Hasta en la sopa

Edward POV

Después de la intensa charla con Bella, acabé hecho una mierda. Cuando conseguí tranquilizar mis nervios y mis emociones, entré en salón y le pedí a Leah que nos fuéramos para casa. No me apetecía tener que aguantar las miradas de mis amigos sobre mí.

Estuve todo el fin de semana encerrado en mi habitación. Solo salí a comer y porque Leah me obligaba. Estaba lo suficientemente derrotado por la situación con Bella, como para si quiera salir de la cama.

- Deja de lloriquear y levanta tu culo, Edward – me dijo Leah quitando las sabanas y mantas de sobre mi cuerpo.

- ¡Joder, Leah!. Hace mucho frio – le gruñí acurrucándome en la cama, solo llevaba unos bóxers puestos.

- Deja de llorar y levántate. Tengo planes para hoy antes de ir a trabajar mañana.

Mañana comenzábamos a trabajar para la empresa a la que el Sr. Vulturi nos había enviado. Yo no conocía muy bien para quien estábamos trabajando en Londres, sabía que éramos una de las tantas sucursales que tenían y que en Seattle estaba la principal y donde se encontraba ésta, ya que estuvimos mirando Leah y yo cuando llegamos aquí.

- No quiero salir. Estoy bien aquí – intenté coger las sabanas para volver a taparme pero me lo impidió.

- No, no estás bien. Necesitas salir de esta habitación. ¡Airéala por dios! – alzó la voz. – Empieza a oler realmente mal aquí – se quejó.

- Vete a la mierda Leah – le tiré la almohada.

- Vamos pequeño – me dijo en tono meloso. - ¡Mueve tu puto culo! – gritó después.

- ¿Si me levanto me dejaras en paz? – le pregunté esperanzado.

- No.

Gemí y aunque no me apetecía nada salir de la cama…

Me levanté.

- Date una ducha y ponte ropa cómoda. Vamos a salir – me dijo antes de salir de mi habitación.

Le hice caso, no me quedaba más remedio.

Después de hacer lo que me pidió y desayunar, salimos a pasar el día fuera. Recorriendo Seattle, conociéndolo.

Llegamos a casa bastante tarde, ni siquiera vimos la televisión como estábamos acostumbrados a hacerlo antes de irnos a dormir. Me despedí de ella en la puerta de su habitación y entré en la mía para dormir.

O al menos intentarlo.

Pronto, demasiado pronto me sonó el despertador. Otro día que no había vuelto a pegar ojo. Iba a tener una pinta horrible en el trabajo y no era bueno que fuera con cara de no haber dormido en toda la noche a trabajar.

Me di una ducha de agua fría intentando despertar cada célula de mi cuerpo, esperando que así mi cara tuviera mejor aspecto. Si fuera una mujer lo tendría más fácil, con un poco de maquillaje podría tapar mis ojeras…

Salí de mi habitación con mi traje puesto. Entré en la cocina donde ya me esperaba encima de la mesa el desayuno preparado. Leah estaba enfundada en su traje también sonriéndome ampliamente a la vez que tomaba un sorbo de su taza de café.

…..

- ¿Nervioso? – me preguntó entrando al edificio que a partir de hoy sería nuestro trabajo.

- Si te digo la verdad… un poco – pasé mi mano por mis cabellos desordenándolos.

- ¡No hagas eso! – me regañó en un susurró. – No querrás despeinarte más el pelo cuando vas a conocer a tu nuevo jefe. Relájate – palmeó mi espalda.

Nos montamos en el ascensor y fuimos a la planta que nos había indicado el Sr. Vulturi antes de irnos de Londres. Salimos del ascensor dando un suspiro los dos y nos encaminamos hacia la que supusimos que era la secretaria de nuestro nuevo jefe.

- Buenos días – saludé educadamente.

- Buenos días – nos sonrió la mujer. – Debéis de ser Edward Cullen y Leah Clearwater.

- Sí, los mismos – le respondió Leah con una sonrisa.

- El Sr. Denali los espera en su despacho.

- Muchas gracias…

- Carmen – acabó ella por mí.

Ambos nos giramos y fuimos hacia el despacho del Sr. Denali, una plaquita al lado de su puerta ponía su nombre y apellido lo que nos indicaba que habíamos andado hacía la puerta correcta, ya que había bastantes puertas más. Tocamos un par de veces la madera de la puerta y esperamos pacientemente a que nos hicieran pasar, pero en vez de eso, la puerta se abrió y un muy sonriente Sr. Denali nos saludó.

- Buenos días – extendió su mano hacia nosotros.

Las estrechamos y después nos hizo pasar. Nos sentamos en las sillas libres que tenia al otro lado de su escritorio a la vez que él se sentaba en su sillón de cuero negro, dejando descansar su espalda en el respaldo.

- Supongo que os habrá dicho Aro lo que tenías que hacer aquí. Para que os hemos contratado, bueno para que te he contratado…

- Edward, Edward Cullen – le contesté cuando se quedó mirandome.

- No es que tú valgas menos… - miró a Leah.

- Leah Clearwater.

- Siento no acordarme de vuestros nombres, pero no me ha dado tiempo a mirar los informes – se disculpó y siguió hablando. – Bueno lo que decía, no es que tú seas menos valida, eres la secretaria de Edward tú sabrás bien como trabaja, a mi me interesa que él de su máximo nivel.

- Lo entiendo no se preocupe – le dijo Leah.

- ¿Te dijo Aro a qué venias? – me preguntó apoyando los codos sobre el escritorio.

- No. Tenía un viaje importante que hacer, pero supongo que será para hacer lo mismo que hacía en Londres.

- No exactamente. Aquí harás menos, de todo lo que hacías allí. Me explico – entrelazó sus manos encima de la mesa. – Solo te ocuparas de los proyectos, las cuentas las lleva otra persona, tú serás su mano derecha, pero eso no quiere decir que vayas a hacer menos. Sabes que esta es la sucursal principal y prácticamente pasamos los proyectos más importantes por aquí antes de enviarlos a las sucursales que corresponden para que lleven a cabo el proyecto.

- Entiendo – le contesté.

- Bien. Espero que hagas un buen trabajo Edward.

- Lo haré, no se preocupe.

- No me preocupo. Ya sabes cómo va esto. Si no das lo que exigimos, te invitaremos a abandonar la empresa – me advirtió muy sutilmente.

- Haré todo lo que esté en mi mano para que eso no suceda – le sonreí.

- Me alegra escuchar eso. Ahora te presentaré a tu superior – sonrió. – Estoy seguro de que trabajaras muy cómodamente con ella. Es muy buena en lo que hace – se levantó del sillón y se dirigió a la puerta. – Ahora mismo vuelvo – nos dijo antes de salir del despacho y cerrar la puerta.

Iba ser la mano derecha de alguien…

¡Cojonudo!

- ¿Qué te pasa? – me preguntó Leah dándome un pequeño golpe en el hombro.

- Nada. Solo pensé que iba a trabajar solo, no que iba a ser la mano derecha de nadie.

- Míralo por el lado positivo, te libras de los números – rió.

- ¡Oh, sí! – exclamé sarcásticamente. – Preferiría ocuparme de todo y trabajar solo. Es menos complicado.

- ¿Ya estas llorando de nuevo? – se burló.

- No estoy para bromas, Leah – le gruñí.

- Ya veo que no lo estas. Menuda cara tienes.

- ¿Tengo un aspecto malo? – le pregunté preocupado.

- No. Solo estaba vacilándote. Relájate, no puede ser tan malo ser la mano derecha de alguien.

Iba a contestarle, pero la puerta se abrió. Ambos nos giramos para ver como el Sr. Denali entraba de nuevo al despacho con una sonrisa dibujada en sus labios.

- Ahora mismo viene y os la presento – se acomodó de nuevo en su sillón dejándose caer hacia atrás.

Ambos asentimos con la cabeza y esperamos pacientemente a que mi ayudante. ¡No!, corrijo, el ayudante era yo. Bueno sea lo que sea, esperamos a que la mujer apareciera.

Unos minutos más tarde un par de suaves golpes sonaron en la puerta.

- Adelante – dijo en tono firme el Sr. Denali.

La puerta se abrió, ni siquiera me giré para ver de quien se trataba. Bastante tenia con enfurruñarme interiormente.

- Sr. Denali. ¿Quería verme?

Esa voz…

Giré mi cabeza rápidamente. Tan rápidamente que incluso me hice daño en el cuello. Miré de reojo a Leah que también se había girado – creí escucharla decir "no me jodas" – y vi como sus ojos estaban abiertos de par en par.

Bella POV

Había pasado todo el fin de semana con mi chico en su casa, ni siquiera fui el domingo a mi casa a dormir, me quedé con él, en sus brazos. Necesitaba quitarme a Edward, la discusión que habíamos tenido en el balcón y las sensaciones que creí que ya no estaban de encima.

Estaba molesta por todo. Porque él estuviera aquí, por la discusión, por nuestros reproches, por sentirme como me sentía años atrás cuando estaba a su lado, por Leah, su supuesta amiga… por muchas cosas.

Aun después de haber intentado quitarme a Edward de la cabeza con mi novio no fui capaz. Sus besos, sus caricias, sus susurros, su todo, siempre lo comparaba con todo lo que me hacia Edward cuando estuvimos juntos.

Y siempre Edward salía ganando.

El lunes había llegado, no había pegado ojo y hoy tenía que estar una hora antes en la oficina. Me duché rápidamente, me vestí con uno de los trajes que usaba para ir a la oficina – una falda gris que me llegaba hasta un poco más por debajo de la rodilla, una camisa blanca, una chaqueta gris a juego con la falta y unos zapatos con un tacón bajo – y después me maquille para tapar las ojeras que me habían salido a lo largo del fin de semana.

¡No había pegado ojo!

- ¿Ya te vas? – me preguntó somnoliento.

- Sí, tengo que estar una hora antes en el trabajo.

- ¿A la noche vendrás un rato al…?

- Sí – le corté – Iré un rato.

- Me alegra escuchar eso – me medio sonrió con los ojos entreabiertos. – Ven y dame un besito antes de irte – estiró su mano para que la cogiera.

Después de darle un par de besos, cogí una manzana de la cocina y salí a la carrera hacia la oficina.

Iba a llegar tarde…

- Buenos días, Bella – me saludó Kate entregándome unos papeles.

- Buenos serán para ti – me quejé.

- ¿Mala noche? – me preguntó preocupada, pero después pasó a un tono divertido. - ¿No te han dejado dormir?

- He pasado dos malas noches y no, no es lo que tú piensas – le contesté mirándola con los ojos entrecerrados para que no dijera lo que su cabeza loca estaría pensando sobre sexo… como siempre hacia.

- Hoy tenemos mucho trabajo – me comunicó cambiando de tema.

- Lo sé.

- ¿Quieres que te traiga un café cargadito? – me preguntó siguiéndome a mi despacho.

- Sí no es mucho pedir – me giré para sonreírle.

- Para eso estoy, Bella – rodó sus ojos. – Para servirte, mi ama – ahora fue mi turno de rodar los ojos.

Me dejé caer sobre mi sillón y comencé a trabajar. Kate me trajo unos minutos después mi café cargado y más papeles para revisar. Llevaba como una hora metida en uno de los informes cuando el intercomunicador sonó.

- Bella, el jefe te espera en su despacho.

- Ahora voy – le contesté después de pulsar el botón.

Dejé todo como estaba, le pegué el último sorbo a mi café y me levanté del sillón para ir al despacho de mi jefe.

Después de saludar a Carmen, me acerqué a la puerta y la golpeé suavemente.

- Adelante – escuché decir al otro lado.

Cogí el pomo de la puerta y la abrí.

- Sr. Denali. ¿Quería verme? – le pregunté entrando a su despacho.

Había dos personas sentadas en las sillas del otro lado de su escritorio.

Ambos se giraron y los ojos verdes de Edward se clavaron en los míos. Vi pasar por sus ojos sorpresa, alegría y temor, las tres en ese orden. La sorpresa podría comprenderla, incluso la alegría la comprendía, pero, ¿el temor?. Esa no la comprendía.

¡Y no podía ser!

¿Qué hacían aquí?

No serian las nuevas personas que me había dicho Kate que el Sr. Denali iba a contratar, ¿no?. El que se supone que sería mi mano derecha.

- Sí, Bella, acércate – me dijo Eleazar sacándome de mis pensamientos.

Aparté la mirada de Edward y caminé hacia mi jefe.

- Quiero presentarte a Edward…

- Cullen – le respondió Edward cuando Eleazar lo miró.

- Y Leah…

- Clearwater – le respondió Leah.

- Lo siento de verdad, pero aun no recuerdo vuestros apellidos – se disculpó Eleazar.

- Es el hijo de Carlisle – le susurré a mi jefe.

Giró su rostro a mí y me miró con los ojos abiertos desmesuradamente.

- ¡Joder! – exclamó. – Lo siento – se disculpó un segundo después, supuse que por la palabrota. – Ya decía yo que tu apellido se me hacia familiar a pesar de no recordarlo aun – miró a Edward. - ¿Os conocéis entonces?

- Sí – le contesté yo.

- Bueno así será más rápido. Enséñale la oficina y su despacho, si no te importa. Él será tu apoyo.

- De acuerdo.

Después de que ambos leyeran y firmaran su contrato, salimos del despacho de Eleazar, nos despedimos de Carmen y entramos en el ascensor. El ambiente… el ambiente no sé exactamente como se sentía, pero tener las miradas de Edward y Leah clavadas en mi espalda, comenzaba a ponerme muy nerviosa.

Llegamos al piso donde se encontraban nuestros despachos y salimos del ascensor.

- Esperar un momento aquí – les dije llegando a mi despacho.

Ambos asintieron y yo entré en el despacho cerrando la puerta.

Inspira, expira.

Inspira y expira, ¡por dios!, inspira y expira.

Nunca había imaginado que fueran a venir a trabajar en la misma empresa que yo cuando me dijo que venían por trabajo.

¿No se supone que había ido al conservatorio?

Eso lo dejaría para más tarde. Ya le preguntaría a Alice… ahora debía de concentrarme en enseñarles su despacho, el cual quedaba como a cinco metros del mío.

Definitivamente iba a volverme loca si lo iba a tener tan pegado a mí.

Cogí un par de papeles que me había entregado Kate cuando me llevó mi café. Me dijo que eran los informes con los nombres de los nuevos fichajes para la empresa, pero yo como ya tenia bastante en la cabeza, ni siquiera me molesté en echarles un vistazo, pero…

Allí estaban…

Edward Cullen y Leah Clearwater.

Miré por encima los papeles y con ellos en la mano, salí de mi despacho.

- Está bien. Vamos os enseñaré esto y con quien podrás trabajar en algunos proyectos – les dije a los dos pero mirando a Edward – les dije lo más tranquilamente que pude.

- Vamos – me respondieron a la vez.

Me encaminé los cinco metros que separaban su despacho del mío. Después de decirle que este sería su despacho, le enseñé a Leah cuál sería su mesa.

A parte de su amiga, era su secretaria.

Después de enseñarle un poco nuestro piso y dejar a Leah en su escritorio, organizándolo, Edward y yo fuimos al piso donde se trabajaba en los proyectos.

- Bien aquí es donde hacen todos y cada uno de los proyectos y después te los enviaran a ti para que los corrijas – mis nervios ya habían pasado a un segundo plano.

- De acuerdo.

Lo miré por el rabillo del ojo y vi que estaba mirando todo lo de su alrededor, observando, analizándolo todo.

- ¡Bella! – exclamó Tanya acercándose a mí.

Tanya Denali era la hija del Sr. Denali y Carmen, trabajaba de encargada en la sección de proyectos. Ella se encargaba de que todos y cada uno de los empleados estuvieran trabajando y no escaqueándose como algunos hacían antes de que ella entrara aquí a trabajar.

- Tanya – le salude dándole un abrazo.

Era una chica bastante alegre y divertida, sus locuras muchas veces sobrepasaban el límite permitido, pero teniendo a Eleazar como padre y jefe, había cosas que él pasaba por alto para no tener que despedir a su propia hija. Y a pesar de sus locuras en la empresa era una trabajadora eficaz.

- ¿Qué haces por los submundos? – bromeó. - ¿Había algún proyecto mal?. ¿De quién era? – me dijo preocupada y mirando a las mesas llenas de gente como una posesa.

- Tanya, relaja – reí. – No he venido para nada de eso, solo… - me giré para ver como Edward prácticamente se la comía con los ojos, o eso me pareció a mí. Rodé los ojos ante su obviedad, Tanya era una chica guapa, realmente guapa pero… - he venido a presentarte a Edward Cullen, es el nuevo encargado de los proyectos – Tanya se giró hacia Edward y lo escaneo de arriba abajo, volví a rodar los ojos. – Edward, ella es Tanya Denali, se encarga que esta panda de vagos – susurré – trabajen algo.

- Si no llega a ser por mí, Edward, tú no tendrías trabajo ahora mismo – le susurró a la vez q yo reía.

- Y si no llega a ser porque tu padre te consiente demasiado Tanya, tú no estarías en la empresa trabajando – contraataqué.

- Y si tú, Bella…

- Sí, sí Tanya, sabemos que estoy donde estoy gracias a su padre – señalé y miré a Edward.

Se veía bastante confuso y divertido a la vez.

- ¿Carlisle es tu padre? – le preguntó a Edward sorprendida.

- Sí.

- Veo que de tal palo tal astilla – sonrió y se giró para hablar conmigo. – Bueno entonces, ¿trabajaré para él?

- Sí, serás como su mano derecha en esto, ahora no solo tendrás que vigilar que la gente trabaje – le guiñé el ojo.

- Entiendo – se quedó pensativa durante unos segundos. – Si yo soy su mano derecha, ¿quién es la tuya?

- Él – dije con una sonrisa.

- ¿Por qué sonríes? – me miró con los ojos entrecerrados.

- Porque ahora solo tendré que ocuparme de un departamento mientras él se ocupa del otro.

Edward POV

Me alegraba ser la mano derecha de Bella. Reconozco que al principio no me gustó nada tener que ser el apoyo de nadie, pero si era la mano derecha de Bella… pasaría más tiempo con ella.

Después de una breve charla con Tanya, Bella y yo nos volvimos sobre nuestros pasos. Después de que ella me explicara – muy profesionalmente, he de reconocer – lo que querían que hiciera durante el día, me metí en el despacho. Leah no tardó en aparecer por mi despacho, se sentó en la silla de enfrente de mi escritorio y comenzamos a hablar un poco sobre esta empresa.

Mi despacho estaba muy bien, era amplio, entraba mucha luz a través del enorme cristal que tenia a un costado, mi sillón no era como el del Sr. Denali pero era bastante cómodo e incluso tenia un sofá largo.

Estuve trabajando y corrigiendo proyectos durante un buen rato, hasta que la puerta de mi despacho se abrió fuertemente.

- ¡No podía creerlo hasta que no lo viera! – exclamó mi hermano entrando en el despacho y cerrando la puerta. - ¿Qué haces aquí? – me preguntó dejándose caer en el sofá.

- Trabajar – le contesté como si fuera obvio.

- Eso ya lo había supuesto yo solito – rodó los ojos. – Pero, ¿Por qué aquí?

- Porque me han trasladado aquí.

- Bueno, eso está bien. Trabajaremos codo con codo – ya sabía por Alice que Emmett trabajaba en la misma empresa que Bella de abogado.

- ¡Oh, sí!, ¡será genial! – le dije sarcásticamente.

- Me encanta tu entusiasmo por trabajar con tu hermano mayor – volvió a rodar los ojos. – Ahora vayámonos a comer – se levantó del sofá y prácticamente me arrastró hacia un pequeño restaurante que había al lado de nuestro trabajo.

Después de ponernos al día, Emmett y yo regresamos a nuestros trabajos. Cuando quise darme cuenta ya era la hora de volver a casa. Leah me avisó muy sutilmente, o más bien como ella pensaba que era sutil, me dijo que "el amor de mi vida", aun seguía trabajando. Ignoré la necesidad de avisarle que yo me iba para casa y que ella debía de hacer lo mismo y caminé hacia fuera el edificio.

Cogimos un taxi, ya que mi Volvo me lo traerían mis padres este fin de semana de Forks.

Llegamos a casa y después de darnos una ducha, ambos decidimos que saldríamos a tomar algo antes de cenar.

Nos pusimos ropa de diario y salimos de casa. Pero yo me detuve en seco al ver la figura de Bella enfrente de nosotros, abriendo la puerta de enfrente de nuestra puerta.

- ¡Joder, Edward!. Deja de hacer eso – exclamó Leah a mis espaldas.

Bella se giró lentamente y me miró con los ojos muy abiertos.

- ¿Edward? – me preguntó como si no creyera que yo estaba allí.

- Sí – le contesté simplemente.

- ¿Vives… - se cortó cuando Leah salió de mis espaldas – vivís – se corrigió – aquí?

- Sí – vi como suspiraba.

- En ese caso, bienvenidos – intentó sonreírme pero vi que solo se estaba comportando educadamente.

No le gustaba que yo viviera tan cerca suyo.

Eso lo tenía más que claro.

Se giró y entró en su casa, cerrando la puerta de un portazo.

- ¿Qué ha pasado? – me susurró Leah.

- No lo sé – le contesté encogiéndome de hombros y no sabiendo a que se refería con la pregunta. – Vámonos a tomar ese trago – le agarré de la mano y tiré de ella. – Necesito ese trago.

No me apetecía ponerme a pensar en nada a lo referente a Bella. Bastante tenia en la cabeza con lo que había pasado en el balcón de mi hermana y después por habérmela encontrado en el mismo lugar en el que iba a trabajar. Aunque eso tenia algo positivo, al igual que vivir en el mismo edificio, iba a estar cerca de ella, así podría verla todos los días y así vería con mis propios ojos con quien estaba saliendo.

Pero ahora no quería pensar en ella, estaba agotado mentalmente de tanto pensar en el dichoso tema.

Entramos al bar al que había venido el primer día a emborracharme. El local estaba muy bien, el ambiente era relajante, aunque había mucho humo, pero era un lugar en el que se podía estar sentado y hablar tranquilamente.

Saludé al barman, el cual no recuerdo su nombre pero él si parecía acordarse de mí, después de todo algo si me había escuchado.

- Veo que has cambiado a la castaña por una morena – me guiñó el ojo después de mirar de arriba abajo a Leah.

Ella le gruñó y yo ignoré su comentario.

Nos sentamos en la barra y una pelirroja nos atendió.

Bella POV

¡Joder, joder, joder!

Ya no solo tenia que verlo de vez en cuando, cuando quedáramos todos nuestros amigos juntos. Ahora aparte de verlo también en el trabajo entre semana y que sería mi apoyo – cosa que me hacía querer gritar por un lado y por otro ponerme a saltar como a una niña cuando le dan sus regalos de navidad – tenia que venirse a vivir junto enfrente de mi puerta.

No sabía hasta que punto podría tenerlo planeado, pero las coincidencias me parecían muy evidentes.

Necesitaba salir de casa…

Esto iba a hacer que mi cabeza explotara.

Necesitaba aire.

Me cambié de ropa, poniéndome mi ropa de diario y salí hacia el único bar que me parecía un lugar de escape en algunas ocasiones y donde sabría encontraría a mi novio.

Entré en el local y me quedé de piedra cuando vi a Edward y Leah en la barra sentados.

¡Vamos, no me jodas…!

Lo iba a ver hasta en la sopa.

Este era mi pequeño santuario para escapar de todo y ahora estaba él dentro de mi pequeño lugar de paz.

- Hola, pequeña – me saludó mi novio dándome un beso en los labios justo cuando Edward se giró para mirar en mi dirección.

Parecía haberme sentido nada más entrar por la puerta.

Le respondí el beso y después me ayudó a sentarme en uno de los taburetes de la barra, al lado de Edward, quien no había apartado sus penetrantes ojos verdes de nosotros.

Su mirada estaba quemándome de la forma menos agradable.


Y como dije... aqui estoy!

Hola! bueno lo primero quiero deciros que no es por poner siempre la misma excusa, pero debido a algunas circunstancias que - no diré - en mi vida, no tengo ni idea de como me haya podido salir este capitulo. Lo he releido y corregido pero aun así creo que no me ha quedado del todo fino...

Aun así, espero que lo hayais disfrutado! y bueno para el siguiente capitulo ya saldra a la luz el novio de Bella! jajajaja.

Ahora me pondré manos a la obra con el capitulo trece de "En busca..." y despues volveré a este ;)

Gracias a tlebd por ayudarme a corregir mis locuras! jajaja, sin ti, seguiria dandole vueltas a la misma frase una y otra vez hasta encontrarle algun sentido xD.

Gracias por todas vuestras palabras, alertas, favoritos y por leer! ^^. Me estais dejando alucinada con tanto review :D

Saludos!