Advertencias: Un poco de Inglaterra/Alemania. Es todo. Angst, ¡tomad todos!

Comentarios: Se me olvidaba decir el capítulo anterior, no me inventé la fecha a la ahí se va, en un cuaderno (en el que anoto toda clase de ideas que tengo para historias y fics) realicé un calendario Septiembre-Octubre-Noviembre de 1929 basándome en el hecho de que el 24 de Octubre era el Jueves Negro y lo demás es lo demás. Como sea, las fechas ya están bien estructuradas y estoy casi segura de que no se me perderá el cuaderno (beware of Narnia). Del capítulo anterior a este hay un Timeskip de un mes. Pensé que poner de lo que ocurrió en septiembre sería aburrido y decidí que mejor me salto un mes entero, por el bien de la trama. Disfruten la lectura, by the way.


Capítulo 4: Puede que estés enamorado


Era viernes 4 de Octubre y había algo en Rose que Alfred alcanzaba a notar diferente. Eran las nueve de la mañana y como todo estaba tranquilo en la bolsa su jefe decidió darle el día libre a Alfred y este, no teniendo nada más que hacer, quiso pasar por "Tea in a Mirror" y platicar con Rose. Así, y con Alfred encantado con ella (y la anglo-alemana sin notarlo) le pidió de favor si le ayudaba a organizar los precios para el té alfabéticamente.

De esa manera, estaban conversando amenamente y hacían algo productivo.

— ¿Eso es todo? —dijo el americano cuando hubo terminado con la lista en una tabla de madera, el precio y sus equivalencias de pesos. Rose, que acababa de terminar notas sobre el té vendido y los que necesitaría que se le volviesen a proveer le observó distraída a Jones.

Se mordió un labio, después de rodar los ojos se acercó y juzgó durante un par de minutos el trabajo del rubio. Se posicionó entre Alfred y la tabla y comenzó a checar. —Pues… sí, está bien. Es todo —de lo que no estaba enterada, es que aquella situación era incómoda para Alfred debido a la cercanía de la anglo-alemana. Sin darse cuenta, comenzó a aspirar el aroma en el cabello de la chica. Algo de belladonas y vainilla.

»Alfred, ¿estás bien? —las palabras de la chica le hicieron soltar un respingo y abrir los ojos con sorpresa. ¿Qué?

—Eh… sí, bien —aseguró. No tan seguro de lo que había preguntado.

La anglo-alemana, no muy segura de la respuesta del americano se volteó para encararlo. Alfred, aún más incómodo con eso intentó no mirarla observando detrás de ella. —Alfred…

No terminó de hablar, sus ojos se conectaron con los del prenombrado. Tragó saliva y recargó sus manos en la caja. Entreabrió sus labios y su respiración comenzó a disminuir. Su corazón latía a mil por hora. Sus ojos brillaban.

Alfred no sabía lo que le ocurría. Una parte de él, quería alejarse, sabía que no era lo correcto quedarse así con ella. —Alfred… —volvió a intentar la anglo-alemana.

Pero ninguno de los dos reaccionaba. Por no querer o por no saber cómo, no era la excusa correcta. Había algo en aquellos momentos que los obligaba a… estar cerca del otro.

De abrupto, Rose bajó la vista y observó el dobladillo de su vestido. Había comenzado a sentir como el color se acumulaba en sus mejillas y no pudo más con aquella conexión tan fuerte. Había algo en aquellos océanos que la había hecho perderse que no podía describir. Era… una sensación parecida a la paz… tranquilidad… y algo más de lo no sabía su nombre… al no haberlo experimentado antes no conocía su significado.

En cambio, Alfred pudo notar que sus rostros habían estado a centímetros cuando la chica rompió el contacto. Lo notó muy bien y sintió algo parecido a la decepción acumularse en su ser. Se lamió un labio y escondió sus manos detrás de él, escondiendo su mirada avergonzada en el suelo.

—Yo-

— ¡Rose! —obviamente, esta sería la primera vez en la que Alfred agradecería el inoportuno y sobreprotector instinto del alemán y haber interrumpido aquella situación tan incómoda abriendo la puerta de la entrada y llamando a su prima.

La anglo-alemana viró la vista rápidamente, aún con sus mofletes rojos y con la respiración entrecortada, intentando esconderse detrás de la caja en la que guardaba el dinero. No pasó demasiado tiempo antes de que Ludwig uniese puntos (tres segundos) y que su rostro se metamorfoseara de tal forma que alarmó a Rose al creerse en problemas. Eso, o la posibilidad de tener que asistir al funeral de Alfred F Jones en un futuro cercano. Actuando rápidamente, su familiar atravesó la caja para acercarse alzando las manos.

— ¡N-No es lo que parece! —insistió. Ludwig, mientras tanto, cambio su mueca de enojo a decepción. Rose, observó eso y pasó de encontrarse preocupada a estar… sorprendida.

—No, no es lo que parece —acotó él. No dejó que Rose se explicara antes de salir tranquilamente. La anglo-alemana, mientras tanto, negó con la cabeza. Sus labios temblaron y salió corriendo tras su primo antes de reaccionar.

Y Alfred, bueno, él se quedó en la caja registradora.

— ¡Lud! —gritó al tiempo que se pegaba a su espalda, con sus manos tomando trozos de su camisa y dejando que su frente se pegue a su cuerpo—. Espera…

— ¿A qué cosa? —aquello le supo ácido. Siendo aún más clara, displicente.

—N-No era lo que… creías. —insistió la chica apretando la tela entre sus manos y tragando saliva.

—Entonces, ¿qué es? ¿No me digas que estuvieron a punto de coger en la registradora en vez de besarse? —una puntada en el corazón para la anglo-alemana. Había recalcado la palabra con tal odio y vehemencia que hizo a Rose sentirse mal.

—Claro que no. H-Hoy no tuvo que trabajar y le pedí que me ayudase a ordenar un poco. Cuando estaba observando lo que le pedí que hiciese nos encontramos en una… incómoda posición y tu llegaste —Ludwig pareció pensárselo antes de obligarla a soltar su camisa. Se quedó lo que a Rose le pareció un minuto y después de eso suspiró.

—Iré a la casa. Haz lo que quieras, pero te había advertido de aquel tipejo. —sin decirle nada más, se alejó y caminó por la vereda. Rose, asustada de que su primo siguiese enfadado con ella volvió a pegársele. Esta vez, rodeando la cintura de su primo.

— ¡Lud-

—Rose —comenzó el otro tranquilo—, por favor, no hagas una escena en la calle. Hablaremos en la casa, pero no aquí.

Volvió a caminar aprovechando el shock que sus palabras habían causado en la anglo-alemana para alejarse de ella. Había tenido suficiente con aquella escena en el "Té en el Espejo" como para tener que volver a ver otra.

Rose, intentando contener las lágrimas se regresó al local para no dejar solo a Alfred, quien todavía estaba dentro.

Pues, se encontró con el otro saliendo de la parte trasera con un par de tazas humeantes y de lo que parecía ser Té de grosellas, a juzgar por el olor que captaron las fosas nasales de la chica. Al darse cuenta de que él… había preparado té para ella.

Antes de que Alfred pudiese decir algo, Rose pasó de la sorpresa a reírse sin saber la razón. Alfred, arqueando una ceja le preguntó visualmente qué era lo gracioso cuando la chica se acercó a él e hizo una reverencia con la cabeza.

—Déjame probarlo —insistió tomando una taza, sopló un par de veces y le dio un sorbo grande, para que el otro no notase lo nerviosa que estaba—, la esencia es grande, lo cual indica que seguiste mi consejo de los cinco minutos y lo pusiste a una temperatura aproximada de 120°F.

Alfred no supo cómo pudo adivinar todo aquello, por lo que decidió simplemente asentir con la cabeza a las palabras de la chica.

Rose, mientras tanto, regresó la mirada a su taza y sonrió para sí misma. —Gracias, Alfred.

— ¿Algo malo ocurrió? —sus ojos cristalinos, no pudieron quebrar su voz alegre de manera que pudiera mantener ocupado al otro. Bendito flequillo que cubría sus esmeraldas.

—Ludwig siendo sobreprotector, nada importante —a pesar de que ella misma quiso asegurárselo, no estaba muy segura si era verdad o no. De momento, podía asegurar que aquél té de grosellas era relajante y tan cálido. Tal vez y era cierto aquello que decía de prepararlo con amor.


Notas Finales: Más que formar parte de la trama, lo sentí relleno *infla mofletes*. Sin embargo, en el próximo capítulo viene lo bueno. Os lo aseguro. No sé exactamente qué podría decir, excepto que el intento-barato-de-drama es… eso, barato por el hecho de que estoy escribiendo todo esto desde las 9pm, sin imaginación e intentando terminarlo antes de que sean 11pm (sin lograrlo) porque tengo que madrugar. ¡Te odio vida!

El próximo capítulo se sitúa en el mismo capítulo, antes de que nadie pregunte nada. Aunque, de igual manera, no creo que nadie vaya a hacerlo.

¿O quién quiere preguntarlo?

¡Adiós!