Capítulo 4

La declaración de Emma paraliza a Regina. La reina siente algo en su pecho, como si aquellas palabras hubiesen ido a morar en su corazón. De alguna forma, siente también la magia de luz creciendo dentro de sí. Mira a la rubia y no sabe qué decir.

«Regina…» Emma se ve dentro de los ojos de la morena «¿Por qué estás aquí?» hay un dolor que traspasa a la salvadora, además del miedo por estar transformándose en algo que pueda herir a personas que ella ama. Aún así, cuando está cerca de la alcaldesa, la oscuridad parece retroceder en su interior.

«Porque…yo…» ante aquella mirada, Regina no consigue formular una disculpa. La respuesta que tanto teme está ahí, lista a ganar vida y girar alrededor de ellas «Porque…» la reina evoca la imagen del hijo, queriendo atribuir a él su presencia junto a la sheriff, sin embargo, ni siquiera Henry es capaz de frenar aquello que parece querer estallar en ella «Porque yo…tampoco…puedo vivir sin ti, Emma» dice Regina y aprieta la mano de la salvadora que aún se encuentra entre las suyas. Una sonrisa tímida se forma en su rostro, suavizándolo, algo que encanta a la sheriff aún más.

Emma sustenta su mirada, sin importarle las dos lágrimas que se forman allí y caen por sus mejillas. Ella sabe cuán difícil es para Regina demostrar lo que siente, quizás con excepción de Henry, a quien la morena ama incondicionalmente. Y es la vez de la salvadora de quedarse paralizada ante todo lo que aquella simple frase conlleva, pero que significa un mundo para las dos. El silencio que planea sobre ellas es reconfortante y aquel toque de las manos actúa acercando los mundos opuestos que Emma Swan y Regina Mills representan.

La sheriff baja la mirada para observar uno de los dedos de la alcaldesa haciendo caricias en el dorso de su mano. Aquel gesto pequeño provoca una sonrisa en Emma. Regina agradece mentalmente el hecho de que la salvadora no vea su rostro, sonrojado en ese momento. La reina no consigue racionalizar sus emociones y, por primera vez, en un largo tiempo, no está preocupada con eso. Solo se dejar ir en aquel tímido contacto.

Cuando Emma alza los ojos, una ternura inédita la invade. Querría poder guardar para siempre aquella imagen: las mejillas rosadas, la sonrisa insegura y la mirada serena de Regina, una expresión que nunca había visto en la morena. Sin embargo, antes de poder decir o hacer nada, la agonía en el pecho que había sentido esa mañana vuelve a incomodar a la rubia. Contrae el rostro en una mueca de dolor, asustando a la alcaldesa.

«Emma, ¿qué…?»

«Regina, es mejor que salgas de aquí»

«¿Estás loca, Swan? No te voy a dejar»

«Regina, no quiero hacerte daño»

«Me sé defender, sheriff. Solo dime qué está sucediendo»

«Las voces, ellas quieren…» Emma cierra los ojos e intenta respirar en mitad de la angustia «Quieren que te mate» con la mirada oscura la rubia mira a la reina

Regina decide actuar. Sale de detrás de la barra y se pone delante de la sheriff, agarrando sus dos brazos y manteniendo solo una corta distancia entre las dos.

«Emma, concéntrate en mi voz y respira. Tú no quieres hacer esto, tienes magia de luz dentro de ti, ¿recuerdas?»

«Regina…» la mirada de la salvadora es cada vez más oscura y está a punto de perder el control sobre su magia «No sé si conseguiré aguantar por más tiempo, por favor» suplica desesperada.

«Emma, sé que eres más fuerte que cualquier voz en tu cabeza diciéndote lo que tienes que hacer. Yo confío en ti, Swan. Ahora escúchame, mírame» ordena y la rubia obedece «Respira conmigo, piensa en Henry, piensa en nuestro hijo, él te necesita»

«No está…funcionando…Regina…» la sheriff se suelta y se pone de pie, dispuesta a lanzar una bola de fuego.

«¡Emma, no!»

«Regina, tienes que irte, no quiero…»

La reina se concentra en sacar a la superficie su magia de luz. Puede no ser suficiente para enfrentarse a Emma, pero tiene que intentarlo. La magia de las tinieblas de la salvadora se expande, no consigue aguantarla más. En un movimiento de puro reflejo, Regina da dos pasos en dirección a la rubia y, sin pensar, pega sus labios a los de Emma. La sorpresa de tener a la alcaldesa allí es tanta que sus voces y la energía a punto de estallar desaparecen. Todo lo que consigue sentir es el aroma de manzana impregnándole los sentidos. Cuando la sheriff intenta profundizar el beso, Regina se aparta.

«Emma…yo…perdón…perdóname» mira al suelo, avergonzada, pero sin apartarse mucho.

«Regina…» la morena no responde ni tiene el valor para mirar a Emma. «Regina, mírame, por favor» la petición en la voz de la rubia parece surtir efecto «La otra vez…también fue real, ¿verdad?» pregunta la rubia aún con la respiración alterada y algo estupefacta.

«No sé de lo que hablas, Swan» se dirige hacia la sala

«Es usted una pésima mentirosa, majestad. Siempre sé cuando no me dices la verdad, ¿lo olvidaste?» Emma va a donde está ella, y se coloca dentro de su campo de visión «Sabes de lo que hablo. Estuviste aquí anoche, hiciste esta increíble casa para mí y antes de irte, yo, nosotras…Por favor, dime que para ti también fue real»

«Entonces tampoco tú tienes la certeza»

«Ah, ahora por lo menos sé que estabas pensando en lo sucedido» mira a la otra con una pequeña sonrisa victoriosa en los labios

«No intentes hacer esto, Emma, no he dicho que…»

«No lo has dicho, pero lo estabas pensando. Lo puedes negar, Regina, pero sé que también lo sentiste y que también sabes que fue real» Emma da otro paso en dirección a la alcaldesa y se siente mareada.

«Con cuidado, Swan» la morena se adelanta para agarrarla «Vamos, no parece que estés bien. La magia descontrolada consume mucha energía. Necesitas descansar» lleva a la salvadora por las escaleras y la acomoda en la cama.

«¿También para ti fue así?» Emma se recuesta en la cabecera y le da espacio para que Regina se siente.

«Con la diferencia de que cuando yo me descontrolaba o me consumía demasiado, Rumpelstiltskin estaba ahí para garantizar que nadie pudiera ayudarme y, diciéndome que siendo débil nunca sería lo suficiente para realizar nada. No fueron pocas las veces en que me caí, casi sin aire, y me quedé en el suelo, intentando no perder el sentido» recuerda con cierta amargura «Pero yo no tenía elección, o creía que no tenía. Y no podía ser débil o sería descartada. Tu ex suegro necesitaba a alguien para lanzar la maldición y yo quería mi venganza. Así que me levanté, todas las veces, para hundirme cada vez más en el fondo de la oscuridad. No importaba lo que sentía, sino el poder que liberaba, que traía cada vez más a flor de piel, hasta volvernos uno solo. Hasta que me convertí en la Evil Queen» la voz de Regina era pesada y estaba cargada de dolor.

«Aún no te he dado las gracias por estar aquí» suavizando el momento, coge la mano de la alcaldesa, que no la aparta «Gracias, Regina» dice con una tímida sonrisa

«Ahora trata de descansar, Swan, yo necesito salir un poco» la salvadora la mira aprensiva «No iré lejos, solo haré un reconocimiento del sitio donde estamos» es lo mejor que consigue inventarse como disculpa para ir a ver a su hada madrina. Porque cree que es mejor que Emma no sepa de la presencia de Tinker «Cuando te despiertes, estaré de vuelta» aprieta la mano de la rubia.

«¿Lo prometes?» pregunta con una mirada igual a la de Henry cuando le pide algo a Regina

«¡Lo prometo!» ella sonríe y se acerca para darle a Emma un beso en la cabeza, al igual que hace con su hijo.

«Ok…» la rubia se coloca en la cama y no tarda en quedarse dormida, sintiéndose segura con la presencia de la otra. La morena se permite quedarse ahí unos instantes, y solo se levanta cuando siente el agarre en su mano aflojarse.


Henry llega con Belle a casa de sus abuelos. Charming está jugando con el pequeño Neal mientras Snow White termina de poner la mesa.

«¿Alguna noticia?» el pequeño se quita la gruesa chaqueta y se va derecho a la nevera.

«No, Henry. Esperábamos que quizás tu madre te hubiese llamado o algo así» Snow intenta no demostrarlo, pero está nerviosa.

«¿Intentaron llamarla?» pregunta Henry mientras bebe agua.

Charming y Snow se miran

«Ah, la verdad, no lo intentamos» admite el sheriff

«Bueno, Henry está entregado, así que, creo que me voy» Belle hace amago de dirigirse a la puerta, pero es atajada por el adolescente.

«¡Nada de eso! Tú almuerzas con nosotros» él sonríe «Belle, sé que estás preocupada por mi abuelo, pero, confía en mí, se pondrá bien. El hechizo de mi madre lo está protegiendo. Y no hay nada que ahora puedas hacer» él mira a los abuelos buscando apoyo

«Henry tiene razón, Belle. Quédate con nosotros» la invita la princesa

«¡Sí es así, me quedo!» la joven sonríe, dulce, como siempre

«Belle, considerando que nuestra familia no es nada común, no sé si te gustará esto, pero…creo que ya formas parte de ella» el adolescente le guiña un ojo

Las palabras de Henry la emocionan de cierta manera. Había sido rechazada por su propio padre cuando aceptó quedarse con Rumpelstiltskin y su historia con el Dark One no era nada fácil. Aún así, Belle lo amaba. Pero sentía falta de tener a más gente a su alrededor. Y formar parte de aquella familia de la que también formaban parte la salvadora y la Evil Queen puede ser algo extraño, sin embargo, reconfortante. La joven abraza al muchacho y se siente genuinamente feliz por estar ahí.

Los cuatro están terminando de almorzar cuando el móvil de Henry suena.

«¡Mamá! ¿Estás con mi otra madre? ¿Cómo están las cosas? ¿Cómo está ella? ¿Cómo estás tú?» el pequeño casi ni respira al hablar con Regina que solo ríe al otro lado de la línea.

«Henry, con calma, muchacho, tu madre no podrá decir nada de esa manera» David llega junto al nieto «Ven, vamos a poner el manos libres, así todos escuchamos a Regina y podemos hablar también»

«¿Henry?» la voz de la reina resuena en toda la sala

«Hola, mamá, estoy aquí. Estamos, quiero decir, mis abuelos y Belle también están» él sonríe mientras pasea la mirada por la sala

«Bueno, así todos escuchan lo que tengo que decir» la morena suena segura en su manera superior de hablar

«Regina, ¿la encontraste?» Snow se sienta en el regazo de Charming y mira al marido, esperanzada.

«Sí, Snow. Estoy con Emma. Pero, para bien de todos, no diré dónde estamos»

«¿Y cómo está mi madre?» es la vez de Henry de cuestionar, también afligido

«Debo decir que no está tan mal como me imaginaba, Henry. La señorita Swan es poderosa, la magia de luz que tiene está luchando contra las tinieblas. Está resistiendo, pero…» la voz de Regina falla

«¿Pero? Regina, por favor, necesitamos saber» dice David

«El poder de la oscuridad también es muy grande. La batalla es intensa dentro de ella y estoy preocupada. Emma no va a resistir para siempre, necesitamos al mago rápidamente. Señorita French, ¿han encontrado algo?»

«Ahm, nada muy sustancial, Regina, discúlpame»

«¿Cómo que nada sustancial?» la reina se irrita

«No sabemos bien dónde buscar o qué buscar. Blue sabe poco más que nosotros con respecto al mago. Ella solo nos ha contado que, en el Bosque Encantado, cuando la guerra contra t…contra la Evil Queen» se corrige la joven «la reina de las hadas envió mensajes a todos los reinos en los que había noticias de que Merlín pudiera estar, pidiéndole ayuda. Pero nunca hubo respuesta. Blue ni siquiera está segura de que Merlín sea real» Belle lanza una mirada triste a Charming y Snow White.

Escuchan una respiración profunda por parte de Regina y se quedan aprensivos.

«Solo escuchadme. Merlín es real, ¿ok? Necesito que creáis eso» la alcaldesa ordena

«Mamá, ¿cómo tú…?»

«No, Henry, nunca he conocido a ese mago, pero sé que es real. Rumpelstiltskin me habló de él algunas veces, sobre el ser más poderoso que existe. Tu abuelo siempre quiso tener el poder de Merlín y nunca ahorró esfuerzos para eso. Rumpel, a veces, se distraía contándome lo que pretendía hacer cuando le echara la mano encima al mago» ella suspira «Así que solo concentraos en lo que tenéis que hacer y traedme alguna noticia más sustancial la próxima vez» los tres adultos se miran, afectados por el tono de Regina «Hijo, encontrarás el camino del mago, confío en ti, Henry» su tono se volvió afectuoso al dirigirse al adolescente.

«Mama, ella…Emma, ¿preguntó por mí?» pregunta con la voz fallándole

«Fue lo primero que quiso saber, Henry, cómo estabas y con quién estabas mientras yo estoy con ella» la morena sonríe, aunque sabiendo que ellos no pueden verla, sabe cuánto es de importante eso para su pequeño «Y también ha preguntado por vosotros, Snow. La señorita Swan está bien, de momento» no es mentira, sino que Regina no puede decir cuánto teme lo que le pueda suceder a la salvadora si la oscuridad no es retirada de su cuerpo lo más rápido posible.

«¿Y tú, Regina?» la princesa replica

«¿Qué pasa conmigo, Snow?» la alcaldesa no entiende la pregunta

«¿Estás bien? No solo me preocupo por Emma…»

«Yo…estoy bien y…gracias por preguntar» dice la morena algo avergonzada. Hacía mucho tiempo que nadie se preocupaba por ella. La primera había sido Emma…Tal pensamiento hace sonrojar a la reina «Tengo que irme, Tinker me está esperando»

«Mamá…» Henry la llama

«¿Sí?»

«Cuídate tú también, no solo a Emma. Las quiero a las dos, quiero a mis dos madres de vuelta. Por favor…» la súplica del muchacho remueve las emociones de Regina. Se traga el llanto que amenaza con salírsele, intentando recomponerse inmediatamente

«Voy a cuidarme, Henry…» dice sonriendo con la voz embargada, aunque tratando de ocultarla «Y vosotros, tened cuidado. Pero creed en lo que estáis buscando. Si vosotros no podéis encontrar al mago, nadie más podrá. Buscad en la casa del Autor, usad el sombrero si fuera necesario. Señorita French, ¿aún queda algún hechizo localizador en la tienda de Gold?»

«Creo que no, Regina, pero lo voy a comprobar»

«Si no hubiera, ¿cree que es capaz de preparar uno?»

La pregunta de la reina sorprende a todos, pero sobre todo a la joven.

«No lo sé, nunca he hecho un hechizo, nunca me he metido con la magia, Regina. Creo que…tengo miedo» confiesa

«Está bien que lo tenga, señorita French. La magia no es fácil, es peligrosa y no cualquier persona puede manejarla. Pero tras haber convivido tanto tiempo con el señor Gold, creo que ha aprendido alguna cosa, ¿no?» cuestiona Regina en tono autoritario

«Quizás, aún así, no es suficiente para intentar hacer un hechizo yo sola. Si Rumpel estuviera aquí…»

«Está bien. Veré lo que puedo hacer aquí» aún sin querer, su tono es condescendiente con la joven. La pureza de su corazón ya no irritaba a Regina, o no tanto como antes «Mientras, mantened el sombrero a buen recaudo. Con todo lo que está pasando, es posible que tengamos algunas sorpresas en Storybrooke. Sheriff Charming, mantenme informada sobre cualquier movimiento atípico en nuestras fronteras»

«¿Sorpresas? Regina, ¿de qué estás hablando?» Snow intenta comprender

«Snow, estamos enfrentándonos a magia poderosa. La magia de la oscuridad está moviéndose y actuando, puedo sentirlo. Y todos los que están, de alguna forma, ligados a la magia del Dark One también pueden notarlo. Quizás deberíais buscar a Maléfica. Ella puede alertaros si algo o alguien diferente se acerca a Storybrooke»

«¿Las hadas no pueden ayudar?» intenta el príncipe

«A no ser que ellas tengan alguna unión con la magia de la oscuridad, sheriff Charming, vuestras amigas brillantes son inútiles en este caso» responde en su mejor tono de Regina Mills

«La idea de recurrir a Maléfica no me parece muy atractiva, señora alcaldesa» Charming responde con cierta rabia.

«Es lo mejor que tenéis de momento. Yo no puedo estar en todos los lugares al mismo tiempo: quedarme con Emma, aprender magia de luz con Tinker y cuidar de la seguridad de Storybrooke. Algo tendréis que ser capaces de hacer» replica provocando al príncipe.

«No te preocupes, Regina, hablaremos con Maléfica» confirma Snow para sorpresa del marido

«Optimo. Si necesitas algo de la alcaldía, habla con la señorita Boyd» instruye

«¿Ashley?» a Snow le extraña aquello

«Sí, la señorita Boyd es mi secretaria en el despacho, comenzó a trabajar conmigo tras el permiso de maternidad de su primer hijo y sabe dónde están los expedientes, lo que está en trámite y lo que es necesario hacer en otros casos. Está claro que muchas veces necesita mi ayuda, pero no es del todo incompetente» dice en su mejor esfuerzo para hacer un elogio a alguien.

«¿Y por qué no supe esto cuando tome la alcaldía en tu lugar?» replica la morena

«Porque en aquella ocasión no quería facilitarte la vida, Snow. ¡Así de simple! ¿No querías gobernar? Formaba parte de tu aprendizaje» dice la alcaldesa con cierto desdén mientras su ex hijastra reviraba los ojos, sin poder creérselo.

«Gracias por facilitarme las cosas esta vez» rezonga irritada

«De nada. Pero si la señorita Boyd no sabe algo o necesitas alguna información, Snow, no dudes en llamarme. Espero encontrar la ciudad tan bien administrada como cuando la he dejado esta mañana» provoca a la princesa

«¿Dejaste? ¿No estáis en Storybrooke?»Charming mira a su esposa con cierto recelo

«No diré dónde estamos, sheriff. Y ahora de verdad tengo que colgar. En cuanto tenga hecho el hechizo, os lo llevo. Mientras, tratad de encontrar algo sobre el mago. Hasta luego» Regina deja sus instrucciones y órdenes y cuelga.

«Snow, no me creo que estés de acuerdo en buscar a Maléfica. ¡No permitiré que lo hagas!»

«¿Ah no?» la princesa se levanta del regazo del marido «Pues que sepas que no puedes impedírmelo, David. En ausencia de Regina, soy la alcaldesa de Storybrooke, y haré lo que sea necesario para mantener segura esta ciudad. Incluso buscar a Maléfica. Tú, siendo el sheriff, deberías estar a mi lado»

«¡Snow! Estamos hablando de una bruja, ¿qué te pasa?» el tono más ríspido de Nolan despierta a Neal

«Estamos hablando de alguien que puede ayudarnos, Charming. Si tú no quieres buscar a Maléfica, está bien. Voy sola. Y espero que cuides muy bien de tu comisaría y estés a disposición en caso de que la ciudad lo necesite» responde molesta y se va a ver a su hijo a la cuna.

«¡Wow!» exclama Henry al ver a sus abuelos peleando «Abuelo, creo que deberíamos darle algún crédito a lo que dice mi madre. Y si Maléfica puede ayudarnos, ¿por qué no podemos ir a pedírselo?» al escuchar las palabras del nieto, Charming se queda pensativo. ¿Será que lo que lo frena es solo la desconfianza en aquella mujer o su orgullo de no querer pedirle ayuda?

«Muy bien, ganaron. Vamos a buscarla, aunque realmente no veo eso como una solución» aclara el sheriff

«¿Qué les parece si vamos a casa del Autor a ver si encontramos algo? Podemos ir a hablar con Maléfica mañana» sugiere Belle

«Entonces podríamos llamar a Ruby. Si alguien distinto ha estado en aquella casa, ella puede notarlo, ¿no?» especula Henry

«Es una gran idea, chico» David le guiña un ojo al nieto

«Voy a cambiar a Neal y estaremos listos para salir» Snow se dirige al cuarto

«Quizás debiéramos avisar a Blue también» dice Belle

«Podemos pasar por el convento después de recoger a Ruby» concuerda Henry «Creo que le va a gustar saber las novedades» sonríe

«¿Vamos?» Snow vuelve con Neal despierto, pero tranquilo en sus brazos.


Tinker presiente el regreso de la reina antes de que Regina aparezca en su nube roja. Percibe también que el color está algo diferente. Quizás un tono más claro. El hada entiende lo que eso significa, pero se guarda para sí la observación.

«¿Y?» la rubia había hecho un pequeño y rústico refugio con algunos materiales cogidos en el bosque. No es que estuviera mal, pero la morena claramente no aprueba la falta de estructura.

«Dejé a Em…a la señorita Swan descansando» camina nerviosa de un lado a otro «Sinceramente no sé qué pensar, Tinker, no sé calibrar hasta qué punto la magia del Dark One ya está actuando dentro de ella» cruza los brazos sobre el pecho intentando no parecer tan expuesta.

«Primero, acepto tu ayuda con nuestro refugio. ¡Vi de lejos lo que hiciste para Emma y tengo que decir que fue increíble! Y más por el hecho de haber solo usado magia de luz para dar forma a aquella casa en el árbol» la pequeña rubia sonríe bajo la miraba evaluadora de la morena.

«¿Fuiste hasta allí?» frunció el ceño

«No hasta allí, solo vi de lejos. No interferiré en tu misión con Emma, si estás pensando en eso» el hada aclara asertiva

Regina suelta un bufido y revira los ojos.

«Segundo, hiciste muy bien al crear ese refugio para Emma. La magia que hay en ese lugar y en las cosas que allí hay está ayudando con su magia de luz»

«¿Ah sí? ¿Cómo puede ser eso, Tinker?» la alcaldesa descruza los brazos y apoya sus manos en su cintura.

«De alguna forma que aún no sé, tu magia y la de Emma están entrelazadas» revela Tinkerbelle

«¿Cómo es eso?» ¿La magia de la señorita Swan entrelazada con la mía? Eso solo puede ser una broma de mal gusto» mira incrédula su hada madrina, con chispas de rabia en su expresión.

«Lo puedes odiar, Regina, puedes lanzar bolas de fuego por todo el bosque, puedes recrear Storybrooke o inventar otra maldición, pero lo hecho, hecho está. Y a pesar de que tienes el poder de cambiar muchas cosas, esto no lo puedes cambiar» el hada responde divirtiéndose con la expresión cada vez más enfurruñada de la reina

«¡Era solo lo que me faltaba! No era suficiente con compartir un hijo, ahora nuestras magias también están conectadas de alguna forma» Regina está inquieta, intentando procesar todo aquello, entender lo que significa «Por lo visto, jamás me librare de ti, Emma Swan» susurra para sí misma

«¿Y acaso lo quieres?» pregunta Tinker, displicente

«¿Que si quiero qué, querida hada madrina?» el tono de Regina está cargado de ironía

«Librarte de Emma» sonríe, maliciosa

La morena se queda parada frente a la pegunta de la joven.

«Solo quiero que todo termine pronto, que ese bendito mago aparezca y resuelva de una vez por todas esta historia de la señorita Swan para poder volver a mi casa, a mi vida, a mi hijo. Solo eso, Tinkerbell» responde la alcaldesa exasperada

«¿Acaso pretendes volver con Robin?» testa los límites de Regina

«Creo que eso no es de tu incumbencia, hadita» suelta con desprecio

«Pues yo creo que sí, ya que fui yo quien usó el polvo de hadas para enseñártelo en aquella taberna, en el Bosque Encantado» se enfada la rubia

«Tinker, no sé qué hacer con Robin, ¿ok? Quizás, si hubiera traspasado aquella bendita puerta, si hubiese ido hasta él, quizás él habría sido mi segunda oportunidad para el amor verdadero. Pero aquí, en Storybrooke, no sé si él continua siéndolo» dice más calmada.

«En eso estoy de acuerdo, Regina. Tuviste tu segunda oportunidad con Robin y la rechazaste. Fue necesario reescribir su historia, así como la tuya, cosa que también…como sabes, me afectó» ella gira el rostro al recodar sus alas y lo mucho que las echa de menos.

«Yo…lo siento mucho, Tinker. Por ti…» Regina baja la cabeza, de verdad arrepentida por haber perjudicado al hada.

«¿Lo sientes mucho también por Robin?» instiga la rubia

«No lo sé…» se pasa las manos por los cabellos, nerviosa «Me gustó estar con Robin, es agradable tener a alguien para compartir tus días, alguien a quien le importes. ¿Entiendes?»

«Tal vez»

«¿Qué quieres decir?» mira a la joven desafiándola

«Que tu entusiasmo por Robin no se parece mucho a la magia del amor verdadero» se encoge de hombros

«Creo que eso yo misma podría haberlo dicho. Sé que ahora soy otra persona, pero lo que sentía por Daniel, el encanto con un sencillo toque, el sentimiento de estar en mi lugar en el mundo solo ante la presencia de él, el modo en que yo sonreía sin motivo alguno» Regina cierra los ojos y se ve de vuelta en el Bosque Encantado, una vigorosa y joven amazona, apreciando la libertad del viento en su rostro, apasionada por la vida y por su primer amor. Ella respira hondo y mira a Tinker de nuevo «Lo que siento con Robin es más…físico, deseo. Y él claramente sabe cómo satisfacerme» cuenta y le guiña un ojo al hada, que revira los ojos y balancea la cabeza en señal de negación

«Si lo que quiere es solo alguien que sepa satisfacerla, majestad, no necesita de mi ayuda. Creí que querías algo más que alguien en tu cama, Regina» Tinker la mira decepcionada

«El problema es que no sé si puedo querer más, Tinker. ¿Qué sé yo del amor a fin de cuentas? Todas las personas a las que amé se han ido por mi culpa, o las maté yo o de alguna forma causé su muerte. ¡No fui hecha para el amor!» la voz de la morena está llena de pesar y dolor, en un tono que consigue quebrar el corazón del hada.

«No, no digas eso» ella se levanta y coge las manos de la reina «Amas a Henry, ¿o no?»

«¿Y qué cosa buena le ha traído mi amor? Supe amarlo tanto que en la primera oportunidad salió de aquí solo para buscar a su madre bilógica. Yo soy la Evil Queen, Tinkerbell. Y como dice Gold, los villanos nunca tiene finales felices» suelta las manos el hada y le da la espalda.

«No me creo que vayas a dejar que decidan lo que tú eres, lo que puedes o no puedes tener, Regina Mills» dice la rubia un tanto seca «Confieso que esperaba más de Su Majestad» se coloca frente a ella en una pose desafiante

«¿Y qué esperas que haga?» la reina cuestiona en un tono bajo y amenazador

«¡Que asumas el poder que tienes; que dejes de darle importancia a reglas estúpidas que fueron creadas por otras personas que nunca tuvieron que vivir lo que tú has vivido; que no te quedes comparándote con otros cuando tú eres única!» responde la rubia con rabia, como si cada una de sus frases fuera una bofetada en Regina, que la mira estupefacta

«¿Por qué me dices todo esto?» la morena se encoge en sí misma

«Porque tienes que dejar de tener miedo de vivir, Regina. Necesitas dejar de tener miedo de buscar tu felicidad, tu verdadera felicidad»

«Pero fuiste tú quien me mostraste a Robin…»

«En el Bosque Encantado, en otra vida. Pero estamos en Storybrooke. Y ya te he dicho que vuestras historias fueron reescritas. ¡Solo acepta eso!» explica aún con rabia «¿Por qué tienes tantos miedo al amor, Regina?» el hada se acerca y la mira profundamente

«Porque cada vez que amo a alguien, destruyo a esa persona. Y no aguanto más, Tinker, no puedo perder a nadie más. Ya me he roto tantas veces y en cada una de esas veces, levantarme fue más y más difícil. No puedo pasar por eso de nuevo» susurra casi en lágrimas, pero aguantando el llanto

La rubia inspecciona a la mujer que tiene delante y sabe que aún tendrá bastante trabajo para convencerla. Sin embargo, no está dispuesta a rendirse. Conseguirá que Regina Mills acepte su final feliz o dejará de llamarse Tinkerbell.

«No tenemos que volver a hablar de eso ahora. Pero acuérdate de lo que te pedí cuando estábamos de camino hacia acá. Tienes que confiar en mí, Regina. Necesitamos que creas en la magia del amor» dice Tinker en un tono tierno, como si sus palabras pudieran abrazar a la morena

«¿Por qué, Tinker?»

«Sabe la respuesta, Majestad» el hadita le guiña un ojo

«El amor es la magia más poderosa que existe…» dice la alcaldesa sin mucho entusiasmo

«Sí, Regina. Y toda magia conlleva un precio. ¿Ya te has parado a pensar que todo lo que has vivido hasta hoy ha sido porque era el camino que necesitabas recorrer para encontrar a tu amor verdadero?» deja la pregunta en el aire y se aparta ante la mirada perdida de la reina

¿Mi amor verdadero? ¿Qué ha querido decir con eso? se pregunta a sí misma y, sin entender el motivo, piensa en Emma. La morena trata de apartar la imagen de la rubia de su cabeza. Aquello es demasiado absurdo para ser verdad. ¿La hija de Charming y Snow White?

«¿Regina?» llama Tinker

«¿Sí?» la morena camina hacia el hada y decide no pensar más en lo que ella había dicho

«¿Qué te parece si haces unas mejoras arquitectónicas por aquí?» hace un gesto con las manos señalando el precario refugio que había construido

«Hum…vamos a ver lo que puedo hacer por ti» solo sonríe con el canto de la boca «¿Algún pedido especial?»

«Me gusta la idea de la casa en el árbol» sonríe la rubia

«¿Acaso aquello donde pasabas las noches en Neverland puede ser llamado de casa?» le pincha la morena

«¡No me estaba refiriendo a Neverland, Regina! Estoy hablando de la casa en el árbol que le has hecho a Emma» le devuelve, irritada

«¿Quieres que haga otra igual?» levanta la ceja

«No necesitamos tanto y he pensado en algo diferente» da un saltito, animada

«¿Por qué será que tengo miedo en preguntar en qué has pensado exactamente?» Regina cruza los brazos y la mira sin mucha paciencia

«¿Te lo puedo enseñar?» los ojos de la rubia brillan

«¿Puedes hacerlo?» suelta la morena, que recibe una mirada bastante enfada de su hada madrina «Ok, enséñame»

La rubia derrama un poco de polvo de hada en sus manos y cierra los ojos, concentrada. Dice algunas palabras que Regina no consigue entender y entonces algo comienza a tomar forma delante de los ojos de la reina, que admira a la joven que tiene delante. Tinker sonríe al presentarle su proyecto: una casita delicada, que recuerda a un chalé, pero sustentada por el robusto tronco de un árbol, como si la planta la abrazara con sus ramas.

«¿Qué te parece?» quiere saber, ansiosa

«Querría entender esa fascinación de vosotras por las casas en los árboles»

«¡Parece que nunca has sido niña, Regina!» critica el hada

«Lo fui. Una niña bastante atormentada por la madre que tenía, forzada a hacer cosas que no quería y con miedo incluso de soñar por las noches» escupe, herida

«Oh…» Tinker cierra su mano, haciendo desparecer la proyección y el polvo de hada pierde su magia.

«Disculpa, no debería haber dicho nada» la morena enjuga un lágrima que insistió en caer.

«¿Qué más te gustaba hacer cuando…ya sabes…?» intenta acercarse y la otra no la repele

«Cabalgar» una pequeña sonrisa se forma en el rostro de la alcaldesa «Siempre amé la libertad que sentía cuando cabalgaba. Rocinante…» dice el nombre de su caballo con arrepentimiento por haberle quitado la vida al corcel.

«Hum…creo que una casa en forma de caballo no sería muy cómoda» bromea la rubia, haciendo sonreír a la morena y amenizando el clima entre ellas «Pero puedes cabalgar siempre que quieras, Regina»

«No sé si…»

El hada revira los ojos

«Solo admite que puedes, si quieres. ¡Eres la alcaldesa de esta ciudad, si tú no puedes hacer lo que quieres, entonces nadie más puede!» dice gesticulando de forma graciosa

La morena decide no responder a aquello y suspira

«¿Alguna cosa en especial que quiera en su proyecto, señorita?» provoca a la joven

«No, pero puede cambiar lo que quiera. Confío en su trabajo, Majestad» Tinker responde de la misma forma

«Gracias, hadita» la morena guiña un ojo, intentando aparentar relajamiento, lo que hace a la rubia sonreír «¿Juntas?» invita a la otra a juntar a ella

«¡Creí que nunca me lo pedirías!» salta feliz

Tinkerbell coloca una buena cantidad de polvo de hada en sus manos y las extiende hacia Regina, que se junta a ella con su magia de luz. El hada hace un señal a la reina, incentivándola a continuar y apuntando hacia el árbol escogido. La morena, entonces, controla el polvo de hada con su magia y lo lanza en dirección al tronco señalado por Tinker.

La magia parece ser absorbida por la planta y las dos se miran, ansiosas. No pasa mucho tiempo, y la ramas parecen moverse, dando lugar a la morada en la que se va convirtiendo. La sonrisa de la rubia es inmensa. La alcaldesa solo la acompaña. Las dos se miran satisfechas cuando una puerta se abre en la base del tronco revelando una escalera. Tinker es la primera en correr y arrastra a Regina por la mano. La alcaldesa se ve envuelta en un océano de verdes en todos los tonos posibles dentro de una delicada casa, que huele a hierba fresca en días de plena primavera.

«¿Y?» el hada rompe el silencio, acomodándose en un sillón en forma de tulipán

«Pues no está mal» se encoge de hombros «¡Solo lo veo todo muy…verde!» hace una pequeña mueca

«¡No seas quejica, Regina! El verde es mi color» sonríe el hada, que está muy feliz y a gusto «Pero tú puedes modificar tu cuarto como te apetezca» intenta animarla

«¿Mi cuarto también es todo verde, con flores y mariposas?» pregunta previamente irritada

«Creo que deberías verlo por ti misma» sugiere la otra

La morena camina hacia la puerta que sabe que esconde su dormitorio y respira hondo mientras agarra el pomo en forma de manzana. Ríe de aquel detalle pensado por Tinker. Cuando entra en el aposento, su boca se abre en una "o" perfecta. El lugar es sobrio, pero no sombrío, y muy bien decorado en tonos de rojo, con una lámpara antigua pendiendo del techo, muebles modernos y un espejo con una moldura en forma de manzana que hace reír a la alcaldesa.

«Admite que he hecho un optimo trabajo imaginando tu cuarto» el hada surge en el puerta y le guiña un ojo.

«Gracias, Tinker. ¡Pues me ha gustado y todo!» dice indiferente

«¿Qué te ha gustado y todo?» la joven se acerca a paso rabioso «¿Será posible que no puedas ser amable y agradable, Regina?»

«Soy la reina, querida, o la alcaldesa, no tengo que ser amable y mucho menos agradable» provoca

«¡Me rindo!» el hada le da la espalda, a punto de retirarse

«Tinker…» la rubia para y se gira hacia la morena «¡Me ha encantado!» sonríe con una dulzura inédita

«¿De… de verdad?» abre una larga sonrisa

«¡De verdad!» se coloca el cabello en un gesto tímido «Pero ahora tengo que…»

«Ir a ver cómo está Emma, ya lo sé» revela, cómplice

Regina se envuelve en su nube y regresa al cuarto donde había dejado a la salvadora. Emma aún duerme, pero su expresión no es serena, lo que preocupa a la alcaldesa. De repente, todos los objetos de alrededor comienzan a temblar y se ponen a levitar.