Dolor, dolor, desesperación, que tan jodido podía ser, le encantaba no iba a discutir consigo mismo ¿o sí? Tomo el bate y volvió a golpear, el sonido provocado tras el choque hacia que drenara la adrenalina, uno más, otro, otro, otro, sonreí, simplemente fantástico, mi camisa se encontraba llena de sangre, piel y mugre, la vista del cuerpo destrozado me hacia estremecer, le recordaba a un video que había visto de lanzar una patilla de una altura considerable, esta explotaba y estaba esparcida por todos lados.

No podía evitarlo, inhalaba y exhalaba para bajar su notoria excitación, siempre era igual, el frenesí que lo consumía como una droga haciéndole perder la cordura, sangre, sangre, sangre, su cuerpo reclamaba otra víctima y tenía el ojo puesto en una particular, suspiro debía calmarme, metí la manos en los bolsillos encontrándome con un pequeño tesoro, un mechón de cabello azabache, lo tome con fuerza llevándolo a mi nariz, respire hondamente para sentir el aroma que este desprendía, era inevitable, deje caer el bate retirándome del lugar ya había satisfecho su morbo de la noche.

Su cuarto el lugar más reconfortante del planeta, las paredes pintadas de negro al igual que las ventanas, el ambiente húmedo y frio, hogar dulce hogar, me quite la camisa que se encontraba con los rastros de sangre, había algo blando impregnado en la misma, lo tome entre mis dedos, escurridizo y blando, un pedazo del cerebro que acaba de reventar, aquello hizo esbozar la sonrisa mas feliz, cuando veía a alguien sufrir bajo su mano solo podía sentir la felicidad irradiando.

-Sabine Cheng, Sabine Cheng, Sabine Cheng- se repitió a si mismo admirando las fotos pegadas en su pared aquella mujer de rasgo fino le hacía desfallecer, no, no era su tipo, muy vieja para su gusto, pero quería experimentar que podía llegar a hacer, ¡se parecía tanto a ella! A la reina de su obsesión, paso su lengua por las fotos dejando los rastros de saliva en estas.

Saco las pertenecías de su bolsillos en este solo se encontraba una grabadora plateada, bastante desgastada, y el mecho de cabello, se lanzo a la cama dejando su vaqueros puesto y durmió arrullado como un bebe.

Su despertador sonó como costumbre, este se paro perezosamente se tallo los ojos y estiro su brazos, abrió la boca soltando un insonoro bostezo, rasco su pierna con su pie para luego ir a los lavabos, el espejo que poseía se encontraba agrietado este sonrió a su reflejo, se lavo los dientes , abrió la llave de la regadera dejando el agua correr, el vapor comenzó hacerse presente, sin mucha meditaciones metió al agua, su músculos se relajaron, hoy haría su siguiente jugada, alrededor de diez minutos habían pasado hasta que decidió salir, su piel se encontraba roja debido al contacto con el agua, la toalla atada a su cintura y su sonrisa siniestra fue lo último que se vio reflejado ese día.

Vestía unos vaqueros oscuros un poco ajustados, unas cadenas plateadas guindaban de este terminando en su bolsillo trasero donde estaría su cartera, la camisa manga largas un tanto abrigadora una cazadora negra dándole un aspecto rebelde, la mochila que llevaba consigo, su cabellera negra como el carbón, su piel bronceada, su ojos algo grandes con heterocroma le hacían ser un chico popular, todo el gritaba ¡follame! Una sonrisa socarrona se marcaba distintivamente en su labio.

Llego a la universidad un poco tarde, entro a su clase llevándose una reprimenda de su profesor, este comenzó a mover su manos rápidamente, el señor testosterona se encontraba incapacitado para hablar, con lenguaje de señas se las apañaba muy bien, podía escuchar muy bien, de hecho escuchaba como una chica esbelta, de cabello negruzco y labios rosados hablaba con su compañera de lo húmeda que la ponía, este enarco una ceja a dirección a ella, esta mordió la punta del lápiz, esta noche se divertiría a lo grande, se sentó detrás de la descarada chica, su cabello corto, piel blanca y ojos azules le gustaban, demasiados, tenía preparada una velada encantadora, escribió en una hoja que segundos antes arranco de su libreta para comenzar a escribir: encantadora sonrisa, sexy piernas y cuerpo envidiable si realmente te mojas con verme, llegaras al orgasmo si me permites tocarte" ni bien escrito arrugo el papel haciéndolo bola y se la lanzo, la chica miro la pequeña bola que se encontraba al lado de su cuaderno, la desdoblo y leyó, esta asintió ante aquello, era su señal y no la despreciaría.

La clase había terminado y donde se había encontrado la chica había una pequeña nota con la dirección de su hogar, este sonrió, Dios lo amaba y él lo sabía, pues la suerte siempre le sonreía.

La noche había llegado dejo su moto a unas manzanas atrás de la casa de la chica, se encamino el enorme edificio se alzaba ante él, tenía que ser muy cuidadoso esta noche, toco la puerta con el numero que correspondía de la dirección, el pomo de la puerta comenzó a girar mostrando a una chica completamente en ropa interior, este se acerco a le pequeña mujer cerrando la puerta tras de si, comenzó a besarla con ímpetu, su mano se deslizaba a su muslo, esta alzo su caderas y el la cargo, esta comenzó a frotarse con su pene, para excitarle cosa que aun no lograba, ella se separo y coquetamente comenzó a quitarse el sostén y su ropa interior, dejándolo en el suelo, comenzó a caminar a su cuarto soltando una seguidilla de risa traviesa, este la miro con deseo, se acerco a la puerta de la entrada comenzando a pasar todos los seguros, saco de su mochila una máscara de animal, de un pollo para ser preciso, agarro su mochila y se dirigió al cuarto, donde la muchacha grito del susto al verle con la máscara, después una risa por el susto dado, este ladeo su rostro, alzo su mano derecha mostrando un cuchillo de sierra de siete pulgadas, esta miro el objeto y lo miro a él, fue en cuestión de milisegundos ella se paro para ir a correr a la sala, este sin mayor esfuerzo la empujo de vuelta a la cama.

Los gritos fueron sofocados por una música metal si bien los vecinos se quejarían poco le importaba, hundió el cuchillo en la carne de la chica, esta se deslizaba como si fuese mantequilla y no piel, comenzó por abrir su tórax a la mitad, esta comenzaba a escupir sangre y sofocarse con la misma, la sangre empapaba su ropa este comenzó a cortar los órganos que tenia a la vista para retirarlos, su manos picaban tenía ese ligero cosquilleo, vio el rostro desfigurado por el dolor y el pánico de la mujer, este metió su pulgares a la cuencas donde residían su glóbulo ocular sacándolos, con el cuchillo comenzó a cortar la cabeza de la misma jalándola del cabello y serruchando como si cortarse un pan, con la cabeza removida comenzó con otras áreas, manos, pies, pezones y su clítoris, se fue a la cocina con botín en mano para comenzar a decorar, el enorme ventanal reflejaba como este ponía cada parte del cuerpo de su víctima de una manera particular, la cabeza la puso en el candelabro haciendo que el gancho saliese por la boca, los ojos en vasos de cristal, el tórax en una bandeja plateada con su respectiva tapa, los órganos en los platos, los pulmones en una jarra de cristal, era un banquete y sus invitados aun no llegaban, mancho las paredes con la sangre que se encontraba en la sabanas de la chica arrastrándola por la pared, abrió la ventana que había presenciado la escena, el aire fresco entro al sitio, cubrió los platos que contenía la manos y pies, los dedos los uso como decoración en un florero insertándolo donde antes estaba la cabeza de las rosas, antes de retirarse borro la huellas de donde había tocado, si bien quería seguir jugando al gato y al ratón, su vista se vio atraída por una mariposa violeta que revoloteaba a su alrededor, este saco la pequeña grabadora, hundiendo el botón una risa salió de esta, la mariposa se poso sobre la maquina mientras una bruma negra consumía al sujeto.

-Yo soy Le Papillon – hubo silencio – tu mataras a Lady Bug y a Chat Noir y yo te concederé tu sueño- solo asintió retirándose del lugar sintiendo su fuerzas renovadas.