-Creo que lo mejor es ir turnándonos para leer los capítulos.- propuso el director pasándole el libro a Severus Snape a su izquierda en la ronda.
-¿¡Y justo Snivellus tiene que comenzar!?- se quejó James. El aludido lo fulminó con la mirada pero no fue eso lo que lo hizo callarse, sino la mirada de Regulus a su lado, el novio de este. Si algo había aprendido conociendo a Sirius desde los once años era que hacer enojar a un Black nunca resultaba en algo bueno. En realidad era una situación de temer. Y así finalmente permitieron a Severus leer el título del capítulo.
In memoriam
-Creo que este capítulo finalmente no va a ser menos triste que el anterior...- comentó con desazón Molly.
Harry sangraba.
-¡Oh Merlín! ¡Mi hijo esta sangrando!- estalló histérico Sirius, para enseguida darse vuelta y agarrar a James por las solapas de su camisa y sacudirlo-¡Has algo James!
¿Qué quieres que haga?- preguntó el aludido confundido.
-Tranquilo Siri.. De seguro no debe ser nada grave.- intentó tranquilizarlo Lily y a la vez convencerse a si misma del hecho.- Sigue por favor Severus.
Mientras se apretaba la mano derecha con la izquierda y maldecía por lo bajo, abrió al puerta de su dormitorio empujándola con el hombro.
Todos suspiraron aliviados ante esa aclaración ya mucho más dispuestos a continuar la lectura.
De inmediato se oyó un crujido de porcelana al romperse, ya que le había dado un puntapié a una taza de te que se encontraba en el piso, delante de la puerta.
-pero ¿Qué..? Echó un vistazo alrededor: el rellano del numero 4 de Privet Drive
-¿Privet Drive? ¿Qué es Prive Drive?- preguntó James.
-Allí es donde vive mi hermana…- susurró Lily demasiado confundida y algo atemorizada por lo que podría significar la situación.
-¡Oh Lily! ¿Crees que finalmente te hayas arreglado con tu hermana?- preguntó el semi-gigante con ilusión.- ¡Tal vez estén visitándola!
-Lo dudo Hagrid..- fue la pesarosa respuesta de la pelirroja que tenía la mirada clavada en Severus como si en él fuese a encontrar la respuesta que estaba buscando, a lo cual el pocionista pareció darse por aludido ya que continuo leyendo con rapidez.
Se hallaba desierto. Seguramente Dudley había dejado allí la taza convencido de que estaba haciendo una broma ingeniosa. Manteniendo la mano que le sangraba en alto, Harry recogió los fragmentos de porcelana con la otra y los arrojó al cesto, ya rebosante, que había al lado de su dormitorio.
-¿Su dormitorio?.. ¿Porque mi hijo vive con esas personas?..- preguntó Sirius algo alterado, no le gustaba pensar en lo que eso podía significar aunque estaba casi seguro de eso desde un comienzo.-
-¿Porque abríamos de dejarlo con esas personas?- cuestionó a su vez James entendiendo a la perfección a su amante.- ¡Debería estar con alguno de ustedes!
-Bueno si esta con mi hermana.. Dudo que yo este allí para presenciarlo..- conjeturó la pelirroja en un susurro, por las pocas pistas que habían tenido parecía que solo Remus había sobrevivido a la horrible guerra, aunque aun era muy pronto para asegurarlo.
-No entiendo porque no estaría conmigo..- cuestionó a su vez Remus, el ya había aparecido en el libro, sabía que estaba vivo, ¿entonces porque dejaba que el hijo de sus mejores amigos viviera con personas tan despreciables como lo eran los familiares de su pelirroja?
Luego fue al baño a poner el dedo debajo de la canilla. Era estúpido, absurdo y sumamente irritante que todavía faltaran 4 días para que se le permitiera practicar magia…
-¡Yo te entiendo hijo! ¡Eso puede ser aún mas irritante que la vieja arpía!- se solidarizó Sirius.
-¡Quien..?- comenzó la pregunta Arthur.
-Su madre.- respondieron al unísono los 5 amigos.
…pero tenía que admitir que no habría sabido que hacer con aquel corte irregular en el dedo. Todavía no había aprendido a curar heridas y, pensándolo bien- sobre todo a la luz de sus planes inmediatos-,
-¿Que planes?- interrumpió esta vez James.
-No lo se.. ¿Acabar con Voldemort tal vez?- ironizó Severus.
-¡Tú cállate asquerosa víbora!-gritó en respuesta James.
-¡James Potter!- lo reprendió la profesora McGonagall.- ¡Haber si cuida esos modales! Además, Severus sólo está haciendo una obvia observación dado que por eso estamos aquí.
-¿Ah si? Bueno, pues pruebe usted que le digan que su hijo va enfrentarse sólo y teniendo menos de 17 años a ese monstruo!- le escupió en respuesta. Sabía que había sido maleducado al hablarle de esa manera pero es que no podía contenerse. Y los demás en la sala parecieron entenderlo porque no comentaron nada al respecto y la lectura continuó.
…eso era una grave falla en su educación mágica.
-El chico tiene razón Minerva- acordó Dumbledore acomodándose los anteojos de media luna.- Recuérdame que cuando salgamos de aquí hable con Poppy para ver si estaría dispuesta a darles clases de media magia a los chicos.
-Claro Albus.- asintió la profesora.
Se dijo que debía pedirle a Hermione que le enseñara
-¿Quién creen que sea Hermione?- interrumpió Sirius que al parecer ya había estado callado por demasiado tiempo para el.
-De seguro lo sabremos si continúa leyendo hermanito.- se burló Regulus haciéndole fruncir el seño.
…mientras con un gran puñado de papel higiénico, limpiaba el té que se había derramado, antes de volver a su dormitorio y cerrar la puerta dando un portazo.
-¡Uf! ¡Pobre chico! ¡Parece que heredó tu humor Sirius!- bromeó el licano ganándose una mirada fulminante de su amigo y una carcajada general en la sala, era bien conocido por todo Hogwarts el humor irritable que poseía el moreno. No había un solo alumno que no supiera que si Sirius estaba de mal humor, lo mejor era no atravesarte en su camino, a menos claro que quisieras acabar convertido en algún extraño y repugnante animal o nadando en el Lago Negro junto al calamar gigante como les ocurrió a los últimos que se atrevieron a cometer semejante osadía.
Estuvo toda la mañana vaciando por completo su baúl del colegio por primera vez desde que lo había llenado seis años atrás.
-Mira también heredo algo de ti James- se burló ahora la pelirroja haciendo reír nuevamente a todos con la nueva comparación. Todos los presentes en la sala sabían que James era un desastre caminando, lugar por el que pasaba, lugar que quedaba peor que si le hubiesen lanzado un Bombarda Máxima.
Al principio de cada año escolar se limitaba a sacar de él las tres cuartas partes de su contenido y sustituirlas o ponerlas al día, pero dejaba una capa de residuos en el fondo: plumas viejas, ojos de escarabajo disecados, medias sueltas... unos minutos antes, al meter la mano en esa capa de residuos, había sentido un agudo dolor en el dedo anular de la mano derecha y, al retirarla vio la sangre. Esta vez tuvo mas cuidado. Volvió a arrodillarse junto al baúl, buscó a tientas en el fondo y, tras sacar una vieja insignia donde se leía alternativamente "Potter apesta"
-¡Los Potter no apestamos!- se indignó James.
-¡Claro cariño..!- lo acalló Sirius dándole un par de palmaditas en la cabeza como si fuera un cachorro. Lo que molestó en un inicio al ojimarron, sin embargo, luego terminó acomodándose cómodamente contra el pecho del mayor de los Black disfrutando de las ligeras caricias.
…y "apoyo a Cedric Diggory", un falsoscopio rajado y gastado, y un relicario de oro que contenía una nota firmada "R.A.B.",
-Reg ¿Porque le regalaste un relicario a mi hijo?- cuestionó Sirius frunciendo el seño.- ¡Esas cosas son de vieja!
-Ni idea hermano.- respondió confundido el aludido, tanto Sirius como él eran fanáticos de la moda y el cuidado del aspecto personal. ¿Porque entonces le abría dado a su sobrino algo de tan mal gusto?
Encontró por fin el borde afilado que le había producido la herida, lo reconoció de inmediato: era un trozo de unos 5cm del espejo encantado que le había regalado Sirius…
-¡Le regalaste nuestro espejo amor!- le comentó feliz James dándole un beso en los labios a Sirius que sonreía también. Pero ni Remus ni Lily lo hacían, sus amigos con la emoción tal vez no lo habían notado, pero Harry había dicho Sirius… ¿Qué clase de hijo llamaba a su padre por su nombre?
…su difunto padrino.
Un pesado silencio se ciñó sobre todos los presentes en la sala, Alice y Frank se llevaron las manos a la boca reprimiendo el jadeo de sorpresa, Remus y Lily miraron a sus amigos con la confusión pintada en cada una de sus facciones. James y Sirius permanecieron inmóviles por unos cuantos minutos como intentando asimilar la información, cuando finalmente Sirius pareció recuperar el movimiento fue para empujar suavemente a su amante de su regazo donde hasta hace unos minutos había estado cómodamente apoyado y retirar su silla acercándola mas a la de Lily para así alejarla de la de James.
-Sirius... Amor...- comenzó James intentando acercarse a su pareja. No entendía la situación, simplemente no entraba en su cabeza la idea de que pudiera haber tenido un hijo con otra persona que no fuera Sirius… ¡era simplemente imposible! Era verdad que le había costado mucho resolverse y tomar la decisión de estar con quien había sido su mejor amigo desde la infancia, y había llegado incluso a estar a punto de perderlo. Pero desde ese entonces jamás se habían vuelto a separar ni por un segundo, y no entraba en su cabeza la posibilidad de que eso sucediera jamás.
-Ahora no Potter.- respondió Sirius de manera cortante, sentándose en su reacomodada silla y apoyándose ligeramente contra el reconfortante contacto que su amiga pelirroja le ofrecía. James frenó su acercamiento en seco y sintiéndose dolido volvió sobre sus pasos a su silla, la primera y última vez que Sirius lo había llamado así había sido esa vez en que casi lo perdía.
***/*** Flash Back***/***
-¿A donde vas Paddy?- preguntó con una sonrisa el moreno de cabellos revueltos al entrar en la habitación y ver a su mejor amigo arreglándose frente al espejo.
-Tengo una cita con Amos.- respondió éste haciendo que inmediatamente borrara la sonrisa que había mantenido durante todo ese tiempo, y un extraño fuego corroyera su interior.
-¿Diggory? Sirius, ¡te lleva casi 10 años!- se escandalizó.- ¡Ni siquiera lo conoces!
-No James, Amos me lleva 7 años, y sabes que ya eh salido muchas veces con personas mas grandes.- explicó con tranquilidad mientras seguía abotonando con parsimonia los botones de su camisa de seda azul.- Y si lo conozco, vive cerca de la mansión Black, lo encontré en una plaza un día que, para variar, había peleado con mi madre y desde ese momento hemos mantenido correspondencia de vez en cuando.
¿Por que no me lo dijiste?- reprochó entonces el ojimarron.
-Porque no te cuento cada una de las cosas que hago Prongs… al igual que tu no lo haces...- " y agradezco por ello" pensó interiormente pero prefirió guardárselo.
-¡No vayas Sirius! ¡No confío en él! Es muy grande ¡solo querrá acostarse contigo y después te dejara tirado!- repuso nuevamente.
¿Eso es lo que crees James?- en cuanto el ojiazul pronunció esas palabras supo que se había equivocado al decir aquello y la forma lenta en que se dio vuelta para clavar sus ojos en el no hizo mas que confirmárselo.- ¿Acaso piensas que no se cuidarme solo? O mejor aun... ¿Crees que solo para eso es que sirvo?- la susurrante y peligrosa voz le erizó los vellos de la nuca.
-Yo nunca dije eso...- replicó intentando tranquilizar el temperamento de su amigo.
-Además, ¿qué problema hay si Amos quiere acostarse conmigo? tal vez es lo que yo quiero también, ¿no lo pensaste?- siguió como si jamás hubiese sido interrumpido.
-Sirius... No es buena idea... Él no es bueno para ti...- intentó nuevamente convencerlo, si hubiese sido mas inteligente hubiese optado por quedarse callado.
-¡Él me toma enserio!- gritó en respuesta, sus ojos ardían de furia.- ¡Diablos!, él me propuso ser su prometido y yo como un estúpido, que aun tenía alguna esperanza, le dije que quería esperar, pero ya no voy a esperar más.
-Sirius no creo que él en realidad quiera eso... – volvió a intentar.
-¿Sabes que pienso James?- el aludido negó con la cabeza.- Creo que estas celoso...- si la situación hubiese sido otra la forma en que los ojos de James se abrieron y su mandíbula cayó hubiese resultado cómica.- Sabes desde hace meses que estoy enamorado de ti, y mi peor error fue ese, decírtelo.- por algún motivo la amarga voz con que el ojiazul se expresaba le dolía al moreno.- Y por alguna estúpida razón, eso y mi comportamiento te hicieron creer que permanecería sentado esperándote mientras tu pasabas por la cama de la mitad de la población femenina de Hogwarts intentando convencerte de cuan macho eres, mientras que cada vez que tomabas un poco de mas en las noches terminabas rogando porque te dejara tomarme..- ese fue un duro golpe para el orgullo del ojimarron que hizo que sus mejillas se tiñeran de rojo.- Creo que estas celoso porque voy a hacer con Diggory lo que no hice contigo.
-¡Nunca estaría celoso por algo como eso! ¡Vamos Sirius! , ¡Sabes perfectamente que cuando hice eso estaba muy borracho, de otra forma jamás me hubiese acercado a ti de esa manera!- fue el orgullo del moreno el que habló antes de que su cerebro pudiera procesar sus palabras. Pero ni bien estas abandonaron su boca y vio el dolor que se hizo patente tan claramente en los ojos azules, se arrepintió.
-Me voy, Amos me espera y se me hace tarde.- fueron las sombrías palabras que abandonaron la boca del ojiazul al tiempo que recogía su chaqueta gris plomo colocándosela por encima de los hombros.
-Sirius... Perdón... No quise...- intentó explicarse alcanzándolo justo en el rellano de la puerta, y frenándolo por el hombro.
-¡No me toques Potter!- no supo que fue lo que mas lo impresionó y dolió en ese momento, si la brusca sacudida con que se liberó de su mano, el helado tono que usó para dirigirse a él, o que lo llamara por su apellido... Sirius jamás lo había tratado de esa forma... nunca lo había sentido mas lejos de lo que lo sentía en ese momento aunque solo estuviera a un par de centímetros de cuerpo.- Tiffany me pidió que te avisara que te espera en la sala de Menesteres, y que llevará el disfraz que le pediste- informó antes de salir del dormitorio dando un fuerte portazo.
Y esa fue la primera vez que James sintió un dolor tan grande asentarse sobre su pecho dificultando su respiración y haciendo que sus ojos ardieran. Nunca llegó donde Tiffany.
***/***End Flash Back***/***
Y ahora, dos años después dolía exactamente de la misma forma que lo había echo ese día en que Sirius lo tratara de esa manera. Podía entender la reacción de su novio, ¡diablos! No se imaginaba como es que hubiese reaccionado él si se enteraba de que Sirius era el que tenía un hijo con otro. Pero es que él no había echo nada... Ni pensaba hacerlo tampoco, no importaba lo que digiera el libro, tenia muy claro que Sirius era la persona que amaba y por tanto la persona con la cual deseaba compartir su vida y tener a sus hijos. Quería acercarse a él... quería arreglar las cosas, pero sabía que debía que esperar a que el moreno se calmara un poco... de todos modos ni siquiera sabia que decirle porque no podía entender que era lo que pasaba.
De pronto reparó en que todas las personas presentes en la sala, excepto Severus, derramaban lágrimas silenciosas, y que Régulus se había acercado a su hermano arrodillándose en el suelo y abrazandose a su cintura, había escondido la cara en su regazo y permanecía así, mientras Sirius acariciaba distraídamente su cabello. Entonces intentó analizar las palabras y estas resonaron en su cabeza como un eco lejano y sin sentido "su difunto padrino"... no... Sirius no podía estar muerto... simplemente era imposible... Sirius no podía faltarle, porque si Sirius le faltaba el simplemente no podría seguir adelante, no había forma alguna de que lo hiciera. Las lágrimas acudieron a su rostro antes de que pudiera siquiera pensar en contenerlas.
-Sigue Severus...- ordenó en voz baja Dumbledore sobresaltándolos a todos por el tenso silencio en que se hallaban sumidos.
Lo colocó aparte y siguió tanteando con preocupación en el baúl la parte restante, sin embargo, del último regalo de su padrino no quedaba más que un poco de vidrio pulverizado que, como brillante arenilla, se había adherido a la capa más profunda de residuos. Se incorporó examino el trozo de bordes irregulares con que se había cortado, pero lo único que vio reflejado fue su propio ojo de un verde vivo.
La pelirroja quedo estática en su lugar mientras todos la miraban, pero al momento negaron como dando esa posibilidad por imposible y la lectura continuó.
Dejo el fragmento encima de "El Profeta" de esa semana (todavía por leer), que estaba sobre la cama y, para detener el repentino torrente de amargos recuerdos y puntadas de remordimiento y nostalgia originados por el hallazgo del espejo roto, arremetió contra el resto de los cachivaches que quedaban en el baúl.
-Al menos él parece quererme...- se oyó el murmullo bajo proveniente de Sirius. La tristeza en sus palabras era casi palpable, y contagiaba a todos en ese salón, ver al merodeador mas alegre de todos en ese estado no era algo agradable.
Tardó otra hora en dejarlo totalmente vacío, tirar lo bártulos inservibles y separar los demás en dos montones, según fuera a necesitarlos o no. Acumuló en un rincón la túnica del colegio y la de Quidditch,
-¡Juega al Quidditch amor!- exclamó el moreno olvidándose por un momento con la alegría de la noticia de lo pasado hacia solo unos segundos, a pesar de todo el ojiazul sonrío levemente ante la noticia y al ver a su pareja tan emocionada.
-¡De seguro ah de ser un gran jugador!- dijo Hagrid intentando animar a los presentes pero fallando estrepitosamente con la siguiente frase que pronuncio.- ¡Lo lleva en la sangre!
…el caldero, las hojas de pergamino, las plumas y la mayoría de los libros de texto porque no tenía intención de llevárselos. Entonces, se preguntó que harían sus tíos con ellos;
Esta vez no fue un silencio aplastante el que inundó la habitación sino el estrépito de la silla de James al caerse y dar contra el piso con ocupante y todo. Lily en cambio se quedo estática en su lugar, sin poder reaccionar ni emitir una palabra, lo que era demasiado refiriéndose a ella. Sirius se separó de su mejor amiga y la miró abriendo los ojos imposiblemente, incapaz de creer que ella justamente de entre toda la gente, le hiciese algo así. Remus, por otra parte, simplemente parecía increíblemente abatido, como intentando asimilar su suerte, sabía que un día la pelirroja se daría cuenta de que él no le convenía y se terminaría enamorando de otro, pero eso no significaba que no le doliera... ¡demonios! ¡James era como su hermano!
Las personas restantes en la sala miraban a los implicados intermitentemente como en un partido de tenis intentando comprender algo de todo lo que estaba pasando. Hasta que una en especial pareció reaccionar, y justo cuando James estaba logrando levantarse lo volvió a tumbar en el suelo de un puñetazo.
-¿Cómo se te ocurre hacerle algo así a mi hermano!?- recriminó furioso Régulus siendo inmediatamente sostenido por Severus de la cintura para evitar que se fuera otra vez encima de James quien no hacia absolutamente nada por defenderse.- ¡Es su mejor amiga!
-¿Debo recordarles que les pedí nos juzgar nada hasta el final del libro?..- resonó la voz en la habitación haciendo que el estrépito ocasionado cesara inmediatamente para que todos pudiera escuchar atentamente.- No todo es lo que parece… tener un pensamiento tan lineal es una de las cosas que va a causarles serios problemas en el futuro... No deberían desconfiar de ustedes mismos, en tiempos de oscuridad solo eso es lo que nos queda...
-Ahora te entiendo Remus...- fueron las escasas palabras del ojiazul pronunciadas unos minutos después, se acercó al hombre lobo que casi por inercia abrió los brazos invitándolo a sentarse en su regazo, cosa que aceptó gustoso, necesitaba algo de contención. Había sido demasiada información para un día... Se apretujo en el cálido abrazo de su amigo intentando comprender como era que había llegado a ello... ¿Cómo demonios era que sus parejas habían terminado con sus amigos?
-Padd... Moony...- intentó acercarse James.
-Rems... Siri...- probó a su vez la pelirroja aproximándose suavemente.
Pero el rugido que salió del pecho de Remus los detuvo a ambos a medio camino. La luna llena estaba cerca y no era bueno provocar al licano de esa manera, además sabían lo sobre protector que podía ponerse si alguien dañaba a un ser querido, y por la forma en que envolvía a Sirius entre sus brazos y les gruñía instándoles a alejarse con la mirada muchísimo mas dorada que hasta hace solo unos minutos, esta era una de esas veces. Así que a ambos amigos no les quedó de otra que volver alejarse confundidos aun y sentarse dejando el espacio de una silla para no provocar más a Remus.
-Lils... No entiendo... Yo nunca...- intentó explicarse desesperado James.
-Lo se James, yo tampoco lo haría nunca. Amo a Remus.- cortó la innecesaria explicación la pelirroja, lo entendía perfectamente, sabía que James amaba a Sirius, así como sabia que ella amaba al licántropo. Lo que no entraba en su comprensión de ningún modo era como ellos podían haberle echo algo así tanto a sus amores, como a sus amigos.
Al ver que las cosas se calmaban un poco, Severus arrastró a Régulus de vuelta a su silla y una vez que estuvo aseguro de que su pareja no iba a salir disparado hacia James apenas lo soltara (ósea, lo ató a la silla, "uno nunca podía confiarse del temperamento de un Black") se dispuso a continuar con la lectura.
…seguramente quemarlos a altas horas de la noche como si fuera la prueba de algún espantoso crimen. En cambio metió en una mochila vieja la ropa de muggles, la capa para volverse invisible, el equipo para preparar pociones, algunos libros, el álbum de fotografías que le había regalado Hagrid, un atado de cartas y su varita mágica. En un bolsillo delantero de la mochila guardo El Mapa del Merodeador y el relicario con la nota firmada "R.A.B.". Al relicario le había concedido ese lugar de honor, no porque fuera valioso- no valía nada, al menos no a efectos prácticos- sino por lo que le había costado conseguirlo,
-No entiendo, ¿Porque le daría algo que no vale nada? ¿Y que es lo que hice que dice que le costó obtenerlo?- preguntó confuso Régulus.- ¿porque le daría algo a él de todos modos!?
-¡Probablemente lo entienda si deja que la lectura continúe señor Black!- lo regañó McGonagall
… aun quedaba una gran pila de periódicos: uno por cada día pasado en Privet Drive ese verano. Al cabo de un rato se puso de pie, se estiró y se acercó al escritorio. Hedwig no se movió mientras el se ocupaba de ojear los periódicos antes de tirarlos al montón de basura uno tras otro; la lechuza dormía o fingía hacerlo ya que estaba enojada con Harry por el poco tiempo que le permitía salir de la jaula.
A medida que llegaba al final de los periódicos, fue pasándolos mas despacio, intentando recuperar uno que había llegado poco después de su llegada a Privet Drive, a principios del verano; recordaba que la primera plana de ese ejemplar incluía un breve comentario sobre la dimisión de Charity Burbage, la profesora de estudios muggles de Hogwarts. Por fin lo encontró. Buscó la página 10, se dejó caer en la silla del escritorio y releyó el artículo que buscaba.
Remembranza de Albus DumbledorePor Elphias Doge
-¿¡Que!?- todas las personas en la sala estallaron
estupefactas ante la noticia. Hagrid comenzó a sollozar dando hipidos, y McGonagall se sonó la nariz con un pañuelo blanco bordado. Hasta Sirius asomó la cabeza por debajo de los brazos protectores de Remus.
-Amigos, calma por favor.. Sabíamos desde el momento en que recibimos la nota que muy pocos de nosotros sobrevivirían a esta guerra- intentó apaciguar las cosas el director manteniéndose tan tranquilo como siempre.
-¡Pero no usted!- reclamó Alice a quien sus esposo abrazaba intentando consolar, no le gustaba nada que su mujer estuviera sufriendo todas esas emociones tan fuertes en su estado.- ¡Sin usted no podemos pelear esta batalla!
-¡Es verdad! Albus, ¡eres el líder de la luz! ¿Cómo se supone que libremos la batalla sin ti?- expresó Molly, y todos no pudieron mas que estar de acuerdo.
-En algún momento debía de morirme, tuve una vida larga y plena muchachos...- manifestó el director acomodándose mejor en su silla y sonrío mirándolos a todos.- Ahora, si no les importa me gustaría escuchar lo que tiene para decir el bueno de Elphias, ¡hace tanto que no lo veo! Debo recordar hacerle una visita cuando salga de aquí.
Los presentes en la sala se quedaron mirándolo como si de pronto le hubiesen brotado margaritas por las orejas, no importaba hacia cuanto tiempo que lo conocieran, uno nunca iba a terminar de acostumbrarse a esas salidas que tenia el director.
