Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.

Notas de autor: Como prometí, subo la continuación de las vacaciones de este grupito. Me alegra mucho que os guste Scorpius, sobre todo porque he escrito poco de la NextGen y no estoy muy ducha en estos personajes.

Dedicado a Pukit-chan porque tiene unas historias maravillosas y aún así se pasa a leer las mías. Espero poder ponerme al día con tus fics. ^^


Vacaciones en Marsella

Fanfiker_Fanfinal

04.

Al día siguiente Harry notó cómo el sol le acariciaba; ¿qué hora sería? Abrió los ojos para convocar un Tempus pero un respingo le hizo tomar con más rapidez la varita bajo su almohada para apuntarla hacia dos adolescentes que lo miraban, divertidos.

—No soy el enemigo, señor Potter. Y mi padre agradecería que no me hechizase, soy el único heredero —dijo un rubio con voz seria pero con cierto tinte de diversión. Albus Severus yacía a su lado, parado, mirándolo con cierto aire de fastidio.

—Venga, papá, vamos a ir a la playa, ¿vas a levantarte?

Harry dejó la varita sobre la mesilla y volvió a posar la cabeza sobre la almohada. Entonces se dio cuenta de dos cosas: estaba en ropa interior y los ojos de Scorpius Malfoy se paseaban por su cuerpo semidesnudo. Avergonzado, se incorporó llevando las rodillas al pecho.

—¿Es que no sabéis que estamos de vacaciones? Tengo derecho a dormir —su respuesta sonó más infantil que molesta.

—Todos los demás ya están listos, señor Potter. Lo esperamos en la playa, sabe llegar, ¿verdad?

Los chicos se fueron entre risas para reunirse con los demás. El moreno, suspirando, se levantó: la cama de Ernie yacía hecha y no había rastro de su compañero: se aseó, se puso el bañador y bajó a la primera planta: en la cocina se encontró con Luna Lovegood susurrándole cosas a la alacena.

—¿Luna?

Ella elevó la vista, un rostro visiblemente descansado y soñador.

—Buenos días, Harry. Los chicos te esperan. He dejado ahí unas rosquillas y zumo de manzana por si quieres desayunar algo antes de irte.

—¿Sigues con los bundimun?

—He logrado que uno de ellos se vaya. Ya solo quedan dos. Me encantaría cogerlos, pero mis hijos no me perdonarían que estuviera todas las vacaciones adorando bichos.

Harry aún no entendía cómo la rubia podía ser tan apasionada de unos bichos tan sucios y desagradables. Supuso que el magizoólogo nacía, no se hacía. Tras desayunar rápidamente y dejar a Luna con sus animales mágicos acortó el camino que le separaba de la casa y la playa. Rose, Albus y Scorpius jugaban con un balón en la arena. Los gemelos de Luna estaban en el agua, probablemente, porque no los veía, así como tampoco a James y a Barshella. Hermione, Ron y Ernie yacían sentados sobre toallas bajo una sombrilla. Harry se les unió. Media hora después se dio cuenta de que faltaba alguien.

—¿Dónde está Malfoy?

—Ha ido a pasear, fue hacia esas rocas —señaló Ernie.

—Donde creo que ha ido es a deshacerse de nuestra compañía —musitó Ron, pero Hermione le oyó y le golpeó con el puño en el hombro.

—Ve a buscarle, Harry. Igual tú haces que se socialice más —Harry se preguntó si Hermione estaba contándole un chiste, porque no había manera de que el rubio le hiciera algún caso. No lo había hecho nunca, no iba a ponerse a hacerlo ahora. De todos modos, si no quería socializarse, ¿por qué se había apuntado a las vacaciones? ¿Acaso pensaba que podía proteger a su hijo de alguno de ellos? ¿Quizá Scorpius le hubiera obligado? Bueno, Malfoy no parecía tan desagradable, hablaba un poco con Hermione y con Ernie. Con él había cruzado alguna mirada y le había dado la mano. Es como si ambos tuvieran asuntos pendientes. Desde Hogwarts, había tanto de lo que podían hablar... a Harry le apetecía acercarse un poco a él para conocerlo mejor ahora que no parecía tan fastidioso, la pregunta era... ¿quería él?

Se levantó y tras saludar a los chicos llegó hacia las rocas: Malfoy estaba ahí, mirando hacia el horizonte marino, ataviado con un bañador negro bastante ajustado. Aún se conservaba delgado, aunque tenía una constitución diferente a la suya: él era más musculoso. Malfoy parecía disponer de los músculos justos en los sitios adecuados. Harry movió la cabeza para no pensar; Malfoy parecía ensimismado en sus pensamientos. Harry se sentó a su lado, sin decir nada. Malfoy ni siquiera giró la cabeza, y ambos compartieron unos momentos de silencio que a Harry se le antojaron enervantes. Decidido a volver, se levantó.

—¿Ya te rindes, Potter?

—No he venido a obligarte a volver —dijo el otro, girándose—, pero tampoco sé si mi compañía es bienvenida.

Draco alzó la mirada y tuvo que hacer pantalla con la mano porque el sol le impedía ver.

—Ya no tenemos catorce años.

—Lo cual es un alivio, porque de lo contrario ya me habrías hechizado —Harry se volvió a sentar y aprovechó para mirarle nuevamente.

—Porque habrías dicho alguna tontería...

Harry rió. Definitivamente, ¿quién decía que habían cambiado? Seguían respondiéndose como si fueran rivales y como si disfrutasen con ello.

—Tu hijo ha presenciado ya varias tonterías mías y he sobrevivido —Draco lo miró con cautela.

—Mi hijo te admira. Tienes a todos los jóvenes metidos en el bolsillo, hasta a Scorpius. Y no le gusta cualquiera —Malfoy no parecía molesto. No, su tono se parecía más a la resignación.

—No me gusta que me admiren —dijo Harry sintiéndose fastidiado—, y Scorpius muestra respeto hacia mí como lo hace hacia Hermione o Ron.

Draco lanzó una risita.

—Pero claro, ¿cómo puedes pedir que el Barón Sanguinario haga transfiguraciones? Es un dicho, Potter, no me mires como si hubiera salido de otro siglo, eres tú el que sigues con tus costumbres muggles. Scorpius me ha dicho que le has llevado en coche a la Lechucería. Eso prueba que le gustas. Yo no hubiera ido ni atado al sillón.

—Hablas como si el coche fuera peligroso, y no lo es.

—Es una máquina muggle que funciona con petróleo. Arcaica.

—No lo es, Malfoy —insistió Harry, irritado, y calló su salida infantil.

—Vamos a volver. Corremos el riesgo de empezar a pelearnos, Potter —¿aquello había sido una sonrisa? Definitivamente, el rubio seguiría siendo su asunto pendiente.


Después de comer en un restaurante francés elegido por Draco, el grupo decidió pasear por determinados sitios de la zona para que los jóvenes conocieran un poco más Marsella. Los chicos estaban especialmente excitados por ir a los bares de moda mágicos, y junto a la zona del puerto los había de forma numerosa. Pero para esa excursión deberían esperar hasta la noche. Harry pudo observar que además de Albus, Ernie también parecía estar a gusto con Malfoy; los vio varias veces hablando y el rubio intercambiaba más palabras que las de cortesía hacia Ron y Hermione. Tendría que averiguar por qué.

Mientras él y Ron conversaban, visitaban el parque Pastre, muy próximo a su apartamento; Albus y los gemelos se alejaron para perseguirse mientras Rose y Scorpius charlaban. Cuando Ron terminó de contarle cómo Molly había insistido en que fuera con Hermione al viaje a expensas de perderse el partido de la temporada de los Chudley Cannons, el moreno sintió una presencia a su lado.

—Señor Potter.

—Hola, Scorpius, ¿lo pasas bien? —el joven, en lugar de dignarse a responder su pregunta, algo que le debió parecer muy infantil, ya que no respondió, dijo:

—Usted es Jefe de Aurores, ¿verdad? —Harry asintió—. ¿Desde hace cuánto tiempo?

—Desde hace siete años —se giró para ver a Ron, pero se había ido de su lado.

—Vaya —pausa larga—, ¿cómo fue? Cuando le ascendieron. ¿Podría contármelo?

¿Cómo decir que no si te lo pedían tan educadamente? Así que Harry comenzó a relatar aquel día en el que Kingsley le llamó al despacho, le preguntó si le gustaba ser auror, si lo estaba disfrutando y qué opinión tenía de la organización del Cuartel. Cuando Harry respondió a todo eso, le contó que sus propios compañeros habían solicitado que lo ascendieran. El moreno temía ser demasiado joven para organizar a los escuadrones, y de hecho, los comienzos habían sido difíciles. Pero siempre tuvo buenos compañeros alrededor, que confiaban en él y lo ayudaban (no mencionó que además lo respetaban profundamente por la derrota del Señor Tenebroso, porque Scorpius no necesitaba saber eso).

—¿Y qué se siente al dirigir a tantos hombres capacitados? ¿Se siente poderoso? —Si Scorpius no fuera Scorpius ni tuviera una amistad con su hijo, Harry se habría asustado por esa pregunta; ¿es que el amor al poder iba en los genes de los Malfoy? Caray...

—Pues... no lo he pensado. Creo que voy a trabajar y hago lo que me gusta —y añadió, por si acaso, una sonrisa amistosa.

—Si yo fuera auror los mangonearía mucho; les haría traerme el té y las rosquillas —Harry rió a carcajada limpia, incluso Draco se volvió a mirarlo

—Pues es una buena idea. A Ron se lo he hecho muchas veces, pero creo que no se ha dado cuenta del abuso. Él es mi amigo y le parece bien. De todos modos da igual, porque siempre se las come.

Draco se había acercado a su hijo y lo miraba muy serio:

—Scorpius, haz el favor de no molestar a Potter —y fue a llevárselo del brazo cuando Harry añadió:

—No me molesta, Malfoy.

El chiquillo pareció algo molesto con la intervención de su padre. ¿Es que no podía hacer migas con el Salvador? ¿Por qué su padre se empeñaba tanto en esquivar a Harry Potter?

—Es Draco, señor Potter. Ya que vamos a pasar unos días de vacaciones, debería llamarlo por su nombre, ¿no te parece, padre?

Draco hizo un gesto ladeando la cabeza y tras una pausa, asintió.

—Está bien. Si me llamas Malfoy puede haber confusión entre mi hijo y yo. Aunque no creo que tuvieras alguna razón para llamarme, realmente —Harry frunció el ceño: ¿acaso Malfoy estaba triste? Parecía tener una mirada perdida desde que había llegado junto a ellos. ¿Quizá a Astoria no le parecía bien esa compañía o era el propio Draco quien tenía problemas para aguantarlos? Bueno, que no se hubiera apuntado. Apretó los puños.

—Padre, claro que te llamará. Necesitáis conoceros —y girándose hacia el moreno, le obsequió con una seductora sonrisa—, ¿no lo cree, señor Potter?

—Sí, lo creo —respondió Harry sin pensar—, pero entonces, tú me llamarás Harry.

El joven sonrió y le dio un apretón de manos.

—Trato hecho, Harry.


Por la noche, caminaron hacia Le Vieux Port, la zona de bares próxima al puerto, que rebosaba vida: jóvenes de todas las edades se reunían allí. Ron y Hermione prefirieron quedarse en casa mientras Ernie, Harry y Draco los acompañaban. El moreno no sabía por qué el rubio iba con ellos; es evidente que no tenía ganas de ir, ni ánimos. Supuso que lo haría por su hijo, quien, de paso, estaba charlando con los gemelos de Luna sobre los últimos hechizos descubiertos por los Inefables dados a conocer a través de la prensa.

En el camino, Draco y Ernie sostenían una charla sobre miembros del Ministerio que habían dimitido por ciertos sobornos en diferentes departamentos. Harry no pensaba dar su opinión, aunque tampoco se la pidieron, y cuando llegaron a las zonas de ambiente Draco anunció los sitios de magos, mientras ellos esperarían en otro pub localizado dos calles más allá, visitado por otra afluencia de edad. Pidieron unos whiskys de fuego y cuando Harry se acabó el segundo, Draco Malfoy, a su lado, iba por el tercero.

—Eh, Draco, no bebas más. Somos nosotros quienes tenemos que llevar a los chicos de vuelta —bromeó Ernie, y Draco alzó la mirada y puso una sonrisa socarrona.

—Da igual, vamos con el héroe del mundo mágico, no nos pasará nada, ¿verdad, Potty? —la mirada brillante del rubio se posó en la de Harry, y de repente Draco se le antojó muy diferente y hasta atractivo con ese atuendo beige y los pantalones ajustados.

"Merlín. Acabo de mirarle el paquete a Malfoy. Espero que esté lo suficientemente borracho y no se haya dado cuenta".

—¿Verdad, Potty? —el rubio se había acercado y lo había abrazado, por Godric, y él sin darse cuenta y ahora escuchaba la voz de Draco muy cerca de su oreja—. No pongas esa cara de lelo.

Draco Malfoy olía bien. Aparte de a whisky de fuego, su olor varonil le recordaba a su primera varita, al Callejón Diagón, y a las salidas clandestinas a Hogsmeade a través de su capa de invisibilidad. Tuvo una sensación de peligro, de excitación ante algo nuevo pero prohibido, de nostalgia y de ganas de dejar atrás los prejuicios.

Ernie lo miraba, entre divertido y curioso, y Harry, ampliando la sonrisa, puso las manos sobre los hombros de Malfoy para estabilizarlo.

—¿Estás bien? ¿Quieres que volvamos? —preguntó Harry cuando por fin Draco alzó la vista hacia él. Sus ojos eran curiosos: ahora que los veía de cerca, le parecieron muy poco comunes: no conocía a nadie con ese color de ojos tan peculiar.

Draco, por toda respuesta, besó a Harry en la mejilla y volvió a la barra.

—Se le pasará —dijo Ernie, a su lado—. No se lo tengas en cuenta.

Ah, muy bien, señor Macmillan, se dijo Harry, y le agradecía el consejo, pero ¿por qué demonios hablaba de él como si lo conociera? ¿Como si hubieran intimado? Vale, no hasta ese punto, que Ernie estaba casado y seguía muy enamorado de Mandy, pero no encajaba que ambos tuvieran tan buena relación y que en un universo paralelo Draco fuera capaz de acercar la cara hacia él para hacer otra cosa diferente a mofarse. Lo miró: había hundido su cara entre los brazos y yacía inclinado sobre la barra, un poco más tranquilo.

¿Por qué no podía hundir la cara en su cuello, como antes?

Un momento, ¿qué acababa de desear? ¿Y por qué aún sentía los labios del rubio sobre su cara?

—Me siento mal, Ernie, voy a salir a tomar el aire —su compañero rubio asintió y Harry fue empujado hasta lograr alcanzar la salida.

"¿Qué demonios me pasa? ¿Acabo de mirar a Malfoy como si fuera apetecible?"

Apoyándose en la pared del local, elevó la cabeza para tratar de oxigenar la mente; tampoco había bebido tanto, aún era consciente de que podía aguantar varios tragos más, pero después de esa experiencia, mejor dejar de hacerlo. Malfoy debía saber con seguridad que él no era hetero; habían escrito artículos sobre eso en El Profeta, captado algunas instantáneas, y al principio fue doloroso para su familia, pero cuando Harry se lo explicó a los chicos, ellos parecieron tomarlo de un modo natural. Hasta Ginny lo apoyó, después de varias rabietas. Harry suspiró: los chicos y Ginny eran todo lo que tenía, y si bien él no iba a volver con su antigua esposa, el tenerlos de su lado sin importar las circunstancias lo habían llenado de orgullo y seguridad. Y por eso se debía a ellos. A su familia. Encontrar pareja no era vital para él, si bien añoraba acariciar y besar otro cuerpo y sentir esos vaivenes cuando te enamoras, pero tampoco quería caer en la espiral de tirarse a tíos en una noche y luego olvidar. No, sentía que le había pasado la edad para comportarse así.

Recordó lo feliz que fue cuando Ginny lo convirtió en padre y cuando él y ella pasaban noches junto a la chimenea charlando del día y de cómo se habían portado los niños. Añoraba esos momentos íntimos por la simpleza que despedían. Sin duda, ella había sido la mujer de su vida y nada podría arrebatarle lo que le unía a ella, lo más preciado: sus hijos.


Finalmente, los jóvenes se encontraron con Harry, Draco y Ernie en el punto estipulado para aparecerse cerca del apartamento. Draco no iba demasiado sobrio y por si acaso, se había agarrado al brazo de Ernie, que lo sujetaba. Mientras Albus y los gemelos le contaban a Harry que habían descubierto un pub oculto tras otro pub muggle, Ernie llevó a Draco a su habitación y Harry caminó hacia el baño más próximo; como estaba ocupado, decidió bajar a la primera planta, aunque cuando recorrió la mitad del camino se paró en seco: había dos sombras en la cocina americana del salón. Pegados uno contra otro, dos jóvenes parecían abrazados: Harry agudizó la vista; se estaban besando. Harry se pegó al marco de la puerta y asomó la cabeza: eran Rose y Scorpius. A Harry, sin saber por qué, le latió aprisa el corazón, como si fuera partícipe de esos gestos que ambos se estaban dedicando: los brazos de Scorpius estaban alrededor de la cintura de Rose, mientras esta apoyaba las manos sobre los hombros del chico.

Harry había oído rumores de que estaban juntos, pero no le dio mayor importancia. ¿Y si no era un experimento? ¿Y si Rose y Scorpius hacían pública su relación y los Malfoy acababan siendo parientes de los Weasley? Harry se tapó la boca a riesgo de reír. Qué ironía.

Dejó a los jóvenes desfogarse a gusto y puso rumbo al baño. Suspiró. Esos jóvenes podrían haber sido Albus o Lily, y no estaba mal lo que hacían, claro que no. Debía tener en cuenta que ellos ya tenían edad suficiente como para experimentar con el sexo; claro que siempre te quedaba el miedo de si ellos habían tenido más experiencia que tú.

El hecho de que a Scorpius le gustara Rose, su inteligente sobrina, no era raro. La joven era bonita, agradable y muy culta; quizá era la única persona de todo el clan Weasley en la que Scorpius se podría fijar. Por un momento temió por la seguridad de ella cuando escuchó esos rumores; Scorpius era un Malfoy y un slytherin, y ninguno de esos adjetivos le habían dado a Harry más que dolores de cabeza. Pero tampoco podía interrogar a la joven sin pruebas; ahora las tenía, ahora podría hablar con ella; o quizá podría fijarse y pasar más tiempo con Scorpius para conocer al joven; nuevamente, su amistad con Albus debía tener algún sentido. Y el chico parecía respetarlo, al menos como adulto, aunque pensara que como persona fuera patético.

El tiempo pasaba demasiado deprisa; allá estaba él, catorce años después, divorciado, padre de tres hijos hermosos, los cuales no tardarían en hacer sus vidas; el mayor, de hecho, ya tenía una relación seria con Barshella y probablemente no tardarían en establecer alianzas con los Macmillan.

No se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo en el baño, pensando sobre el presente, así que cuando pasó de nuevo por el salón las sombras ya no estaban, y Harry pudo subir a su cuarto y tumbarse en la cama, no sin antes vagar aleatoriamente por los sucesos acontecidos en el día y recordando unos bonitos ojos grises mirándolo.


CONTINUARÁ.

Bueno, bueno... Harry se está enamorando.

Gracias a todos los que leéis y comentáis.