El rubio despertó más temprano de lo normal, para ser jueves, y se dirigió a la escuela.
-¿Cómo se supone que aclarare esto? -empezó a preguntarse Arnold acomodando las ideas en su cabeza.- ¿Que voy hacer cuando vea a Helga?

Llego a la escuela pública 118, se dirigió a los casilleros designados para los de sexto año, abrió el suyo y se quedó contemplando sus cosas dentro por un buen rato. El chico llego a la escuela cuando aún no había nadie en la escuela, salvo por los profesores para preparar sus clases.

-¿Que se supone que le diga? Helga yo... Lo que paso ayer fue que... No, no -el chico sacudía la cabeza cada vez con más fuerza cuando una idea no le gustaba.- Helga ayer yo solo... Helga ayer me sentía algo raro y no fue el mejor momento para decirte lo que te dije y... No, no. Suena demasiado raro.

El rubio cerró su casillero para concentrarse mejor y hacer un buen plan para hablar con Helga.

-Bueno, antes que nada, debo aclararle a Helga que no necesito una respuesta inmediata, después de todo yo siempre le he caído pésimo y mi fatal declaración ayer debió dejarla en blanco –coloco su mano en su frente para frotarla un poco-. Me costó entender mis sentimientos pero después de todo ya los he aceptado. Ahora solo debo saber si tengo una oportunidad con Helga, por pequeña que sea…

«No creo caerle tan mal a Helga como para que… Rayos, esto es cada vez más confuso. Mi cabeza estallara…»

-¿Arnold?

-¿Phoebe? ¿Qué haces aquí?

-Pues vengo a mis clases como todos los días -Phoebe quiso sonar chistosa, pero el chico estaba tan absorto en sus pensamientos que no lo tomo de ese modo en su tono de voz, lo que la chica noto y prefirió cambiar el rumbo de la conversación.- Pero si te refieres a que hago aquí a esta hora la razón es que tengo que ir a la biblioteca a entregar unos libros y además que me quede de ver con Helga para recomendarle los libros correctos para que se ponga al corriente en las clases.

-Pues aun no llega nadie y... -hasta que Arnold oyó el nombre de la rubiecita por su mejor amiga la tomo seriamente.- ¿Así que Helga también vendrá temprano?

-Si Arnold, después de todo con lo que les paso ayer en la tarde…

-¿Ayer? –el chico se puso colorado hasta las orejas, por fortuna Phoebe estaba dirigiéndose a su casillero y no pudo verlo.

-Me dijo que se sintió algo indispuesta y por eso no pudieron pasar por mis apuntes a mi casa, así que me pidió que nos viéramos muy temprano para que la ayudara.

-Ya veo -necesaria e inesperadamente tenía que cambiar y acomodar sus planes para hablar con Helga.- ¿Te molestaría si te acompaño?

-No, para nada Arnold -a Phoebe le sorprendió mucho la propuesta del chico, pero como siempre estaba sola a esa hora de la mañana no le importo la idea de tener compañía al menos mientras esperaba a su amiga y a su novio.

Al llegar a la biblioteca Phoebe tomo unos tres o cinco libros y los llevo a una mesa para sentarse y comenzar a leer algunos; Arnold no quiso verse mal y tomo el primer libro que vio mientras se disponía a sentarse y comenzó a leerlo, bueno, por así decirlo, ya que solo veía las palabras sin entenderlas y sin prestar atención a otra cosa más que no fueran sus pensamientos con la chica rubia.

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Lo único que hacia Arnold era recordar momentos en que la chica rubia y él tuvieran momentos buenos sin pelear ni discutir con la esperanza de que lo suyo lograra tener algún rumbo. Rio un poco al recordar la vez que cuidaron un huevo, algo así como un hijo, para la clase y después de todo pudieron llevarse bien y pasar un buen momento. «Porque no iba poder ser así en todo lo que hagamos juntos»

Sintió un cosquilleo muy extraño en el estómago cuando, sin querer, recordó a Cecile y a Ruth en aquella extraña cita que se volvió un desastre.

-¡Phoebe! -llego Helga a la biblioteca corriendo.- Lamento llegar tarde, no pude dormir muy bien y Bob solo se dedica a molestar -la chica guardo completo silencio y se sonrojo un poco al ver a Arnold junto a su amiga con un libro de historia al revés.- Ad-además Miriam solo trataba de convencerme de hablarle a Olga para avisarle yo mima que ya había regresado a casa –dijo tratando de no darle importancia a la compañía de su amiga.

Arnold contemplo más que asombrado a Helga, esta había cambiado su vestido rosa habitual por una blusa negra con un corazón roto por dibujo en ella, unos pantalones de mezclilla algo ajustados y tenis deportivos color rosa; por si fuera poco la chica quito el moño rosa de su cabeza para poner en su lugar una gorra negra sin hacer desaparecer sus dos coletas. No se veía mal, pero para él lucia algo extraña, como si de la noche a la mañana una chica de primaria se convirtiera en una adolecente de secundaria.

-No te preocupes Helga, aunque si creo que deberías llamarle a tu hermana.

-No Phoebe, no me digas eso tú también -se quejó la rubiecita al tomar asiento frente a su amiga.

-Helga... Fue Olga quien me contó donde estabas ya que tu papá, pues...

-Lo sé. Bob quería que triunfara en la vida y creyó que si te decía algo sobre mi me escribirías, me pondría triste y regresaría dejando todo.

-Así es Helga.

-Por desgracia para Bob, el que no me escribieras y el que no supiera nada de mis amigos solo me hizo extrañarlos más y verme obligada a regresar. Aunque para eso tenga que hacer todo lo posible para ponerme al corriente y no repetir año. Eso sí sería el colmo.

-Tienes que apurarte ya que muy pronto será la excursión de nuestro grupo.

-¿Ya dijo el director a donde vamos a ir?

-No, aun no.

-Entonces no me hables de eso ahora, me estoy apurando tanto que estoy a punto de dejarlo a un lado sin importarme nada.

-Pues yo creo que deberíamos ir a exponerle nuestras inconformidades al director: el que no nos avisen con anticipación a donde nos llevaran hará que haya apuros a futuro. ¿No lo crees Helga?

-Tal vez amiga, pero no deberías preocuparte tanto. Así que relájate.

-Relajándome –ambas chicas rieron entre si un poco.

-Helga puedo hablar contigo -interrumpió Arnold al par de amigas mientras se levantaba de su asiento. El que las chicas lo estuvieran ignorando le molestaba un poco.- Yo...

-No tienes que decir nada cabeza de balón –Helga ni siquiera miro a los ojos al chico, temía miedo de confesarle todo su amor con solo verle a la cara y que todo resultara una broma por parte de él-. Solo que en un futuro trata de hacer bromas menos pesadas.

-¿Broma? ¿Por qué crees que es una broma?

-¿No lo es? –un rayo de esperanza hiso temblar el cuerpo la rubia-. Quiero decir que... Te golpeaste muy fuerte la cabeza ayer con el poste. Confundiste las cosas y no supiste lo que me dijiste.

-Helga a mí también me costó trabajo entenderlo pero lo que te dije ayer es verdad. Me gustas y no lo sé, tal vez podríamos...

Ambos chicos se miraron directamente a los ojos: Helga buscaba en los ojos de Arnold alguna señal de que en realidad fuera una broma, mientras que el Arnold buscaba una señal de que Helga no lo odiaba tanto como decía.

-Wow... Al parecer pasaron muchas cosas ayer cuando se fueron del restaurante -la voz de Phoebe hizo aterrizar a los dos rubios a la realidad en la que no están solos en la biblioteca y dejándolos más que sonrojados.

-No Phoebe en realidad Arnold solo...

-No tienes que aclararme nada Helga. Al parecer Arnold se te declaro anoche y tu llevas esperando este día desde hace mucho porque a ti también te gusta así que será mejor que los deje a solas para que puedan platicar bien.

¿Juego sucio? Que más daba, Phoebe ya había dicho todo por parte de Helga sin que esta pudiera negarlo más, tal vez estuvo mal y su amiga se enojara con ella pero parecía que esos dos necesitaban una ayudadita.

Las palabras de Phoebe hicieron que el corazón de Arnold se acelerara al mil sin poder tomar control de su cuerpo. Al ver que el chico no reaccionaba la chica rubia salió de la biblioteca detrás de su amiga sin decir nada, esto hizo al cuerpo de Arnold responder y fue detrás de ella.

-¡Helga espera! -grito el rubiecito después de correr y tomar del brazo a la chica.

-Ya basta cabeza de balón -empezó la chica mientras se solaba.- Me estoy hartando de tus tonterías.

-No son tonterías Helga. Lo que te dije salió de muy dentro de mí y... muy inesperadamente, debo aceptar.

-Arnold por favor, ya basta.

-¡Espera! ¿Lo que dijo Phoebe es... cierto? –más que una pregunta, pareciera que el chico pedía en silencio que fuera verdad.

-Po-por supuesto que no Arnold. Qui-quiero decir que... bueno... Phoebe se confundió... eso es todo...y... no es co-como si me comportaba mal contigo para que no te dieras cuenta de mis verdaderos sentimientos por ti o...

Estando en el pasillo de la escuela, solos, escuchando a Helga prácticamente confesar todo lo que sentía por él (inconsciente y nerviosamente) y ya consiente de lo que sentía por ella Arnold se dejó llevar por su corazón; tomo a la chica por ambos brazos y la guio hacia él hasta que sus labios se unieron por completo.

Lo que comenzó con un beso tierno, inocente e inesperado se convirtió, después de unos segundos y aceptación de ambos, en un apasionado juego de sus labios que solo hizo que los chicos se separaran para tomar aire en sus pulmones. Los chicos guardaron completo silencio hasta que Arnold tomo esto como una aceptación de sus sentimientos y volvió a besar a Helga.

-Creciste Arnoldo…

-No es verdad. No he cambiado en absoluto Helga -suspiro casi sin aliento.

-Por favor. Si no hubieras crecido nunca hubieras podido hacer lo que hiciste –la chica se sonrojaba ante sus palabras-. Siempre fuiste más bajito que yo.

-Tal vez fuiste tú la que te encogiste…

-Cállate. Tonto cabeza de balón.

Ambos se miraron directamente a los ojos antes de reírse; pero claro que el chico había crecido, la adolescencia claro. Una imagen fugas de Arnold de puntillas, tratando de besar a Helga sin lograrlo cruzo por la mente de la rubia haciendo que riera aún más.

-¿Qué es tan gracioso?

-No… Nada.

El rubio rodeo la cintura de la chica pegándola a su cuerpo y recargando su cabeza en su hombro.

-No puedo creerlo…

-¿El qué? –el chico no contesto de inmediato haciendo sentir a Helga más que incomoda por la situación-. Suéltame cabeza de balón, podrían vernos.

-No creo que nadie llegue tan temprano Helga –respondió mientras se incorporaba para mirar a la chica nuevamente a los ojos-. ¿Cómo no pude darme cuenta antes?

Ella no pudo decir nada pues sabía que la razón de eso era su comportamiento con el chico, este nunca fue de una manera adecuada para que "eso" sucediera, sin embargo, ahora estaban ahí, juntos, expresándose un amor puro y sincero.

No sabían cuánto tiempo habían pasado sin decir nada, hablando solo con el latido de su corazón, los cuales, ya parecía ir sincronizadamente. Helga colgaba del cuello del rubio mientras que él no había apartado las manos de su cintura. Tenían mucho de qué hablar así que se separaron para poder hacerlo cuando:

-¡Esto debe ser una broma! –el grito del mejor amigo de Arnold los tomo más que por sorpresa.

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-¿Arnold estudiamos juntos para el examen de matemáticas de mañana?

-Aquí tienes el libro que me prestaste el viernes Arnold.

-¿Arnold harás algo en la tarde? Tengo dos boletos para una película romántica que me han recomendado mucho.

-Hola Arnold. ¿Podrías prestarme tus apuntes de historia? Creo que olvide anotar algo del pizarrón el otro día.

Como era habitual, desde que comenzaron sexto, el rubio era rodeado por varias chicas de la escuela y de diferentes grados escolares para llamar su atención; Arnold era el chico más popular de la escuela ya que tenía las mejores notas escolares, era guapo, atento, educado y soltero, un verdadero estuche de monerías para cualquier chica.

-Déjenlo ya. Arnold ira a mi casa a verse con mi hermano Gerald para terminar un trabajo así que no molesten.

-Hola Kimberly, no te había visto –el rubio solo sonreía amablemente ante el grupito de chicas a su alrededor, pero le agradaba que la hermanita de su mejor amigo llegara al montón ya que eso enojaba y hacia intervenir a Gerald (el segundo popular de sexto ¿sería el primero si no tuviera novia?).

-Buenos días Arnold. Sabes, Gerald me dejo en casa con el pretexto de tener que verte temprano y tuve que venirme sola –la niñita pareciera estar haciendo puchero solo para ser consentida por el rubio-. Además no me prestara atención cuando vayas a casa por su trabajo.

-Descuida Kim, si terminamos rápido prometo jugar un rato contigo.

-Nosotras también queremos Arnold –gritaron emocionadas casi todas las chicas alrededor del rubio.

-¡Que no! Arnold Jugara solo conmigo –grito la pequeña hermana de Gerald a haciendo retroceder un paso a las demás chicas.

-Guarda silencio –sentencio Gerald tras el suspiro de unas cuantas chicas al verlo dirigirse hacia ellas-. No estás en tu casa para hacer escandalo Kimberly.

Una discusión entre hermanos se desato haciendo que más chicos de la escuela se acercaran a la bolita a observar. Por otro lado, casi al final del pasillo, se encontraban una chica rubia y una morena contemplando la escena casi a risas.

-Veo que en realidad nada cambio por aquí en el tiempo que me fui.

-En absoluto Helga, es más, creo que Gerald y su pequeña hermana se pelean más fuerte que antes ¿No te parece?

-No lose, tu novio y tu cuñadita son extraños –el comentario de la rubia hizo sonrojar un poco a su amiga.

-¿Pero eso no te molesta ahora Helga? –Phoebe trataba de cambiar la conversación, al menos al punto de no ser el centro de esta.

-¿Eso?

-Ya sabes. Todas esas chicas tratando de acercarse a Arnold.

-En realidad lo extrañaba un poco Phoebe.

-No sé cómo lo resistes ahora, antes teníamos que irnos para que no arrancaras la cabeza a esas chicas y si no mal recuerdo eso fue lo que te hizo aceptar la beca en la escuela de...

-Madures pequeña amiga –interrumpió la rubia-. Ya he madurado.

-¿De verdad Helga?

-Si –la rubia lo digo gratificantemente.

-Creo que el besar, ups, quiero decir comer mantecado te pone de buenas Helga.

-¡Phoebe!

El grito de Helga llamo la atención de todos en el pasillo pero ella solo presto atención a Arnold quien la miraba algo extrañado y preocupado a la vez; esto no hizo más que hacer enrojecer a la chica al máximo.

-Va-vámonos a clases.

La rubia cerró su casillero con fuerza antes de dar vuelta en el pasillo, seguida por su también avergonzada amiga, y dirigirse a clases cuando choco con alguien que la hizo caer al suelo. Tal fue el movimiento que realizo al chocar con esa persona que su gorra término en su cara impidiéndole la vista.

-¿Helga estas bien?

-Lo siento, de verdad, diste la vuelta tan rápido que no te vi –la rubia aparto su gorro de su cara para poder ver-. ¿Te encuentras bien?

Helga no quiso contestar, estaba muy apenada por gritar en el pasillo y ahora choca con un tipo para caer al suelo aún más avergonzada.

-Sera mejor que te levantes o cuando suene la chicharra todos te pisaran –comento el chico.

La rubia se levantó sin decir nada y camino hacia su salón, se había molestado un poco por el comentario anterior así que apenas contemplo al chico con el que choco; pelo castaño, de su estatura, ropa negra y una mochila en forma de guitarra, pero por el contrario este si la había contemplado bien desde que cayó al suelo y hasta que se levantó para irse.

-Helga G. Pataki… No creí toparme contigo de esta manera –susurro el chico mientras quitaba el cabello de su cara-. ¿Debería comenzar a creer en el Karma?

-¡Joe que esperas, vamos a clase!

-Ya voy Mark, por favor no me grites –el chico camino hacia su compañero y amigo para dirigirse el también a su clase.

-¿Quiénes eran esas chicas? –su amigo notaba algo raro en él-. ¿Sucedió algo?

-Nada solo el destino, supongo –término diciendo antes de girar la cabeza para ver a la rubia, con quien había chocado, entrar a su salón de clase y reír divertido.