Cuando bajasteis las escaleras con todo preparado, os estaban esperando con la puerta principal abierta, justo cuando la directora estaba dándole a Toriel unos papeles que deberían rellenar y entregar cuanto antes. En cuanto aparecisteis tu nueva familia os sonrió, y esperasteis a que terminasen de organizar un par de cosas. Frisk te cogió la mano, estaba nervioso, o más bien ansioso. Se notaba que quería llegar ya a casa.

Le dedicaste una sonrisa muy tierna, era demasiado adorable. ¿Cómo habías sobrevivido esta semana sin el?

Entonces es cuando empezaste a pensar una cosa. ¿Eran una buena familia? Se notaba que tenían mucho amor y cariño para dar y regalar, pero aun así, ¿dónde vivían? ¿Iban a saber educar bien a Frisk? ¿Cuántos años podrías estar con ellos? Según la ley es a los 18 cuando ya puedes emanciparte por ti mismo pero... Tú querías quedarte con Frisk mucho más tiempo. Si son buenas personas podrías hacerlo, estudiar en la universidad aún viviendo con ellos, o trabajar incluso. No querías ser una molestia. "Vas a tener que ayudar en casa para evitar que te consideren un estorbo", pensaste para ti misma. Tal vez más cosas, incluso trabajar mientras estudias. Eso podría ayudar con los gastos.
Pero había otra cosa que te reconcomía por dentro. Acariciaste la cabeza de tu hermano pequeño.

"¿Cuándo vas a dejar de necesitarme?"

La dulce voz de Toriel te sacó de tus pensamientos, y la miraste para devolver esa sonrisa tan tierna que te estaba proporcionando. Ya era hora de marcharse.

Mientras caminabais al coche, muchos amigos vuestros se despedían desde las ventanas. Tú te giraste unos segundos para mover la mano, al igual que Frisk. Hasta nunca.

Ya en el coche, te sentaste junto a la ventana, con Frisk a tu lado. Era un coche grande, de 11 plazas. Dejaste la maleta a tus pies y empezaste a mirar por la ventana mientras el coche se ponía en marcha. Te miraste en el espejo.

Tú y Frisk no erais muy diferentes de aspecto físico, tú tenías el pelo rizado y él liso, pero cortado de la misma manera, y la ropa era casi igual, solo que tú tenías unos leotardos bajo los pantalones cortos, y una sudadera por encima. ¿Te dejarían comprar ropa? Toda la que tenías era dada a la caridad por otras personas, nunca habías sentido que algo te pertenecía realmente. Incluso cuando eras pequeña y tenías la ropa de tus padres... Esa tampoco era comprada para ti, supusiste desde hace mucho que eran de familiares lejanos, poco más.

Todos estaban muy emocionados, hablando sobre la nueva casa. ¿Habían comprado una casa? Obvio, habían salido a la superficie hace poco, necesitaban un lugar donde vivir. Pero, entonces, ¿dónde estarían hasta entonces?

-Respecto a eso -la voz grave de Asgore se hizo notar, todos se callaron del tirón, se notaba que era rey por la forma en la que hablaba- Esta misma mañana firmamos con el notario los papeles para la casa. Lo que falta ahora es comprar los muebles, hemos decidido que esté vacía para que decoréis vuestras habitaciones a vuestro gusto.

Unos gritos de júbilo saltaron en el aire, tú solo sonreías. Del tirón, el esqueleto llamado Papyrus y Frisk empezaron a contar cosas locas como un parque de atracciones en el patio de atrás, incluso un estadio de carreras de coches.

-¡¿Y SI LLEGÁSEMOS A SER FAMOSOS MUNDIALMENTE POR NUESTRAS GRANDIOSAS CARRERAS?! -Decía Papyrus, o gritaba, más bien- ¡PERO OBVIAMENTE YU, EL GRAN PAPYRUS, SERÍA EL MÁS ACLAMADO Y AMADO! ¡TODOS QUERRÍAN SER MIS AMIGOS, INCLUSO HABRÍA LISTAS DE ESPERA PARA HACER ESPAGUETIS JUNTOS, WOWIE!

-¡Pues yo quiero que mi coche vuele! ¡Eso sí que se ganará el corazón y la adoración de todos!

-¡OH, NO PODRÁS! ¡PORQUE TU COCHE NO PODRÁ COMPETIR CONTRA MI HERMOSO PELO ONDEANDO AL VIENTO!

-¡Pero qué pelo, si no tienes, cabeza hueca!

Del tirón te diste cuenta que Papyrus tenía un alma muy infantil, y trataba a Frisk como si fuese un colega suyo de clase. ¿Qué edad tendrían los monstruos? Empezaste a mirar a todos los que estaban en el coche contigo. Undyne era muy intimidante, pero te hacía sentir segura; Alphys siempre tartamudeaba excepto cuando hablaba con su novia, y por su aspecto se veía que era científica, con esa bata de laboratorio, lástima que tú fueses más de letras y no pudieses romper el hielo hablando sobre algo científico. Su conversación parecía algo más acallada, y menos interesante. Aún así tenías interés en escuchar.

-¡Sí, sí, nos vamos a casar! -Vale, la conversación era mucho más interesante de lo que en realidad era- ¡Y tú llevarás un vestido precioso, con la música nupcial de fondo, y yo te esperaré en el altar con un traje que me hará parecer fuerte pero elegante al mismo tiempo! ¡Y el cura se disfrazará de Mew Mew Kissie Cuttie! -En el momento en el que mencionó lo del cura disfrazado, ya suponías que fuese lo que fuese MMKC, no iba a ser bueno.

Alphys parecía muy ruborizada, pero a la vez estaba calmada, como si ya estuviese acostumbrada a ella y sus locuras.

-Ca-cari, aún hay q-que esperar a que las le-leyes se r-regularicen para nosotros, y lu-luego po-podremos...

No le dio tiempo a seguir porque Undyne la estaba abrazando, aunque hubiese cinturones de por medio.

-¡DA IGUAL, CON LEYES ABSURDAS O SIN ELLAS, MIS DESEOS POR CASARME CONTIGO SON MÁS FUERTES CADA DÍA! -Besó su cabeza, haciendo que la mujer lagarta se ruborizase más- ¡POR MI NOS CASÁBAMOS MAÑANA MISMO!

Desviaste la atención hacia Mettaton cuando empezaron las carantoñas, ver a dos personas en ese modo te hacía sentir muy incómoda, la verdad. El robot era una diva del pop, eso estaba demasiado claro, e iba a tener mucho éxito en lugares como EEUU, o incluso Japón, que utilizaban robots y hologramas para hacer conciertos. Justo en ese momento utilizaba el cristal del coche para arreglarse el "pelo", haciendo muecas de besos cada ciertos segundos. Ni siquiera notó que le estabas viendo, a pesar de que seguramente podía verte por el reflejo del cristal. Como no parecía sacar la nariz de si mismo, decidiste observar a Toriel y Asgore. Ellos eran unas figuras paternas tan clichés que sobrecogían tu corazón, ella era cariñosa y él serio y centrado, una unión perfecta, lo cual resolvía muchas preguntas que habías formulado antes. Estaban centrados en la carretera, sonriendo levemente, parecían muy contentos por oír a su familia detrás charlando muy alegres, auque a veces ella ponía la mano sobre la de su marido y se sonreían unos momentos. No ibas a desviar su atención de su pequeña nube de felicidad.

Por último, estaba Sans. quien, al igual que tú, no hablaba. En cuanto pusiste tu mirada sobre él y empezaste a analizarle, te miró directamente a los ojos. Una parte de ti empezó a perderse en esos dos grandes huecos negros que eran sus "ojos", pero la vergüenza pudo contigo y te giraste para mirar por la ventana.

Tu corazón latía a mil por hora.

Mientras llegabais al castillo, seguías pensando en esto de los monstruos. Ahora ellos eran tu familia, así que te intrigaba saber cosas sobre ellos, pero no sabías cómo.
Todos se habían ido al salón a hablar con la tele encendida. Una casa ruidosa siempre te había parecido acogedora, llena de vida, por lo que no te molestaban los gritos de Undyne o Papyrus, incluso los de Frisk. Te recordaban ligeramente a los niños del orfanato.
Pero las preguntas seguían en tu mente, así que te fuiste a la cocina, donde estaba Toriel preparando la cena. Olía demasiado bien. Tus ojos se fijaron en el pastel que estaba preparando. Decidiste sentarte en unas sillas altas que había mientras ella tarareaba dulcemente, era tan adorable... No querías molestarla. Mas cuando arrastraste la silla para sentarte ella se giró y te dedicó una sonrisa, la cual devolviste.

-Oh, mi niña, ¿no estás con los demás en el salón? -sus ojos volvieron al pastel, el cual estaba decorando. Era azul y morado. "Los colores favoritos de Frisk", pensaste.

-Es que... Sé que puede ser presuntuoso, pero, me gustaría hacer algunas preguntas sobre vosotros... -Murmuraste, estabas algo nerviosa. Se notaba por cómo mirabas sus pulgares, los cuales bailaban entre sí. Empezaste a mover la pierna sin siquiera darte cuenta, era un hábito más que normal en ti.

-Adelante, pregunta... Siempre y cuando las pueda responder -captaste la indirecta, nada de preguntas raras o privadas.

-Bueno... Vosotros... Habéis estado bajo tierra mucho tiempo, y hay magia en vuestro interior... ¿No? -Ella asintió- Es como, wow, alguien que utiliza la lógica jamás podrá comprender eso así que, son como muchas dudas, agh.

Ella se rió por lo bajo, estaba siendo paciente contigo. Dentro de tu cabeza agradeciste que fuese tan genial.

-¿Os alimentáis con comida humana? ¿Le ponéis algo más, como polvos de magia? -Decidiste ir a lo más simple, ya que ella estaba preparando comida. Muchas de tus creencias sobre monstruos vienen de cuentos infantiles, así que no sabías muy bien si la estabas pifiando o no.

-Pues claro, mi cielo. Aunque cuando la hacemos nosotros nuestra magia queda impregnada en la comida... Por así decirlo, vosotros ponéis vuestro corazón cuando cocináis para quiénes queréis, nosotros ponemos nuestra alma, donde proviene nuestra magia.

Tu mente buscaba fundamentos lógicos para analizar eso, pero era magia, y como todo lo que sabías sobre ella era gracias a libros y películas era normal que tu mente necesitase de algo material que proporcionase magia, como una varita mágica. Era solo cuestión de acostumbrarse, supusiste.

-Frisk me contó que la magia está en vuestras almas, lo cual tenemos todos los seres vivos... -Ella asintió- ¿Nosotros no tenemos magia?

Ella pareció titubear un poco, tal vez era un tema más profundo.

-Hace tiempo sí... Pero... -Oh, ahí venía- Creo que os lo hicieron perder tras la guerra.

La famosa Gran Guerra, aquella que los contaban aquellos bisabuelos a los cuáles se les tomaba ya por locos debido a su alta edad. Esas historias eran ciertas... Tu abuela siempre te los había contado para irte a dormir antes de que la mandasen a un asilo, y soñabas con esos temas, pero ahora que era real... Una parte de ti quería reírse, el mundo era un pañuelo. Los peces gordos siempre se habían encargado de suprimir información sobre la historia, ya que esta solo la escriben los ganadores. Las cosas eran así en un mundo donde el dinero y el interés se movía solo para los que estaban en grandes butacas en Nueva York. Suspiraste. El mundo estaba podrido.

-Sin embargo, esa magia sigue dentro de vosotros -dijo, dejando la tarta en el frigorífico para que se congelase- Pero se ha camuflado con vuestros sentimientos, emociones. Frisk... Seguramente habría sido poderoso. Gracias a eso nos salvó. Su determinación era tal que consiguió romper la barrera.
Oh sí, la famosa historia de Frisk salvando a todos. Habías estado tan deprimida que ni te habías dado cuenta de que un niño había salvado a los monstruos de su prisión bajo tierra. Habían sido dos semanas muy duras, casi podrías haber- Sacudiste tu cabeza. Frisk estaba contigo, no debías pensar así.

-¿Puedo preguntar más...? -Ella asintió amablemente, bien- Hablas de aquella guerra como si fuese cercana... Acaso... ¿La viviste? -se sonrojó un poco, ¡oh my god, es demasiado adorable!

-Sí... Soy algo vieja, eso estarás pensando.

-¡No, no, no, no! -Moviendo las manos y la cabeza querías mostrarle que tus pensamientos no iban por ahí, no querías hacerle daño ni molestarla- Ya sé que los monstruos y los humanos no tienen nada que ver así que supuse que vuestra edad es diferente a la nuestra. Es todo verlo desde otro punto de vista -hablabas demasiado rápido para intentar explicarle que no querías pensar mal de ella, que no ibas a pensar mal de ella, ni de nadie.

Ella pareció agradecida con eso, y tú querías saber más. Lo cual pareció notarlo y prosiguió.

-Yo era una jovencita por aquel entonces, aún ni había empezado a salir con As-... Asgore... -ahora miraba a través de la ventana, perdida en sus pensamientos. Sonrojo, nerviosismo, temor... Todo estaba reflejado en su rostro. Tu corazón se llenaba de calor cuando la veías así, eran recuerdos agridulces, seguro- Muchos de los nuestros murieron en batalla, al igual que los vuestros. Pero no os guardamos rencor, y vosotros habéis olvidado todo acerca de lo sucedido, al parecer -asentiste, apenada- Ahora estamos aquí para iniciar una nueva era de paz y amor que durará para siempre, mi niña.

Sonreíste encantada. Era hora de que las cosas cambiasen en este mundo. Pero te picaba la curiosidad saber sobre ella y Asgore, siempre te habían gustado las historias de gente conociéndose y enamorándose, algunas eran muy dulces, otras cómicas, y otras algo tristes. Aunque te gustaban así.
Ella empezó a coger platos y cubiertos, casi era hora de comer, así que tenías que acabar pronto con eso.

-Una última pregunta -la empezaste a ayudar a dejar los platos en el comedor, que estaba justo al lado de la cocina- Los humanos somos iguales, los monstruos... Cada uno es diferente entre sí, e incluso hay esqueletos. En la anatomía humana, los esqueletos son lo más básico del cuerpo humano, supongo que sabrás sobre eso -ella asintió, eso simplificaba las cosas- Eso me hace pensar en una cosa... ¿Cómo... Cómo tenéis un hijo?

Hubo un silencio incómodo, y ella carraspeó, había perdido la compostura un par de segundos. No se esperaba esa pregunta fijo. Pero aunque a sus ojos fueses una niña, tú eras una adulta y ya sabías los secretos del cuerpo humano, por tanto, aunque te avergonzase, querías saber más.

-Vaya, sinceramente no esperaba esa pregunta... -Recuperó la compostura y te llevó a un rincón de la cocina, donde, con algo de nerviosismo, empezó a explicarte "la charla" de los monstruos- Cuando dos monstruos se aman incondicionalmente, pueden... Unir sus almas -asentiste, eso parecía poéticamente precioso- Literalmente -ahora ya te confundía, pero lo aceptaste. Otro punto de vista, otro punto de vista...- Cuando esas dos almas se juntan, el alma de esa persona se llena con un fuego alrededor el cual tiene el color de su amado. Es precioso ver eso, la verdad -puso una mano en su pecho, y una sonrisa melancólica apareció en su rostro. Recordaba viejos tiempos- Y si ellos quieren, pueden... Hacer aparecer una criatura. Sin necesidad de contacto físico.

Wow, eso sí que era raro. Tu cabeza dolía un poco imaginando algo que escapaba a tus límites de la lógica, así que lo dejaste estar así.

-Lo siento por esa pregunta, no pensaba que fuese algo tan... Personal -una parte de ti se dio cuenta que te había dado una charla tipo sexual pero sobre monstruos- No tengo más preguntas de momento -en realidad sí, pero ya te habías pasado- Muchas gracias, Tori. Ha sido agradable aclarar algunas cosas.

-Cuando tú quieras saber más cosas, solo dímelo. Para eso estoy aquí, cielo -sonrió alegremente y empezó a organizar la mesa. Decidiste ayudarla como disculpa por el mal rato.
Nada más terminar, Tori alzó la voz para llamar a cenar, y al segundo apareció Sans. ¿Cómo había llegado tan rápido? Ni siquiera habías escuchado sus pasos, aunque llevase pantuflas. ¿Tal vez te había estado escuchando a escondidas?

Te sonrojaste un poco, por lo que te giraste fingiendo que ordenabas unos cubiertos hasta que te calmaste, justo cuando Payrus, Undyne y Frisk entraban como un torbellino en la sala muertos de hambre. En cuanto cogiste tu asiento, en la esquina, Frisk se sentó a tu lado y te dedicó una enorme sonrisa.

-Debes probar la tarta de mamá, es deliciosa -Sonreíste algo forzada, porque aún no estabas acostumbrada a que Frisk dijese "mamá" con tanta confianza. ¿La debías llamar así tú también?

La cena transcurrió como en aquellas pelis de Hollywood, donde todos reían y charlaban entre sí, pasándose comida, contándose cosas. Te hacían preguntas, a las cuales respondías al instante -si no tenías comida en la boca-. Te estabas acostumbrando a su presencia muy rápido, eran tan amigables que era inevitable no acercarte a ellos con tanta confianza.

-¡Fuefo, fefefof fe if a fa ffafa!* -Intentaba decir Undyne con toda la comida en la boca. Ni siquiera se preocupaba por parecer grosera. ¿Era esa su forma de ser? Podría ser que por el hecho de ser tan segura de sí misma no tenga miedo a mostrar hasta su peor faceta, al menos frente a las personas que quería.

(*¡Bueno, tenemos que ir a la playa!)

-U-Undyne, no se ha-habla con la boca lle-llena... -Musitó Alphys mientras en su plato cogía un trozo de verduras. Pero rápidamente alzó la mirada al darse cuenta de la frase que había dicho, y golpeó la mesa con la mano para detener a su novia, quien estaba ya abriendo la boca con una sonrisa de par en par para decir algo.

Y tú sabías que ese algo iba a ser algo fuera de tono. O al menos tu mente te hizo pensar eso.

Mientras estabas por el segundo plato, viste algo que te hizo quedarte con los ojos muy abiertos: Sans comía el ketchup directamente del bote. ¿Estaba bueno así? Siempre lo habías comido con salchicas, hamburguesa, patatas... Era muy raro ver eso, tal vez la magia le daba un toque especial. Como la curiosidad te mataba, cogiste el frasco e hiciste lo mismo que él.
La mesa quedó callada al instante.

Cuando terminaste de tomar el ketchup y lo tragaste, frunciste el ceño y se lo devolviste a Sans, quien te miraba de forma incrédula, al igual que los demás. A los segundos empezaron a estallar de risa, todos.

-¡OH MI DIOS, ERES GENIAL, MOCOSA! -Gritó Undyne entre risas mientras se limpiaba una lágrima que caía por la cornisa de su ojo. Miraste tu regazo sintiendo cómo tu cara ardía, estabas sonrojándote demasiado. ¿Nadie jamás había hecho eso? Acababas de hacer el ridículo.

Se calmaron a los minutos, y siguieron comiendo, no sin dedicarte miradas divertidas cuando cogías el ketchup para mojar las salchichas en él. Esperaban que lo hicieras de nuevo pero no, era demasiado avergonzante.
Lo curioso era que desde que hiciste eso, Sans no dejó de quitar tu mirada de encima. Ni aunque le devolvieses la mirada se atrevía a mirar a otro lado. Te estaba empezando a sentir incómoda.
En serio, qué le pasa a ese tío.