The Center of the Universe
Capítulo IV- El Oráculo.

Sirius Black abrió la puerta de madera y salió al exterior. El puente colgante que conectaba la casa de la anciana con las demás en una intrigada red de comunicaciones independientes del suelo se extendió frente a sus ojos grises con un susurro. Abajo, en las ventanas inferiores de las casas ovaladas había luces doradas que iluminaban tenuemente la oscuridad de la noche, y más allá, el enorme perfil de la Roca de Sacrificios resplandecía, blanca bajo la luz de las lunas.

Inclinándose sobre el barandal de madera de árbol tropical y enredaderas, el muchacho suspiró profundamente. Alguien lo observaba desde la ventana y Sirius sonrió al sentir la mirada de preocupación de Bilius Weasley sobre su nuca.

Sin embargo no era él por quien deberían preocuparse esa noche. Adentro, detrás de numerosas cortinas de seda y varios recipientes de incienso, Frank Longbottom dormía, con fiebre, una infección alarmante de la que no había hablado a nadie y delirios en los que llamaba a Alice y pedía a Lillian Evans por su perdón.

Sirius no pudo permanecer mucho rato más ahí adentro cuando el primer Lily brotó de los labios del chico inconsciente y nadie hizo nada para detenerle. Pero Bilius estaba preocupado y todos lo sabían bien...

De cualquier forma todos seguían sorprendidos. Hacía solo un par de horas se habían encontrado aglomerados alrededor del cuerpo inconsciente de Longbottom, en medio de la nada; Andrómeda había caminado hacia ellos, "Háganse a un lado.." había dicho, y tras murmurar algo que ellos no alcanzaron a entender y brillar segadoramente, sintieron un tirón debajo del ombligo (A/N: haha, un portkey xPP) y al segundo siguiente estaban ahí, frente a las puertas de aquél extraño y sorprendente pedazo de jungla en medio del desierto más desolador de todo Apollyon..

"Bienvenidos sean a Crecentian", y sin decir nada más, Andrómeda había levantado la mirada y caminado hacia el frente, hacia las personas que comenzaban a aparecer de entre la vegetación, observándoles con sorpresa.

Escuchó el murmullo de pasos detrás de sí y cuando volvió el rostro para ver se encontró con la figura alta y delgada de aquella mujer, Madame Sinistra, que en absoluto lucía como la anciana que Andrómeda les había mencionado... Ella caminó hasta él, agitando la túnica negra a cada paso, y se detuvo a su lado. Permaneció un momento en silencio, observando el cielo oscuro.

"Él estará bien." dijo de pronto ella, con una voz ausente que extrañamente hacía sentir relajado y tranquilo a Sirius. "Sólo tiene un poco de fiebre y una infección en el vientre pero ya se le administró la debida medicina y estoy segura que en un par de días despertará como si no hubiese pasado nada."

El muchacho suspiró, aliviado. "No.. no sé cómo podemos agradecerle..."

Dedicándole una sonrisa tranquila, la mujer lo miró. "No te preocupes por eso. Andrómeda ya ha pedido bastantes disculpas y El Oráculo ha dado su consentimiento. Lo único que podremos pedirles es que se retiren de este lugar apenas su amigo esté bien y.."

"¡No puede hacer eso!" una voz femenina chilló desde atrás de ellos y ambos se volvieron. Andrómeda había salido de la cabaña y caminaba hacia ellos con una mirada de furia. "¡Madre Superiora, ellos..!"

La mujer le miró también, con un semblante serio y distante que Andrómeda pocas veces había visto en ella, así que calló. "Conoces bien las reglas, Andrómeda. Los hemos dejado entrar porque el muchacho estaba malherido, pero no puedes ir por ahí trayendo personas de fuera." le dijo, con voz fría.

"¡Pero puedo asegurarle que ellos jamás harían nada para dañarnos! ¡Ellos son mis amigos, mi familia, ellos..!"

"Tu familia es ésta." interrumpió la Madre Superiora, levantando un brazo hacia un costado, donde las luces blancas y amarillas de las ventanas brillaban tenuemente. "Es la única a la que le debes respeto y adoración. La que te lo ha dado y enseñado todo. ¡Siempre lo has sabido bien!"

Silencio. Sirius pasó su mirada de la anciana a su prima. La joven estaba temblando.

"E..el Oráculo ha dicho que.."

"Que pueden quedarse hasta el amanecer en el que el muchacho se incorpore. No más tiempo." y con esto se irguió por completo, majestuosa, y pasó a su lado, arrastrando la larga túnica negra que se arremolinaba detrás de ella con cada paso. Desapareció por la puerta de la casa y Andrómeda se quedó ahí, en silencio, ante la mirada preocupada de su primo.

Hubo un momento más en que el único sonido era el de conversaciones lejanas, el aire susurrando sobre los techos de palma y barro y el chillido de los animales salvajes que se habían desarrollado en aquel trocito de selva en medio del desierto.

Sirius dio un par de pasos hacia su prima, quien permanecía encogida de hombros y con la cabeza inclinada. Había dejado de temblar como antes pero su cuerpo aún se sacudía en leves espasmos momentáneos. El muchacho supo que estaba llorando...

Impotencia.

"No te preocupes, Andrómeda... buscaremos a los demás y.."

"¡Simplemente esto no me parece justo!" explotó ella, antes de darle la cara, retroceder un par de pasos y alejarse corriendo por uno de aquellos frágiles puentes colgantes. Desapareció detrás de un enredo de hojas y tallos que envolvían una pequeña construcción a unos 10 metros de ahí.

Sirius no trató de detenerla. Sabía bien, desde un principio, que aquellas personas no iban a ayudarles. No era su lucha, no era su problema si Regulus moría (si no lo había hecho ya) a manos de aquellos monstruos...

Era solo que en medio de las sonrisas de ánimo de su prima y las palabras de apoyo, una pequeña esperanza que se negaba a reconocer había comenzado a crecer en su pecho. Esperanza que murió violentamente aquella noche, cuando la conoció...

Volvió el rostro hacia la ventana. Bilius no estaba ahí.

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La mañana en que Frank Longbottom despertó la Estrella Primaria brillaba alta, en el cielo veteado de largas y delgadas nubes blancas. Cielo desértico... Llamó a Alice apenas despertar y Peter, cerca de él, llamó a los demás a gritos.

Bilius Weasley también despertó. Se había dormido en una silla cerca de la cama del enfermo la noche anterior, renuente a aceptar una cama, y ahora llevaba toda la columna vertebral acalambrada y torcida. Vio a Sirius Black entrar en la habitación y le dedicó una sonrisa amable. Sirius le sonrió también, cansado, y se acercó a él para el beso de buenos días que aparentemente nadie vio (aunque Peter se tropezó torpemente en el otro lado de la habitación, cuando buscaba la ropa de Frank).

"¿Cómo te sientes, hermano?" sonrió Black, de pie a su lado y con el brazo del pelirrojo rodeando protectoramente sus hombros. "Llevas 3 días seguidos durmiendo, ¿Sabes? Ya estábamos repartiéndonos tus cosas.."

Frank le dedicó una mirada de reproche mientras una sonrisa agotada se dibujaba en sus labios.

"Es una pena que haya despertado así que no se quedarán con nada mío, parásitos." respondió, llevándose una mano a la herida cerrada. Sus ojos opacos dirigieron una mirada rápida a la habitación en la que se encontraban. "¿Y en dónde se supone que estamos? El dolor a incienso está haciendo que me de dolor de cabeza..."

Bilius sonrió también. "Estamos con los amigos de Andrómeda. ¿Recuerdas? Te desmayaste cuando salimos de los laberintos y ellos te atendieron.." su expresión se transformó de alivio a resentimiento en menos de un segundo. "¿Por qué no nos dijiste que tenias eso? Nosotros hubiéramos..."

"Nah." interrumpió Frank, suspirando. "No podían hacer nada así que decidí no preocuparlos.. Siento que halla terminado así..." balbuceó, e inclinó ligeramente el rostro. Se había ruborizado. "Por cierto, ¿Encontraron a los demás?"

Sirius negó con la cabeza.

"No hemos visto a nadie desde que salimos de ahí..." levantó la mirada, cruzándose de brazos. "Y sinceramente Andrómeda nos debe muchas explicaciones.."

"¿Yo qué?" la voz de la joven entró por la puerta disimulada con un tapiz. Sonreía. "¡Frank!" exclamó, mientras su sonrisa se ensanchaba. "¡¡Pensé que..!! ¿¿Cómo te sientes??"

El muchacho inclinó su cabeza en saludo. "Muy bien, gracias a ti, supongo."

Andrómeda se encogió de hombros mientras sacudía su cabeza de largo cabello violeta. "No me des las gracias a mí, fue la Madre Superiora quien..." guardó silencio. Dejó el recipiente con agua que cargaba sobre una mesita y caminó hasta su amigo. Le extendió una mano y Frank la miró, confundido. "¿Puedes incorporarte?"

El chico arqueó una ceja.

"Sí, supongo.." sujetó su mano y vio de reojo, con el entrecejo fruncido, cómo Peter y Sirius se burlaban. Se incorporó lentamente y sintió una débil punzada en la herida cerrada. Nada más que el molesto escozor de las cicatrices...

"¡Que bien!" exclamó la joven, sujetándole por el brazo y lanzando una mirada a sus demás compañeros. "Ahora, si no les molesta seguirme, El Oráculo desea hablar con ustedes..." y comenzó a caminar del brazo de Longbottom, ignorando las miradas nerviosas que los cuatro chicos se regalaron entre sí.

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La madera de los caminos colgantes crujió bajo sus pies, húmeda y carcomida por el tiempo. Los cinco caminaban en fila india por un sendero que no habían recorrido, con Andrómeda Black a la cabeza. Las puertas se abrían a su paso y algunas cabecitas curiosas aparecían mirándolos descaradamente, mientras cuchicheaban entre ellos.

Frank Longbottom caminaba cuarto, después de Black y Weasley y con Peter a su espalda. Sentía las miradas inquisitivas en su nuca y comenzaba a ponerse nervioso. Ninguno de ellos hablaba aunque parecían haber recorrido aquellas sendas desde el primer día. Y todavía no se imaginaba para qué podría quererles ese dichoso Oráculo...

Finalmente Andrómeda se detuvo, con su túnica negra ondeando con el viento tropical, e hizo una pequeña reverencia. Un muchacho de cabello cobrizo y brillantes ojos del mismo color le sonrió, respondiendo a la inclinación.

"¡Buenos días, señorita Black!" saludó, sin poder ocultar la emoción en su rostro. "¿Cómo durmió esta noche?"

Ella sonrió, ligeramente ruborizada. "Buenos días, Tonks.." se frotó ligeramente la nuca. "Dormí muy bien, gracias... ¿Y tú?"

"¡Bien también! Ya no he soñado las cosas extrañas de las que le estuve hablando la última vez."

"Me alegra escucharlo. ¿Dormiste el par de horas extras que te recomendé? Tu problema era que..."

Alguien carraspeó a espaldas de la chica y ésta dio un respingo, asustada.

"¡Ah, es cierto!" dirigió una sonrisa nerviosa a sus compañeros. "Chicos, él es mi amigo Ted Tonks.." dijo, señalando al muchacho alto y delgado frente a ella con la cabeza. El chico tenía una apariencia totalmente extravagante, con el cabello pelirrojo en punta y los ojos de un ardiente tono cobrizo tan surrealista... "Tonks, él es mi primo, Sirius Black.." el aludido sacudió levemente su mano. ", y sus amigos, Bilius Weasley, Frank Longbottom y.. Peter."

"¡Hey!" Peter frunció el ceño, ofendido.

Ted le dedicó una sonrisa. "Mucho gusto. La señorita Black me ha hablado mucho de ustedes..."

"¿En serio?" inquirió Sirius, incrédulo. "¿Y qué mentiras te ha dicho sobre mí?"

La sonrisa en los labios de Ted se ensanchó; "Me ha dicho que es usted una persona excelente." y con esto se dio la media vuelta y abrió las enormes puertas que custodiaba con un simple movimiento de su mano ignorando por completo las miradas de sorpresa que el otro le dedicaba a su ruborizada prima. "Me parece que los están esperando." añadió, haciendo una pequeña reverencia.

"Muchas gracias, ten un buen día, Tonks." la joven se inclinó también y después guió a sus amigos dentro de aquellas puertas oscuras. Un largo y negro pasillo se extendió frente a ellos y Peter comenzó a preguntarse cómo podían meter todo eso dentro de una casa en un árbol.. (A/N: Eso quisiera saber yo OÔ..)

Al final podía verse una luz blanca y Andrómeda se detuvo frente a ella, con el resplandor blanquecino bañando su figura envuelta en aquella extraña túnica negra que no se quitó ni siquiera cuando estaban en el desierto. Una silueta alta apareció entre la oscuridad y de repente una lucecita dorada se encendió, revelando el rostro cetrino y de nariz ganchuda de un joven de mirada amargada.

"¿Despertó?" inquirió, con una voz arrastrada que erizó todos los cabellos de la nuca de Pettigrew.

"Así es, Snape." respondió la joven, tirando levemente de Frank por un brazo. "El Oráculo pidió verlos cuando.."

"Sé lo que dijo el Oráculo." gruñó Snape, agitando su cabellera negra y brillante y retrocediendo un par de pasos. "Pero por ahora, él se encuentra ocupado en asuntos más... importantes que atender a tus invitados.." dijo, dedicando una mirada desdeñosa a los cuatro chicos.

Sirius frunció el ceño peligrosamente, y estaba a punto de decir que no necesitaban ver a nadie porque se iban en aquel momento, cuando la mano de Bilius le apretó levemente por un brazo. Black se contuvo. Había algo en los pelirrojos que le hacía dejarse manejar por ellos...

"¿Qué es lo que sucede?" la voz de Andrómeda se levantó ligeramente. "No puede haber nada más importante que..."

"¡¿Cómo te atreves a cuestionar las ocupaciones de El Oráculo?!"

"¡No estoy haciendo eso, yo solamente..!"

"¡Andrómeda!" una voz cansada y amistosa salió de las puertas ahora abiertas detrás de ellos y los 2 habitantes de Crecentian volvieron el rostro, aterrados. Un hombre alto y delgado, con la barba larga y cana y unos brillantes ojos azules escondidos detrás de unas gafas de media luna apareció, sonriendo. "Tenía mucho tiempo sin verte, cariño... Has crecido mucho."

"..¡S..señor..!" a trompicones, los dos muchachos se incorporaron e hicieron una prolongada reverencia que tomó por sorpresa a los chicos del desierto.

"Oh, vamos, levántense." sonrió el anciano, sacudiendo una mano desinteresadamente. "Ya saben que no me gustan esa clase de demostraciones tan ridículas.."

"P..pero.." balbuceó Andrómeda, torpemente, y de la misma forma se levantó. "¡Señor! Me han pedido que trajese a nuestros invitados apenas los cuatro estuviesen en condiciones, pero..."

"¡Oh, es cierto!" sonrió el viejo, mirando a los cuatro muchachos.

Sirius jadeó levemente. Aquel hombre le produjo de repente un estremecimiento en todo el cuerpo y por alguna extraña razón, cuando sus ojos se encontraron, una sensación de paz que no reconocía se apoderó de él... La mano de Bilius Weasley también aflojó su apretón.

"Entonces será mejor que pasen y se pongan cómodos. Podría invitarles una taza de té." y con esto, El Oráculo se dio la media vuelta y entró por la puerta por la que acababa de salir, sin decir nada más.

Los muchachos se miraron entre sí, y con una sonrisa entusiasmada, Andrómeda tiró de Frank dentro de aquel lugar. Los demás fueron detrás de ella, dejando a un Snape iracundo y humillado en la oscuridad. La luz dorada se apagó cuando la puerta se cerró a sus espaldas.

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notas: que o.o.. weba con este capítulo XD pero supongo que era medianamente necesario para la trama del fic u.u Muy pronto Sirius tendrá su primer encuentro con James Potter y comenzaremos con nuestro tórrido romance nˆ-ˆn... ya me voy, mi juego de Grandia me espera xPP

capítulo V- El Ataque