Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
Advertencia: OOC
Capítulo IV
Cambios repentinos y reencuentros
Llegué a casa con la única aspiración de llegar a mi cama y convertirme en fósil si era posible, luego de que un viaje de casi tres horas se convirtiera en uno de siete. Me arrepentí por primera vez de no haber viajado con Syaoran cuando subí al bus y olía a desodorante ambiental de lavanda ¡cuánto odiaba el hedor de la lavanda! Nuevamente ocurrió cuando noté que quien se sentaría junto a mi era un señor que desprendía una esencia endemoniada que llegué a pensar que en cualquier momento cobraría vida y lo primero que trajo a mi mente fue el recuerdo del olor a moho y a cenicero; volví a lamentar mi decisión cuando con el apuro por escapar de la casa de Mei Ling la batería de mi consola no se cargó del todo, y esta se agotó antes de lo estimado porque no preví que hubiese un accidente en la carretera que retrasaría mi viaje. Mi teléfono móvil no tenía señal, y tampoco compré nada para beber o comer; sentía como me quemaba la garganta y si todo eso de por si no fuese lo suficientemente malo, no paraba de pensar en el por qué me encontraba en esa situación si podría estar en una mucho más llevadera, y la respuesta a la que llegué no me gustó ni siquiera un poco: Syaoran me intimidaba.
Desperté con mi papá meciéndome no tan suave como solía hacerlo con el firme objetivo de sacarme de aquel estado de ensueño.
—¿Estás bien? Toqué la puerta pero no contestabas – dijo alarmado.
Aún más dormida que despierta, miré la hora, luego miré a mi papá y volví a cubrirme.
—¿Sakura? – insistió papá.
Si mi padre me buscaba a esa hora era porque algo pasaba. Desperté súbitamente.
—¿Qué pasa? – dije alterada.
—Es Mei Ling – respondió él – No la llamaste para avisar que habías llegado bien y ha insistido llamándote al móvil pero no le respondías; no sé cómo consiguió el mío pero quería saber a toda costa de ti.
Esa mujer sí que tenía recursos… aunque cuando papá se marchó un poco extrañado por la situación, y fueran pasadas las dos de la madrugada, el que Mei Ling se las arreglara desde la distancia para hacerse notar me causó gracia más que enojo, porque el hecho era que acabó por desvelarme, porque no pude seguir durmiendo.
Prendí el computador y le envié un mensaje a Mei que estaba bien y me encontré con que estaba en línea. No pude contarle lo de mi travesía para explicarle el por qué desaparecí de pronto, así que simplemente obvié el hecho y aunque insistió, finalmente se resignó a que nunca sabría.
Los mensajes de Eriol cesaron, ya no llegaban más ni siquiera esporádicamente y con el pasar de los días y las conversaciones nuevas, la nuestra bajó y también la de Syaoran y sentí que todo volvería a estar en orden...
Estaba con una sensación extraña en el estómago, la sentía desde hace días. Me sentía intranquila. Usualmente no dormía del todo inconsciente, pero no era común en mí que durmiera a sobresaltos. Me levanté a tomar agua y al pasar por fuera de la puerta de mi padre observé que la luz seguía prendida. Sonreí y concluí que seguramente de él había heredado mis horarios extraños. Miré por la puerta entre abierta y lo observé apoyado en su brazo. Seguramente dormitaba para seguir con sus informes después de un breve pestañeo. Lo hubiese despertado para que durmiera en su cama, pero era tan poco habitual verlo en ella que sabía que despertaría de pronto y continuaría con su trabajo como si nunca hubiese tomado un descanso.
Volví a mi habitación después de beber agua que en realidad poco me agradaba, pero que mi sistema la pedía a gritos e intenté pensar en ovejas, pero dado que no me daban el resultado esperado empecé con los otros animales de granja y en algún minuto contando becerros, resultó.
Me levanté y me extrañó no ver la puerta de mi padre abierta como todas las mañanas, pero me pareció todavía más raro que siguiera en la misma posición que la había visto en la madrugada. Me aventuré a mirar y sentí frío. Mi estómago me alarmaba anticipadamente de que a cada paso que avanzaba algo grande se avecinaba y cuando finalmente llegué a su lado simplemente comprendí que con sólo ver la puerta había supuesto lo que al tocarlo finalmente comprobé. Mi padre estaba gélido y pálido. La respuesta a ello vino tan pronto observé su pacífica expresión; él había muerto a pocos metros de mí y yo no fui capaz de notarlo hasta que la verdad me golpeó con violencia en la cara ¿por qué no hablé con él en la noche cuando lo vi? ¿Por qué sucedió si mi padre no era una persona tan mayor? Él estaba bien… había estado conmigo pocas horas antes, cuando me había llamado la atención por beber directamente de la botella y no ocupar un vaso como "cualquier ser humano que se catalogue de decente" según sus propias palabras.
Seguía cuestionándome muchas cosas sin determe a pensar realmente en ninguna, pero a la vez fui totalmente capaz de hacer todos los trámites que conllevan los funerales sin aceptar la ayuda de nadie, ni siquiera la de mi madre y la de mi hermano, que se habían desligado de nosotros hacía años ¿por qué iba aceptar ahora su ayuda? En lo que a mi concernía sólo éramos papá y yo.
Sentía que lo que vivía no era real, cuando las personas me daban las condolencias yo simplemente afirmaba con la cabeza. Esas palabras no eran dirigidas a mi era lo que me decía constantemente. Por lo demás nunca imaginé que mi padre fuera tan popular y que todos sus alumnos supieran quien era yo. Me sentí enternecida y avergonzada de saber que mi padre hablaba de mí y fue casi imposible no llorar cuando un chico del que había oído hablar en múltiples ocasiones a mi padre sobre su talento, me dijo que mi padre siempre estuvo orgulloso de mí.
Volví a casa una vez que todo hubo terminado, a una casa grande y solitaria. Nunca me había dado cuenta de cuan lúgubre esta parecía cuando se llegaba a ella y no había una luz prendida me fui a la cama sin mirar hacia la habitación de mi padre, en un intento vano de no querer pensar que a ese lugar nunca más él volvería y con ese afán en mente me encerré en mi habitación y días no salí de ahí. Dormí sin poder ni querer despertar. Quizás si seguía intentando hibernar al finalizar ese estado mi realidad podía ser distinta o todo parte de un muy mal sueño.
En mis sueños de pronto escuché unos golpes que lograron despertarme, creí que eran parte de ellos, pero una vez que abrí los ojos seguía escuchándolos y era que alguien golpeaba la puerta de entrada bruscamente ¿quién golpearía si tenía timbre? Recordé en ese instante que lo único que había hecho al llegar a casa después de aquel fatídico día fue desconectar todo lo que pudiera perturbarme o sacarme de mi habitación.
Intenté ignorar a la persona que con muy mala educación golpeaba, si no respondía quise creer con firmeza que se marcharía, pero cuando oí esa inconfundible voz sentí como un escalofrío recorría mi espina dorsal.
—¡Con un demonio Sakura! ¡Abre la jodida puerta! – exclamó Mei Ling desde abajo.
¿Mei Ling? ¿Y qué hacía ella aquí? Recordé que no le avisé lo que había pasado, bueno, en realidad ni a ella ni a nadie, los que supieron fueron las personas de su trabajo y sólo le dije a mi hermano.
De mala gana me levanté y al ponerme de pie no tuve fuerza y caí sentada a la cama. No sabía con certeza cuántos días habían pasado porque había parado de contarlos el día que todo empezó. Volví a pararme y en esa ocasión lo logré con éxito. Bajé y de nuevo y a propósito con la mirada fija al frente, evitando querer ver lo evidente al pasar por aquella habitación ahora vacía.
Abrí la puerta y una muy enfada Mei Ling con maleta y todo se encontraba frente a mi puerta. Volví a cerrarla tan pronto la vi, pero ella fue más rápida y evitó que cerrara la puerta poniendo su mano en el borde; ella sabía que jamás la lastimaría. Empujó la puerta pasándome a llevar a mí también.
—Te ves como la mierda – dijo ella soezmente.
Me quedé callada porque sabía que no había nada que rebatir.
—¿Y esa maleta? – pregunté.
—De pronto me dieron ganas de venir a visitarte.
Nos quedamos calladas. Ninguna sabía qué decir. Ella no me iba a reprochar porque no la llamé, pero como siempre, terminaba enterándose de todo.
Ella pasó y arrastró consigo su maleta enorme.
—¿Dormiré en la habitación de siempre? – consultó simulando desinterés.
—No he dicho que te puedes quedar, en primer lugar – respondí.
—Eso, mi maloliente amiga, está fuera de discusión – contestó con seguridad y se fue con la maleta cuesta arriba.
Recordé su embarazo y le pegué un manotazo en la mano que sujetaba para que soltara el equipaje y a regañadientes lo subí yo con resignación. Al ver su mirada triunfante descubrí rápidamente que esa fue siempre su intención.
Siempre puedo contar contigo para hacer el trabajo físico – agregó sonriente mientras me veía lidiar con la maleta unos escalones más abajo.
Ella conocía el camino a la habitación de invitados y al abrir la puerta quedó asombrada ante del desastre delante de ella.
—Supongo que no esperabas visitas – comentó.
La miré con odio apenas contenido y ella sonrió maquiavélicamente.
—Ahora te irás a bañar, yo ordenaré esta… ¿habitación? Y luego iremos a comprar comida, porque por lo que veo has bajado de peso.
—¿Quién te crees que eres para venir a mandarme? – irritada demandé saber.
Mei Ling me miró seria y me sujetó del cuello de mi destartalada pijama y me miró con enojo y con un tono de voz acorde a su estado de ánimo respondió:
—Vas a hacer lo que te digo porque no viajé más de cuatrocientos kilómetros para verte con el pelo apelmazado, con la ropa pegada al cuerpo y con lagañas gigantes.
Su mirada amenazadora logró amedrentarme y aún quejándome de su intromisión me dirigí al baño.
El contacto con el agua caliente se sintió ajeno y la sensación de cientos de agujas candorosas enterrándose en mi espalda. Habían pasado días desde mi última ducha y eso se sentía. Al acostumbrarme a la temperatura, luego admitiría que me costó salir.
Pasada una semana desde que Mei Ling sin consultarme se instaló en mi casa, admitía que me sentía mejor. Ella se encargaba del orden, la limpieza y la comida y sorprendentemente me daba toda la independencia a la que estaba acostumbrada, pero por supuesto, ella no iba a permitirlo demasiado tiempo.
—Considero que ya es hora de que empieces a pensar qué es lo que harás de ahora en adelante – dijo cuando estábamos conversando de otro tema y sacó eso de la nada.
La quedé mirando fijamente con enormes deseos de echarla de mi casa, pero sabiendo que aquello no tendría ningún fruto deseché el pensamiento.
—Lamento ser yo la que te lo diga, bueno, tal vez no lo lamento del todo, pero es hora de que sopeses las posibilidades… no sé si tu lo sabes, pero las casas no se mantienen solas y las herencias no duran para siempre.
Lo sabía, ella podía pensar que era una completa incompetente, pero aunque era el dinero de mi padre el que se ocupaba, era yo quien llevaba las cuentas y todo lo demás. Empezó como ayuda a mi padre cuando cumplí dieciséis y mi madre se había ido con mi hermano.
No había querido ver el tema de la herencia, de hecho no lo había pensado hasta que mi amiga lo mencionó y no tenía ganas de lidiar con eso aún, pero sabía que esos trámites demoraban, y si no comenzaba a moverme era posible que me encontrara luego en una mala situación. Me avergoncé de mi dependencia económica.
Mi amiga y mi gato no se llevaban bien, pero tenía que reconocer que Mei Ling se esforzaba porque yo al andar pensando en otras cosas lo había descuidado y me daba risa verla forcejear con él para peinarlo.
Fui a hablar con el abogado de mi padre acompañada de mi hermano, eramos los únicos herederos, pero mi hermano me sorprendió al renunciar a todo y a firmar lo que fuera que lo desvinculara de la herencia.
No comprendía el por qué hasta el final mi hermano renegaba de nuestro padre, él siempre fue igual con ambos y de un momento a otro él decidió que no necesitaba más a nuestro progenitor, dejando de ir a verlo y no contestando sus llamadas. La verdad, además de ser hermanos no teníamos nada más en común, porque habíamos cortado la relación hacía seis años, cuando deserté a los pocos meses de empezar en la universidad. Quizás esa sería la última vez que lo vería, porque yo no tenía intenciones de buscarlo nuevamente, por lo que me atreví a preguntarle lo que tanto deseaba saber.
—¿Por qué renunciaste a la herencia de nuestro padre? ¿Tanto lo odias?
Observé como en sus labios de formó una sonrisa de mofa y cómo finalmente habló.
—Tengo una hermana inútil que no hace nada de su vida y mi padre que la ayudaba a seguir con esa determinación sustentándola y permitiéndoselo. No quiero tener nada que ver con personas de esa índole. Esa hermana sin propósito en la vida podría necesitar más lo que haya dejado el viejo.
Las palabras de mi hermano fueron duras y sentí como cada una de sus ellas me dañaban el autoestima y el ya de por si bajo autoconcepto de mi misma, porque él no necesitaba decirme que yo era una inútil… ya lo sabía…
Mei Ling se había marchado hacia dos días porque tenía control médico, pero me dijo que me había dejado encargada. No presté atención en un principio porque no entendí a que se refería, pero cuando tres días más tarde Syaoran apareció cargando bolsas consigo comprendí que Mei Ling no confiaba en que sería capaz de abastecerme a mí misma.
—Hola – saludó él un poco incómodo – Mei Ling me encargó que te trajera esto. Espero que no te moleste.
La sorpresa que me llevé al verlo cargado y en mi puerta fue enorme sin poder responderle lo quedé mirando y él me sacó del transe.
—Disculpa, esto está pesado y siento como las bolsas me cortan los dedos – se excusó.
Asentí embobada y traté de tomar las bolsas, pero él no me dejó.
—Están pesadas - repitió - ¿está bien si te las dejo yo mismo en la cocina?
No supe por qué al verlo atravesar mi puerta algo se removió en mí. No muchas veces había sido candidata de esa clase de deferencia de parte de los hombres. Me preguntó por la cocina y le indiqué el camino y él dejó las cosas sobre la mesa.
Le pedí que me esperara, iría por mi billetera y él asintió. Le sugirió que se sentara en el sofá y accedió.
Volví al salón y lo vi indagando en su teléfono móvil, pero al verme lo guardó de inmediato. Le pregunté cuánto le debía pero él no respondió y dijo que Mei Ling se había encargado de eso, aunque insistí que me lo dijera, luego decliné y sin saber por qué mi lengua actuó más rápido que mi cerebro, o si quiera de cómo había sido posible aquello, le comenté que pensé que no lo volvería a ver.
—A decir verdad… estoy sorprendida de verte. No creí que volvería a suceder – reconocí.
—Esa era tu intención desde el comienzo, ¿no?
—¿A qué te refieres? – pregunté arrepentida de haber sacado yo el tema.
—A que me mentiste con lo de que tenías novio.
Me avergoncé furiosamente al ser descubierta en aquella burda mentira. Lo más cerca que había estado de una relación estable había sido con un compañero cuando tenía cinco años…
—¿Cómo sabes si es eso mentira? – interrogué.
—Mei Ling me lo dijo cuando me pidió que no te dejara sola mientras ella volvía.
¿Mei Ling le pidió algo así a un completo desconocido? Era su primo, sí, pero no era el mío ¿por qué debería aceptar su ayuda?
—No te sientas comprometido por lo que dijo ella. Sólo exagera, me las puedo arreglar. Sólo dile que si a lo que te pregunte - sugerí esperanzada a que aceptara esa salida.
Él me miró como si estuviera decodificando alguna clase de código.
—¿Por qué me mentiste? – inquirió él sin pestañear.
Me estaba poniendo realmente nerviosa. Era distinto a como me sentía cuando nos encontrábamos antes de haber tenido esa intenso encuentro contra su auto. No tenía el control de la situación
Desvié mi mirada hacia la lámpara colgante en el techo y él no insistió.
Se acercó a mí y pensé que me besaría. Quizás incluso lo deseé, pero él de improviso rodeó sus brazos sobre mí y obligó a que mi cabeza se apoyara en su pecho. No me gustaban los abrazos, me eran incómodos y poco naturales, y si ya había tenido que aceptar algunos antes en el funeral ahora no me veía obligada a soportarlos.
—¡Suéltame! – le exigí.
Luché con vehemencia con él para que me soltara, pero él era más fuerte que yo. Ideé una estrategia al notar que mi petición de me soltara no sería escuchada y me quedé quieta, tal vez aflojaría el agarre si se percataba que no luchaba, pero no imaginé que el cambio de táctica se volvería en mi contra.
—No necesitas hacerte la fuerte – me indicó – No importa que tan mayor seas, la muerte de los padres siempre afecta.
Su comentario me llegó directo a la herida que ni siquiera intentaba cicatrizar.
—¡Qué vas a saber tú! – respondí ponzoñosa.
Efectivamente sentí que la tensión de sus músculos era menos poderosa, iba a escaparme de sus brazos cuando procesé lo que dijo luego.
—Mis padres viajaban todo el tiempo y un día, en uno de esos viajes simplemente no volvieron más. Tenía diecisiete años – me dijo con pesar.
Aquello me dejó inmóvil. No lo esperé. Nunca lo vi venir.
—¿Todavía te acuerdas de ellos? – pregunté con un volumen apenas audible. Tenía miedo de conocer su testimonio.
—Cada jodido día – reconoció él con sinceridad.
Yo no era buena consolando, diablos, no era buena con las palabras tampoco y mucho menos con las acciones, pero me di cuenta de que el que necesitaba un abrazo era él. Tímidamente estiré mis brazos alrededor de su cuello y mi cabeza quedó justo debajo de su mentón. Su cercanía de algún modo dejó de parecerme algo poco natural.
Él volvió a tensar sus músculos y me encontré nuevamente muy cerca de él. Mi corazón se agitó y aunque no lo miraba porque temía ponerme a llorar si lo hacía, con mis manos comencé a repartir caricias desde su cuello hasta sus orejas jugando con mis pulgares en estas y tirando suavemente su pelo a instantes. Dejé de hacer eso y mis manos quietas se mantuvieron sobre sus hombros. Me alejé de él y noté como me estaba mirando nuevamente de esa forma intensa que me revolvía el estómago, porque estaba cargada de sentimientos que me aterraban.
—¿De verdad no tienes novio? No es que no sepa que hay cosas que no le dices a Mei Ling… - preguntó interesado él.
Debatí interiormente sobre si decir la verdad o seguir con la mentira. Sabía que si le decía a él que no existía esa persona que inventé, tendría que responsabilizarme por la situación que yo misma había iniciado pero estaba esa necesidad latente en mí de atreverme, de desafiarme a mí misma.
—No tengo novio – reconocí mi embuste.
Él sonrió y aquello me amedrentó. Me asustaban las personas que no tenían problemas en manifestar sus emociones, pero yo también me sentía un poco vulnerable y aunque me perturbaba lo que sentía, creo que me hubiese molestado más dejar de sentirlo.
Syaoran se inclinó para besarme, pero lo rechacé y a cambio fui yo se acercó a él y retomé la posición anterior, lo abracé por el cuello y empinándome todo lo posible comencé a besar su cuello, pero a todo lo que podía aspirar era su mandíbula.
Sonreí en su cuello por mi problema de altura y el aire exhalado le provocó cosquillas. Eso no había sido muy masculino de su parte. La diferencia de tamaño era decidora, por lo que le pedí que se sentara en el sofá, lugar en el que nuestros besos fueron aumentando la temperatura a medida que se profundizaban.
Estaba recostada sobre él y ya podía sentir su erección. Me encontraba replanteándome sobre si poner mi mano en ese lugar que me parecía tan curioso, pero él se levantó tan rápido como puse mi mano en ese prominente bulto.
Me avergoncé y me senté en el sofá mientras me acomodaba y lo veía a él hacer lo mismo, pero de pie.
—Me tengo que ir – anunció atropelladamente.
Yo estaba sin poder decir una palabra porque encontré su comportamiento raro en extremo y me sentí rechazada también.
—Está bien, gracias por abastecerme – dije un poco descolocada aún.
Lo observé irse sin mirar atrás a través de la puerta. No comprendí nada.
En la soledad de mi habitación y con el material de fácil y gratuito acceso de internet me desfogué, acabando con la frustración en parte y determinando que al otro día muchas cosas iban a empezar a cambiar. No obstante aquella resolución tembló cuando recibí la visita de Syaoran muy temprano en la mañana y a este apoderándose de mi boca y cerrando la puerta bruscamente preguntandome dónde estaba mi habitación...
Continuará...
Espero que estén bien. Ha pasado un tiempo desde que publiqué la última vez y debo admitir que he estado en otras cosas, viendo series, terminando el semestre y leyendo. Ojalá y no se hayan olvidado de esta historia.
Me disculparé de antemano por no responder los reviews como siempre lo hago, será sólo por esta ocasión. Esten eso si conscientes de que los leí todos y cada uno de ellos y me hacen infinitamente feliz. Quiero más de ellos.
A decir verdad este capítulo no estaba poco y nada avanzado hasta esta tarde, en la cual decidí tomar un rcreo de mi nueva pasión, Bleach, y dedicarle este capítulo a mi amiga que sé que esperaba la continuación y que este viernes 27 juró que sería una profesional intachable jajajaja. Tu sabes quien eres. Muchas felicidades y aunque sé que no es lo que esperabas espero que te guste y sí, el clásico "y que luego me saques de la cárcel" para ti.
