Aquí esta la segunda parte que les prometí, por favor, ignoren los signos interrogativos y exclamativos, todos los que ya me han leído saben que hago eso en todos mis fics como costumbre, este también fue escrito por mi, el siguiente capitulo sera escrito por Arlett-chan, así que es normal la variación de estilo, la ropa que se menciona subiré imágenes de ella a la pagina de FB que esta en mi perfil, eso es todo n.n
Ahora, Yuri se encontraba viendo su teléfono, ya hacía una semana que ambos se habían confesado, y ahora mismo estaba esperando que Michele saliera de trabajar para poder ir a una cita, esta vez se aseguraría de que fuera algo perfecto.
-Esperaste mucho Yuri?- la voz a su espalda le hizo saltar justo como un gato, pero aun así volteo a ver al otro sonriendo.
-No demasiado, así que no te preocupes-
-Bien, en ese caso- entrelazo su mano con la ajena, sonriendo divertido al leve sonrojo que se formó en el rostro del ruso -vamos, tengo una buena idea- la mirada curiosa, y de advertencia le hizo entender que no quería sorpresas -no te preocupes, iremos a lugares tranquilos y sin tanta gente-
Yuri suspiro, más que nada intentando controlar los nervios que sentía en su cuerpo, le daba miedo pensar que esta era su primera cita, porque la del picnic no contaba, y era con Michele, si esa no era una razón para estar nervioso, pues no sabía qué más podría serlo, por eso, apretó el agarre en sus manos, buscando la seguridad que normalmente no le faltaría, pero que siempre perdía al estar en presencia del Alpha.
Michele noto sus nervios, y no pudo más que sentir un escalofrío, la ternura y el amor que sentía por Yuri era mayor de lo que pensaba, así que cerró los ojos para calmarse a él mismo y empezó a caminar, recordando mentalmente los consejos que Sara le había dado, descartando los que parecían demasiado femeninos y quedándose con otros cuantos.
Pero estaba tan metidos ambos en sus pensamientos que cuando se dieron cuenta terminaron en un pequeño parque, tal vez sería buena idea improvisar un momento, después de todo, estaban ahí para disfrutar de la presencia del otro y nada más.
-Qué te parece si nos sentamos ahí?- pregunto Mickey señalando una banquita, pero no espero respuesta y jaló al menor detrás suyo.
-Vale, vale, pero no tienes que jalarme, no voy a huir- soltó en broma Yuri, sentándose en la banca y mirando a su pareja embelesado, aun tratando de disimular.
-Si, lo siento por haberte jugado esa broma con mi hermana- se rasco la nuca incómodo con su mano libre, y llevando sus labios a la mano que tenía apresada -espero ya estar perdonado-
-Idiota- miro a otra parte, esperando que el largo de su cabello fuera suficiente para tapar su sonrojo -claro que lo estas-
El italiano sonrió y acarició los nudillos con suavidad, mirando su entorno, no había muchas personas en el lugar, y la mayoría eran parejas diferentes, así que no había problema de estar tan meloso como pudiera.
Volteo de nuevo la vista al Omega, acariciando su mejilla mientras corria un poco su cabello de la cara, llamando la atención de Yuri que le miró interrogante, pero Michele aprovechó ese momento para besarlo con suavidad, sólo uniendo sus labios y moviéndose un poco.
-Qué, qué estás haciendo?-
-Me gusta tu cabello, seria lindo si te lo dejaras largo- respondió en su lugar, una sonrisa suave naciendo en su rostro, los ojos brillando como si vieran algo muy valioso.
-Se..seria muy incomodo para mi-
-Es así?, bueno, es una lastima- y se levanto aun sonriendo de la misma manera -¿quieres una crepa?, yo invito-
-Si, una estaría bien, de chocolate y fresas!-
-Vale, espera aquí- y camino unos pocos metros al puesto de crepas que había visto antes.
-Así que cabello largo- susurro Yuri, tocando las puntas del mismo, tal vez no se veria tan mal.
-Aquí tienes- un cono de papel con su crepa dentro apareció frente a él de sorpresa.
-Gracias-
Ambos empezaron a comer, y a veces probaban un poco de la ajena, sonriendo y con Michele dando besos y pasando sus dedos por las mejillas o labios del ruso.
Después de eso decidieron simplemente caminar y empezar a hablar un poco más de sus familias, de cosas que les gustaban, cosas que odiaban, y también insultando a Viktor, y quedando ambos de acuerdo en que el Alpha ruso era un sádico de lo peor.
-Ya es tarde- soltó en algún momento Michele, mirando como un manto oscuro cubría el cielo.
-Cierto-
-Vamos, te acompañare a tu casa-
-Yo, no puedo ir a la tuya?- esa pregunta sorprendió a Crispino, que lo miro un poco sonrojado.
-No creo que sea buena idea- pero al ver el rostro triste del otro movió las manos nervioso -no quiero tocarte más de lo debido hasta casarnos!-
Vale, no tenía que gritar, ahora las pocas personas que estaban ahí le miraban como un pervertido, o riéndose por lo idiota que se veía.
-Ya, ya veo, entonces, quieres casarte conmigo?-
-Si, pero aun no, esperemos un poco más, quieres?-
Plisetsky acepto, y solo caminaron en silencio a casa del Omega, ambos demasiado avergonzados para poder hablar, pero con su corazón feliz y el Alpha y Omega ronroneando en sincronía demostrando su felicidad.
-Bueno, llegamos, nos vemos después?-
-Claro, gracias por la cita, la disfrute mucho-
-Si, yo también-
Que eran, ¿adolescentes?, eso no se quedaba así, el era Yuri Plisetsky.
Rápidamente tomó al otro del cuello de la camisa y lo jalo a su cuerpo, dándole un beso y dejando que las manos de Mickey se enredarán en sus caderas, levantándolo con un poco de esfuerzo para empotronarlo contra la pared y continuar con el contacto.
-Debería irme- soltaba el italiano entre beso y beso.
-Si, deberías- pero Yuri no soltaba el cuello de su Alpha, solo los sonidos húmedos llenaban el lugar.
-Bueno, qué vista es esta?-
Eso fue suficiente para separar a ambos y voltear como si fueran robots, encontrándose con Viktor en la puerta, sonriendo con diversión, pero el aura amenazante era suficiente para separar a cualquiera, y lo único que pudo decir Mickey fue un adiós, viendo como Yuri entraba corriendo a la casa.
-Bueno, que tengan permiso de salir no te da el derecho de casi violarlo en la puerta-
-Calla Viktor, no me vengas con que eres moralista, tu sabes mejor que yo a cuántos Omegas y Betas te has cogido con o sin su voluntad-
-Me ofendes- pero la sonrisa orgullosa demostraba lo contrario -pero entiende que Yuri es diferente, así que más te vale tener cuidado-
-Lo amo, eso es todo lo que debería importarte, lo que suceda entre Yuri y yo es asunto nuestro, pero creeme, si alguien lo daña, yo seré el primero en tomar venganza- su mirada se torno fría, y eso fue suficiente para que Viktor se sintiera satisfecho.
Ahora, un año después, Mickey se encontraba en el mismo parque donde fue su primera cita, miraba la luna que se dejaba apreciar en todo su esplendor, mientras esperaba que Yuri llegara, dentro del bolsillo donde estaba su mano, una cajita negra era apretada por el italiano.
Estaba muy nervioso, sus zapatos muhuisen negros golpeaban el pasto por los nervios, mientras que a momentos estiraba su traje Zegna color azul y miraba su reloj de muñeca, un regalo de Yuri, en verdad necesitaba controlar sus nervios.
No creía que fuera a ser rechazado, pero eso no quitaba los nervios, aun recordaba porque lo hacía, no solo el amor que tenía por el Omega ruso, también por el resto de los Alphas que le atacaban.
Por otro lado, Yuri caminaba tranquilamente a donde había sido citado, con sus pantalones negros ajustados, una camisa también negra y su chamarra animal print de Zara, regalo de Michele, esperaba que no fuera para continuar con la discusión de Emil y el, dónde habían llegado a los golpes, por suerte quien los encontró fue Sara, ella era la única que sabía todo lo que había pasado, pero prometió no decir nada.
Apretó los puños ante esto, no podía creer que el Alpha checo estuviera enamorado del italiano, más que eso, que tuviera el valor para decirle que se alejara y dejará a Michele en paz, pero no se quedó callado, primero habían sido insultos, pero cuando insinuó que era una puta, bueno, tal vez golpear a un Alpha no fuera muy inteligente, pero lo disfruto, joder, lo malo fue cuando el resto se enteró, pero Emil y el eran orgullosos, no dijeron la razón de la pelea, es más, fingieron que nunca sucedió, tal vez eso fue en lo único que estuvieron de acuerdo.
Pero sus pensamientos fueron cortados cuando se encontró con Michele, le sonreía con tanto amor que él mismo no pudo evitar regresar esa dicha sonrisa moviendo su cabello detrás de su oreja, en todo este tiempo con Mickey no había cortado demasiado su cabello y ahora le llegaba un poco arriba de media espalda.
-Llegaste-
-Perdón por tardar, Viktor me entretuvo-
-Esta bien-
-Y, ¿de qué querías hablar?-
Pero el Crispino no respondió, solo volvió a ver la luna, mientras que su mano apretaba aún más la cajita, en verdad tenía temor por decir algo que alejara al Omega de él, pero sabía que no podía simplemente quedarse callado.
-Yuri, desde que te conocí supe que eras especial, además de ser un Omega, lo cual adoro, eres alguien muy gracioso, amoroso, alguien orgulloso y que no se deja humillar por nadie, con todo el tiempo que pase a tu lado me di cuenta que te esforzaste por ser útil- al ver que lo iba a interrumpir alzó la mano y tapó la boca de Plisetsky -también amo tu apariencia física, no voy a negar eso, se que al principio no teníamos la mejor relación, además, aun ahora hemos tenido nuestras discusiones y diferencias, pero eso es normal en una pareja, y todo este tiempo que pasó me di cuenta que…te amo, en verdad lo hago, por eso- se arrodillo enfrente del menor, que tenía los ojos muy grandes y las manos en la boca -Yuri Plisetsky, te casarías conmigo?-
-Si!- el grito fue toda respuesta.
Michele aún no mostraba el anillo cuando Yuri se había lanzado sobre él para besarlo, sin importar que sus ropas se mancharan, sonriendo y riendo, mientras muchos si salían de las bocas de ambos, besándose entre cada palabra.
-Espera, tengo que ponerte esto- y mostró el anillo de titanio, hormigón y madera de Palma negra, poniéndolo en el dedo anular.
-Te amo Michele-
Dos meses después la boda se estaba celebrando, Viktor había movido demasiados hilos para tener todo listo rápidamente, era algo secreto y personal, solo los cercanos a los novios se encontraban ahí, y Michele, en su traje Urbano della Scala de tela tornasolada negra con reflejos rojos, solo sentía su corazón a punto de detenerse por los nervios.
Pero cuando Yuri entró con su traje Reimmu de color blanco todo se esfumó y lo único que miraba era el cabello rubio atado en una coleta baja, ojos verdes brillando, una sonrisa digna de un ángel, no podía más que alegrarse de casarse con el.
La verdad, no escucho nada de lo que dijo el juez, y cuando dijo sus votos sólo repitió las palabras que ya le había dicho a Yuri cuando se declaró, pero cuando fue el turno del ruso puso toda su atención.
-Sabes, cuando te conoci, te odiaba, pensé que simplemente eras como un Alpha más, alguien que se creía demasiado, pero ahora mismo y después de tantos altibajos, me doy cuenta de muchas cosas, siempre pones primero a tu familia y hasta podrías perder la cabeza por ellos, pero no me quejo, me gusta eso de ti, pero también tienes una mente ágil para los negocios. Sin embargo, nunca has perdido el sentido del humor, siempre haciendo bromas para aligerar el peso de nuestro trabajo, para separar un poco a nuestras mentes de lo que implica estar envuelto en la mafia. Sin lugar a dudas eres un hombre fuera de lo común dentro del bajo mundo- varias personas reían ante lo dicho -pero eso es lo que me hizo saber que eres la persona que mas amo y quiero a mi lado-
Michele apretó la mano de su aún prometido, como asegurándose que estaba ahí, y cuando el juez terminó su discurso, no pudo más y jalo al Omega para poder besarlo frente a todos, oyendo los aplausos del resto.
-Ahora empieza nuestra vida juntos-
-Viste a Chris y Masaomi, en verdad pensé que iba a suceder algo ahí- ambos regresaban de la fiesta en honor a su boda, aunque Yuri estaba un poco, "alegre".
-Si, bueno, entiendo que Chris siendo él no se de cuenta, pero Masaomi también parece ignorar que le gusta-
-No lo culpes, te recuerdo que Chris es-
-La puta de Viktor, lo se- Michele suspiro antes de lanzar a su esposo, Dios, esposo, que bien sonaba -pero es nuestra noche de bodas, así que el nombre de alguien más aparte del mío está prohibido-
Yuri solo hizo un pequeño puchero por ser lanzado, pero al tener encima a su esposo le hizo olvidar el resto del mundo. Alzó los brazos para jalar del cuello a Michele y empezar besarse, primero eran pequeños roces de labios, pero después sonidos de chasquidos se empezaron a oír.
Michele solo miraba al chico debajo suyo, sabía que el celo de Yuri estaba aún lejano, pero no quería arriesgar a embarazar al Omega sin platicarlo antes entre ambos. Pero ahora mismo no era tiempo de pensar en eso, así que volvió a besarlo, dejando que sus bocas se mantuvieran unidas, y en algún momento la lengua del italiano busco la manera de entrar en contacto con la lengua del ruso, y al poco tiempo lo logró, moviendo sus lenguas, volviendo ese beso en algo más lascivo.
Estuvieron un rato solo besándose, hasta que Michele se levantó y se movió a la mejilla derecha, dando suaves toques de mariposa hasta llegar al oído del otro y besarlo, chupando el lóbulo y soplando en él, consiguiendo escalofríos de parte del otro.
-Escucha, no creo detenerme ahora, así que, ¿estas seguro?-
-Vamos Michele, sí por mi fuera no hubiéramos llegado vírgenes al matrimonio, así que se hombre y empieza- decir eso le costó a Yuri mucho, su rostro rojo y desviado, no queriendo ver la cara de Michele, fue prueba suficiente de eso -joder- murmuró.
El italiano sonrió y levantando a su esposo, le hizo arrodillarse en la cama junto a él para poder quitarle el saco y chaleco blanco, tirándolo por ahí sin preocuparse, para después él mismo empezar a quitar la chaqueta y el chaleco negro, tirándolo encima de la ropa blanca.
Pero Plisetsky-Crispino no se quedaría quieto, y movió sus manos para quitarle la corbata roja y tirarla al piso, y dando besos a su cuello empezó a desabrochar su camisa.
Crispino-Plisetsky, por otro lado, disfrutaba de las atenciones del rubio, dejándose hacer un rato, pero cuando su camisa estaba desabrochada lo alejó de él, para volver a tirarlo en la cama, arrancando su corbata rosa y rompiendo los botones de la camisa negra, su Alpha estaba ansioso por unirse a su pareja, así que cuando la camisa de Yuri estuvo fuera del camino bajo su cabeza para besar sus clavículas y además empezar a succionar esa parte para dejarle marcas, y cuando los suspiros de Yuri empezaron a hacerse gemidos fue que bajó aún más, dando pequeñas lamidas a su pecho plano, y moviéndose a sus pezones, dando primero pequeños toques con sus dedos, y después tomar los pequeños botoncitos entre el índice y pulgar, apretandolos con suavidad, jalandolos y hundiéndolos, mirando como enrojecían.
-Mmm, bas..basta, deja..dejalos- las palabras salían entrecortadas de los labios rusos, que fueron tomados por su esposo antes de separarse de nuevo.
Bajo de nuevo y empezó esta vez a usar su boca y lengua para placer de Yuri, que empezó a gemir ahora más alto, la sensación era algo extraña, pero no desagradable. Así que las manos del Omega fueron del cuello a la espalda del Alpha, rasguñando cuando las descargas de placer eran más fuertes.
-Tranquilo Yuri, romperás mi camisa- soltó jadeante Michele.
-Tu culpa- aprovechó esa pausa para poder hablar -¿qué haces aun con ella puesta?-
-Bueno, creo que podrías quitármela, no?-
El Omega le tomó la palabra y con prisa le quitó la prenda de ropa, aprovechando para poder besarlo de nuevo. Cuando terminó con la camisa bajo sus manos al cinturón, y Mickey hizo lo mismo, quitándose ambos esa prenda, sus pantalones ya estaban apresando sus erecciones, así que Mickey se sentó y subió a Yuri en el, para poder mover sus caderas y que sus miembros se rozaran, sacando gemidos de satisfacción en ambos hombres.
-Yuri-
El gemido de Mickey lo descontroló, porque empezó a gemir más, para después dejarse caer y sonreírle a su esposo, invitándolo a quitarle el pantalón levantando sus piernas para que facilitara la tarea.
Michele hizo caso a eso y tomando por los muslos al otro, quitó el pantalón y el bóxer de un golpe, para poder admirar el cuerpo del Omega, de un blanco inmaculado, con las piernas cubiertas de un ligero vello rubio, además de todo eran fuertes y bien formadas, subió su vista encontrándose con el pene del ruso, no era muy grande, pero si de un color rosa y completamente erecto, rodeado de una mata de pelo rubio, pero fuera de eso, el resto del cuerpo de Yuri ya estaba lleno de marcas, eso le hizo pulsar su miembro aun más y rápidamente quitó el también su pantalón y bóxer.
-Te ves hermoso, en verdad te amo Yuri-
-Yo también te amo Michele-
Yuri también aprovecho para ver al italiano, tenía un cuerpo atlético, y de un color canela bastante atractivo, y sólo pudo echar un pequeño vistazo al pene del otro, de un tamaño considerable, más al estar erecto, y también más oscuro que su piel.
Pero no vio más, ya con el rostro, cuello y hombros eran rojos, evitando esa mirada que se le clavaba en todo el cuerpo.
-Voy a empezar- la voz grave del italiano le sobresaltó, pero asintió dando su permiso.
Fue en ese momento que sintió la mano ajena tocar su entrada, cosa que le hizo tensarse, pero pronto fue calmado por suaves palabras dichas en su oído, mientras que lubricante caía en él, para poder facilitar la tarea de dilatación.
El primer dedo no fue tan difícil y pronto se acostumbró, con el dedo corazón uniéndose fue más incómodo y tardó en acostumbrarse, pero el problema fue cuando tres dedos intentaron entrar, ya que volvió a tensarse y quiso retirarse, pero Michele subió a besarlo y le masturbo, buscando distraerlo.
Estuvieron así unos minutos hasta que Yuri movió sus caderas indicando que ya estaba bien, solo entonces Michele se separo y miro con duda a su esposo, y cuando el rubio sonrió supo que tenía permiso, así que tomo un condón y lo puso en su miembro.
En verdad el Alpha estaba desesperado, pero por su Omega tenía que comportarse, así que cuando estuvo listo y vio que el otro también le esperaba fue que se adentro en él, al principio fue difícil, así que tuvieron que ir entrando de poco en poco, y dándole tiempo para que se fuera acostumbrando a la intromisión.
Pero cuando todo termina de entrar es que ambos sonríen, mirándose con amor y entrelazando sus manos, esperando acostumbrarse a la sensación de estar unidos y cuando se sentían mejor empezaron a moverse. Primero suave, como meciéndose sobre las olas, para después transformarse en una tormenta, no saben cuanto tiempo estuvieron así, pero antes de terminar fue que Michele acercó su cara al cuello de Yuri, haciendo que el rubio al cambio de profundidad se corriera, para que en cuanto el orgasmo le golpeara terminará por morder el punto necesario para marcar al Omega.
Solo después de eso ambos se acostaron en la cama, sonriéndose y sin soltar sus manos, dejando que el silencio y sus respiraciones, menos forzadas con el pasar del tiempo, fueran lo único que llenaba la habitación.
Después de eso no todo era simple, pero lo hacían funcionar, se separaban solo cuando era necesario, pasaban el celo del menor juntos, pero aun cuidándose, ya que no estaba en sus planes tener descendencia aun, y a veces Yuri acompañaba a su esposo a carreras de autos clandestinas.
Una vida tan perfecta como podía ser para alguien que pertenecía a la mafia, aun cuando hubo un momento que Yuri se preocupo, en su ultimo celo no habían usado protección, pero decidió no mencionar nada ni recordárselo a su Alpha, no hasta tener algo seguro, oh, pero cuanto se arrepintió de eso, esa última noche.
Al igual que casi cada fin de semana acompañó a Michele a una carrera, el italiano competía siempre que podía, y para Yuri era increíble ver a su Alpha con el grado de excitación que traía correr a esa velocidad.
Casi siempre el Omega le esperaba un poco lejos de la meta, por eso cuando vio el auto italiano derrapar de manera antinatural y brusca la última curva 100 metros antes de la meta su corazón se detuvo, no, no, por favor, eso no estaba pasando.
Pero no pudo ni gritar cuando el carro dio varias vueltas, destruyéndose en el proceso, para quedar tirado en medio de la pista, causando más choques, todo fue confusión para Yuri, gritos, luces brillantes, sonidos de impacto, un poco de fuego.
No se reconoció cuando grito y corrió al auto de su Alpha, y tampoco cuando luchó contra Emil, el cual ese día había ido como espectador y evitaba que el ruso se acercara al accidente, ni cuando, al poco tiempo un equipo de limpieza sacaba los cuerpos heridos o muertos de los corredores, encontrando bajo una sábana blanca en una camilla el anillo que unía a Michele con Yuri, causando en el Omega que corriera libre del agarre del checo, sosteniendo la mano aún caliente de su esposo, desmayándose del dolor de saberlo muerto.
Eso no era justo, si había algún Dios, ojala que se pudriera en lo más profundo del infierno.
