¡Estoy de vuelta! Dejando de lado mis ansias de publicar más historias multi-chapters por miedo a estancarme ya que todavía no están acabadas, además de que tengo que hacer correcciones también a mis antiguos fics. Qué triste realidad.
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ESPERAR
-. Capítulo 3
Ichigo oyó su teléfono sonar. Dejó escapar de la bañera al gato que arañó su rostro apenas le metió la cabeza bajo el grifo de agua tibia de la ducha, repitiendo el ataque al sacarlo. Con un bufido se seca las manos con parte de la toalla que fue del felino y saca el móvil del bolsillo delantero de su pantalón.
La voz que contesta no es la que espera, así que se sorprende el doble por la llamada.
—¿Karin? —escucha del otro lado la voz, con sus ojos abriéndose más a cada palabra—. Pero ¿cómo fue que Kaoru? —le interrumpen así que no acaba de preguntar, mas su cara tranquiliza al final de ser contestado—. Descuida, yo le avisaré. Supongo que cerrará la tienda e iremos para allá —su tono suavizó a lo último—. No te preocupes demasiado, Karin.
Después de colgar, se quedó pensativo. Su hermana le acabó de informar del accidente de su hermano menor.
"Y tú los ayudaste, Ishida."
Su amigo le preocupaba, aunque no lo admitiera en palabras.
Si el momento de confesarlo llegara, el Kurosaki sería lo suficientemente incapaz de decirlo directo, mas eso no quita que el sentimiento sea el mismo. Después de todo el avance que han hecho en los últimos años, lo cercano que se han vuelto, no acepta que se quiera distanciar de ellos en medio de lo que atraviesa.
En eso Ishida y él son parecidos, de entre tantas cosas. Ya vivió la muerte de un ser querido, a una edad diferente, pero empatiza un poco en eso de buscar hacerse el muy digno ante la lástima ajena y querer guardarse todo para sí mismo.
Sin embargo, trató de dejar ese pensamiento para después. Tiene que avisarle a Ikumi cuanto antes, así que se dispuso de nuevo a buscar al gato, le dejó el tazón con el alimento y cerró la puerta de ese hogar, ocultando la llave copia en el lugar secreto del holgazán hijo de esa familia privilegiada que ni ganas tuvo de bañar a su mascota.
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Karin alejó el celular de su rostro y cortó la llamada, sintiendo haberse quitado un gran peso de encima, pero aún no estaba cien por ciento aliviada.
Suspirando para sus adentros, le devuelve el teléfono al compañero de su hermano con tanta lenta lentitud que -si la vieran- creerían que estaba desganada sobre devolver el teléfono.
En la cara no se le percibe por el gesto pensativo y las cejas fruncidas, pero la acontecido la debía tener lo suficientemente alarmada como para hacer eso apropiadamente, piensa Ishida. Al observar un momento cuando recibió el celular, pudo ver que le temblaban los dedos de la mano.
Una pequeña parte de él sintió deseos de decirle alguna cosa para animarla, incluso los vacíos y repetidos 'no te preocupes' o 'todo estará bien'. O explicarle que la intervención a Kaoru no sería riesgosa -porque ella parecía haberlo olvidado-, que es común, fácil de resolver y en aproximadamente tres meses el niño correrá igual de presuroso que antes. Sin embargo, por cómo está la chica no se tranquilizará por ahora, aparte que se conoce bien y le incomodaría más hacer el torpe intento, así que se calla y solo da un saludo de despedida, más que dispuesto a retirarse, sospechando que estará lo suficientemente sumida en sus cavilaciones como para percatarse de su salida.
La voz de la pre-adolescente llamándole, lo detiene. Ishida no giró el cuerpo, pero volteó el rostro para mirarla de reojo.
Karin bajó la cabeza al mismo instante, inclinando su espalda tanto que casi se doblaba sobre su estómago.
—Muchas... gracias —musitó con suavidad.
Ishida abrió los ojos con asombro, por alguna razón que no comprendió a la primera. Mucho menos cuando fue incapaz de reaccionar, al verla no subir la mirada. Su idea de irse sin más quedó arruinada. Como si el que hubiera sido tan abrupta paralizaran sus músculos, impidiéndole moverse.
Tal vez fueron las ganas de devolverle el gesto, no lo sabía con exactitud, pero se quedó en silencio hasta que la elevada voz de Isshin Kurosaki obligó a ambos a reaccionar. No se veía preocupado en absoluto, aunque sí con seriedad lo cual era en sí un poco intimidante para un hombre que no luce así la mayor parte del tiempo.
—Kaoru-chan está bien. Le irán a sacar placas en un momento, pero es evidente que se fracturó —Isshin dijo, antes de que su hija preguntara—. El traumatólogo se hará cargo a partir de ahora —no era especialista en el tema, pero tampoco iba a exagerar. La verdad es que vivió la situación con otro de sus hijos antes. Estaba preocupado más por el bienestar emocional de Kaoru -quien se sentía preso de la incertidumbre a pesar de las indicaciones de que podrían resolver su problema, típico a su edad-.
Como adulto, Isshin sabe que lo mejor es mantenerse tranquilo y así darle confianza a sus hijos de que todo saldrá bien.
—Sé cómo funciona eso —Karin frunció las cejas al oírlo, aunque sin ganas. Claramente, al pequeño tienen qué operarlo. Conociendo a Kaoru, es así de grave el tema, o sino no lloraría a ese punto ni habría reclamado no sentir la pierna tras los primeros instantes.
El Unagiya no era lo suficientemente pequeño para que pasarle inadvertido que era imposible que metieran algo, cerca de uno de sus huesos, por arte de magia. Conocía el significado de 'operación', estaría atemorizado si le dijeran que le harían un corte en la pierna y, tras insertar una clavija en su interior, le pondrían alambres alrededor e, insertada parcialmente en la piel, las debería llevar aproximadamente un mes.
Recién cuando su padre miró sobre su hombro y caminó a Uryuu para darle las gracias, Karin repara en que el adolescente seguía ahí... y que estaba mirando hacia ella.
