Capítulo 4: La cafetería


La cafetería del área de Marketing era un festival de aromas y colores. Estaba acompañado por el norteamericano, necesitaba alguien tan alegre y despreocupado como él para contrarrestar mi depresión.


-Deberías conseguirte una novia-dijo Alfred antes de dar un mordisco a su hamburguesa.

-¿¡QUÉ!?-casi escupo café en su rostro por la impresión.

-En serio, Yao. Te dedicas mucho a trabajar, deberías hacer otras cosas en tus tiempos libres-dio un segundo mordisco- ...y dejar de pensar en flores.

-¿Porqué no podría seguir con la jardinería? ¿Hay algo malo en eso?-miré fijamente los orbes azules del rubio.

-Escúchame... Las flores son lindas, pero no son buenas compañeras.-murmuró-ya no eres tan joven y si no te esmeras; te quedarás solo.

No pude evitar dar una carcajada-Alfred deja de preocuparte-bebí un poco de café-me siento cómodo con mi situación actual.

El rubio golpeó fuertemente la mesa con el vaso de gaseosa que llevaba en la mano izquierda-¡Ya deja de tener esa actitud pesimista!-los demás comensales voltearon a vernos y un silencio incómodo invadió el lugar.

-Tranquilízate Alfred-sonreí, tal vez de esa manera podría cambiar el ambiente.

-Tú...-murmuró avergonzado por las miradas que lo rodeaban-¿Por qué no eres así de amable con los demás? Si fueras así de encantador con las mujeres, podrías conseguir muchas citas.

-Porque para mí no es importante tener amigos...-hice una pausa para beber más café-...y no me aterra la idea de quedarme solo.


Cuando la cafetería había vuelto a ser tan ruidosa como siempre a causa de los murmullos y carcajadas de los comensales, el silencio incómodo se hizo presente otra vez.

-Esta vez yo no fui-dijo Alfred con nerviosismo.

La curiosidad me mataba, quería saber qué era lo que causaba ese silencio sepulcral, intentaba no mostrarme ansioso.
La expresión de Alfred cambió de repente, se veía furia en sus ojos. Intenté mirar de reojo y sin pensarlo dos veces; volteé rápidamente. Fue grande mi sorpresa al ver que era nada menos que Ivan Braginsky... o como yo solía llamarlo, el Sr. Braginski.

-¡Es la primera vez que el jefe viene a la cafetería! ¡Es tan guapo como dicen! ¿Será que vino por alguien?-pude escuchar los murmullos de las mujeres que estaban en la mesa de al lado.

Se notaba la popularidad que tenía con las damas y ellas, por lo visto; se morían por él.

-¿¡Qué demonios hace él aquí!?-dijo el norteamericano apretando con fuerza el vaso de gaseosa hasta que el líquido se rebalsara.

-¿Por qué estás tan molesto?-miré perturbado el vaso a punto de romperse-¡Deja de hacer eso!-tomé la mano del rubio para evitar un desastre.

-Disculpa-suavizó la mirada y soltó el vaso-me dejé llevar por la ira.

-Dime Al...-cuando pensaba preguntarle a Jones sobre su problema con Braginsky, el fuerte sonido que emitían los zapatos del ruso al caminar me dejaron sin palabras.

-¡Se está acercando!-volvieron a murmurar las damas de al lado, mientras se arreglaban el cabello y retocaban su maquillaje.

-¿Qué decías?-dijo Alfred intentando retomar la conversación.

-Decía...-entonces, el sonido de las suelas de los zapatos del rubio contra el piso se detuvo.

Mi corazón empezaba a palpitar con fuerza...

Él estaba atrás de mi.

Continuará...


Muchas gracias por leer, no se olviden de comentar :3
Bye