Visita a los Wilkins

Ya estaban allí los dementores. Surgían de la oscuridad, llegaban de todas partes. Se deslizaban por las orillas del lago. Se alejaban de Harry hacia la orilla opuesta… Hermione le apretaba el brazo asustada.

Harry echó a correr de repente. No pensaba más que en su padre… Si era él, si era él realmente, tenía que saberlo, tenía que averiguarlo.

-¡No, Harry!- escuchó a Hermione atemorizada tras él.

Cada vez estaba más cerca del lago, pero no se veía a nadie. En la orilla opuesta veía leves destellos de plata: eran sus propios intentos de conseguir un patronus. Hermione se había desmayado y él la sujetaba con gran esfuerzo intentando que no cayera como Sirius.

Había un grueso árbol en la orilla donde Harry se encontraba ahora. Se escondió detrás de él mientras observaba la escena del otro lado del lago.

-Harry ¿qué se supone que haces?- lo alcanzó su amiga agitada.

-Sólo quiero saber si era mi padre.

-Pero Harry…

-¡Aparecerá, ahí mismo!.- la cortó señalando a unos dos metros del árbol.- Te lo aseguro…

El Harry de la otra orilla seguía sujetando a Hermione, intentando mantener el delgado patronus que había convocado. Pero era incapaz. Cayó al suelo abrazándola todavía, mientras aquellos horribles seres se les aproximaban con su estremecedora respiración.

-¡Vamos!- murmuró Harry mirando a su alrededor.- ¿Dónde estás? Vamos, papá.

-Harry.- sollozaba Hermione a su lado.- Tu padre no va a venir. No va a venir nadie… Nos estamos muriendo.

Harry levantó la cabeza para mirar el círculo de los dementotes del otro lado del lago. Uno de ellos se bajaba la capucha. Era el momento de que apareciera el salvador. Pero no veía a nadie. Hermione le volvía a apretar el brazo con tenaz fuerza.

Y entonces lo comprendió. No había visto a su padre, se había visto a si mismo. Harry salió de detrás del árbol y sacó la varita.

-¡EXPECTO PATRONUM!- exclamó.

Y de la punta de su varita surgió, no una nube informe, sino un animal plateado, deslumbrante y cegador. Parecía un caballo. Galopaba en silencio, alejándose de Harry por la superficie negra del lago. En ese momento galopaba en torno a las formas negras que estaban tendidas en el suelo, y los dementores retrocedían, se dispersaban y huían en la oscuridad.

Harry estaba petrificado. No por miedo o cualquier otra emoción. Era por lo que había pensado para convocar al patronus. ¿Era aquella imagen su más feliz recuerdo?

El patronus dio media vuelta. Volvía hacia Harry a medio galope, cruzando la calma superficie del agua. Era un ciervo. « ¡Claro, Cornamenta! » pensaría Harry si no fuera por aquella imagen, aquel recuerdo…

El patronus se detuvo en la orilla. Miraba a Harry con sus ojos grandes y plateados. Lentamente reclinó la cornamenta. Pero el ciervo se desvaneció cuando alargó hacia él las temblorosas yemas de sus dedos.

Harry se quedó así, con la mano extendida. Luego, con un vuelco del corazón, oyó tras él un ruido de pasos. Se dio la vuelta y vio a Hermione, que se acercaba vacilante.

-No habías visto a tu padre, sino a ti mismo… ¿verdad?- dijo con voz trémula. Harry asintió aturdido.- Hiciste aparecer un patronus capaz de ahuyentar a todos esos dementores… Eso es magia avanzadísima… Harry…

Harry solo la abrazó en silencio… abrazó a su recuerdo más feliz… A la persona que más quería y de la cual se había ido enamorando sin darse cuenta... hasta aquel momento. Ella respondió sorprendida al abrazo, pero permanecieron así un buen rato.

Harry abrió los ojos lentamente. Ante si, no solo se encontraba su recuerdo más feliz, sino también su futuro y presente más preciado. Poder observarla con los ojos cerrados, con aquella expresión de profunda placidez, era la mejor recompensa después de todo el sufrimiento vivido todos los años de su vida. La besó suavemente y la sonrisa de la chica se pronunció todavía más. Le acarició la mejilla y se giró para echar un vistazo a la habitación.

Debía ser la de los padres de Hermione. Los rayos de sol traspasaban las finas cortinas blancas que cubrían la ventana. Un armario de aspecto antiguo y una cómoda eran los únicos muebles, además de las mesitas de noche, que había en la habitación. Ninguno de los cuadros era mágico y el espejo de dorado y desgastado marco no parecía tener nada especial. Por un momento se había olvidado de que se encontraba en una casa muggle.

Enseguida volvió a dirigir sus ojos hacia Hermione, para volver a acariciarla, pero ella se despertó y no pudo reprimir una sonrisa al ver la profunda mirada que le dedicaba Harry. Se desperezó y lo abrazó cerrando los ojos.

« Que sueño más maravilloso » pensó « Pero… un momento… » Hermione rompió el abrazo, pero sin quitarle las manos de los hombros. Se mordió el labio inferior con gesto pensativo.

-¿Te pasa algo?- preguntó Harry.

-Me has besado… ¿verdad?- dijo volviendo a morderse el labio

Ella se limitó a sonreir y se levantó dejando al sorprendido Harry con la palabra en la boca.

Tras levantarse y ducharse se vistieron. Harry cogió su recién soldada varita de la túnica y la metió en el bolsillo interior de su chaqueta. Pero un agudo e inesperado picor comenzó a aparecer en su cicatriz. Harry, asustado, presionó la herida en forma de rayo con su mano hasta que terminó por cesar. Pero no le dio tiempo a pensar en el por qué de aquello, pues…

-¿Qué haces Harry?- preguntó Hermione al verlo tan pálido y con una mano en la frente.

-Nada, nada…- se sobresaltó él.- Vamos a desayunar, me muero de hambre.- cambió de tema.

Ella lo observó perspicaz pero decidió no decir nada, estaba también hambrienta, el día anterior se habían dormido con el estómago vacío. Salieron a un ancho pero corto pasillo y bajaron por las escaleras de madera hasta un pequeño vestíbulo para pasar directamente a la cocina. Todo tenía una capa de polvo de casi un centímetro de grosor. Se hacía evidente que allí no había vivido nadie en un buen tiempo.

-¿Te tomaste esa medicina ayer?- preguntó Hermione mientras un té se calentaba en uno de los fogones de la cocina.

-No…- negó sin darle importancia.- pero ya no me duele tanto la espalda, ni las piernas.- añadió al ver la cara de enojo de Hermione.

-La señora Pomfrey dijo que te la tomaras después de cenar. Hoy la tomas sin falta.

-Sí mamá…-afirmó Harry.

Mientras desayunaban Harry soltó la pregunta que tarde o temprano tendría que poner sobre la mesa de nuevo.

-¿Cuándo iremos a recoger a tus padres?

-No lo sé…- respondió hundiendo una galleta en su leche con gesto nervioso.

-¿Ocurre algo Hermione?- preguntó Harry al detectar preocupación en la expresión de su amiga.

-No, pero…

Al parecer Hermione no les había hecho un encantamiento desmemorizante normal y corriente a sus padres, sino uno más complejo pero menos perjudicial y más seguro que el Obliviate. El remedio a este hechizo sería hacer que los señores Granger miraran a la vez hacia la varita que había efectuado el conjuro y se tendría que pronunciar la contraseña correcta para que el hechizo se desvaneciera.

Cuando terminó de explicarse Hermione soltó un largo suspiro arrepentida de haber hecho aquel complejo hechizo y no uno más simple. Harry le cogió la mano.

-Solo intentas proteger a tu familia, no es razón para arrepentirse.- ella irguió la cabeza y lo miró con agradecimiento. Era típico de Hermione aquel tipo de preocupación, Harry sospechaba que se había informado minuciosamente de todos los hechizos de olvido del mundo para buscar el mas seguro y fuerte, y no estaba equivocado.

-Iremos ahora.- miró el reloj de pared.- En Australia deben ser las diez de la noche. Tardaremos un poco más de lo normal, así que más vale que estemos bien abrazados.- explicó rápidamente. No hizo falta que lo repitiera, Harry abrazó a su amiga con fuerza y esta se concentró en la misma casa a la que un año atrás había llevado por el mismo método a sus padres.

-¿Listo?

-Sí.- confirmó.

Harry notó como agitaba la varita con las manos pegadas a su espalda, antes de sumergirse en aquella insondable oscuridad y pulsante presión, esta vez más intensa si cabe de lo normal. Segundos más tarde se encontraban bajo la estrellada noche australiana intentando alejar aquella horrible sensación de sus cabezas.

Ante sí se dibujaba la silueta de una pequeña y desvencijada casa sólo iluminada por una farola de la calle. Era una construcción de ladrillo con ventanas de madera carcomida y techo de teja. Abrieron el oxidado portalón con un agudo chirrido. Caminaron sobre el césped seco hasta una enrejada puerta de aluminio gris.

-Es la casa que mis abuelos paternos le dejaron a mi padre. Tenían mucho dinero, pero no les agradó que se casara con una "simple dentista", y menos que él se hiciera dentista también. Nunca se llevaron muy bien, así que solo le dejaron esto.- estaba a punto de llorar al hablar de sus padres, y Harry la cogió de la cintura, acercándola a su costado, ella respondió apretándolo más fuerte.

Fue él quien llamó a la puerta. Tras unos segundos de incertidumbre se escucharon pasos y entonces fue el señor Granger quien abrió. Harry sintió como Hermione le apretaba aún más y trataba, sin conseguirlo, contener las lágrimas.

-¿Hola? ¿En que puedo ayudaros hijo?- se dirigió a Harry.

Debía tener sobre los cuarenta, con una notable calva en la coronilla y una escasa barba ya blanca. Lo miraba por encima de lo que parecían unas gafas de lectura.

-Hola, señor Wilkins.- contestó Harry atropelladamente.

-¿Cómo sabes mi apellido? ¿Vivís cerca?

-Sí… Nuestra casa se incendió y…

-¿Está ardiendo?- preguntó más preocupado.

-No, no… ya no pero…

-¿Y vuestros padres?- seguía interrogando.

-Están…- miró de reojo a su amiga.- muertos.

Hermione lo miró con los ojos enrojecidos y sorprendida. Pero debía decir algo para tratar de entrar en aquella casa, y en efecto consiguió lo que esperaba, el señor Granger los miró con lástima.

-Oh… lo siento hijo… pasad, pasad. Os prepararemos algo caliente para beber. ¡Mónica, cariño!

-¿¡Sí!- respondió una voz femenina.

-¡Tenemos invitados! ¡Prepara dos tazas de té, bien calientes!

Los hizo pasar a un salón de pobre decoración y manchadas paredes. Hacía más frío que en el exterior, se sentaron en un deshilachado sofá de algo parecido a cuero marrón y el señor Granger en un sillón a su lado. Hermione abrazaba a Harry y no podía mirar directamente a su padre.

-Bueno, dime hijo… ¿qué ha pasado exactamente? ¿Por qué habéis venido aquí precisamente?- Harry tragó saliva dificultosamente, y de nuevo notó como la cicatriz comenzaba a picarle, pero trató de mantener las manos quietas.

-Pues… verá…

-¿Quiénes son nuestros invitados? Si se puede saber.- una señora bajita y de pelo castaño corto había aparecido en escena, semejaba algo más joven que su marido y más severa.

-¡Mamá!- masculló Hermione apoyando de nuevo sus llantos en el pecho de Harry.

-Aún está muy afectada.- excusó Harry dándole unas palmaditas a su amiga en el hombro ante la mirada que les dirigían los Granger. Estaba empezando a marearse.- Bueno… mi hermana tiene algo que enseñarles.

Levantó a Hermione, despegándola de su regazo. Esta pareció darse cuenta de repente de lo que tenía que hacer. Sacó la varita y la agitó pronunciando la clave que había puesto ella misma para deshacer el hechizo.

-Drago Dormiëns Nunquam Titillandus.- una luz blanca e intensa iluminó la sala, sus padres se quedaron inmóviles, petrificados como estatuas.

Harry se secó el frío sudor que tenía en la frente y notó como el picor desaparecía, junto al mareo.

-¿Pusiste como clave el lema de Hogwarts?

-Sí.- afirmó con voz ronca.- Siento haberme derrumbado así… no sé que me ha pasado.

-Es comprensible que los echaras de menos, y más teniéndolos tan cerca sin poder...

En ese mismo momento el conjuro se esfumó y los dos embrujados recuperaron la movilidad y el habla al cabo de unos segundos de incertidumbre.

-Hija, ¿qué ha pasado? Lo último que recuerdo es ver una luz muy intensa y… un momento… ¿Dónde estamos?

Pero antes de que el padre continuara preguntando Hermione lo había abrazado.

-¿Y quien es este chico?- preguntó la madre aturdida.

-No hay tiempo para explicaciones, hablaremos en casa de todo.- cortó su hija.- Harry concéntrate en la cocina y llévate a mi madre contigo, yo llevaré a mi padre.

-¿Qué?- soltó atónita la señora Granger.

-Con permiso.- dijo Harry abrazándola.- Mas vale que se agarre fuerte.- ella obedeció murmurando un « Cielo santo ».

Segundos después se encontraban los cuatro en aquella pequeña y acogedora cocina llena de polvo.

Hermione abrazaba a sus padres con fuerza, y estos la consolaban con palmadas en la espalda. Aunque Harry sabía que su amiga ya había encontrado el consuelo con solo abrazarlos. Pero poco tiempo tardaron en percatarse de nuevo que no estaban solos. Harry se guardaba la varita, sintiéndose otra vez un estorbo en lo que debía ser un íntimo reencuentro.

-Oh, lo siento.- se disculpó Hermione.- Este es Harry, Harry Potter, estos son mis padres.

Entonces Harry se sorprendió al ver que se les dibujaba una sonrisa en la cara mientras se le acercaban.

-Vaya, hijo. Estaba deseando conocerte, nuestra hija nos hablado mucho de ti.

-Perdona al maleducado de mi marido, Jane Granger.- le tendió la mano.

-Oh, sí… perdón. Yo soy Dennis Granger.

-Encantado.

-Como te decía, chico, nuestra hija nos ha contado todas las historias que has vivido en vuestro colegio.

-¿Ah sí?- miró con sorpresa a una azorada Hermione con la vista clavada en el suelo.

-Sí, hijo. Nos contó como en tu primer curso le quitaste aquella piedra a ese tal Volmedor.

-Voldemort, querido.

-Eso, eso… Y nos dijo como venciste a aquel Balsivisco que petrificó a nuestra pequeña.

-Basilisco.- apuntó de nuevo su mujer.

-Exacto… y como salvaste a tu padrino montado en un… un…

-Hipogrifo.- volvió a apuntar.

-Como sea… y como ganaste aquel Torneo de los 3 no se qué y…Bueno… un montón de cosas que ya ni me caben en la cabeza.- terminó de enumerar.

-¿Solo les contó esa parte?- dijo Harry. Hermione levantó la cabeza y lo miró extrañada, al igual que sus padres.- Pues se olvidó de la mitad de la historia. En primero ella fue la que me abrió el camino hacia la piedra e impidió que bebiera de una botella envenenada. En segundo fue ella quien adivinó que el monstruo en cuestión era el Basilisco y me dijo donde encontrarlo. En tercero impidió que hiciese estupideces interviniendo en el pasado y me ayudó a salvar a Sirius. En cuarto me ayudó a preparar cada prueba y me buscaba información cuando yo no podía, o no quería.- estaba subiendo el volumen y no se daba cuenta, no pensaba muy bien lo que decía y su tono era casi despechado.- En quinto, si le hubiera hecho caso mi padrino seguiría vivo y no tendría que haberlo visto morir ante mi. En sexto, sin no fuera por su apoyo me habría hundido. Y en este séptimo ha arriesgado decenas de veces su vida para salvar la mía…

De nuevo la cicatriz le volvía a picar con más intensidad y se apoyó en la pared para no caer mareado.

-Harry ¿Te encuentras bien?- se le acercó Hermione.

-No.- dijo levantando una mano para que no se aproximara más.- Estoy bien. Voy un momento al baño.- se excusó y salió sin siquiera atreverse a mirarles a la cara.

Se quitó la chaqueta mientras subía las escaleras, el sudor frío volvía a aparecer. « ¿Por qué he soltado todo eso? »- se preguntó mientras abría la primera puerta a la izquierda. No sabía que le había pasado, no había sido un arrebato, era como si todas aquellas palabras no las hubiera dicho él. Pero… aquel no era el cuarto de baño. Se había equivocado y se encontraba en otra habitación.

Era pequeña y estaba pintada de un color rosa muy claro. A la derecha de la puerta, una cama individual y de ropas blancas, más allá un armario de puertas corredera, y a la izquierda una estantería a rebosar que impedía abrir por completo la puerta. Fue ojeando los lomos de los libros, pisando sobre una alfombra de enrevesados dibujos hasta llegar al escritorio de brillante y cuidada madera. Se sentó con cuidado en la acolchada silla, estar allí era extraño. Allí se sentaría Hermione cada verano para hacer deberes innecesarios y leer libros extra, y no podía evitar sonreír ante aquella imagen. Encima del escritorio sólo había un libro de tapas verdes, en cuya portada se podía leer:

« Bases de la historia de la magia »

« Tomo II: Desde el gran Merlín hasta la separación de los cuatro creadores de la escuela de magia y hechicería Hogwarts »

A Harry le picó la curiosidad y pasó directamente a las últimas páginas, donde leyó un pequeño resumen del tema referente a los creadores de Hogwarts:

«… Ante la unión de Godric Gryffindor y Rowena Ravenclaw, Salazar Slytherin enfureció de tal forma que se fue del castillo pocos días después. »- aparecían al lado unas anotaciones, seguramente de Hermione.-« El tiempo suficiente para dejar una última maldición sobre Hogwarts (La Cámara de los Secretos) »- y continuaba la narración.- « No sin antes enfrentarse a Gryffindor en un duelo que se dice, ganó Slytherin, quien abandonó los terrenos del colegio con gran satisfacción. Pocos meses después Gryffindor moriría por culpa del Avada Kedavra efectuado por su mujer. Solo días después de esta muerte, Ravenclaw se suicidaría en la cárcel, manteniendo que ella quería a Godric más que a su propia vida… »

Pero Harry dejó de leer aquel espeluznante relato, distraído por un papel que asomaba del medio del libro. Lo sacó con cuidado y lo observó detenidamente. Ni siquiera recordaba que hubieran sacado aquella foto, pero se imaginó quien podía haber sido. En la imagen aparecían él y Hermione vestidos de gala en el Baile de Navidad del Torneo de los 3 Magos. Ella llevaba un bonito vestido largo y él se había quitado el esmoquin y desatado la pajarita. Harry la agarraba de la cintura con delicadeza, como si tuviese miedo de sentirse tentado a abrazarla. Hermione, en cambio, lo rodeaba con los brazos alrededor de su cuello y apoyaba la cabeza en el hombro de su amigo. Harry no se dio cuenta aquel día, pero la expresión que reflejaba en aquel baile su acompañante era de completa placidez, reposando en su hombro. Lo recordaba todo perfectamente.

Harry estaba cansado, llevaba demasiado tiempo bailando, por lo menos para su forma de ver. Echó un vistazo a la sala y divisó, sentado ante el gentío a Ron. Padma se había levantado y alejado de él cabreada, Harry decidió que era hora de hablar con su amigo.

-Parvati.- le dijo a su pareja de baile.- Creo que voy a sentarme con Ron.- y antes ella lo mirara con odio por dejarla plantada, añadió.- Ese chico de Durmstrang, parece que quiere bailar contigo, lleva todo el rato sin quitarte el ojo de encima.

Entonces la mirada de la muchacha tornó en agradecimiento. El chico, era apuesto y guapo, no como Harry... sería la pareja perfecta para su compañera. Después de todo él tampoco había ido al baile con quien quería. Hermione era por quien suspiraba y si no fuera porque sabía que su mejor amigo la amaba, al igual que ella le mostraba afecto a él, no tendría que intentar distraerse con Cho, que le gustaba, pero por la que no sentía nada.

Siempre que podía, Harry se obligaba a recordar, tortuosamente, los ataques de ira que tenía Ron cada vez que alguien hablaba mal de Hermione, y también los abrazos que ella le dedicaba a su amigo, o las ayudas que le prestaba en cuanto a los estudios. Aunque una lejana, pero rotunda voz le repetía que él también sentía aquellos mismos arrebatos, que ella prestaba su ayuda a Ron porque la necesitaba más que Harry, y que Cho era sólo eso, una distracción.

Agitó la cabeza para dejar de pensar en aquello y se sentó al lado de Ron.

-¿Te has cansado tú también de bailar?- pero la expresión de odio que Ron le dedicaba a las parejas que bailaban ante él no cambió.- Es por Hermione ¿verdad? Querías venir con ella.

-¿¡De que hablas!- el odio se mezcló con el nerviosismo.- Yo quería venir con Fleur, pero está con ese…

-¡Ron! Sé que quieres a Hermione, no lo niegues.- la falta de una respuesta por parte de su amigo le confirmó a Harry sus sospechas.

Entonces observaron a su amiga separándose de Krum y que los saludaba a ambos alegre. Harry respondió al saludo, al contrario que Ron, al que se le tensó más el gesto.

-Sácala a bailar.- le sugirió Harry mientras la chica se les acercaba.

-¿¡Qué!

-Vamos, aprovecha ahora.

-Sácala tú, si tienes tantas ganas.

Ron había tocado su punto débil, él sabía que Harry nunca se atrevería a hacerlo, y era un buen punto y final para aquella conversación.

-Chicos, Viktor va a por unas cerveza de mantequilla…

-Hermione ¿quieres bailar conmigo?- había sido un impulso, como una sacudida, un golpe directo al orgullo de Harry.

-S… sí… Claro, sí…- tartamudeó ella finalmente.

Harry estaba seguro por su expresión, de que no se esperaba su invitación. De todos modos se alejaron de Ron cogidos de la mano, pero sin adentrarse en la multitud.

Comenzó entonces a sonar una música lenta. Harry se quedó ante ella, sin saber muy bien qué hacer. Hermione, en cambio le rodeó el cuello con sus brazos, haciendo estremecer a Harry de arriba abajo. La sujetó por la cintura, como si tuviera entre sus manos la joya más frágil del mundo. Tratando de evitar abrazarla, intentó buscar un inicio de conversación, pero agradeció que fuera ella quien comenzara.

-¿Y a que debo que el señor Harry Potter me invite a bailar?- preguntó con una sonrisa.

-Ron está de mal humor porque quería venir contigo. Cree que estás confraternizando con mi enemigo en el Torneo.

Ella apoyó la cabeza en su hombro, acercándose más a él.

-Ron es estúpido, si quisiera venir conmigo me lo habría pedido y no me utilizaría como último recurso.

Harry no dijo nada más. Aquel dulce aroma que parecía envolverla lo tenía atontado. La estaba rodeando con sus brazos por la cintura sin darse cuenta, como había hecho el año anterior ante el lago. Entonces, cuando pensaba que habían pasado horas, y cuando sus cuerpos no se podían acercar más, vio como Ron abandonaba la sala malhumorado. Harry se había olvidado por completo del motivo de su baile con Hermione, que era provocarlo y hablar con ella para acercarlos, pero solo había logrado despertar más celos en su amigo. Ya se habían enfadado a principios de curso, y no quería volver a vivir aquello.

Pero un alivio lo inundó cuando vio que no había huido por su culpa, sino porque había visto a Krum cerca, que ahora los observaba también anonadado con dos cervezas en sus manos. Por suerte la música cesó y Harry se separó, más bruscamente de lo que hubiera querido, y dijo casi tartamudeando y completamente rojo:

-Viktor te espera.- ella lo miró con sus ojos color café, y antes de que se derritiera allí mismo, añadió.- Yo debo irme, antes de poner celoso a todo el colegio.

Y abandonó el Gran Comedor con un montón de cosas en la cabeza. Feliz por una parte y por otra enfadado consigo mismo.

-Ese es el único momento que merece recordarse ese día.- dijo una voz a sus espaldas que lo sobresaltó.

-Hermione… perdona, yo la vi en el libro y…

Ya estaba cansada de bailar, Krum solo la miraba sin decir nada, y eso no hacía mas que ponerla nerviosa. Echó un vistazo a la sala y divisó, sentado ante el gentío a Harry. Ron discutía con él cabreado, y decidió ir hasta allí.

-Viktor.- le dijo a su pareja de baile.- Creo que voy a sentarme un rato.

-Vale, cogerré unas cervezas.

-Bien búscame por aquí después.- se despidió de él con una sonrisa.

La verdad es que no quería ir con él al baile, pero era guapo y Harry no se lo había pedido. Era por él por quien en realidad suspiraba y si no fuera porque sabía que él amaba a Cho no tendría que intentar distraerse con otro, que le gustaba, pero por el que no sentía nada.

Saludó a sus amigos y se aproximó a ellos justo cuando acababan de terminar su discusión.

-Chicos, Viktor va a por unas cervezas de mantequilla…

-Hermione ¿quieres bailar conmigo?- dijo de repente Harry. Y a ella se le vino el mundo encima. No podía explicar lo que sentía en aquel momento. Una alegría superior a cualquier otra.

-S… sí… Claro, sí…- contestó atropelladamente.

Era completamente increíble, nunca hubiera creído que Harry le pediría por bailar. De todos modos se alejaron de Ron cogidos de la mano, pero sin adentrarse en la multitud.

Comenzó entonces a sonar una música lenta. Enseguida le rodeó el cuello con sus brazos, sintiendo como un escalofrío recorría a Harry. Él la sujetó por la cintura, con extrema delicadeza. Buscó un inicio de conversación.

-¿Y a que debo que el señor Harry Potter me invite a bailar?- preguntó con una sonrisa.

-Ron está de mal humor porque quería venir contigo. Cree que estás confraternizando con mi enemigo en el Torneo.

Apoyó la cabeza en su hombro, acercándose más a él. ¿Por qué tenía siempre que explicar los errores que Ron cometía? ¿Y por qué tenía ella que iniciar una conversación?

-Ron es estúpido, si quisiera venir conmigo me lo habría pedido y no me utilizaría como último recurso.- afirmó francamente.

Harry no dijo nada más. Ella tampoco quería seguir hablando, quería disfrutar el momento. Él la estaba rodeando con sus brazos por la cintura, como había hecho el año anterior ante el lago. Entonces, cuando pensaba que habían pasado horas, y cuando sus cuerpos no se podían acercar más la música cesó y Harry se separó bruscamente y dijo casi tartamudeando y completamente rojo:

-Viktor te espera.- ella lo miró fijamente y él añadió.- Yo debo irme, antes de poner celoso a todo el colegio.

Y abandonó el Gran Comedor dejándola sola, con el completo desconocido que era Krum.

-Quería ir al baile pero…- se quedó callada.

-Siento lo de antes, esque no sé que me pasó…

-No pasa nada, sé que no querías decirlo, y también sé que necesitas reposar más.- dijo mientras se acercaba.

Se paró a unos centímetros de él y lo miró con sus ojos color café y antes de derretirse allí mismo, ella lo abrazó posando su cabeza en el hombro de él.

-¿Quieres bailar?- preguntó Harry divertido.

-No… solo quiero que me abraces.- le susurró ella.

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