Futuro

Carly caminaba de un lado a otro con el seño fruncido. Gibby y Verenice la observaban en silencio, cuando ella se ponía temperamental no había nadie que pudiera calmarla. Spencer la observaba desde la cocina, parecía decepcionado y eso le molestaba aun más a la morena.

-Deja de mirarme así, no tengo la culpa que él no quiera hablarme más –espetó con furia.

-Carly, si estás molesta no tienes porque arremeter en mi contra… mejor los dejo, adiós –dijo Spencer antes de retirarse hacia su habitación.

-Él tiene razón Carly, estas llevando todo esto muy lejos…

-Cállate, Gibby… -gritó exasperada.

-¿Sabes? Olvídalo, me largo –dijo Gibby con altanería.

La morena no se detuvo a pensar si había hecho bien o no, en cambio, busco un culpable y solo tenía un nombre en su cabeza, Sam. Verenice se levantó y caminó hasta su amiga, le sonrió y le susurró que todo estaría bien, pero Carly no estaba interesada en escuchar razones o palabras de aliento.

-Me lo quito todo… -gruñó la morena hundiendo su rostro en sus piernas.

-¿Quién? –preguntó la castaña intrigada.

-Sam… me quito a Freddie, ella se llevo a mis amigos y me dejo sola –gritó con lagrimas en los ojos.

Verenice se acercó con una pequeña sonrisa en su rostro.

-Te lo dije cuando te conocí, ella quería todo lo que era tuyo, pero puedes arrebatárselo de nuevo –le susurró a Carly abrazándola. –Eres más hermosa y mejor persona que ella.

-Lo sé… -susurró convencida. –Él será mío de nuevo. –La morena sentenció ganándose una mirada de aprobación de parte de su nueva mejor amiga.

Por otro lado, Freddie estaba acostado en su cama. Faltaba una hora para ir a visitar a Sam, iba todos los viernes de 4 de la tarde hasta las 8 de la noche. Era el único que tenía permiso especial para visitarla ya que Sam no dejaba que se fuera hasta quedarse dormida. Al principio le era difícil porque tenía que viajar en transporte público y llegaba a altas horas de la noche, el regaño constante de su madre le estresaba y el acoso constante de Carly era simplemente molesto.

El castaño miró el reloj que estaba en su mesa de noche, eran las 3:15pm. Se levantó y salió por la ventana y bajo por las escaleras de emergencia. No tenía muchos ánimos de avisarle a su madre, hacia meses que no lo hacía y nada iba a hacerle cambiar de opinión. Él paso por el supermercado y compró varias cosas para Sam antes de tomar el autobús con destino al oeste de Seattle. Se puso sus audífonos y colocó música electrónica mientras esperaba, el viaje solo duraba 20 minutos.

Cuando el autobús se detuvo frente a la clínica de psiquiatría, Freddie realizó su habitual caminata hasta el lugar. No tardo ni cinco minutos cuando ya estaba reunido con Sam, ella lo observo seria por unos minutos hasta que lentamente dibujo una sonrisa en su rostro.

-Pensé que no ibas a venir… -susurró con tristeza.

-¿Por qué? Yo te lo prometí…

-Carly vino a verme y me dijo que tu ya no me querías ver… -una lagrima rodo por su mejilla y Freddie sintió ira, mucha ira.

-Eso jamás va a suceder, no creas nada de lo que te dijo… -espetó con ira, esa chica se las vería con él. –Por cierto, te traje algo.

Sam sonrió con alegría mientras tomaba la bolsa, era un emparedado de jamos y muchos chocolates. Pasaron un rato hablando y paseando por los jardines, sin embargo, Freddie notaba algo distinto en ella.

-Sam, ¿Puedo hacerte una pregunta? –la chica solo se limitó a asentir. -¿Sucede algo?

La rubia frunció el ceño y sonrió con amargura, Freddie notó como sus ojos se llenaban de lágrimas y su cuerpo comenzaba a temblar.

-Tú eres mi amigo, ¿no? –Él asintió confundido-, nunca me mentirías, ¿verdad?

-Nunca preciosa, ¿Qué sucede? –volvió insistir nervioso, algo pasaba.

-Freddie… ¿Mi mamá y mi hermana están muertas? –susurró mientras su rostro se inundaba de lagrimas.

-¿Quién te dijo eso? –preguntó el moreno jadeante.

-Carly… dímelo por favor…

El castaño suspiró y cerró los ojos sabiendo que no podía mentirle, no podía hacerle eso.

-Sí, tu mamá murió junto a tu hermana… -no pudo terminar de hablar porque ella lo interrumpió.

-Vete… no te quiero ver –dijo entre sollozos.

-No puedo te lo pro…

-Rompe la promesa, ya no quiero ver a nadie más… quiero estar sola –Sam gritaba de dolor y eso llamó la atención de las enfermeras quienes la guiaron hasta su dormitorio.

Freddie no sabía qué hacer, se sentía desesperado y abatido. La había perdido una vez y ahora al parecer la perdería para siempre. Ella no quería verlo y todo era culpa de Carly, ¿Cómo pudo hacerle esto? ¿Cómo puede ser alguien tan cruel y desalmado? No se dio cuenta en qué momento había echado a correr, solo sabía una cosa, quería ver a Carly y ponerla en su sitio.

En casa de los Shay, específicamente en el tercer piso se realizaba el show con normalidad. Carly mostraba una sonrisa triunfal en su rostro, se sentía muy bien desde su última visita a la clínica de psiquiatría. Le había dejado claro a la muy tonta que Freddie no la quería ver y le dijo que dejara de fingir, que abriera los ojos y dejara de mentir, todos sabían que su madre y hermana habían muerto, y ella era la única en negarlo.

-Verenice interpretara a una pobre e indefensa chica que camina por las calles de Seattle y se consigue con un hombre lobo que se la quiere comer… -La castaña gritó emocionada mientras presionaba un botón que emitía aplausos.

-Eso será en nuestro siguiente segmento, espero estén atentos y no se olviden…

-Hagan el bien… -gritó Verenice.

-Coman un bicho…

-Y visiten …

-Hasta luego –gritaron las dos al mismo tiempo.

-Buen trabajo, nos vemos la próxima semana –dijo Brad serio, durante el programa había recibido un mensaje de Freddie y no le gusto nada lo que había leído.

-¿No quieres una limo…

-Me tengo que ir… -gruñó exasperado. –Miren, tratare de buscar a alguien que pueda reemplazarme en iCarly, no puedo seguir trabajando para ustedes.

Carly se sorprendió pero no dijo nada.

-Nos vemos en la escuela, adiós –se despidió Brad antes de irse.

Ambas chicas se quedaron un rato en silencio hasta que decidieron bajar. En la sala se encontraba Spencer y su novia Maguie acurrucados en el sofá, ambos ignoraron a las chicas y eso le molesto a Carly. Sin embargo, decidieron que lo mejor era ignorarles por igual.

-El show de la próxima semana será excelente –dijo Verenice con alegría. –iCarly está en su momento perfecto.

-Lo sé, no necesitamos de nadie para hacerlo –acotó la morena igual de alegre.

-No sabes… -la puerta de la sala se abrió súbitamente.

-Shay… eres una maldita perra sin sentimientos –bramó Freddie desde la puerta. Spencer abrió los ojos sorprendido y se giró para encarar a su hermana ¿Qué había hecho?

-Óyeme, ¿Cómo te atreves… -Carly intentó defenderse pero él no se lo permitió.

-Me atrevo y lo hago, ¿Cómo pudiste? Todo lo que provenga de ti me da asco –escupió acercándose más a ella. -¿Cómo puedes siquiera pensar que revelándole la muerte de su familia le iba a hacer bien? Esta peor…

-¿Qué hizo qué? –alzó la voz Spencer pero Freddie lo ignoro.

-Felicidades, Carly Shay… estas podrida por dentro, nada de ti sirve –antes de irse se giró para encarar a la castaña. –Ambas se complementan… me dan asco.

El castaño salió rápidamente del lugar y entro a su apartamento, su madre lo esperaba preocupada y molesta al mismo tiempo. Todos los viernes era lo mismo, le regañaba por salir sin su permiso.

-Fredward Benson, espero tengas una explicación…

-Suficiente –bramó mientras formaba una mueca de dolor. –La mujer que amo está encerrada en un manicomio y si tenía posibilidades de recuperarse las ha perdido por culpa de la imbécil de Carly… -su respiración era agitada y sus ojos se llenaban de lagrimas, otra vez sentía la desesperanza en su interior. –Solo… dejame.

Podía sentir la mirada de su madre seguirlo hasta que entró en su habitación. Se sentó en su cama y clavó su mirada en el espejo, no le gusto lo que veía. No había nada del antiguo Freddie en él, su rostro ya no era el mismo ya que sus fracciones carecían de felicidad. Su cabello no estaba arreglado como siempre, solo caía de manera desordenada hacia los lados. Sus ojos estaban opacos acompañados de dos bolsas violáceas por la falta de sueño.

Freddie sabía que tenía que volver a la realidad, sabía que su futuro había cambiado. Todo parecía más fácil antes, su vida era perfecta y sus amigas siempre estaban con él. Suspiró mientras se giraba y buscaba varios paquetes en su escritorio que tenían el nombre de tres universidades: Harvard, Princeton y Yale.

Abrió un sobre al azar, era de la Universidad Princeton. Desde un principio había querido estudiar todo lo referente a la informática, le encantaba eso, era su mundo y aun lo sigue siendo, pero sus prioridades han cambiado. Comenzó a llenar la solicitud y se detuvo en el espacio de la carrera. El chico sonrió y negó con la cabeza antes de colocar "Neurociencias" en ella, ¿El motivo? Quería descubrir todo sobre el funcionamiento del cerebro, sin embargo, también deseaba ser doctor.

En las solicitudes de Harvard y Yale, en la primera colocó Medicina y en la segunda Ciencias de la computación, en alguna tenía que colocar algo sobre sus sueños. Guardó los sobres cuando terminó, se quitó la camisa y se dejo caer en la cama. Estaba casando física y mentalmente.

En el tercer piso de la clínica de psiquiatría estaba Sam sentada en su cama llorando acompañada de la doctora Carrigan. Ella no sabía lo que le estaba sucediendo, era muy raro ese estado de depresión. Con el pasar de las semanas ella había mejorado considerablemente y ahora había retrocedido. Revisó la hoja de visitas y confirmó sus sospechas, la chica Shay había visitado por segunda vez consecutiva a la rubia.

El lunes pasado había tenido que sacarla porque le reclamaba a Sam muchas cosas, una de ellas el haberle robado a Freddie. Tal vez el día de hoy había pasado algo parecido, tenía que averiguarlo.

-Sam, cariño… ¿Ha pasado algo hoy con Carly? –la aludida la miró a los ojos y asintió-. Sabes que puedes contarme.

-Lo sé –respondió con tono amargo, pero algo había cambiado. Su voz no sonaba dulce y tampoco parecía estar imitando a una niña.

-Te escucho…

-Tengo tanto miedo, pero a la vez tanto dolor… Quisiera volver y encerrarme en la oscuridad donde nada duele –susurró con lágrimas en los ojos. –Tengo miedo de volver allí donde me siento sola.

-Creo que no te entiendo, Sam –dijo Carrigan frunciendo el ceño.

-Sé que mi familia está muerta, creo haberlo aceptado hace poco… pero duele tanto –sollozó con fuerza mientras se dejaba caer en la cama-. Estoy sola… no tengo a nadie en este mundo, pero eso es lo que menos importa.

-¿Qué importa? –preguntó ella sorprendida de su avance, es como si hubiese despertado.

-Quiero recuperarme… he hecho sufrir a mucha gente –susurró con temblor en su voz-, pero no me siento lista para enfrentar al mundo… tengo muchos miedos.

-Te entiendo, ¿Quisieras cambiar de locación? –preguntó con cariño la doctora.

-¿Dónde?

-Mi casa, es algo pequeña pero podemos vivir allí y puedo ayudarte –Sam abrió los ojos sorprendida.

-¿Por qué me ayuda si apenas me conoce?

-No linda, te conozco desde hace 5 meses –informó con una sonrisa en su rostro. –Mi nombre es Jennifer, puedes decirme Jen…

La rubia guardo silencio por un tiempo antes de atreverse a hablar tan siquiera un poco.

-Si me siento preparada… ¿Puedo volver al colegio? –preguntó la rubia cohibida.

-Claro que sí, además podemos invitar a ese amigo tuyo…

-No –gritó escandalizada. –Freddie no tiene que seguir cargando conmigo, él no se merece sufrir más.

Si tan solo ella supiera lo mucho que él ya estaba sufriendo al pensar que nunca volvería.


Gracias por los review, espero les gustara el capitulo... aunque Sam parece haber recuperado lucidez eso no quiere decir que este recuperada por completo. Tiene miedos y muchos que espero con el tiempo sanen... Freddie por su parte esta cambiando, aun no sabe como comportarse pero lo esta haciendo.

Besos