Disclaimer: hagamos esto semilegal. Inuyasha y compañía no me pertenecen, son creaciones de Rumiko Takahashi, y escribo esto sin fines de lucro y chalala, chalala…

Ah… si

-blablabla- es dialogo

"blablabla" son pensamientos

------------- pos… cambio de escena

CAPITULO IV

Inuyasha la había utilizado, se había servido de su cuerpo para complacerse y se había marchado inmediatamente después sin mirar atrás… Maldición, pensó, como adiaba a los hombres… y como se odiaba a si misma por depender de sus deseos.

Había cedido a sus pasiones, a su deseo por Inuyasha. Había dejado que sus sentimientos tomaran el control de ella por unos minutos y ahora estaba arrepentida. Era por eso que no dejaba que su corazón participara en esta parte de su vida. Cuantas veces le habían dicho que todo era impersonal, sin sentimientos de por medio. Cuando aprendería que siempre, frente a todo y a todos debería mantener la mente fría y calculadora. Sin sentimientos… sin amor.

Necesitaba reconstruir los muros alrededor de si misma y continuar por el camino que había escogido desde hace muchos años atrás. Ahora más que nunca se mostraría distante frente a Inuyasha. Y si por alguna razón sus caminos se encontraban de nuevo estaría preparada. Se comportaría como lo que en realidad era… una cortesana inteligente, que no se deja llevar por sus impulsos.

Habían pasado un par de días desde el encuentro con Kagome, y todo este asunto comenzaba a desesperarlo. Quería verla, hablar con ella. Talvez si hacia eso, y arreglaba todo entre ellos dejaría de sentirse tan angustiado. Por alguna razón, que el no entendía, su conciencia no lo dejaba en paz. Inuyasha lo adjudicó al hecho que desde hace 6 años habían quedado muchas heridas, que aun no se cerraban. Y era necesario acabar con eso de una vez o se volvería loco.

Estaba desesperado y eso no tenía nada que ver con que no encontrara su levita favorita. El otro problema era que no sabía como acercarse a hablar con Kagme. Con que cara la vería después de su humillante forma de actuar la ultima ves que se vieron. No quería que Kagome creyera que lo que deseaba de ella era su cuerpo. Lamentaba mucho la forma en la que se había comportado la ves anterior, pero aun ahora lo ponía furioso recordar como Kouga la besaba. Pero ya había pagado por su comportamiento. Dos días de insomnio recordando sus formas en la soledad de su habitación habían sido suficiente castigo y no deseaba avivar ese fuego que amenazaba con quemarlo. El no poder dejar de pensar en ella y el hecho de no encontrar su levita lo tenían bastante irritado.

-¡Mioga! ¿Dónde demonios esta mi maldita levita favorita?- grito un muy exasperado Inuyasha.

Un hombre anciano de estatura baja, regordete y calvo entro en la habitación que estaba hecha un desastre. Todo estaba fuera de su lugar y desparramado por toda la habitación, en la cama, el piso y los muebles que en ella había.

- No tiene que gritar ni mal decir amo.- dijo de forma serena el anciano recogiendo un pantalón que estaba a sus pies.- ¿a que levita se refiere?

- Pues mi levita favorita. La de terciopelo negro, de encaje hecho a mano, ceñida a la cintura y con botones de metal

- No la he visto. ¿no fue la que utilizo el día que salio por la noche? Me parece que regreso sin ella.

Fue entonces cuando Inuyasha recordó que había utilizado la levita la noche que había estado con Kagome y que la había olvidado en su apartamento.

-"Muy bien, ahora si tengo una excusa para ir a casa de Kagome..."

Los siguientes 3 tres días la exasperación de Inuyasha creció. Varias veces durante esos días había ido a buscar a Kagome, pero siempre era recibido por un reservado Jinenji que le afirmaba que la señorita Kagome no se encontraba. Su frustración no podía ser mayor.

Había intentado alejarse de ella, del constante deseo de estar con ella. Pero le había sido imposible. Pero no podía. ¿Qué tenia eso mujer que lo atraía tanto? Una mejor pregunta ¿Por qué su belleza le parecía tan provocativa y amenazante? no podía estar en paz, por eso había pensado que si dejaba todo resuelto, todo en claro con Kagome ya no se sentiría tan confuso entre el mar de sentimientos que despierta Kagome en él.

Por su parte Kagome estaba enterada de las constantes visitas de Inuyasha y se sentía realmente intrigada, para su disgusto, de la razón de sus visitas. Aunque tenia la certeza de porque otros hombres la buscan, en Inuyasha era algo un poco mas profundo, mas difícil. Al menos eso deseaba pensar ella con toda su alma. Aun así no pensaba dejar sus planes para atender a Inuyasha. Solo lograría distraerla de sus objetivos, y eso no lo podía permitir.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Inuyasha estaba desesperado, Kagome no aparecía y su paciencia se estaba agotando. Seguro andaba por ahí, paseando o algo así con un tipo estúpido. No es que estuviera celoso ni nada por el estilo, sino que le había dado suficiente dinero como para llevar su vida bohemia sin problemas cuando menos por un par de semanas. Y debió haberse tomado esas semanas libres. Pero parecía que siempre estaba fuera, que ni siquiera llegaba a dormir a su apartamento. Ante el pensamiento que cruzo su mente, Inuyasha de tenso completamente y apretó su mandíbula con fuerza. Ya estaba decidido. No le gustaba la vida que llevaba Kagome y hablaría de eso con ella, la trataría de convencer de que no saliera más con otros hombres. ¿Acaso el se ofrecería de reemplazo? No sonaba nada mal, pero en que estaba pensando. Todo entre ellos había acabado ya; solo no quería que saliera con otros hombres. No es que estuviera celoso, sino que no le gustaba su forma de vivir y eso era todo. Hablaría con ella ese mismo día.

Inuyasha se maravillo por segunda vez al entrar en el apartamento de Kagome. Era hermoso, estaba decorado de una forma muy elegante. Todo tenía una utilidad y las paredes y lo muebles no estaban cargados de adornos innecesarios. Todo estaba en un lugar perfecto. Jinenji lo había dejado pasar sin problemas e Inuyasha se disponía a esperar todo el día si era preciso. Y así lo hizo, pero conforme pasaban las horas Inuyasha se ponía cada vez mas inquieto. Le preocupaba que quizás Kagome no llegar nunca. Deambulaba de un lado para otro tal cual un león enjaulado. Y su frustración crecía a cada minuto. Para cuando el sol caía Inuyasha había perdido la paciencia y solo el deseo no tan oculto de verla de nuevo lo mantenía ahí haciendo el ridículo. Y cuando la ultima pizca de esperanza de poder ver a Kagome ese día comenzaba a desaparecer Kagome entro al apartamento. Inuyasha fue a su encuentro con los puños apretados listos para golpear a cualquiera que la acompañara. Por suerte venia sola. Inuyasha se detuvo en seco en cuanto la vio. Estaba hermosa, y el recuerdo de su suave piel y sus besos le salto a la mente. Su rostro, de facciones delicadas, era fino e inmaculado. Sus ojos color chocolate parecieron brillar con su encuentro, pero de inmediato regresaron a su calculada belleza. Y esa boca…soltó el aire que había contenido sin siquiera notarlo. Trato de disimular su fascinación y logro, apenas, hablar en forma indiferente.

-Vaya, hasta que te digas a aparecer- comento en tono irónico Inuyasha, tratando de ocultar el deseo que Kagome despertaba en él.

-¿Qué haces aquí, Inyasha?- pregunto en cambio Kagome con cierta molestia. "¿Por qué Jinenji lo dejo pasar hasta aca?"

Inuyasha no se esperaba que se mostrara tan fría y molesta. Si el molesto debía ser el. Pero no, no debía perder la compostura, debía recobrar el control.

-Te he esperado todo el día- tenia ganas de gritar, pero en cambio, Inuyasha había respondido con una fingida indiferencia.

- Si eso me dijo Jinenji- aseguro sin darle importancia al hecho de que Inuyasha la hubiera esperado todo el día. –Ahora, si me disculpas tengo cosas que hacer-

Kagome pasó por un lado de Inuyasha y se dirigió a su cuarto; pero ésta no se le permitió llegar a su destino, pues la tomo fuertemente del brazo e hizo que se girara así él, quedado cara a cara.

-¿Qué cosas, Kagome?- gruño Inuyasha. Ante su voz grava y la ira en su rostro Kagome se estremeció casi imperceptiblemente, pero se recupero rápidamente.

- Suéltame. Lo que haga o deje de hacer son asuntos míos y no te importan- dijo con fiereza al tiempo que trataba de safarse de su agarre. Ante su primera reacción de miedo Inuyasha se había desconcertado y había aflojado el agarre, pero cuando termino de hablar, asegurando que no se metiera en sus asuntos Inuyasha ataco de nuevo, apretó con más fuerza su brazo y se acerco amenazante a su rostro.

-¿Qué cosas?- mascullo

- Voy al teatro- respondió Kagome derrotada. Sabia que no la soltaría a menos que le contestara.

- Ja!. Ya debes saberte las obras de memoria

Kagome soltó una risilla –OH! Inuyasha. No voy al teatro a ver las obras. No deberías ser tan inocente- dijo con burla Kagome y con una falsa jovialidad. Necesitaba mantener sus muros arriba si no quería acabar con su mundo hecho añicos. En realidad le gustaba mucho ir al teatro o a la opera, aunque si, ya se sabia las obras de memoria. Le fascinaba la capacidad femenina de hacer varias cosas a la vez. Y le encanto la cara que puso Inuyasha cuando sus palabras fueron procesadas. Inuyasha perdió la poca paciencia con que contaba y exploto furioso.

- Te di suficiente dinero para que te tomaras unas semanas libres, incluso para tu vida llena de excesos y lujos.-

-Nadie te dijo que me dieras esa cantidad-

-Te di una pequeña fortuna- espeto molesto Inuyasha

- No esperabas que por esa razón dejaría mi oficio, ¿verdad?- pregunto con una sonrisa burlona y la ceja levantada.

-¿Por que lo haces? Ya tienes suficiente dinero- dijo un mas sereno Inuyasha

- Vamos Inuyasha, por que abandonar esta forma de vida. Hago lo que quiero, voy a fiestas, parques, comidas y de más eventos sociales. Un vida llena de excesos, lujos, diversiones y placer… ¡y me pagan por eso! ¿Que mejor? Si lo que buscas es que te regrese ese dinero lamento informante que no hay reembolsos

- Feh, no he venido a hablar de dinero- dijo semiderrotado

-Entonces, ¿a que has venido?

Se hizo un silencio. ¿A que había ido? ¿Cuál era su excusa? No podía recordarla. Desde el momento en que había visto a Kagome había olvidado todo. "maldición ¿a que vine?...

- Mi levita…- había sido lo primero que se le había venido a la mente y haberlo dicho en voz alta había funcionado (por primera ves).- vine a recoger mi levita - sonrió como orgulloso. ¿De que? No tenia idea, tal vez el hecho de no haber parecido un completo imbécil, aunque por poco.

Kagome lo miro seria y de le ocurrió una forma de molestar a Inuyasha. Sonrió maliciosa

-¿tu levita?... mmm de que color es- dando a entender que era posible que no fuera la única levita que se hubiera quedado en su departamento (bueno, si había sucedido, pero muy pocas veces. Ahora solo estaba la de un amigo y la de su abogado) además sabia perfectamente cual era la levita de Inuyasha. Para su disgusto no había podido soportar la idea de estrecharla en sus brazos y embriagarse con su aroma. Este había sido su ultimo momentote debilidad, hasta ahora que se vía frente al hombre que mas amaba.

-Negra- contesto un molesto Inuyasha al captar la indirecta

-mmm…- murmuro Kagome dirigiendose al armario. Quería jugar un poco con el.- ¿y de que tela es? No me gustaría confundirme- dijo con malicia mientras abria las puertas del armario, evitando que Inuyasha viera en su interior.

Inuyasha gruño molesto y se acerco a grandes zancadas hasta el armario. Quería cerciorarse de que no fuera cierto lo que afirmaba Kagome. Sabía que solo quería molestarlo. Pero Kagome tomo la levita de Inuyasha y se la tendió cerrando el armario y dejando a Inuyasha con la duda.

Cuando Inuyasha tuvo la levita en sus manos bajo la vista a ella y la observo en silencio. Era obvio que deseaba decir algo y Kagome decidió esperar con paciencia. Pero esta se acaba pronto. No podia permanecer tanto tiempo expuesta a Inuyasha y ella lo sabia. Este hecho la molesto.

- Ya tienes tu levita, ahora ¿Qué quieres. Inuyasha?

Inuyasha levanto el rostro y se perdio en los ojos chocolates de Kagome…

- quiero…

Abrazarte…

"No, no puedo decirle eso"

Besarte…

"No, no quiero que me lastimes de nuevo"

Acariciarte…

"No, no quiero lastimarte de nuevo"

Estar contigo

"No, eso no pasara nunca. Hay demasiados secretos"

Amarte…

Y ante este pensamiento, Inuyasha se sorprendió. Si, aun la amaba. Pero tenía miedo. Ya una ves se había entregado a ella y Kagome lo había engañado, había jugado con el y lo había humillado. No, no le diría que la amaba…

-Quiero… hablar.- bueno era cierto, aunque era lo menos que deseaba en ese instante.

Kagome lo miro directo a sus doradas orbes tratando de buscarla verdad tras sus palabras. Pero lo único que encontró fue un brillo extraño en su mirada y una puerta cerrada con el nombre amor. Y no pudo soportar más, debió la mirada. Ya comenzaban a flanquear sus defensas. Recuperaría el control ahora, se alejaría de el.

-¿Hablar? Dices- dijo distante y con una actitud calculada reflejando una belleza hostil, pero no menos sensual. Sonrió con malicia y se trasformo en la famosa cortesana Kagome Higurashi- con que hablar, eh? Esta bien, si así lo llamas tu pero he escuchado mejores excusas para... una proposición.

-Basta. Deja de comportarte así. No te comportes de esa manera conmigo, ¡tu no eres así! Yo te conozco, solo quiero… -las millones de ideas de lo que quería hacer con ella le llenaron la mente. Pero primero tenia que arreglar las viejas heridas.- arreglemos todo… arreglemos el pasado que nos agobia- dijo rápidamente Inuyasha con algo de vergüenza. ¿No se le pudo haber ocurrido una excusa mejor?

Kagome levanto una ceja "nos" pensó. Después se puso seria y su cuerpo se tenso ante el pensamiento de que tal vez Inuyasha deseaba comenzar en blanco de nuevo… no, no podía se eso. Así que respondió en base a lo que ella misma se había impuesto como la verdad.

- No tenemos nada que discutir. Todo acabo hace 6 años. Yo me fui de Nantes y desaparecí de tu vida tal como me lo pediste… no hay nada que discutir.

- No, las cosa no fueron así… bueno en parte si, pero mi intención nunca fue esta, veras yo… quiero arreglar todo y…

-Inuyasha, no me interesa aliviar tu conciencia o lo que sea que te motiva a esto. No tengo ningún interés de revivir el pasado…

- Por favor Kagome, aunque sea escúchame- tomo su mano entre las suyas e hizo su mejor cara de cachorro desvalida.- Por favor

- "Rayos, esa cara… no Kagome no te dejes engañar"- deslizó su mano de entre las de Inuyasha y de giro aun turbada por las emociones contenidas y trato de hablar con normalidad.- No, no quiero. No tengo ni el interés ni el tiempo de discutir contigo. Así que vete por favor.

- Podemos hablar después del teatro

- No, lo siento. Saldré después del teatro.- a Inuyasha no le agrado para nada la perspectiva, pero la verdad era que no podía hacer nada para detenerla, principalmente si seguía siendo igual de testaruda de cuando la conoció. Y estaba seguir de qué así era

- ¿Y que te parece mañana?

- Voy a salir.

-¿Y el viernes?

- No puedo- Inuyasha la alcanzo y se planto frente a ella y le espeto que suponía no tendría ni un minuto libre en toda la semana para atenderlo.- si exacto- le contesto Kagome con una sonrisa victoriosa y con la burla brillandole en los ojos.

Inuyasha abrió la boca para rebatir pero no pudo decir nada, a menos que deseara hablar con la puerta. Estaba estupefacto. Había seguido a Kagome a través del vestíbulo hasta la puerta principal y ahora se encontraba fuera del departamento con la puerta en las narices. ¡ y todo esto son siquiera notarlo hasta que perdió de vista a Kagome!

-¡Maldición!- mascullo para luego golpear la puerta con fuerza. Era consciente de que Kagome no le abriría solo quería llamar su atención.- ¡No me voy a rendir tan fácil! Acapare afuera del apartamento de ser necesario- grito ya no tan convencido con su idea de acampar. Pero una sonrisa se dibujo en su rostro al oír como una puerta se cerraba con mas fuerza de la necesaria

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Wiiii!!! Nuevo capi… mero weno

q lo disfruten y gracias por los reviews… Mero weno XD