Descongelando al Invierno.
By S. Hisaki Raiden
(26 de Julio de 2014)
Los personajes de Metal Fight Beyblade pertenecen a Takafumi Adachi, yo sólo los tomo prestados para realizar este fanfic, sin fines de lucro.
Resumen:
¡Despertó del coma! ¡Los milagros si existen! Aunque él nunca había creído en ellos, la vida le estaba dado una segunda oportunidad… pero… al despertar, se encontró también con un demonio de cabellos rojos, que le quería quitar a su hermano… si todo eso era una pesadilla ¡Deseaba despertar! ¿Por qué tenía que ser en 24 de diciembre…?
Rating: T (12+)
Genero: Angst, Drama, Tragedy
Advertencias: Contiene Shonen–ai, (Relaciones sentimentales entre chicos o chicoxchico).
Notas de la Autora:
Ya mejor ni me disculpo, pero me puedo explicar, por más que tarte de mandar esta continuación antes me fue imposible por dos grades motivos: Número 1: Tiempo, tengo muy poco, tengo mucho trabajo últimamente, y número 2: Kyouya Tategami, ¡En serio! Él es un gran problema para mi, la única escena en que sale en este capítulo la escribi y borré fácil más de 10 veces, espero que la última haya sido la vencida ToT
En fin, he aquí el capítulo 4 de "Descongelando al Invierno" antes "24 de diciembre".
Gracias a todos por sus reviews y por la paciencia.
Gracias a: Ananeko123, a Gingana, a Sakura9801, a Hanako, a Sonikkun1, a Sicopata14 y a Grey Winter. Espero les guste éste capítulo también y les despeje algunas dudas.
Aclaraciones:
– Diálogos
"..." Resaltar palabras o frases;
–Cursiva– Recuerdos;
/…../ Pensamientos;
–MAYUSCULA Gritos.
(1) (2) (etc.) Aclaraciones al final del capítulo;
… Sin más preámbulos, vamos al fic…
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CAPÍTULO 4: Frías memorias.
Kyouya caminaba de un lado a otro, en la cima de la tercera estación habían pasado 10 minutos, quizás menos desde que había discutido con Kakeru…
…
–¡No le grites a Benkei! –Gritó Kakeru, repentinamente– ¡Yo vine porque TÚ me dejaste solo en el Hotel! Si no querías que viniera me lo hubieras dicho ayer, pero no ¡A ti sólo te importaba estar con Ginga, y yo no te importo!
–¿Y por qué crees que no quería que vinieras? –Se molestó, ¿Por qué Kakeru no quería entender lo preocupado que estaba?– ¡Que estés aquí es muy peligroso para ti!
Su hermanito se soltó de él.
–¡Ah, sí! ¡Pues si estabas TAN preocupado habrías venido conmigo a practicar como lo prometiste en casa! –Dijo con sarcasmo– ¡Pero a ti no te importan ninguna de nuestras promesas desde que estas con Ginga! –De nuevo con eso.
–Kakeru, ya hablamos de esto. El que esté con Ginga no quiere decir que dejes de ser MI hermano.
–… –Kakeru se había callado un momento, y luego volteó a ver a Ginga que ya estaba ahí. Miró como se deslizaba hacia Ginga mirándolo con enojo –¡TE ODIO! –Le gritó y lo empujó apartándolo de su camino, para después, deslizarse montaña abajo.
–¡KAKERU! –Gritó preocupado, estaban en zona alta, Kakeru no sabía esquiar. Quiso ir tras él pero recordó que no tenía esquís. Angustiado volteó a ver a Ginga. Quien tras reaccionar de la impresión miró a Kyouya y de inmediato se deslizó para ir tras Kakeru. Él corrió hasta la orilla mirando a Kakeru y a Ginga perderse tras la espesura de las coníferas.
…
En efecto Kyouya no llevaba sus esquís ya que mientras practicaba con Ginga en la mañana habían tenido un pequeño accidente que le rompió un esquí, ante eso Ginga sugirió regresar y estaban por hacerlo en cuanto miró a Benkei y a su hermanito justo dónde esperó no verlos. 10 minutos no eran mucho, pero la discusión, el enojo de Kakeru y el como trató a Ginga, todo no era buena señal, algo estaba mal… algo estaba muy mal…
Benkei lo miraba en silencio, algo definitivamente no estaba bien. Si hubiera pasado más tiempo el último mes con sus amigos se habría dado cuenta de que Kakeru no aceptaba la relación de su amigo con Ginga, pero aunque lo notó en ese momento era tarde, todo eso pudo haberse evitado de haberlo sabido antes. ¿Habría algo que pudiera hacer?
–Kyouya–san… –Le habló.
–¿¡Qué!? –Gritó volteando a verlo con molestia.
Benkei se sorprendió por ello, y Kyouya al ver su gesto, apartó la vista, ¿Qué estaba haciendo?
…
–¡No le grites a Benkei! ¡Yo vine porque me dejaste solo en el Hotel! ¡Si no querías que viniera me lo hubieras dicho ayer!
…
–Oye, pero ¿No iba a venir Kakeru contigo? –le había preguntado Ginga en la mañana.
–Es mejor que Kakeru no esquíe– dijo despreocupadamente.
–Pero ayer dijimos que iríamos todos… –Replicó el pelirrojo– ¿Se lo dijiste?
–… No, pero no pasa nada, mamá se lo dirá –respondió del mismo modo.
–Se va a enfadar, Kyouya –dijo Ginga preocupado.
–Deja que se enoje, al final es conmigo –dijo cerrando los ojos.
–¡Ojalá! Pero Kakeru está seguro de que soy una especie de secuestrador que quiero quitarle a su hermano mayor… ¿No me digas que no lo has notado? –Reprendió Ginga ofuscado con la indiferencia de Kyouya ante ese hecho.
…
Kyouya se llevó una mano a la frente levantando un poco la caía de sus cabellos… Todo eso era su culpa, al igual que la primera vez hacía tres años, quiso darle poca importancia a algo que no le parecía tan relevante y éstas eran las consecuencias…
–No quise gritarte… –dijo a modo de disculpa– Kakeru no sabe esquiar… creí que si lo dejaba en el hotel con eso lo mantendría fuera de peligro, pero sólo empeoré las cosas… igual que hace tres años… no soy un buen hermano mayor… y… y además ahora… Ginga también está… –Guardó silencio al darse cuenta de que le costaba mucho hablar. ¿Y ahora que le estaba pasando? Se sentía bastante preocupado, y de hecho tenía miedo… ¿Pero por qué? Sólo había pasado 10 míseros minutos de que Ginga y Kakeru se habían ido… ¿Y…?
–Kyouya–san –Se acercó Benkei– lamento haber traído a Kakeru… y no eres un mal hermano por esto…
–¡Necesito unos esquís! –Dijo Kyouya repentinamente girándose hacia la estación– ¡Tengo que ir por ellos!
–Pero… Kakeru si sabe esquiar –lo interrumpió, no entendía porque Kyouya se ponía así, no estaba acostumbrado a verle en ese estado– Tsubasa le dio una lección hace unas horas…
–¿Tsubasa? –Kyouya se volteó hacia Benkei y luego rabió, sin embargo suspiró y trató de calmarse, nada de eso era culpa de Benkei, ni de Tsubasa era culpa suya por dejar a Kakeru en el hotel, si quería cuidarlo debió de estar con él igual que hace tres años, todo por no decirle la verdad antes, es que eso estaba pasando…
–¿Kyouya–san? ¿Estás bien?
Kyouya levantó la vista y sintió algo frio resbalar por sus mejillas. No podía ser… de verdad, algo estaba mal… olvidando el hecho de que Benkei le viera llorar, regresó la vista hacia la pista… algo les había pasado a Ginga y a Kakeru, ahora estaba seguro.
–Vamos a la primera estación, de prisa –corrió.
– ¿He? Pero…
–¡Corre! –le gritó.
–Si ya voy… –Él ni entendía nada, sólo le siguió.
En los telesillas se encontraron con Tsubasa, quien iba a buscarles ya que tanto Benkei como Kakeru se les habían perdido. Sólo había subido él, ya que Madoka se había quedado con Kenta y Yuu.
–¿Qué pasó? –preguntó al ver el rostro de Kyouya.
–Ginga y Kakeru se fueron tras la hilera de coníferas –Dijo Kyouya.
Tsubasa no pudo ocultar su sorpresa.
–Kyouya… no quiero preocuparte pero…
–Ya lo estoy así que dime que estas pensando –lo miró con el rostro grave.
–De tras de las coníferas nunca se pudo arreglar la pista, se supone que todo el camino está bloqueado, es una caía peligrosa, aun Ginga siendo un experto, no creo…
–¡No me salgas con tonterías! –Gritó Kyouya mirándolo bastante molesto– ¡Ginga está bien, Tsubasa y mi hermano también, lo que necesitamos es informar a Ryuusei lo que pasó!
–Es 24 de diciembre… ojalá haya un equipo de rescate.
–Si no lo hay iré yo mismo –dijo Kyouya empecinado.
Tsubasa y Benkei no supieron que decir.
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En otro lado…
Kakeru estaba encogido apoyando su espalda en la pared de hielo; abrazaba sus rodillas y miraba hacia el suelo; el lugar estaba vacío y sólido, lo único que se escuchaba era el silbido del viento… y las pisadas que Ginga daba en la nieve.
Ginga caminaba de un lado al otro en aquella zanja, se alzaba de puntas en el centro tratando de ver que había alrededor de ella, pero donde quiera que se paraba el resultado era el mismo, sólo alcanzaba a ver las puntas de las coníferas ya que desafortunadamente no era muy alto y la zanja era lo suficientemente onda para impedírselo, y el cielo se había nublado inesperadamente, por ello, no tenía ni la menor idea de la hora que era, solo esperaba que no nevara, aunque el color del cielo lo estaba preocupando.
Tanto sus esquís como los de Kakeru se habían roto en la caída, por lo tanto, de poder salir de esa zanja, el reto sería caminar sobre la nieve, lo cual también le preocupaba, pero su mayor preocupación era cómo saldrían de ahí…
Dejó de alzarse y miró al frente, aunque sin ver nada en realidad, se sentía incómodo y no sabía que más hacer.
No estaban heridos, afortunadamente, pero lo que más sorprendido tenía a Ginga era que a pesar de que las cosas se habían puesto muy feas, más de lo que pensó, estaban vivos… y aunque ahora estaban atrapados ahí, en realidad esa zanja les había salvado… de lo contrario…
… Lo que había hecho había sido muy arriesgado, pero debía de hacerlo, aunque a decir verdad, todo eso lo tenía cansado y lo malo es que apenas iban tres meses… se volteó un poco mirando de reojo a Kakeru tratando de no ser tan obvio…
…
–¿Kakeru, estas bien? ¡Dime algo, por favor…! –Exigió, pues Kakeru no le había contestado la primera vez que le preguntó. Dejó de rodearlo con sus brazos y trató de hincarse frente a él, pero en cuanto lo hizo sintió un punzante dolor en su espalda… –Agh… maldición… –Apretó sus ojos resistiendo el dolor, eso se debía a la parada que hizo contra la pared hacia unos instantes, era un dolor agudo, pero de no haber chocado con esa "pared" seguramente que seguirían rodando montaña abajo.
–No… no estoy bien… –Escuchó un sollozo, y abrió los ojos para ver al chico de ojos azules, el cual inclinado y apoyando sus manos en la nieve, comenzó a temblar –… ¡Lo siento! –Respondió llorando…
…
De algo estaba seguro Ginga, "esa" SI había sido una auténtica disculpa, no como la que le dio en el hotel el día de ayer, más que de ganas, obligado por Kyouya. Aunque algo le decía que pese a haberlo salvado, eso no había mejorado para nada su relación. Lo sabía por el simple hecho de que Kakeru era un Tategami… y también por eso otro…
…
–… Pero ni creas que permitiré que te quedes con mi hermano, prepárate a morir si lo intentas…
…
Si bien no era la primera vez que recibía una amenaza, lo irónico de eso, era que la de Kakeru parecía más una promesa que una amenaza. Estaba pensando en esto, cuando de pronto vió a Kakeru levantarse de donde estaba.
–… –Lo miró atentamente pero sin decir nada, ese chico era impredecible, lo mejor era que lo observara antes de decir cualquier cosa.
Kakeru caminó lentamente hacia el otro lado de la zanja, mirando la pared cubierta de hielo, era obvio que las temperaturas allí eran tan bajas que la nieve se convertía en hielo tras un poco de sol y una ventisca. Alzó la mano y con ella tocó la pared.
–Hoy… es Nochebuena… –Murmuró muy bajo, pero Ginga lo escuchó debido al gran silencio que ahí reinaba… ¿Qué estaría pensando, Kakeru? – Hoy es… –Dejó incompleto y comenzó a temblar, Ginga seguía a la expectativa…
Kakeru resbaló sus dos manos por la pared, tan duro, que pese a los guantes parecía que podría rasgarla…
–¿¡Y ENTONCES POR QUÉ NO PUEDE SER ASÍ, HOY!? –Gritó repentinamente, alzando su cara y sus manos hacia el cielo, para después bajar la vista y comenzar a arañar con frustración la pared congelada.
Ginga suspiró… ya se temía una reacción así… por alguna extraña razón.
–Creo que debes de calmarte un poco, Kakeru –se atrevió a decir, ya que el que rascara la pared así, no les sacaría de esa situación.
Una furiosa mueca apareció en el rostro del ojiazul y apretando sus puños, se volteó para ver al otro con gran desprecio.
–¡No me calmo! ¡Todo esto es culpa tuya, Ginga Idiota! –Lo apuntó.
–¿Mi culpa? –Se señaló así mismo algo molesto, pero aun manteniendo la calma– ¿Quién fue el que hizo un berrinche cual niño de 5 años?
Kakeru cerró sus ojos, temblando del coraje y apretando más fuerte sus puños.
–¡No tenías que venir tú, sino mi hermano! –reprochó.
Ginga suspiró y contó hasta mil en chino, justo como lo pensó, no importaba que hubieran resbalado juntos por la montaña, casi a punto de matarse, eso no cambiaría el hecho de que ese chico lo odiaba.
–Sea Kyouya o yo, de todos modos, estamos atrapados –hizo la observación.
–¡MI HERMANO YA HABRIA PENSADO EN COMO SALIR DE AQUÍ! –Refutó.
–¿Quieres bajar la voz? –Dijo Ginga molesto, acercándose a él– Provocarás una avalancha...
–¡ESO SÓLO LO PROBOCARÁ TU VOZ CHILLONA! –Volvió a gritar.
¿Tan difícil era que le hablara sin gritar? De manera rápida, Ginga se acercó al Tategami menor, le jaló del hombro y lo acercó a él para taparle la boca con su mano izquierda, volteando con precaución hacía arriba y tratando de escuchar sino era que algo se desquebrajaba a lo lejos.
Eso tomó por sorpresa a Kakeru, Ginga lo estaba abrazando de nuevo… mientras caían también sintió como le abrazaba; la mano de Ginga era muy cálida, pese a no tener guante. Sintió como el calor se le agolpaba en la cara ¿Qué estaba pasándole? ¿Acaso se estaba ruborizando?
–¡Suéltame degenerado! –Gritó soltándose de él– ¡Le diré a mi hermano que me tocaste!
Ginga lo miró al principio desconcertado, pero luego, frunció el cejo.
–Eso sí sobrevivimos a la avalancha que provocaras sino cierras la boca –dijo de manera severa, la paciencia se le estaba terminando– todo lo que haces desde que despertaste es quejarte.
Kakeru se enojó aun más.
–¡Cómo no me voy a quejar si lo único que veo desde que desperté es un odiosa cara!
Ginga caminó hacia una de las esquinas de la zanja en donde estaba un poco más acumulada la nieve, quizás hubiera alguna posibilidad de subir, si tan sólo hubiera traído a Pegasus podría abrirse camino con él, pero había salido tan pronto de la habitación en la mañana, que lo había olvidado, lo único que llevaba era su lanzador, pero el lanzador no servía de nada si no tenía a Pegasus.
Kakeru se sintió más molesto, si es que era posible, al ver que Ginga lo había ignorado.
–SI te alejas de MI hermano, no tendrás que aguantarme y yo no tendré que ver tu cara nunca más –Dijo llegando al pié de él.
Ginga lo esquivó, caminando hasta donde estaban los restos de sus esquís rotos y se agachó para verlos.
–¿¡Me estas escuchando!? –Le gritó Kakeru, siguiéndolo.
–Por desgracia… –Respondió sin verlo.
–¿Qué dijiste?
–¿Qué parte de "No grites" no te queda claro? –Dijo Ginga con voz severa pero lineal, sin levantar la voz, ese no era el momento de estar discutiendo, pero Kakeru no parecía comprenderlo.
–¡Te estoy diciendo que te alejes de mi hermano! –Se inclinó frente a él.
Ginga se encontró con la mirada de Kakeru y mantuvo su rostro serio.
–No –se levantó con uno de los trozos más grandes de los Esquís y caminó otra vez al otro lado.
Kakeru estaba a punto de estallar, ese Ginga era más idiota de lo que pensó, de verdad, lo detestaba, ¿Es que nunca se desharía de él? Bajó la vista y pateó uno de los trozos de madera de los esquís rotos, y este le dio en la espalda a Ginga.
El pelirrojo se volteó y miró al chico con molestia.
–¡Ya basta! ¿Cuál es tu problema, Kakeru?
–¡Tú eres mi problema! –Gritó cerrando los ojos– ¡Desaparece! ¡Quiero que desaparezcas! ¿Por qué tenías que salvarme? ¿Por qué no dejaste que me cayera al fondo de la montaña! ¡Te odio, Ginga!
Ginga se acercó a Kakeru y lo jaló de los hombros.
–¡No digas tonterías! ¡No iba a dejar que cayeras! Y perdona por no desaparecer, pero eso es algo que no estoy dispuesto a hacer.
–¡Suéltame! –Se jaló de él.
–¡No voy a hacerlo! ¡Vendrás conmigo! –Dijo firme aunque estaba enojado.
–¡…! –Ante eso, una fugaz memoria llegó a Kakeru.
…
–¡De ninguna manera! ¡No voy a volver a hacerlo! –Una frase muy similar, pero dicha por su hermano mayor .
…
–¡Ya deja de fingir que te importa!
Ginga ya no sabía qué hacer, ¿Por qué era tan difícil convencer a ese chico de que tenía buenas intensiones?
–No estoy fingiendo… –dijo tratando de controlarse, si se seguían enojando y gritando los dos, definitivamente provocarían una avalancha, y no quería terminar sus días ahí.
–¡Claro que sí! ¡Eres un hipócrita! ¡A ti sólo te importa quedar bien con mi hermano!
Pero eso por fin terminó con la paciencia de Ginga. Eso era todo.
–¡No quiero quedar bien con él! Lo que más deseo en este mundo es que Kyouya sea feliz. –Apretó con más fuerza los hombros de Kakeru y sus ojos temblaron– Si algo te pasara otra vez, Kyouya no podría superarlo, el dolor lo consumiría –aseguró al tiempo que cerraba sus ojos y por sus mejillas resbalaban las lágrimas que ya no pudo contener…
–¡…! –Kakeru se quedó en shock al oír eso, y sintió como Ginga lo empujaba, obligándolo a caminar hasta toparse con la pared de la zanja.
–¡Eres su hermano! ¡Maldición! –Le reprochó Ginga mirándolo a los ojos– ¿Es que no lo entiendes? El tiempo que estuviste en coma Kyouya se sentía culpable, creía que por su culpa tú estabas así. Pero nunca nos decía nada, se la pasaba solo todo el tiempo y nada le importaba. Todo lo que hacía era obsesionarse con el entrenamiento y muchas veces se puso en peligro.
–... –Los ojos de Kakeru se llenaron de lágrimas al oír eso sobre Kyouya…
–Yo no soy nada de Kyouya es verdad… –bajó un poco la voz y su mirada, pero hizo presión de nuevo en los hombros de Kakeru y esta vez alzó la vista para verlo con seriedad y determinación–, pero lo amo, y no permitiré que de nuevo se aislé y oculte sus sentimientos. Por eso no me importa si me odias, no permitiré que Kyouya pase por ese sufrimiento otra vez.
Kakeru inclinó la vista, ya no soportaba la mirada de Ginga sobre él…
–De verdad que eres odioso… Ginga idiota –dijo con rencor, pero más tranquilo– al final… me quitarás a mi hermano.
El enojó regresó a Ginga.
–¡Yo no quiero quitarte nada! ¿Por qué sigues diciendo eso?
–¡POR QUE ODIO LA MANERA EN QUE TE SONRIE Y TE TRATA! –Confesó el joven Tategami mirándolo con el mismo rencor.
–… –Ginga se quedó sin palabras, y miró a Kakeru con un gesto de duda.
El menor apartó la vista de él y miró hacia el suelo con tristeza.
–Mi hermano se ve tan feliz junto a ti, a diferencia de antes, cuando vivía con Mamá, y conmigo… y esas cicatrices… –hizo una pausa y se deslizó por la pared hasta quedar sentado en el suelo– yo tengo la culpa de que mi hermano tenga esas cicatrices en su cara…–Dijo y recargando sus brazos en sus rodillas allí ocultó si rostro.
–¿Qué…? –Por fin pudo decir Ginga sorprendido– Pero Kyouya me dijo que el responsable fue su padre…–Logró articular mirando a Kakeru en el suelo, mientras que él seguía de pie.
–Pues te mintió… –Apenas le escuchó ya que aun tenía el rostro oculto entre sus brazos y sus rodillas– en realidad, quien iba a recibir ese castigo, era yo… Nuestro padre es un maldito enfermo... –Apretó sus puños como si lo recordara en ese mismo momento– ¡Golpeaba a Mamá! Mientras que mi hermano y yo, nos moríamos de miedo en la habitación. Desde el día en que mi hermano se levantó y defendió a Mamá, ese viejo maldito lo castigaba más y más fuerte cada vez. Un día, fui yo el que quiso hacerle frente, pero fue la estupidez más grande que pude haber hecho… se puso más furioso que nunca… y tuve miedo, entonces mi hermano me defendió, como siempre… y él recibió ese castigo en mi lugar… –Kakeru comenzó a llorar, pero no dejó de hablar– Yo le había prometido a mi hermano que iba a ser fuerte, y que yo sería el próximo en defenderlo a él y a mamá, pero en cambio todo lo que pude hacer ese día, fue quedarme parado, paralizado de miedo, mirando como ese viejo marcaba la cara de mi hermano para siempre… Mi castigo sería recordar que yo era el culpable de esas cicatrices…
–… –Ginga se había sentado al lado de Kakeru escuchando todo eso. Eso era lo que Kyouya no le había dicho, y entendía el por qué. Kyouya jamás culparía a Kakeru por tener miedo, eran unos niños después de todo… y era una desgracia que todo eso hubiera pasado…
–…Después de eso, le pedí a mi hermano que se fuera…–Reanudó Kakeru– ¡Le rogué que no volviera a la casa! Yo no podía protegerlo… ¡Yo era demasiado débil y tonto! Todas las veces que mi hermano intentó regresar a casa, yo le pedí que no lo hiciera.
–… /Kyouya… creíste que así los protegerías…/ –Pensó Ginga triste, él sabía que Kyouya había decidido salir de casa, porque sabía que su padre era mucho más violento y cruel desde que él lo había retado, una decisión demasiado dura y fuerte para un niño de diez años. Los esfuerzos de Shizuka para proteger a sus hijos de su propio padre, fueron más y más difíciles conforme Kyouya crecía se volvía más fuerte y sabía que lo que vivían no estaba bien (1).
Pasaron algunos segundos, en que Kakeru no dijo más y Ginga recargó su cabeza en la pared de hielo, no sabía que decir…
–Al igual que mi hermano, yo comencé a dejar la casa, buscando un lugar en donde escapar de él… –Reanudó Kakeru, justo cuando Ginga pensó que no diría nada más–, sabía que mi hermano seguía preocupado por mí, y yo tenía que demostrarle que ya era lo suficientemente fuerte para defenderme solo… sin embargo… el día que sufrí el accidente, discutimos. Él estaba regresando de un torneo de Beyblade o algo así…
…
Había pasado dos días desde que Battle Bladers, había terminado. Y él apenas se encontraba de regreso en Odaiba, de hecho habría regresado el día de ayer, pero los médicos de la WBBA lo detuvieron un día más para revisar que estuviera bien, y no era para menos, después de todo, no era común que la gente quedara casi en estado comatoso después de una beybatalla, pero daba igual, el punto era que ya estaba de vuelta. ¿Qué era un día más de ausencia? si ya casi habían pasado tres meses desde que empezara todo ese asunto de Ryuuga y Yuu.
Kyouya llegó al edificio de departamentos, y subió corriendo por las escaleras, no tenía tiempo para esperar el ascensor. Emocionado estuvo por tocar la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo, esta se abrió, dejando ver a Kakeru, su hermanito tenía una cara de sorpresa absoluta.
–¿Ky–Kyouya…?
–¿Qué te pasa, Kakeru? Parece que hubieras visto a un fantasma –Dijo Kyouya irónico.
–¡Hermano! –Exclamó Kakeru y sin pensar se lanzó a abrazar el ojiazul mayor.
–¡…! –Kyouya se sorprendió un poco, ni él ni Kakeru solían ser tan efusivos.
Cuando la sorpresa se le paso, respondió el abrazo de su hermanito, dándole un apretón y luego soltándolo.
–Casi pensé que estabas esperando tras de la puerta.
–¿Dónde estabas hermano?, me preocupe, creí que algo te había ocurrido.
–Estaba en un torneo de Beyblade, no te preocupes.
Kakeru lo miró con incredulidad.
–¿En un torneo? ¡Pero si no te hemos visto en más de dos meses!
–Si –Dijo Kyouya como si nada.
–A menos me pudiste haber invitado, yo también soy un blader, ¿Lo olvidas? –Dijo con un deje de reproche.
–Dudo que entraras, se requerían muchos puntos –Dijo igual de despreocupado.
–¡HEY! –Se enojó ahora.
Kyouya se rió de buena gana.
–No te enojes, mejor dime, ¿a dónde vas?
–He… –el enojo se le pasó– Voy a la salida de Beycity.
Kyouya lo miró con atención, percatándose de que llevaba un casco en su mano derecha.
–¿Ese es un casco, para motociclista?
–¡Siii! –Gritó Kakeru con emoción– No lo vas a creer. Conocí a un grupo de chicos que les encantan las motocicletas como a mí.
Kyouya se sorprendió.
–¿Una banda? –Inquirió.
–Pues si… –lo miró con atención y curiosidad– ¿Te molesta?
–… –Kyouya no supo que decir. El mismo había estado en una banda, ¿Quién era él para decirle a su hermano que no lo hiciera? –Me da igual, pero, ¿Mamá lo sabe?
–No… –Dijo Kakeru rodando los ojos y con un tono aburrido– si se lo digo, el Vejestorio, terminaría enterado.
–Como quieras, pero… tú no tienes motocicleta… –lo miró– ¿O la tienes?
Kakeru se rió y con las manos en la cintura dijo:
–¿En esta familia, hermano? ¡Claro! ¡Hasta crees! –Se volvió a reir– Necesitaría robar algunos bancos para tenerla –Ironizó.
Kyouya frunció el cejo.
–No digas tonterías –Le reprendió.
–¿Qué? –Alzó los hombros y las manos despreocupadamente– ¿Me crees capaz de hacer algo así?
Kyouya se sintió raro, había algo en aquella conversación con su hermano que no le gustaba.
–¿Hay algo importante que quieras decirme, Kakeru? –Lo miró serio.
–Nop –Respondió burlón– Ya me voy, Mamá llega hoy a las cinco (de la tarde), por si quieres verla.
Kyouya se agitó al oír eso. Hacía mucho que no veía a su madre. De hecho desde que se había ido de casa no había vuelto a hablar directamente con ella, tan sólo la miraba de lejos, sabía que si se presentaba frente a ella, no le podría mentir a su padre que no le había visto. Y no deseaba que su madre fuera castigada por mentir.
–¿Cómo está? –preguntó con la vista un poco inclinada.
Kakeru se acomodaba el cabello para ponerse el casco.
–Dice que bien…, pero yo sé que no.
–… ¿Ah preguntado por mi?
–… –Kakeru calló por unos instantes–…Si.
–No mientas –Reprochó Kyouya.
–¡No estoy mintiendo! –Reclamó–, es sólo que… –desvió la vista–, Él ha estado muy tranquilo y hemos evitado toda conversación que lo irrite.
Kyouya apretó sus puños.
–¿Les ha vuelto a pegar? –Sentía que si la respuesta era afirmativa, se quedaría esa noche para de una vez por todas romperle la cara a ese sujeto, no le importaba que fuera su padre.
–A mi no –Respondió el ojiazul menor– a ella no sé… creo que no.
Kyouya se enojó.
–¿Crees que no? –Repitió– ¿Sabes o no sabes?
–… Pues, la verdad… –Miró a su hermano–, últimamente paso mucho tiempo con la banda… cuando llego todo parece tranquilo entre los dos.
–¿Cuánto es "mucho tiempo"? –Lo miró con reproche.
–¡No sé! –Respondió golpeado, se sentía recriminado por su hermano–, varias horas. Además tú también pasabas mucho tiempo con los Face Hunters… ¡Que importa! –Se alzó de hombros de nuevo.
–No es como si hubiera tenido muchas opciones… ¿Recuerdas? –Dijo eso último tratando de calmarse.
–Pero no tenías que regresar aquí –Dijo Kakeru por lo bajo, sin mirar a Kyouya.
Kyouya bajó la vista, sabía que todo eso había sido difícil para los tres.
–No…, pero cada día de mi vida, desde que salí, no dejo de pensar en este lugar…
–Si, claaaro. Por eso apenas hablamos de esto hoy, después de casi tres meses –Dijo Kakeru con mucho sarcasmo.
Kyouya se enojó mucho.
–¿Qué demonios te pasa, Kakeru? ¡Si tienes algún problema, ya escúpelo de una…!
–¡ESTOY HARTO! –Gritó Kakeru dejando a Kyouya con las palabras en la boca– ¡Todos los días es lo mismo! –Dijo inclinado y apretando fuertemente los puños– ¡Fingir, fingir y fingir! ¡Esperar que no pierda la calma y no sé ponga como un maldito loco! –Levantó su mirada hacia Kyouya, y lo que Kyouya vió en los ojos de su hermanito lo dejó de hielo– Tú llevas fuera de aquí desde hace mucho tiempo– Había rencor en la mirada azul de su hermanito– ¡No lo vives, no lo sufres, tanto que hasta se te hace fácil largarte a un torneo por más de dos meses sin decirnos nada!
–Kakeru… –Balbuceó Kyouya, se sentía desarmado ante esa actitud, hasta antes de ese día, desconocida para él de su hermanito.
–¡No tienes ni idea! –Se volteó Kakeru para salir de la casa, pero…
–Tú tampoco…–Dijo con la voz grave y sombría.
Kakeru se detuvo.
–… ¿¡Acaso tienes idea de lo que es vivir en la calle completamente solo, sin el consuelo de los brazos de mamá!? –Gritó Kyouya indignado– ¿¡Sabes lo que es pasar frio, miedo y hambre!?
–… –Kakeru se quedó en el mismo lugar dándole la espalda a Kyouya, no se podía mover, aunque lo intentó.
–¿¡Tienes idea de lo que tuve que hacer para no morir de hambre!? ¿¡Lo que tuve que hacer para que los indigentes no me mataran o me violaran!? ¡No volví porque tú me pediste que no lo hiciera! ¡Creí que eso valía la pena si mi hermano y mi mamá estaban mejor! ¿Acaso fue en vano? –Kyouya sentía que sus ojos ardían, el pecho le dolía, sentía que la respiración le faltaba. –¿Esto es lo que merezco por pensar que te hacia un favor? ¿¡ESTO ES LO QUE MEREZCO POR QUERER LO MEJOR PARA TI Y PARA MAMÁ!? –Se acercó a Kakeru y de un brusco movimiento lo volteó hacia él– ¡CONTESTAME!
El rostro de Kakeru estaba bañado en llanto, pero a Kyouya eso no le importó, aunque él no estaba llorando, el dolor que le provocaron los reproches de su hermano le estaban destrozando el pecho, quizás era porque no podía llorar, sus ojos estaba secos, aquella terrible vida en las calles había terminado con sus lágrimas.
–¡Di algo, maldita sea!
–¡Cállate! –Gritó Kakeru– ¡Si tanto te molesta, te absuelvo! –Gritó, se alejó y trató de secar sus lágrimas– Ya no tienes que preocuparte por mi. Hoy hay una carrera de motos, y si la gano, seré formalmente aceptado en la banda y me iré con ellos… ¡Escuchaste!
–… –Kyouya se quedó sorprendido– ¡No puedes hacer eso!
–¡Puedo y lo haré! ¡Cuando gane la carrera ganaré mi libertad, y tu podrás hacer lo que tú quieras con tu vida! –Y gritando eso salió corriendo del departamento.
…
La voz de Kakeru sonó lenta y lánguida…
–Tenía tantas gana de irme, olvidarme de todo… fui tan egoísta, no me importó mamá y por un momento creí que odiaba a Kyouya… pero, en cuanto la motocicleta perdió potencia en una pendiente y el motor se trabó… entendí que no llegaría lejos…–una sonrisa amarga se dibujó en sus labios– mientras caía, pensé que no viviría, y desee, con toda mi alma, que eso dejara libre a mi hermano de tener que pasar su vida defendiéndome…
–… –Ginga se sentía mal por lo que acababa de escuchar, y de pronto recordó aquella navidad hacia un año, cuando conocía parte del doloroso pasado de Kyouya, donde Kyouya le contó sobre el coma de Kakeru. Aquella noche también escuchó una terrible historia y… aquella noche tampoco sabía que decir, pero el sentimiento era el mismo… se sentía impotente e inútil…
Al no escuchar nada, Kakeru lo miró de reojo, parando por unos instantes su imparable llanto… el pelirrojo estaba tan callado y silencioso… ¿qué estaría pensando de él?
–¿No te vas a reír de mi… por ser… tan patético? –su voz se escuchó entrecortada por el nudo en su garganta.
Ginga reaccionó al fin y cerró sus ojos.
–¿Quieres que me ría?
–… – Kakeru negó con la cabeza.
–No puedo reírme de algo que ni si quiera me ha tocado sentir… no tengo idea de cómo se siente ser herido de esa forma por tu propio padre… pero lo que sí sé, es como se siente perder a un ser querido… –hizo una pausa, quizás con eso podría empatizar con Kakeru– en primer lugar, siempre, SIEMPRE crees que pudiste evitarlo… tal vez decir algo más, hacer algo más… estar ahí… en ese momento… o no haber estado ahí –dijo con un aire de nostalgia–, pero ¿sabes que es lo peor de todo? Lo peor es cuando te das cuenta de verdad que, ni si quiera estaba en tus manos, que en realidad nada podías hacer… –Lo volteó a ver– Kakeru… siento mucho si crees que soy una amenaza, mi propósito no es ese, pero, lo único que te pido es que por favor liberes a Kyouya de ese pesar… aunque no lo creas, él todos estos años se ha sentido culpable de lo que te pasó, –Cerró los ojos inclinando un poco su cara– estoy de acuerdo en que no tengo ni la más mínima idea de cómo se sintieron ustedes, pero lo que si te puedo asegurar… –dijo con seriedad y firmeza en su mirada– es que Kyouya es muy importante para mí, y aun si no fuéramos pareja yo aun desearía lo mejor para él, porque yo creo que ya han sufrido demasiado… ¿O no lo crees?
Kakeru escuchó eso y rompió de llanto de nuevo.
–Lo siento Ginga, soy un estúpido, puse en riesgo tu vida –Dijo sintiéndose mal, y esta vez estaba siendo sincero.
Ginga sonrió muy levemente.
–Nah, de peores cosas he salido, así que no te preocupes… todo va a…
–"Todo va a estar bien" –Kakeru concluyó sus palabras y levantó la mirada para ver a Ginga– ¿Siempre dices cosas así de idiotas?
–¿He? –Se sintió desconcertado y luego se sintió irritado por eso y alzó su mano apretando su puño– ¡Oye, yo sólo…! –Pero de nuevo fue interrumpido.
–"Querías confortarme" –Repitió de modo autómata el chico de cabellos verdes– ¡No gracias! –Cerró sus ojos y se volteó al otro lado– ¡Ni que me calleras bien!
El pelirrojo se sintió indignado, ahora sí que se sentía enojado, no sabía porque pensó que él y Kakeru ya se estaban entendiendo, pero ¡Nooo! ese niño era un dolor de cabeza.
–Y supongo que TODOS los Tategamis son así de insoportables al principio –Se levantó del lado de Kakeru y se encaminó a la siguiente esquina, tomó impulso y saltó.
El ojiazul se le quedó viendo confuso.
–¿Qué se supone que haces…? –preguntó aun sentado en el suelo.
–¿Tu qué crees? –Respondió Ginga como si fuera lo más obvio del mundo– ¡Tratando de salir de aquí! ¡Ya me hartaste y si paso un minuto más contigo voy a matarte! ¡Lo juro! –Dijo Ginga completamente harto, ni si quiera midió lo que decía, mientras trataba de escalar sobre la pared.
Kakeru se quedó bastante sorprendido, pero al final no pudo evitar reírse, era la primera vez en todo ese tiempo que Ginga decía lo que le provocaba sin tratar de ser amable como siempre.
–¿De qué te ríes, niño? –se molestó.
–Es que te ves ridículamente infantil.
–¡Mira quién habla; el que se echa montaña abajo y ni si quiera sabe esquiar en zona alta –Dijo con ironía continuando con su intento de escalar.
–¡Oye! ¡Yo si sé esquiar! –Se levantó casi de un salto.
–Sí, claro… –Dijo Ginga sin tacto, pero entre lo que hacía su chamarra se rasgó y su lanzador cayó sobre la nieve.
–Oh, rayos… –Exclamó Ginga.
–¿Traes tu Beyblade? –Inquirió Kakeru, mientras que veía a Ginga bajar de donde estaba subido.
–No –Dijo secamente recogiendo el lanzador.
–¿No? – Se confundió de nuevo– ¿No me digas que sólo trajiste tu lanzador?
–No te importa… –Fue todo lo que dijo y le dio la espalda de nuevo.
Kakeru metió las manos en su bolsa de su chamarra y se burló.
–¡Que idiota eres! Seguro que se te olvidó.
–¡SI, SE ME OLVIDÓ, Y QUÉ! –Se regresó a él muy molesto– ¡A CUALQUIERA LE PASA!
–¡Claro que no! Eso sólo le pasa a los idiotas como tú… –Se movió hacia atrás, sacando la mano de la bolsa de su chamarra y en ese momento, Divine Chimera se cayó de su bolsa, cayendo sobre la nieve.
Los dos se quedaron en silencio mirando el beyblade de Kakeru…
–…
–…
Y de pronto…
–¡TRAES UN BEYBLADE Y NO DIJISTE NADA! –Gritó Ginga.
–¿¡Y QUE!? ¡TU TRAJISTE TU LANZADOR Y TAMPOCO LO HICISTE! –Le regresó el grito.
–Llevamos horas encerrados aquí, Kakeru, con esto pudimos salir desde hace rato. ¡Lanza a Divine Chimera, y rompe el muro!
–¡No me des órdenes!
–¡Niño insoportable! Mientras más pronto lo hagas más pronto saldremos de este lugar y podrás estar a tantos kilómetros como quieras de mí y yo de ti!
–¡No puedo!
–¿Por qué NO?
–¡NO TENGO LANZADOR…!
–¿¡Cómo NO!?
–¡SE ME OLVIDÓ! –luego de eso el silencio inundó la zanja.
–…
–…
–…
–… ¿¡Qué!? –Le tembló la voz ante la mirada y el silencio del pelirrojo– ¡A cualquiera le pasa! –Dijo orgulloso y su cara se tornó roja al darse cuenta de que acababa de repetir las palabras de Ginga.
Ginga lo miró, luego se inclinó y comenzó a temblar; y finalmente estalló en carcajadas agarrándose el estómago. Kakeru al mirarlo, algo dentro de él también se ablandó y también se comenzó a reír. Todo eso era tan ridículo, hace horas que pudieron estar fuera de allí, si él tenía el Beyblade y Ginga el lanzador. Ginga no podía parar de reír, había arriesgado su vida para salvar al hermano de Kyouya aunque ni si quiera le caía, bien, pero ahora ambos se estaba muriendo de la risa por su propia estupidez.
Kakeru se estaba riendo como en mucho no lo hacía, es más, como no lo hacía en más de cinco años, contando los tres que estuvo en coma por obvias razones… estar con Ginga no se sentía mal, después de todo, quizás por eso su hermano estaba cerca de ese atolondrado pelirrojo idiota.
–Ok… ya está bien, tenemos suerte de que no nos haya caído ya una avalancha.
–De hecho… –Respondió Kakeru todavía riendo un poco.
Ginga se acercó y le extendió el lanzador.
–Toma…
–¿He?
–Haz el tiro que te librará de estar conmigo aquí encerrado –dijo Ginga sincero y con un gesto afable.
Kakeru sonrió y negó, extendiéndole a Divine Chimera.
–Creo que mereces ser tú el que salga de aquí… soy terriblemente insoportable cuando me lo propongo…, además me han dicho que eres el blader que salvó al mundo de una cosa llamada Némesis… ¿O no?
Ginga se quedó sorprendido, y luego sonrió con seguridad.
–En realidad… todos los bladers del mundo son como éste lanzador… –Dijo tomando a Divine Chimera, acomodándolo en su lanzador y apuntando a una de las paredes de hielo –Ellos me impulsaron con toda su fuerza… para ayudar a Pegasus a dar el último golpe… –Finalizó, y luego jaló la cinta para disparar– ¡Goo Shoot!
Divine Chimera salió a toda velocidad destruyendo la pared de hielo, con una tremenda potencia pero con un corte tan recto y tan preciso.
Kakeru se quedó atónito, mirando la silueta de Ginga en medio del "polvo de hielo" que brillaba con los rayos del sol.
Ginga tomó a Divine con su mano.
–Tiene un equilibrio genial, espero algún día enfrentarme a ti.
Kakeru sonrió con humildad.
–No te emociones… porque lo más probable es que ese encuentro sea un completo desastre, pero gracias.
Los dos salieron, el paisaje nevado que había frente a sus ojos era impresionante… y también hermoso. Las altas coníferas estaban completamente cubiertas por una densa capa de nieve y todos lucían como arbolitos navideños, la cuesta estaba bastante inclinada, pese a que ya estaban en zona baja, sería una estupidez subir por lo que Ginga decidió que lo mejor era bajar hasta allá el camino hacia la primera estación. Se sacó su bufanda del cuello y miró a Kakeru.
–Te llevaré con Kyouya, Kakeru. Pero no tenemos esquís, y la nieve se puede volver en una trampa, sé que no es lo más factible, pero necesito que entiendas que ninguno de los dos llegará con vida a Grand Hirafu sino cooperamos. –Dijo el pelirrojo y esperó recibir el reclamo del chico, pero fue todo lo contrario.
–Entiendo –respondió y le sonrió levemente.
Ginga se sorprendió pero al final le regresó la sonrisa.
–¿Qué tengo que hacer? –inquirió.
–Bajaremos –dijo Ginga.
Kakeru miró la bajaba era igual de irregular, pero la ventaja era que ya no estaba tan inclinada, probablemente sería más fácil salir de allí y regresar al hotel.
–Quiero que amarres esto a tu muñeca –le dio un extremo de su bufanda– y que te sujetes fuertemente y haz lo mismo que yo haga –Siguió Ginga–, pero si yo caigo, quiero que te sueltes. ¿Entendido?
Kakeru por alguna razón no le gustó la última parte, Ginga le pedía que lo dejara caer, él lo había salvado pero él le pedía que lo soltara si las cosas se ponían feas.
–Haré lo que dices, pero de ninguna manera te dejaré caer si te resbalas… –cerró sus ojos y dijo con molestia– Ya caímos juntos una vez así que no soltaré la bufanda. –Abrió los ojos y lo miró– Todo va a estar bien… ¿O no?
–… –Ginga lo observó extrañado.
Ante su mirada Kakeru no pudo evitar ruborizarse.
–¡Deja de mirarme así! ¡Es lo que tú siempre dices! –Lo apuntó sintiéndose bastante incómodo, ni sabía porque estaba tan nervioso– Si no te has matado a pesar de ser tan tonto, entonces no debe de ser tan malo decirlo– Ya ni sabía lo que decía.
Ginga sonrió, ni si quiera le molestó que le dijera tonto.
–Creí que no me soportabas.
–¡Y no te soporto! –Aseguró tensando sus brazos a sus costados– Pero si regreso sin el novio de mi hermano, Kyouya me dejará en coma seguro – logró decir algo coherente, o eso pensaba él.
Ginga cogió con fuerza el otro extremo de la bufanda y le sonrió con confianza.
–Entonces regresaremos los dos juntos.
Kakeru lo miró y no pudo evitar ruborizarse más.
–… /De verdad que dice tonterías Ginga/– apartó la mirada.
TSU ZU KU… (Continuará…)
Aclaraciones:
(1) Las personas que viven en violencia domestica son incapaces de ver más opciones más que seguir en esa situación y resistir. El miedo, la baja autoestima les hace creer que es la única opción que les queda. Algunas mujeres creen incluso que ser golpeadas merece la pena si sus hijos tienen un "hogar" y tienen que comer. Shizuka pensó que sus hijos estarían protegidos si siempre le daban la razón a su padre, pero Kyouya comenzó a protestar conforme crecía, por lo que ya no pudo evitar que su padre también lo golpeara a él.
ЖЖЖЖЖЖЖЖЖO–W–A–R–IЖЖЖЖЖЖЖЖЖЖ
Notas Finales:
¡Cuarto capítulo! No saben cómo sufrí con este capítulo, primero porque no quedaba y después por poner toda la historia de terror que Kakeru y Kyouya vivieron con su padre. La discusión de Kakeru y Kyouya previo al accidente de Kakeru fue muy difícil para mí escribirla. Y la razón de las cicatrices de Kyouya rebelada por Kakeru. Espero les haya gustado y no me odien por la vida que les di a estos hermanos xDD. Pero lo aligeré con Ginga fastidiado de Kakeru xDD, espero se hayan reído un poco con esa escena como yo al escribirla…
Preguntas:
¿Se imaginaban que Ginga actuaría así? ¿Qué opinan de la relación de hermanos de Kakeru y Kyouya? ¿Creen que a Kakeru ya le agrade un poquito Ginga? xD ¿Se imaginaron a Kyouya llorando otra vez? ¿Qué fue lo que más les gustó del capítulo? ¿Qué creen que pase ahora?
Como sea, gracias por leer y nos vemos en el siguiente capi (ya ni sé si es el final, mejor ya no digo nada xDD) Nadie me paga por continuar escribiendo; sus comentarios son muy importantes, me animan a seguir.
ATTE: S. Hisaki Raiden.
до свидaния!
(Hasta luego)
