habían florecido entre ellos.

-Tranquila Kagome, era el deseo de él, tiene que cumplir además no estara sólo, tiene una familia lejana que lo apoyará.

Entre sollozos y nariz sorbeada sonrió a su padre. Pero a la ves tubo una idea brillante que aria posible el algún día ayudar a Sesshomaru y poder protegerlo.

-Papí, ¡Enséñame a ser una gran Herrera!

...