Podéis ver que son bastante más largos que los anteriores, a partir de ahora todos serán aproximadamente como éstos (:
Espero que no se os haga muy pesado.

Comentarios, sugerencias y críticas MUY bienvenidas ^^


—Vaya, John, cuanto tiempo. Te tomaste tu tiempo antes de volver a salir del edificio, espero que la reconciliación con tu chica haya sido satisfactoria. Teniendo en cuenta que me habías visto, fue poco considerado por tu parte—John miró sin dar crédito a sus ojos, todavía sin entender muy bien qué estaba haciendo allí, junto a aquel hombre al que hacía casi tres años que no veía y al que guardaba un rencor que creía olvidado.

—Mycroft. —el nombre salió en forma de un susurro seco, una confirmación, cargado también de reproche. El hombre que tenía enfrente de él se estiró en la mesa y pasó a servir el té con calma, ignorando la mirada de odio que el rubio le dedicaba. Sin embargo, no continuó, esperando a que John hablara. Éste se recompuso, sabía que con él convenía mantener la compostura. Por difícil que le resultara.
— ¿Qué es lo que quieres? Mycroft. —repitió.

—Sí, John, así me llamo. —dijo suavemente, lo que no hizo sino irritar más al doctor. Se tomó su tiempo antes de contestar, tomando un largo sorbo de té mientras observaba a John por encima de la taza. —Pareces predispuesto a afirmar que si requiero tu presencia es por una razón en concreto.

—Es obvio que así es. No eres la clase de persona que "pasa para saludar". Así que al grano, Mycroft. No estoy de humor para bromas, como de seguro tu agudo intelecto te habrá permitido deducir. —replicó John, su enfado cada vez más difícil de reprimir.

—Sí... como también me permite deducir que has perdido unos seis o siete kilos en estos tres años, que tienes pesadillas que ni siquiera tu encantadora novia puede evitar, que ha vuelto tu pierna psicosomática y que te estás planteando seriamente irte a vivir fuera de Londres. Y un par de cosas más, pero viendo lo "terriblemente" enfadado que estás conmigo no creo conveniente mencionarlas —Mycroft se permitió tomar otro largo sorbo de té mientras John se levantaba de la mesa con brusquedad.

—Mira, no sé qué más habrás deducido más de mí, pero me da igual. Vosotros, genios, creéis que el resto de personas estaremos siempre dispuestos a jugar con las normas que dictéis. Bien, no es así. Yo ya he tenido suficiente dosis de "juegos", demasiada. —sin querer, iba subiendo el tono, al tiempo que se acercaba por encima de la mesa a la cara del otro hombre.—Vidas humanas, Mycroft, se han perdido vidas humanas. Por TU culpa. No creas que lo he olvidado. Esto no es un maldito juego más, Mycroft, es MI vida, y no tienes el menor derecho a inmiscuirte. —se planteó darse la vuelta y marcharse, pero no lo hizo. Por la misma razón por la que había entrado con la chica de la Blackberry en el coche, por la misma razón que, sabiendo lo que iba a pasar e incluso reproduciendo conversaciones similares en su cabeza, había aceptado la invitación. Por curiosidad. —Así que por favor, abstente de hacer comentarios que demuestren tu supuesta superioridad intelectual y contesta: Qué. Demonios. Quieres. De. Mí. —John separó las palabras mientras usaba su tono militar, que por alguna razón le salió perfectamente natural. Mycroft dejó la taza en el plato y se limpió unas gotas inexistentes con la servilleta, haciendo gala de la fama de hombre helado que le correspondía.

—Bien, John. Supongo que te debo una explicación. —John asintió. Mycroft continuó incluso sin mirarle, probablemente no necesitaba ninguna confirmación y se limitaba a constatar un hecho. — Quieres saber qué haces aquí. Yo quiero saber qué hacías en el 221B de Baker Street esta mañana. ¿Trato? Creo haberme explicado con suficiente claridad. —como de costumbre, no podía evitar apostillar alguna muletilla con ése retintín de superioridad.

John no supo si sorprenderse por el hecho de que aún tres años después Mycroft le siguiera teniendo bajo vigilancia o por el que le hubiera llamado por semejante tontería.
—Iba a recoger unas cosas. Algunas de sus cosas. —especificó, sin saber muy bien por qué. No habría sido necesario, al fin y al cabo.

— ¿Por qué? —preguntó Mycroft.

—Raro es que no lo hayas deducido por tu cuenta. —Mycroft no hizo ademán de contestar nada, así que siguió hablando. —La señora Hudson va a volver a alquilar el piso. No podía dejar… que se perdieran. Supongo.

Mycroft permaneció en silencio durante casi medio minuto, tan sólo dando unos cuantos sorbos más al té.
—Entiendo. Así que tu querida novia se ha enfadado cuando has llegado con los brazos cargados de cosas del fallecido Sherlock Holmes, lógico. —John iba a protestar por el hecho de que hablara tan libremente del hombre que había muerto por su culpa, sin contar que odiaba oír aquel nombre, pero Mycroft le detuvo con una mano. —Creo que puedo alquilar a mi nombre el 221 B por el momento. Dejando de tu mano el devolver los objetos. —propuso, simplemente.

John fue a decir algo; pero, antes de hacerlo, cayó en las implicaciones de lo que había dicho el otro. Iba a alquilar un piso. Que probablemente no utilizaría. Para que nadie más pudiera, obviamente. Y el tema de las famosas pertenencias… ¿por qué las querría? Mycroft entrecerró los ojos, adivinando las palabras no pronunciadas.
—Probablemente a estas alturas tu novia te haya dado un ultimátum, y no me gustaría que sus cosas se perdieran. Y si no te lo ha dado, falta poco para que lo haga. Y por muy cariñosas que sean las reconciliaciones, no me gustaría que el asunto tuviera que llegar a dicho punto. —respondió. Pero había otra pregunta.

— ¿Por qué? —al fin y al cabo, él estaba muerto. Y Mycroft Holmes nunca, nunca había sido un hombre sentimental.

Éste se limitó a observarle.
—Hiciera lo que hiciera, era mi hermano. —respondió, simplemente, y John se sintió confuso. Hermano, sí, claro. Viendo la relación que habían tenido, cualquiera lo diría.

—Bien que lo vendiste cuando tuviste oportunidad. —no pudo evitar decir, cortante.

—Ya me disculpé en su día y no pienso volver a hacerlo. Aunque si realmente él era la cause de…—la última frase se perdió en un murmullo. El rubio no dio crédito a sus oídos, e hizo una pausa para cerciorarse que Mycroft realmente estaba insinuando aquella posibilidad.

— ¿La causa de… qué? ¿Acaso dudas de él? ¿Tú? Viste a Moriarty; Mycroft, lo viste y es más, vendiste tu hermano a ese… ese… a él. Sabes perfectamente que Sherlock no era un impostor, ¡claro que no lo era!

—Es posible. De todos modos, mi hermano era un gran actor. La brillantez de su mente está fuera de toda duda,… lo que no lo está tanto es a qué lado decidió prestar sus servicios. —el moreno había vuelto a poner el tono ideal para hablar del tiempo, y la conocida furia volvió al estómago de John. —De todos modos, eso sería añadir muchas más cualidades a la figura de Richard Brooks que no puedo afirmar con seguridad que tuviera, por tanto sólo lo dejo como posibilidad, ya que hay que barajar cualquier teoría... no era ningún santo, John. Pero nunca perdía y nunca hacía cosas innecesarias... y partiendo de dicha premisa si realmente era quien creíamos que era nunca se habría tirado de lo alto de un edificio.

— ¡Ya sé que no lo era! —replicó éste, alzando de nuevo la voz. —Sólo a un maldito genio idiota de tu sangre se le habría ocurrido hacer lo que hizo, ¡y de la forma en la que fue! No entiendo nada, Mycroft, la llamada fue la gota que colmó el vaso y a pesar de eso, estoy dispuesto a creer en él… en el él anterior, quiero decir. —atropelló las palabras, acalorado y todavía de pie, sin muleta.

Por un momento la mirada de Mycroft estuvo llena de confusión y ligero interés, lo cual resultaba como mínimo llamativo en el hombre de hielo.
— ¿Llamada? ¿Qué llamada? —no era propio de él repetir dos veces la misma pregunta, y menos cuando la respuesta era obvia. Levantó la mano, como para impedir que John respondiera, y continuó hablando. — ¿Quieres decir… que te llamó antes de que muriera? ¿Qué te dijo?

John no había hablado con nadie acerca de esa llamada. Ni siquiera con Mary.
— ¿No lo sabías? Pensaba que tus cámaras habrían estado grabando todo.

—No lo estaban. Aquel día "casualmente" se cortocircuitaron todos los circuitos de seguridad de la zona. —John abrió la boca, pero la mirada apremiante de "responde la pregunta" le hizo cambiar de opinión acerca de lo que iba a decir.

—Me llamó, efectivamente. Me dijo que todo era verdad… todo lo que decían de él siendo un impostor. —se mordió el labio. Las palabras exactas estaban todavía frescas en su memoria, pero no quería escucharlas, no ahora, o quizás se derrumbaría delante de aquel hombre. —Parecía que estaba… llorando. Y me pidió disculpas.

La mirada del otro mostró una total confusión por unos instantes, y momentos después se recostó en la silla, con los ojos cerrados. Su expresión mudó inmediatamente a una fría pero relajada, casi en meditación. John la reconocía, su excompañero de piso la mostraba en cada caso, solo que éste solía juntar las manos delante de su boca como si rezara cuando la tenía. Abrió los ojos treinta segundos después.
—No tiene sentido. —concluyó, como si fuera la solución final de un complicadísimo problema matemático. John respiró hondo, exasperado.

—Ya sé que no lo tiene, por eso esperaba que tú pudieras aclararlo. —la mirada del otro se convirtió inmediatamente en una de superioridad.

—Claro que puedo. —John le hizo una seña con la cabeza. "Ilumíname", parecía decir. Se mantuvo callado durante unos instantes.
—Repasemos los hechos. —dijo. — ¿Por qué no estabas con él en aquel momento? —John estuvo a punto de decirle que no quería, que le expusiera sus conclusiones antes de hablar él, pero ahora en la mirada del otro hombre había una concentración intensa, un brillo inteligente que exigía el trato correspondiente. Como aquellas tantas veces en las que el hermano de éste le había pedido el móvil que llevaba encima, John no podía negarse.

—Hubo una llamada, decía que nuestra casera estaba en peligro.

—Obvio era que no lo estaba—murmuró para sus adentros. —Entonces fuiste, viste que ella estaba bien y decidiste buscarlo a él. ¿Cómo lo encontraste?

—Me…me lo dijo él. Estaba ya arriba, entonces, entonces…

— ¿Desde la calle? ¿En un cruce? Coches, camiones, testigos, confusión…

—Sí.

—En resumen, le dejaste por vuestra casera en peligro, viste que no lo estaba, trataste de encontrarle, te llamó, te dijo que te había estado mintiendo durante todos estos meses, que lo mirases y se tiró. ¿Correcto? —Qué rápido que podía ser un resumen. John tragó saliva y se repitió que pegando un puñetazo a Mycroft no arreglaría nada. Nada.

—Correcto. —murmuró.

— ¿Le viste caer? ¿Cuándo llegaron los asistentes? ¿Había gente? —John se sintió en uno de los interrogatorios que tantas veces había visto hacer a su amigo, con aquellos ojos clavados en él, descifrando cada uno de sus gestos.

—Sí, lo ví. En seguida llegaron, sólo tuve tiempo de tomarle el pulso… no tenía. —se le hizo un nudo en la garganta, pero eso no pareció afectar en lo más mínimo al otro hombre, que al contrario, parecía cada vez más excitado.

— ¿No pasó nada anormal en su caída? ¿Nada te distrajo? ¿Por qué no pudiste llegar antes?

—No, cayó como una piedra. —el otro pareció casi decepcionado. Haciendo un esfuerzo, John rememoró aquellos momentos que se repetían en sus pesadillas, una y otra vez. — ¡Espera! Hubo un ciclista que chocó contra mí, no pude ver totalmente el impacto. —a Mycroft se le iluminó la cara.

— ¿Qué insinúas, Mycroft?

—Bueno, supongo que lo sabía desde un principio, pero Moriarty era real. —dijo, simplemente.

—Bien, vale. Hasta eso he llegado yo también.

—No, no lo has hecho, al fin y al cabo mi hermano te confesó antes de morir que todo había sido un engaño, ¿no es así?

—Nunca lo he creído.

—Eso no importa, lo hizo, ¿no es cierto? Y tú dudaste, aunque sólo fuera por algunos momentos.

—No eres mi psiquiatra, Mycroft, así que no te comportes como tal.

—Es importante, John, mucho. —y se colocó delante suyo y le sujetó por los hombros. John se revolvió, incómodo.

—Supongo, pero no. Creo en él. —Mycroft suspiró, exasperado.

—Sí, John. Todos sabemos lo mucho que confiabas en el gran genio que te ha dejado tirado tres años después de haberte mentido, para acto seguido suicidarse. Un buen amigo, sin duda... —John sólo sintió su puño estrellarse en el esternón del otro, que le soltó. Mycroft jadeó unos instantes. Pudo observar cómo se le hinchaba una vena en la frente. La mirada que le dedicó era de intenso desprecio, pero por lo menos le dedicó una explicación cuando recuperó el aliento.
—John, ¿por qué crees que Sherlock, por muy impostor que fuera, haría una llamada inútil justo antes de tirarse? Mi hermano nunca fue amigo de los actos inútiles. Y obviamente sabía que no por una llamada ibas a olvidar los meses anteriores, claro que lo sabía. Se había asegurado de ello cada día que pasaste a su lado. Es más; si hubiera sido un impostor, habría probablemente intentado que lo siguieras creyendo, porque eras el único que le había seguido desde el primer momento incondicionalmente, y eso le gustaba, ¡claro que le gustaba! No, la llamada respondía a otros motivos. —John esperó, pero Mycroft no continuó hablando. Tragándose el orgullo, se decidió a preguntar.

— ¿A cuales? —la mirada que le devolvió era altanera, y John se obligó a pronunciar aquella palabra, con todo el retintín que fue capaz de reunir. —Vale, vale, perdón…—Mycroft pareció darse por satisfecho, quizás porque estaba en la sangre de su familia el presumir de las deducciones hechas.

—Piensa, John, si no te hubiera llamado, ¿qué es de lo que habrías dudado? El que fuera o no impostor ni siquiera se te pasaría por la cabeza. —dijo, simplemente.

—Quieres decir que…

—Que habrías exigido verle, muerto o no, por cualquier precio. Y lo habrías conseguido, ¿me equivoco?

—Entonces… No, no quieres decir eso. —John abrió mucho los ojos, las implicaciones de lo que el otro estaba diciendo por fin empezando a aclararse.

—Puede serlo. De hecho, es bastante probable que así sea. Queda aclarar el por qué, por supuesto, pero tengo una idea bastante clara de lo que estamos buscando. John, tendrías que haber venido antes a mí, mucho antes…—el hombre parecía nervioso, pero cualquier rastro de confusión se había desvanecido, remplazado por una insana curiosidad.

— ¿Qué idea?

—Primero habrá que buscar las confirmaciones necesarias. Alguien pasará para traerte en un par de días, estate atento. —Mycroft volvió a girarse a la mesa y de un sorbo terminó el té, que John intuyó que llevaría frío ya tiempo. Era el método de terminar la conversación.

Se dirigió a la puerta. Aún no había terminado de digerir las palabras de Mycroft y tan sólo deseaba ir a su refugio particular, o mejor aún a casa de Mary, y olvidar todo. Ya le dedicaría tiempo más tarde, el suficiente tiempo. Estaba claro que Mycroft no podía estar diciendo lo que John creía, porque realmente no tenía sentido, no podía tenerlo. No, ¿verdad?
Se detuvo antes de salir.

—Pero Mycroft, ¿por qué estás haciendo esto? Ni siquiera está confirmado el que… y además, no es como si te sintieras culpable, ¿o sí? —Mycroft le clavó una mirada indescifrable y respondió, lentamente.

—Por la misma razón por la que tú vas casi cada semana al cementerio a pesar de que estaba muerto y no ibas a resucitarle por mucho que le demostraras a su supuesto cadáver que le necesitabas...necesitas. —John se sintió como si le hubieran pegado una patada en el estómago ante aquella frase, pronunciada con un tono frío e impersonal.

Aunque barajó la idea de dirigirle otro puñetazo; dar un portazo y salir ipso-facto del edificio le pareció una mejor opción.


...sí, ya sé que es casi todo diálogo. Lo siento, tenía que haber introducido ésa conversación en uno u otro momento y parecía el desarrollo más lógico.

Me encanta Mycroft en la serie original, espero no haberle hecho demasiado OOC (lo mismo iría para el resto de personajes... xD)

A partir de ahora, podríamos decir que comienza la acción ^^