Diclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Square Enix y Disney, Kingdom Hearts..
Capitulo cuatro
« Sora »
- ¡Riku! Ay, mierda ¡Riku! – Antes de que cayera al suelo ya lo tenía agarrado por el brazo. Reaccioné a tiempo para evitar que mi amigo se golpeara la cabeza, pero el tirón de su peso al caer había sido fuerte. – No te quedes ahí parado Roxas, ayúdame, ¡haz algo! – Le ladré, en parte porque yo mismo no tenía ni idea de que hacer.
- ¿Algo cómo qué Sora? – Roxas parecía cercano a un colapso nervioso. Se había puesto pálido y tenía los ojos muy abiertos. Guardó un silencio congestionado por menos de un segundo, pero en seguida se recompuso – Voy a buscar a la enfermera – dijo con determinación, y se dirigió a toda prisa hacia la puerta, mientras yo arrastraba a Riku hacia la camilla.
Escuché los pasos de Roxas perderse a lo lejos. Al menos podría haberme ayudado a mover a Riku antes de salir pitando. Esto de subir a mi amigo a la camilla resultó mucho más difícil de lo que parecía. Riku nunca ha sido liviano, y el hecho de que estuviera inconsciente tampoco ayudaba mucho; su peso muerto no hacía más que entorpecer mis movimientos. Luego de varios intentos infructuosos de levantarlo, resolví dejar su cuerpo en el suelo por un segundo, mientras decidía que hacer para subirlo a la maldita camilla. Se me atropellaban las ideas y me costaba pensar claro; por un lado intentaba retrasar el tener que procesar todo lo que Riku nos había dicho, por el otro intentaba recordar por qué nunca había tomado un curso de primeros auxilios.
"Tranquilo Sora" - me dije a mi mismo – "No te preocupes, todo va a estar bien. Solo respira hondo y trata de buscar una forma para levantar a Riku. " Suspiré. Inspiré. Boté aire un par de veces y respire hondo otras tantas. Traté de nuevo, pero no hubo caso. No podía alzar a Riku lo suficiente como para dejarlo en la camilla.
Tenía ganas de gritar de exasperación. Por favor, ¡que no soy un debilucho! Solo tenía que concentrarme. Levantar un lado primero, las piernas después. No era tan difícil. Pero la escena que acababa de presenciar me había dejado los músculos raros, como de trapo y no podía utilizarlos de la manera apropiada.
- ¿Necesitas ayuda? – me preguntó una voz atrás mío. Me di la vuelta con rapidez y me encontré nada más y nada menos que con Roxas, el cual al parecer había vuelto, pero sin la enfermera. Lo miré con incomprensión, pero antes de alcanzar a preguntarle nada, mi amigo ya me interrumpía – Pareces bastante complicado. – se excusó. Me resultó un poco confusa la forma en que Roxas se dirigió a mí, con una timidez inusitada, así que dudé un segundo antes de responder.
- Claro que si Roxas, ayúdame a levantarlo. Toma las piernas y yo me encargo de este lado ¿Por qué no volviste con la enfermera? – pregunté, mientras me ponía manos a la obra.
- Lo siento, pero mi hermana tenía que hablar con el profesor de educación física. Dijo que volvería en un momento, si te sirve de algo. Y mi nombre no es Roxas. – El muchacho enfrente mío tenía una cara entre confundida y divertida. Sólo entonces advertí que no vestía el uniforme del colegio, de hecho, estaba vestido con ropa "de calle".
- Pero … pero … entonces tú eres…? - Las palabras se me atascaron en la boca y sentí mi cara enrojecer. ¿Quién era este sujeto entonces? Ahora sí que estaba confundido. ¡Era idéntico a Roxas!
- Mi nombre es Ventus. Como ya te dije, soy hermano de la enfermera y vine hoy de visita. Lo siento si no puedo ayudarte demasiado con tu amigo, pero lamentablemente no soy médico.- Me miró con una ceja alzada.
- Oh. ¡No, no! No te disculpes. No es como que hayas hecho algo malo.- El chico, que parecía apenas un poco mayor que yo me miró con simpatía. Una duda cruzó mi mente. - ¿Hace cuanto que estas ahí detrás? – inquirí. Admito que me puse un tanto a la defensiva. ¿Habría visto toda la escenita con Riku?
- Desde hace un par de minutos. Cuando entré casi me atropelló un chico rubio que venía saliendo. Alcancé a observarte por un rato, tratando de mover a tu amigo. Lo siento, pero fue divertido. – Me comentó, con una sonrisa sardónica idéntica a la de Roxas.
- Ja, ja, ja. – no le encontraba la gracia. ¿Acaso no se preocupó cuando vio a mi amigo en el suelo? - Podrías haberme ayudado antes. Me habrías ahorrado un poco de enojo. – le acusé. El se sonrío para sí, pero yo le devolví una mirada un tanto indignada. No me gusta que me encuentren gracioso por cosas que no pretendo que lo sean.
- Si, podría haberlo hecho. Lo siento. – admitió, al tiempo que levantaba la manos abiertas en señal de paz.
Me encogí de hombros indicando que no era tan importante. En realidad, no era para nada esencial. Lo único urgente y de verdadera importancia en este momento era el estado de Riku. Me moví ansioso. ¿Dónde estarían Roxas y la enfermera?
Ventus pareció notar mi incomodidad, y dirigió su mirada hacia mi amigo.
- ¿Qué le sucedió? – me preguntó. Parecía sinceramente preocupado, por lo que le respondí con precaución.
- La verdad es que no lo sé. Estábamos en clases cuando de pronto algo le cambió en la cara. De inmediato supimos que se sentía mal, así que lo trajimos para acá. Digo, su cara estaba verde y parecía a punto de vomitar. Empezó a hablarnos, aunque se le notaba algo extraño… – en esta parte tragué saliva con dificultad al recordar las cosas que Riku nos había dicho. ¿Una pared invisible? Por favor, una pared quizás, pero ¿transparente? No me entretuve demasiado en mis pensamientos. Ya tendría tiempo de pensar más tarde. - De pronto se desplomó. Así, sin previo aviso se vino abajo.
- Ya veo… - Ventus se mostró confuso.- Es realmente extraño. Crees que, no sé, ¿qué haya tomado algo raro?
- ¿Drogas? ¡Claro que no! ¡Riku no es esa clase de persona! Jamás se arriesgaría con algo así.– negué energéticamente con la cabeza. - Va en contra de sus principios de explorador. Es su sueño ¿sabes? Recorrer el mundo.
- Bueno, me alegro de oír eso. No podemos decir lo mismo de todos los alumnos de este colegio – Dijo una voz femenina a nuestras espaldas. La enfermera se abrió paso entre nosotros y se acercó a Riku con preocupación.
Unos pasos más atrás la seguía Roxas. Le faltaba el aliento y se veía bastante cansado, como si hubiera corrido por todas partes para encontrar a la enfermera.
- ¿Ha pasado algo desde que me fui? – preguntó, escrutando mi cara.
- No, ni siquiera se ha movido. – le contesté, un tanto apenado. Roxas se limitó a mover la cabeza con brusquedad. Entonces reparó en Ventus y se quedó de piedra. Ambos chicos comenzaron a mirarse con recelo y curiosidad. - Gracioso, ¿no es verdad Roxas? Se parecen como una roca a otra roca – les comenté. A continuación me di vuelta en dirección a la camilla- ¿Qué cree que le puede haber pasado? – le pregunté a la enfermera.
- Roxas me vino explicando la situación en el camino. Pensé que quizás podía haber tenido una baja de azúcar en la sangre, ya saben, a veces pasa si no tomas desayuno en la mañana. O una baja de presión. Pero su pulso está normal, aunque está pálido y tiene ojeras. No parece haber dormido bien últimamente... ¿Ha tenido algún accidente hace poco? ¿Algo que valga la pena mencionar? –
- No que yo sepa – contesté con rapidez.
- Ya veo. – murmuro ella, meneando la cabeza. – Voy a llamar a sus padres, deberían venirlo a buscar para llevarlo al hospital o algún consultorio. ¿Alguno de ustedes se sabe el número de sus padres?
- No. Pero quizás lo tiene él entre sus cosas… - Contesté yo. –Podemos ir con Roxas a buscar su mochila a la sala. Seguramente ahí tiene alguna libreta con el número de sus padres.
- Excelente. Por mientras yo escribiré la ficha médica de Riku para dejar constancia de que hoy se marchará antes. – contestó ella, al tiempo que se daba vuelta. Reparó en Roxas y Ventus evaluándose con la mirada y sonrió. – Ventus, deja de mirar a Roxas con esa cara. Yo también me sorprendí cuando me fue a buscar, pero no es para tanto. – le reprendió con cariño. – Además, ¿no deberías ir ya de camino?
- Ya voy, ya voy. Sora, Roxas, un placer conocerlos. – dijo, con una amplia sonrisa, al tiempo que nos daba la mano. Se alejó hacía la puerta, pero antes de irse, se volvió a mirar a Roxas. – Chico, en serio, eres el hombre más guapo que he conocido. – dijo con sorna, y desapareció tras la puerta.
Roxas se volvió hacia mí, al tiempo que se encogía de hombros.
- Me cae bien – dijo, como si fuera lo más natural del mundo.
- Oh, vamos, acepta que te enferma que alguien tenga la misma cara que tú. Roxas el rebelde ya no es tan especial. – Le provoqué, al tiempo que le daba un par de codazos.
- Sólo decía lo obvio. ¿A quién puedes caerle mal con una cara como esa? – me contestó, con su clásica sonrisa.
- Chicos, la enfermería apesta a ego y no me puedo concentrar. ¿Podrían ir a buscar las cosas de su compañero, por favor? – claramente, la enfermera le había agarrado cariño a Roxas. Es que bueno, cuando tu alumno es literalmente igual a tu hermano…
Salimos y cerramos la puerta detrás de nosotros. En el camino a la sala se instaló un silencio extraño entre nosotros. Cada uno iba perdido en sus cavilaciones. Yo, personalmente, tenía grabada la cara descompuesta de Riku en la retina. "¡Estamos atrapados!" había gritado él con seguridad. Y en sus ojos pude ver que lo decía en serio. Muy en serio.
Pero por mucho que así fuera, no podía creerle. Digo, ¿Una pared? ¿Una cúpula invisible que nos rodea? Si me hubiera hablado de caballos voladores seguramente me lo habría tomado más en serio. Sacudí la cabeza con consternación. Roxas me miró con preocupación.
- Es muy extraño, ¿cierto? – comenté con voz queda. – quiero decir, Riku siempre ha sido el más cuerdo de los tres. El más audaz, el más fuerte… Todos le creímos cuando él dijo que algún día sería un gran explorador.
Roxas asintió con la cabeza. Seguramente se sentía igual que yo: extremadamente confundido.
- Pensar que hace dos minutos estábamos hablando con Axel, haciendo el ridículo en la azotea… ¡Si no ha pasado ni siquiera una hora desde que al muy tonto se le ocurrió empezar a dar voces! … - guardé silencio cabizbajo.
- Es un payaso. – determinó Roxas, forzando una sonrisa, pero sin dirigirme la mirada.
- Mira quién habla – apostillé yo, intentando alivianar el ambiente, pero ambos estábamos demasiado abatidos.
- Sora… - empezó a hablar Roxas, pero se interrumpió a medio camino. sacudió la cabeza y se quedó callado
- ¡Es que no entiendo! No sé que le puede haber pasado allá afuera, pero me preocupa. ¡Faltó tres semanas a clases y no lo vimos ni un solo día en las vacaciones! Según nos dijo, estuvo fuera por seis semanas, y, personalmente, yo lo creo capaz de haber estado viajando por tanto tiempo. Riku no va por ahí inventando cosas. ¡No es ese tipo de persona!- traté de seguir hablando, pero tenía la garganta seca. Mi amigo me miró enmudecido y solo entonces vi que tenía los ojos ligeramente brillosos.
- Lo sé – murmuró Roxas, poniéndome una mano en el hombro – Lo sé tan bien como tú. – Miré a Roxas compungido, pero luego desvié la mirada. Sentía que debía decir algo más, pero me faltaban palabras para describir lo perdido que me sentía en ese momento.
Ambos mantuvimos el silencio por un minuto, los dos quietos, parados en la mitad del pasillo, sin mirarnos. Finalmente, Roxas bajó su mano y me dio la espalda para reemprender la marcha.
- Crees qué… ¿crees qué lo que dijo tenga algo de verdad? – Las palabras salieron solas de mi boca. Roxas me miró sorprendido. Yo esperé su réplica, expectante, buscando en su cara respuestas que sabía que no tenía. Que ninguno de los dos tenía.
Él se estremeció. Incomodo, se revolvió el pelo. Sacudió la cabeza.
- Sora, a mí también me gustaría creerle. En serio. Siempre lo he hecho y me duele dudar de él ahora. Pero tiene que haber una explicación. No puedes pedirme que simplemente alguien venga y me diga "Hay algo así como una cúpula alrededor nuestro, no sé bien que es, pero está ahí y nos encierra" y esperar que le crea. Ni siquiera si ese alguien es Riku. – Las palabras me llegaron como un golpe en el estómago, pero más que nada me dolieron porque sabía que lo que decía Roxas era lo más juicioso.
- Tienes razón – admití, con pesar. – Supongo que yo mismo ya sabía la respuesta, pero es que… ¡es que estamos hablando de Riku! – sin darme cuenta había subido el tono de voz. Roxas me dio un par de palmadas en la espalda, para infundirme ánimos.
- Vamos. Tenemos que ir a buscar sus cosas. – Murmuró, sin ánimo y con la mirada perdida.
Y, apresuradamente, nos dirigimos a nuestra sala.
«Kairi »
- Entonces, estábamos de lo mejor con Nami sentadas en la azotea cuando, así, de la nada, ¡Nos gritó un tipo desde la azotea de los chicos! – Rodeada por Olette, Selphie y Namine, estaba intentando contar la historia para que sonara lo más creíble posible.
- ¡Mentira! ¿En serio hizo eso? – Selphie nos miró de lo más incrédula, abriendo mucho los ojos.
- ¿Y qué pasó? – inquirió Olette, divertida. - ¿Les declaro amor eterno o algo? Ya que estamos hablando de cosas raras e imposibles… digo, podría haber pasado de todo.
Nos reímos todas al unísono con su comentario.
- ¡No, no! – dijo Nami, con su vocecita de pájaro. – ¡Simplemente intentó llamar nuestra atención! –
- ¿"Simplemente"? ¡Una persona no trata de "simplemente" llamar tu atención gritándote desde el edificio del frente! – dijo Selphie, mirándola con aprehensión. – Si sigues pensando de esa manera tan inocente, quién sabe qué podría llegar a pasarte…
- Bueno, pero eso es lo que pasó. Primero llamó nuestra atención y luego intentó decirnos su nombre, pero los chicos que estaban a su lado lo impidieron. – aclaré yo.
- Por suerte – añadió Nami. – Pero de todas formas, nos dijo su curso. ¿Crees que se haya metido en problemas? – preguntó, al tiempo que me miraba con cara de preocupación.
- Yo ni siquiera lo dudaría – opinó Selphie. - ¿Quién puede hacer algo tan estúpido? Es como pedir que lo atrapen.
- Espero que no lo hayan retado mucho… - murmuró Namine, luciendo un tanto preocupada.
- Ay, Nami, eres tan linda. Mira que preocuparte por el chico que casi logró que las atraparan – rió Olette – ¡Eres tan tierna y buena y cachetoncita! – le dijo, con una chispa traviesa en la mirada, al tiempo que la abrazaba con cariño, aunque un poco demasiado fuerte. Sonreí ante su efusividad.
- Suficiente Olette, ¡se va a ahogar! – le comenté yo, entre risas.
- ¡Ooh, no me digas que te pusiste celosa, Kairi! No te preocupes, ¡a ti puedo apretarte las mejillas! – exclamó, al tiempo que apretaba mis mejillas hasta que mis labios formaron una boca como la de un pez. - Di pollito –me dijo, con su gracia habitual.
- Pwoito – dije yo torpemente, sin poder pronunciar bien, ya que su mano me lo impedía. A continuación todas rompimos a reír. Esta Olette tiene cada idea… Y no hay forma de llevarle la contraria.
- ¿Y qué van a hacer? – interrumpió Selphie, luego de que nos hubiéramos tranquilizado. - ¿Van a ir a buscarlo? –
- La verdad no creo que sea necesario…– empezó Namine
- ¿Cómo que no? ¡Claro que vamos a ir! – la interrumpí yo. - ¿Qué sacamos quedándonos sentadas? ¿No tienes ganas de saber quién es el chico que nos gritó? – personalmente, yo me moría de curiosidad. Peri al contrario, Nami parecía no tener ni un poquito de ganas de ir.
- Mira Kai, si tú vas, yo te acompaño. Pero se consiente que, de ser por mí, no iríamos a ninguna parte. – me dijo, haciendo un mohín.
- Nami, ¡eres la mejor! – le sonreí. Sabía que podía contar con ella, aunque fuera a regañadientes. - ¿Alguien más quiere venir? – pregunté yo. Si Olette o Selphie querían venir, que se sintieran en toda la confianza del mundo.
- Lo siento Kai – se disculpó Olette – Pero ya sabes, hoy tengo entrenamiento de básquet y preferiría no faltar. Eso sí, no porque yo no vaya tienen que descuidarse, no sé, podrían llevar gas pimienta o algo… - Namine la miró con horror. – Por si acaso. – Agregó con una sonrisa.
- No te preocupes tanto Ollie. ¡Son compañeros de colegio, no vagabundos pervertidos…!- la tranquilicé yo. Olette se encogió de hombros, pero no pareció cambiar de idea. Esta Ollie, es la única persona que conozco capaz de ir por ahí con gas pimienta en el bolsillo, siendo que su casa queda tan cerca del colegio.
- ¿Y tú Selphie? ¿Quieres venir? – inquirió Namine con dulzura.
- No la verdad. Voy a juntarme con alguien… - Nos guiñó el ojo con picardía.
- ¿Y quién es el afortunado? – preguntó Olette, siguiéndole el juego.
- Pues… oh, no importa, ya les contaré mañana si las cosas resultan – contestó ella, reticente.
En ese momento sonó la campana, y yo tuve una sensación extraña y bastante peculiar.
Observé a Olette a punto de protestar, al profesor entrando a la sala, a cada una de mis amigas dirigiéndose a sus respectivos asientos, listas para continuar con la siguiente clase. A Namine haciéndome señas desde su puesto, a Selphie pasándole un papelito a Olette. Este día a día, todas estas cosas que considero normales y que doy por hecho… Fue nada más que por un segundo, pero me sentí muy, muy afortunada. Extrañamente feliz, feliz de ser consciente de lo dichosa que soy, por tener amigas con quienes hablar y cuchichear en los recreos. Una vida tan cálida, tan… apacible, tan tranquila. Pero emocionante, dentro de todo.
Y, convencida de que el día estaba mejorando y de que nada podría salir mal, me dispuse a tomar apuntes como una chica responsable y buena.
Aunque la verdad sea dicha, me costó un mundo concentrarme. Digo, el chico pelirrojo de la mañana me había causado bastante impresión. No todos los días te encuentras con alguien lo suficientemente valiente, o tonto, como para gritar de esa manera. De cualquier manera, prometía ser un encuentro interesante. Como una pequeña aventura. Por lo menos un poco curioso.
Mi única duda era ¿Cómo debíamos enfrentarnos a él? Quiero decir, íbamos a ir a buscarlo, teníamos que acercarnos a él de alguna forma.
Podíamos ir en plan "¿Cómo se te ocurre gritarnos en la azotea? ¿Te falla algo? ¿Estás loco? Nunca más vuelvas a hacer algo así. Pero de todas formas, nos pareció que eras una persona interesante. Hola. Mi nombre es Kairi y ella es Namine", pero era muy raro. Prometía muchísimos silencios incómodos.
O quizás en plan "Hola, ¿tú eres el chico que nos gritó en la azotea? Mucho gusto, somos Kairi y Namine. ¿De qué querías hablar con nosotras? Porque asumo que por algo armaste tanto escándalo." Sin embargo, lo viera por donde lo viera, esta aproximación también era rara.
Aunque desde un punto de vista lógico, ¡Cualquier forma de acercamiento era rara! Después de todo, a alguien racional no se le pasaría por la cabeza buscar a otra persona que le grita de la nada…
Y sin embargo, a pesar de todos los inconvenientes, sentía que, de una forma u otra, teníamos que ir. Si o si.
Suspiré profundamente. Siendo sincera, no tenía idea de cómo reaccionar. Quiero decir, me tincaba más el segundo plan, pero no podía negar que la reacción del "chico misterioso" me había dejado pasmada y, por que no admitirlo, bastante desorientada. Quizás lo mejor era no pensarlo demasiado, simplemente ir y dejar que las cosas fluyeran.
Aún así y a pesar de haber dicho eso, no pude dejar de mover la pierna nerviosamente durante todo el periodo de clases. ¡La última hora ya estaba que explotaba! Llegué a contar los segundos que faltaban para que terminara la clase. Incluso sentí un ligero dolor de estómago, cosa que sólo me había sucedido antes en las contadas ocasiones en que me había sentido realmente insegura y nerviosa. Andando en mountain bike, por ejemplo, solía tener una sensación parecida.
Finalmente sonó la campana. Tomé mi mochila que ya llevaba eones preparada y me acerqué rápidamente a la mesa de Namine. Ésta comenzó lentamente a empacar sus lápices de colores, su goma, su croquera, unos cuadernos en los que teníamos tarea, la carpeta de dibujos…
- Namine, en serio, no porque te demores más vamos a dejar de ir. Deja de postergar lo inevitable. – le insistí.
- Oh, Kairi, sabes bien que es perfectamente evitable. Sólo tenemos que no ir, sabes. Para empezar, nunca dijimos que lo haríamos. – me reprochó con un puchero.
- No lo dijimos, pero lo haremos. ¿Dónde está el espíritu de aventura que mostraste hoy en la mañana, cuando fuimos a la azotea? – la escruté.
- Lo mostré, es verdad, pero, ¡Mira a dónde nos llevó! A que nos gritara un estrafalario chico pelirrojo y a que casi nos descubrieran. No señor, esto no me gusta nada. – tenía las cejas tan fruncidas que casi se tocaban.
- Oh, por favor. ¿Qué es la vida sin un poco de emoción? Vamos, si se pone pesado, nos vamos en seguida. Me haces una seña y nos despedimos y nos vamos. Así de fácil. – dije, tratando de convencerla. – Namine me miró insegura.
- De acuerdo.- Dijo con precaución. - Pero si hago la seña y tú no reaccionas, no te lo voy a perdonar jamás. Jamás de los jamases – asintió Namine, al tiempo que cerraba su mochila y se la colgaba al hombro. – Estoy lista. Vamos.
Le sonreí con mi mejor sonrisa y emprendimos camino al edificio de los chicos. Con un poco de suerte, no tendríamos muchos problemas para entrar. Las clases al otro lado seguramente ya habían terminado hace un rato. De hecho, ni siquiera teníamos la certeza de si el "chico estrafalario", como lo calificaba Namine, estaría todavía en su sala. Pero valía la pena intentarlo ¿o no?
En frente ya del edificio masculino, todo esto dejó de parecerme tan buena idea. Miré a Namine, pero esta no me devolvió la mirada.
- Kai, tu decidiste esto. Si no fuera por ti yo no estaría aquí, así que ahora hazte responsable. – me dijo, divertida y sin mirarme. Perecía que me había leído los pensamientos. O quizás lo tenía escrito en la cara. – Te toca apechugar.- concluyó.
Suspiré fuertemente. Namine tenía razón. Yo lo empecé, ahora tendría que seguir adelante.
Di un paso adelante, luego otro. Al poco avanzamos a una velocidad cercana al correr. Lo hicimos todo lo más mecánico posible. Evitar al inspector, entrar en el edificio, subir por las escaleras, llegar al cuarto piso. No nos encontramos con nadie en el camino, y temí por unos instantes que ya se hubieran marchado todos.
Revisamos todas las salas de cuarto, pero ni rastro del chico. No era tan tarde, cerca de las cuatro, y el pasillo estaba cálidamente iluminado. Aún así, sentí un escalofrío ante el edificio desierto.
- Quizás ya se fue. – dije con ligera decepción, más para mí misma que para mi amiga. – Tal vez no valía la pena venir.
- No lo creo Kai. – La voz de Namine me sobresaltó. Los ojos le brillaban con una luz extraña y su tono de voz era un poco áspero.- ¿Qué tal si está en la azotea? – continuó. - Ya sabes, ahí empezó todo, quizás ahí nos espera.
Su razonamiento tenía sentido, pero a mí no se me habría ocurrido. Observé a mi amiga con atención.
- ¿Te sientes bien? – la cuestioné. Ella me miró con duda, como si no supiera bien de que estaba hablando. – Digo, pensé que no tenías ganas de venir. ¿Qué mosca te ha picado.- Namine frunció el entrecejo.
- En realidad no sé, Kai. Me siento extraña.- comentó, al tiempo que se tocaba la cabeza suavemente. Luego me miró de frente y con determinación, aunque sus ojos parecían ligeramente desenfocados - De todas maneras, creo que deberíamos revisar.
- Vale. ¿Segura que puedes hacerlo? – ella asintió, pero no logró más que preocuparme.
Aunque no estaba muy segura de lo que Namine había propuesto, ambas nos dirigimos velozmente a la azotea. En un principio no creí que la encontraríamos abierta, después de todo lo que había pasado. Lo más lógico habría sido que el inspector la cerrara luego de registrarla, pero ese no había sido el caso. Un golpe de suerte, al parecer. Si hubiera sido supersticiosa, habría pensado que las ruedas del destino estaban empezando a moverse, pero en ese momento no se me ocurrió.
Entramos y el viento nos golpeó la cara. Namine dio el primer paso y entró al espacio abierto. Yo fui detrás suyo y no pude evitar notar lo raro que eso era. No estaba acostumbra a ver su espalda, por lo general, o caminábamos lado a lado, o yo iba delante, como un escudo protector. Pero esta vez, sentí que ella me dirigía, que ella me llevaba de la mano como a una niña pequeña. Fue extraño. Muy, muy extraño, y no puede evitar que me invadiera una cierta nostalgia.
Me recompuse enseguida. Observé que Nami estaba ya casi al centro de la azotea. El chico pelirrojo, en cambio, no estaba por ninguna parte. Después de un vistazo rápido decidí que lo mejor sería volver. Me acerqué a mi amiga en silencio y puse una mano en su hombro. Ella no se volvió, como yo habría esperado.
- ¿Nami? – pregunté con precaución.
- Espera un segundo Kai. Vuelvo enseguida. – contestó sin mirarme.
Su respuesta me sorprendió. Fruncí el ceño, pero levanté mi mano de su hombro. Ella se desplazó por la azotea y se dirigió hacía una especie de edificio en una esquina. Parecía un observatorio, pues tenía el techo redondo. Enfrente de la puerta, Nami suspiró. La tocó con timidez, dos veces, pero nadie respondió.
- Vamos Nami. Podemos volver mañana. – insistí.
En lugar de responderme, mi amiga volvió a golpear la puerta, esta vez con más insistencia. Y en esta ocasión, la puerta se abrió. De ella salió apresuradamente el chico de pelo rojo, cerrando la puerta detrás de sí.
Se dio vuelta y soltó un murmuro ahogado al ver a mi amiga detrás suyo.
- Hola. – fue todo lo que dijo ella.
- Hola – contestó él.
- Mi nombre es Namine. ¿Eres tú el chico que nos gritó desde la azotea?
El chico pareció dudar, pero asintió con firmeza.
- Lo soy. Pero no soy "el chico". Mi nombre es Axel.
- Mucho gusto, Axel. Esta es Kairi. – me presentó. Por unos segundos me sentí fuera de lugar. No estaba acostumbrada a que me presentaran. Toda la situación me parecía un tanto irreal.
- Hola, Axel. – le dije con solemnidad, y luego me sentí extremadamente ridícula. El chico me miró con curiosidad.
- Hola, Kairi. No esperaba que vinieran. Digo, después de que yo les gritara de esa manera. – Por un segundo pareció ligeramente avergonzado, pero pronto recupero su compostura y nos dedicó una amplia sonrisa. – Aunque debo decir que es una sorpresa muy grata.
- Creo – empezó Namine – que tenías algo que decirnos.
El chico se revolvió incómodo, pero no podía culparlo. Por alguna razón que desconocía, incluso yo encontraba a la Namine que tenía delante un tanto… intimidante.
- Bueno, sí. Es verdad. Pero no estoy muy seguro de que era. – Lo miré alzando una ceja.
- Espero que eso no quiera decir que nos gritaste desde una azotea, estrepitosa y escandalosamente, logrando que casi nos pillaran, para ahora decirnos que no recuerdas bien que es lo que nos querías decir – le reproché yo. – Aunque no lo creas, evitar al inspector y venir aquí no fueron precisamente correr sobre campos de flores.
El chico me miró con una sonrisa de medio lado.
- Lamento decepcionarte, princesa. – me dijo con sorna. – Pero les grité por un impulso. – Al decir estas palabras le dirigió una intensa mirada a Namine, que se la devolvió sin problemas. – Lo cierto es que fue algo muy extraño.
- ¡Ya lo creo! – exclamó Nami. – Al principio me quedé de piedra, cuando te escuché gritar así, de la nada. – Axel la miró con simpatía y volví a sentirme fuera de lugar.
- Lo siento. En ese momento en verdad creí que era importante. No lo sé, por un segundo en sentí …
- ¿Qué era necesario? – murmuré yo. Axel volvió a mirarme extrañado.
- Si… ¡Exactamente eso! – exclamó, mirándome fijamente, y sentí que solo ahora me estaba viendo de verdad. Antes sólo tenía ojos para Nami. – No sé, vi ahí a Namine y sentí, bueno, mejor dicho, intuí que ella tenía algo… sí sé que es estúpido, pero pensé que era la llave a algún tipo de secreto. Algo así como una pista. – No pude evitar mirarlo como si le hubiera crecido otra cabeza.
- Bueno, quizás lo soy. – contestó Namine con seriedad. También la observé con la misma expresión. Me sentí, por un segundo, entremedio de dos aliens policefálicos hablando en un idioma desconocido.
Entonces tuve como un colapso. Toda la situación era demasiado para mí. Así que sin poder evitarlo, empecé a hablar a borbotones.
- ¡Oh, ya no lo soporto! – prorrumpí, con clara exasperación - ¿No podrían dejar de hablar de esa forma tan misteriosa? ¡El aire se está poniendo denso! – reclamé. Tanto Axel como Naminé me miraron con sorpresa. – Vamos. – dije, al tiempo que tomaba a cada uno por un brazo y los arrastraba a la salida con determinación. – Bajemos de aquí. Vamos a algún café y ya hablaremos mientras comemos algo rico. Tendrán todo el tiempo del mundo para intentar descubrir por qué Axel nos gritó de esa manera. Para mí está claro que, sea lo que sea que pensaste Axel, acaba de llevar a que nos juntáramos. Puedes decirle providencia, destino, como prefieras. Así que ahora iremos a un café, comeremos un delicioso queque de arándanos y trataremos de conocernos mejor, para darle una mano al destino y ver si por fin descubrimos por qué el gallo cruzó la calle, o mejor aún, por qué decidiste gritar de esa manera. –
Axel miró a Namine por encima de mi cabeza, intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros, con una complicidad que no hizo sino molestarme.
- Personalmente, me parece una gran idea. Me encanta el queque de arándanos. – dijo Axel. Y sólo por eso decidí que, quizás, se merecía una oportunidad.
-o-o-o-
Y sí, ¡fin del capítulo! La próxima vez me gustaría hacer un capítulo más largo...
Tengo que admitir que me gustó mucho, muuuucho escribirlo. Y espero que a ustedes les haya gustado leerlo. Si les gustó (y si no les gustó también), dejen un review! Me encantaría saber la opinión de cada uno, criticas constructivas y demases :D
Bueno, muchas gracias a LittlecrazyKairi, Suigin Walker, sasume – uchiha, Nikolas Sur, Scarlett-95, o0 Burn. Baby 0o (Beta querida), Ferfer94 y a flyinkWings por sus reviews! ¡En serio, son lo más motivador que hay! Tengo pendiente responder algunos reviews, pero ya encontraré un ratito…
Y también muchas gracias a todos los que agregaron esta historia a favoritos y/o a las historias que siguen; dígase EmiAnime25, inazumadraco, Irechany, misato-tsumemasa, Poppy-chan Makenzie, Scarlett-95, su. a. nces 97, Ferfer94 y Vanekairi. ¡Muchas gracias!
¡Muchos saludos!
A-S
