Línea
Descripción:
Dos sociedades biológicamente distintas coexistiendo en el mismo lugar solo significa una cosa: muerte. Tenían prohibido cruzarse debido a inconvenientes pasados, ya no habían muchos con esperanzas de que cambie la situación. Iba empeorando con el tiempo, el odio de los humanos hacia esa raza era entendible pero sin dejar de ser abominable. Hasta que la espada del destino unió dos personas distintas, o tal vez con algo en común.
Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen son propiedad de Tite Kubo.
Capìtulo IV:
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¿Media verdad?
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—¿Eres la nueva, Kuchiki-san no es cierto?
Asintió a la mujer pechugona frente suyo.
—Nosotras vamos a comer al patio si quieres venir —la siguió otra a su lado. Tenía aire marimacho y pelo corto. Ambas eran muy lindas a su parecer.
Las acompañó y ellas se presentaron como Orihime Inoue y Tatsuki Arisawa, notó desde el principio que se cuidaban mucho la una a la otra pero parecían buenas chicas, no como otras la que miraban mal desde que comenzó a hablar -es decir, molestar- a Ichigo.
El almuerzo fue ameno, no se quejó incluso habían llegado más chicas en el patio. Todavía no creía que estuviera tan cerca de ellos y ni cuenta se den. Eran tan distintos pero iguales a ellos. De a poco se fue acostumbrando a su olor y su forma de vivir, ella no tuvo oportunidad de ir al secundario, ni siquiera de más niña y no lo desaprovecharía por nada del mundo.
—Yo creo que Kurosaki-san es muy guapo —comentó una chica a la vez que su cara se ponía roja como un tomate.
—Sí pero su cara de malo espanta a muchas.
—¡No digan eso! Kurosaki-kun es muy bueno —habló Inoue nerviosa y tan roja como la otra chica.
—¿Tú qué opinas Kuchiki?
—Es un idio... —iba a seguir pero recordó donde estaba—. Yo creo que hay mejores que Kurosaki-kun —razonó a tiempo que cambiaba su tono de voz.
Muchas asintieron dándole la razón. A veces, solo a veces se preguntaba por qué debería ocultarse y fingir ser otra. Pero solo a veces.
• • •
—¡Ichigo! —corrió tras él con dificultad. Desde que se quitó el kimono se sentía extraña, ese gigai era muy incómodo pero no negaría que sus prendas le agradaba. El tendero tenía razón.
—Tsk ¿qué quieres ahora? —siguió caminando sin mirarla.
—Esas no son formas de tratar a una dama.
—Dime que quieres —la venita en su sien estallaría si seguía hablando así.
—Oye fuiste tú quien me llamó.
—Cierto —fingió que casi se olvidaba.
Se rascó la cabeza incómodo. Era algo que pensaba mucho desde hace una semana cuando la conoció. No se oía nada puesto que estaban un tanto alejados del gimnasio donde practicaban sus compañeros.
—Solo quería...
—¿Si?
—Saber si tú...
—Si yo qué habla Ichigo —exclamó impaciente.
—Si estás bien así —soltó de sopetón demasiado rápido, como no queriendo realmente que salga esa frase.
—¿Cómo? —frenó sus pasos y él también, pero seguía de espaldas a ella.
—No siendo tú.
Eso la descolocó. No se había molestado éste tiempo en conocerla como para decirle que no era ella. Aunque tal vez un poco de razón tenía, pensó viendo el suelo. Por más que quisiera ella estaba ahí para una misión y nada más.
—Estoy bien —susurró bajo.
—¿Solo eso? —extrañado por su tono.
—Solo eso. ¿Sabes? Estar aquí era algo que había querido hace mucho.
—¿Por qué? Los odian —soltó sin tapujos.
Ella sonrió triste y eso pudo ver el pelinaranjo y sintió algo extraño en su pecho que no le agradó. —Lo sé, estoy buscando.
—De qué hablas ahora enana.
Antes de continuar le pegó un rodillazo. —No lo entenderías.
Silencio.
—¿Por qué?
—Aún creo que puede haber personas que no nos odien, aunque te suene loco. Pero mira, estamos hablando y nunca me despreciaste por ser quien era, creo que puede haber más.
—¿Y para qué ocultarse?
—Lo hago por decisión de mayoría. Es loco porque dicen que quieren vernos muertos pero nunca cruzaron una palabra con nosotros. Temo que si me ven realmente se alejen, no podría pasear por donde quisiese sin que alguien me vea mal o me insulte.
—¿Ya te han insultado, Rukia? —no quiso saber la respuesta pero era necesario para lo que haría a continuación.
El asentimiento y la cabeza baja fue suficiente para él. Separó el espacio que los dividida e hizo algo que pensó nunca hacer. La abrazó algo rígido, pero abrazo al fin y cabo. Notó como se tensó bajo su cuerpo pero luego de a poco se fue relajando y le correspondió. Era un cálido abrazo, no se sentía mal aunque sí un poco torpe pero con la mejor de las intensiones.
—Al principio cuando llegué fui a Tokio, estaba tan entusiasmada... Quería visitar varios lugares pero olvidé cambiar mi uniforme. Ya sabrás que sigue.
Él cerró los ojos y apretó los puños cabreado.
Pasaron varias horas hablando que cuando se dieron cuenta ya estaba oscureciendo. Abandonaron el patio de entrenamiento escolar y caminaron a paso calmo hacia ningún lugar en particular.
Luego de un silencio, la morena habló—: ¿Y tus hermanas?
—Aún es temprano —se encogió de hombros desinteresado—. Y yo creo que los hay.
—¿Qué?
—Personas que sí los acepten.
—¿Tú me aceptas Ichigo? —preguntó viéndolo fijo a los ojos.
Ichigo quería grabarse cada parte de su rostro en su memoria.
—Yo... Sí.
Ella sonrió.
Él también.
¿Quién diría que estaría hablando con una shinigami? Se le hubiera reído después de darle un puño.
Se prometió proteger esa sonrisa que le regaló. Se veía tan distinta a la que daba cuando estaba con sus compañeros. Se veía más real.
Ambos se vieron a los ojos por un rato pérdiendose en el color del otro. Ichigo por fin adivinó que eran violetas brillantes. Nunca había visto un color así. Sin que lo supieran se fueron acercando demasiado el uno al otro hasta que sentían la respiración del otro.
—No... —susurró.
—No, ¿qué?
—¿Qué estamos haciendo, Ichigo?
—No sé... —y era cierto, pero tampoco dijo que le disgustara.
Se apartaron enseguida nerviosos sin saber en qué estaban pensando para llegar a eso. Quedaron meditando lo hablado anteriormente y no volvieron a cruzar palabra desde aquel día.
• • •
—Muy bien Gin, sabía que eras útil.
El aludido asintió sin quitar la sonrisa macabra de su rostro.
—Ya podemos empezar.
Reunió a todos sus hombres y les dio instrucciones de lo que debían hacer. Habían esperado años por ese momento. La venganza estaba en marcha. El líder tomó sus herramientas y caminó con paso decidido hacia la Central de los 46.
—¿Qué cree que hace, capitán? —habló asustado.
Él sonrió con suficiencia. —Eres solo un estorbo en mis planes, lo siento. Despierta...
• • •
Las cosas estaban de mal en peor entre ellos aunque cada vez que cruzaban miradas ella la apartaba y su semblante se mostraba indiferente y eso le disgustaba. Él solo quería hacer las cosas bien.
Rukia empezaba a ser muy popular entre los chicos y chicas de su instituto, pero él sabía que era porque no la conocían realmente. Golpeó su cabeza en el pupitre, él tampoco la conocía demasiado y dudaba que lo hiciera por la insensatez que había cometido.
Pero al menos le quedó el recuerdo. Sonrió de lado.
—Hola, eh... Kurosaki-kun...
Volteó el rostro y frente suyo estaba Inoue Orihime con el rostro rojo, pensando que tenía fiebre puso su mano en la frente pero no parecía enferma.
—¿Estás bien Inoue-san?
La chica asintió repetidas veces que hasta llegó a marearse pero lo disimuló bien.
—Si muy bien, el profesor acaba de decir que nos pusiéramos en grupo para hacer el trabajo. Kuchiki-san dijo que cambiáramos de parejas pero si tú quieres... —parecía dubitativa.
Sus ojos se encontraron con los de ella que estaba con el idiota de Ishida, ambos hablaban y parecían llevarse realmente bien. Eso lo enojó. ¿Por qué no quería estar con él?
—No hay problema Inoue-san, hagámoslo juntos —soltó brusco. En toda la oración no apartó sus ojos de la enana y se levantó dispuesto a retirarse. Se sentía molesto con ella, con él. Con todos.
Tal vez sí había cometido un error, tener algo que ver con esa shinigami.
Después de todo no gustaba de ella ni mucho menos. Solo fue un impulso al verla frágil. Atravesó el campo de deporte y se sentó en una de las gradas. Pasó el resto de la jornada allí.
• • •
Pasaron tres semanas, con el tiempo se fue acostumbrando a su nueva vida. La gran mayoría del instituto la conocía y saludaba cuando pasaba por los pasillos. El lugar era muy grande pero su parte favorita era cuando estaba en la azotea, siempre le había gustado el paisaje que le brindaba Karakura.
—Aquí estás. No me hagas buscarte por todos lados Kuchiki-san.
Ella vió que se acercaba con dos bolsas de sus almuerzos.
—Lo siento Ishida-kun pero sabes que así soy —le arrebató su bolsa y se sentaron cerca de las rejas de la azotea.
Comieron en silencio. En el tiempo que llevan juntos se hicieron muy buenos amigos, el chico era fácil de molestar y Rukia no perdía oportunidad de divertirse un rato, la pasaban genial y sus temas de charla sobre cualquier cosa siempre eran interesantes. Por eso lo había invitado a comer con ella a solas, quería decirle quién era.
Confiaba en que él no le diría nada.
—Tengo algo que decirte —estaba un poco nerviosa pero trató de hablar fluido y sin pausa—. Yo en realidad no soy lo que soy.
Al chico de lentes le bajó una gota por la cabeza. —No te entiendo.
Ella apretó la falda con sus manos y respiró hondo. —Yo soy...
Pero algo los interrumpió, unos ruidos que provenían del patio, se asomaron por la azotea y vieron hacia abajo. En efecto, había gente lanzando cosas a un chico que no hacía nada para defenderse.
Por los gritos supieron que era un shinigami. La ojivioleta no podía creer que estuviera ahí ese chico. No lo conocía pero lo vio un par de veces ahora que recordaba. Era Hanatarou, un muchacho muy pasivo y bueno por lo que contaban de él.
Frenó sus pensamientos al ver que las manos de Ishida que apoyaba en las rejas estaban blancas de la fuerza que ejercía.
—Esas cosas no deberían estar aquí.
—¿Qué dices? —indagó asustada, echándose para atrás.
El chico no la observaba solo miraba con odio a aquel pequeño chico.
—Uno de ellos mató a alguien importante para mí. Nunca los perdonaré.
Y así toda esperanza de Rukia se fue a la basura. Se sintió terriblemente mal pero quería decirle que ellos no harían tal cosa, nada era como decían. Pero ¿que respuesta tendría a la historia que le contaría Ishida acerca de los sucesos fatídicos que le habrá sucedido a esa persona? Ninguna y otra vez se sintió como muchas veces cuando había comenzado el instituto...
Fuera de lugar.
Sentía que quería llorar pero nadie debería verla.
—¿Qué querías decirme Kuchiki-san?
No.
No podía hablar.
Siempre era lo mismo.
¿Hasta cuándo?
Negó con una sonrisa triste, si abría a boca se largaría a llorar, abandonó el lugar escuchando a su espalda como su amigo insultaba a aquel chico desde la terraza.
Cerró la puerta de la azotea y apretó los dientes para luchar contra su llanto interior. No había nadie allí pero no quería arriesgarse. Avanzó dos pasos y chocó contra algo duro y levantando la cabeza allí lo vio, después de tanto tiempo.
—Ichigo...
• • •
En el almuerzo no estaban ni su amigo ni Rukia y eso estaba impacientándolo y más aún luego de ver como ridiculizaban a aquel shinigami. Intentó ir a defenderlo pero ni siquiera lo conocía. ¿Y Rukia cómo estaría al ver eso?
—¡Vete basura!
—¡Largo!
Sus dientes rechinaron ante impotencia y odio que sentía hacia aquellas personas. Tuvo la fortuna de cruzarse en varias ocasiones con el chico y no parecía mal tipo. Es más, ayudaba a algunos estudiantes con algunas materias que no entendían.
Y ahí estaban aquellos que gracias a Hanatarou aprobaron muchos exámenes, lanzándoles miradas de odio puro.
No pudo soportarlo y más al imaginar si fuera la ojivioleta la que estuviera en su lugar. Avanzó hasta el chico y se puso frente suyo cubriéndolo de las piedras que lanzaban.
—¿Qué haces Ichigo-kun? Te van a lastimar...
—Hanatarou, ¿verdad? Solo quédate detrás mío —le dio la espalda y enfrentó a los abusadores—. Me da pena verlos. Solo tratarlo de ésta forma porque no es igual a ustedes es caer bajo. Muchos fueron ayudados por él y así no repitieron el curso. Qué ironía hablan de la igualdad pero cuando alguien es distinto a ustedes lo desprecian. Cualquiera de nosotros pudo haber nacido así, ¿cómo les gustaría que los trataran? —pasó su brazo por los hombros del chico y le brindó una sonrisa—. Lo poco que lo conozco puedo asegurar que es buena persona incluso más que otros. Deberían odiar se a sí mismo por lo que hay dentro de ustedes. No a ellos.
Mutismo.
Muchos se fueron de allí y otro siguieron insultándolo pero Ichigo enfoco su mirada a la azotea donde le pareció ver a Rukia, Ishida estaba ahí...
Sin pensarlo se dirigió allí con suma rapidez y cuando terminó de subir el último escalón allí la vio. Estaba ensimismada y se chocó con su pecho. Cuando levantó su mirada y sus ojos se encontraron no le gustó lo que vio.
—¿Por qué Ichigo?
—No lo sé, Rukia...
Ella derramó una imperceptible lágrima y trató de recomponerse.
—¿Cuando va a terminar ésto?
Ichigo estaba quedo, procesando que ocurría, deseaba con todas sus fuerzas ayudarla pero no tenía idea de cómo y eso lo desanimaba. Saber que ella confiaba en él para hablarle de esas cosas le trajo calma y sin darse cuenta sus labios tiraron hacia arriba surcando una sonrisa.
Tomó su mano bajando las escaleras.
—¿A dónde? —preguntó ella confusa y con el corazón martillandole a mil.
—Ya lo verás.
Salieron del edificio y caminaron un par de cuadras, la ojivioleta estuvo a punto de reclamar que tenían una clase pero sabía que a ninguno de los dos realmente le importaba. Solo quería despejar su mente pero todo pensamiento se borró al chocar contra el imbécil pelinaranjo que frenó sus pasos sin avisar.
Lo empujó al costado con las cejas fruncidas. —Avísame cuando pares así... —pero al seguir la mirada de él quedó muda.
Frente de ella se veía un hermoso atardecer de distintos colores y un mar quedando perfecto como pintura, parecía que cada línea y figura hubiera sido hecha por un artista. Ichigo observó su expresión y le pareció tierna a pesar de lo ruda que podía llegar a ser.
—Aquí es donde vengo cuando necesito pensar —habló al tiempo que se sentaba en el pasto invitándola indirectamente a hacerlo.
—Es... hermoso Ichigo —susurró temiendo arruinar el aire de calma y tranquilidad que se respiraba allí.
Ambos quedaron uno al lado del otro sin decir más. El silencio no era incómodo y Rukia agradeció infinitamente haber conocido a alguien como Ichigo.
• • •
Notas de autora:
Quiero agradecer de nueva cuenta a Natsumivat por comentar, es entendible y es cierto Ichigo nunca sería así con su madre, no quisiera perder la esencia de los personajes, espero lograrlo y ¡adivinaste! no pensaba decir quienes eran pero bueno ya que lo dijiste... jaja
Sin más espero que les guste. ¿Me demoré mucho? Creo que no, ya lo tenía preparado pero no había entrado a la página hasta hoy.
