Después de las preguntas y ver un poco de televisión. Fueron a dormir.
Sesshomaru se despidió de ellos con un rápido: Buenas Noches y fue a su habitación para descansar. Recordó que mañana trabajaría y los niños aún no estaban tan familiarizados con el hogar para dejarlos solos, así que tuvo que pensar en algo. Sacó su teléfono y le marcó a la única persona a la que le tenía confianza…
—Kagura.
—Maldita sea, Sesshomaru, estaba empezando a dormirme— contestó adormilada e incluso con un bostezo.
—Lo lamento—. Realmente no lo lamentaba —, tengo algo que decirte— dijo Sesshomaru con su tono natural.
— No, no lo sientes— contestó— ¿Es tan importante para llamarme tan tarde?
Sesshomaru no respondió. Ella ya lo sabía.
Kagura soltó un suspiró—Esta bien, pero antes, quería decirte que pensé en tu situación y creo que fue muy valiente, pero ¿estás seguro de lograrlo? … quiero decir, espero que sepas lo que estás haciendo.
—Esa es la misma pregunta que me hizo servicios infantiles. Sobre eso… sabes que no me gusta pedir favores—Sesshomaru odiaba depender de las personas, pero esto era algo mayor que él.
Kagura se sorprendió, «Sesshomaru pidiendo un favor, este tiene que ser el fin del mundo» pensó con diversión.
— ¿Cuidarías de ellos mañana? — Preguntó Sesshomaru sin rodeos.
—… ¿Quieres que sea una niñera?
—Sí.
En la habitación de los niños la situación era diferente.
Ranma e Inuyasha compartían una litera y Ranko tenía una cama propia, era pequeña pero lo suficientemente grande para ella.
— ¿Cuánto creen que duremos aquí? — preguntó Ranma. Él pensaba que durarían un mes y si ese era el caso tenía que pensar en algo para seguir junto a su gemela y hermano. Pero realmente no quería irse, estaba cansado de cambiar de hogar a hogar rápidamente. Viéndose obligado en muchas ocasiones separarse de sus hermanos y él ya no quería eso.
—No lo sé— dijo Inuyasha, acomodando su almohada para dormir. Sesshomaru no parecía ser malo, un bloque de hielo tal vez, pero no una persona cruel.
—Podemos hablar de eso después— murmuró Ranko con un bostezó.
—Supongo que tienes razón— fue la simple respuesta de Ranma. Ya no queriendo pensar más sobre las otras casas hogares o una posibilidad de volver a ellas.
—Hoy fue un buen día—murmuró Ranko mientras se acorrucaba y arropaba con la colcha.
Y vaya que lo era para la pequeña pelirroja y creía que para sus hermanos también. Hoy probaron comida deliciosa, pasearon por las transitadas calles, compraron dulces y estaban juntos. Tuvieron sus imperfecciones, pero se solucionaron en el momento (o la mayoría de ellos).
Ranma guardó silenció avergonzado por su arrebato anterior, esperaba que Sesshomaru no lo tomará como una excusa para dejarlos.
—Lo fue—respondió Inuyasha, no muy convencido.
El chico de cabello negro no era el único con esos problemas, el niño de cabellos plateados también tenía una crisis por su actitud.
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La mañana siguiente transcurrió como normalmente o por lo menos lo más normal para ellos: Sesshomaru despertó a las 10:00 am y después 2 horas más tarde le siguieron los niños.
Inuyasha al abrir los ojos lo primero que olió fue la deliciosa comida. Inuyasha se podía acostumbrar a despertar por el olor a comida y no por la estúpida alarma del reloj. Al levantarse notó que sus hermanos no estaban con él. «Probablemente estén en la sala mirando televisión» se dijo a sí mismo.
Salió de la habitación y efectivamente los gemelos estaban en la sala, aunque no observando televisión, ellos parecían cuestionar a Sesshomaru.
Sesshomaru estaba en la cocina, sirviendo los platos y los gemelos apoyados en el sillón de la sala observándolo.
—Así que… ¿vas a dejarnos? — preguntó Ranma.
— ¿Sesshomaru va a dejarnos? — cuestionó Inuyasha, alarmado, demasiado para su bien. Ranko le hizo señas para que se acercara a ella, él así lo hizo poniéndose al lado de su hermana.
—Por fin despertaste— susurró Ranko.
—No voy a dejarlos— respondió Sesshomaru. «Aún» pensó, no queriendo anunciar esto en voz alta—. Tengo que ir a trabajar, así que tendrán que quedarse.
— ¿Tú trabajas? —. Preguntó Inuyasha.
—Sí.
— ¿En dónde? — era turno de Ranko.
—En un despacho—. Contestó.
Ranma vaciló, para preguntar otra cosa, siendo interrumpido por Sesshomaru—. Ahí está su comida, voy a bañarme y les aclararé las cosas luego.
Los niños sólo miraron como Sesshomaru sirvió los platos y salió de su vista.
—Espera, ¿tú no vas a comer? — Preguntó Ranma.
—Ya lo hice— fue su respuesta.
— ¿Cuándo?
Sesshomaru no contestó.
— ¿Está enojado? —murmuró Inuyasha.
Ranko negó —. No lo creo, creo que sólo tiene prisa.
—Eso que importa, vamos a comer— dijo Ranma, saboreando la comida.
Sesshomaru suspiró cerrando la puerta del baño detrás de sí. En estos momentos no estaba de humor para preguntas, tenías cosas más importantes que hacer.
De ahora en adelante, la vida con estos niños sería un reto. Hoy era su primera vez que iría a trabajar con los niños aquí, el miércoles comenzaría nuevamente la universidad y su horario sería exigente. Servicios Infantiles ya le habían advertido sobre esto, aunque no prestó mucha atención en ello, después de todo no había decidido si adoptaría a estos niños, a sus hermanos, de forma permanente.
El agua rápidamente alejó de él aquellos pensamientos.
No pasaron ni 30 minutos y los pequeños ya veían a un Sesshomaru en traje, deambulando por el departamento.
—Vaya Sesshomaru, te ves… elegante— mencionó Ranko, mientras bebía de su jugo.
— ¿Por qué te vistes de esa manera? — curioseó Ranma.
—Ya les he dicho, voy a trabajar— respondió.
— ¿En qué?
—Trabajo en un despacho de abogados.
—¿Qué es un despacho? —preguntó Ranma
— ¿Eres abogado? — cuestionó Inuyasha.
—Pronto—. Contestó. No era un abogado, no del todo, aun no, pero pronto. De igual manera, ahí todos vestían bien, tenían que verse de manera presentable.
Antes de que alguien preguntará otra cosa, Sesshomaru habló: —Hoy no estaré con ustedes, volveré más tarde— centró su mirada en el reloj — 10:30 u 11.
— ¿Estaremos solos? — preguntó Ranko.
—No, Kagura vendrá a cuidarlos, así que les pido que se comporten.
—No somos unos bebés— protestó Ranma, cruzado de brazos.
—Es cierto, Podemos cuidarnos nosotros solos— añadió Inuyasha, frunciendo el ceño.
—¿Ah sí? — dijo Sesshomaru, cruzándose de brazos y dándoles una mirada inquisitiva — ¿Y qué van a comer más tarde? O ¿qué harán si sucede alguna emergencia?
—Bueno… podemos prepararnos cereal o hacernos algún sándwich— respondió Ranko.
—Y no nos pasará nada, ni que fuéramos unos idiotas— defendió Ranma.
—Para eso existe el 911 si pasará algo— mencionó Inuyasha.
Sesshomaru dio una media sonrisa a las ideas de los niños, «demasiado influenciados por la televisión» pensó. Pues el número de emergencias era: 119.
—Kagura los cuidará— dijo Sesshomaru con la misma expresión de costumbre.
—No es justo— reclamaron los tres.
—Lo es, se cuidarán ustedes solos cuando se familiaricen con el lugar o sean lo suficientemente mayores.
—Pero si ya conocemos el lugar— resopló Inuyasha —Ahí está el baño, por ahí la cocina— habló señalando cada uno de estos lugares.
Se escucharon unos cuantos golpes en la puerta que interrumpieron la pequeña discusión.
—Kagura los cuidará— repitió, Los niños respondieron haciéndole mala cara y por alguna razón se sintió mal. No fue muy agradable. ¿Dónde estaban esos niños tímidos y silenciosos de un inicio?, se preguntaba.
Kagura esperaba fuera del departamento, mirando su reloj, se encontraba un poco nerviosa por tener que cuidar de otros niños que no fueran sus sobrinos o hermanos menores. La puerta se abrió delante de ella, era Sesshomaru que vestía un traje azul marino, liso de corte clásico. Con una camisa blanca acompañada de una corbata oscura que hacía juego con la vestimenta. Probablemente esas ropas no eran de diseñador, pero Sesshomaru las hacía lucir bastante bien.
—Oye, hombre de negocios— saludó Kagura.
— ¿Vas a quedarte ahí todo el día? — preguntó él.
Ella negó y simplemente entró. Los niños no la recibieron ni nada por el estilo.
—Están molestos —aclaró Sesshomaru.
—Ya los hiciste enojar tan pronto. Realmente sí que eres bueno con los niños— comentó Kagura.
—No es mi culpa— se defendió Sesshomaru —. Creen que no necesitan una niñera.
—Ya veo. Pero esto es solo temporal.
—Lo es.
Caminaron hacía la sala para ver qué es lo que miraban los niños.
En la televisión transmitían una sería de monstruos que peleaban entre sí, Kagura recordaba ya haberlo visto antes y Sesshomaru no tenía interés en saberlo.
—Hola, chicos— saludó Kagura.
—Hola, Kagura— le saludaron sin animosidad.
—Bueno lo intenté— murmuró Kagura para sí misma —. ¿A qué horas te irás? —le preguntó a Sesshomaru.
—A la 1:10.
Kagura miró el reloj.
—12:40, aun tienes tiempo.
Sesshomaru asintió, — ¿Ya comiste?
Kagura se encogió de hombros —Desayune hace un tiempo, tenía que hacer unas cosas.
Sesshomaru se encaminó a la cocina y Kagura le siguió.
—Ahí hay comida por si tienes hambre— Señalo al sartén, mientras se apoyaba en la pared.
Kagura se acercó saboreándolo, esperando encontrarse con alguna exquisitez.
—Preparaste Ramen, creí que me encontraría con algún exótico platillo occidental que tanto te gusta.
Sesshomaru negó—Hoy no estaba de humor para ello.
— ¿Y eso? — preguntó Kagura, mientras se servía un poco de comida.
—Probablemente porque tengo que trabajar o porque unos niños aparecieron de la nada en mi vida.
—O ambos— murmuró ella. Tomó asiento, agradeció y probó —. Está delicioso.
Sesshomaru asintió, y ninguno mencionó palabra por unos segundos.
— ¿Cómo te sientes? — le preguntó Kagura, después de un momento.
—Estoy bien— respondió.
—No es sobre eso, ¿Cómo te sientes ante la situación? — cuestionó en voz baja.
¿Cómo se supone que debería de sentirse?, tres niños que eran sus medios hermanos llegaron de la nada. Por ahora las cosas no eran malas, pero no sabía cómo se sentía al respecto, todo era extraño, así que trató de eludir la pregunta.
—¿Estudias psicología?, creí que estudiabas arquitectura.
—Sigo con lo segundo, no trates de eludir mi pregunta— regañó.
Sesshomaru suspiró, sabía que Kagura no le preguntaba para molestarlo, al contrario, ella se preocupaba por él. Pero realmente a él no le gustaba ser tan abierto a sus emociones. Y tampoco había tenido tiempo para cuestionarse esa pregunta a sí mismo.
—Estoy bien— repitió —. Tengo que irme.
Kagura no quedó satisfecha con la respuesta, pero había aprendido a respetar las decisiones de su amigo. No le quedó más remedio que obsérvalo salir y decirles unas últimas palabras a los niños.
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N/A: Después de años x_x , no es tan largo, pero este es de prueba y para salir de aquel tormentoso bloqueo Dx.
Como siempre agradezco todo su apoyo y muchas gracias por sus comentarios. :'D
