Hetalia no me pertenece, es propiedad de Hidekaz Himaruya.

Este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora, pero bueno, poco a poco nos acercamos cada vez más al final. Espero que os guste el capítulo y gracias a Smarty26 por ayudarme a redactar cierta parte de este capítulo. Si alguien quiere que le haga un oneshot o una historia que me lo diga y me comenté por pm o por review que tipo de argumento quiere. Si tenéis alguna sugerencia para esta historia estaré encantada de leerla.

Bueno, dentro capítulo, que disfrutéis de esta nueva entrega de Desterrado


Todos se miraron, si ya de por si era extraño esperar un bebé el danés esperaba dos, pero en lo que nadie dudaba era quien era el padre, evidentemente era el noruego, no podía ser nadie más, pero lo extraño era que este no se había inmutado, parecía darle lo mismo la noticia, pues estaba hablando tranquilamente con su hermano.

-Pero eso no es lo único que quería anunciar-continuó el danés adoptando una expresión seria mientras miraba de reojo a los nórdicos-Hace tres meses fui expulsado de los países nórdicos.

Dicho esto el danés se sentó y dejó a las otras naciones asimilar todo mientras miraba a Rusia buscando el apoyo que este le había brindado durante esos 3 meses. Gracias a eso Dinamarca había logrado salir adelante y estaba agradecido. Pero no solo el ruso le había acogido bien, también Ucrania, ella había sido muy amable con él también.

El primero en reaccionar fue Alemania, que carraspeó levemente para atraer la atención de los demás. Estos parecieron agradecer la interrupción.

-Aunque sea un tema importante Danemark-empezó el alemán-Hemos venido aquí a discutir otros asuntos.

-Lo sé-respondió el danés-Pero quería ahorrarme preguntas incómodas. Nadie dijo nada hasta que Estados Unidos empezó a discutir con Inglaterra y la reunión tomó el rumbo habitual de las reuniones entre ellos.

Dinamarca esperó a que más naciones se unieran a la pelea para que todo fuera un caos y poder salir sin ser visto, necesitaba algo de aire, se encontraba algo mareado. Rusia le siguió al momento, pero no fueron los únicos que salieron. Noruega les seguía de cerca.

-¿Así que dos bebés?-preguntó cuando estuvieron fuera y Mathias le miró sorprendido-Sí….son dos-le confirmó el danés desviando la mirada a su vientre y posando la mano ahí.

El silencio que siguió fue muy incómodo, pero ninguno de los 3 hacía nada por romperlo hasta que Mathias se removió y miró al ruso-Tengo hambre-protestó-Vamos a la cafetería Ivan.

Lukas les miró irse sin decir nada, no pensaba detener al danés, si él quería acercarse al ruso pese a lo peligroso e inestable que era el eslavo que lo hiciera, ya no le importaba, lo que sí le había sorprendido era que el danés le hubiera llamado por su nombre humana, eso solo se hacía cuando había mucha confianza entre dos naciones.

Dinamarca pidió una rosquilla de chocolate, desde que estaba embarazado, su antojo al chocolate se solía manifestar a todas horas. Rusia bebía un poco de vodka de una botella y miraba al danés algo preocupado, no le había hecho gracia que Noruega les hubiera seguido afuera

-No me ha gustado que Norvegiya nos siguiera-comentó al rato en un intento de iniciar conversación con su amigo. Este le miró en silencio unos segundos y luego dejó escapar un largo suspiro-Le echo de menos-confesó el danés mirando su rosquilla-Se que él no me ama, pero yo no soy capaz de dejar de amarle, no puedo ni odiarle por lo que me han hecho, en el fondo les quiero, son mi familia, Ivan, ¿tú crees que estarían mejor sin mí?-preguntó el danés dejando la rosquilla en el palto, Rusia le miró unos segundos- No digas tonterías-le advirtió-Piensa como una madre, ¿Qué harán tus hijos si tú no estás?-preguntó Rusia-¿Lo has pensado?

Mathias negó con la cabeza, en un intento de quitarle importancia al asunto, no quería preocupar al ruso, porque este en el fondo tenía razón, no podía comportarse de forma tan egoísta cuando en medio año sería madre, debía demostrar que podía ser responsable, que podía salir adelante con dos bebés, aunque era muy evidente que no iba a poder hacerlo solo, pero a la nación danesa le parecía demasiado pedirle ayuda al ruso, si bien eran buenos amigos, el ruso también tenía su vida y no sería justo cargarle con eso.

Salieron del edificio sin decir nada, Mathias estaba anormalmente callado, aunque claro en los últimos meses había cambiado mucho, ya no era tan alegre, pero aún se podían ver ciertas expresiones o comportamientos típicos de él.

Mathias miraba a los nórdicos, su jefa le había comunicado que estos deseaban verle y allí estaba, 8 meses después desde la última vez que estuvo a solas con los 4. El danés ya estaba en un avanzado estado de gestación y en la última revisión le habían dicho que uno era niño y la otra niña, además de que eran mellizos. Dinamarca había sonreído ante la noticia, durante los últimos meses varias naciones le habían ido regalando cosas para sus bebés, habían sido muy amables, cosa que el danés agradecía, le habían hecho sentir que no estaba solo.

Salió de su ensimismamiento cuando notó que una mano fría se posaba en su abultado vientre. Noruega estaba intentando sentir a los bebés, le había llamado la atención la energía que procedía del danés, no eran bebés normales constató una vez se pudo concentrar. Eran sus capitales. Oslo y Copenhague. Retiró las manos y clavó la mirada en los ojos del otro.

-Cuando nazcan Oslo vendrá conmigo-dijo el noruego sin admitir discusión alguna por parte de la nación embarazada que le miraba sorprendida sin saber muy bien que decir en ese momento, no se había esperando eso para nada, pero luego frunció el ceño-Eso habrá que verlo Norge-dijo saliendo, no pensaba permitir que Noruega tuviera bajo su tutela a ninguno de sus hijos, no después de lo que le había hecho, tenía que planear con cuidado como evitar que eso pasara.

Salió del edificio, preguntándose si su jefa había sabido lo que los otros 4 querían, tenía sentido, si hubiera sido por otra razón habría ido ella misma, al menos así había sido desde el quinto mes de gestación y el danés se lo había agradecido, pues últimamente se cansaba con mucha facilidad y el médico le había aconsejado guardar reposo.

Mathias sonrió mientras se tocaba su vientre. "Falta tan poco" pensó emocionado, quería que nacieran ya, intuía que su presencia ayudaría al ambiente de su casa, pero tenía cierto miedo de fracasar como madre, había intentado corregir alguna de sus costumbres y había dejado de beber cerveza, ya que su médico le dijo que no era lo más aconsejable beber durante un embarazo y el danés lo había aceptado, no quería perjudicar a sus hijos para nada.

Suspiró y siguió andando rumbo a su casa, Ivan estaba visitando a China, así que no volvería en un par de días, al danés no le había hecho mucha gracia, se había acostumbrado ya a su presencia, pero bueno, podía apañárselas solo perfectamente. No era la primera vez que estaba solo, así que ya estaba acostumbrado.

Durante el trayecto a su casa se fijó en varias madres que arrastraban los carritos de sus bebés mientras charlaban animadamente con sus amigas, Mathias no pudo evitar compararse con ellas, pronto estaría él en esa misma situación, si todo salía bien claro, que esperaba que fuera así.

Llegó a su casa y se sentó frente al ordenador, había encontrado la solución a su problema, solo tenía que redactar el documento y rezaba para que el ruso no se opusiera al contenido del documento, aunque bueno, una vez que él firmara la opinión del ruso no importaría.

"Yo, Mathias Kohler, como representante del Reino de Dinamarca, y en pleno uso de mis facultades mentales, expongo aquí lo siguiente:

1) Que mis hijos, Copenhague y Oslo, reciban su parte de la herencia que de mi proviene en la cantidad que postulan las leyes danesas, no llegando a más del 50% de mis posesiones, donando el 50% restante a Rusia.

2) Declaro a Rusia como representante legal de mis hijos hasta que cumplan la mayoría de edad según las leyes danesas.

3) Así mismo, mientras estos sean menores, Kongeringet Norge no podrá tener ningún tipo de contacto con ellos.

Este testamento entrara en vigor una vez que fallezca.

Firmado: Kongeringet Danmark"

Mathias leyó el documento atentamente, confiaba lo suficiente en el ruso como para confiarle el cuidado de sus hijos en caso de que él muriera, pero esperaba que eso no pasara.

Firmó debajo de su nombre y metió el papel en un plástico para que no se estropeara. Se quedó un momento sin aliento al notar las patadas de sus bebés, el danés adoraba esos momentos, normalmente se tumbaba en la cama y apoyaba un auricular en su vientre mientras por este sonaba música clásica, era en esos momentos en los cuales los bebés daban más patadas.

Pero la reunión con los otros nórdicos le había dejado preocupado, no pensaba permitir que uno de sus hijos acabara en manos de Noruega y no se le había ocurrido mejor solución que esa, además sabía que Noruega respetaría el documento.

1 mes más tarde

Mathias leía tranquilamente un libro en la cama cuando un dolor agudo procedente de su vientre le hizo abrir mucho los ojos, iba a entrar en pánico cuando las palabras que el médico le había dicho hacia un par de meses acudieron a la cabeza. Cogió una libreta y un bolígrafo moviéndose lo menos posible y tras una breve mirada al reloj apuntó la hora y esperó. El médico le había advertido que si empezaba a notar dolor agudo en esa zona podría tratarse perfectamente de contracciones y le había aconsejado apuntar la hora a la que empezaba a notar los primeros dolores, y, si venían de forma regular se trataba efectivamente de contracciones y debía llamar al hospital.

Mathias estuvo cerca de una hora anotando eso, se negaba a creer que fueran contracciones….por el simple motivo de que él lo decía, pero finalmente tuvo que resignarse y llamar al hospital.

Cuando la ambulancia llegó le llevaron enseguida a la sala donde se encargarían de asistirle en el parto. La entrada del danés, por donde saldrían los bebés, estaba ya algo dilatada, si Dinamarca no hubiera llamado en ese momento hubiera dado a luz en su propia casa.

Mathias gritaba de dolor y seguía las instrucciones que la matrona le daba, pero dolía demasiado y el danés tenía la sensación de que el tiempo no pasaba, oía la voz de la matrona como si estuviera muy lejos y no era capaz de distinguir lo que decía, pero para él era evidente que el parto se estaba complicando por momentos y que los médicos a su alrededor hacían cuanto podían.


Y hasta aquí llegó el capítulo, me alegro que os esté gustando tanto la historia. En el siguiente por fin conoceréis a Oslo y a Copenhague y sabréis si Dinamarca sobrevivió al parto.

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