Mariposas y leones
Sumario: Harry y Draco nunca se han llevado bien, a pesar de pertenecer a la misma Casa. Pero cuando, tras seis años de enemistad, descubre que todavía hay ciertos detalles de su compañero, que él ignora por completo, Harry decide que quiere saberlo todo. Y tal vez más que eso. (AU Draco Gryffindor!)
Género: Romance/Hurt/Comfort.
Claves: Drarry/AU: sin Voldemort.
Extensión: 5 partes.
Disclaimer: Lo que reconozcan, no me pertenece. Yo sólo juego con estos maravillosos personajes.
Mariposas y leones (4/5)
Harry no puede creer que nadie le haya dicho.
—…bueno, es que si lo piensas bien…—Hermione mira alrededor, en busca de apoyo. La situación captura su atención a tal punto de que parece que se le ha olvidado que se negaba a hablar con Ron hasta entonces; él lo quiere tomar como una buena señal, porque significa que hay posibilidades de que arreglen sus diferencias, pero es difícil pensar en algo más de lo que acaba de oír.
—Sí, de hecho, tiene mucho sentido —Ron la secunda, a la vez que arruga la nariz—. Es asqueroso, pero con sentido.
El carraspeo de Ginny le advierte al chico que va a maldecirlo si vuelve a hacer un comentario negativo sobre los sentimientos de su mejor amigo.
Están en la Sala Común de Gryffindor, en los sillones alrededor de la chimenea; Harry sólo retuvo las preguntas y la noticia durante una noche, y en cuanto logró poner a sus amigos en un mismo sitio, se los contó. Los tres se metieron en el camino de Ginny después, cuando esta regresaba desde alguna parte del castillo, probablemente en una cita de sábado por la mañana.
Hermione está a un lado de él, con su expresión conocedora y maternal, casi como si tuviese que reconocer para sí misma que se trataba de una obviedad. Ron, desparramado en un sillón individual, parece perdido, y al mismo tiempo, Harry tiene la sensación de que está más tranquilo que él.
Ginny empujó las cosas que tenían en la mesa frente a ellos y se sentó, con las piernas y los brazos cruzados, cuando empezaron a interrogarla, los tres a la vez. No pudo dar una respuesta más concisa.
—Sí, le gustas a Drac, es verdad. No, no es ninguna broma. Le gustas desde tercer año, hasta anoche; hoy me dijo que ya no le vas a gustar más, y que quería que te lo dejara en claro, si es que preguntabas al respecto.
Ginny lo sabía. Hermione, Ron, incluso Neville, que se pasó por ahí unos minutos atrás y al que Harry le preguntó si se creería que él le gustaba a Draco, en una situación hipotética. Neville había contestado con un aturdido "¿que no es obvio que siempre le has gustado?" que hizo reír a Ginny, y al trío los dejó más pensativos.
Así que le gustaba. En serio le gustaba.
El Draco Malfoy cretino con que se peleaba, a diario, desde el primer año, no sólo tenía sentimientos, sino que podía gustar de alguien. Enamorarse. Tener ese tipo de amor que dura años, se conserva, florece.
Harry pensó que aquel detalle decía mucho de su persona, del Draco verdadero, el que no se molestó en buscar durante años.
¿Por qué le gustaba? ¿Qué tenía, que lo hacía especial a los ojos de Malfoy?
Bueno, tal vez de físico no estaba mal, sí. Era Buscador, el Capitán del equipo de Gryffindor, y jugador estrella desde primer año. El mejor estudiante de Defensa contra las Artes Oscuras.
¿Se suponía que eran razones para enamorarse de alguien, para suspirar por una persona, por tres años?
Por alguna razón, no podía hacerse a la idea de Draco Malfoy suspirando por él, o por cualquiera, en general. Lo cierto es que, ahora que comprendía que no estaba exento de enamorarse y que además era de él de quien gustaba, estaba convencido de que lo de la noche anterior fue, probablemente, lo más valiente que Draco había hecho, y la única muestra real, obvia, tangible, de sus sentimientos, en todo ese tiempo.
Y la única que iba a dar, si lo que decía Ginny era verdad.
Pero una persona no se 'desenamora' en una noche, nada más declararse, ni siquiera él, ¿cierto?
¿Cierto?
¿Y por qué le importaba a Harry, en primer lugar?
—¿Y bien? —Hermione hizo chocar sus rodillas, de forma débil, para devolverlo a la realidad. Él parpadeó y se dio cuenta de que los tres lo observaban, con distintos grados de interés— ¿qué vas a hacer?
Volvió a parpadear y boqueó, alternando la mirada entre ellos, uno a uno.
—¿Que voy a hacer de qué?
—Con Draco, Harry —Su amiga rodó los ojos. Él frunció el ceño.
—¿Qué voy a hacer con Draco de…? —Los instó a continuar con un gesto. Ginny bufó.
—Te está preguntando qué le vas a responder y cómo —Aclaró ella, causando que la mente de Harry se vaciase, y soltase un débil "ah".
—¿Tengo que responder? —Incluso Ron rodó los ojos, ¡bien, tal vez no tenía experiencia con esas cosas! Ginny se dio por vencida con él en tercero (ahora se hacía una idea de por qué), nunca le fue bien con Cho en quinto, ¡no sabía ir más allá del simple hecho de 'gustar' de alguien!—. ¿Qué quieren que haga entonces? ¿Voy a buscarlo, le agarro los hombros, y le digo "Malfoy, nos hemos odiado por seis años, anoche te me declaraste, cuando yo no tenía idea de que te sentías así, o de que tenías sentimientos, como una persona normal, y punto —Se interrumpió por un quejido cuando Ginny lo pateó en la espinilla, tomó una bocanada de aire, y prosiguió, gesticulando al no saber cómo mantenerse quieto—, pero por qué no vamos a una cita mañana en la tarde"? ¿Eso les parece bien?
—Sí —Ginny asintió.
—No, iugh —Ron frunció el ceño.
—No sé —Hermione suspiró.
Él volvió a observar uno por uno, boquiabierto, y terminó por encogerse de hombros.
—Está bien, yo no soy un experto en esto, pero normalmente, hasta donde sé, uno no sale con alguien a quien odia…
—Técnicamente —Lo cortó su amiga; en circunstancias normales, él odiaba cuando empezaba a señalarle lo que no veía. En esa ocasión, lo hizo todavía más—, Malfoy te odió tres años y te amó dos, y ahora el odio es algo como…unilateral, y tú eres el único que lo siente, Harry.
—A menos que no lo odies —Ofreció Ginny.
¿Odiaba a Draco Malfoy?
Pero por supuesto que lo odiaba.
¿Entonces por qué la duda, la pregunta? Un año atrás, no habría dudado en asegurar que no lo soportaba. Un mes atrás, quizás.
¿Qué era diferente?
¿Era que le gustase, aquello lo ponía tras un cristal nuevo en que podía enfocarlo? Porque Harry bien sabía que, una relación que comience mal, termina mal. Ahí tenía a Chang de experiencia. No valían la pena unos sentimientos basados en comprensión, empatía o lástima.
No es que él le tuviese alguno de esos.
¿Acababa de considerar la palabra "relación" y "Malfoy" juntas?
Necesitaba un trago de whisky de fuego. O un sanador mental, unas vacaciones en San Mungo.
¿Se habría golpeado demasiado fuerte con las bludgers del partido de ayer?
—¿Recuerdas el rumor sobre que te gusta Malfoy, Harry? —Hermione se adelantó, al ver que no contestaba, ni hacía más que mirar la chimenea con aire taciturno.
Emitió un débil quejido.
—Una idiotez que se inventaron los Slytherin para fastidiar…
—De hecho, lo dijo Parkinson —Aclaró Ginny, en un susurro—, una amiga de la infancia de Drac.
Harry bufó.
—Eso lo hace peor.
—Yo creo que fue una conclusión a la que llegaron por un motivo —Siguió la chica, como si no hubiese oído a ninguno de los dos—, ya sabes, si sólo es el clásico caso de "jalarle el cabello a la niña que te gusta"…
—Pero siempre han sido así —Ron se cruzó de brazos, quejándose cuando su hermana le metió una patada también.
—Eran niños inmaduros —Continuó—, pero Malfoy se enamoró en tercero, es esa época, ¿saben? Cuando se dan cuenta de las cosas importantes…los que no saben lidiar con los descubrimientos sobre quién les gusta, muchas veces actúan, pues, como…
Hermione dejó las palabras en el aire y observó a Harry, con ojos astutos y amables a la vez, y él hubiese preferido callarse la noticia, para evitar lo que acababa de oír.
—A mí no me gusta Malfoy.
Lamentó enseguida decirlo. Su voz le sonaba vacía y plana, falsa, incluso para él. Se llevó las manos a la cara, confundido, y notó que las chicas intercambiaban una mirada.
—Bueno, compañero, esto- mira —Ron se rascó la cabeza, todavía con una expresión extraña—, yo tampoco sé sobre esto, declaraciones, tú entiendes, entre chicos menos —Se encogió de hombros—. Y sé que es Malfoy, y yo habría vomitado en tu posición, y me parece que su forma de demostrar su amor es una mierda —Alzó las manos, en señal de paz, cuando Ginny estuvo por golpearlo—, a lo que voy: hombre, sí, no te envidio nada, pero hasta el muy idiota se merece una respuesta, ¿verdad? Aunque sea un "no" o un "¿estás loco? Nos odiamos", porque…maldición, debe ser horrible declararte y que esa persona se quede ahí, parada…sin decir ni hacer nada.
—Justo como tú hiciste —Añadió Ginny, entre dientes.
—Ron —Hermione tenía una sonrisa incrédula cuando estiró la mano y sujetó uno de las suyas—, eso fue muy inteligente, amable y maduro de tu parte, sabiendo cuánto detestas a Malfoy.
Ron hizo un ruido de desagrado.
—Es que quiero que vayamos a comer y dejemos de hablar de él —De inmediato, las dos chicas le dirigieron miradas heladas—, ¡no digo que no me importe Harry o lo que haga! Es sólo que…Malfoy —Y volvía a arrugar la nariz—. ¡Seguro que Harry me entiende!
Él asintió cuando sintió su mirada, en busca de apoyo. Ahora las dos chicas estaban cruzadas de brazos y le replicaban a Ron, pero Harry ni siquiera prestó atención a lo que vino después.
Darle una respuesta. Rechazarlo.
Decirle un "no", un "nos odiamos, quiero que siga así".
Porque quería que siguiese así, ¿verdad? ¿Qué más iba a querer, si no?
Se restregó la cara, conteniendo un lloriqueo. Tras un momento, los tres callaron, y sintió el tacto delicado y cuidadoso de Hermione, que le tomaba la muñeca, y le destapaba el rostro.
—¿Qué? —Espetó, con la voz ahogada.
—Lo que decidas hacer, estamos contigo.
Harry tenía la sensación de que aquello no era lo que se le decía a alguien, cuando lo alentabas a rechazar a otra persona. Si lo analizaba bien, parecía- parecía-
Como si creyese que iba a invitarlo a salir.
Se sacudió su agarre de encima y se puso de pie de un salto, frunciendo el ceño.
—No me gusta Malfoy —Insistió. Casi sonaba convincente, ¿qué era ese dolor leve en el pecho al decirlo?
—Harry —Ginny acababa de levantarse también. Estaban cara a cara, antes de que pudiese apartarse—, mira, yo no te voy a pedir que salgas con él. Merlín, si sales con él, sin quererlo, eso sólo lo pondrá peor. No, yo…por nuestra amistad, te pido que entiendas que han sido años y Drac está cansado y herido. Si le tienes que romper el corazón, yo no te puedo detener, pero sí quisiera que lo hagas de una forma en que todavía quede algo de él, algo de lo que pueda reconstruirse, y más adelante, le ofrezca esos sentimientos a alguien que sí lo valore. Es todo, Harry.
Ella lo observó unos instantes, en silencio, y después de un asentimiento, en el que pareció convencerse de que hacía lo correcto, se marchó.
Harry quedó solo, frente a sus dos mejores amigos.
Draco estaba herido y cansado. ¿Por él?
¿Él había lastimado a Draco, sin saberlo?
¿Él podía lastimarlo más, al punto de romperlo, como temía Ginny? Ella era su mejor amiga, ¿no? Ginny sabría la reacción de Draco. Si lo rompía-
¿Acaso sus sentimientos eran lo bastante fuertes como para que una situación así pudiese ocurrir?
¿Y aun así, luego Draco le entregaría todo ese amor a alguien más?
No. Había algo en la idea, que no le gustaba.
Le hacía rabiar, le hacía bullir una emoción desagradable en el pecho.
No podía imaginarse a Draco con nadie, ni siquiera él. Pero, sobre todo, no podía imaginarlo con alguien más. Incluso con él, de pronto, sonaba más normal.
Más lógico.
Oh, mierda, ¿qué?
—Haz lo que debas hacer —Hermione le dio otro apretón débil en la mano, y se retiró cuando Lavander se aproximó para buscar a Ron, que fue arrastrado por la chica hacia alguna parte, lejos de él.
Y Harry se quedó ahí, parado, inmóvil. Luego volvió a sentarse y se dedicó a contemplar el fuego por largo rato, mientras los pensamientos se le arremolinaban en la cabeza, con la misma fiereza y bullicio que cuando estaba por organizar la estrategia de un partido de Quidditch.
Iba a rechazarlo. Iba a ser suave, pero firme. Directo.
Le diría que los chicos no le gustaban, que no estaba interesado. Le propondría una tregua, no más peleas.
Después dejaría que él se encargase.
¿Lo lastimaría de ese modo? ¿No era la mejor opción? ¿Lo haría llorar? Oh, él no soportaba a las chicas que lloraban cuando las rechazaban, pero, de nuevo, Draco era un chico. El que lo apuntaba con la varita cuando se sentía herido, además.
¿Intentaría maldecirlo, entonces? Sólo por esa vez, Harry estaba dispuesto a aceptar una maldición. Creía que era un precio pequeño, a comparación de romper un corazón.
Porque se lo rompería, ¿no?
Iba a romperle el corazón a Draco Malfoy.
Merlín, aquello era más de lo que podía procesar. Sin importar cuántas veces lo insultó, ni cuántas veces lo apuntó, las peleas, duelos-
Harry nunca se imaginó que le haría daño. No ese tipo de daño.
Sí, lo hacía rabiar, lo mandaba a la enfermería por un rato, cuando Draco hacia lo mismo con él. Atacaba los puntos débiles, empujaba cuando sólo tenía fuerza para contraatacar.
Sin embargo, no era igual.
No era hacerlo llorar, o sentirse destruido. No era romper en pedazos un sentimiento de años. No era, ni siquiera de cerca, ser consciente de que Draco, en el fondo, lo veía con buenos ojos, y arruinar esa imagen que tendría de él.
Porque, al fin y al cabo, si lo quería, si en verdad lo hacía tanto como parecía, significaba que lo que decía, cómo actuaba, no estaban coordinados con el cómo se sentía. Draco veía cosas buenas en él, las apreciaba. Draco quería algo con él, como cualquier persona a la que le guste alguien, que es feliz cuando lo tiene cerca.
Harry apenas podía creerlo.
Cuando Draco llegó a la Sala Común, estaba tan ensimismado, que pensó que se trataba de su mente, los pensamientos que alteraban su percepción. Luego se dio cuenta de que era imposible, porque tenía las botas llenas de barro, se quitaba unos guantes de Quidditch, intercambiaba unas palabras con Dean y se dirigía a los dormitorios.
Estuvo afuera, por supuesto; Draco salía a volar cuando se sentía presionado. No es que Harry lo hubiese visto varias veces desde las ventanas, no.
¿Se sentía presionado por él, por los sentimientos que albergaba y pretendía rechazar?
¿Era su culpa? ¿Era su imagen en lo que pensaba al descender en picada y lanzarse a lo más alto después de un giro?
Draco se había perdido al final de las escaleras, cuando él aun cavilaba.
Tomó una profunda respiración, se armó de valor, recordó las palabras de sus amigos, y caminó hacia el cuarto también.
Lo encontró vacío, una túnica tirada sobre la cama de Draco. El único sonido del lugar, algo que se asemejaba a un arrastre, provenía del baño, con la puerta entreabierta.
Draco siempre se cambiaba dentro, como si pensase que, entre chicos, aún quedaba algo importante que ocultar. En esa ocasión, supuso que no lo hacía, o que al saberse solo, no le importó.
Se paró junto a la puerta y aguardó. Reconoció un golpe sordo, una bota que caía contra la cerámica.
Así que no, probablemente no se cambiaba. Merlín, Harry no quería vivir con la imagen de Draco cambiándose, si entraba en mal momento, pero si no lo hacía, tal vez perdiese el valor, las ganas, las palabras.
Tenía que. El discurso estaba formulado, completo, en su mente.
Tocó la puerta con los nudillos, empujó la breve distancia que faltaba para abrirla por completo, y separó los labios, listo para comenzar un monólogo que explicase por qué, aunque valoraba que lo quisiese, no le iba a corresponder, y era mejor que evitasen el tema por completo, cuando lo vio.
Draco batallaba por sacarse la parte de arriba del uniforme de Quidditch, el rojo contrastaba con la piel pálida de una forma en que nunca se había fijado que lo hacía, la tela se deslizaba hacia arriba. Estaba de espaldas a la puerta, por lo que el tatuaje mágico fue lo primero que capturó su atención (después de los músculos en la parte de arriba y la estrecha cintura, pero se negaba a admitirlo, incluso para sí mismo).
Era una pieza llena de color y vida, que le abarcaba la espalda por completo, un trozo del cuello, el principio de los hombros, y finalizaba junto al borde del pantalón. Escamas diminutas, trazos delicados, finos, toda la gama de rojo y amarillo, y cambiaban con el ángulo de la luz, de manera que parecía en constante movimiento, un esqueleto tornasol.
Una obra de arte.
No podía apartar la mirada. Draco tenía el cabello un poco despeinado cuando lo observó por encima del hombro, con el ceño fruncido y un rubor notable, la prenda aun entre las manos.
—¿Qué mi…?
Harry no sabría qué lo poseyó para hablar. No supo lo que dijo, hasta después de haberlo hecho.
—¿Quieresquesalgamosmañana?
Silencio.
Draco lo veía, Harry le devolvió la mirada.
Draco miró alrededor, luego bajó los brazos y se giró, Harry tuvo que llevar los ojos al suelo, porque de pronto, tenía por delante más de lo que quería ver, ¿y por qué el lugar se sentía tan caliente, y el rostro le ardía? ¿Siempre fue tan difícil respirar cerca de él? ¿Cómo es que los pensamientos se le escapaban y se perdían?
—Bueno, así, definitivamente, no fue cómo me imaginaba este momento —Confesó Draco, en un susurro.
Draco entró a la Sala Común, el domingo, después del almuerzo, con la firme determinación de cruzar el lugar y meterse al dormitorio de chicas de quinto, a esperar a Ginny. Y tal vez, hasta quedarse a dormir ahí.
Sí, sonaba bien, ¿quién decía que no podía, a esas alturas, cambiarse a su dormitorio? Allí no había Potter's sonrojados que agachaban la cabeza y le pedían salir, en un momento de estupidez o de excesiva condescendencia gryffindoresca, de la forma más incomprensible que existía.
No había que aclarar que Draco lo sacó a empujones del baño, cerró con un encantamiento, se pasó una hora bajo el chorro de agua helada, y huyó a la primera oportunidad. No volvió hasta muy entrada la noche, para descubrir a Harry, sentado en el piso, con la espalda contra uno de los postes de su dosel, y dormido; tuvo que ser especialmente sigiloso para no despertarlo, y aunque se sintió terrible por dejarlo dormir ahí, no encontró solución factible para ambos. Era sacrificar la comodidad nocturna de Harry, o su estabilidad mental. No estaban al mismo nivel.
Draco se escabulló antes del desayuno, comió cerca de los rosales, solo, y se pasó la mañana en la biblioteca. Y casi se sentía bien, seguro, en el almuerzo en el patio.
Tal vez huir no lo hacía un buen Gryffindor, pero, de nuevo, él no era un idiota.
Nunca se esperó que Harry lo invitase a nada. Estaba convencido, cuando fue a dar su paseo nocturno y se escondió en la Torre de Astronomía, con lágrimas estancadas en los ojos, que no derramó, de que sólo evitarían el tema y tomarían distancia, hasta graduarse y desparecer por completo de la vida del otro.
Luego llegó él, a arruinar los planes, y lo miró así, y no era justo, porque cuando decidía dejar de quererlo, le mostraba una señal y-
Y no.
Draco se negaba a caer. Puede que sus amigos lo hubiesen convencido, o hubiese hablado con Ginny, o sólo fuese San Potter, actuando como San Potter; lo que fuese, no era lo que quería.
No soportaría salir con él, ilusionarse, para recibir un gentil rechazo después.
No podría tener una probada del cielo, y ser arrojado de vuelta. Prefería quedarse con su cadena perpetua, a oscuras, en un mundo donde no existía una mejor posibilidad, así que tampoco había remordimientos, dudas; sólo resignación.
Se suponía que así debía ser.
Sin embargo, cuando Harry lo interceptó frente a la puerta del dormitorio, reconoció la mirada decidida, que tenía antes de un partido de Quidditch, la misma que lo hacía emocionarse y escuchar con mayor interés sus instrucciones.
Y supo que estaba en problemas, porque el río de sus emociones, estaba desbocado y libre, y él no tenía las fuerzas para luchar contra tal corriente. Ni la motivación.
Ya lo sabía, ¿qué más daba? Potter no se burlaría, no tenía intención de usarlo en su contra, o nada más despertar ese día, habría sido el chisme en boca de todos los Gryffindor, y nadie lo había tratado diferente.
Lo peor que pasaría, sería el temido rechazo, ¿y no lo ayudaría, de oírlo, a superarlo más rápido?
Si se le rompía el corazón, ¿a dónde se iban a guardar los sentimientos hacia él? ¿No se irían todos, se escaparían entre las grietas, abandonarían los pedazos desgastados?
Si era lo que le hacía falta para superarlo, lidiaría con ello.
Si Harry iba a mostrarle la determinación por la que los leones eran conocidos, él le mostraría que podía ser igual. Que también era un Gryffindor.
—Bien, Potter —Draco elevó la barbilla al poner la mano sobre el pecho del otro, para apartarlo del camino; no supo qué fue peor, el tacto que le quemaba, o el estremecimiento que percibió en Harry. Lo hizo a un lado, abrió la puerta y entró—, suéltalo, anda, hazlo. Sin palabras cursis, hazme el favor.
Se dio la vuelta al llegar a su cama y se sentó despacio, con los ojos puestos en él. Harry vaciló, cerró la puerta, y caminó unos pasos, hasta el centro del cuarto, junto a la caldera. Tenía las manos en los bolsillos y arrastraba los pies. Estaba sonrojado.
No tendría que haberse visto tan lindo. Tampoco aquello era justo.
—…me has evitado hoy.
—Sorpresa, sorpresa —Replicó, con fingida alegría—, Potter piensa y nota algo por primera vez en su vida.
Él levantó la cabeza, una expresión extraña se le dibujaba. Eso, bien. Pincharlo funcionaría; se iba a alterar, diría algo hiriente, y Draco podría maldecirlo sin cargo de consciencia, y tomarse la tarde para beber chocolate caliente y recoger los restos de su corazón roto, hasta dejarse a sí mismo en una pieza, decente y presentable, para el comienzo de la próxima semana.
Pero luego suavizaba su expresión, titubeaba, y Draco se sentía descolocado.
—Sé lo que estás haciendo —Aclaró, en voz baja—, quieres fastidiarme, que peleemos, y después vamos a estar tan molestos que no hablaremos sobre esto.
Draco bufó. Estaba preparando la réplica y un segundo ataque, cuando Harry se le adelantó.
—Te invité a salir conmigo, hoy. No me respondiste.
Tuvo que apretar los párpados por un instante y respirar profundo.
—No hay nada que responder.
—¿Qué quieres decir con eso? —Harry frunció el ceño, ¿incluso así tenía que verse tan adorable?
No, se dijo, concéntrate.
—Lo que oíste, interprétalo. Ahora, si…
Acababa de ponerse de pie cuando Harry resopló, emitió un débil sonido frustrado, y atravesó el cuarto. Lo siguiente que supo fue que le sostenía las muñecas y sentía los brazos inmovilizados, y un par de ojos muy, muy verdes, lo miraban de cerca.
Y él tenía que tragar en seco, porque las emociones eran suficiente para hacerlo temblar. Esperaba que Harry no lo notase.
—¿Te gusto?
Vaya, directo al punto. No le sorprendía.
Draco apretó la mandíbula. Había bajado la mirada cuando sintió la leve sacudida en los brazos.
A la mierda todo.
—¿Te gusto? —Repitió, con mayor urgencia.
Levantó la cabeza y encontró los ojos verdes, y con la voz clara, y otra sacudida, que dejaba en evidencia que no le gustaba ese agarre, contestó:
—Sí, maldita sea, sí, me gustas, idiota.
—¿Desde cuándo?
Bufó, ¿importaba ya?
—Desde tercero, tal vez desde segundo y no lo supe —Se encogió de hombros.
—¿Y no has…querido a nadie más, en todo este tiempo?
—Bueno, de eso se trata, ¿no? —Draco rodó los ojos—. No creo en enamorarse de dos personas a la vez, Potter.
—¿Sólo a mí?
Se tomó unos segundos para dirigirle una mirada severa, ¿qué pretendía ahora?
Quería creer en segundas intenciones, en odio irracional, el riesgo de ser engañado y puesto en ridículo, pero esos ojos eran tan brillantes, transparentes y sinceros, que si hubiese existido algo semejante dentro de su cabeza, los hubiesen empañado.
Draco asintió, sin despegar la mirada de la suya. Se percató de que Harry tomaba una profunda bocanada de aire.
—¿Por qué? —Musitaba después, con un hilo de voz.
Era una buena pregunta, se la hizo cien, no, mil veces. Cada vez que le dolía, cada vez que dudaba, que se enojaba.
Siempre llegaba a la misma conclusión. Decidió sincerarse, por ese día.
—Porque eres tú. Yo- cuando- —De acuerdo, no era tan sencillo como se lo imaginaba. Se forzó a respirar profundo, Harry esperó a que continuase, sin presionarlo, los ojos ávidos de curiosidad—. Porque, idiota, llegas con tus tonterías y me haces sentir más vivo y más yo, que nadie, y sólo por eso, soy el peor estúpido de los dos.
—Vivo —Repitió, Draco asintió. Una fracción de segundo más tarde, era libre, y Harry esbozaba una sonrisa vacilante, incrédula, como si ni siquiera él supiese lo que hacía. Dio un paso hacia atrás—. Tú también me haces sentir vivo.
Draco apretó las manos en puños, porque era eso, o atacarlo. Literalmente.
—No es lo mismo.
—No —Harry pestañeó, como si acabase de salir de un sueño—, imagino que no. Aun así —Siguió, de vuelta al tono firme y determinado—, quiero que salgas conmigo hoy.
Draco rodó los ojos, de nuevo.
—Vete a la mierda —Espetó, con simpleza—, no quiero ser tu acto de caridad del año, Potter, tengo algo llamado dign…
—Oh, cállate —Draco había oído esa frase un millón de veces, de boca de Harry, y nunca en ese tono ni con una sonrisa de por medio. Se estremeció contra su voluntad—. Te gusto, me lo dijiste, ahora yo te invito a salir. Sencillo. ¿Dónde está la caridad ahí?
Draco guardó silencio un momento, luego lo apuntó de forma acusatoria.
—Yo no te gusto.
—Bueno, eso se arregla. Yo no sé mucho sobre sentimientos y no reconozco los míos —Admitió, balanceándose sobre los pies. De pronto, estaba claro que tenía una nueva resolución, una que lo incluía, y no aceptaría una negativa por repuesta—. Tú podrías ayudarme con eso.
—Potter, no voy a ser tu diversión tampoco, ni…
—¿Tienes que pensar lo peor de mí, por invitarte a salir?
—Sí —Draco apretó los labios y notó, con un estremecimiento más fuerte, que Harry se fijaba en el gesto y dejaba vagar la mirada por su boca durante unos segundos.
Se sentía a la deriva, arrastrado por la corriente de las emociones. Aturdido, desorientado. En peligro de ahogarse.
Vivo. Maldita sea, aquello, en definitiva, no podía ser justo.
Su cuerpo no tendría que vibrar en respuesta a él, a su cercanía. Su cabeza tendría que continuar buscando los imperfectos, los fallos, lo que nadie quería ver.
¿No había decidido superarlo?
Estaba hundido, hasta el cuello, en la corriente de sus sentimientos. Y quería una salida, la que fuese.
Y si incluía a Potter, oh, si lo incluía, si cabía la más mínima posibilidad, Draco sería feliz. La persona más feliz del mundo.
—Yo sólo- —Carraspeó cuando la voz se le quebró; ambos lo notaron, ninguno lo comentó—, yo quiero que dejes de gustarme.
Harry no se mostró sorprendido, quizás un poco decepcionado. Luego asintió.
—Sal conmigo una vez y dejaré de gustarte, es un hecho comprobado por mí. Nadie ha aguantado más de una cita antes.
Draco temía que, en lugar de dejar de gustarle, aquello se profundizase a un nivel imposible de hacerlo desaparecer. Pero no era el momento, ni el lugar, y él no era alguien que compartiese sus íntimos pensamientos con tal facilidad.
—Intentemos —Harry le ofreció una mano—, a menos que estés asustado.
—Yo no me asusto.
—¿Entonces? —Sacudió la mano, para instarlo a tomarla.
Tomó una última respiración profunda.
—Te voy a maldecir si lo arruinas.
—Me parece bien —Harry asintió.
—Y Gin también lo hará.
—Comprensible.
—Y si te asqueas porque nunca has salido con un chico, te gritaré.
—Entendido.
—Y…
—Pareces asustado —Observó, con esa sonrisa que tenía justo cuando estaban por meterse en problemas a causa de una nueva pelea. Draco estrechó los ojos.
—Yo no estoy asustado.
Estaba por replicarle, cuando Draco no sólo sujetó su mano, sino que le dio un tirón que lo hizo perder el equilibrio y caer sobre él, medio a horcajadas. Hizo ademán de apartarse y decir algo más, él no sabría qué, porque fue el momento que eligió para apresar sus labios.
Harry se puso rígido encima de él. Era la reacción que sabía que tendría; nunca estuvo interesado en chicos, así que aquello no podía ser más que un arrebato temporal, y una vez que viese que no le agradaba, él-
Él le correspondió.
Él malditamente le correspondió.
Harry lo besaba.
Estaba besando a Harry.
Se estaban besando.
Su cerebro desconectó poco después.
Eran un caos, un enredo de extremidades, empujones sin fuerza y quejidos ahogados, dientes que raspaban, mordían, tironeaban. Luego había un sonido húmedo, una succión, una risa, y se peleaban.
Peleaban por el control del beso.
Quizás tendría que preocuparse, quizás no. Se sentía demasiado correcto para estar mal.
Era nuevo, y familiar, porque era otro tipo de duelo, otra competencia, y él tenía que devolver la mordida que Harry acababa de darle en el labio inferior.
No entiendo a los Gryffindor, no entiendo a los Gryffindor, no entiendo a los Gryffindor, no entiendo...
No se imaginan el proceso mental al que tuve que llegar mientras escribía esto. Hacerlos pelear es fácil, provocarlos es algo que hago casi en todas las historias. Pero meterme dentro de la cabeza del confundido Harry, hacía que estuviese como "¿por qué, por qué, por qué, por qué, por qué?" y "no hagas eso, Harry, ¡no hagas eso, Harry!". Básicamente, lo mismo que paso en toooodo con él, sí. Comprendo mejor a Draco.
En fin, quería dar con una situación agradable, no sé, ¿linda? Pero no cursi. Estos chicos no son románticos, no como las personas 'normales', al menos. Me sentí bastante bien con el final de esta parte, porque no es como que repentinamente estén súper enamorados los dos y vayan a pasar el resto de sus vidas juntos, no.
¡Gracias por leer y por el apoyo a la historia! Espero les haya gustado, porque la siguiente es la última parte y le daremos la despedida a este AU gryffindoresco.
